Observo por la ventana de nuestro dormitorio cómo Emily y Castle saltan juntos al pequeño lago que hay a unos metros de la cabaña. Tras varios minutos, finalmente le he convencido de que me encontraba bien y ha accedido a ir a jugar con nuestra hija fuera, disfrutando de este caluroso día.
Coloco una de mis manos sobre mi vientre, acariciándolo, mientras en la otra sostengo el predictor con el resultado positivo. Hoy han empezado los primeros síntomas del embarazo cuando, después del desayuno, las nauseas se han apoderado de mi cuerpo, haciéndome expulsar lo poco que había comido.
Suspiro, recordando el momento. He conseguido engañar a Castle, haciéndole creer que se trata de un virus estomacal, sin embargo no podré mantener el secreto por mucho más tiempo. Tampoco sería justo para él que lo haga, pero estoy asustada. Muy asustada.
Cuando por fin las cosas comenzaban a ir bien… No sé si podría soportar la idea de perderlo de nuevo.
Me acerco hasta mi bolso y guardo el test de embarazo, encontrándome con las pastillas anticonceptivas. Agarro la caja, enfadada, y me dirijo al baño.
-¿Cuántas posibilidades había? – realizo la pregunta en voz alta, antes de soltar un suspiro, frustrada, y tirar la caja a la basura.
Además, pienso, ni siquiera sabemos cuánto tiempo más vamos a pasar en esta cabaña. Podrían ser días, semanas… o incluso varios meses. No sería seguro volver a nuestras casas antes de resolver hasta la última pieza del rompecabezas.
Bajo al salón y enciendo mi Tablet, dispuesta a avanzar en el caso. Busco cualquier noticia relacionada con el jefe de la mafia y hay una que me llama la atención en concreto. Parece ser el primer asesinato con el que se le llegó a relacionar: una niña de ocho años, fallecida en un accidente de tráfico. Leo una y otra vez la noticia y, aunque mil teorías aparecen en mi mente, sin evidencias que lo confirmen no puedo sacar ninguna conclusión en claro.
Copio el enlace de la noticia y se lo envío a Espo y Ryan en un email.
No puedo evitar, ahora que tengo Internet abierto, abrir una nueva pestaña y realizar una búsqueda sobre los síntomas del embarazo. Seguramente los conozco todos ellos de cuando estuve embarazada de Emily, sin embargo, dicen que cada embarazo es diferente.
Comienzo a leer de uno en uno los ocho síntomas más frecuentes: Aversión a ciertos alimentos, cambios de humor, hinchazón abdominal, ganas de orinar frecuentemente, cansancio, sensibilidad e hinchazón en los senos, nauseas, retraso de la menstruación….
Arrugo la frente pensando quién ha podido escribir esto. El último de ellos es más que evidente. Del resto, está claro que solo he empezado a sentir las nauseas. Cansancio quizás también, pero nada más.
Pincho en la barra lateral y continúo leyendo más hacia abajo.
"Enterarte de que estás embarazada sin haberlo planeado puede ser un shock. Habla con una amiga, cuéntale cómo te sientes, seguramente eso te hará sentir mejor". Instantáneamente pienso en Lanie y me doy cuenta de que necesito hablar con ella. Ella sabrá comprenderme y seguramente me diga las cosas tal y cómo son, haciéndome reflexionar sobre lo que debo o no hacer.
Agarro mi teléfono móvil y le envío un mensaje pidiéndole si nos podemos encontrar hoy mismo.
Apago la Tablet y me quedo observando los apuntes sobre el caso que tengo en un pequeño cuaderno.
Apenas unos minutos después, la puerta de la cabaña se abre, dando paso a un torbellino empapado de agua. Me levanto con una sonrisa y comienzo a secarle con la toalla mientras ella me cuenta lo bien que se lo ha pasado saltando al agua.
-¿Te encuentras mejor? – pregunta Castle, quien también mojado se acerca y me da un beso sobre la cabeza.
-Sí, estoy bien. No es nada, en serio – le digo, intentando tranquilizarlo, pues no quiero que empiece a teorizar sobre qué me pasa o no. Al fin y al cabo no es tonto y enseguida podría atar cabos.
