Los personajes no son míos, la historia sí. Sin más que agradecer por todo, las dejo con nuevo capítulo.

"Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena."

Paulo Coelho (1947-?) Escritor brasileño.


Capítulo 13. / "Aquí".

Pov Edward, santo patrono de los imbéciles, Cullen.

- …Sinceramente, Edward. Lo siento mucho, me siento la peor persona del mundo, es más…

Miré mis manos, como si ellas fuesen las únicas capaces de animarme, de apoyarme, porque la verdad era que en esos momentos estaba completamente solo. Ni Sue estaba por mí, pero ya no era por mucho.

-… ¿Podrás, Edward? ¿Podrás? - dobló sus ojos enrojecidos en lágrimas.

Era tan claro y tan absurdo. No fui capaz de confiar en quien jamás sería capaz de fallarle, que ni en los peores momentos decayó. Reí como un loco y ella me miró como si realmente hubiese perdido la cordura, no la culpé (al menos no por eso), sorbió su nariz y pasó sus dedos por su rostro.

- ¿Estás bien?

Metí mis manos al bolsillo y la carta que ella me había entregado, mientras inspeccionaba rápidamente si estaba todo en su lugar, particularmente llaves y cartera. Tomé mi abrigo y la miré, su cabello estaba tomado en un moño alto, de color rubio colorín y tenía sus mejillas y su nariz roja.

- He sido un imbécil, el más imbécil de los imbéciles.

El santo patrono de la comunidad de los imbéciles, diría Bella.

Ella abrió su boca para decir algo más, pero yo ya había terminado, me había dicho todo lo necesario, todo lo que había que discutir estaba conversado. Antes de salir de la puerta y dejarla, me giré levemente.

- Hasta nunca, Christine.

Cuando salí de mi despacho todos estaban observándome como si me hubiese salido una segunda cabeza. Sonreí, como hace mucho no lo hacía y, al parecer, eso llamó aun más la atención de mis confundidos colegas.

Ahora tenía esperanzas de recuperar mi alma.

Pov Belli-bells.

- ¿Vas a estar bien, Kelly? ¿Podrás aguantar sin mí un tiempito?- Emmett me hizo ojitos y yo, sin muchos ánimos, intente sonreírle de forma genuina.

- Lo intentaré con todas mis fuerzas, pero mira que tarea más difícil que eso es.

Él me estrechó en sus brazos y aplastó mi cabeza con su mentón, torturándome con besos allí, como si se tratase de inyecciones capilares. Me quejé y trate de zafarme, aunque no conseguí trazar ni un solo movimiento.

- Te quiero, Belli-bells, no lo olvides. Estoy aquí para lo que necesites.- me soltó – eres una de las cosas… –rodé los ojos, el rió – me refiero a persona, sabes que sí, aunque cuando pequeña eras una cosita andante y apestosita…-suspiró y se puso serio- siempre estaré para ti, el día que sea, donde sea, como un superhéroe.

Esta vez lo abracé yo, muy fuerte, unos segundos me quedé ahí y luego lo dejé ir. En mi corazón buscando ese calor familiar que cierto Cullen me entregaba. Solo imaginarlo en mi mente me hizo gemir, Emmett me golpeó en el hombro.

- Déjalo ya, Polly, ya me voy, dime que me extrañaras, a que sí.

Suspiré.- Te extrañaré Emmett, pero por lo mas santo no me des esos espectáculos de bienvenida.

El gran hombre musculoso me guiñó el ojo y luego se volteó para subir las escaleras del aeropuerto.

Emmett tenía una tradición en las despedidas, la de nunca mirar atrás por si las moscas (era un hombre muy sensible para sus cosas), así que me sorprendí cuando de improvisto se giró y abrió sus grandes ojos, para reírse y luego hacer un gesto obsceno.

¿Qué mierda?

Movió la boca exageradamente, pero no logré entender nada, estaba muy lejos, solo aleteaba como una mosca y se reía como si se hubiera vuelto jodidamente loco. Aunque era Emmett. Ya había llegado arriba, así que rodó los ojos y aunque él hubiera estado al otro lado del mundo yo hubiese entendido lo que él intentaba decirme en ese momento.

