Disclaimer: Los personajes que se presentan en esta historia son propiedad de la autoría de Masami Kuromada y Toei Animation. La historia que se presenta es ficción ya que nunca ocurre en la serie original, y su fin es meramente de entretenimiento sin intención de ofender o plagiar a alguien.
"El fuego de la vida"
Décimo Cuarto Capítulo: "Irreversible"
En la soledad de la habitación, Athena no pudo evitar pesar en todos los hechos ocurridos recientemente; un sentimiento de opresión invadió su pecho y llevó una mano hecha puño hasta ahí, bajó la cabeza, pensando en el siguiente movimiento que haría en aquella encrucijada donde Zeus la había puesto. "¿Qué debo hacer?", esa era la gran interrogante que acechaba los pensamientos de la Olímpica deidad de la sabiduría. Alzó la vista hacia el cielo azulado que se extendía tras la ventana del aposento y cerró los párpados para dejarse llevar por el sutil sonido del viento recorrer sus dominios. La brisa entró presurosa por el hueco que dejaban los cristales abiertos, removiendo las telas blancas de las cortinas al igual que ondeaba la prenda extensa que componía la bella túnica.
Apartó su cuerpo de ahí y decidió de una vez por todas dirigirse al naos del templo, donde Shion le esperaba. Miró de reojo el báculo de Niké descansando en la pared, se aceró y tras una expresión de cansancio, tomó el objeto firmemente. Sin embargo, el olor salino inundó el ambiente al igual que una inusual corriente de aire arremolinada que invadía el aposento. El cabello violeta se agitó alrededor de su rostro mientras ella permanecía quieta y expectante. No reconoció cosmo alguno que entrara en sus dominios y su protección rechazara.
Pronto el caos que la brisa traía consigo desató un remolino de agua verde azulada con ligera espuma en los vórtices. Pronto se detuvo tal como había iniciado, revelando así la regia armadura broncínea del Dios del mar. Posó los ojos de intenso azul en Athena en silencio y ella tampoco habló. La capa se movió ligera con el andar repentino de su portador. Llegó frente a la joven e inclinó el semblante. Su aspecto maduro y sereno se imponía elegante como el digno emperador del mar; la armadura brillante y su fiel tridente realzaban su magnanimidad, pero la de la guerra justa no estaba impresionada. Llevó el juicioso semblante directo a los orbes del emperador, con ira, y se atrevió a hablar primera.
-¿Cómo osas pisar el suelo de mis dominios, Poseidón?- preguntó sin dejar de observarle imperturbable.
-He venido a ti como un aliado- anunció.
-No intentes jugar con mi mente- amenazó alejándose de él, yendo de nuevo al ventanal- he sufrido una abominable traición donde estás implícito, no vengas ahora presumiendo ser mi adepto- sugirió.
-Entiendo si así lo crees, pero he de decirte que estás errante- intentó convencerle.
-Mucho han insultado ya mi juicio- dijo con cuidadosos términos que sonaron amenazantes.
-Si no son suficientes mis palabras, entonces quizá mis acciones lo sean-
El Dios lentamente colocó una rodilla en el suelo, por lo que el choque metálico de su protector contra el mármol provocó como respuesta la detenida observación de la joven deidad; sostuvo el magnífico tridente unos momentos más mientras su intensa mirada azul no se retiraba del semblante de Athena. Entonces deslizó el arma hasta colocarlo en el fino acabado de la piedra blanca bajo sus pies. Bajó la cabeza noblemente, colocando ambas manos en la rodilla doblada que le servía de apoyo.
-¿Qué significa esto?- inquirió desconcertada.
-Siempre te he declarado la guerra por la posesión de la tierra- dijo en voz grave y pausada- pero ahora mi comprensión sobre la vida mortal es diferente, y mi lealtad ya no es con mis hermanos- levantó la vista y en sus ojos se vio un brillo solemne.
La protectora del conocimiento se sobresaltó con aquellas palabras y su entrecejo se frunció. Asió más fuerte a Niké e hizo una expresión de molestia. Poseidón levantó ambas palmas al aire, a la altura de su pecho; un destello de luz emergió de sus manos que por un momento hipnotizó a la Diosa que le miraba con cierta curiosidad. Un pequeño cofre de oro emergió de aquel espectáculo de luces, su acabado era maravilloso por donde se le viese y los relieves de nereidas y delfines denotaban el lugar de origen. El emperador extendió los brazos, ofreciéndoselo a Athena quien de inmediato replicó.
-¿De qué se trata ahora?- preguntó perdiendo la paciencia.
-Tal vez sólo así te des cuenta de mis verdaderas intenciones, que lejos son de traición- dijo apaciblemente el Dios del mar- es un presente- prosiguió.
La Diosa vaciló varios momentos en los que miró con insistencia al señor del ponto, con los cabellos de vivo índigo cayendo por los costados de su rostro moreno, su elegante porte arrodillado con ese objeto en sus manos, cual devoto a sus pies. Athena meditó. ¿Por qué el Dios de los mares ofrecía aquello sin explicación?; no halló contradicción en su mente. Entonces la mirada esmeralda se suavizó en su fino rostro, después, se acercó para abrir la tapa del objeto con delicadeza pero todavía dudaba en hacerlo. Tocó lentamente el borde hasta que decidió abrir la caja. En cuanto lo hizo fueron liberándose líneas de una intensa luminiscencia azul. Su expresión cambió radicalmente al ver dentro sobre la almohadilla aterciopelada una relumbrante perla, mas no una cualquiera que el mar ofrece como joyas a los hombres, no ésa. La pieza era de un tamaño más grande y pesada, de una constitución traslúcida como las aguas y dentro de ella se agitaba una energía azul que se removía con insistencia como las fieras olas en el océano. Desplegaba el hermoso fulgor que había escapado al principio. Athena perdió el aliento, dejó de respirar por unos segundos al no creer lo que tenía frente a ella. Liberó de su agarre a Niké, que permaneció erguido en el aire, desafiando a la gravedad que normalmente le haría caer, mientras tanto la Diosa se inclinó para tomar entre sus manos el macizo cofre que le tendía el peliazul.
-"El alma del Océano"…- dijo suavemente. Desvió la mirada hasta el emperador, buscando una respuesta clara- ¿Por qué me das esto?-
-Lo necesitas para hacer que tus hombres vivan- respondió a la vez que tomaba su tridente y se erguía del suelo- te lo dije, estoy de tu lado. Tómala. No hay mucho tiempo-
-¿A qué te refieres?-
-He venido a entregarte esto personalmente, pero…- se detuvo suspirando preocupado- es todo lo que podré hacer por ti. Zeus vigila mis pasos de cerca. Está consciente de la ayuda que te di en la guerra con Hades y no lo ha olvidado- recordó el emperador llevando su atención al cofre- ya tienes la primera pieza para el Alma Sagrada, tienes que obtener lo demás por tu cuenta- volvió a dirigirle la vista penetrante a ella.
-Gracias…- se refirió a él en voz baja, inclinando la cabeza.
-No es necesario tu agradecimiento- refutó el Dios sonriendo- una cosa más- advirtió él, procediendo a dar unos pasos por la habitación- es de mi conocimiento que era importante contactar a Hefesto para que ayudase al pueblo de Odín- comenzó a relatar.
