Hipolito, el Domador de Hipogrifos

Según Roxanne el único lugar donde podía estar Hipólito era en una pequeña granja (y con pequeña se refería a unas cuantas miles de hectáreas) al oeste del país que pertenecía a la familia Knuts. Roxanne le aseguro que era el lugar más probable, debido a que conocía a Hipólito y desde siempre había mostrado un gran interés por las criaturas mágicas. Tenía conocimiento sobre aquella finca dado que los Knuts habían pasado por una crisis económica muy grande y de las pocas cosas que se salvaron aquella granja era una de ellas, y Roxanne estaba convencida de que pertenecía a Hipólito que siempre se caracterizo por ser una persona cuidadosa y prudente.

Jasón trato de indagar mas acerca de aquella gran crisis que mencionaba Roxanne ¿era debido a eso que jamás había recibido ayuda? ¿Su otra familia había sufrido tanto como los Galeón?, pero mucho antes de que Jasón pudiera sentir alguna clase de remordimiento recordó que la situación de su padre y la familia de él había sido (o era) una cuestión de vida y muerte, y que era incomparable la pérdida de unos cuantos Galeones con la de muchas vidas. Roxanne no supo responder a aquella interrogante, pues no era seguidora a la bolsa de valores de la Banca Mágica.

Así, después de salir de la casa y pasar por la villa llegaron a un pequeño camino que atravesaba un pequeño bosque de árboles mustios pero jóvenes. Caminaron por aquel sendero durante horas y este trayecto consistió en la primera prueba de resistencia para Ariel que aunque no se separo ni por un segundo de su hermana no chisto en ningún momento o se quejo por ninguna cosa. Terminado el bosque llegaban a una pequeña carretera rural de Muggles, y no fue necesario que Roxanne se lo mencionara, pues Jasón noto el cambio de inmediato, de cierta forma el mundo mágico estaba cargado de una tensión especial inexplicable pero llena de energía, en cambio que el mundo de los No Mágicos era pesado y de cierto modo un tanto tristón y simple. Caminaron por aquella carretera durante muchas horas más con el sol dándoles directamente en la nuca y sintiéndose a desfallecer hasta que llegaron a una pequeña vereda.

Roxanne tomaba el viaje con calma y aquello parecía todo un paseo para ella. Era fuerte y no se llego a quejar ni por un segundo, había momentos en que Jasón la veía preocupada y pensativa pero de nuevo el chico fue incapaz de decir algo para animarla y decirle que Gilbert y Foster no harían nada en su ausencia. Ariel en todo el camino pareció a punto de desmayarse y en su rostro se podían leer todas las quejas que por orgullo era incapaz de pronunciar; el pequeño Andrew oculto entre unas mantas y cubierto con un simple hechizo de aclimatación descanso en todo el viaje y no dio ningún problema; Jasón estaba consciente de lo que había pensado sobre traer a Andrew pero al ver a Ariel extenuada y al bebe como un encarte supo que había sido un error traerlos, aun así decir algo no serviría para nada y se quedo callado. Pero dejando atrás todos esos pensamientos Jasón era el que más mal la llevaba, como ermitaño y atrapado en un encantamiento Fidelio toda su vida había sido sedentaria y no estaba preparado ni física ni mentalmente para un viaje como aquel. No se podía quejar pues todo era resultado de una idea suya y entendía que no podía dar marcha atrás pero eso no evitaba que se sintiera agobiado y cansado todo el tiempo. Aun así cuando cayó la noche y se quedaron en un albergue Muggle para descansar (Susan en su huida se había traído del orfanato una gran cantidad de dinero Muggle que le había entregado a Roxanne) Jasón se sentía muy cansado pero realmente satisfecho consigo mismo por resistir aquella parte del viaje y convencido de que la peor parte ya había pasado. Aquella noche durmió como un bebe.

Al otro día todos se sentían realmente optimistas. El primer día de viaje había pasado sin problemas y lo más importante de todo es que en ningún momento la maldición los ataco, así Roxanne después de desayunar reía y decía que tal vez lo que pasaba era que la maldición ya había perdido su efecto y que todo aquel cuidado era innecesario (Jasón quiso creerlo pero no pudo hacerlo, la maldición los había esperado por casi diez años ¿Qué seria para esa maldición un par de semanas mas?), por su lado Ariel aseguraba que ya habían pasado la peor parte y que ahora se encontraban muy cerca a una ciudad (Jasón que estaba bastante nervioso no llego a recordar ningún nombre) donde podrían coger un transporte Muggle – algo llamado Hus o Rus, o algo así – que los llevaría a un pequeño poblado cerca a las tierras de Hipólito. Jasón le agradeció la información a Ariel y miro cuidadosamente al pequeño Andrew, aquel brote de tranquilidad le confirmaba que posiblemente Andrew los estaba protegiendo del ataque de los Thestrals y supuso que siempre y cuando estuvieran cerca de él nada malo les pasaría.

Después de desayunar y pagarle al cuidandero (un hombre gordo y de mal humor) siguieron su camino. En aquella ocasión se encontraron con muchas personas en el camino pues la vereda en la que se hallaban unía y conectaba varias rutas y era punto de descanso para los viajeros.