Me volví rápidamente, y lo único que logre ver fue mucha gente, yendo y viniendo en ese horrible lugar, gente alegre recibiendo y gente desdichada despidiendo. Besos, abrazos, lagrimas y risas y, en el fondo, lejos de todo eso y en un impecable traje negro ajustado con los zapatos más brillantes del universo, estaba parado Edward.

Al fin.

Estuve a un segundo de caer de rodillas al piso, pero mi cuerpo reaccionando instantáneamente, camino hacia él, como si ya no pudiera hacer más, como si no supiera caminar en otra dirección, como si de un imán se tratase.

Él estaba estático, con nada más que su corbata en mano y el cuello de la camisa desecho, su cabello apuntando en todas direcciones y su rostro pálido y delgado.

¿Ya no estaba comiendo?

Mis piernas empezaron a caminar más rápido, desesperadas, más y más rápido, y luego empezaron a trotar, hasta que luego me di cuenta que estaba corriendo en su dirección. También me di cuenta que lloraba. Ya casi llegaba, y él caminaba hacia mí, para llegar más rápido en nuestro encuentro, sus ojos mirándome chispeantes, como si yo fuese lo único existente en el mundo entero en ese instante. Yo solo, solo deseaba…

Me arrojé a sus brazos y arremetí su rostro con mi boca, y Edward estaba preparado a recibirme al contacto.

Estaba en el maldito cielo, aunque eso sonara a sacrilegio.

Se sentía como respirar después de haber contenido largo tiempo la respiración, sus labios cosquilleaban mi corazón, remendaban los pedazos rotos y dispersos en mí, era como si todo estuviese en donde debiese estar otra vez.

Mis manos tomaron su rostro y trazaron su contorno reconociendo lo que hace tanto estaba lejano, extrañado, anhelado. Es Edward, Dios. Enredé mis dedos en su cabello desordenado y sentí la suavidad de sus hilos cobrizos, brillantes, con un leve aroma entre naranja y mandarina. Sus brazos se encerraron en mí, sin lugar a espacios, envolviéndome desde la cintura. Su beso urgente se volvió dulce y aliviado, pero insistente, como si no quisiese que terminara jamás. Yo no quería que terminara jamás. Había pasado tanto.

Me alejé por aire y él no me soltó, sólo hizo que me derritiera aún mas, sonrió de lado. ¡Absolutamente deslumbrante! Con sus ojos azul verdoso brillantes y algo rojos, que rápidamente se llenaron de lágrimas.

- Al parecer nos hicimos famosos. - susurró.

Miré alrededor los espectadores de nuestra digna escena cinematográfica, la mayoría de ellos nos miraban con ternura, los demás tenían cara de completo enfado.

Ouch.

Cuando volví a ver a Edward sus ojos examinaban mi rostro, buscando la reacción que él esperaba, que supongo discrepaba bastante del recibimiento que acababa de recibir. Le retuve la mirada, y le sonreí, en ese momento una lágrima imprudente corrió mejilla abajo, mi estómago se endureció.

- Confío en ti, Edward. – le dije firmemente, mientras secaba su mejilla.- hemos vivido tanto juntos que no hacerlo sería ridículo. Has hecho demasiado por mí como para haberlo siquiera pensado.

Aunque haya tardado en notarlo.

Volvió a besarme, levantándome el rostro suavemente, trazando mi labio con su lengua para profundizar el beso, lo correspondí otra vez y lo haría todas las veces que él así lo quisiera, pero esta vez, su intensidad no era apta para todo tipo de público.

- Hey, Edward…-dije sobre sus labios, sus ojos abriéndose abruptamente, siendo consciente de lo que estaba pasando. Me sonrojé.

- yo, lo siento…-sonrió de forma picaresca- aunque la verdad es que a la mierda los demás, no me avergüenzo en lo absoluto de mi falta de tacto.

