Hola queridas! despues de tanto tiempo bloqueada con esta historia... pienso que tarde tanto porque en el momento en el que comencé a escribirla estaba un poco depre... y como ya soy muy feliz pues... naaaaa, no es cierto... es que no sabia como continuarla, espero que el capitulo no sea una bazofia... de verdad lo espero...

Saludos a mis amigas, que las extraño con toda mi alma... besitos a todas!

Disclaimer: nada en este universo me pertenece, si asi fuera, Pansy no sería como es... definitivamente no!

Vivan los Sly!

Enjoy!

VIAJANDO HACIA LO DESCONOCIDO

Tomé el traslador que me llevaría hacia mi nueva vida, esperaba en realidad que la distancia me permitiera olvidar mi fracaso amoroso.

Segundos antes me había despedido de mis amigos. Cada uno de ellos me obsequió algo con qué recordarlos, aunque sé que jamás podría hacerlo pues los llevo dentro de mí.

En un principio me sentí nuevamente dolida por el rechazo de Draco, pues no fue a despedirme al lugar de los traslados, pero después de analizar la situación, me di cuenta que era lo mejor, pues de lo contrario, me hubiera pegado a el como una lapa y no hubiera salido hacía mi destino.

Después de algunos minutos, en los que mi cabeza y estómago dieron vuelta del derecho al revés, llegamos a nuestro destino. Sinceramente debo reconocer que si no fuera yo una Slytherin de pies a cabeza hubiera hecho el espectáculo más bochornoso de toda mi existencia, pues las ansias por vomitar acudieron a mí, pero gracias a mi autocontrol, logré controlarlas.

Un chico alto y delgado de desordenado cabello castaño me esperaba unos metros más allá, con un enorme cartel que rezaba mi nombre. El chico se veía muy bien vestido, de una forma bastante cuidada y pulcra, lo que me convenció de que definitivamente era gay.

Inmediatamente me relajé. No es que haya convivido mucho en el pasado con personas homosexuales, pues únicamente lo había hecho con Crabbe y Goyle, y estos eran, a su manera, lo más gay posible, pues estaban profunda y totalmente enamorados de Draco.

Quien podría culparlos.

Solamente esperaba que este chico no fuera tan cerrado como ellos, o tendría serios problemas.

Me acerqué lentamente hasta su lugar y lo observé con detenimiento antes hablar.

-Yo soy Pansy Parkinson- dije con una media sonrisa.

-Bienvenida-sonrió- yo soy James Button, pero mis amigos me llaman Jamie- dijo extendiendo su mano hacia mí.

Fuimos caminando hacia la salida, mientras Jamie me contaba sobre el lugar donde iba a realizar mis estudios, y sobre dónde viviría. Me alegré al saber que era en una exclusiva zona mágica, pues de ninguna manera conviviría con muggles, no fuera que Salazar saliera de su tumba a hechizarme.

Sonreí ante el pensamiento, viejas costumbres Slytherin, nunca se olvidan.

Caminamos hasta lo que pareció un armatoste muy complicado de color rojo chillón.

Bien, rojo. ¡Maldita sea, hasta en América me persiguen los malditos Gryffindor!

Me estremecí ante la visión de esa enorme cosa, que a simple vista parecía inofensiva, pero sabrá Merlín que cosas haría.

-Vamos, sube- dijo Jamie, mirándome divertido.

-¿Qué?- dije sin aliento- definitivamente YO no me voy a subir a esa cosa-

-Vamos, Pansy, solamente es un automóvil, te prometo que no te pasará nada-

-No-dije haciendo pucheros como niña pequeña, debí saber que con él no funcionaría, porque me miró con una ceja enarcada, de una forma en que me recordó por entero a Blaise Zabinni.

-Bueno, entonces tendrás que irte caminando, porque como eres recién llegada, y no sabes dónde vas a vivir, te será imposible aparecerte ahí-dijo sarcásticamente.

¡Ese cretino! ¡Quien se creía para hablarme así!

Quise lanzarle un hechizo por su atrevimiento, pero en la profundidad de sus ojos vi la diversión que le producía el hecho de burlarse de mí, y decidí entonces seguir con su juego, pues tenía razón en lo que decía, y mi lado Slytherin me aconsejaba que por el momento lo utilizara a mi favor.

Nos subimos en el aparato ese, que por poco me produce un paro cardíaco, pues el hombre manejaba como loco, mientras a nuestro alrededor, el sonido de los demás "autonobiles " ensordecía mis oídos y a cada movimiento brusco que hacía yo me encogía mas y mas en el asiento, deseando con todas mis fuerzas poder sacar mi varita y cruciar a todos esos imbéciles hasta la muerte.

Cuando llegamos a nuestro destino, estuve a punto de besar el suelo, pero mi educación me impidió hacer semejante ridículo, asi que controlando como pude el temblor de mis piernas, esperé de pie que ese cretino despreciable regresara de dondequiera que haya ido a resguardar su miserable armatoste, mientras mi pulso amenazaba con dispararse.

