Notas de autor: Han pasado 84 años... xD Aquí estoy de regreso. Muchos ya saben los motivos por los que me retraso: la universidad y mis aportes al fandom Sharkbait en traducciones e informaciones, así que a final del día me queda poco rato para dedicarme a este fic, lo cual de todos modos me es conveniente teniendo en cuenta que habrá una tercera temporada y que podré incluir información nueva en CLLE, yay!

Ah, por cierto, la compañera de Sakura inicialmente se llamaba Sora, pero he cambiado su nombre a Tsubaki por razones varias que explicaré más adelante. Por lo mismo, modificaré los capítulos anteriores para hacer el cambio de nombre.

En fin, les dejo este nuevo capítulo. Llegará un momento en que tal vez tengan que retroceder la lectura para comprender mejor algunas cosas.


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CUANDO LLUEVEN ESTRELLAS

CAPÍTULO 14

Sakura no sabía que se encontraba soñando. Tan sólo sonrió gustoso mientras se acomodaba sobre lo que parecía ser una textura suave y blanda como el algodón. No podía ver de qué se trataba, pero no importaban las razones ni el tiempo ni las formas ni las palabras, porque aquello que le rodeaba le transmitía la calidez que tanto anhelaba. Se sentía protegido, cuidado, valorado y amado por alguien que estaría eternamente velando por él.

Así era cómo Sakura experimentaba el amor más grande del mundo, cuya ternura acariciaba su rostro y envolvía su cuerpo por completo en la sensación más exquisita que pudiera percibir. Era como descansar entre nubes blandas y esponjosas que amortiguaban cada tacto, como quedarse dormido sobre una ligera pluma que caía en un delicado vaivén, o como deslizarse suave e infinitamente en una cascada de pétalos de cerezo y burbujas que olían a hogar y a familia.

Soltó un muy lento y largo suspiro mientras sentía la emoción infinita recorrer cada extremo de su cuerpo. Si de Sakura hubiera dependido, hubiese permanecido así, envuelto en el manto del sentimiento más perfecto y puro que le conectaría con ésa persona por el resto de la eternidad.

Quiero que sepas que no fue tu culpa...

Cuando dentro de la ensoñación abrió los ojos una vez más, tan sólo pudo sentir un escalofrío recorriendo su espina y una desoladora angustia al saber que ahora, sin saber cómo ni mucho menos por qué, todo se había vuelto una profunda oscuridad y se encontraba completamente desprotegido.

Y tuvo miedo y ya no supo qué más hacer, porque, por más que buscara a aquella fuente de amor a su alrededor, ya no había luces de su existencia. Y había llorado tanto que, con sus propias lágrimas, había creado una cascada turbulenta que le había llevado hasta el fondo de un abismo. Y allí había quedado sentado en el suelo, solo y abandonado, sintiéndose vulnerable ante el frío y ante los recuerdos en tinieblas que estaban ahí, frente a él, en su memoria, pero que ya no era capaz de distinguir completamente.

Sólo cuando abrió los ojos para regresar a la realidad, Sakura se dio cuenta que había sido una pesadilla.

Su respiración estaba un poco más agitada de lo normal. La habitación estaba oscura, pero aun así podía distinguir las facciones de su padre, quien, con la cabeza apoyada sobre la almohada, le observaba con preocupación mientras con una mano le acariciaba suavemente la mejilla.

—Estabas llorando. Es la tercera pesadilla que tienes durante la noche.

Esa noche, Sakura no había querido dormir en la soledad de su habitación. Por una extraña razón, antes de intentar ir a dormir, se había sentido profundamente triste y desprotegido, así que había cogido su delfín rosa de peluche y se había dirigido a la habitación de Haruka en busca de protección. Fue una buena decisión tras considerar todas las pesadillas que más tarde comenzaría a tener.

—¿Te sientes mejor?

Sakura guardó silencio, confundido. Lo que acababa de soñar rápidamente se iba volviendo más lejano y de seguro su mente terminaría olvidando la mayor parte de los detalles.

—Ayer te comportaste de manera muy extraña y ahora tienes pesadillas… No quisiste contarme nada que lo que ocurrió, pero me tienes muy preocupado —habló Haruka con suma suavidad, recorriendo lenta y delicadamente con sus delgados dedos la mejilla de su hijo.

Había sido una angustiosa tarde la del día anterior, con Haruka corriendo desesperado de un lugar a otro buscando a su pequeño y rebelde Sakura, quien finalmente había regresado con notorias señas de haber estado llorando, pero permaneciendo decidido a no soltar ni una sola palabra. El mayor le había hablado con suavidad, le había consolado, le había preparado una leche caliente cuando llegaron a casa, y, aunque trató de persuadirlo, el niño se mantuvo inquebrantable ante su silencio. La negativa había llevado a Haruka a no continuar insistiendo, sintiéndose profundamente frustrado al no poder ser capaz de asumir, una vez más, su rol de padre.

—¿Por qué no me cuentas nada? —susurró con pesar— Sabes que no me gusta presionarte, pero, de verdad, necesito saber qué está pasando.

Sakura siguió manteniéndose en silencio, aferrado al delfín rosa entre sus brazos.

—Eres mi hijo y me preocupo por ti. Ayer me sentí muy mal cuando no podía encontrarte. Corrí por todas partes buscándote y, por un momento, pensé que no volvería a verte nunca más —agregó sin reprocharle, más bien se mostraba comprensivo y abierto a escuchar al menor.

—...Lo siento, papá —habló Sakura, en casi un hilo de voz. Tal vez era porque seguía asustado por su pesadilla o porque sus ánimos habían decaído desde el día anterior, pero esta vez no reaccionó con su acostumbrada rebeldía sino tan sólo bajó su mirada con sumisión, movió su delfín hacia un costado y se apegó más al cuerpo de su padre, abrazándolo y hundiendo su rostro en el pecho—. No te enojes conmigo.

—No estoy enojado. Estoy triste porque desde hace un tiempo que no estoy entendiendo nada de lo que ocurre contigo, pero no eres capaz de contarme nada, aun cuando esas cosas te están afectando incluso para dormir —aclaró, envolviendo con sus brazos el cálido y pequeño cuerpo de su hijo—. Lo que más detesto en el mundo es ver que estás mal, Sakura.

—Es porque he tenido pesadillas.

—No es sólo eso. Ya son varias las semanas que llevas comportándote de manera inusual. Ayer, el entrenador Sasabe me mostró las cámaras de seguridad del club. Realmente te has estado escapando…

—Ah, eso…

—"Ah, eso…" —repitió, frustrado, mientras el niño se movía inquieto entre sus brazos— Te escapas para poder reunirte con ése amigo tuyo, ¿no es así?

—…

—Sakura…

—…Sí. Me salto algunas clases para verlo, porque es el único momento que puedo estar con él. Pero no hacemos cosas malas y, de verdad, me comporto bien cuando estoy con él.

—Ayer, tus ojos estaban rojos porque estuviste llorando…

El niño guardó silencio y volvió a hundir su rostro en el pecho de Haruka.

Era doloroso recordar los hechos del día anterior, y, además, todo resultaba ser bastante confuso. Sakura recordaba haber comenzado a llorar angustiosamente en el momento en que, tras descubrir que su padre estaba afuera de la casa abandonada, había pensado que éste le regañaría y que le prohibiría seguir viendo a Rin. Luego, había sido el propio Rin quien había empezado a comportarse de una forma tan extraña, llorando y diciendo cosas confusas mientras parecía fuera de sí; sin duda que ver al mayor comportarse de ese modo provocó un gran temor en Sakura, quien no sabía cómo actuar. Y, finalmente, habían estado todos esos abrumadores sentimientos de vulnerabilidad y abandono que el niño había comenzado a experimentar repentinamente ante las palabras de Rin, creyendo que aquel perturbador momento de desesperación ya había sido vivido antes, aun cuando el pequeño no recordaba ni tiempos ni lugares.

—Sakura... —insistió Haruka con calma, sacándolo de sus pensamientos.

—No lo sé, papá, no entiendo nada —respondió sinceramente, sintiéndose apesadumbrado.

—Los buenos amigos no te hacen llorar, te lo he enseñado muchas veces.

—Lo sé.

—"Lo sé"... —repitió Haruka y suspiró largamente. Las respuestas de Sakura nunca eran satisfactorias— Ayer, durante la mañana, tu maestra me citó a una reunión extraordinaria para hoy; supongo que me hablará de la pelea que tuviste con Aiko. En la escuela también se enteraron de que desapareciste durante algunas horas, así que de seguro tu maestra me hablará de eso también. Y, como siempre, me regañarán porque no te cuido bien…

—Pero, tú sí me cuidas bien.

—No es lo que cree todo el mundo.

—Lo que pasó es todo culpa de Aiko-chan, porque él traicionó a nuestra amistad —declaró el niño, notándose en su voz un ligero enfado.

—No es su culpa. Fue un favor que yo le pedí a su madre, porque estaba preocupado por ti y tú no querías contarme nada. Gracias a que ellos me informaron, pude salir antes de mi trabajo y descubrirte engañando a todo el mundo. Qué mal, Sakura…

—¡Pero es culpa de Aiko-chan!

—No lo es. Hoy, después de la escuela, iremos a disculparnos apropiadamente al club de natación. Hablarás con los entrenadores, especialmente con el entrenador Sasabe, y pedirás su aprobación para seguir asistiendo a las clases, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —respondió, desanimado.

—Estoy seguro que, una vez que te disculpes con todos y mejores tu comportamiento, acabarán todas tus pesadillas. Ahora, será mejor que vuelvas a dormir. Aún queda un par de horas hasta que nos levantemos para ir a la escuela.

—No quiero dormir. Si lo hago, seguiré soñando cosas feas —se quejó Sakura, alzando su cabeza para mirar a su padre con aflicción.

—No te preocupes. Yo estaré a tu lado cuidándote para que nada malo pase —respondió el mayor con una pequeña pero reconfortante sonrisa, inclinándose para besar la frente de su pequeño.

Sakura asintió sintiéndose seguro y protegido, se acomodó otra vez junto al pecho de su padre y se entró a los sueños una vez más.


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Rin abrió lentamente los ojos en la medida que notaba cómo una desagradable presión se apoderaba de su cabeza. No era tan doloroso sino más bien incómodo, y ya podía adelantarse al hecho de que, muy probablemente, aquella molesta sensación le acompañaría durante todo el día.

Resopló pesadamente mientras tomaba consciencia de dónde se encontraba. Sabía que estaba en su habitación en casa de su madre en Iwatobi, pero de todas formas su mente parecía estar perdida en otro lado. De alguna manera, sus sentidos estaban un poco desorientados y, por sobre todo, se sentía extremadamente agotado.

Un par de agudos maullidos se escuchó a su lado. Cuando volteó su cabeza hacia un costado, pudo ver a un diminuto gato amarillo en el suelo junto a su cama. Era Hoshi, quien le observaba insistentemente.

—¿Pero qué...? —se cuestionó Rin mientras se incorporaba para quedar sentado sobre la cama. Extendió su mano y cogió al pequeño felino con cuidado para depositarlo sobre sus piernas— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, mientras le acariciaba el pelaje. El dulce ronroneo comenzó de inmediato.

Mientras observaba al animal, algunos recuerdos fueron apareciendo en su cabeza. La imagen de Haruka afuera de la casa abandonada y la mirada asustada de Sakura del día anterior se hicieron presentes. Había experimentado sensaciones muy intensas en aquel momento, y ahora todo parecía haberse vuelto tan irreal y volátil, que le daba la impresión que todo había sido parte de un mal sueño.