Me sonrojé otra vez y fue cuando lo vi. Emmett corría a toda velocidad por la puerta de bienvenida. No si puedo evitarlo. Tomé la mano de Edward y lo arrastré rápidamente a la salida, un taxi estaba para esperarnos. Le di la dirección de mi pequeño y no tan lindo departamento. Memet me podría perdonar después.

- Bella…-tomó mi rostro entre sus manos y me obligó a mirarle- tienes que escucharme por favor, no puedes volver a irte, no puedes dejarme.

Si no se callaba yo iba a comenzar a hiperventilar y agonizaría por las cosas que me decía. Otra vez me miraba con el ceño fruncido intentando distinguir que estaba pensando.

- Hablamos luego, en casa.- aunque por primera vez me sentía en casa y era porque estaba junto a él.

Asintió y me besó, solo un pequeño contacto, más como si hubiera sido un impulso involuntario. Enredé mis brazos en el suyo y apoyé la cabeza en su hombro, sus labios depositaron besos sobre mi cabello, como pequeñas flores cayendo delicadamente en mi cabeza. Estaba rodeada de ese calor tan delicioso (traído directamente de este Cullen), pero prevalecía entre todos esos sentimientos algo tan fuerte que cosquilleaba entre mis venas, como quemándome, como si necesitará más que unos cuantos besos para recuperar el tiempo perdido.

El trayecto a casa fue más rápido de lo que esperaba, o quizás, era porque me hallaba tan concentrada en el hecho de que Edward estaba aquí, junto a mí, que pareció como si hubiésemos dado unas cuantas vueltas a la manzana. En cuanto llegamos Edward pagó al conductor, yo bajé y cuando volteé a ver mi pequeño apartamento, que se alejaba algo de lo Edward acostumbraba a vivir, sentí un poco de vergüenza.

¿Qué pensaría Tony de mi nuevo hogar?

Cuando él apoyó una mano en mi hombro y todo mi cuerpo reaccionó ante su calor, fue cuando realmente me encontré con la realidad. Edward estaba aquí, había vuelto por mí. ¿Qué iba a significar todo esto para nosotros? ¿Qué habían significado esos besos, esa urgencia de mí?

Me mantuve en silencio mientras entramos y subimos el ascensor, no fue incómodo, pero parecía como si no fuese aún el momento adecuado para que habláramos, no hasta no llegáramos a casa. Aunque mi casa siempre va a estar junto a su corazón, pensé. Me puse nerviosa en cuanto llegué a la puerta, mis manos temblaban y temí mirarlo y toparme con su mirada de decepción. Al tercer intento de meter la llave en la cerradura, Edward cruzó su mano derecha por mi cintura y abrió la puerta de un solo acierto. Tragué en seco.

- Tengo mucho que decir ahora…-dijo Edward a mi espalda- así que si quieres te puedes acomodar.

Sonreí. Hasta en estos momentos intentaba mantenerme en control.

- De acuerdo…- Me senté sobre el sofá de cuero negro, nuevo, aporte exclusivo de Memet.- escúpelo todo.

Iba escuchar todo lo que quisiera decir, pero fuese lo que dijese, yo sabía que él no me mentía. Edward era bruto y controlador, pero jamás un mentiroso. Sin embargo, esto no sería fácil para él, ni un poquito.

Porque Bella podía ser mala, mala, e iba a hacerle pagar por todo el tiempo que había tardado en dejar su estado de nena y venir por mí.

Te extrañé, quería decirle. Te extrañe tanto. No vuelvas a dejarme otra vez. Nunca jamás.

- Yo…-hizo una mueca, como si no supiera comenzar. Respiró hondo y luego de cerrar los ojos un momento, me miró fijamente.- yo jamás haría algo para lastimarte, ni lo más mínimo, ni aunque eso fuera quitarte un cabello de tu cabeza testaruda, Bella.

Fruncí el ceño. ¿Qué rayos?