Pasada la vereda se encontraron en el camino con un viejo Muggle extravagante que les permitió montarse en su carreta arreada para que viajaran más rápido y que aseguraba que sus vestimentas eran muy extrañas. Roxanne preocupada se observo su overol de cuadros rojos y la falda de círculos rojos que llevaba puesta y le pregunto a Jasón porque desencajaba. Ariel que llevaba un vestido largo y blanco (como un vestido de novia) también parecía llamar la atención, en cambio Jasón que solo llevaba unos pantalones y una camisa era el que mas encajaba. El viejo Muggle se burlo de ellos pero les aseguro que en la ciudad abrían gente más extravagante y que no se preocuparan, eso los tranquilizo pero Roxanne y Ariel les hicieron prometer a Jasón que les recordara comprar ropa de Muggle más a la moda en la ciudad. Jasón que nunca se había relacionado con Muggles antes aquel viejo le pareció un lunático pero aparte de eso agradable.

Jasón que siempre había convivido con pocas personas no pudo más que sentirse abrumado con las miles de personas que caminaban por las calles, miraban por las ventanas de los edificios o que usaban enormes maquinas para transportarte. El mundo que se había perdido por el encierro era mucho más grande de lo que creía y era increíble descubrir que aunque profeso mil veces que deseaba estar con las personas, con tanto bullicio, movimiento y desesperación deseo fervientemente estar a solas y en calma.

La vida de los Muggles aun le parecía aburridora pero ahora comprendía que era demasiado agitada, le sorprendió que Roxanne le dijera que los magos también eran así cuando era necesario pero que la diferencia numérica era astronómica y por eso los magos no se hacían notar. Jasón que siempre estuvo preocupado por su forma de vida y luego por la desaparición de sus hermanos y la muerte de su padre siempre había pensado en los Muggles como especimenes raros de los magos (algo así como Squibs) pero ahora que los observaba sentía que no llegaba a comprender toda su cultura y el sistema social que manejaban; aquel tema, descubrió, le parecía sumamente interesante y aunque deseaba irse de esa ciudad y al tiempo quedarse tenía que enfocarse en lo que tenía que hacer.

Aunque llegaron temprano a la ciudad no alcanzaron para tomar el bus que los llevaría al pueblo cercano a la casa de Hipólito (se habían perdido en la ciudad). Así que no tuvieron más opción que dar una vuelta y aprovecharon para comprar ropa extra para el viaje.

Ya que no tenían planeado pasar la noche en la ciudad estuvieron buscando donde dormir. A Roxanne que no le gustaba para nada pasar la noche en hoteles y albergues Muggles los guió por calles y aceras hasta que llegaron a un pequeño bar llamado "El Dragón Infragante". Según Roxanne se trataba de un local exclusivo para magos y Jasón entendió que debía tener algún hechizo pues ninguno de los Muggles que pasaban alrededor parecía notarlo. La mujer les aseguro que era un buen sitio para descansar y que estarían tranquilos, pero Jasón no estaba del todo confiado pues tenía miedo a que algún mago lo viera y lo reconociera y procuro que se quedaran en la acera opuesta medio ocultos tras una señal peatonal. Estuvieron allí por unos minutos hasta que una gran cantidad de magos salieron de repente del local y Jasón tuvo contacto visual con algunos de ellos, aquello lo asusto demasiado y salio casi corriendo de ese lugar.

Así que no tuvieron mas opción que pagar habitación en un hotel (Jasón se descubrió mas seguro en el mundo Muggle) y cuando la recepcionista les pidió identificación para registrarlos Roxanne le lanzo un hechizo Confundus.

No me gusta estar así – dijo Roxanne esa noche en el hotel – mañana a primera hora tomaremos ese Rus para ir a donde Hipólito.

Entonces ¿mañana llegaremos? – la idea lo asustaba y entusiasmaba por igual.

No confió en el transporte Muggle pero no podemos demorarnos más que un par de horas.

Yo pienso que es interesante – dijo Ariel que se había dado un baño con agua caliente y estaba acostada en la cama usando una tela Muggle que le había parecido muy cómoda – los Muggle hacen cosas interesantes y útiles.

Lo decía en especial porque la habitación donde estaban era especial para bebes y Andrew se encontraba comodísimo en una cuna con juguetes que pitaban y cantaban canciones de cuna.

Es mucho mejor que estar perseguidos por una maldición eso sí – agrego Roxanne y se rió de su chiste.

Pero a Jasón no le pareció divertido y se quedo mirando por la ventana viendo como pasaban los carros. Roxanne trato de cambiar la conversación pero Jasón no le puso mayor cuidado y se concentro en el zumbido de los coches.