No obstante, Rin sabía que todo había sido real, y la prueba de ello era ese pequeño gato que se movía inquieto sobre sus piernas. Le había dicho a Sakura que lo llevaría a casa debido a las bajas temperaturas por la inminente nevada. Cuando había llegado a su hogar, su madre y Gou habían reaccionado sorprendidas de ver a Rin cargando al cachorro, y muy pronto ambas habían caído enamoradas de tan adorable animal.

—...¡Mierda! ¡Gou! —exclamó, de pronto, alterado, al recordar a su hermana, haciendo sobresaltar a Hoshi en el acto.

Comprobó la hora y notó cuán retrasado estaba. Se suponía que cada mañana Rin debía conducir para llevar a Gou hasta su trabajo. Era un trato hecho entre los dos hermanos; Gou dejaba su vehículo a libre disposición de Rin para que éste pudiera salir y distraer su mente, con la condición de que él fuera a dejar y a recoger del trabajo a la pelirroja y también a su madre cuando lo necesitaran. Pero, ahora, Rin se había quedado dormido y había faltado a su compromiso.

El levantarse con suma rapidez provocó que Hoshi saliera corriendo asustado de la habitación, y a los pocos metros Rin también corría bulliciosamente.

—¡Gou! ¡Ya he despertado! —gritó mientras avanzaba por el pasillo en dirección a la sala.

—¿Qué es todo ese escándalo, Rin?

El escuchar la tranquila voz de Miyako, y luego verla sentada en la sala, hizo detener los pasos de Rin. La mujer le observaba atentamente mientras bebía un café; la televisión es escuchaba a penas por el bajo volumen.

—Mamá, ¿dónde está Gou?

—Ya se marchó a trabajar. Estabas durmiendo tan plácidamente, que no quisimos despertarte. Ven, siéntate a desayunar conmigo.

Rin, sintiéndose bastante confundido, asintió con la cabeza y avanzó hacia su madre mientras el pequeño Hoshi le rodeaba los pies. Se sentó en silencio frente a Miyako, quien le sirvió de inmediato una taza de café.

El dolor de cabeza que por un momento había quedado en el olvido, ahora volvía a hacerse presente. Algunas imágenes reaparecían en su mente, y de verdad le costaba creer que había visto a Haruka el día anterior. Habían sido ocho malditos años sin verlo, y luego, sin ningún preludio, lo había tenido de pie frente a él a tan sólo escasos centímetros. De lo único que podía agradecer era de que el pelinegro no se había percatado de su presencia del otro lado de la ventana; si le hubiese descubierto, la situación sin duda hubiese sido aún más crítica para Rin. Precisamente por eso fue que le había pedido a Sakura que tomaran caminos distintos para regresar, porque sabía que Haruka estaba buscando a su hijo, y Rin sinceramente no deseaba arriesgarse a encontrarse con el pelinegro de frente, esta vez sin una barrera material que los separase.

—¿Me vas a contar toda la verdad? —inquirió Miyako, sacándolo de sus pensamientos— Has estado actuando extraño desde ayer. Anoche no quisiste cenar con nosotras y hoy apenas estás tomando desayuno —dijo, señalando la taza de café que Rin había apartado hacia un costado.

—No me he sentido bien y anoche tuve un mal dormir —respondió, evitando la mirada de su madre. Acercó la taza e intentó beber un poco. Tragó pesadamente, el café sabía tan amargo.

—Sé que tuviste pesadillas y que lloraste toda la noche —agregó ella, con una mirada y un tono de voz que de pronto se volvieron compasivos—. Me levanté e intenté consolarte, pero estabas tan dormido que simplemente no despertabas. Te calmabas durante un rato y luego volvías a llorar otra vez.

Rin la observó perplejo. No se había enterado de nada de lo ocurrido durante la noche, en realidad, ni siquiera recordaba haber tenido pesadillas ni haber estado llorando en sus sueños. Pero todo era coherente, pues sentía sus ojos agotados y la garganta le dolía bastante. Notó, además, que Miyako tenía marcas de cansancio bajo sus ojos. Rin dedujo que ella se había quedado en vela cuidándolo.

Sintió la humedad nacer en sus orbes, ante lo cual se mordió los labios y se odió a sí mismo por ser tan sensible.

—Entonces, ¿me vas a contar lo que ocurrió?

El pelirrojo aguardó silencio un momento, no era fácil comenzar a sacar todos los recuerdos y revivir las sensaciones que éstos le produjeron. Hubiese deseado simplemente dejar atrás lo ocurrido el día anterior y fingir que nada había pasado. No obstante, Miyako estaba frente a él viéndole con preocupación, y había pasado toda una noche velando su sueño. Rin recordó cómo Sakura, el día de ayer, también le había visto con ojos preocupados en medio de todo el caos que había experimentado. Ni su madre ni su hijo merecían vivir la angustia ocasionada por los actos egoístas que él cometía.

Suspiró pesadamente.

—Ayer vi, por primera vez, a Haru —articuló de golpe, notando de inmediato cómo el rostro de su madre se desfiguraba a uno de preocupación—. Pero él no me vio —agregó con rapidez. Miyako pareció tranquilizarse un poco—. Sakura se metió a la casa abandonada donde nos hemos estado reuniendo, así que fui tras él. Al rato después, Haru llegó hasta allí para buscarlo. Lo vi desde el interior de la casa, estábamos tan cerca... Mi mente comenzó a revivir momentos y sentimientos del pasado, y no me di cuenta cuando perdí el control de mí mismo —Rin se detuvo mientras bajaba la mirada, avergonzado.

—Oh, cariño... —Miyako extendió sus brazos por sobre la mesa hasta alcanzar una de las manos de su hijo, y la cubrió suavemente en una acogedora caricia— Es por eso que llorabas durante la noche, ¿no es así? Debes haber estado sufriendo tanto...

—No recuerdo nada, mamá; ni mis lágrimas ni pesadillas de anoche, ni tampoco la crisis que tuve al ver a Haru. Lo único que sé es que, cuando comencé a reaccionar, Sakura estaba llorando asustado frente a mí.

—Sakura, mi pobre pequeño... ¿Qué ocurrió con él?

—Permanecimos juntos al interior de la casa durante un largo rato. Sakura tenía miedo, así que intenté tranquilizarlo; pero fue difícil hacerlo, ya que ni siquiera yo podía calmarme. No me gusta verlo llorar... —explicó con tristeza, recordando cómo había odiado ver las lágrimas de Sakura desde cuando éste había sido un bebé.

—No me gusta que Sakura tenga que pasar por todo esto —expresó Miyako con aflicción—. Debemos hacer algo al respecto. No es bueno que un niño presencie este tipo de cosas.

Rin volvió a bajar la mirada con pesar. Ya eran dos veces las que su hijo presenciaba una de sus crisis. La primera vez había ocurrido hacía algunas semanas atrás, cuando el mayor había descubierto la identidad de Sakura; el pequeño había estado tan asustado ante la reacción de Rin, pero había sido Gou quien había llegado en el momento preciso para protegerlo. La segunda vez, ocurrida precisamente el día anterior, tras ver a Haruka, Rin había caído nuevamente en un torbellino de emociones y memorias doloras; sin embargo, había podido resistirse a su propio quiebre emocional y había podido –a duras penas– consolar al niño.

De todas formas, aun cuando había abrazado a Sakura y le había acariciado para quitar el espanto en él, lo cierto fue que se habían despedido y separado minutos después, tras lo cual Rin había podido percibir cómo algo había cambiado en su hijo. No sabía con exactitud qué era, pero el Sakura que le acompañó antes de que presenciara su crisis no era el mismo Sakura del cual se despidió momentos más tarde. ¿Acaso le había dejado traumatizado con tan deplorable espectáculo?

Un escalofrío recorrió la espalda de Rin.

—No quiero seguir lastimando a Sakura. ¿Debería alejarme de él? —cuestionó con temor.

—Si te alejas de tu hijo, sólo conseguirás que las cosas se vuelvan peor. Lo que debes hacer es hallar la paz contigo mismo de una vez por todas.

—Como si eso fuera algo tan fácil de hacer... —murmuró, desanimado.

—Bueno, tal vez deberías comenzar dando el primer paso, el más evidente.

—¿Cuál?

—Comenzar a prepararte para hablar con Haruka-kun.

Rin se sobresaltó de inmediato. Fue tal su rostro de perturbación, que las manos de Miyako acrecentaron un poco la presión sobre la mano de su hijo, como si de ese modo le pudiera transmitir que todo estaba bien, que ella estaba allí junto a él para protegerle y que nada malo iba a pasar.

—Sé que es un tema delicado para ti, cariño, así que no creas que te estoy presionando —agregó la mujer con un tono comprensivo—. Pero debes considerar que el bienestar de Sakura también está en juego.

—Lo sé, pero... —Rin guardó silencio. La naciente humedad hacía que sus ojos vibraran ligeramente— Ayer, mi mente no reaccionó bien. No me gusta experimentar esas cosas, es desesperante, ni siquiera las malditas píldoras me ayudan a controlarme —reveló con aflicción.

—Es todo parte de un proceso, Rin. Regresaste hace muy poco tiempo a Japón, te has reencontrado con Sakura y has vuelto a ver a Haruka-kun. Todo esto ha ocurrido en muy poco tiempo. El impacto es muy fuerte, es normal que experimentes sensaciones. Sería preocupante si no hubieses reaccionado a ellos, ¿no crees?

"Si no hubiese reaccionado a ellos…" meditó Rin en silencio. Y recordó cómo, desde el primer momento en que había visto a Sakura, semanas atrás, su mente y su cuerpo habían reaccionado de inmediato. En ése entonces, ni siquiera sabía la identidad de Sakura, para él tan sólo había sido un chiquillo molesto que había comenzado a seguirle bajo la lluvia sin ninguna razón. Sin embargo, bastó con sólo haber cruzado su vista con aquella infantil mirada azul para que algo comenzara a encenderse dentro de él. Fue como la ignición de un motor en su pecho que le llevó a moverse lentamente, con una calidez expandiéndose y activando cada rincón de su ser, hasta finalmente hacerlo partir con fuerza en una carrera cuyo camino aún parecía ser incierto y lleno de obstáculos.

Sin embargo, si el involucrarse con Sakura era como el despertar de un nuevo día, el involucrarse con Haruka era como adentrarse al corazón de una tormenta.

Haruka no sólo había sido un preciado amigo de infancia y su mejor rival, sino también había sido su compañero en la búsqueda de sueños y su fiel pareja en la intimidad. Siempre habían estado atentos a la presencia del otro, desde niños, sin importar las distancias o las circunstancias; atados a un destino que les había llevado, de manera inexorable y temprana, a la concepción de una pequeña criatura de ojos como el mar y cabellera como la primavera. Volver a reunirse con Haruka, la persona por la que Rin había tenido los más intensos sentimientos en toda su vida, no iba a ser un hecho que pasase desapercibido en su realidad. Su mente y sus recuerdos habían reaccionado frenéticamente al verlo del otro lado de la ventana, y ahora se preguntaba cómo iría a reaccionar su cuerpo y, sobretodo, su herido corazón cuando lo tuviera de frente sin ninguna barrera que los separase.

Recordar la expresión vacía en el rostro de Haruka y los impactantes ojos azules sin vida provocaron que el cuerpo de Rin se estremeciera. ¿En qué momento habían perdido toda la luz?

Se llevó la taza a sus labios y bebió un sorbo. El café continuaba tan amargo.


