Ni Once Upon A Time, ni sus personajes me pertenecen. Esta historia ha sido escrita con el único fin de entretener a sus fieles lectores, así como para el propio disfrute de su escritora.
HOLA A TODAS MIS AMADAS LECTORAS, EN EL ANTERIOR CAPÍTULO PEDÍ QUE SI HABÍA ALGÚN CHICO QUE ME LEYERA, SE MANIFESTARA, PERO DADO QUE NO LO HA HECHO, ASUMO QUE SOIS TODAS MUJERES.
BUENO, ME SIENTO MUY HONRADA CON SUS COMENTARIOS Y FAVS Y FOLLOWS, ME HAN HECHO SENTIR REALMENTE MUY BIEN Y ME HAN DADO IMPULSO PARA SEGUIR CON LA HISTORIA, LO CUAL AGRADEZCO DE TODO CORAZÓN. SE QUE HAY LECTORAS SILENCIOSAS, QUE ME SIGUEN DESDE LAS SOMBRAS... PARA USTEDES TAMBIÉN UN INMESO GRACIAS, LES INVITO A DEJARME SUS OPINIONES, A LO MEJOR ALGUNO DE SUS CONSEJOS ME AYUDE A MEJORAR EL FIC.
HOY SIN DUDA ES UN DÍA ESPECIAL, ES EL FIN DE TEMPORADA DE OUAT, LO CUAL ME TIENE MUY EMOCIONADA Y COINCIDENTEMENTE, ES EL DÍA DE LAS MADRES, POR LO QUE ME ENCANTARÍA DEDICAR ESTE CAPÍTULO A TODAS MIS MADRES LECTORAS Y DESEARLE UN FELIZ Y HERMOSO DÍA, NO SOLO HOY, SINO CADA UNO EN SUS VIDAS.
PERDÓNENME POR NO ACTUALIZAR PRONTO, ESPERO QUE DISFRUTEN ESTA ENTREGA.
NOTA: LAS FRASES ENTRE COMILLAS REPRESENTAN A LOS PENSAMIENTOS DE LOS PERSONAJES, NO EXPRESADOS EN VOZ ALTA.
Capítulo 14.
Un ciclón parecía haber arrasado la casa de la alcaldesa Mills, docenas de libros, revistas y comics esparcidos por los salones, despacho y habitaciones de la mansión. No hubo armario, baúl, estantería o incluso alacena sin registrar en el lugar, en busca del desaparecido diario de la reina. Regina estaba volviéndose loca de desesperación al no encontrar el objeto con el descubrimiento y confesión total de sus sentimientos hacia la salvadora.
"¿Dónde diablos fue a parar el maldito diario?" Se preguntaba la morena, habiendo ya perdido la paciencia. "A lo mejor en la cripta de mi padre, o en la tienda de Gold... Debo hablar con el ratón de biblioteca"
La morena se tele transportó a la tumba de su amado progenitor, apareciendo en medio de una nube de humo violeta. Buscó en cada rincón, pero el diario no apareció. Se le terminaban las opciones, así que decidió buscar a Belle para preguntarle si ella había visto su preciado libro de recuerdos en la tienda de su amado Rumple.
-Hola Belle, ¿cómo estás?...- Le dijo la morena, con expresión amistosa.
-Hola Regina, todo bien, buscando la manera de traer a mi Rumple de vuelta.- Respondió Belle con una sonrisa que denotaba la ilusión que sentía al pensar en su amado a su lado otra vez.
-Amm, Belle... Me preguntaba si tal vez podrías ayudarme… Con un asunto personal, muy muy privado.- Inquirió la alcaldesa, hablando lo más bajo posible cerca del oído de la castaña.
-Mmm… dime de qué se trata, si está en mis manos, por supuesto que te ayudaré.- Respondió la joven, con curiosidad por la actitud sospechosa de la ex reina.
