Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.

#CapítuloSinEditar.


Capítulo XIV

Jeremiah se encontraba fuera de un almacén que de lejos se veía abandonado. Los grafitis, la mugre y desperdicios alejaban a cualquiera que se asomara por allí. Él temía entrar, sabía que había condenado su vida al permitir su secuestro.

—¿No piensas entrar? —escuchó una voz gruesa.

—Señor —susurró.

—En mi oficina, ¡ahora! —exclamó furioso. Pocas veces le había visto pero le causaba terror el encontrarse con él. Tal vez él no fuese un asesino o eso creía él pero su mirada denotaba que debía ser respetado.

—Señor, lo siento —dijo en voz baja.

—Solo una orden de ti —dijo por lo bajo—. ¡Solo una maldita orden! —gritó.

—Ella…

—No quiero tu excusa —aquella mirada mortal le enternecía y su cuerpo tiritó del miedo. Eran pocos quienes le provocaban esa sensación pero los ojos obscuros de aquel caballero le intimidaban. No era que le fuese a decir eso, era más que obvio lo que sucedía.

—Ella estaba con su hermano cuando ocurrió —soltó de golpe. Su jefe se le acercó y él se corrió hacia atrás. La sonrisa macabra que adornó aquel rostro le hizo encoger y bajar la guarda, cuando menos lo pensaba tenía aquella mano áspera tomando su cuello y ahogando cualquier palabra dentro de sí. Sus ojos lagrimearon y un sollozo fugitivo escapó sin permiso, haciendo que aquel sujeto lo apretara más.

—No vale la pena ni asesinarte —dijo soltándolo. De inmediato se tomó del cuello y empezó a toser con fuerza, quería llenar sus pulmones de aire pero la desesperación y las lágrimas le hacían llorar—. ¿Dónde están los otros? —preguntó serio.

—E… —carraspeó— ellos no saben del secuestro —susurró.

—Interesante —dijo burlón.

—Yo sé quién la tiene —dijo.

—¿Sí? —preguntó burlón—. Y ¿sabes dónde?

—Lo imagino —respondió temeroso.

—¿Lo imaginas? —la tensión del lugar era enorme y Jeremiah temía por su vida. Escuchó como su jefe abría una caja y hurgaba en ella. Dio media vuelta y le apuntó con un arma. Él se arrastró hacía atrás y cerró sus ojos esperando que la muerte le llegara. Desde niño le habían dicho que al morir, vería pasar su vida como una vieja película pero en lo único que pudo pensar fue en su mamá y como murió frente a sus ojos.

Escuchó un disparo pero no sintió dolor alguno, de a poco fue abriendo sus ojos y vio la sonrisa burlona de aquel hombre. Respiró con pesadez y una solitaria lágrima salió sin permiso.

—Esa fue una advertencia —dijo frío—. Quiero a Clarissa en su casa, tienes hasta el sábado.

—¿Sá-sábado? Faltan dos días —dijo desesperado y su jefe rió.

—Entonces retírate y tráela —respondió y se marchó dejándolo solo. Jeremiah cubrió su rostro con sus manos y sacudió la cabeza. Se colocó en pie y salió corriendo de aquel depósito donde estuvo a punto de perder la vida.


Ver a su novio sufriendo por otra era duro, el sentir que no le prestaba atención, doloroso; pero el no poder hacer nada, le molestaba. No era que ella no estuviese preocupada por Clary, de hecho, estaba aterrorizada por ello pero Simon era su novio y debía consolarla, no ella consolarlo.

—¡Basta! —gritó. Se paseó de un lado a otro sintiendo la mirada de él sobre sí, pero no podía hablar, era como si las palabras se hubiesen encapsulado.

—¿Qué sucede? —preguntó él. Ella le miró fulminante.

—¿En serio lo preguntas? Me has estado ignorando Simon —gruñó.

—No es cierto —susurró desviando la mirada.

—Es cierto, yo sé que Clarissa es tu amiga pero yo soy tu novia, tu JO-DI-DA novia —gritó lo último—. O eso creía, ya no lo sé —dijo dolida y más calmada.

—Izzy yo te amo, ¿por qué lo pones en duda? —dijo exasperado. Se colocó en pie y se alejó de ella horrorizado.