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A veces daba la impresión de que Sakura tenía una especie de reloj biológico incorporado que le hacía anticipar con bastante exactitud el momento en que terminaría la clase y comenzaría el recreo. Aunque siempre estaba muy distraído charlando con sus compañeros, de pronto sin ninguna razón su vista se clavaba en el reloj de la sala de clases y evidenciaba los pocos minutos que faltaban para el término de la lección; se levantaba ansioso de su escritorio y se paraba junto a la puerta esperando para salir corriendo del salón. Como era de esperarse, los maestros lo regañaban por su impaciencia y lo enviaban de vuelta a su escritorio.

Sin embargo, esta vez se encontraba sentado en su silla, bostezando lánguidamente, mientras sus ojos se cerraban con pereza. El mal sueño a causa de las pesadillas estaba mostrando sus consecuencias.

Cuando la maestra al fin anunció el término de la clase, Sakura tan sólo se levantó silenciosamente y caminó hacia el fondo del salón adonde su mochila se hallaba colgada. Revolvió el interior para buscar algo que comer. Usualmente, la merienda de la mañana la entregaban en la escuela de manera igualitaria para todos los niños, pero había ciertos días en los cuales los padres tenían la libertad de escoger la merienda de sus hijos dentro de un parámetro de elecciones saludables. Durante el verano, Haruka solía meter en la mochila de Sakura alguna fruta fresca y jugosa, mientras que en el invierno solían ser alimentos como galletas de avena, barras de cereal y leche.

El pelirrojo sonrió complacido cuando halló la pequeña caja de leche con sabor a fresa y una barra de cereal con miel, mas cuando se volteó hacia un costado para salir del salón, su sonrisa desapareció abruptamente.

—Sakura-chan

Aiko estaba frente a él, con las cejas curvadas en lo que parecía una expresión de timidez y sumisión. Intentó esbozar una sonrisa mientras enseñaba la cajita de leche que él también traía y un paquete de galletas.

—Vayamos a comer juntos la merienda —agregó el pequeño.

Con los labios ligeramente separados por la sorpresa ante la repentina actitud, Sakura tan sólo le observó silenciosamente. No se habían hablado durante todo el día, ni siquiera un saludo o un breve cruce de miradas. Pese a que sus escritorios se ubicaban uno junto al otro, el pelirrojo le había ignorado por completo.

No era la primera vez que esto ocurría, ya que solían pelear con frecuencia por asuntos infantiles, así que sus momentos de distanciamiento eran comunes, pero los solucionaban de manera rápida llegando a algún acuerdo o simplemente olvidándose del tema. No obstante, esta vez Sakura sí que se sentía ofendido y traicionado. Aiko era su gran compañero de aventuras, su mejor amigo en quien había confiado para contarle sus mayores secretos. Fue a él a quien le había relatado cómo había conocido a Rin –pese a las prohibiciones de Haruka de no hablar con desconocidos–, las cosas que hacían juntos cada día y lo mucho que quería a ese extraño hombre-tiburón. Sakura jamás habría imaginado que Aiko pudiera revelarle cosas a su madre, quien a su vez le contaría todo a Haruka. Como consecuencia, todo el asunto de Rin estaba en riesgo. Por fortuna para el pequeño pelirrojo, su padre parecía no tener conocimiento acerca de la identidad de su misterioso nuevo amigo, pero lo ocurrido había sido suficiente para encender las alarmas de la desconfianza en Haruka.

A su edad, Sakura no entendía muchas cosas y otras simplemente no las cuestionaba; ni siquiera sabía cuánta información había revelado Aiko, pero de lo que sí estaba seguro era que su corazón se sentía, por primera vez, profundamente traicionado.

—No iré a ningún lado contigo —sentenció, casi con desprecio, haciéndose a un lado para continuar con su camino.

—Pero, Sakura-chan

—Te he dicho que me llames Nanase.

Dejando a Aiko atrás, inmóvil y con los ojos húmedos, Sakura avanzó a través de los escritorios para salir del salón.

Caminar por los pasillos de la escuela nunca había sido tan desagradable. En vez de haber saludado con alegría a los niños de otros salones que cruzaban su camino, como siempre lo hacía, ésta vez nada más mantuvo su cabeza gacha para evitar el contacto visual con los demás. No podía sonreír y su mirada era oscura y su ceño estaba fruncido. Agilizó los pasos hasta casi correr, y se escabulló hasta encontrar una salida hacia el jardín.

El vaho se expandió frente a su rostro cuando sintió el frío de la blanca nieve que lo cubría todo, y lentamente el azul de sus ojos se suavizó y sus cejas se relajaron. Ante la prohibición de salir a los jardines a jugar con la húmeda nieve, todos los niños se hallaban al interior de la escuela; eso le brindó a Sakura un poco de tranquilidad a su infantil corazón. Se sentó en una solitaria banca adyacente a la muralla de la escuela, donde no pudiera caerle la nevada, y se dispuso a comer su merienda.

La barra de cereal con miel nunca le había parecido tan insípida y la leche de fresa que tanto amaba no le provocó gozo alguno. Era inevitable pensar en Aiko y en todas las meriendas que solían compartir. Y, aunque mantenía la decisión de haberse aislado, lo cierto era que comer en soledad le hacía sentir realmente mal. Pero tampoco era como si quisiera la compañía de alguien más en ese momento. Si las cosas dependieran de él, se habría marchado a casa hacía mucho rato atrás. No, en realidad ni siquiera se habría levantado de su cama para ir a la escuela; se habría quedado durmiendo con Haruka mientras veían la nieve caer por la ventana, y más tarde habrían tomado chocolate caliente mientras se divertían con algún videojuego.

—Papá… —murmuró despacito mientras veía la nieve cubrir el suelo y los árboles— ¡Ah, no quiero estar aquí! —se quejó de pronto en voz alta, frustrado, mientras sentía fuertes deseos de llorar y ganas de lanzar su caja de leche hacia algún otro lado.

—¿Por qué no?

Sakura se sobresaltó al escuchar aquella repentina voz. Al mirar a su lado, se encontró con los grandes ojos celestes de Tsubaki, su compañera de clase, quien le observaba con curiosidad.

—Vete de aquí, este es mi lugar —declaró el pelirrojo, avergonzado y malhumorado, ocultando los ojos húmedos con uno de sus brazos.

—No es tu lugar —aclaró ella con tranquilidad, sentándose junto al niño.

—Quiero estar solo —insistió Sakura, mientras esperaba a que se marchara. Pero la niña continuó sin moverse—. ¡Vete de aquí! —sollozó aún más frustrado.

—¿Por qué estás tan enojado? —preguntó Tsubaki absolutamente calmada.

—No es asunto tuyo —articuló con fastidio, limpiándose con el brazo las diminutas lágrimas.

Aguardó en silencio sentado en el mismo lugar con la esperanza de que la niña finalmente se marcharía, pero ella continuó allí en todo momento. Con la mirada parcialmente oculta tras el brazo con el que limpiaba sus lágrimas, Sakura la observó atentamente: ella sostenía un diminuto bolso entre sus pequeñas manos, de seguro guardaba allí su merienda, y movía sus delgadas piernas hacia adelante y hacía atrás en un movimiento infantil, con sus pies apenas tocando el suelo. Claramente, no tenía intenciones de marcharse de aquel lugar.

Sakura soltó un largo suspiro de frustración y bajó su brazo para dejar su rostro al descubierto.

—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no me dejas solo?

—Aiko-chan estaba llorando y tú estás aquí llorando también.

—No estoy llorando. Y no me importa lo que ocurra con Aiko-chan —sostuvo, intentando inútilmente permanecer indiferente. Su boca torcida y la consternación en su mirada evidenciaban cuan afectado en realidad estaba.

—¿Volverán a ser amigos?

—No, porque él me traicionó.

Aunque estaba triste y afectado, había hablado con firmeza. Desde pequeño que Haruka le había estado inculcando el valor de la amistad, el respeto y la confianza que conllevaba el sostener una relación con un mejor amigo; Sakura había sido testigo durante toda su vida cómo su propio padre y Makoto tenían ese vínculo tan estrecho que ni siquiera el tiempo o la distancia destruían. El concepto de traición dentro una amistad no era algo de lo cual Haruka le hubiese hablado alguna vez, pero aun así Sakura lo había aprendido por su cuenta al ver las caricaturas animadas en la televisión. Probablemente, el pelirrojo ni siquiera entendía el verdadero significado y peso de una traición ni tampoco sus consecuencias, pero sólo bastaba el hecho de que le hiciese enfurecer y entristecer como para que Sakura decidiera que era lo peor que había ocurrido en su relación con Aiko.

—Nunca más le hablaré ni jugaré con él en los recesos. Tampoco volveré a invitarlo a mi casa, ¡nunca más! —decidió, mientras mordía con fuerza su barra de cereal.

—¿Qué hizo Aiko-chan?

—Yo le conté un secreto, y luego él se lo contó a su mamá para que ella se lo dijera a mi papá.

—Oh… ¿Es tan malo eso?

—Claro que sí, es algo muy malo —afirmó apesadumbrado—. Se supone que no debo hablar con desconocidos, pero falté a esa regla e hice un nuevo amigo. Mi papá no aprueba nuestra amistad porque dice que mi amigo me hace llorar.

—Los padres siempre tienen la razón.

—Mi papá no. Ahora me estoy quedando sin amigos. Terminaré por quedarme solo para siempre —gimoteó con aflicción, dramáticamente—. Todo esto es muy malo. Además, yo quería que Aiko-chan fuera parte de mi equipo de natación; quería que nadáramos juntos el relevo de primavera, pero ya no puedo confiar en él.

—¿Qué vas a hacer entonces?

—Tendré que buscar a un nuevo miembro para mi equipo. El problema es que a ningún chico de nuestra clase le gusta la natación —respondió con frustración—. Ni siquiera te puedo invitarte a ti…

—¿Por qué no?

—No se puede, porque las chicas nadan en equipos distintos —explicó, alicaído—. Si fueras un chico, te habría invitado hace mucho tiempo a ser parte de mi equipo.

—Oh…

—No sé qué voy a hacer —musitó, para luego dar un breve sorbo de la leche de su cajita.

—Y, ¿tu nuevo amigo es un chico? —preguntó ella, recibiendo de inmediato la atención directa del pelirrojo— ¿Ya lo invitaste a ser parte de tu equipo?

El rostro de Sakura se iluminó al tiempo en que sus ojos se ampliaban con asombro ante la revelación recibida. Rin era un chico a quien le gustaba la natación, incluso había sido estudiante del entrenador Sasabe en el pasado, y además era un hombre tiburón, sus dientes eran feroces, así que seguramente era increíblemente veloz en el agua. ¿Por qué nunca había pensado en invitar a Rin a ser parte de su equipo de relevos?

Un tierno rubor asomó en las mejillas del pelirrojo y sus labios se curvaron en una inquieta sonrisa. Tsubaki era realmente brillante y le había dado una fantástica idea.


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Hoshi se inclinó hacia adelante, preparando sus pequeñas garras abiertas, y dio un ávido salto desde el suelo hacia las piernas desnudas de Rin, haciendo uso de sus afiladas garras para poder sujetarse. El pelirrojo soltó un quejido y frunció el ceño al sentir el dolor, y tuvo que coger de inmediato al felino antes de que siguiera trepando por su extremidad.

—¡Oye, te he dicho que no hagas eso! —reprendió mientras dejaba al gato sobre su regazo.

¿Que no haga qué? —se escuchó una distante voz. Provenía del celular que Rin sostenía con su otra mano.

—Tú no, Sousuke. Le hablo a Hoshi, ¿lo recuerdas? Es el gato que Sakura y yo cuidamos.