- No te enojes…-sonrió- sé que me crees. Me besaste, nos besamos, puedo sentir que confías en mí… - me sonrojé y aunque me sentía un poco avergonzada, le mantuve la mirada - yo no confiaba en mi, Bella. Por eso tarde en venir aquí, tuve miedo de ser ese monstruo que vi en tus ojos aquella noche, sentí que no te merecía. Siempre he sentido que no te merezco…

Me levanté para decirle que eso era imposible, pero él levanto su mano al aire, para que le dejara continuar.

- Te cuide por tanto, pero de lejos, tenía miedo de involucrarme demasiado y que me vieses como alguien que no soy. Pero cuando yo te vi…-sonrió- eres tan atractiva, tan atrayente, es imposible no volverse loco por ti.- mi corazón se paralizó, perezosamente lágrimas subieron a mis ojos- intenté alejarme otra vez, muchas veces, pero es como si mi cuerpo llegara a ti de cualquier forma, como si me hubieras embrujado…

Tragué pesado mientras lo veía moverse de un lado a otro, desesperado, como si de una lucha interior se tratase. Pasó sus manos y alborotó su melena, para luego desabrochar el único botón de su perfecto traje Hugo Boss y arrojar su chaqueta sobre una silla cercana.

- Edward…-murmuré sin voz- yo…

Él no me oía, suspiró y lanzó una risita al cielo.

- Tu padre me pidió que cuidara de ti, y lo hice, todo este tiempo, vivía para ti, y no solo eso, vivía por ti, no había movimiento de tu perfecto culo que no estuviera supervisado por mí… – sonreí y me sequé una estúpida lágrima que se había escapado. Sus manos blancas, con sus largos dedos, moviéndose para enfatizar cada palabra que decía- y tarde mucho tiempo en darme cuenta, hasta ahora, que realmente eras tú la que cuidaba de mí, que si no estoy contigo no se qué hacer y es como si estuviera verdaderamente perdido, como si ya no tuviera sentido lo que hago, como si solo me moviese por inercia.

Caminé hacía él, como en el aeropuerto, como si mi cuerpo se sintiera cautivado hacia él, como un satélite a un planeta, como si hubiese una fuerza gravitatoria entre los dos. Su cuerpo, su aroma, todo me llamaba. Me ofreció su mano y yo la acepté.

- No me importa la edad, ahora no, no estoy dispuesto a perderte otra vez. No voy a joderla otra vez, aunque nunca lo hice, te lo aseguro - asentí. Edward tomó mi rostro entre sus manos, como si fuese lo más delicado dentro de la sala - confía en mí, porque yo confío que jamás te fallaré, o que moriré si lo hago…-apoyó su frente en la mía- eres lo más importante que tengo en el mundo, en la vida y he sido una mierda zombie durante estos tres meses, Sue me arrojaba la comida en el rostro y yo trataba de ahogarme todos las noches con la almohada. Bella…- besó mi mejilla y se congeló ahí- siempre estaré para ti, toda la vida, todo lo que necesites, todo lo que quieras, de la forma en que me necesites…porque yo te amo.

Me ama. Edward me ama. A mí. A Isabella, la torpe y patosa, dolor de cabeza.

Yo quería…bailar, saltar, gritar y reír, sucumbir de la alegría en ese momento. Técnicamente me había ganado la lotería y el premio era mil veces mejor que el dinero, que un vehículo, que un sueldo vitalicio. Mi vida se resumía en escuchar esa palabra salir de sus labios, de saber que su corazón era completamente mío.

- Déjame quedarme junto a ti, no me alejes nunca más, por favor. Todo lo que tengo es tuyo.

Lo miré a los ojos, húmedos y brillantes, expectantes por una respuesta. Puse mis manos en su rostro y me levanté de puntillas para besarlo, tímidamente, sellando el compromiso silencioso, y él me lo devolvió, como si fuese primera vez que nos tocáramos de esa forma. Y era la primera vez, era la primera vez que él me besaba siendo consciente que su corazón me pertenecía.

A mí, a Bella Swan.

Sus brazos me apretaron suavemente, acercándome, mientras sus manos recorrieron mi columna, causándome escalofríos. Su boca se aplastó con más rudeza, como si estuviera desafiándome a más, lamí su labio inferior, haciéndolo gemir.