Athena abrió los ojos con sorpresa. Ese era un asunto que se trató en privado con los heraldos de Hilda, y aún así el creador de terremotos sabía de tal necesidad para sus aliados.
-Euclíome, la ninfa que reside en este Santuario se lo informó a Zeus- explicó adivinando los pensamientos de la señora de Atenas- aseguró haber escuchado intencionalmente el diálogo, por lo que mi hermano decidió enviar a Hefesto a despertar su alma en la tierra para que no lo hallaras en el Olimpo-
-Sospeché de esas mujeres en un principio. Ya se encuentran bajo custodia en mis cárceles- comentó ella de pronto- He de decirte que incluso tu hija me era de desconfianza, estaba a punto de ordenar su encarcelamiento. Espero entiendas las razones-
-Lo hago. Deseo le permitas ayudarte, así como a mí-
-Mi lista de aliados es reducida, aceptaré cualquier mano amiga- aseguró la menor- es por eso que pedí la ayuda de Hilda, la única en la que confío plenamente. Sabía que tener a alguien de su país sería un respaldo en estos momentos contrariados-
-Ahora tienes la ventaja de saber quienes te son leales. Por otro lado, te aviso que los poderes de Hefesto permanecen dormidos, eso hará más difícil localizarle. Lo único que he llegado a confirmar sobre su existencia humana es que apenas es un niño que ha sido llevado al templo de algún Dios. Nada más-
Los datos que el emperador le daba eran de vital importancia para la Diosa, quien veía otra dificultad a su ya complicada tarea a realizar. Organizó la información en su mente, dispuesta a encontrar solución y segura de sí misma se acercó hasta la deidad del tridente.
-Entiendo. Debes volver a tu reino. Ya has perdido mucho tiempo aquí- sugirió la Diosa- te agradezco lo que has hecho. Pagaré mi deuda contigo- le aseguró solemnemente. Poseidón hizo una reverencia.
-Trataré de ayudarte a distancia. Ten cuidado- finalizó el peliazul.
El remolino de agua volvió a surgir a su alrededor, llevándose el cuerpo del gobernante del mar en un instante. Athena observó su partida en silencio, y dentro de ella una sensación de momentáneo alivio afloró; pudo respirar con ligereza por vez primera desde hacía tiempo. Miró la preciosa esfera que relumbraba. Había obtenido la primera pieza de su objetivo.
…
Llevaba al menos dos horas buscando por Saga, y Kanon todavía no era capaz de encontrarlo en ningún sitio. Parecía que la tierra se lo había tragado sin dejar una pequeña muestra de él. No estaba en los lugares donde normalmente se le encontraría, y eso preocupó al gemelo menor. Preguntó por él a los guardias en distintos lugares y nadie le vio, a los diferentes santos de guardia en turno pero su respuesta era la misma. Continuó su marcha sin notar que ya se encontraba cerca de las ruinas que llevaban justo al Cabo; la mirada permanecía distraída en los alrededores tratando de hallar indicio del gemelo mayor mas la vista era desolada. La vegetación apenas perceptible descansaba entre las grietas de las fracturadas pilastras esparcidas de aquí a allá, mientras la luz del sol volvía todo más nítido.
Pronto, el curioso y relajante sonido de las olas le regresó del absorto estado. Entonces supo a dónde, inconscientemente, había llevado sus pasos. Estaba en un peñasco poco alto desde donde podía observar el vasto ponto con la tranquilidad de sus aguas meciéndose constantes en la extensión azul hasta arribar a las claras arenas de la playa. La brisa jugó con los largos cabellos azules, y sus ojos verdes permanecían fijos en el mar. Recargó la espalda en una columna apenas erguida para descansar. Sabía que si seguía adelante por la ladera del acantilado, llegaría hasta la prisión del Cabo Sunion. Era demasiado para él.
-Idiota Saga, ¿Dónde estás?- se preguntó de nuevo el gemelo con un suspiro abandonando sus labios.
-Que irritable, dondequiera que voy siempre se pronuncia ese nombre-
La voz aguda interrumpió sus pensamientos, y no pudo hacer más que girar para ver al que interrumpía en su soledad. Observó tras él, y no vio a nadie en el desolado paisaje de las ruinas. Levantó una ceja desconcertado y pensó en la posibilidad de estar alucinando cosas. Volvió su atención al frente, donde ahí encontró la respuesta. Parpadeó asombrado al encontrarse cara a cara con la inerte expresión de una máscara frente a él sin siquiera haberlo notado. Escuchó la cínica risa burlona de la joven de cabellos púrpuras y armadura de plata estrechada a su cuerpo. Kanon, ofendido, frunció el seño; estudió a la molesta mujer que se apareció de la nada.
-Muy lento, Caballero- habló ella con sátira en la voz.
-¿Quién eres y qué quieres?- preguntó el peliazul con expresión fría.
-Esa actitud de superioridad parece venir incluida con el signo- comentó de mala gana la chica- soy Dysis, Amazona de Serpens, mi señor - respondió con obvio sarcasmo- y en cuanto a qué quiero, me gustaría saber lo que hace aquí fuera de guardia-
-No te interesa… Amazona- respondió arrastrando la palabra- vete-
-Altanero como sólo un Géminis sabe serlo- dijo ella impaciente.
Vio en el rostro de Kanon la obvia expresión de desconcierto al mostrarse conocedora de su identidad y rió mordazmente.
-Es fácil saberlo, tienes el mismo rostro que ese sujeto- explicó despectiva- la misma complexión, la mirada arrogante que me enferma y la actitud de ser superior que nada más concierne a la Tercera Casa-
-Cuida tus palabras, mujer- advirtió Kanon acercándose peligrosamente- todo eso y más podremos ser, pero no pecamos de imprudentes-
Dysis apretó un puño y sin pensarlo lo arrojó al aire con intención de golpear el rostro del gemelo. Su intento fue fallido por la intervención casi imperceptible de la mano del griego quien sonrió altivo y confiado.
-Muy lenta-
La guerrera apretó la mandíbula y de un movimiento se separó del peliazul, saltando varios metros hacia atrás. Tomó una postura defensiva con las piernas separadas y los brazos al aire; Kanon izó una ceja con expresión fastidiada, no tenía la más mínima intención de tener un combate con una Amazona.
-Pierdes el tiempo, Serpens- anunció Kanon desinteresando, dando la media vuelta para seguir con sus asuntos- mejor continúa con tu vigía de piedras y arena- comentó divertido alejándose más.
-Pretenciosas palabras para venir de alguien que no es el titular de Géminis- dijo cruzando los brazos.
La marcha del gemelo se detuvo de golpe y Dysis pudo observar con satisfacción la manera en que había apretado sus manos. Sonrió complacida y avanzó hacia él.