Ah, ese inquieto gato amarillo. Recuerdo que no dejaba de corretear entre mis piernas.

—Acaba de trepar por mi pierna con sus garras, tiene la mala costumbre de hacerlo todo el tiempo, pero con mamá y Gou es muy cariñoso.

¿Lo adoptaste?

—Aún no lo sé. Simplemente lo traje a vivir conmigo debido a la reciente nevada, pero aún no sé qué haré con él.

Si lo dejas en casa, Gou y tu madre podrán sentirse acompañadas cuando ya no estés.

—Sí, supongo que tienes razón. Ya van algunos años de que no hay un gato en casa. Además, tal parece que Sakura no frecuenta mucho por acá, así que ellas deben sentirse bastante solas.

Gou me dijo que es Nanase quien impide que Sakura las visite con frecuencia. Él realmente ha pretendido eliminarte de la realidad de tu hijo, ¿no crees?

—Ah, bueno…

Rin llevaba hablando algunos minutos con Sousuke. Desde que ambos se habían reencontrado en Iwatobi hacía algún tiempo atrás, habían acordado mantener contacto cada día; se enviaban mensajes frecuentemente contando anécdotas diarias, imágenes para molestarse mutuamente, y de vez en cuando intercambiaban música. Eso mantenía la mente del pelirrojo despejada y entretenida a ratos. Sousuke era un gran apoyo, el mejor de todos, y es por eso que ése día Rin le había llamado por teléfono para intentar, de algún modo, desahogarse de lo que había ocurrido el día anterior.

Pero era difícil comenzar a hablar de sus asuntos personales. No era que no tuviera confianza en Sousuke -porque en realidad él era una de las personas en las que Rin más confiaba en el mundo-, sino que el asunto con Sakura y Haruka era un tema complicado de tratar, especialmente tras haber pasado tan sólo un día de haberse reencontrado con aquellos vacíos ojos azules. Traer a su mente aquel momento provocaba que el dolor de cabeza que le aquejaba desde la mañana se hiciera aún más fuerte.

Por cierto, ¿has continuado buscando empleo? Mencionaste que querías algo esporádico, ¿no?

De alguna forma, Rin sintió un ligero alivio de que su amigo cambiara repentinamente la conversación.

—No hay trabajo para alguien como yo. Podría visitar a un viejo pescador que conocí hace un tiempo atrás y pedirle que me deje ser parte de su tripulación, pero él dirá lo mismo que dijo en aquel entonces: que debo tener una mirada distinta hacia el mundo y sonreír como lo hacía mi padre, sólo así podré subirme a una de sus embarcaciones.

De seguro ese viejo vio lo desesperado que estás, Rin. Aunque no te des cuenta, ese pescador te hizo un gran favor al no dejarte subir a su barco.

—¿De qué estás hablando, Sousuke? Ése viejo sólo me comparó con mi padre… —Con la mirada oscureciéndose lentamente, agregó:— Estoy muy lejos de llegar a ser alguien como mi padre. Sólo he hecho cosas horribles en mi vida. Estoy perdido y lo único que hago es sobrevivir.

Oye, no hables así. Has hecho grandes cosas en la vida. Y aquello que te está perturbando no define por ningún motivo tu destino. Regresaste a Iwatobi y, en tan sólo algunas semanas, ya has dado grandes pasos para superar el pasado. Apuesto que hace algún tiempo atrás no te habrías imaginado jamás que estarías sonriendo junto a Sakura, ¿verdad? Sabes bien que aún te queda un largo camino por recorrer, pero debes, primero, superar tus propias limitaciones y estoy seguro que sólo así podrás sentirte liberado.

—Sousuke... —Fue lo único que pudo articular antes de soltar un ahogado sollozo. Sonrió agradecido; Sousuke era un muy buen amigo.

Vamos, Rin, no comiences a llorar —habló el otro joven con ternura.

—He podido lograr cosas... Ahora puedo sonreír junto a Sakura, pero todo sigue siendo tan difícil... —dijo, limpiándose las pequeñas lágrimas que habían asomado Tras hacer una pausa para respirar profundamente, prosiguió intentando mantenerse firme— Sousuke, ayer vi a Haru…

¿Qu-…?

Sousuke se detuvo de inmediato, y tras eso hubo un desconcertante silencio ente ambos, donde Rin sintió la tensión en todo su cuerpo. Hablar de Haruka era siempre tan incómodo…

Al cabo de unos segundos, Sousuke preguntó con suavidad:

—...¿Estás bien?

Rin se mordió el labio, intentando reprimir un inminente sollozo. Sousuke siempre era tan considerado.

—Estoy mejor que ayer.

Eso es bueno, y de seguro mañana estarás aún mejor. ¿Hablaste con Nanase?

—No, él ni siquiera me vio. Sólo fui yo quien lo observó, pero entré en pánico de inmediato y perdí la cordura; aparecieron muchas imágenes en mi mente y sentí que moriría... Pero pude controlarme.

¿En serio?

—Pude controlarme porque quise cuidar de Sakura. Quise proteger a mi hijo, Sousuke —agregó Rin, adquiriendo confianza en su voz. Sintió una pequeña semilla de orgullo propio naciendo en su pecho. Hacía tanto tiempo que no se sentía de ese modo, que no pudo evitar curvar sus labios sintiendo un poco de alivio en su ser.

¿Te das cuenta que eres capaz de superar todo? Nada puede detenerte. Puedes enfrentar lo que sea, porque eres una persona fuerte y brillante. Siempre has sido así.

—Sousuke...

No te pongas a llorar otra vez, Rin —agregó, soltando una risita de diversión—. Dime, ¿qué harás ahora respecto a Nanase?

—Mi madre dijo que debería hablar con Haru.

¿Qué crees tú que deberías hacer?

—No lo sé, realmente —confesó, con un suspiro escapando entre sus labios—. Preferiría evitar a Haru, al menos hasta que haya recuperado todas mis fuerzas para enfrentarlo. Aún no olvido lo que ocurrió aquellos meses; jamás perdonaré su indiferencia.

Por ahora sólo quiero estar junto a Sakura y recuperar el tiempo que perdí.

Suena como si te prepararas para una guerra…

—No es eso. Sólo quiero estar junto a Sakura y recuperar el tiempo que perdí sin involucrarlo para no hacerle daño.

Sakura ya está involucrado. Lo ha estado toda su vida.

—Ah, Sousuke, no lo hagas más difícil.

Mira quién habla —se burló el mayor—. Lo bueno es que ya estás avanzando y que Sakura te da la fuerza que necesitas para continuar.

—Sí. Todo se lo debo a él…

Rin cerró los ojos y recordó aquel día en que Sakura nació. Probablemente, ése había sido uno de los días en los que más miedo había sentido en toda su vida. Sin embargo, en el momento en que el frágil y húmedo cuerpo de su bebé fue puesto por primera vez sobre su pecho, el temor se había transformado en felicidad verdadera y pura. Indudablemente, ése día había acabo convirtiéndose en el día más importante de toda su vida y no había dejado de sonreír durante horas y horas.

—Gracias a mi hijo es que ahora estoy aprendiendo a sonreír como aquella vez… —musitó con una delicada sonrisa y las mejillas teñidas en rosa, preguntándose si ahora era él quien estaba volviendo a nacer.


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Sakura había estado distraído durante toda la clase; el sueño había aumentado, bostezaba a cada rato y estaba muy aburrido. Tenía unos ejercicios de matemáticas que resolver, pero realmente se sentía muy agotado como para hacerlos. Ni siquiera tenía ánimos como para levantarse e ir a los escritorios de sus compañeros a conversar como era usual. Aiko estaba a su costado, pero la tensión aún permanecía y por supuesto no le dirigiría palabra alguna. Lo único que podía hacer era permanecer en su escritorio mientras dibujaba en su cuaderno.

Hacia el final de la clase, cuando la maestra comenzó a revisar uno a uno los cuadernos de los niños, fue que Sakura recién intentó hacer un mínimo esfuerzo en concentrarse para hacer su tarea.

Lógicamente, no pudo hacer ninguno. No era como si le importara, de todos modos.

—Nanase-kun, eres el único estudiante que no ha intentado hacer siquiera un solo ejercicio —dijo la maestra con calma, pero con la desaprobación en su mirada.

—Lo intenté, pero tengo mucho sueño.

—Entiendo que puedas estar cansado por lo que ocurrió ayer, pero eso no es excusa para no hacer las tareas —agregó ella. Los maestros estaban enterados de todo el asunto de la desaparición de Sakura el día anterior, pero al pelirrojo no le preocupaba en lo absoluto—. ¿Qué tienes que decir al respecto?

Sakura guardó silencio. La maestra suspiró con resignación.

—Lo siento, Nanase-kun, pero tendré que dejarle una nota a tu padre comunicándole que no haces tus tareas —dijo, entonces, cogiendo el cuaderno de Sakura para dejar un breve escrito a un costado de la página en blanco donde se suponía que debían ir los ejercicios de matemáticas—. La próxima clase debes traer esta nota firmada por tu padre y los ejercicios deberán estar resueltos, ¿entendido?

Sakura sólo torció la boca fastidiado y desvió la mirada hacia un costado.

—Nanase-kun, ¿entendido? —insistió la maestra con severidad.

—Entendido —respondió de mala gana.

Sólo transcurrieron algunos pocos minutos antes de que la maestra acabara de revisar los cuadernos de los niños y anunciara, finalmente, el término de la jornada escolar. Los pequeños saltaron con alegría, guardaron sus cosas en sus mochilas y salieron corriendo del salón mientras reían y cantaban. El entusiasmo de los demás contagió a Sakura, quien también entonó algunas canciones y soltó algunas carcajadas mientras se preparaba para abandonar el salón.

Y estaba caminando por uno de los pasillos cuando un maestro se le acercó y le informó que Haruka se hallaba en la escuela. Sakura sonrió contento y se dispuso a seguir al hombre hacia las oficinas de los maestros. Saber que Haruka se encontraba en la escuela siempre resultaba ser una agradable noticia, no importaba que los maestros hubieran citado al mayor para hablarle acerca de las bajas calificaciones, de las tareas sin terminar o, como era el caso reciente, de la pelea que había tenido con Aiko el día anterior; Sakura conocía muy bien a su padre y sabía que los regaños que éste le daba siempre eran débiles y los castigos flexibles.

Luego de un rato, cuando la puerta de la oficina de maestros comenzó a abrirse, Sakura volvió a sonreír con ansias por ver a su padre. Sin embargo, su entusiasmo y confianza acabaron cuando vio, con suma sorpresa, la delgada figura de Gou salir tras la puerta. Sakura realmente la amaba, pero le aterraba cuando ésta le regañaba o le castigaba. No sabía que Gou iba a estar presente en la reunión con la maestra, y el hecho de que ella haya sido citada significaba que definitivamente el niño recibiría una fuerte reprimenda.

Se estremeció y pensó –por primera vez– que haber peleado con Aiko y haberse escapado del club tal vez no habían sido buenas ideas.

—Gou-chan, no fue mi culpa —se apresuró en informar con aflicción. Avanzó a paso rápido y abrazó las piernas de la mujer, notando que éstas temblaban ligeramente; pensó que de seguro se debía a que ella estaba hirviendo en indignación por las terribles cosas que le había dicho la maestra—. ¡No me regañes, Gou-chan! —le pidió, cerrando sus azules ojos con fuerza y hundiendo su rostro en el largo abrigo de la pelirroja.