- Bella…

- No te vayas, yo…todo lo que soy es tuyo. – declaré.

Y eso fue suficiente, en ese momento, para darle las suficientes esperanzas que necesitaba. Edward me sonrió, con esa sonrisa tan hermosa, tan deslumbrante, que derrite mi estúpido culo y me obliga a hacer todo lo que él desea.

- Quiero que me beses, Edward…- susurré, ruborizada- quiero que me beses siempre.

Que me toques, que estés sobre mí, abajo de mí, en todo mi cuerpo.

Él acarició su nariz contra la mía, con esa esplendida sonrisa desatada en los labios, sin besarme inmediatamente, tenía pensado torturarme.

- ¿Quieres que te bese, Bella?, ¿en serio? – se burló- ¿en dónde? – acercó su cara a mi nariz - ¿aquí?...- apoyó sus labios en mi nariz, mientras los movía a mi frente- ¿o aquí?

Su boca hacia cosquillas en la porción de piel que ésta tocara, la electricidad que su cuerpo descargaba en mí se extendía a medida que avanzaba su juego y Edward la estaba disimulando, pude notarlo cuando sus ojos se ensombrecieron en avidez.

Mierda, Edward me está calentando. Que soy humana, Dios.

Sus labios se apoyaron bajo su oreja y presionó justo ahí- ¿aquí, Bella?

No me tortures más.

- Sí, por favor. - Gemí.

Y entonces la electricidad recorrió de las puntas de mis pies hasta cada uno de mis cabellos, a la velocidad de la luz, pululando su paso. La mano de Edward se introdujo en mi cabello y tiró amistosamente de el, para darse espacio hacia mi cuello, que besó dócilmente, como el aleteo de una mariposa. Mis manos recorrieron su espalda, surcando con mis dedos, como cada músculo se iba tensando a mi tacto.

- Edward, por favor…-me quejé y como toda mujer con un adonis al que ama, y quien la ama, reclamé lo mío.

Su boca se abrió contra mis labios y su lengua recorrió cada pequeño espacio de mí, como si quisiera coronarme como suya. El calor bajó por mi vientre, para situarse entre mis piernas y sentí que cada parte de mi cuerpo lo exigía. Me apreté contra él, para sentirlo más cerca, pero eso no sació completamente mi alma. Y fue cuando su boca gimió en la mía, que necesitaba todo de él, ahora, que ya no quería esperar más. Años en esperar.

- Edward…- nos miramos a los ojos, sus pupilas dilatas, casi robándose todo el espacio de su iris, una fiesta nunca antes presenciada, deliciosa. Desabotoné el primer botón de su camisa, sus ojos siguieron el camino de mis manos, con la boca semi abierta y la respiración agitada como la mía.

- Bella…-sujetó mis manos con expresión atormentada- no puedo…

Ya verás que sí.

Me acerqué para presionar mi boca contra la suya, dolorosamente lento y cuando intentaba alejarme, él me retuvo contra sus labios, con su cuello extendido hacia mí. Él también lo deseaba.

- Sí puedes…-susurré contra su boca- si podemos.

Se debatió internamente, como si luchara en la peor de las batallas, aún así, segundos más tardes suspiró y soltó suavemente mis manos, que siguieron deshaciendo los botones restantes, cuando terminé, su pecho estaba totalmente desnudo. Miré el esplendor de su torso, duro, pero no muy marcado, con un sendero de cabellos cobrizos que llevaba a tierras desconocidas. Por el momento. Posé mi mano sobre su pecho y acaricie los cabellos sobre su piel, no pude evitar morderme el labio. Cuando levanté la vista, Edward tenía los ojos cerrados y una sonrisa deseosa en el rostro.

- Te gusta que te toque, ¿no es así, Edward?- mi lado maligno afloró, mientras los ojos de Edward se abrían de golpe y su sonrisa se nivelaba a mi malicia.