-Tal vez por eso huyes tras dicciones arrogantes, porque temes a la inminente derrota- insistió venenosamente- después de todo… sólo eres el vil reemplazo de ese bastardo-
Escupió hasta la última letra con malicia impregnada, estando tan orgullosa del efecto que había causado en él cuando volteo hacia ella y sus ojos verdes pasaron a ser inexpresivos. Pero… pronto los iris del peliazul se volvieron dorados solamente por una pequeña fracción de segundo y con ello vino una ráfaga de viento de línea recta que cruzó por la amazona. La máscara mostró una profunda rotura a lo largo y sin más, cayó al suelo partida en dos. Dysis permaneció congelada en su posición, con las facciones al descubierto y la verde mirada de incredulidad fija en el santo, quien se acercaba lentamente hasta ella. La brisa se permitió atravesar las solitarias ruinas, moviendo junto a ella la larga melena de la joven, de la cual finas hebras del cabello danzaban sobre sus mejillas y frente.
-Ah, ¿Quién lo diría?, solo tu humor es horrible- mencionó Kanon al ver la cara de Dysis- ¿Qué sucede, no tienes nada más qué decir?- respondió burlesco sin dejar de examinar su semblante.
-Me has deshonrado…- susurró girando el rostro a un lado, ocultando los ojos bajo su cabello oscuro- tú, un Géminis- empuñó sus manos sintiendo ira.
-¿Significa que soy el primero en ver este rostro?- cuestionó sin poder evitar reírse- Tal vez así aprendas a controlar tu venenosa lengua, Amazona. Te evitarías situaciones tan deshonrosas para ti- le dijo acercándose peligrosamente; se permitió tomar suavemente el mentón de la guerrera para forzarle a verlo, se acercó hasta tenerla a un mínimo espacio de él y susurrarle- Conozco sus leyes… desde este momento te advierto: si no quieres morir, no me desafíes- sonrió soberbio a la vez que soltaba bruscamente a Dysis.
Sin esperar respuesta el Caballero dio la media vuelta para abandonar las ruinas, hasta que sus pasos no se escucharon más en los alrededores. Serpens le miró consumida por la ira; sintiendo su cuerpo temblar, permaneció quieta con las uñas clavándose en sus palmas.
…
-No sé si sea una buena idea, Aioros-
La Amazona se detuvo unos momentos al salir del templo de Escorpio que daban ascenso a la escalera para Sagitario. El santo se volvió hacia ella con una expresión neutral que de inmediato se vio irradiada por una sonrisa. Se encontraba unos escalones adelantado, y al verla detenida, bajó los pocos que les separaban para ir a su encuentro. Entonces Aioros colocó ambas manos sobre los hombros protegidos de la joven de Caelum y vio fijamente la pieza metálica de constante brillo colocada en su rostro.
-No me han visto en años- insistió ella, intentando disuadir al Caballero.
-Eso no importa- respondió él- seguro que sí te recuerdan, sus mentes no pueden estar más empolvadas que la mía- bromeó el castaño mientras reía.
-Pero…-
-Vamos, sólo es un desayuno- dijo soltando a Naiara.
-¿Debo recordarte cómo actuó Mu cuando me vio?- replicó con desgano cruzando sus brazos- no me puedes asegurar que no sea igual con Milo y Aioria-
Una pequeña mueca de diversión se apoderó de Aioros. La insistencia de rehuir de los menores por parte de la guerrera le resultaba en cierta forma entretenida. Colocó una mano en el mentón para pensar al respecto; Naiara le había contado las fricciones que había tenido con Mu y las Amazonas así que comprendía lo que estaba tratando de evitar.
-No es fácil ser aceptada de nuevo cuando lo único que recuerdan de ti es el hecho de que abandonaste un importante deber- Naiara pronunció en voz baja, mirando hacia abajo.
-Es natural- contestó sin más- desapareciste justo después de que nos enteramos que Nikos murió; ni una sola nota o despedida, incluso tu cosmo desapareció de pronto, como si te hubieses arrojado a las aguas del mar que circundan el Santuario-
-¿Y que podía hacer?- preguntó dolida de recordar- ¿Quedarme en el mismo lugar que el asesino de mi hermano? ¡Jamás!- expresó rencorosa.
-Eso no es verdad- replicó el arquero- Saga en ese tiempo no pudo ser capaz de matar a un compañero de Orden. Entiende, Nikos murió en el deber- trató de razonar Aioros.
-¡Él lo mató!- gritó sin pensar Naiara- ¿Soy la única en este mundo que así lo cree?, yo fui marcada como desertora, mi hermano quedó olvidado, utilizado como un simple hombre del que prescindieron en una estúpida misión, ¡ ¿Y qué hay de Saga? !- expresó perdiendo la calma- ¡Fue recibido con flores al aire y una algarabía!- se respondió irónica.
-Sí, tal vez merezca tu desprecio y el de muchos, pero realmente no sabes por todo lo que tuvo que pasar- respondió inalterable.
-¿Tú sí?- soltó de inmediato inconforme.
-La vida de Saga fue un infierno…- susurró viendo hacia las montañas- eso es lo que sé…-
-Incluso después de tantos años, todavía le defiendes ciegamente- respondió Naiara tratando de controlar sus emociones.
-Escúchame- habló abrazándola de improviso- Todos tienen resentimiento con ciertos sucesos de su pasado, no es fácil para nadie- explicó el arquero- tengo la esperanza de que esa distancia que separa a la Orden y esas oscuras dudas desaparezcan con el tiempo, sólo eso-
Naiara no pudo seguir conteniendo las inmensas fuerzas de llorar, no quería doblegarse ante sus sentimientos, y sin embargo escaparon de su límite de tolerancia. Se apartó de Aioros y así poder apoyarse en una columna para dejarse caer al suelo, abrazó sus rodillas, después escondió la cabeza entre ellas mientras intentaba tranquilizarse. Hubo un pequeño silencio entre ambos, donde dieron libertad a los sonidos del exterior inundar el ambiente refrescante de la sombra en el octavo templo de la escalinata. Aioros la observó detenidamente, luego se sentó a su lado.
-Cuando…- habló despacio- cuando tuve el concilio con Athena a mi regreso, ella me dijo que había hecho contacto con el alma de Nikos- explicó cabizbaja.
-Ella le llamó… pero no quiso regresar, ¿Verdad?-
-Él le dio un mensaje para mí- aseguró en un susurro la de Caelum, pasando a mirar el cielo despejado-"Tener el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida. No dejes que el tuyo se extinga por negar al corazón lo que necesita"-
Con tal expresión, Aioros decidió callar y esperar que la misma guerrera se sobrepusiera a su estado de malestar. Apareció un cómodo silencio durante minutos. Entonces, Naiara suspiró, volteando el rostro para encontrarse con la distraída cara de Aioros. Sonrió aunque no pudiera verla, levantándose de un salto y tendiéndole la mano al santo.
-La última vez que vi al dúo de la destrucción eran un par de enanos causando calamidades por el Santuario-
El castaño sonrió ampliamente. No podía, simplemente nunca había negado nada a Aioros. Era un amigo invaluable de su remota infancia al que quería demasiado, el único que la aceptaba sin juzgarla después de sus errores pasados. Había pensado un poco en la petición, un desayuno en la novena casa no sonaba tan mal; ya era tarde y su solitario entrenamiento en las ruinas la había dejado con un hueco en el estómago. Sin embargo, el hecho de saber que el hermano menor del castaño y el octavo guardián también estarían presentes, le hacía sentir incómoda. Ella había conocido a ambos cuando eran sólo unos niños, pero ahora era distinto, ya no eran unos traviesos infantes corriendo de aquí a allá… ahora se trataba de dos hombres pertenecientes a la élite más poderosa de Athena.