No obstante, el delicado toque en su cabeza y la suave voz de la mujer le hicieron volver a abrir sus párpados con suma sorpresa.

—No te preocupes, cariño —había dicho ella, esbozando una sentida sonrisa.

Sakura quedó perplejo. ¿Qué clase de mundo paralelo era este, en el cual Gou no se mostraba estricta ni severa tras la cita con la maestra? Sonrió aliviado. De seguro la maestra había hablado con la verdad al decir que Aiko había sido el real responsable de todo; era lo justo, pensaba Sakura, ya que él no había hecho nada malo sino tan sólo confiarle un secreto a quien era, hasta ayer, su mejor amigo.

Se sintió satisfecho porque las cosas habían resultado finalmente bien.

—Ahora todo está solucionado, ¿verdad? —La voz de Sakura sonaba alegre.

—Eso espero, mi amor... —Pero la voz de Gou, afectada, apenas había salido en un hilo. Ella sujetó al niño por los hombros y lo acercó a su cuerpo para envolverlo en un abrazo— Todo va a estar bien…

Sakura sólo se dejó llevar y correspondió el abrazo sintiendo, una vez más, cómo el cuerpo de la mujer temblaba ligeramente.

En seguida, su atención se desvió a la segunda persona que cruzaba el umbral de la oficina. Era Haruka, finalmente, rígido, con los ojos muy abiertos como si acabase de ver algo aterrador y con la mirada perdida en algún lugar del vacío.

Verlo en ése estado provocó un impacto en Sakura, quien inmediatamente volvió su mirada a Gou buscando en ella alguna explicación. Sin embargo, esta vez, la mujer simplemente había desviado su mirada hacia un costado con suma seriedad y mordiéndose los labios como si estuviese intentando contenerse.

Algo estaba ocurriendo.

—Gou-chan... —murmuró Sakura, confundido. Al no tener respuesta de la pelirroja, el niño decidió acercarse a Haruka— Papá… —le llamó, cogiendo con cuidado la mano del mayor.

Haruka pareció sobresaltarse, tras lo cual bajó su mirada de inmediato hasta su hijo.

—Sakura... —habló en casi un susurro y, en una fracción de segundo, al niño le dio la impresión de que los ojos de su padre brillaban en humedad.

—Papá, ¿qué pasa? —inquirió con preocupación.

Pero Haruka sólo pudo observarlo tan sólo un par de segundos, antes de voltear su mirada hacia un costado y avanzar con paso rápido mientras pronunciaba un muy gélido "No es nada".

Sakura, confundido, se quedó inmóvil mientras veía la espalda de su padre alejarse por el pasillo de la escuela. Sintió un escalofrío recorrer su espina y de pronto su corazón comenzando a comprimirse, porque no entendía qué pasaba ni tampoco sabía cómo volver a las cosas a su estado natural. El nudo que se formaba en su garganta se mitigó cuando sintió el cálido contacto de Gou en su mano; entrelazó sus pequeños dedos con los de que la mujer, y se aferró a ellos con fuerza.

—No te preocupes, cariño, no pasa nada —le tranquilizó con suavidad. Y aunque ella sonrió, Sakura pudo distinguir que su expresión ocultaba un pesar—. Vamos, los llevaré al club de natación.

El niño sólo se limitó a asentir con la cabeza en silencio.

Cuando salieron del edificio de la escuela y la nieve se halló bajo sus pies, vio en la distancia cómo su padre se detenía y volteaba su mirada en dirección hacia los jardines, allá donde se hallaba la piscina cubierta de nieve y el viejo árbol de cerezos, solitario, sin hojas ni flores a su alrededor. No pudo ver su rostro, pero de todas formas intuyó que la mirada de Haruka se encontraba perdida en todo un mundo que Sakura no lograba entender.

El pelirrojo, muy confundido por lo que ocurría, no dijo nada.

Sakura notó una nueva muestra de la tensión del ambiente cuando Haruka subió tras él y se sentó a su lado en el asiento trasero del coche de Gou. Normalmente, su padre se sentaba adelante junto a la pelirroja, charlaba recatadamente con ella e iba atento al camino mientras escuchaban música tranquila para amenizar. Esta vez, el vehículo iba en un completo silencio, sin música y sin palabras entre ellos. Del modo en cómo Sakura lo veía, era como si ambos adultos hubiesen discutido; la velocidad a la que iba la pelirroja era un poco más rápida que lo usual y tenía sus delgadas manos enterradas en el volante y el semblante completamente oscuro, mientras que la manera en que Haruka se había perdido en el paisaje era aún más intensa que lo acostumbrado.

Sakura pensó que lo mejor era guardar silencio. Tal vez, la reunión con la maestra no había sido tan buena como había estado pensando hasta ahora. ¿Debería sentir temor ante un posible regaño? No estaba seguro, aún era muy pequeño y no sabía sacar conclusiones. Pero su interior sabía que lo normal habría sido que Gou lo hubiese regañado en cuanto salió de la oficina de la maestra, sin embargo, la pelirroja había estado afable con él en todo momento. Entonces, ¿qué estaba ocurriendo?

Observó atentamente a su padre. Haruka mantenía su cabeza apoyada en el cristal de la ventana, no se movía y sus ojos bien abiertos mantenían su mirada en la lejana distancia; de no ser porque los labios se movían trémulos, Sakura habría pensado que su padre estaba muerto. De hecho, había instantes en que parecía que dejaba de respirar por completo, mas luego la respiración se volvía un tanto sonora y daba la impresión que su pecho estuviese envuelto en agitación.

Hubo un instante en que Haruka pareció reaccionar y salir de ese estado de letargo, incluso se dio cuenta de la insistente mirada de Sakura posada sobre él, por lo que volteó su cabeza aún más hacia la ventana como si así pudiese evitar los ojos de su hijo.

—Papá... —llamó Sakura en seguida. Y, una vez más, no recibió respuesta.

Sólo cuando el vehículo se detuvo fue que Sakura se dio cuenta que habían llegado al Iwatobi SC Returns.

—Te llamaré esta noche —habló Gou con la voz plana. Sin embargo, Haruka no emitió respuesta alguna, ni siquiera le dirigió la mirada, y tan sólo descendió del auto en silencio.

Sakura continuaba sin entender, así que tan sólo se limitó a seguir a su padre.

—Nos vemos, Gou-chan —se despidió mientras bajaba del coche, recibiendo una sonrisa de parte de la mujer.

—Nos vemos, mi amor —respondió ella y en seguida se llevó una mano a la boca, reprimiendo así un pequeño quejido que Sakura de todos modos alcanzó a escuchar.

—¿Gou-chan...?

Pero, Sakura, antes de alcanzar si quiera a preguntarle qué le ocurría y por qué parecía que ella iba a llorar, sintió el agarre de Haruka en su pequeño brazo halándolo hacia afuera del vehículo. Puso sus pies sobre la nieve del pavimento y vio cómo su padre empujaba la puerta del carro para cerrarla frente a sus ojos. Observó, frustrado, cómo Gou se marchaba inmediatamente del lugar.

—¡Yo quería habar con Gou-chan! —se quejó Sakura mirando a Haruka para exigir una explicación.

—Tenemos prisa. Ven, vamos a entrar al club —dijo el mayor, cogiendo la mano de su hijo.

Su padre actuaba de forma tan extraña. Aún quedaba tiempo antes de que las clases de natación comenzaran, lo intuía porque no había personas a la entrada del Iwatobi SC Returns. Además, ni siquiera Rin se encontraba afuera aguardando por él.

Los ojos de Sakura se ampliaron al instante al recordar al pelirrojo.

—Espera, papá, aún no puedo entrar al club —dijo en seguida, deteniendo sus pasos justo frente a las puertas de cristal del edificio. La mirada de Haruka se clavó agudamente en él—. Tengo cosa que hacer. Pero puedes adelantarte y yo te alcanzaré después —agregó, soltando la mano de su padre para comenzar a marcharse.

Sin embargo, el fuerte agarre en su mochila le impidió seguir caminando. Su padre le había detenido. Frunció el ceño fastidiado. No le gustaba cuando los demás coartaban su voluntad, mucho menos cuando estaba en juego un encuentro con Rin, ése era el detonante a la explosión.

—¡Oye, ¿qué haces?! —gritó Sakura con irritación, preparado para la confrontación.

—No irás a ningún lado —negó el mayor, sujetándolo con firmeza.

—¡Suéltame!

—¡Ah, Haruka, Sakura! ¡Qué bueno que están aquí!

La animada voz de Goro Sasabe y su rebosante energía los interrumpió. Padre e hijo detuvieron sus forcejeos mientras la tensión entre ambos comenzaba a disminuir.

—¡Luces terrible, Haruka! Apuesto que Sakura te ha dado muchos dolores de cabeza —bromeó Goro desde la puerta del Iwatobi SC Returns, soltando una sonora carcajada.

—Sakura ha actuado mal y hoy viene a disculparse —fueron las únicas palabras del pelinegro.

—Así que al fin ha reconocido su error, ¿eh? Vamos, entremos al club para conversar.

Aunque Sakura ya no opuso resistencia a su padre y avanzó hacia el recinto, de todos modos, mantuvo su cabeza volteada hacia un costado con los ojos moviéndose rápidamente de un lado a otro. Su corazón levemente agitado y expectante conservaba la esperanza de lograr divisar a Rin en la acera de enfrente. Sintió el peso de la desilusión en el momento en que su visión al exterior fue interrumpida por el traspaso del umbral de entrada al club. Cuando volteó su cabeza hacia adelante, alcanzó a percibir la insistente mirada de Haruka sobre sí y, por un breve instante, pudo advertir un reflejo de desconsuelo en los ojos del mayor antes que éste desviara su mirada.

—Y bien, pequeño Nanase-san, escucharé atentamente lo que tengas que decir —dijo Goro una vez que estuvieron dentro de su pequeña oficina. El entrenador se había sentado frente a su escritorio y había adoptado una postura más seria y formal.

—Quiero que me permitan seguir nadando en el club —demandó Sakura con tranquilidad, sentado del otro lado del escritorio.

—Oye, no estás en posición de exigir. Discúlpate primero —intervino Haruka, ubicado en una silla a un costado de su hijo.

—Pido disculpas. Ahora, quiero que me permitan seguir nadando en el club —repitió con toda simpleza.

—¿Es así de fácil para ti? —preguntó Goro, alzando una ceja— Sakura, la cámara de seguridad de la entrada del club delató cada uno de tus escapes. Te ibas sin el consentimiento de nadie y regresabas cuando se te daba la gana; te incorporabas a las clases de forma tardía, interrumpiendo las lecciones de los entrenadores y distrayendo a tus compañeros. Por si fuera poco, durante la tarde de ayer las clases fueron suspendidas porque estuvimos todos muy preocupados buscándote por los alrededores. ¿Comprendes la seriedad de esta situación?

—Sí, pero yo sólo quería ver a mi amigo, eso no es nada malo —se defendió con tranquilidad. Definitivamente, no le tomaba el peso al asunto.

—Pero también quieres continuar siendo parte del club, ¿verdad? En el Iwatobi SC Returns tenemos reglas que todos deben seguir y tú no estás exento de ellas.

—Lo sé, pero yo quiero estar con mi amigo —insistió, comenzando a impacientarse—. Mi papá dice que la amistad es una de las cosas más importantes que tenemos. Oye, papá, dile al entrenador Sasabe lo que tú siempre dices —Se volteó hacia Haruka en busca de apoyo, mas el pelinegro se hallaba ajeno a lo que estaba pasando; la azul y absorta mirada delataba que, en algún momento reciente, la mente se había ido a otro lugar—. Papá… ¡Papá, escúchame! —Sakura se mordió los labios con preocupación, teniendo que sacudir el brazo de su padre para lograr traerlo a la realidad.