- Tal vez. Quizás si…

Tomó mi mano y la arrastró por su abdomen hacia arriba, hacia sus hombros, resoplé. Mi entrepierna cosquilleó, con apetito. Tomé su mano y lo guié hacia mi cuarto, agradecí mi ocurrencia de comprar una cama de tamaño doble. Empujé hasta que estuvo sentado sobre la cama y luego me subí a su regazo. Entonces, lo percibí.

- Rayos, Edward…-me quejé- algo en ti va a explotar.

Edward sonrió cuando vio mi cara de incomodidad y cuando estaba punto de hacerme a un lado, un quejido salió de nuestras gargantas. Volví a rozarme contra él, porque necesitaba esa fricción tan impetuosa, jamás apreciada de esta forma, como si toda mi bestia interior necesitara que Edward me demandara como suya. Me sorprendí de cuanto lo anhelaba en este sentido, cuando en la vida lo había conocido de esta forma.

- Bella, por favor. - protestó- no debemos…

Pero sus manos hacían todo lo contrario cuando se metieron bajo mi ropa y exploraron la piel desnuda en mi espalda.

- Te necesito…- susurré bajo su cuello, lamiendo la fina piel allí localizada- no me hagas esperar más.

Sus manos se quedaron estáticas y pensé que la había cagado de verdad, que me iba a dejar un lado y sermonearme de cómo podía decir cosas como esas, pero al contrario sus manos apretaron dolorosamente la piel en mi cintura y sus labios tomaron posesión de la extensión de mi cuello, dejando besos húmedos, con un camino hacia mis hombros.

- Te amo, bella. Hoy y siempre.- susurró contra mi piel.

Yo también, quería decir.

Y fui la mujer más feliz sobre la tierra, que hasta tenia deseos de llorar, de esas lágrimas de júbilo que ni en mis mejores momentos había sido capaz de soltar. Tomé su rostro y lo besé de la forma más dedicada que fui capaz, una y otra vez, saboreé el sabor masculino de su lengua, fresco, dulce pero enmaderado. Levanté mis brazos para que quitara mi jersey, y otra vez, me miró esperando una reacción negativa. No te detengas. No sé que habrá verificado en mis ojos, porque continuó.

Besó mis hombros desnudos y aspiró el aroma de la piel sobre mis pechos apresados, cerré los ojos y me dejé llevar por el océano de sensaciones que recorrían mi cuerpo. Mis manos acariciaron sus cabellos y dejé pequeños besos allí, mientras él acariciaba suavemente mis hombros, cuando sus manos desvanecían mi sujetador.

Él respiró profundo y sus ojos encendidos me aplacaron de tal manera que, por primera vez en mi vida, me sentí atiborrada de lo mucho que podía ofrecer. Con mucho que ofrecerle a Edward, como si existiera la posibilidad que me lo mereciera.

Me tomó de la cintura y nos volteó, guardando su peso para no aplastarme y me besó con ferocidad contenida, mientras yo me rebelaba y reclamaba por más.

- Despacio…Bella, despacio para mí.

Abrí los ojos y lo miré confundida, me sonrió y luego de hundir su boca contra mis labios arrastró su lengua hacia mis pechos.

- Ah, Edward…Ed…Ed-ward. - Me retorcí.

Estaba en cielo, flotando sobre una suave nube que me anulaba y me disolvía al mismo tiempo. Sus labios lamieron, besaron y succionaron la piel de mis senos, mientras mis manos tiraban de sus cabellos y la humedad se concentraba en el punto medio entre mis muslos.

- Bella…cariño, ¿estás segura?- ronroneó.

Más, más, por favor, más.

Levanté su rostro con cara de cabreada. No más caballerosidad para bella, que no es muñeca de porcelana.

- no me jodas más Edward, hazme el amor de una vez. – demandé.