—No me culpes, has estado distante, frío —dijo llorosa.

—Clary es mi amiga, de niño fuimos como hermanos y eso tú lo sabes —argumentó.

—Eso no quiere decir que debas ignorarme —gritó.

—No lo hago —dijo en voz baja—. Solo pensaba en algo que pasó la vez que la fui a visitar. ¿Recuerdas? —ella bufó.

—Lo recuerdo, regresaste muy cambiado —soltó herida. Esa vez él había terminado con ella y se sentía desolada, le costó conquistarlo.

—Creo que sé quién tiene a Clary —dijo seguro.

—¿Qué? —gritó Izzy. Sus ojos se abrieron y su corazón bombeaba con mayor fuerza.

—Sí, pero ella está en peligro Izzy. Puede que esté a punto de morir —susurró dejando verse asustado. Ella palideció y no pudo responder aquello, se tiró al suelo y empezó a llorar. No quería que ella muriera, por muchos celos que ella sintiese, ella quería a su prima de vuelta.

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Confesarle a Izzy la situación de Clary le dolía, era darse cuenta que la vida de su mejor amiga estaba en verdadero peligro. Temía que Raphael hubiese vuelto y llevado, deseaba que todo fuese un simple secuestro pero la vida de Clary no era simple. Luego de aquella confesión

—Simon —respondió el teléfono.

Es Santiago, Raphael ha regresado —quedó pasmado al confirmar su sospecha. Él había regresado y se había llevado a Clary.

—¿Cuándo?

No lo sé, pensé que estaba todo resuelto. Él la tiene y quiere la caja chica. Necesitamos adueñarnos de ella antes que ellos la obtengan —sonó apresurado y temeroso.

—Mierda —gruñó.

Necesito entrar a la casa de ella y revisar todo —sonó desesperado.

—Nadie vive allí, tal vez podría entrar pero será peligroso —contestó.

Ella está sufriendo y debo hacer esto antes de que la mate, es mi culpa que él la tenga —suspiró.

—Tenemos que salvarla —sentenció. Ambos siguieron hablando y colocándose de acuerdo para verse. Debían juntarse y terminar de asegurar el plan. Debían entrar esa misma noche a la casa de su mejor amiga.


Clary se hallaba acurrucada en un rincón de la cama, se sentía seca y al parecer lo estaba pues ya no tenía lágrimas que botar y quería seguir llorando, eso le demostraba que estaba viva. La obscuridad de su alma no se comparaba con la obscuridad en la habitación, la de su ser estaba más densa y la necesidad de morir crecía mientras pasaban lo segundos, que se volvían minutos de desespero y horas de dolor.

Nunca entendió la importancia de aquel objeto que guardaba celosamente, la verdad le parecía basura y creía que era absurdo que tantas vidas murieran por un disco. Nunca se molestó en ver que contenía aquello pero debía de ser algo muy malo, pues muchos andaban detrás de él. Su vida de secretos la atrapó más rápido de lo que creía, se sentía abandonada, ultrajada, violada y llena de un inmenso dolor.

Era masoquista al pensar en él, en sus inicios. Recordar cómo se besaron por primera vez y lo cursi de cómo sucedió:

Hola pequeña —la saludó dulcemente.

Hola Rapha —coqueteó ella. Él la miró fijo a sus ojos y ella de inmediato se sonrojó. Recibir la atención de él, la contentaba y mantenía en el aire.

Estás preciosa —dijo con acento español y ella rió.

Gracias, tú estás perfecto —dijo bajo sonrojo, él sonrió. Estiró el brazo y acercó la mano a su cara, con las puntas de los dedos acarició el rostro de ella y Clary se lo permitió. Sentir aquella caricia le enternecía el alma y pequeñas mariposas revoloteaban en su interior.

Clarissa —dijo.

Sí —susurró.

¿Puedo besarte? Muero por saber que se siente besar esos labios, me parecen la mejor fruta del mundo —confesó.

Sí, sí puedes besarme —afirmó. Él sonrió y la atrajo hacía sí. Ella sin esperar el beso cerró sus ojos y trepidaba de los nervios que él le causaba. Tensó su cuerpo al sentir que unos labios ajenos rozaban los suyos pero luego se dejó llevar por aquel intenso beso que le incitaba a pecar. Se sentía en la luna cuando sintió que él rompió el beso pero igual la mantuvo en sus brazos uniendo sus frentes. Se sentía a gusto.