—Ah… —Haruka parpadeó un par de veces y miró a su hijo, confundido.

Goro mantuvo sus ojos puestos en el joven padre.

—Haruka, parecías un cadáver ahí sentado, inmóvil y tan pálido. ¿Estás bien? Tengo unos bocadillos energizantes para deportistas, puedo pasarte algunos.

—Estoy bien, no es nada —respondió, llevándose una mano a la frente y deslizando sus cabellos hacia atrás. Sus mejillas tenían un tono ligeramente rojizo.

—Es evidente que no estás bien. ¿Enfermaste o algo? —insistió el entrenador.

—No, sólo me siento un poco sofocado. Necesito algo de agua, eso es todo —aclaró con rapidez, intentando mantenerse firme—. Sakura, discúlpate con el entrenador Sasabe por todos los problemas que has causado —agregó, recibiendo una mirada preocupada de parte del niño.

Sakura se daba cuenta que su padre continuaba comportándose de esa forma tan extraña, estando a su lado, pero al mismo tiempo dando la impresión de hallarse en un lugar lejano y desconocido. Ahora que Goro lo había mencionado, de verdad parecía como si Haruka hubiera cogido alguna enfermedad, más aún cuando el cuerpo del mayor temblaba a ratos y la frente ahora estaba aperlada por el suave sudor.

—Papá… —murmuró consternado, extendiendo su mano para sujetar con cariño la del mayor.

No le gustaba ver a Haruka en ese estado, le generaba temor el verlo tan debilitado; pensaba que, probablemente, el haber dormido poco durante la noche anterior era el causante de los malestares que ahora aquejaban a su padre. Así que se sintió culpable, porque recordaba muy bien que el mayor le había velado el sueño durante largas horas debido a las pesadillas.

—Perdón —Adquiriendo un semblante serio y decidido, Sakura se volteó hacia Goro y añadió:—, lamento haber causado problemas. De ahora en adelante, no me saltaré las clases. Lo prometo.

—¡Oh, eso es muy maduro de tu parte, Sakura! —exclamó Goro, gratamente sorprendido— En ese caso, puedes continuar nadando en el club todo lo que quieras.

—Pero también quiero estar con mi amigo, de verdad lo quiero mucho, así que lo invitaré al club para que nade el mejor relevo junto a mí —agregó con una brillante sonrisa en sus labios, la cual perduró escasamente hasta cuando sintió la fuerte presión de las manos de Haruka sobre las suyas.

Se sobresaltó y observó a su padre con sorpresa; éste se había levantado de su asiento repentinamente y ahora, casi tambaleándose, caminaba miserablemente para salir de la habitación como si estuviese intentando escapar, al tiempo en que se sujetaba el pecho con fuerza como si quisiera coger su corazón con su propia mano.

—Haruka, ¿qué sucede? ¿Estás bien? —inquirió Sasabe con suma preocupación.

—Necesito agua y aire —fueron las escasas palabras, pronunciadas en un hilo de voz casi doloroso, antes de desaparecer tras el umbral de la puerta.

Cuando el entrenador le preguntó a Sakura si sabía qué ocurría con Haruka, el niño afirmó diciendo que sus pesadillas habían impedido que ambos tuvieran una buena noche. Goro concluyó que el pelinegro se hallaba fatigado, que necesitaba comer algo nutritivo y descansar extensamente para recuperar energías; el pequeño, pese a no entender demasiado de esas cosas, estuvo de acuerdo con lo dicho. Como al final no se trataba de ninguna enfermedad, no había de qué preocuparse; su padre estaba bien, sólo que muy soñoliento y cansado, por lo que Sakura procuraría no molestarlo ni hacerlo enfadar.


=========000 Un par de horas antes…

Haruka se puso de pie y, con el autobús aún en movimiento, caminó hacia la puerta tras presionar el botón de descenso; el vehículo se detuvo, dejando entrar el fresco aire del exterior a través de las puertas abiertas. Bajó con cuidado posando sus botas sobre la nieve acumulada y, aunque no hacía mucho frío, de todos modos, subió el cierre de su abrigo y se acomodó la bufanda.

Caminó silenciosa y solitariamente sobre la acera, notando algunos vehículos aparcados a un costado. No le fue difícil reconocer a aquel pequeño automóvil que pronto llamó su atención. Se acercó de inmediato, distinguiendo en la mediana distancia la larga y rojiza cabellera de la joven dueña del coche.

Gou le observó desde el interior cuando Haruka hubo llegado a su lado. En seguida, y sin mayor alegría por verle, abrió la puerta y bajó.

Juntos, dejando huellas sobre la nieve, avanzaron en dirección a la Primaria Iwatobi.

—Tardaste en llegar. Pensé que no vendrías —manifestó ella, con un deje de sarcasmo mientras caminaba a su lado.

Haruka sólo guardó silencio, sintiéndose ligeramente fastidiado. Aunque, de todos modos, entendía la actitud de Gou, ya que habían sido muchas las veces en que él no había podido asistir a las reuniones con los maestros de Sakura debido a su trabajo en DolphinS. De vez en cuando le daban flexibilidad para retirarse antes del trabajo con la condición de que hiciera algunas horas extra más adelante; ésta había sido una de esas ocasiones y Haruka había aceptado sólo porque esta reunión con la maestra de su hijo era de carácter extraordinario, por lo tanto, de seguro le comunicarían algo importante acerca del niño.

—¿Es por la pelea que Sakura y Aiko tuvieron ayer? —inquirió Haruka, cruzando la ancha entrada de la escuela.

—Es lo más probable. La maestra estaba muy molesta cuando me contactó. ¿Hablaste con Sakura al respecto?

—Él no quiso hablar —Ante la simpleza en la respuesta de Haruka, la mirada de la joven se llenó de incredulidad.

—¿No le dijiste nada? Se supone que hablarías con él acerca de lo que ocurrió. Es importante saber su versión de los hechos, también —dijo ella, enfadada.

—Ayer no fue un buen día. Sakura escapó del club y tuve que salir a buscarlo; un amigo muy extraño le hizo llorar —explicó, notando cómo los ojos rojizos de la mujer se ampliaban con sorpresa.

—Oh, ya veo... —agregó, acomodándose inquietamente la bufanda alrededor de su cuello.

Haruka se sintió un poco irritado. Recordar los hechos del día anterior no resultaba para nada agradable; había estado absolutamente desesperado buscando a su hijo y luego, cuando al fin lo había encontrado, se había dado cuenta que éste tenía los ojos rojizos por haber estado llorando por causa de ese "amigo". Lo peor del asunto era que, por más que intentaba extraer información o convencer a Sakura de que ése sujeto le perjudicaba, todos sus intentos resultaban ser inútiles ante la obstinación del pequeño pelirrojo.

Volteó la cabeza hacia un costado para evitar que Gou viera su cara de fastidio. Fue entonces que, en la distancia, divisó la piscina de la escuela; no tenía agua y, probablemente, su interior se hallaría con capas nieve acumulada. A unos pocos metros de la piscina se hallaba el árbol de cerezos rodeado por los ladrillos que el mismo Haruka, a sus doce años, había organizado perfectamente para que sus compañeros de clase pudieran escribir palabras en ellos.

Free! había sido su propia palabra, aquella que solía usar incansablemente en ésa época de niñez en la que únicamente deseaba ser sólo él y el agua, nada más, nadie más. Pero la presencia de Rin, sus palabras y la promesa de mostrarle un nuevo paisaje, habían terminado derribando las barreras de su personalidad y transformando su realidad como nadie lo había hecho antes. For the Team fueron las palabras escritas en los ladrillos y que habían dado un significado completamente nuevo a lo que él consideraba como Libre.

Ahora, tanto Free! como For the Team habían quedado en el olvido, siendo borrados lentamente de los ladrillos debido a los cambios de las estaciones desde ese entonces. Incluso el árbol de cerezos estaba viejo y cansado, no tenía hojas, sus ramas estaban cubiertas por la nieve, y la debilidad le estaba consumiendo. Sakura le había mencionado que muy pronto aquel árbol sería derribado.

La visión del árbol de cerezos junto a la piscina quedó atrás cuando Haruka y Gou ingresaron al edificio.

Evidentemente, los niños estaban en clases en aquel momento, ya que los pasillos de la escuela estaban completamente vacíos y las agudas voces provenían únicamente desde el interior de los salones. No era la primera vez que ambos jóvenes estaban en la Primaria Iwatobi por asuntos de Sakura; era la responsabilidad de ambos el asistir a las reuniones de padres y maestros a finales de cada período académico -las cuales eran comunes para todos los estudiantes de la clase del pelirrojo- así como también a todas las numerosas reuniones extraordinarias convocadas únicamente por la mala conducta de Sakura.

Tras esperar un instante, Haruka y Gou ingresaron al salón de los maestros. El lugar estaba mayormente vacío, salvo por un par de profesores trabajando concienzudamente en sus propios asuntos y la maestra, encargada del grupo de Sakura, que les esperaba.

Keiko Sasaki era una mujer joven y de sonrisa ligera, tenía un carácter bastante amable, pero con la suficiente autoridad para mantener a los niños bajo control y disciplina. Debido al importante rol que cumplía ella en el crecimiento de Sakura como su tutora, era que estaba completamente enterada de que Haruka era padre soltero y que Gou era tía biológica y madre legal de Sakura a la vez. La identidad del otro progenitor del niño era un asunto desconocido para todos.

—Lamento haberlos convocado de un día a otro y en un horario tan complicado. Sé que el día de la reunión general con los padres es a fin de mes, pero la verdad es que necesito hablar de varios asuntos serios con ustedes —comenzó la maestra con tranquilidad, tras haberlos guiado a una oficina más pequeña y reservada donde sólo los tres pudieran conversar—. Primero, diré las cosas buenas. Las calificaciones de Sakura-kun en Educación Física y en Artes son realmente sobresalientes. Cada día me impresiono más de sus extraordinarias habilidades. Sin duda que él tiene un enorme talento que cultivar —agregó, logrando provocar un par de orgullosas sonrisas de los labios de Haruka y Gou, quienes compartieron una mirada de satisfacción entre sí—. Para la reunión de fin de mes les entregaré el boletín escolar con el detalle de las calificaciones del segundo período académico. Podrán comprobar que, en ésas materias, Sakura-kun sigue siendo el estudiante más destacado; ¡tiene logros excepcionales!

—¡Espero ansiosa ver las calificaciones! —manifestó Gou, sentada del otro lado del escritorio, con un suave rubor en sus mejillas. Los logros de su sobrino siempre otorgaban calidez a su corazón.

—En las otras materias, Sakura-kun ha tenido dificultades. Sigue distrayéndose durante las clases porque prefiere hablar con sus compañeros; no hace sus deberes y no obedece a los maestros. Aún queda un par de semanas antes de finalizar el segundo período, así que sería conveniente si ejercen un poco de presión en él para que estudie más. Algún incentivo de por medio sería una buena idea.

—Le diré que Santa-san no le traerá nada para Navidad —intervino Haruka.

—Es una buena idea, pero no basta sólo con una amenaza, ya que el proceso debe ir acompañado de un apoyo constante hacia el niño. Él merece crecer en un ambiente tranquilo donde se sienta atendido, amado y respetado. El día de ayer, se nos informó que Sakura-kun desapareció durante un par de horas; es un alivio saber que él está a salvo y que tan sólo se trató de una travesura, pero al mismo tiempo es un precedente de que hay algo que pueda estar perturbando su correcto desarrollo. Por eso es importante que los conflictos que ustedes tengan en casa no perjudiquen a Sakura-kun.