-Quince minutos, nada más- dictaminó la pelinegra comenzando a subir los escalones.
-Me basta con eso- respondió el arquero siguiéndole el paso.
Continuaron el ascenso sin nada más que decir. El camino pronto se acortaba y en menos de lo que hubiera deseado, Naiara contempló la imponente entrada del noveno templo de Athena. La regia presencia de sus columnas y del magnífico techo la dejó sin aliento; alzó la vista y encontró en la punta la figura regia del centauro apuntando al horizonte con la flecha en su tensado arco. Entraron pronto al edificio dejando atrás el caluroso ambiente que propiciaba el sol, llevando sus pasos hasta el lugar donde se encontraba el comedor, tras el amplio recibidor principal y siguiendo un corredor. Pero para su sorpresa nadie estaba ahí; Aioros, desconcertado, miró a los alrededores mas no había pista de dónde pudieran estar su hermano y Milo.
-Tal vez esta sea la razón- dijo Naiara a sus espaldas.
El arquero vio un pedazo de papel en las manos de la Amazona, lo tomó y vio una especie de nota escrita en él. Cuando terminó de leer llevó una mano al mentón y torció los labios.
-¿Y bien?-
-Estaba seguro de que hoy no irían a entrenar- se excusó con una sonrisa nerviosa el castaño- ve el lado positivo…-
-¿No tendré que dar explicaciones del por qué deben creer que no soy un fantasma?- propuso Naiara, y Aioros rió.
-No, eso no- contestó avanzando a la cocina- hoy serás la única afortunada que pruebe mi famoso desayuno con berenjenas fritas-
Naiara se lo pensó un momento, viendo cómo el griego procedía a disponer de los materiales e ingredientes necesarios para tal desayuno. Después se encaminó aprisa al mismo lugar que el arquero para intentar detenerlo antes de que hiciera un desastre en su propia casa. Sin duda en el inframundo no había cocinas…
…
Sintió miedo de tan familiar y oscuro lugar que se apoderaba de su alrededor; por más que se forzaba por distinguir algo en medio de las tinieblas era imposible conseguir nitidez. Estiró con temblores el brazo para andar a tientas; la desesperación llegó a su ser al saberse de nuevo en aquella utopía oscura de la que ahora era presa, sin un lugar fijo al cual dirigirse, nada más que un camino en círculos. El suelo bajo sus pies comenzó a removerse y no pudo sino intentar correr. Estaba frío, muy frío y su piel no tenía protección alguna, lo sentía a la vez que el miedo incrementaba dentro de su cuerpo.
Escurridizo desapareció el soporte que fungía de piso para volverse tan inestable como el agua; se hundió lentamente intentando llamar a alguien que pudiese darle su ayuda, sin embargo la voz se apagó y el terrible silencio se convirtió en su verdugo. Cada vez más se adentraba al abismo que le ahogaba con cada inhalación. Pero en esta ocasión algo fue diferente de lo que siempre vivía en esa pesadilla.
-Lorin…-
Escuchó su propio nombre pronunciado por una desconocida presencia. Siguió luchando por salir de ese lugar escalofriante; el tono de aquella voz masculina, que aún seguía repitiendo la misma palabra, sonaba frío pero tranquilizante, suave y atemorizante a la vez. El aliento y la fuerza escaparon de su ser, dejó de moverse, de luchar para rendirse ante aquella segunda voluntad. Con parsimonia, un rayo de luz comenzó a hacerse espacio entre la densidad de la oscuridad, y de ella emergió el dueño de aquella voz como un alto hombre cubierto por un manto inmaculado, sus largos cabellos rubios danzaban a su alrededor mientras la fineza de éstos cubrían sus ojos, de manera que no se apreciaba con claridad la faz tras ellos.
-Saludos, Lorin–
La elfa escuchó el suave pronunciar de aquel ser. Entrecerró los ojos por el agotamiento y solamente alcanzó a abrir un poco los labios para intentar hablar.
-¿Quién… eres?- pronunció apenas audible.
-No te preocupes por eso… no ahora- dijo tenuemente.
-¿Por qué has venido?- su voz susurraba con cansancio, perdiéndose en pequeños ecos al vacío.
Una sonrisa fue visible en aquel rostro de blanca piel. Se acercó a Lorin, estirando uno de sus largos brazos para rozar una de las mejillas con la punta de sus dedos.
-Tal como lo pensé, eres tú la elegida-
-¿Qué significa? ¡Dímelo!- imploró con todas sus fuerzas que vanamente le sirvieron.
-Vendré de nuevo cuando sea el momento, Lorin "Amarthion". Adiós, hasta que volvamos a vernos-
-Espera…- pidió intentando detenerle con una mano, más al tocar la tela de la larga túnica se desvaneció en la penumbra.
-¡Lorin!-
El grito se escuchó claro en su cabeza. La imagen se disipó lentamente, y sólo así pudo recobrar el control de su mente. Venció la pesadez que presentaban sus párpados, abriendo de a poco los ojos. No consiguió claridad al principio, pudiendo ver a la silueta ante ella que insistía en su nombre. Se acostumbró a la luz y al fin la vio. La rubia tenía una expresión extraña, con los ojos preocupados y la boca entreabierta que sólo atinó a suspirar cuando supo que la elfa había despertado. Ésta se incorporó un poco en el asiento donde se había quedado dormida explorando con la mirada el sitio: la cama frente a ella, el Caballero, las cortinas abiertas en la ventana, los muebles de madera, todo seguía igual que la noche anterior.
-Me alegra que estés bien- confesó la sirena abrazando a su compañera.
-¿De qué hablas? - contestó Lorin sosteniendo su cabeza ante el repentino mareo- solamente dormía-
-Cuando entré a la habitación tu rostro estaba pálido y frío. No sabía qué hacer- insistió ella.
La pelinegra bajó el rostro sin saber la explicación de eso, mucho menos comprendía por qué de nuevo volvía ese sueño tan extraño y sin sentido. Se abrazó a sí misma sintiendo escalofríos en su espalda.
-No has dormido apropiadamente- comentó Victoria viendo su rostro macilento.
-Estaré bien- replicó la nórdica fijando los ojos en la rubia- no es nada-
-Pero…-
-El Caballero, ¿Cómo está?- preguntó levantándose.
-Igual- precisó mientras cruzaba sus brazos y dirigía su atención al de Cáncer- velo tú misma-
El santo tenía un aspecto endeble, nada había cambiado. Lorin le miró unos segundos, después se inclinó sobre la cama y posó una de sus manos en la frente de Máscara Mortal mientras Victoria le veía curiosa; cerró sus ojos y de ella emanó una armoniosa aura de belleza gélida que le rodeó por completo. Transmitió su energía, totalmente concentrada en ello para asegurarse de que el peliazul regenerara fuerzas al menos un poco. Abrió los ojos con cuidado después de unos segundos; el semblante cambió ligeramente en él, pero Lorin sintió la fatiga agotando su cuerpo.
-¿Estás bien?- insistió la sirena tomándola por los hombros.