-Está bien, pero haré algo ligero para cenar
Le sonrío, agradecida por su preocupación, mientras le quito a Emily su ropa interior, con la que se ha bañado, al igual que Castle, a falta de bañadores y vamos a buscar otra nueva.
-¿Sabes? Es una pena que nuestros padres estén lejos de aquí – dice Castle cuando Emily y yo volvemos al piso inferior.
-¿Ah sí? Pensaba que estabas harto de tener a tu madre alrededor – le digo riendo, sin saber muy bien a qué viene su comentario, aun sabiendo que en el fondo se siente agradecido de tener a Martha siempre cerca de él.
-Lo sé, pero… - me agarra por la cintura y tira levemente de mí, acercándome a él, que todavía lleva su ropa interior mojada – aquí no tenemos a nadie que se quede con Emily durante un rato – susurra en mi oído – He pensado un montón de cosas que podríamos hacer en ese lago. Tú y yo. Solos. Sin ropa.
Me separo unos milímetros de él, colocando mi mano en su hombro, pudiendo sentir su duro miembro por debajo de la tela de sus bóxers. Me muerdo el labio.
-Pero tener hijos se trata de eso, ¿no?
De pronto su pregunta me molesta, y me aparto todavía más. Cambios de humor, pienso, ahí está, sin duda otro de los síntomas. Intento calmarme y no hacerle notar mi absurdo enfado.
-Sí, supongo. No es nada fácil. – digo, aclarándome la garganta.
-Aunque no sea en el agua, seguro que esta noche podemos hacer algo en el dormitorio – me susurra, antes de apartarse para comenzar a cocinar.
-No creo que debamos… - digo, de nuevo molesta.
Me siento frustrada, pero no puedo evitar sentirme molesta a cada frase que dice.
-¿No? – pregunta él, entre decepcionado y confundido.
-Tenemos un montón que avanzar en el caso todavía, ¿sabes? Si en lo único que estás pensando es en el… S-E-X-O – digo, deletreando la palabra por si Emily nos escucha, pues no me gustaría que comience a decirla sin ton ni son en cualquier lugar – no vamos a salir nunca de aquí.
-Lo siento – dice él, dejando lo que está haciendo y acercándose de nuevo a mí – No sabía que te afectaba tanto estar aquí…
-No, lo siento, yo… - de pronto me siento terriblemente culpable – No debí haber dicho eso. Fue mi decisión venir aquí, ayudarte.
-Cambio de planes entonces, a ver qué te parece esto. Cuando Emily se duerma, nos ponemos con el caso, y si conseguimos avanzar algo, entonces podemos divertirnos un rato, ¿trato hecho?
Sacudo levemente la cabeza, consciente de que ha conseguido hacerme sonreír tontamente. Y asiento, estrechando la mano que me ofrece.
-Trato hecho.
Después de cenar, jugamos un rato con Emily y cuando llega la hora de acostarla, Castle decide hacerlo mientras yo me quedo abajo.
De pronto siento cómo mi teléfono vibra a mi lado, en el sofá, y no tardo en descolgar la llamada al ver que se trata de Lanie.
-Kate, ¿estás bien? Acabo de ver tu mensaje, lo siento, he tenido un largo día en el trabajo.
-Necesito hablar, estoy… un poco agobiada.
-¿Es por Castle? – dice inmediatamente.
-Más o menos, pero no puedo contárselo a él. Me encantaría verte si pudieses…
-Claro, ¿no vemos allí, en una hora y media?
-Sí, en el camino, ¿vale? No quiero que nos vea.
-Perfecto.
-Nos vemos, un beso.
Tras colgar la llamada me siento algo más aliviada, sabiendo que al menos voy a poder desahogarme un poco con Lanie, contándole toda la verdad.
Cuando Castle regresa al salón pasamos casi todo el tiempo en silencio, absortos en los documentos, hasta que finalmente llega el momento de reunirme con Lanie.
-Voy a salir un rato, necesito que me dé el aire – miento una vez más.
-Kate, ¿cómo vas a salir sola a estas horas? Está oscuro, no hay luces, y es peligroso.
Suspiro, aunque ya contaba con que él tratase de impedírmelo. Si no fuese porque necesito desahogarme con Lanie, sabría que tiene razón.