—Nos preocupamos siempre de atender las necesidades de Sakura. Él se está desarrollando en un ambiente tranquilo, pacífico y con mucho amor de parte de nosotros, maestra Sasaki —aseguró Gou con suma tranquilidad, aunque pretendiendo dejar bien en claro la positiva crianza de su sobrino.

—La conducta que Sakura-kun demostró ayer durante su pelea con Aiko-kun fue bastante violenta —añadió la maestra, seriamente—. Sé que los niños acostumbran a los juegos bruscos y a veces terminan en malos entendidos, pero ayer Sakura-kun fue muy agresivo con uno de sus compañeros sin una causa justificada. Los maestros le preguntamos varias veces por qué había reaccionado así, pero no quiso dar respuestas. Me gustaría saber si Sakura-kun ha presenciado en casa algún acto violento que pudiera imitar.

Haruka frunció el ceño inmediatamente.

—En mi casa no hay violencia —se defendió, sintiéndose irritado por la insinuación de Keiko—. Mi hijo actúa así porque tiene ocho años y aún no aprende a controlar sus emociones. Pero le estamos educando bien.

—Maestra Sasaki, sabemos que Sakura es inquieto y muchas veces no piensa antes de actuar, pero es un buen niño y tiene un gran corazón —agregó Gou.

—No tengo dudas en que es un buen niño, Matsuoka-san. Sakura-kun es una persona muy honesta con sus sentimientos y con sus actitudes, pero, como su maestra tutora, estoy preocupada por su comportamiento de este último tiempo.

Haruka, que había antes tomado una actitud defensiva, de pronto parecía estar cediendo a una de gran preocupación. En ese último punto estaba de acuerdo con la maestra. Él también había notado cambios en el comportamiento de Sakura que coincidían con la llegada de ese supuesto amigo que el niño decía tener, y al parecer los cambios de conducta también los estaba reflejando en la escuela. Sintió impotencia y a la vez preocupación, ¿hasta dónde iba a llegar todo este asunto?

—Como les dije, Sakura-kun es una persona honesta. Pese a su falta de disciplina, yo confío plenamente en él y siento que sus expresiones son sinceras. Por eso, quiero que observen atentamente esto...

Keiko se levantó de su silla y caminó hacia un estante de madera que estaba a un costado de su escritorio; el mueble tenía muchos libros y archivadores con documentos importantes de la escuela. Tras extraer un gran sobre de papel, volvió a sentarse en su lugar.

—Esta es una muestra de los talentos artísticos de Sakura-kun —dijo ella, mientras extraía una serie de hojas de papel, las cuales fueron extendidas sobre la mesa. Haruka y Gou se acercaron aún más para poder observar—. Él guarda esto debajo de su escritorio cada día. Sentí el deber de sacar copias para mostrárselas a ustedes.

Se trataba de copias en colores de muchos dibujos que Sakura había realizado en la escuela en sus "ratos libres" o, mejor dicho, cuando estaba en medio de alguna clase y no tenía deseos de hacer su tarea. Eran creaciones infantiles muy bonitas y de colores vivos y brillantes, que retrataban cascadas y playas, piscinas con él y Haruka nadando en ellas, jardines llenos de árboles de cerezos, él y Gou comiendo galletas y tomando leche de fresa, entre otras cosas…

Ambos padres sonrieron satisfechos. Admirar las bellas obras de arte de Sakura les llenaba de orgullo.

—Esos son los dibujos que Sakura-kun creó a comienzos del segundo período académico. Pero, ahora, vean las obras que ha estado dibujando recientemente... —dijo Keiko, colocando sobre la mesa otro grupo de copias.

Era una serie de autorretratos de Sakura mostrándose muy enfadado y, en algunos dibujos, incluso tenía lágrimas en los ojos. Los colores usados ya no eran alegres sino más bien eran tonalidades azules, marrones y grises, retratando mucha lluvia a su alrededor. Era cierto que Sakura se volvía más melancólico cuando llegaba el invierno, pero realmente sus dibujos evocaban una sensación de tristeza e ira.

—Estos dibujos son evidentes reflejos de los sentimientos de Sakura-kun —comentó Keiko, removiendo nuevamente las hojas para descubrir más dibujos deprimentes—. Como pueden ver, hay algo que ha empezado a afectarle seriamente. Mi deber como maestra es velar por el bienestar de mis estudiantes, por eso les pregunto a ustedes, los padres de Sakura-kun, ¿están bien las cosas en casa? ¿Hay algo de lo que me deba enterar?

Aquellas preguntas hicieron que Gou se moviera inquieta sobre su silla y que Haruka desviara la mirada hacia un costado.

Gou sabía perfectamente que la llegada de Rin había traído un poco de agitación a la vida de Sakura. Su sobrino había descubierto un gran referente a seguir en Rin, le imitaba en muchas cosas, le admiraba y ansiaba verlo cada día. De acuerdo a las cosas que le contaba su hermano, padre e hijo se reunían todos los días antes de que las clases de natación de Sakura comenzaran; el pequeño, en algunas pocas ocasiones, había llegado un par de minutos tarde al club, pero no era un tiempo excesivo como para que pudiera afectarle, además se compensaba con el hecho de que el niño se mostraba más alegre y feliz tras cada encuentro con Rin. Gou sólo podía recordar un sólo momento en que Sakura había estado realmente mal, y fue aquella ocasión cuando Rin se enteró que él era su hijo; la mujer había llegado justo a tiempo para cuidar de su sobrino quien parecía vulnerable y asustado, le había llevado a casa para que tomara un baño, le había secado el cabello y le había preparado leche caliente, todo para evitar que Sakura recibiera un impacto tan fuerte tras haber visto a Rin en una de sus crisis. Lo bueno es que Sakura se había recuperado con rapidez y, pese a que el niño continuaba recordando lo que sucedió aquella vez, no había afectado en nada la relación que había comenzado a construir con Rin.

Por todo eso, para Gou era difícil crear una conexión entre la positiva llegada de Rin y los dibujos tristes e iracundos que Sakura creaba.

Sin embargo, la perspectiva de Haruka era radicalmente distinta.

De un momento a otro, Sakura había conseguido un sospechoso amigo del cual no dejaba de hablar en todo el día. Haruka había creído que eso era bueno ya que su hijo se mostraba feliz, pero dicha alegría había perdurado sólo los primeros días ya que, con el tiempo, había encontrado numerosas veces a Sakura llorando desconsolado y confundido en su habitación y, por más que intentaba pedirle que le contara lo que había ocurrido, el niño permanecía hermético y sin querer decir ni una sola palabra. Eso era muy frustrante para Haruka, quien veía cómo, por primera vez, su hijo comenzaba a ocultar cosas. El asunto había empeorado cuando el entrenador Sasabe acusó a Sakura de haber estado escapando del club todos los días y de llegar retrasado a las clases de natación no sólo un par de minutos tarde, sino que a veces con media hora de retraso o incluso más, todo por estar reuniéndose con aquel dudoso amigo que a los ojos de Sakura era tan maravilloso.

Cuando el pelinegro veía los dibujos de Sakura, sólo podía ver la gran tristeza que aquella detestable persona provocaba en su hijo; podía deducir, además, que la rabia expresada en los trazos y colores se debía a las varias discusiones existentes entre padre y el niño debido a todo este asunto del misterioso amigo. Claro, a Haruka no le gustaba ese sujeto tan sospechoso y eso hacía sentir frustrado a el niño.

Keiko, quien les observaba atentamente, dejó escapar un suspiro de resignación tras no haber recibido respuesta de parte de ninguno de los padres. Se levantó nuevamente de su escritorio y, del mismo estante, extrajo otro sobre de papel.

—Afortunadamente —continuó la maestra—, Sakura-kun es muy ordenado con sus dibujos, así que podemos llevar un registro cronológico de sus creaciones. Gracias a eso, pude darme cuenta que la fecha en que Sakura-kun comenzó a crear esos dibujos tan deprimentes coinciden con la creación de estos otros que tengo aquí en mis manos…

Fue entonces, cuando la maestra extendió una nueva serie de dibujos sobre la mesa, que los ojos de Haruka se ampliaron exageradamente. Contrastando con los anteriores dibujos en los cuales Sakura se autorretrataba enojado y llorando, éstos nuevos lo mostraban muy sonriente y feliz bajo la lluvia, junto a un pequeño gato amarillo y junto a una persona de cabellos rojos y exagerados dientes afilados.

El estómago de Haruka se contrajo por completo al tiempo en que sentía cómo su corazón comenzaba a bombear estrepitosamente dentro de su pecho. Pestañeó dos veces, como si sus ojos hubiesen quedado cegados por un momento, y luego comprobó una vez más que lo que veía era completamente cierto: el infantil dibujo mostraba la figura de una persona pelirroja que claramente no eran ni Gou ni Miyako, ya que Sakura solía dibujarlas con el cabello mucho más largo y con expresiones características de sus rostros. Sólo la imagen de Rin aparecía en la mente de Haruka, una y otra vez, con sus ojos rojizos, el cabello granate, y la aguda sonrisa.

Siendo incapaz de controlar la tensión de su cuerpo, como si estuviera en shock, Haruka volteó muy lentamente la cabeza en dirección hacia Gou en busca de explicaciones. Su profunda mirada azul se encontró con los ojos grandes y tambaleantes de la joven, quien se mordía el labio inferior mientras su pecho ligeramente subía y bajaba producto de la agitación de haber sido descubierta. Haruka se dio cuenta, en ese preciso instante y sin intercambiar palabra alguna, que Gou sabía muchas cosas de las cuales él aún no estaba enterado. Y, aun sin entender nada de lo que estaba ocurriendo, sintió cómo el amargo vacío de la desilusión comenzaba a dominar su corazón.

—¿Quién es esa persona? —preguntó la maestra, ajena a la debacle mental de los dos jóvenes padres, señalando el dibujo de Sakura.

Haruka apartó la mirada de Gou y la dirigió hacia el dibujo. No había duda alguna, ése era Rin Matsuoka, la persona que había cargado a Sakura en su vientre durante ocho meses, lo había dado a luz y, luego de dos meses, lo había abandonado sin dar ninguna explicación de por medio.

Al recordarlo, lo único que Haruka pudo sentir fue una efervescente furia expandirse por todo su cuerpo. Se volteó nuevamente hacia Gou y ya no pudo verla con desilusión, sino más bien como cómplice de algo tan escabroso.

Fue en ese momento, cuando Haruka comenzó a verla como una amenaza, que la mirada de Gou se transformó en seguridad y decisión. Aquel fue el instante preciso en que ambos jóvenes llegaron al punto sin retorno.

—Esa persona es alguien a quien Sakura ha estado esperando durante toda su vida —sentenció finalmente la pelirroja.


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El brillante sol de mayo encandiló los azules ojos de Haruka, pero aun así consiguió seguir corriendo sin tropezar. Muy pronto llegaría el verano, hacía calor y el último botón de su camisa le sofocaba; lo aflojó mientras esquivaba a un par de personas y, en el acto, rozó con sus pies un par de frágiles dientes de león que volaron con el viento.