-Sí-
-¿Por qué no sales a tomar aire?, yo me haré cargo de las cosas aquí- sugirió ayudándole a levantarse.
-No, yo debo…-
-Ve, no seas obstinada- pidió llevándola hasta la puerta- nada pasará si no tienes el control unos minutos- Victoria sonrió mientras le daba un empujón fuera de la habitación- regresa cuando te sientas mejor-
Lo último que escuchó Lorin fue el sonido de la puerta cerrándose. Suspiró algo molesta y miró hacia la salida del templo. Se relajó un momento cuando sintió la brisa entrar hasta donde ella estaba; respiró con tranquilidad y pensó que tal vez no era mala idea dar un paseo. Los firmes pasos que daba resonaban en ligeros ecos por el amplio corredor hasta que la luz del sol pegó de lleno en el claro rostro cuando hubo llegado a las escaleras de la entrada. Descendió por ellas sin prisa, y con aguda percepción disfrutó el verde follaje ante ella.
Contempló el prado verde cubriendo la tierra fértil que era alimentada con las numerosas cascadas que serpenteaban el acceso hasta el templo de sanación. Sonrió levemente al sentirse tan relajada, ya sin la desagradable sensación que aquel sueño provocó en ella. Sin notarlo, llevó una mano hasta la mejilla donde había sentido los dedos de aquella presencia; el mentón le tembló un poco mientras su memoria trataba de repetir las palabras que habían sido dichas por él, mas no recordó con claridad. Negó lentamente a la vez que reanudaba su marcha.
Caminó a la orilla de aquellas límpidas aguas y se permitió cruzar las corrientes con ayuda de grandes guijarros que sobresalían. Recorrió un tramo, observando con ojos curiosos las viejas molduras de mármol que casi caían a la tierra. Era un tranquilo lugar, armonioso y excepcionalmente hermoso. Desvió la mirada unos metros adelante donde comenzaba el bosque y sin dudarlo se internó en él.
Una vez dentro pudo distinguir los sonidos naturales producidos por la viva esencia del lugar y sin embargo estaba algo extra ahí: la armónica pieza de un instrumento musical. La canción era lejana, pero podía distinguir la melodía. La elfa siguió caminando en un intento por encontrar el origen de tan sutil sonido. Al principio fue despacio, examinando los alrededores pero pronto fue aumentando la tonalidad con cada paso. Continuó avanzando de tal manera que no percibió que cada vez lo hacía más rápido. Esquivó con agilidad los troncos y arbustos que se interponían en su camino, pues ella sólo tenía atención para la música. En cierta manera recordó las bellas piezas que Mime presentaba en el Valhalla, tal vez por eso estaba hipnotizada, porque sus memorias le habían traicionado de nuevo, llevándola a un pasado que intentaba no recordar, pero que estaba presente.
Casi estaba cerca, pues el sonido llegaba con nitidez hasta ella. Buscó con la mirada y no distinguió nada en absoluto entre el espeso follaje. Cerró los ojos, enfocándose solamente en la música. Pronto sintió que su cuerpo impactaba con algo de gran dureza dando por terminada su carrera. Cayó en un instante a la dura tierra; trató de amortiguar el golpe con el brazo izquierdo pero éste resintió el peso pues la intersección de los huesos produjo un crujido audible. Soltó una exclamación de dolor en el momento y sujetó con la otra mano su brazo herido.
-¡ ¿Estás bien? !- preguntó una masculina voz a su lado.
Lorin reparó entonces en la presencia de alguien frente a ella, miró en dirección a la voz y encontró el gesto preocupado de un joven de melena azul al igual que sus ojos. Traía puesta la vestimenta ordinaria que ataviaban a los santos cuando entrenaban junto con sus gruesas botas, un aspecto común que ella percibió como diario dentro del Santuario. La elfa intentó levantarse, pero en un leve movimiento el dolor punzó en la extremidad, provocando un nuevo quejido.
-No te muevas- pidió él- déjame ver-
Sin saber por qué, Lorin permitió al joven revisar su brazo. Lo sostuvo con delicadeza para no lastimarla mientras revisaba rápidamente la herida. Comenzaba a formarse una hinchazón en él. El peliazul hizo una mueca y suspiró.
-Puede ponerse peor. Habrá que atenderlo pronto-
Entonces colocó la palma de su mano a escasa distancia de ella. Lorin arrugó un poco el entrecejo, aún atenta a las acciones del chico. Notó los vendajes que envolvían las gruesas manos, y en éstos, dispersas manchas rojas en el área de las palmas; un débil fulgor se hizo presente provocando la interrupción de su observación. Aquella energía manaba de él, produciendo una tibia sensación en la elfa quien poco a poco sintió que aliviaba su dolor.
-¿Qué sucedió en tus manos?- preguntó en un extraño momento de curiosidad.
Milo sonrió a medias, aún concentrado en lo que hacía y sin mirarle.
-Creo que simplemente… excedí mis límites- confesó.
Desvió la mirada hasta el rostro del peliazul tras su respuesta poco clara, en ese momento de alguna manera le resultó familiar. La nórdica observó con cuidado sus facciones unos segundos hasta que supo con quién estaba tratando, y entonces abrió un poco los ojos pues él era el Caballero de la noche anterior, solamente sin la indumentaria de oro que portaba aquella vez. Estaba segura, era él. De un tirón apartó su brazo al saberse atendida por uno de los santos de Athena que tanto odiaba, más la simple acción le hizo gemir de dolor una vez más al no encontrarse completamente sanada.
-¿Qué haces? Todavía no termino- replicó el santo confundido por saberse evitado.
-No necesito de tus atenciones, santo de Athena- dijo ella cambiando su semblante a uno más frío.
-Tu brazo…-
-Dije no- exclamó molesta- puedo curarme sola, esto no es nada. Vete- le ordenó rehusando la mirada.
-¿Siempre eres tan cortés?- preguntó lleno de ironía- no es que quiera ser tratado como basura cuando sólo intento ayudar, pero estás lastimada, así que déjame hacerlo-
-¿Eres sordo? He dicho que no- insistió Lorin hastiada- además… ¿No tienes a alguien a quien asesinar hoy?- le cuestionó severamente- ustedes son expertos en eso…- dijo mirando hacia otro lado.
Milo sintió el desconcierto que provocaron esas palabras en él. Eran exactamente las mismas que había usado con Saga. Fue un tanto confuso que se le devolvieran através de aquella joven; bajó la mirada, dejando que sus mechones azules ocultaran sus ojos. Ahora comprendía lo que sintió el de Géminis aquel día, realmente se sentía extraño, como si le hubiesen paralizado el cuerpo adjunto a la punzante sensación en su pecho. Sabía que ella tenía razón, había mucha sangra manchando las manos de cada uno de los santos de Athena. Levantó la vista y de improviso sujetó firmemente a Lorin al mismo tiempo que su cosmo fluía a ella.
-Hoy no- dijo él con una sonrisa- es mi día libre-
La elfa sólo atinó a mirar fijamente el semblante relajado del escorpión. Esa contestación no la esperaba y por ello se mantuvo confusa ante el cínico comportamiento de él. Tras unos momentos, la luz dorada desapareció; Milo soltó su brazo despacio, dejando que ella misma lo controlara. Los ojos grises reflejaron asombro al ver que ya no experimentaba dolor en absoluto. Flexionó el codo, comprobando su libertad de movimiento.