Edward rió y los bordes de sus ojos se arrugaron del esfuerzo sobrehumano de separarse de mí. Se levantó de un brinco y desabrochó sus pantalones, observándome con extrema picardía. Sentía que podía llegar al cielo con solo echar un vistazo, de cómo sus músculos se tensaban en el movimiento de quitarse los zapatos y los pantalones. Mierda, mierda, mierda. Gemí y contuve mis deseos de lanzarme sobre él y besarlo hasta extinguirme. Sus bóxer negros se ajustaban perfectamente y dejaban al descubierto las suaves marcas de sus oblicuos y yo ya podía sentirlo en todas partes, como si me hubiesen atiborrado de un líquido caliente y precioso que se concentraba entre mis piernas. Sin dejar de mirarme puso sus manos sobre el dobladillo de su ropa interior.

Santísima mierda, esto es lo que denomino la gloria.

- última llamada. No hay retorno.- avisó.

Asentí y mis manos se fueron a mis pantalones, tirando violentamente mis pantalones abajo. ¡Gracias cerebro por haberme hecho poner encaje este día!

Mi mente no estaba preparada para lo siguiente, cuando Edward miró mis bragas y sus ojos llenos de diversión se nublaron de deseo, su mano bajó y quitó lo que quedaba de ropa en su cuerpo.

Gracias, gracias, gracias.

- Oh, mierda, Edward, ¿estás jodiéndome?

Junté mis piernas y cerré mis ojos, porque estaba tan excitada que me dolía. No abrí los ojos hasta que sentí sus manos en mi cuerpo otra vez, acariciando mi rostro, mi cabello, sus labios buscando los míos urgentes.

No era virgen y Edward lo sabía, tan bien como yo sabía que Edward llevaba años sin estar con nadie, físicamente, porque yo lo sabía todo de él. También sabía que esa pequeña capa de látex no sería necesaria para recibirlo. Yo me cuidaba, él se cuidaba, los dos cuidábamos de ambos. Puse mi mano sobre la suya deteniéndolo y lo miré, sin dudas, para que no me cabreara más.

Se sentía como la primera vez, cada sensación, las mariposas en mi estómago, el descubrimiento de su cuerpo. Supe que ya no había vuelta atrás cuando, sin mi ayuda, retiró lo que sobraba de ropa en mí. Respiré profundo y mis labios estuvieron sobre los suyos súbitamente, haciéndolo gemir cuando mis manos se atrevieron a tocar la piel de su parte más intima.

- Mi Bella…- suspiró en mi boca.

Mío, suya, de todas las formas, cuerpo y alma.

Le quería decir que lo amaba, que le agradecía que estuviera aquí, ahora, que nada podría hacerme más feliz en este momento, pero esperé, porque él ya lo intuía.

Tomé su mano y la atraje al centro de todo mi placer, para que supiera cuanto le necesitaba. Sus besos intensos se trasladaron a todo mi rostro, a todo mi cuello, a todo mi cuerpo perlado en sudor. Acaricié sus músculos con mis dedos, mientras él se situaba exquisitamente entre mis piernas, sin que su boca abandonase mi piel, me quejé ansiosa, bajando mis manos a sus nalgas y apretándolas.

- Eres tan hermosa…-pulsó su boca contra la comisura de la mía, sonreí- tan testaruda, tan preciosa…

Cuanto te quiero.

- Soy tuya, Edward…- él sonrió y se hundió en mi, gemí de satisfacción – sólo tuya, ahora…siempre.

Edward gimió mientras se deslizaba dentro de mí, mientras me llenaba una y otra vez, y unía nuestros cuerpos. Lo besé con rudeza, pidiéndole más prisa, él me la entregó de inmediato. Estaba en el borde de algo maravilloso, contra el ser más perfecto sobre la faz del universo. Besé sus hombros y enterré mis uñas ahí, mientras sus embestidas se hacían más profundas y mis gritos más fuertes.

- Edward, por favor, más…

- Bella…

Y cuando él succionó la unión entre mi cuello y mis hombros, estallé, como si fuese el jodido Big Bang y todas mis piezas se hubiesen separado y girado en el aire para volver a juntarse otra vez. Me reí y Edward se rió conmigo, porque podíamos respirar la felicidad del otro. Embistió contra mí un par de veces más, con su respiración errática y soltó un ronco gemido, para segundos después derramarse dentro de mí. Feliz, muy feliz. Cubrió mi rostro de besos y a regañadientes se acostó a mi lado, atrayéndome a su pecho y cubriéndonos con la sabana de la cama. Miré hacia arriba y lo vi con sus preciosos ojos cerrados, una gran sonrisa sobre su rostro, como nunca lo había visto. Lo más hermoso.