-Mira, cuando regresamos al bosque encantado, me dio por escribir en un diario, acerca de secretos míos, de experiencias, de recuerdos, tu sabes, cosas así. El problema es que con la maldición y el regreso a este mundo, no sé donde habrá ido a parar. Lo he llamado por medio de conjuros, pero nada. ¿No lo has visto por aquí? No es muy grande, pero tiene muchas páginas, la portada es morada, con detalles en plateado y adornado con piedras preciosas, tiene una pluma morada también en un extremo, no hay a donde confundirse.- Expresó preocupada Regina. –Es muy importante para mí.-
-Bueno Regina, estos últimos días he registrado la tienda como una posesa, buscando pistas sobre los propósitos de Zelena, pero no recuerdo haberme cruzado con tu diario o nada parecido. Igual, puedo volver a buscarlo contigo si deseas… y podemos buscar en la biblioteca también, desde la nueva maldición, no la he abierto, a lo mejor esté ahí.- Explicó Belle, ahora con más curiosidad por conocer el contenido del diario, ya que a Regina parecía importarle como la vida misma.
-No es mala idea, ¿A qué hora podrías…- el sonido del celular en su bolsillo, interrumpió a la morena. -Dame un segundo.- Indicó a la castaña, haciéndole una seña con su mano para que esperara.
-Diga.- Contestó a la llamada.
-Regina, soy Emma, Mary Margaret entró el labor... Vamos de camino al hospital, necesitamos que vengas por favor.- Explicó la rubia muy nerviosa, Mary se quejaba por los dolores, la morena la escuchaba al fondo.
-Oh Dios... Voy enseguida.- Respondió Regina preocupada y colgó.
-¿Qué pasa?- Preguntó Belle.
-Snow dará a luz en cualquier momento, debo irme Belle ¿Puedo contar contigo para lo del diario? De verdad lo necesito, no sé qué haría si cayera en manos equivocadas.- Expresó la alcaldesa.
-Si claro, lo buscaré, espero que aparezca pronto. No te preocupes, ve Regina, saluda a Mary Margaret por mí, por favor.-
-Confío en ti, Belle, si lo encuentras, por favor llámame de inmediato.- Algo dudosa, miró a los ojos azules de la joven y le dijo. -Sé que no tengo que preocuparme de que puedas leerlo, pero...- Enseguida la castaña se adelantó.
-Nunca leería tu diario Regina, ve tranquila.- Le dijo, dándole seguridad. -Espero que todo les salga bien.-
-Gracias Belle, adiós.- Se despidió Regina, con una sonrisa llena de agradecimiento y en segundos se esfumó en medio de su característico humo morado.
-Joder Regina... Casi me matas del susto.- Se quejó una sorprendida Emma al ver a la morena aparecer sin previo aviso a su lado.
-¿Tan mal me veo Miss Swan?- Ironizó la alcaldesa, sonriendo divertida por el pequeño salto de Emma ante su aparición.
"¿Mal?... Estás hecha un bombón, para comerte enterita." -No deberías andar apareciéndote de esa manera, un día de estos matarás a alguien de un infarto.- Espetó la rubia, tratando de ocultar los nervios que le causaba la cercanía de su reina. "Quita la cara de idiota que traes o se dará cuenta de lo que sientes" Se regañó mentalmente la salvadora.
-Te advertí que venía en camino- Respondió Regina con falsa frialdad. "Solo adoro ver tu carita preciosa cuando te asustas." Reía en su interior.
-Pensé que venías en tu auto, como la gente normal. A veces se me olvida que puedes hacer... Eso.- Se defendió Emma. -Bueno, Mary Margaret ya está lista, pronto dará a luz, hay que cubrir las entradas, Zelena podría aparecer en cualquier momento.-
-Ok, manos a la obra entonces... ¿Recuerdas los hechizos de protección que te enseñé?-
-Sí, los he estado practicando-
"Esa es mi chica." -Muy bien, ve tu por ahí y yo por acá, debemos sellar completamente este lugar.-
La alcaldesa y la salvadora trabajaron juntas un buen rato, colocando una barrera protectora de magia iluminadora, proveniente de Emma. Al terminarla, decidieron que la rubia iría a por la bruja y Regina se quedaría para proteger a Mary Margaret, Henry y el bebé.