-¿Mejor?- preguntó el peliazul. Ella asintió levemente.
Una risita abandonó los labios de Milo en ese instante, Lorin, curiosa, le miró con una ceja levantada. El caballero se acercó lentamente, estirando un brazo hasta tocar el cabello oscuro; la nórdica estaba a punto de replicar cuando sintió que los dedos de él tomaban algo para después apartarlo de las finas hebras. Lo colocó frente a sus ojos para que le observara. Se trataba de una hoja seca que seguramente había quedado atrapada en su cabello cuando cayó.
-Realmente se veía bien en ti- mencionó casi burlesco el Caballero.
Sin esperar respuesta se puso en pie y extendió la mano, ofreciendo su ayuda a Lorin para que se levantase. Rehusó el gesto, manoteando una vez más al santo para después ella misma erguirse. Sacudió sus pantalones y ceñidor despreocupadamente; acomodó su cabello y después aclaró la garganta.
-Bueno… supongo que…- empezó ella- gracias…- murmuró despacio.
-Es el "gracias" más inexpresivo que me han dado- objetó el escorpión sonriendo divertido.
-Lástima, es el primero y último que recibirás de mí, Caballero- aseguró Lorin viéndole indiferente.
-No hay necesidad de formalidades, puedes llamarme Milo-
-Como quiera, Caballero, ahora debo retomar mis asuntos y usted los suyos. Siento el incidente. Así que buen día y adiós-
Las palabras salieron tan rápido de su boca que una nueva risa trataba de salir de la garganta del peliazul. Estaba realmente entretenido con la situación. Sin duda no parecía la misma elfa arrogante de la última vez, aunque seguía teniendo ese mal genio. Vio cómo movía la cabeza en busca de algo y curioso hizo lo mismo.
-¿Se te ha perdido algo?-
-Así es, lo he perdido a causa tuya- replicó acusadoramente.
-¿Será acaso la melodía de hace rato?- sugirió pensativo.
-Tal vez- contestó sin asegurar nada, mirando por encima de los arbustos.
-Debe ser Orfeo- explicó mirando a la pelinegra- suele venir a tocar su lira por estos lugares-
-¿Es un músico?-
-Un Caballero- respondió Milo- uno muy fuerte y respetable-
-En ese caso me alegra no haberle encontrado- soltó Lorin.
Le dio la espalda con intenciones de alejarse del lugar, mas el fuerte agarre de Milo la hizo detenerse. Lorin frunció el seño y se volvió en su dirección, dispuesta a objetar. Pero, hubo algo en su semblante que la dejó muda. Su expresión ya no era alegre sino de alguna manera triste. La fija mirada azul estaba serena sobre ella y eso provocó que tragara saliva. El silencio perduró unos segundos; la brisa sopló por el durmiente bosque, arrastrando consigo los pétalos de las flores cercanas y el murmullo de los árboles se dejó escuchar.
-Lo siento…- pronunció en voz baja el escorpión.
-¿De qué te disculpas?- preguntó apartando la vista de plata.
-Sé lo que ocurrió en Asgard. Eso debió hacerte sufrir- comenzó diciendo despacio sin soltar todavía su muñeca- sin duda el título de santos de Athena te provoca una inmensa rabia porque sabes que somos asesinos- le dijo en un tono imperturbable.
Lorin apretó los ojos, tratando de evitar que aquellas palabras le afectaran. Ese Caballero estaba yendo muy lejos.
-Es nuestra culpa que hables de esa manera triste y rencorosa -
-¡Cállate!- gritó furiosa, apartándose de una buena vez.
Sus ojos no pudieron contener las pesadas lágrimas que en vano pugnó por retener. Lo miró recelosa con la fiereza de sus orbes grises. Milo entreabrió los labios al verla en ese estado ya que no deseó hacerla llorar. Se veía tan frágil para él, que en su confusión dio un paso al frente para intentar acercarse, sin embargo, en ese instante reconoció la poderosa energía del Patriarca llamándole. Se detuvo. Miró en dirección a los Doce Templos, y luego centró su atención en la pelinegra que persistía en su tarea por secar aquellas lágrimas de una manera tosca. Acortó la distancia entre ellos, bajando un poco el rostro para verla de cerca.
-…Siento ser uno de los que tanto odias- le dijo a la vez que secaba una mejilla sutilmente con el dorso de su mano- por favor, no llores- pidió con una corta sonrisa.
La elfa le prestó atención en el acto, y permaneció fija en la expresión del santo. El toque de sus dedos resultó confortante para ella. Ese hombre se presentó diferente a lo que había creído sobre los guerreros de la Diosa. La actitud de Milo sólo le confundió sobremanera.
…
Los minutos que duró el lúgubre silencio en la cámara del palacio principal parecieron eternos desde que la Diosa de la sabiduría terminó de hablar. La Orden entera permanecía ausente en sus propias divagaciones, con la vista y palabra ausentes. La luz diurna de la mañana parecía inagotable con aquel derroche de luminosidad en el amplio salón de reuniones, y las frescas flores en los jarrones desprendían con intensidad su perfume propio.
La diosa de la guerra justa esperó un derroche de cuestiones al respecto, que claro, merecían respuestas. Sin embargo nunca llegó a escuchar nada. Paseó la mirada por todos y cada uno de los guerreros que ahí estaban. Cerca se encontraban los jóvenes de Bronce quienes parecían tan consternados que sus alegres presencias se oscurecieron en el mutismo; después los santos de Plata conformados por varios de sus fieles hombres vueltos a la vida, en una increíble confusión facial que ponía al descubierto sus pesares, y totalmente contrario era el caso de las pocas pero temidas Amazonas, en ellas menos que nadie pudo saber qué cruzaba por sus mentes pues aquellas máscaras no delataban ni un indicio de sentimiento en ellas. Por último tenía a los santos de Oro, visiblemente reducidos de número por la ausencia de varios de ellos, la expresión era casi ilegible en ellos, cada uno diferente y de pesares similares.
-La verdad ya les ha sido revelada- decidió pronunciar la Diosa- espero que algún día… puedan perdonarme-
-¿Cuánto tiempo nos queda?- interrumpió la pasiva voz del segundo guardián.
La Diosa tomó aire lentamente y miró a Shion quien permanecía a su lado derecho. El pontífice cerró un momento los ojos, y aclaró su garganta tenuemente. Decidió estabilizar el temblor que aquejaba los músculos en su cara para evitar reflejar cualquier inseguridad en el tono de su firme voz; se dirigió a todos los presentes y habló.
-Un mes… como máximo. La rapidez con que sucede en sus compañeros nos indica que ese es el tiempo estimado-
Miradas se intercambiaron fugazmente y eso dejó un poco más alterados a los guerreros.
-El tiempo es limitado. Tampoco contamos con la exactitud de predecir quién será el siguiente- explicó pausado- el Alma Sagrada es la única cura. Ya se ha obtenido la primera pieza esencial-
Athena entonces se permitió abrir el cofre que permanecía sellado sobre su regazo; el destello azul escapó de la caja, llenando el salón de un hermoso matiz que dejó paralizada a la Orden completa de Caballeros. El juego de luces era constante con el reflejo sobre el fino mármol; el silencio se cernió de nuevo mientras todos esperaban que la Diosa hablara.