- Pensé que se te quitaría la cara de tonto con un polvo…-sonreí.

Edward frunció el ceño e inclinó el rostro para mirarme.

- Esto, que acabamos de hacer entre tú y yo…en ningún caso es un polvo – rodé los ojos- esto es demostrarte que todo en mí es solo tuyo.

Extendí mi cuello para besarlo y quitarle la frente arrugada, y lo conseguí.

- Puedes demostrármelo más veces, por favor- cuchicheé- es que no sé si me quedó del todo claro.

Se rió y me apretó a su costado, besó repetidas veces mi cabello, como si un solo beso no fuese suficiente.

- Todas las veces que desees, Isabella.- le pegué en el pecho con el dedo, volvió a reír- Bella, corrijo…- suspiró abatido- creo que debo ir de compras por ropa y que no sea un traje.

Lo apreté a mí, para no dejarlo escapar y en un solo movimiento, increíblemente sincronizado para mí, mis piernas estaban enredadas en su cadera, con algo muy dispuesto golpeando mi vientre.

- Yo creo que tu ropa puede esperar, y esperar mucho…- hice un mohín mientras él comenzaba a besarme.

Edward estuvo demostrándome cuan mío era, digamos, hasta ya avanzada la noche, así que desconozco el momento en donde caí rendida en las manos de Morfeo. Mi cuerpo revivió solo cuando un chillido resonó en toda la habitación.

- Mis ojos, mierdaaa- otro chillido y golpes, Edward, se sentó de un porrazo, prendiendo la lámpara del velador. Pero eso solo empeoró las cosas.- ¿Edward?

Oh por los demonios de Emmett. ¿No lo había dejado en el aeropuerto?

Palidecí y me golpeé mentalmente por haberle entregado copias de la llave del departamento a Emmett, Edward tomó la sabana y me cubrió hasta el cuello.

- Agh, que asco.- Emmett se cubrió los ojos y lloriqueó- ¿Por qué no me avisaron que estaban haciendo esto, demonios?

Edward gruñó.- Sal de aquí Emmett, o te mataré.

- Belli- bells, dile al estúpido del eunuco que ahora si quedará sin bolas y que se tape sus partes de niña.

Carraspeé mientras me ponía roja a más no poder y abrigaba el perfecto cuerpo de Edward con la ropa de cama.

- Vete a dormir Emmett, mañana hablamos, por favor.

Emmett hizo fingidas arcadas.- No podré dormir luego de ver esto, Kelly, he sufrido un trauma irrecuperable.- lloriqueó.

Rodamos los ojos.- ¡Emmett! - volvió a gruñir Edward- ¡sal de aquí ahora!, imbécil.

- Belli, dile al imbécil que me iré.- rodé los ojos- pero que volveré.

- Vale, Emmett.- respondí apresuradamente.

Cuando Emmett se hubo ido y Edward hubo corrido a toda velocidad (completamente desnudo) para trabar la puerta, yo solo reí. Apagó la luz y me arrinconó a su cuerpo, pero, me incorporé y volví a encenderla.

-¿Qué haces, cariño?- levantó una ceja mientras se inclinaba para observarme.

Lo miré a los ojos y le sonreí suavemente, acariciando con la yema de mis dedos el contorno de su rostro.

- Te amo, Edward.

Su sonrisa inmediata e implacable me aseguró que mi corazón estaba en un buen lugar.

- Lo sé, amor.


Y ese fue el último capítulo, chan chán. Jajaj al fin Edward dejó de ser tan cuadrado y asumió por Bella. Próximo capítulo final y epilogo, así que empezamos la despedida de ésta historia. Un abrazo para todos y todas, Niss.