Emma no tardó mucho en llegar a la vivienda de la malvada Zelena, acompañada de Hook. Apenas en unos minutos la bruja salió junto al oscuro para darles encuentro. La hija de Cora, se dirigió amenazante al pirata, diciéndole que debió haber besado a la rubia y extraído sus poderes, que no haberlo hecho le costaría la vida, a lo que la salvadora respondió.
-La próxima vez que quieras robar mis poderes, deberías maldecir a alguien a quien si vaya a besar.- Mientras su mente traicionera le decía "Prueba con tu hermana."
-Oh... Pero vas a probar sus labios, o lo verás morir.- Sentenció la perversa mujer. -Rumple- Ordenó, con un gesto de su mano, mostrándole al oscuro que debía sumergir a Hook en un gran recipiente de agua cercano a ellos.
El ser oscuro controlado por la bruja, no pudo más que obedecer y con un movimiento de su brazo, hizo al pirata volar hasta caer de cabeza dentro del agua, ahogándolo.
La salvadora corrió hacia el hombre que luchaba por liberarse, mientras la bruja y su esclavo desaparecían con rumbo al hospital. Emma al ver al pirata en riesgo de morir, no tuvo más que aplicarle RCP y al hacerlo, sus poderes quedaron anulados.
La alerta de que Zelena había llegado al hospital fue dada a gritos por Leroy, haciendo que todo el mundo tomara posición para defender a Snow y el pequeño príncipe que estaba por nacer. Sin embargo, no importó quien se pusiera de por medio, la bruja era demasiado poderosa y con facilidad entro al sitio donde se encontraba el recién nacido, arrebatándoselo a su madre y llevándolo con ella.
Cuándo la salvadora llegó ya era tarde, sin embargo aún había una esperanza, Regina, a quien su pequeño Henry convenció de enfrentar a su hermana, con su propia magia iluminadora, proveniente de su amor por él. La morena dudó un momento, pero finalmente aceptó y se dirigieron al lugar donde la malvada mujer ya tenía todo listo para sus abominables propósitos.
La alcaldesa fue una rival más allá de las expectativas de la bruja, incluso más allá de lo que cualquiera de los presentes pudiera esperar. Aun estando suspendida en el aire y siendo sofocada mágicamente, Regina no perdió la calma, concentró su magia hacia su hermana y la canalizó por medio del amor, pero la sorpresa fue, que aquel no era su amor por Henry, sino su sentimiento infinito hacia la sheriff.
En cuanto su poder empezó a brotar en contra de la bruja, en los ojos de Emma, tanto como en los de la morena, empezaron a surgir imágenes: Sueños, besos, abrazos, palabras dulces, lágrimas, caricias, cuerpos desnudos, sudor, placer... El recuerdo subconsciente de la consumación de su amor.
Para ambas mujeres fue extremadamente extraño sentir aquello, sin embargo, ninguna de las dos fue consciente de que aquella experiencia fue compartida. Regina pensó que la visión fue convocada unilateralmente por ella, para acrecentar su poder y Emma pensó que fue un loco delirio sin sentido, a causa de la tensión del momento y sus supuestamente platónicos sentimientos por la alcaldesa.
Como fuera, todo había salido bien, recuperaron al niño, la libertad del oscuro, el poder de la bruja y el corazón de la reina, el cual, en cuanto fue colocado en su sitio, le devolvió a la morena la intensidad real de su amor por la salvadora. "Oh por Dios... Si no se va pronto de aquí la besaré... Joder, la amo." Le decía su mente a la mujer de ojos oscuros.
Ya con todo en calma y la malvada bruja detenida, todos se encaminaron al hospital. El pequeño príncipe volvió a los brazos de su madre, quien lo recibió con lágrimas en sus ojos verdes y lo abrazó a su pecho con mucho amor. Tras un exhaustivo examen por parte del Dr. Whale, madre e hijo fueron dados de alta y pudieron ir a casa.