-Castle, llevo pistola y tengo el móvil con linterna incluida. Estaré bien, no me alejaré mucho, solo necesito salir un rato.
Esta vez el que suspira es él, pero para mi sorpresa no vuelve a intentar convencerme de que no salga. Subo rápidamente arriba a por una fina chaqueta y cuando bajo me despido de él con un rápido beso en los labios, sabiendo que no va a venir detrás de mí porque se tiene que quedar con Emily.
Avanzo con cautela durante unos diez minutos, hasta que veo el coche de mi amiga. Golpeo el cristal de la ventanilla del copiloto, sobresaltándola, y abre la puerta inmediatamente, dejándome pasar.
-¿Cómo has estado? – le pregunto en cuanto me abraza – Por lo que sé, Javi te mantiene contenta.
- Lo hace – dice, sonriendo – Y yo pensaba que el escritor te tenía contenta a ti.
-Y lo hace, pero… las circunstancias han cambiado.
-¿Cambiado en qué sentido? Seguís escondidos en esa cabaña, viviendo como una familia.
Introduzco mi mano en uno de los bolsillos de la chaqueta y saco el predictor, mostrándoselo a Lanie, que se lleva las manos a la boca en un momento de sorpresa.
-Kate, eso es… maravillo… Espera – dice, en cuanto se da cuenta de lo que verdaderamente está ocurriendo - ¿Es de…? ¿De quién es?
Me muerdo el labio, llevándome una mano a la sien mientras hago un esfuerzo en vano por contener las lágrimas.
-No lo sé – las palabras escapan de mi boca en un sollozo.
Pasamos los siguientes cuatro minutos en silencio, a excepción de mis sollozos, mientras mi amiga intenta consolarme agarrando mi mano.
-¿Cómo ha reaccionado él? – pregunta rompiendo el silencio.
Inmediatamente después de ver mi cara, comprende que todavía no se lo he contado.
-Kate… ¿a qué estás esperando?
-Bueno qué esperabas que le dijese, ¿voy a tener un hijo y no sé si es tuyo? No puedo hacerle esto Lanie, él… se está preocupando tanto en que volvamos a estar los tres juntos, y ahora yo le hago esto.
-Que yo sepa no es solo cosa tuya lo que aquí ha pasado – dice ella, poniendo como siempre su lado racional.
-Ya Lanie pero es que… estábamos tan bien y ahora… va a huir, si se lo cuento… nos va a dejar otra vez.
-Eso no lo sabes.
-Lanie…
-Y si así fuese, ¿no crees que debería decidirlo él, o piensas esperar hasta que tengas un bombo de 5 meses para contárselo?
A veces simplemente me gustaría golpearla, pero eso no haría que dejase de tener razón.
-No sé cómo decírselo.
-Mira, sé que estás asustada, pero encuentra el momento, háblalo con él y por favor, sé directa.
Asiento finalmente, sabiendo que lo más sabio es hacerle caso.
-De todas formas, ¿cómo pasó, quizás podríamos averiguar de quién es…?
-Pasó con un día de diferencia – digo, avergonzada.
-Ya… Por cierto, podrías haberme contado sobre tu desliz con Castle, me tuve que enterar por Javier… - dice en un tono de reproche – Nunca imaginé que tú pudieses ser infiel a alguien, pero sabiendo que fue con Castle, eso debió de ser…
-No tiene gracia Lanie – digo, seria – Mira lo que ha resultado de ese estúpido desliz.
-Pues más vale que sea el resultado de ése desliz.
De nuevo Lanie y sus golpes de realidad, pienso.
Nos quedamos allí unos minutos más, hablando sobre cómo le va a Emily y cómo van las cosas en la doce desde que no estoy. Después nos despedimos con un abrazo, y quedo en llamarla tan pronto como se lo cuente a Castle, para informarle de cómo ha ido.
Cuando salgo del coche, respiro, aliviada de al menos haberlo hablado con alguien. Aunque el problema siga ahí, ahora me siento algo mejor, ahora siento que puedo pensar con la cabeza más despejada en cómo contárselo a Castle.