-Es mi decreto que permanezcan dentro de los límites del Santuario- habló la pelimorada inmediatamente- yo me haré cargo de obtener el resto de las esencias-
La joven deidad se levantó del magnífico trono, pasando el cofre a custodia del santo padre para, después, tomar el báculo sagrado delicadamente. Vio en el rostro de sus guerreros una confusión e insatisfacción que le preparó para lo que venía, pues de antemano sabía que lo dicho no era suficiente para ellos.
-No- se dejó escuchar una voz.
Las miradas se dirigieron a aquel que había expuesto su negación; la Diosa suspiró pesarosa al comprobar que estaba en lo cierto. El santo disconforme se acercó hasta la ascensión al trono, sabiéndose observado por todos, alzó el rostro en busca del de su protegida para hacerle saber lo que pensaba.
-Kanon- llamó la Diosa.
-No pienso quedarme aquí a esperar- expresó frunciendo el seño.
-¿Y qué planeas hacer, Dragón?- habló la nereida seriamente al reconocer al antiguo marina- Hades no tendrá piedad de sus almas, las puertas de los mismos infiernos se cerrarán para ustedes. Se reducirán a nada-
-Estamos acostumbrados a no recibir las "bendiciones" de los Dioses- espetó irónico- pero es impensable que Athena responda por nuestras vidas-
-Esta vez no permitiré que ustedes arriesguen las suyas- intervino imponente la de la guerra justa- no quiero que vuelvan a perder la oportunidad de vivir algo más allá de una batalla-
-¿Cuántas piezas son y en dónde están?- habló esta vez Aioros, lleno de determinación.
-No pienso dejarles salir- insistió la Diosa con dureza.
-Tampoco pensamos quedarnos inmóviles mientras la vida de nuestra Diosa se arriesga por un asunto que nos concierne- contradijo el arquero- sin Athena… no tenemos razón de existir- terminó fijando la mirada azul en ella.
La pelimorada tensó la mandíbula incapaz de responder inmediatamente. Aquellas palabras le entristecieron sobremanera por saberse culpable de esa actitud en ellos; estaba de nuevo en una encrucijada mental, ¿Cómo luchar contra el orgullo que tenían aquellos hombres?, era imposible y ella lo sabía. Dijera lo que dijera su obstinación sería tal que irían al fin del universo si así se lo propusieran. Llevó su semblante hasta Shion, rogándole que les hiciera cambiar de parecer, mas el antiguo santo permaneció inmóvil, él ya había tomado su decisión.
-Lo siento, Athena- se disculpó en voz baja- pero considero que lo mejor es reunir los elementos del Alma Sagrada lo antes posible, y sólo lo conseguiremos si cada santo se involucra en su obtención-
-¿Es que acaso todos piensan desobedecer mi mandato?- expresó contrariada, dirigiéndose a Shion y después a la Orden- Nadie saldrá-
-El maestro tiene razón, princesa- insistió Aioros- el tiempo es crucial. Sólo necesitamos saber la ubicación de cada uno-
-Todo el Olimpo está en su contra, y su condición no les hará capaces de permanecer fuera de mis dominios mucho tiempo-
-No importa- habló de nuevo el gemelo menor- ya estamos inmersos en esto. El mantenernos reclusos no cambiará nada-
Athena intentó replicar, pero en su garganta se formó un nudo imposible de deshacer en ese momento. Exactamente qué decir, no lo sabía. Las palabras de Kanon sonaban acertadas, mas ella no quería reconocerlas, la simple idea le hizo sentir asfixiada. Llevó una de sus finas manos hasta el rostro; volvió a tomar asiento; inhalando despacio en un intento de tranquilizarse y aclarar su juicio. Nadie se atrevió a profanar el mutismo que se instaló por largos minutos, pero la ansiedad recorría el cuerpo de cada santo. La tensión a la espera de una respuesta fue casi intolerable pues deseaban saber qué podría decir la Diosa, pero nada se leía con certeza en las facciones pensativas de la señora de Atenas. Finalmente, la deidad suspiró larga y pesadamente. Sus orbes verdes observaron otra vez los rostros frente a ella.
-Tienen mi aprobación- expuso dimitida- se hará bajo los siguientes términos…-
…
Saga golpeó una vez más el muro frente a él tratando de desquitar la ira que sentía en esos momentos. Su puño desmoronaba insistentemente el mármol de la pared sin importarle en absoluto. La frustración se apoderaba de él, pues ya no sabía qué podría hacer para salir del templo al que Athena le confinó. Estrelló los nudillos una última vez y permaneció estático, con la vista abajo y respirando agitado por el esfuerzo. Prestó atención un momento a su mano, la piel ya se había desgarrado y ahora sangraba; exhaló aún más molesto; y apartó su extremidad de la tapia enrojecida. Miró diligente la habitación como si fuera a encontrar la solución en algún rincón. Se acercó a la cama y se recostó rápidamente, cubriendo sus ojos con un brazo.
-No has cambiado en nada, Saga. Eres el alma destructiva de siempre-
El santo se incorporó de inmediato al escuchar la voz, encontrando frente a él la alta figura del Dios bélico, quien lo miraba con una expresión burlesca e imborrable. El miedo se presentó súbitamente recorriendo el cuerpo entumido de Saga y otra vez se supo sin fuerzas para enfrentarle.
-Pero creo que esta vez tus puños no te han servido de mucho. Esa maldita utilizó bien su poder, he de admitir- dijo mirando alrededor.
-¿A qué has venido?- preguntó Saga bajando la mirada.
-Es obvio que no a rescatarte- respondió Ares sonriendo maliciosamente- no quiero que estés perdiendo el tiempo aquí, tenemos un trato ¿Recuerdas?-
-Dije que lo haría- refutó fríamente.
-Eso espero, o la próxima vez…- insinuó mientras apartaba el cabello de Saga bajo su rostro, provocando que el santo se tensara- no sólo habrá marcas en tu cuello- le dijo mostrando una sonrisa sádica.
Saga apartó el brazo de Ares de un manotazo, mas no le miró pues sus verdes orbes permanecieron fijos en el suelo. La carcajada del castaño se dejó escuchar como eco, estaba divertido con el santo y más que nada, satisfecho de saberse otra vez dueño de su razón. Porque Saga era sólo eso para Ares, una útil y poderosa herramienta para cumplir sus fines.
-¿Ya sabes las nuevas noticias?, Kanon se ha recuperado- informó con malicia el Dios.
Saga de inmediato le encaró en busca de respuestas. Deseaba saber de su hermano. Ares no dijo nada más del asunto, solamente permaneció de pie, sonriendo.
-Ahora, encuentra la manera de salir de aquí antes de que decida ofrecerle el trato a Kanon. Seguro a él le interesaría mucho saber en qué pasos está su hermano- comentó venenosamente al peliazul.
-Deja a Kanon fuera de esto- amenazó Saga con los dientes apretados.