Llegados ya a la residencia Charming, David y Henry se ofrecieron a preparar la cena, con el día tan ajetreado que acababan de vivir, el apetito de todos se había abierto. Emma acompañaba a su madre y su hermanito, sentada a un lado de la cama, donde ambos descansaban.
-¿Ya han decidido un nombre?- Preguntó la rubia a su madre, señalando con la barbilla al bebé.
-Aun no, tu padre no es capaz de llegar a un acuerdo conmigo. A veces parece que disfruta demasiado llevarme la contraria.- Respondió Snow sonriendo a sus hijos.
-Llámalo Daniel.- Pidió Emma, le salió demasiado espontáneo desde su corazón, ni ella misma se creía haber dado esa sugerencia a su madre.
-¿Daniel?... ¿Cómo el prometido de Regina?- inquirió sorprendida la pequeña morena.
-Sí, ella y tú se han hecho mucho daño y se han perdonado por ello, se han sincerado y ahora se han convertido en amigas otra vez, creo que a Regina le haría feliz que mi hermanito llevara ese nombre, sería como un homenaje al hombre que amó y para ti, sería una forma de hacerle saber que la aprecias. Además es un lindo nombre...- Trató de justificarse. -Es solo una sugerencia...-
-Es magnífico Emma, se lo diré a tu padre, seguro le encantará la idea.- Sonrió a su hija y esta la abrazó con cariño. Snow sintió algo en su dividido corazón, como un presentimiento de que algo no iba bien con su heredera, mientras correspondía a su abrazo, pero evitó preguntar, no quería romper ese mágico momento.
-Bueno, creo que iré a mi habitación un momento, estoy muerta de cansancio.- Expresó la rubia, su madre asintió y ella se retiró rápidamente.
Resuelto el problema de Zelena, Emma volvía a su triste realidad. Estaba más que decidida a dejar Storybrooke para alejarse de Regina, aún debía hablar con Henry, sabía lo difícil que sería para el muchacho, pero su dolor le impedía ver otra salida. Tomó un baño que le ayudó a relajarse un poco y decidió que conversaría con su hijo por la mañana, el día había sido demasiado intenso como para terminarlo con la potencial discusión que tendría con el joven. Se puso su pijama y bajo al comedor para cenar con su familia.
Para Regina, la tarde fue menos movida, después de dejar a su hermana en la celda, habiéndole ofrecido una segunda oportunidad y advirtiéndole acerca de lo que le haría si la desaprovechaba, la morena se dirigió a buscar a Belle en la biblioteca.
Ambas mujeres se encontraron y conversaron un rato. Belle le explicó a la alcaldesa que no había encontrado su diario y le agradeció por liberar a su novio de las garras de Zelena. Regina le entregó la daga del oscuro a la joven de ojos azules, como una forma de reiterar sus disculpas por todos los agravios del pasado y como agradecimiento por la ayuda que le había brindado. Ambas se dieron un amistoso abrazo y cada cual se dirigió a su hogar.
Los pensamientos acerca de Emma y Robin no dejaban de acosar la mente de la alcaldesa. Por una parte, amaba a la salvadora, pero estaba segura de que ella no sentía lo mismo y por tanto, no le veía sentido a meterse por ese incierto camino. Y por otro lado estaba el hombre, ella sabía que Hood estaba enamorado sinceramente de ella, pensaba que, en todo caso, él no era una mala opción. Tras pensárselo con calma por unas cuantas horas, la morena decidió que hablaría con su novio en la mañana, le explicaría la situación, sería totalmente honesta con él y le permitiría a él, decidir si después de saber la verdad, aun quería intentar que las cosas funcionaran para ellos. Robin no era una mala persona, de hecho era un gran hombre, por esa razón, Regina no quería mentirle ni ocultarle nada que pudiera lastimarlo, sabía que debía ser sincera. "Bueno, todo dependerá de ti Robin, solo espero no herirte demasiado."