Eres preciosa —susurró él. Ella sentía el ardor en sus mejillas pero no dijo nada. Él le dio un casto beso—. Abre los ojos —ella hizo caso y vio aquellos ojos obscuros que brillaban como cual estrella en el cielo, eso hizo que se mordiera el labio.

Rapha —susurró— ¿qué somos?

Novios, eres mía —ella rió, se sentía la chica más afortunada del mundo. Era novia de él, del chico más popular del colegio y el más lindo.

—Mi peor error fue confiar en ti —dijo en voz baja despertando de aquel recuerdo.

—Eso no lo pensabas antes —dijo una voz burlona. Ella sabía quién era, reconocía a su interlocutor sin necesidad de mirarle. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y tembló.

—Quiero irme a casa —sollozó. Había comprendido que discutir o pelear no le serviría de nada, él no la dejaría en paz.

—Todavía no preciosa —dijo. Sintió como la manoseaba y se acurrucó más. Fue cargada y llevada al centro de la cama. Aquellos besos de su parte eran ácidos que corroían su alma. Aquello le dolía, le mataba pero no había ni una lágrima en su mejilla. Dejó ir a su mente y pensar en las combinaciones de colores que se producen en una aurora boreal. En lo magistral que era eso y en lo hermoso que se veía.

Se permitió no sentir nada, dejó que Raphael hiciese con su cuerpo lo que él desease, ella protegía su corazón, su alma y su mente de aquella basura humana. Ya morir no le dolía, morir le parecía la cosa más sencilla y el escape más rápido de aquella tortura. Pero algo que comprendió de niña fue que la muerte era complicada, llegaba a quienes tenían intenciones de vivir, sin importar la edad o el sexo. Pero en personas como ella, quienes pasaban su situación, no aparecía. Se escondía y dejaba que ellos sufrieran aquellas torturas que quebrantaban el ser, arruinaban el alma, dañaban el cuerpo y hacían negar los credos. ¿Qué tanto habría que mostrarle al mundo la basura que se era para que la muerte te llevase consigo? Eso pensaba ella, en eso creía ella. Solo que no quería pensar, no quería creer y mucho menos quería sentir, pero sentía más de la cuenta, pensaba como nunca antes y creía cada vez en menos cosas. La muerte era su enemiga, una cobarde y despiadada.

Amaneció y se vio envuelta en una sábana que transparentaba su desnudez. No supo cuando se durmió y menos cuando acabó él, aunque aquello poco le importaba y solo quería regresar a casa. Respiraba con fuerza para escucharse, temía no hacerlo pues se sentía muerta y los muertos no sienten. Se sentó y sintió un pequeño ardor en su femineidad y reconoció que la bestia había salido, tal vez el no prestarle atención influyó.

—Al fin despertaste —comentó. Ella bajó la mirada y decidió seguir ignorándolo—. Quería presentarte a mi socio —siguió en silencio y sin ver quien era. Podía notar la burla en su voz pero ella ni se inmutó—. Jeremiah ella es Clarissa. Clary él es Jeremiah —los ojos de Clary se cristalizaron y una lágrima brotó de su mejilla.

—Hola Clarissa —dijo Jeremiah.

—No te preocupes, ella es algo enfermita —aseguró Raphael.

—No lo parece —dijo en susurros que ella escuchó.

—Clarissa —aguardo silencio unos segundos— mi invitado acá quiere una probada de tu cuerpo y no me he negado, pero con la condición que yo los vea —sentenció. El silencio se adueñó del lugar, Clary seguía sin hablar y con la mirada baja.


Ya le quedan pocos capítulos a esta novela. Nuestra chica no teme morir y la traición es un trago amargo. ¿Cuánto más podrá soportar ella?

Hay muchos cabos sueltos que pronto se irán aclarando de a poco.

Gracias por el apoyo, quiero reviews.

P.D.: Lamento las faltas de ortografía, dedazos y demás detalles que arruinaron su lectura. Como notifiqué, es una capítulo sin editar. Recién hecho para ustedes.

¡Saludos, feliz fin!