La puerta de la habitación súbitamente se abrió. Ares desapareció al instante y Saga sólo atinó a desviar la vista en dirección al umbral. Entreabrió los labios, sintiendo su pulso acelerarse con la presencia del Patriarca justo ahí. Su expresión era contrariada; con paso lento se acercó hasta el Géminis, sin hacer ruido al caminar con la larga túnica oscura.
-¿Fuera de qué, Saga?- preguntó seriamente.
-No estoy de humor, Shion- apenas contestó levantándose del lecho para darle la espalda.
-Claramente escuché una conversación con alguien más aquí- aseguró mirando alrededor- también pude sentir una presencia-
-Realmente no quiero ser parte de tus alucinaciones, así que déjame tranquilo, a menos que vengas a decirme que Athena decidió liberarme-
Shion soltó aire por la nariz, claramente disgustado ante la actitud del gemelo.
-He venido por respuestas, Saga- le dijo molesto- ¿Qué ocurrió anoche?-
Saga rió descaradamente ante la pregunta del maestro de Aries. Dio la media vuelta para verle directamente a los ojos con expresión retadora.
-Ya te lo he dicho- replicó arrogante- Sé lo que nos ha ocultado Athena-
-Esa es precisamente mi interrogante, ¿Cómo llegaste a saberlo?- inquirió de nueva cuenta el lemuriano.
-No importa la fuente, sólo los hechos- aseguró entrecerrando un poco los ojos.
-¿Quién te lo ha dicho, Saga?- insistió Shion.
-Puedes estar todo el día aquí si deseas, yo ya he terminado. Dale mi respuesta a Athena- terminó diciendo, dejándose caer en una silla que estaba cerca.
-¿Esto es obra de Ares?- interrogó sin miramientos.
El aliento se cortó en el gemelo, sus músculos se tensaron cuando imperceptiblemente se aferró a uno de los descansabrazos, pero su rostro no reflejó absolutamente nada. Sin embargo, Shion lo conocía exactamente como para notar cada una de sus minúsculas reacciones.
-¿Estoy en lo cierto, Saga?- inquirió. Recibió una mueca de fastidio en vez de palabras- esas marcas en tu cuello sólo dicen que así es- dijo mirando los trazos rojizos.
El gemelo, iracundo, posó la penetrante vista en el semblante del Patriarca. Se levantó rápido, acercándose amenazadoramente. La poca paciencia que tenía se estaba agotando.
-Si necesitas unas magulladuras en mi cuello para decir que Ares está presente, entonces esa tal vez sea la razón por la que no sospechaste nada hace años- le dijo mordazmente, sonriendo altivo.
La garganta del peliverde se hizo un nudo; su mirada impactada por las palabras del gemelo delataba su asombro. Sus manos se empuñaron con impotencia ya que nada logró responder. Observó con detalle a Saga: no había expresión en él. Sabía que no diría nada por remediar el daño al recordar los sucesos que marcaron el destino de la Orden. Realmente la incertidumbre estaba desesperando a Shion, sobretodo porque estaba convencido que el Dios de la guerra era el culpable. Mas no mencionó nada más. Decidió poner a prueba a Saga, sólo así llegaría a la verdad.
-Athena ha dado su aprobación para que los Caballeros de Oro busquen las esencias que faltan para la cura. Quería que lo supieras- mencionó ya inexpresivo- si no deseas hacerlo, lo entiendo. Pero tal vez deberías dejar ese egoísmo de lado y pensar en Kanon. Él fue quien insistió a la Diosa-
Saga se desestabilizó con tan sólo oír eso. El Patriarca dio la media vuelta, yendo a la salida. Pero antes de atravesar el umbral de la puerta, escuchó la voz del tercer guardián.
-De acuerdo-
Shion permaneció quieto, liberando con un imperceptible suspiro la tensión acumulada, y tras unos breves segundos asintió levemente.
-Partirán mañana- dijo para después salir del lugar.
Una pequeña sonrisa se formó en los labios del gemelo tras cerrarse la puerta, sus ojos lentamente se volvieron de un matiz escarlata. Cruzó los brazos con satisfacción a la vez que se acercaba hasta un espejo que colgaba en la pared contraria y miró atentamente en él. El reflejo era contrario a su expresión arrogante. Los iris verdes y apagados en el retrato le hicieron sentir poderoso.
-Eres muy convincente, Saga- habló la grave voz- y sin embargo algo descuidado. Si alguien relaciona mi nombre contigo de nuevo… lo mataré sin dudar, tenlo presente-
…
El cosmo disminuyó lentamente en su cuerpo después de comunicarse con la regente nórdica y hacerle saber su petición. Con pesar, Athena volvió a sentarse en el trono. El diálogo sostenido con todos los guerreros la extenuó, pero ella estaba consciente de que sería de esa manera, no importó lo dicho y ordenado, simplemente la determinación en sus santos era inmutable. Ya sin compañía en el salón se permitió suspirar largamente, pensando una y otra vez si su aprobación había sido la correcta. Se incorporó inquieta, yendo al pedestal donde se encontraba la pequeña caja dorada, procediendo a abrirla y observar su contenido. Una sensación de esperanza surgió en ella, pues tan valioso objeto entregado por el mismo Dios del mar representaba un paso delante de los planes de su padre. Miró hacia las aberturas de las molduras en el techo, donde los rayos del sol se colaban, el tiempo se escurría entre sus manos. Debía tener todo en orden para lo que seguiría.
Continuará…
Notas de la autora:
"Amarthion"- hija del destino
Hola, Hola!, he aquí el capítulo 14 que tanto se hizo esperar. La inspiración durante el verano y este último mes fue realmente nula, así que tardé siglos para terminar, pero con ayuda de personitas especiales pude continuar. Realmente estaba estancada con este cap, pero el siguiente creo que lo haré más rápido, si es que la escuela me deja. No sé si le ha pasado a los que estén en una universidad, pero al menos a mí no me dan tiempo esos maestros e_e con sus tareas mega largas y enfadosas, pero en fin, frustraciones para después XD. Lamento la demora en serio, espero que sigan pendientes de la historia y me dejen saber lo que piensan ;D.
Por cierto que hoy es un día especial, dado que se cumplen dos años de la publicación de este fic, una suma que parece poco pero que significa mucho para mí, y espero también para ustedes. Apenas con 14 capítulos jeje que sinvergüenza soy :P, de a poco a poco algún día la terminaré... (2050 XD). Gracias a todos los que han permanecido pendientes! Me encantaría saber también las opiniones de los lectores que están por ahí ocultos y sin decir nada, anímense a comentar, no sólo aquí sino en otras historias también, un review sube mucho el ánimo de un escritor a nivel FF.
Memories666, Sweet Victori, La Dama de las Estrellas, Sunrise Spirit, Leonis Alterf, Diana, Miguel, darkacuario, Ana Bella aries. mu
¡Gracias por estar todo este tiempo apoyándome!
Miguel: Wow! No sabía que tenía un lector (chico)! Realmente me emocioné cuando lo leí, muchas gracias por tus lindas palabras en el review, espero que puedas seguir pendiente de la historia y comentando. Lamento los retrasos, sé que es difícil seguir una trama cuando se tarda en actualizar, pero trataré de ser más constante. De verdad gracias!
Diana: Gracias igualmente por tu review, me alegra que te guste mi historia. Aquí está un nuevo cap, a ver que te parece ;D.