La noche se fue rápida, dejando paso a un nuevo amanecer en Storybrooke. Emma había despertado temprano y preparó dos chocolates con canela, iba a hablar con su hijo y sentía que tal vez el chocolate los relajaría, para que las cosas no se les fueran de las manos. Respiró profundo y se dirigió a donde su pequeño se encontraba, dejó el chocolate en la mesita de noche junto a la cama y le hablo al joven, quien había despertado hace poco y se encontraba preparándose para el día.
-Ey chico... Tengo algo que decirte.-
-Buenos días mamá- Habló Henry, sonriendo a su madre y percibiendo el agradable aroma a canela que despedían las tazas de chocolate junto a su cama. -Cuéntame, te escucho.-
-Hijo... Yo... Amm... Yo quiero que volvamos a Nueva York, a nuestra vida ahí.- Acababa de lanzar la bomba y no tardó en explotar.
-¿Qué? ¿Por qué?... Estamos en casa, y... Yo no me quiero ir.- El joven estaba estupefacto ante las palabras de su madre.
-Pero Henry, allá teníamos una vida genial, ese era nuestro hogar, a mí me encantaría regresar.- Trataba de convencerlo de la forma más suave posible.
-No... Yo no quiero volver a Nueva York. Aquí está todo lo que amo, mi familia, la magia, Emma aquí es donde pertenezco, donde pertenecemos los dos. Además está mamá, yo no quiero apartarme de ella, sabes que la amo y que ella me ama, la lastimaría mucho si me fuera.-
-Podrías visitarla en vacaciones y ella podría ir a verte cuando quiera, la llamarías a diario y podrías conversar con ella por Skype, no la dejarías del todo.-
-No, no quiero irme, por favor mamá.- Los ojos de Henry se humedecieron, su voz era una súplica. -No me obligues a irme, por favor.-
A Emma se le rompía el alma al ver a su hijo llorar por la situación, es que en verdad no era nada justa, él no tenía la culpa de lo que estaba pasando, ya había pasado un año entero lejos de su madre morena por las cosas de la vida, acababa de reencontrarse con ella, no podía obligarlo a separarse una vez más de la alcaldesa. La rubia inspiró profundo y tomó una nueva decisión.
-Está bien chico, no te obligaré a ir a Nueva York… Pero yo debo irme, no me puedo quedar aquí, no ahora al menos.- Sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba a punto de separarse una vez más de su pequeño. -Te visitaré, te llamaré a diario y podemos hacer video llamadas cuándo tú quieras. Sólo no me odies, yo... No puedo quedarme hijo.
-¿Me abandonarás?- Lloraba. -Prometiste que jamás lo harías...-
-No, Henry, escúchame, no me iré para siempre, sólo necesito apartarme de todo esto un tiempo. Jamás te abandonaría hijo, no otra vez... Es solo que...- No sabía cómo justificar su actitud.
-¿Qué? ¿Qué pasa?... ¿Por qué te quieres ir Emma?- El llanto del joven cesaba momentáneamente al notar que a su madre le pasaba algo. -Por favor cuéntame, necesito entender que es lo que sucede contigo.
-Está bien chico, igual, ya eres todo un hombre, no puedo mentirte.- Respiró profundo una vez más para tomar valor y decidió hablar con la verdad. -Es mi corazón Henry, lo tengo roto y es muy doloroso.- Sus lágrimas escaparon antes de que pudiera detenerlas. El muchacho esperaba atento a que su madre continuara. -Me he enamorado hijo, como nunca antes me había enamorado... Pero, es un imposible, un amor inalcanzable que me lastima mucho chico, no puedo soportarlo, duele demasiado.-
-Ahora voy entendiendo... ¿Quién es él? ¿Lo conozco? ¿Por qué es imposible?-
-No... No es un él, Henry...-
-¿Es una mujer?... ¿La conozco?... A mí no me parece mal, pero no entiendo por qué dices que es inalcanzable... ¿Está casada?...- Miles de preguntas rezumbaban en la cabeza del joven. -¿Es Belle? Ella es muy guapa, entendería que estés enamorada de ella... O ¿Ruby? Ella también es muy bonita...- A Henry le entusiasmaba que su madre estuviera enamorada, deseaba alentarla a luchar por su amor, a no dejarse vencer al pensar que era imposible. El joven sonreía con los ojos llenos de brillo.