Mañana seria el día en que averiguaría algunas cosas, estaba impaciente pero al tiempo deseaba que no llegara aquel día, pues muy en el fondo (aunque lo quisiera negar) quería saber que era lo que se sentía tener un tío o tener un familiar cualquiera, de cierta manera tenia la fantasía de que al verlo, Hipólito correría con las lagrimas en los ojos, feliz al ver que uno de sus sobrino estaba vivo, pero aquel pensamiento le pareció poco realista y estaba seguro de que las cosas no serian así pues en el peor de los caso su tío pertenecía a la conspiración de la maldición y él se dirigía a su propia tumba. Pero eso no le preocupo por que de nuevo pensaba que el riesgo lo valía; la idea de conocer el pasado de su madre: como era su infancia, los novios que tuvo, como se conocido con su padre, era genial pues ya que no sentía la conexión con su padre (mayormente por que la varita no le funcionaba) esperaba reconocer algo de su madre en él y saber finalmente que si pertenecía aunque fuera a una sola persona. Y si descubría algo de la maldición, pues mucho mejor.

El otro día paso sin contratiempos, salieron lo más temprano que pudieron del hotel y tomaron el primer transporte para salir de la ciudad.

El viaje fue tranquilo y Jasón que no había conseguido dormir bastante en el hotel logro ganarse una hora de sueño pues el movimiento que hacia aquella maquina lo atontaba.

Se despertó con un respingo al darse cuenta que se habían detenido. Roxanne no se sintió bien en el viaje pero se recompuso de inmediato; Ariel que se estaba enseñando al transporte Muggle solo hizo una pequeña mueca cuando le advirtieron que tenía que volver a caminar. Pero el trayecto no era largo, del pueblo (un parque circular rodeado de casitas con chimenea) a las tierras de Hipólito solo había que seguir un sendero oculto para los Muggles y le fue de agrado a Jasón sentir de nuevo aquella sensación de bienestar y aquel aire puro que le confería la magia al ambiente.

Si no estoy mal, la casa debe estar subiendo aquella colina – dijo Roxanne señalando una pequeña montaña que se vislumbraba a lo lejos. La mujer saco un mapa de su bolso para verificar.

Jasón que cada vez se encontraba más ansioso dejo de pensar en su seguridad por un momento y decidió adelantarse a las dos mujeres. Corrió por aquella verde pradera (sentía que el campo era su lugar ideal) y no le importo que el aire húmedo lo hiciera estremecer.

Subió la colina como alma que lleva el diablo y lo que vio al otro lado lo maravillo:

La casa era majestuosa pero al tiempo muy humilde. De paredes blancas y tejado marrón, era de madera y tenia un estilo clásico Americano. Tenia un enorme porche donde habían materas con flores de distintas clases y un pequeño columpio-asiento que se mecía cual péndulo por acción del viento. Pero más increíble que la casa, era el enorme corral donde dormitaban, corrían e incluso volaban cientos de Hipogrifos de todas las clases y de distintos colores.

Jasón bajo corriendo la loma entusiasmado pues en su vida había visto criaturas de tanta hermosura y gracia: con cabeza de águila, cuerpo de caballo y alas tan enormes que serian capaz de envolverlo por completo.

En ese momento, los Hipogrifos se convirtieron en su animal favorito pues de cierta forma eran para él, la antitesis de aquellos fantasmagóricos Thestrals que atentaban con su vida. La oscuridad y el terror que aquellas malditas bestias le profesaban, era comparable con la seguridad y la alegría con que los Hipogrifos lo maravillaban.

Jasón se acerco al cerco que encerraba a los Hipogrifos y se encontró con una barrera mágica que lo hizo rebotar hacia atrás. De inmediato sintió un zumbido que resonó por todo el campo y uno de los Hipogrifos más cercanos giro su rostro para observar al intruso.

De inmediato sintió que todas sus extremidades se paralizaban y su cuerpo cayo hacia atrás con fuerza. Por un momento Jasón pensó que se trataba de la maldición que lo había encontrado pero descubrió que había sido victima de un hechizo paralizante.

¿Quién anda ahí? – dijo la voz de un hombre – Oh… se trata de tan solo un niño.

Los brazos y piernas de Jasón volvieron a tomar movilidad y este se levanto rápidamente.

¿Qué deseas niño? – dijo el hombre con voz autoritaria - ¿Quién eres? ¿Dónde están tus padres?

Jasón lo vio por primera vez. Al igual que en la fotografía Hipólito Knuts tenia un rostro bonachón, era alto y muy robusto, de mejillas grandes y un poco escaso de cabello. Al verlo en persona Jasón se tranquilizo de inmediato como si lo hubieran hechizado con un conjuro estimulante. La simple presencia de aquel hombre lo tranquilizaba y supo con mucha certeza que si la familia Knuts había sido la causante de la maldición por lo menos el hombre que tenía frente a él no tenía nada que ver.

¿Qué deseas? – dijo un poco mas fuerte Hipólito al no tener respuesta.

Sr. Hipólito – dijo Jasón con voz temblorosa pues no sabia como dirigirse a aquel hombre - ¡Soy Jasón Galeón! ¡Hijo de Franco y Ángela Galeón! ¡Usted es… mi tío!

Entonces hubo un chisporroteo de luces y Jasón salio volando hacia atrás chocando con el húmedo pasto. El rostro de Hipólito estaba desfigurado de rabia y terror y le grito con una voz terrible: ¡LARGO DE MI CASA!