Iba retrasado a recoger a Sakura al jardín de infantes. Había intentado salir a tiempo de su trabajo en DolphinS, pero algunas actividades de último minuto le habían retrasado. De todos modos, no era la primera vez que ocurría, había habido otras ocasiones en que Haruka se había tardado un poco en recoger a su hijo. En esas ocasiones, Sakura esperaba pacientemente en su escuela jugando y cantando canciones con alguna maestra; el tiempo pasaba rápidamente para el pequeño pelirrojo, así que aguardar por su padre no era tanta molestia. No obstante, a Haruka no le gustaba hacer esperar a su hijo; por lo general, pedía ayuda a Gou o a Miyako para que fueran a recoger a Sakura, pero había ocasiones en que simplemente nadie podía hacerse cargo del niño, así que no había otra opción que pedirle que esperara en el preescolar.

Tras correr varias cuadras largas, al fin llegó a la escuela de Sakura. Era una pequeña y adorable casa en cuyos muros externos había algunos dibujos infantiles que le decoraban; el jardín delantero tenía muchas flores que a Haruka y su hijo le encantaban, y había aves que acostumbraban a bajar a descansar sobre el césped. Los niños ya se habían marchado a sus hogares y sólo quedaban algunas maestras realizando labores finales.

—Buenas tardes, Nanase-san —saludó con una sonrisa una joven maestra cuando vio a Haruka entrar al lugar—. Sakura-kun está atrás en el jardín.

Haruka agradeció la amabilidad y avanzó respetuosamente al interior de la casa. Había ido muchas veces al lugar, era bien iluminado, cálido y tenía un buen ambiente; siempre le llamaban la atención los dibujos en hojas de papel que los niños solían pintar para ser exhibidos en uno de los muros; las creaciones de Sakura habían estado en más de una ocasión exhibidas para la apreciación de todos, y Haruka no podía sino sentir orgullo por su hijo.

Llegó hasta la puerta que daba el paso hacia el jardín trasero esperando ver a su adorado Sakura, de cuatro años de edad, jugando y correteando alegremente por el lugar. Sin embargo, lo que encontró fue a su pequeño hijo sentado sobre la arcilla, con su rostro recibiendo los rayos del sol de verano que pasaban entre las hojas de un gran árbol frente a él; era un bello cerezo cuyas flores se las llevó el viento hacía algunas semanas atrás.

Haruka observó atentamente a su hijo, quien parecía pensativo y melancólico.

—Sakura —le llamó, recibiendo al instante la infantil mirada azul.

Vio cómo el pelirrojo se levantó lentamente, sacudiendo con una mano un poco de la tierra que había quedado en sus rodillas descubiertas, posicionó bien su pequeño bolso que colgaba desde su hombro derecho, cruzaba su pecho y caía junto a su cadera izquierda, y luego se inclinó para recoger una flor y unas hojas que, al parecer, él mismo había dejado en el suelo momentos antes.

—¿Te pasó algo? No te ves muy animado —le preguntó Haruka una vez que el niño hubo llegado a su lado. Mas en pequeño tan sólo negó con la cabeza mientras cogía la mano de su padre—. Regresemos a casa.

Algunas maestras que se encontraban por los pasillos se despidieron con cortesía de Haruka y Sakura, quienes prontamente abandonaron el jardín de infantes.

El camino a casa era muy tranquilo y relajante, a paso lento para ir al ritmo del menor. El casi inexistente ruido del tráfico era perfecto para escuchar el canto de las aves y el de algunos insectos entre los arbustos; detrás del sonido de las ramas de los árboles que se frotaban con cada suave brisa de verano, incluso se podía escuchar el lejano romper de las olas de la playa de Uradome. Había que recorrer largas cuadras bajo el sol, para Haruka no era gran molestia y Sakura vestía el veraniego sobrerito amarillo que formaba parte del uniforme del preescolar, el cual le protegía del calor y de los rayos solares.

Haruka volvió a observar atentamente a su pequeño hijo, quien de manera inusual seguía tan concentrado en sus propios pensamientos. Notó que aún sostenía aquella flor en su mano, era un precioso clavel con pétalos completamente rojos y un delgado tallo adornado con una delicada cinta blanca; junto a la flor, también sostenía algunas cuantas hojas de árbol de cerezos.

—¿Alguien te obsequió esa flor?

Sakura alzó su mirada hacia su padre y entrecerró sus azules ojos cuando los rayos del sol se reflejaron en ellos.

—Papá, ¿dónde está mi mamá?

Por un momento, las aves dejaron de cantar y el sonido del mar en la distancia se volvió un poco más fuerte. Los pasos de Haruka se habían detenido y ahora observaba a Sakura, desde lo alto, con perplejidad en su rostro.

Era la primera vez que el niño preguntaba sobre su otro progenitor.

—…¿Por qué me preguntas eso?

Las palabras salieron sin ser pensadas de la boca de Haruka. Hasta el momento, todo lo concerniente a Rin había sido dejado a un lado; no es que Haruka le estuviese ocultando cosas a Sakura, sino que contarle a un niño que su padre se había marchado no era un asunto tan fácil de explicar.

—La maestra Yoneda dijo que hoy es el día de la mamá. Me dieron una flor para que entregarla a mi mamá —explicó Sakura con su aguda y tambaleante voz infantil, mientras Haruka sentía cómo su propio pecho se comprimía lentamente—. Los otros niños flores a sus mamás, pero yo no quería solo una flor así que conseguí hojas. Pero mi mamá no está por ninguna parte —dijo él, notándose la desilusión en su suave voz—. La maestra Yoneda dijo que yo podía obsequiarle la flor a ella, pero la maestra Yoneda no es mi mamá. La maestra Yoneda es la maestra Yoneda. Papá, ¿dónde está mi mamá?

Haruka tan sólo le observaba con grandes ojos, con su corazón trizado, y sin saber qué responder. Tal vez Sakura no se daba cuenta completamente, pero lo que le había ocurrido en la escuela era algo bastante cruel. En las escuelas, los niños solían preparar obsequios para homenajear a sus madres, y Sakura se había esmerado en tener no sólo una flor, sino también hojas frescas de verano para obsequiar a alguien que finalmente nunca llegaría, ése alguien que probablemente jamás se enteraría de la desilusión causada en un pequeño de tan sólo cuatro años.

Ahora comprendía por qué había encontrado a Sakura tan silencioso en el jardín de infantes, sentado melancólicamente mientras observaba el árbol de cerezos. Quizás qué cosas había estado pensando e imaginando su hijo durante todo ese rato que estuvo solo, probablemente cuestionándose por qué todos sus compañeros tenían una mamá que los pasaba a recoger al preescolar y que él jamás había caído en cuenta de que le faltaba una.

Sakura ahora le observaba con los ojos apocados, esperando una respuesta a su pregunta. Sin embargo, Haruka, además de sentir una tremenda tristeza por su hijo, también comenzaba a sentir rabia por las injusticias de la vida. No era justo que su pequeño bebé tuviera que vivir estas situaciones. Sakura tenía dos padres, ¿por qué las cosas no podían haber transcurrido de manera ideal? Rin había desaparecido hace cuatro años sin dar explicación alguna, llevándose con él las ilusiones de Haruka formar una hermosa familia. Había esperado por el pelirrojo cada día, cada noche, mientras cuidaba del bebé y le contaba historias de cuando ambos nadaban juntos alrededor del mundo. Pero nunca hubo señales de Rin y, con el tiempo, Haruka fue perdiendo la esperanza y resignándose a continuar solo. Tuvo que cargar con toda la responsabilidad de una paternidad a temprana edad cuando aún no acababa los estudios en la universidad e incluso se forzó a sí mismo a renunciar a sus sueños para poder cumplir bien con su rol de padre.

¿Y Rin? ¿Dónde diablos estaba Rin?

—¿Dónde está mi mamá? —preguntó Sakura, por tercera vez, y ahora sus ojos azules se estaban volviendo húmedos en señal de que pronto comenzaría a llorar.

Haruka cerró sus ojos durante un momento, escuchando el sonido del mar en la distancia con las olas que reventaron y se retiraron comos si dijeran adiós. Los pájaros cercanos emprendieron vuelo y el canto se desvaneció. La brisa de verano removió sus negros cabellos y se marchó llevándose una pequeña lágrima que apenas había alcanzado a nacer.

Haruka decidió, a partir de ese momento, que Rin había muerto.

Continuará…


Capítulo 14

Cuando Llueven Estrellas


Notas de autor:

Ahora es cuando comienzan las crisis existenciales de Haruka. Estoy segura que, tal vez, algunos lectores esperaban que Haruka descubriera la presencia de Rin de una forma más explosiva. La razón por la que hice que Haruka descubriera de manera indirecta (a través de los dibujos de Sakura) que Rin está de regreso se debe a que quise hacer un ligero paralelo con el canon de la nueva novela oficial de Free! estrenada a mitad del año 2017 (pueden leerla en la página de Facebook Academia Free). En dicha novela se deja en claro que, un día, Haruka por la madrugada sintió una fuerte ansiedad inusual que lo llevó a levantarse y salir a caminar por la noche en dirección a la Primaria Iwatobi. Cuando llegó al lugar, vio la letra F escrita en el suelo y pensó de inmediato en Rin y en las palabras Free y For The Team; debido a eso fue que Haruka intuyó inmediatamente que Rin había escrito aquella palabra y que, por lo tanto, había regresado a Japón. Los sentimientos que experimenta Haruka al enterarse de que Rin ha regresado son muy intensos, como agitación en su corazón, alboroto, un fuerte deseo de sumegirse en el agua, etc., tanto así que falta a la escuela el primer día de clases. El segundo día de clases es cuando comienza la primera temporada de Free! y pues esa misma noche ocurre el primer encuentro con Rin en el club abandonado, encuentro que no tomó del todo por sorpresa a Haruka (ya que sabía desde el día anterior que se encontraría con Rin). Pues bien, ahora de regreso a Cuando Llueven Estrellas, quise hacer algo parecido y recrear esa 'tortura' en Haruka al saber que Rin está de regreso pero aún sin poder verlo; intenté mostrar, a través de los ojos de Sakura, cuan afectado estaba Haruka tras enterarse de todo, aunque por supuesto que Sakura aún no entiende nada de lo que realmente está pasando y tan sólo cree que su padre está cansado por haber pasado una mal noche. En el próximo capítulo profundizaré más en la perspectiva de Haruka, don't worry!

Respecto a Rin, es difícil ser constante con él, ya que mental y emocionalmente no está bien. Aunque, como pueden darse cuenta, él ha tenido sus avances y ha reconocido cosas y ha aceptado hablar de asuntos que antes estaban bloqueados para él. El buen Sousuke se esfuerza por reforzar la seguridad y lo que queda de autoestima de su amigo.

En cuanto a Gou, ella es la mejor tía y mamá que Sakura podría tener. Ya tendré tiempo para profundizar en su historia.

Y, finalmente, el pequeño bebé cereza. Al final del capítulo anterior mencioné que algo había cambiado en Sakura en aquel momento cuando estaba con Rin en la casa y vieron a Haruka a través de la ventana. La primera manifestación de ese cambio es la pesadilla del comienzo; más adelante habrán más señas. Por otra parte, Sakura tiene sus dilemas respecto al club de natación, a sus amigos, y a su equipo de relevos, cosas que profundizaré a partir de ahora.

En fin, leí una y mil veces los mensajes que me han dejado con palabras de apoyo, con críticas constructivas, con fangirleos varios, y por supuesto también a aquellas personitas que han creado dibujos en honor a este fic o que me han enviado canciones diciendo que les recuerda a mi CLLE. ¡LOS AMO MUCHO!

...

PD: ¿Alguien tiene alguna idea de por qué, hasta ahora, no han habido tantas menciones a la natación en Cuando Llueven Estrellas considerando que la serie es presicamente de natación?