-He he... Para chico... Si es mujer, la conoces, no es casada, pero ama a alguien más, a un hombre, no se fijaría en mi jamás.- Su voz se apagaba al decir esto último. -Y no es Belle, ni Ruby... Es una mujer muy muy especial Henry, es hermosa, es inteligente, constante, poderosa, con mucho carácter, decidida y complicada... La más cabezota de todas… Una mujer como ninguna otra... Pero está totalmente fuera de mi alcance...-
-¿Por qué?... ¿Has intentado conquistarla? ¿Te ha rechazado?...-
-No, ella no sabe lo que siento, solo no es posible que sienta algo por mí, ya te lo dije, ella ama a un hombre. Y aunque estuviera sola, jamás se fijaría en mí, apenas me soporta...-
-Dime quién es Emma.- Dijo el muchacho, sospechando ya de quien se trataba.
-Es... Es tu madre, Henry... Regina.- La voz le temblaba. -Yo... Yo amo a tu madre...- El rostro de la salvadora se tornó rojizo y sus lágrimas volvieron a inundarle los ojos. -Pero sabes que ella jamás me miraría siquiera. Me duele hijo. Odio tener que dejarte, pero... De verdad necesito tiempo, debo alejarme de ella o terminaré devastada...- Tomó al niño por las mejillas. -Te prometo que volveré en cuanto me sienta capaz de soportar verla... Feliz con el hombre que ama.- La voz de la rubia se rompía con cada palabra. Esperaba que su hijo la entendiera, esto era muy difícil para ella.
-Mi mamá... Mmm... Te entiendo, ella es difícil y ahora tiene novio, pero... No sé, no deberías rendirte sin siquiera intentarlo. No quiero que te vayas... ¿Y si nunca la olvidas?... No quiero que me abandones... ¿Qué pasará si no vuelves?...
-Henry, no puedo intentar nada con Regina, si me rechaza, que es lo más seguro, no podría superarlo jamás... Y escúchame bien, jamás te abandonaría chico... Jamás... Ya una vez lo hice y aunque fue para darte una mejor oportunidad, nunca dejé de recriminármelo. Sólo necesito alejarme un tiempo... Sé que jamás la olvidaré, pero al menos me resignaré Henry, me haré a la idea de que ella está con Robin, pero no me veré obligada a verla con él...-
-Yo no quiero que te vayas... ¿Y qué hay de los abuelos?... Ellos te aman, sacrificaron el corazón de David para venir por ti... Les harás daño.-
-Ellos saben que me quiero ir, no saben por qué, pero tienen claro que no planeo quedarme aquí.-
-No sé qué decirte... No quiero que te vayas, pero sé que lo harás... Espero que no me abandones después de todo...- Henry lloraba, entendía a su madre, su dolor, pero no podía dejar de pensar en que ella tal vez no volvería. -¿Cuándo te vas?-
-Hoy, al atardecer.-Odiaba esa situación, pero no veía más allá de su intenso dolor. -Me hubiera gustado que vinieras conmigo... Yo te amo...-
-No me iré... Espero que vuelvas...- El chico hablaba serio, estaba triste, pero sabía que su madre no cambiaría de opinión. -No deberías decirle a los abuelos... Al menos no estos días, arruinarías su felicidad por el pequeño Daniel.-
-No puedo irme sin más.-
-Yo me encargaré de eso... Les diré que fuiste a resolver algo importante en Nueva York, que era urgente y que volverás en unos días. Cuando hayan podido disfrutar de la llegada del bebé como se debe, puedes llamarlos y decirles que no vendrás.-
-Que no vendré por un tiempo Henry... No voy a abandonarte, volveré.-
-Eso yo no lo sé... Ahora, quiero irme, no quiero seguir hablando de esto... De verdad, no les digas nada a los abuelos.- El joven no le dio tiempo a su madre de detenerlo, salió de la habitación muy triste, quería estar sólo, necesitaba pensar, algo tenía que hacer y no tenía mucho tiempo. Debía detener a su madre.