Freno en seco cuando escucho movimiento entre los árboles que bordean el camino de vuelta hacia la cabaña. No dudo ni un segundo en llevar mi mano a la espalda, en un rápido movimiento, y agarrar mi pistola, acercándome con sigilo al lugar donde las hojas de los árboles todavía se mueven.
Podría haber sido algún animal, sin embargo mi instinto me dice que no. Quizás alguien ha podido seguir a Lanie hasta aquí….
A pesar de la oscuridad, el rápido movimiento de mis ojos hace que sea capaz de vislumbrar cómo alguien intenta escapar del lugar, apenas a unos metros de mí.
-¡Alto ahí o disparo! – grito y sin dudarlo, coloco mi dedo sobre el gatillo, dispuesta a disparar si así lo considero necesario.
Sin embargo, para mi sorpresa, el individuo se da la vuelta quedando al descubierto su rostro, al igual que el de la pequeña que lleva en brazos. El corazón me va a mil por hora.
-¡¿Castle?! – mi grito es una mezcla entre sorpresa y enfado.
Él no dice nada así que simplemente me acerco, observando cómo Emily duerme en sus brazos, ajena a que ya no está en su cama.
-¿Se puede saber qué narices estás haciendo aquí fuera, con nuestra hija? – le pregunto, ahora claramente enfadada.
-¿Se puede saber qué narices estás haciendo tú? – contesta él, tratando de mostrar su enfado a pesar de hablar en susurros para que Emily no se despierte.
-Te dije que iba a dar un paseo.
-Me mentiste. Escuché cómo quedabas con alguien por teléfono.
-Y por eso has decidido que era buena idea sacar a Emily de su cama para seguirme – digo, poniendo rumbo a la cabaña.
-Pues sí, ¿qué querías que hiciese?
Caminamos en silencio, a pesar de que nuestros propios movimientos denotan nuestro enfado con el otro, hasta llegar a la cabaña. Yo simplemente subo al dormitorio mientras él va a dejar a nuestra hija de nuevo en su cama.
-¿Es que no piensas contarme de qué va todo esto? – dice, cruzándose de brazos cuando entra al dormitorio.
Yo termino de colocarme la camiseta del pijama y le miro, frustrada. Realmente no sé qué decirle. Obviamente no puedo contarle ahora la verdad. Y probablemente tiene razón, yo estaría seguramente mucho más enfadada si él me hubiese mentido a mí, pero eso no me hace sentir menos enfadada en estos momentos.
-¿Por qué no simplemente contarme la verdad, por qué no decirme que ibas a ver a Lanie? – imagino entonces que ha reconocido el coche de nuestra amiga.
-No te lo he contado porque… no quería que te enfadases.
-¿Pero enfadarme por qué? Incluso podrías haberla invitado a entrar y habría estado bien, no entiendo por qué tienes que quedar con ella a mis espaldas. Creía que…
Se lleva las manos a la cabeza y yo espero a que continúe.
-Creía que te ibas a ver con Josh.
-¿Cómo puedes pensar eso?
-¿Y qué querías que pensase? Después de tu conversación telefónica todo encajaba.
Me acerco a él, colocando una mano en su barbilla.
-Estoy contigo – le susurro, dándole un beso para asegurarme de que no le queda ninguna duda al respecto.
Es curioso cómo al principio pensaba que sería yo la que quizás no podría confiar en él, después de lo ocurrido, y sin embargo ahora es él el que no termina de confiar en mí, pensando que todavía puedo sentir algo por Josh.
-Kate…
Sabiendo que si le dejo continuar va a seguir preguntando, y que precisamente este no es el mejor momento para resolver sus dudas, continúo besándole, esta vez de una manera mucho más intensa, que rápidamente hace que ambos nos dejemos llevar por la necesidad.
Minutos más tarde, apoyo mi cabeza sobre su pecho desnudo, enredando mis piernas con las suyas por debajo de las sábanas.
-No te vas a librar de contarme la verdad – dice, mientras me abraza contra él.
Lanzo un pequeño suspiro contra su pecho, sabiendo que tiene razón, a pesar de haberle manipulado mediante el sexo para no hablar en estos momentos.
-No ahora – susurro, cerrando los ojos mientras acaricio su pecho.
