Epílogo.
Harry despertó, parpadeó ante los puntos frente a sus ojos. Se sentía como si alguien hubiera fulgurado una luz brillante en sus ojos, pero el dormitorio todavía estaba oscuro. Levantó la mano derecha para secarse el cabello que le había caído en la cara y sus dedos rozaron la cicatriz. Se preguntó qué estaría haciendo Tom, había extrañado mucho a su amante desde que había regresado a Hogwarts y sus recientes discusiones no lo habían ayudado. ¡TOM!
Instantáneamente todo volvió de golpe a él: los doce regalos de Navidad, la ceremonia, Draco matando a Tom…
Entonces había abierto el Portal, usando el octavo y noveno hechizo de Moriah para tomar su dolor sobre el mundo, maldiciéndolos a todos. ¿Pero entonces cómo volvió al dormitorio de la Torre Gryffindor? Sacó su varita con una alocada idea asaltándolo.
—Tempus— murmuró, la fecha y hora aparecieron brillantes ante sus ojos.
Sus sospechas fueron confirmadas. Había regresado en el tiempo, de vuelta a la noche anterior a la que había recibido el primer regalo de Tom. No tenía idea de cómo pudo suceder esto, a menos… ¿Había dicho el hechizo del tiempo al instante en que había sido succionado por el Portal dimensional? ¿O algún poder superior había intervenido? Francamente no le importaba. Tenía la oportunidad de salvar todo esta vez. Podía salvar a Tom.
Una perversa idea se formó en su cabeza y esperaba que algún día Lucius fuera capaz de perdonarlo. Sabía que el Malfoy mayor no era tan unido a su hijo, pero Draco desafortunadamente era su único hijo y heredero. Vistiéndose con rapidez, Harry tomó su varita antes de meter su mano bajo la cama para sacar una larga figura envuelta en una tela. Reverentemente desenvolvió la tela para revelar la afilada y reluciente hoja de la espada de Gryffindor. Hermosa. Salió disimuladamente de la Torre Gryffindor, caminó silenciosamente hacía los dormitorios de Slytherin. La víbora guardiana no tuvo problemas en dejarlo entrar.
Lanzó rápidamente un hechizo silenciador que le aseguraba que no despertaría a ninguno de los compañeros de Draco —aunque estuvo tentado a despertar a Blaise y permitirle participar en la diversión—, pero en estos momentos no tenía planes de demorar las cosas. No hacía esto por crueldad o venganza, no completamente, y el amanecer se acercaba con rapidez. Un certero movimiento hizo que los ojos se abrieran lo suficiente para que contemplara su muerte, y para que Harry pudiera ver cómo los ojos grises se ponían vidriosos. Sintió remordimiento, pero no arrepentimiento. Levantó la espada una vez más y Harry se complació por los hechizos que la mantenían tan filosa cuando cortó el cuello de Draco con el fin de llevarse la cabeza del Slytherin.
Aprovechó para ponerse una gran cantidad del caro perfume de Draco y encendió la chimenea. Destruyó su duro trabajo entre las llamas antes de borrar cualquier asomo de magia en la habitación. Sabía que los demás despertarían antes de que el cuerpo de Draco se consumiera completamente, pero el fuego haría suficiente daño para no levantar sospechas contra él. Salió rápidamente de territorio Slytherin, usando pasajes escondidos para llegar sin ser detectado a la lechucería. Después de unos cuantos hechizos, la cabeza de Draco estaba cuidadosamente envuelta en papel de Navidad y en camino para ser entregada a Tom. Bostezando, Harry se dirigió de vuelta a la Torre Gryffindor, tarareando para sí y complacido con su trabajo.
Ahora sólo le quedaban otros once regalos que preparar y no podía esperar para volver a recibir los propios. Y esta vez nada iba a arruinar su Navidad y próxima boda. Ni siquiera aquellos que le habían dado esta nueva oportunidad.
Tom estaba casi emocionado cuando envió la lechuza con el regalo de Harry. Tenía todo planeado, hasta el más mínimo detalle. Se aseguraría de que ésta Navidad fuera la mejor que hubiera tenido su amado. Nadie podría superar los regalos que tenía planeados… regalos hermosos y mortíferos. Regalos que serían útiles en los tiempos que vendrían.
Al ver alejarse el presente, Tom se sorprendió de ver una lechuza volando hacía él. Si no se equivocaba parecía la lechuza que Harry utilizaba para enviarle algo a él. El ave se acercó y Tom se complació al notar que era la segunda lechuza de Harry —Hedwig era demasiado evidente, después de todo— y dejó abierta la ventana. La lechuza entró graciosamente, depositando el paquete en el escritorio de Tom, luego se deslizó al stand de las lechuzas dónde le esperaba agua y comida. Era claro que se trataba de un regalo de Harry. Para él. Casi le sorprendió recibirlo, habían tenido unas desagradables peleas por carta porque Harry había decidido quedarse en Hogwarts para Navidad, pero parecía que el chico no estaba realmente enojado.
Tom rasgó animadamente el papel y se encontró de frente con los vidriosos ojos de Draco Malfoy. Casi dudando, tomó la nota que estaba en la boca del heredero Malfoy, preguntándose si después de todo el regalo era de Harry… eso no era típico de su amante. Sabía que no había buenas relaciones entre el joven Malfoy y Harry, pero no creía que todavía seguían siendo abiertamente hostiles. De hecho, Tom había contemplando convertir a Draco en uno de los consejeros de Harry en el futuro; Draco no era como su padre, pero aún así era un Malfoy y eso tenía bastante peso.
La nota le probó que no estaba equivocado. Tom no pudo evitar que una oscura sonrisa de complacencia inundara su rostro… Harry y él eran más parecidos de lo que había pensado y esperado. La nota decía:
En el Primer Día de Navidad, a mi Verdadero Amor le envío:
La cabeza del traidor Draco Malfoy envuelta muy bonita…