Aquella conversación había sido más difícil de lo que la rubia imaginaba, se sentía horriblemente mal, su hijo estaba enojado y en unas horas ella saldría de la ciudad, con el corazón roto y sin siquiera la compañía de su pequeño. La salvadora lloraba amargamente, pero seguía firme en su posición, se alejaría de Storybrooke, hasta que pudiera superar a Regina y permitiría a la morena ser feliz con su nuevo amor.
Poco después de la salida de Henry, una anonadada Mary Margaret se encontraba en su habitación tratando de procesar lo que acababa de escuchar tras la puerta de la habitación de su nieto. Mientras Emma y Henry hablaban, la pequeña morena se disponía a darles los buenos días, pero al escuchar llantos decidió no entrar. En vez de eso, se quedó tras la puerta, escuchando aquella tortuosa conversación.
Su hija amaba a Regina, tanto como para querer irse para no sufrir por verla con alguien más, incluso dejando a Henry en el pueblo, no podía creerlo, pero debía aceptarlo. No podía dejar a su hija cometer un error tan grande como el de dejar ir el amor, no por falta de esperanza. En ese momento, supo lo que debía hacer.
La hora había llegado, Emma ya tenía todo listo en su auto, en cualquier momento partiría. Había buscado a Henry por todas partes, pero el muchacho no aparecía, quería despedirse de él, pero sabía que en ese momento él no querría hablarle. Se le hacía tarde, así que decidió irse de todos modos, llamaría al joven en cuanto llegara a su destino.
La salvadora subió a su auto, encendió el motor y enseguida algo llamo su atención. En el asiento del copiloto, un sobre, encima de un hermoso libro morado, la esperaba. Inquieta por saber de qué se trataba, la rubia tomó el sobre y lo abrió, encontrando dentro una pequeña carta, escrita con la letra de su madre.
Querida Emma.
Sé lo duros que pueden llegar a ser los asuntos del corazón. Sé que te pueden llevar a tomar medidas extremas por el dolor que causan. No pretendo detenerte, sólo quiero darte lo que un día le di Henry, cuando más lo necesitaba, esperanza...
Con amor.
Tu madre.
La joven estaba muy extrañada por aquella nota, supo en ese instante que su madre había escuchado la conversación que tuvo con Henry, sabía lo que ella sentía por la ex reina malvada. Aun así no se había escandalizado o tratado de detenerla, sino que más bien le dejaba un libro que según la joven morena, contenía esperanza... No lo entendía, pero tampoco pretendía hacerlo. Pasó su mano por encima del diario, pero no lo abrió, arrancó el pequeño escarabajo y se encaminó hacia el límite del pueblo. No quería que nada la detuviera, no quería darse falsas ilusiones una vez más.
La línea que marcaba la salida de Storybrooke ya se veía a unos escasos metros, cuando la salvadora se debatía fuertemente entre mirar aquel libro que su madre había dejado en su auto, o simplemente ignorarlo y seguir su camino, pero la curiosidad fue más, después de todo su madre no actuaba sin motivos, frenó a un extremo de la carretera, justo antes de salir de la ciudad y tomó el objeto entre sus manos. "Joder Mary Margaret... A ver qué es lo que querías mostrarme."
Abrió el diario, sus ojos se abrieron como platos, al notar a quien pertenecía la caligrafía con que había sido escrita cada palabra que lo poblaba. "No puede ser... Es la letra de Regina... Es... Su diario"...
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, LA CONTI VENDRÁ PRONTO... DEJENME SABER LO QUE OPINAN, ASÍ A LO MEJOR EL SIGUIENTE CAPÍTULO IRÁ MAS ACORDE A SUS GUSTOS.