Es eso estaba, cuando un espécimen masculino especialmente atractivo apareció ante mis ojos, montando su brillante Phoenix 2000, una escoba idéntica a la que le había regalado a Draco en su cumpleaños…

Alto Pansy, no sigas por ahí, por favor…

Bien, decía, su cabello rubio ensortijado volaba por la fuerza del viento, mientras se acercaba volando hacia mí, con la sonrisa destellando y el brillo de sus ojos azules deslumbrándome. Bajó hasta mi posición, y por primera vez en mucho tiempo, cuando me preguntó quien era y que hacía ahí, mi mente se quedó en blanco y no pude decir nada.

-¿Estas bien?- dijo, bajando de la escoba, preocupado al ver que no respondía.

Los colores se me subieron al rostro, y entonces mi lado Slytherin salió en mi rescate.

-Perfectamente ¿Tu quien eres y que haces aquí?-

El chico solamente atinó a sonreír y a deslumbrarme nuevamente con su sonrisa, pero en esta ocasión yo estaba preparada, así que me crucé de brazos y esperé con el ceño fruncido y mi actitud desafiante a que me dijera lo que le había preguntado.

-Está bien, tu ganas-dijo levantando las manos hacia arriba- me llamo Maximillian Blakemore, pero mis amigos me llaman Max, ¿y tu?-

Me quedé observando su mano estirada, luchando en mi fuero interno entre dejarlo asi, con la mano extendida o vencer mis instintos maleducados y estrecharle la mano. Gano mi educación paterna.

-Pansy Parkinson-dije secamente.

El cretino este parecía no querer soltar mi mano, pero después de algunos segundos y un poco de presión por mi parte, me soltó.

-¿Y como te gusta que te digan tus amigos?-

-Pansy Parkinson- dije enarcando una ceja.

Gracias a Merlín antes de que dijera algo más, Jamie se acercó a nosotros, salvándome de una conversación sin sentido y de la cual no quería ser partícipe.

-¡Chicos, que gusto que ya se conocieron! Max, Pansy será nuestra nueva vecina, ¿no te encanta la idea?-

-Disculpa, ¿Vecinos?-dije con incredulidad.

-Si, Max y yo vivimos juntos, tú me entiendes…-

Creo que nunca antes he abierto los ojos de esa forma, ni mi cara se puso tan roja como la de un Weasley, pero en cuanto a mi cerebro llegaron sus palabras, quise que me tragara la tierra. Había tratado mal a Max pensando que él trataba de flirtear conmigo. Cuán equivocada había estado.

-Yo… lo siento tanto, no sabía… no pensé…-

-¿Qué soy gay?, no importa querida, solamente espero que no te moleste-

Solamente atiné a sacudir mi cabeza negativamente, mientras me sumía en un silencio total. Los seguí a distancia prudente mientras llegábamos hasta mi nuevo hogar.

La pequeña casita que se alzaba ante mis ojos era una preciosidad. No era tan grande como la mansión, pero era… pintoresca.

En cuanto entré me dio una sensación de calidez que nunca había sentido, ni en la mansión ni en mi departamento, y debo reconocer que estaba decorada con muy buen gusto, con aparatos muggles y todo, pero enseguida Jamie y Max se encargaron de ponerme al tanto de la forma en la que funcionaba todo.

Mas tarde, cuando me dejaron sola, no pude evitar sentirme nostálgica, pues había arrancado de tajo mi vida en Inglaterra, había dejado todo lo que conocía por un poquito de paz mental.

Agradecía la presencia de ambos chicos, que durante todo el tiempo que estuve con ellos, en ningún momento mi pensamiento acudió hacia Draco, realmente me la pasé muy bien con ellos, riendo y bromeando sobre cosas sin importancia.

Pero yo bien sabía que en cuanto ellos se hubieran ido, no habiendo desaparecido el sonido de sus risas, el manto helado de la soledad me cubriría para volver a pensar en él. En mi serpiente traicionera.

Y ahora, frente a la ventana, observando la luna y las estrellas que se dibujaban sobre el verde lago que se extendía sobre el patio trasero de la pequeña casita, mi corazón volvió a inundarse de amargura, y sin querer, a mis ojos acudió el llanto que durante todo este tiempo había estado conteniendo, se derramó sobre los mismos como un torrente, llevándose mi determinación.

Me dejé envolver por la tristeza por algunos momentos, deleitándome en el dolor que sentía, pues cada lágrima derramada limpiaba mi alma un poco, dejándome libre de ataduras. Esta noche me dormí hasta muy entrada la noche, con los ojos humedecidos por el llanto, pero con el corazón un poco menos roto.


Bueno, hasta aqui llegamos por el momento..

gracias mil por leer...