Harry estuvo un tiempo pensando en la piedra filosofal, de hecho durante varios días ocupaba casi todo su pensamiento al límite incluso de llegar a obsesionarse; sabía que la piedra estaba custodiada por un cerbero, y seguramente también lo estaría por distintos hechizos y barreras mágicas, por lo que no tenía realmente que preocuparse por ello pues estaba bien protegida; sin embargo, no podía dejar de sentirse algo inquieto, con todo lo que había visto en el trabajo de su madre sentía que no podía quedarse de brazos cruzados y hacerse a un lado mientras eso sucedía. Había leído que Voldemort le temía a Dumbledore, por lo que dudaba que la piedra estuviese en verdadero peligro mientras el director se encontrase allí. De todas maneras, en sus ratos libres, que no eran muchos, estudiaba a los cerberos y las leyendas relacionadas con ellos.
Pronto llego el mes de junio y con él la recta final del curso; Harry se organizó un horario de estudio muy compensatorio de forma que para sus capacidades le permitía tener la concentración necesaria para estar varias horas al día estudiando sin cansarse; eso aparto de su mente a Voldemort y la piedra filosofal, lo importante ahora era centrarse en los estudios y volver a casa con buenas notas; no podía permitirse suspender, aunque todo lo que había suspendido en navidades hubiese sido completamente intencionado. Una semana antes de los exámenes recibieron el calendario; los exámenes teóricos eran por las mañanas y los prácticos por la tarde, excepto el de astronomía que obviamente era por la noche. Conocer el horario le permitió organizarse mejor el repaso final de todas las materias. La sorpresa, les habían puesto el último examen un sábado, Harry nunca había hecho un examen un sábado, es más no tenían clase los sábados.
El lunes después del desayuno tuvieron el examen de historia, del cual muchos salieron descontentos pues la historia era la asignatura que más detestaban la mayoría por aburrida, claro que tener como profesor a un fantasma quizá tenía que ver en eso; por la tarde, antes de la cena hicieron el de vuelo que consistía en completar simplemente un circuito aéreo; y por la noche el de astronomía el cual consistía en localizar distintos puntos del cosmos de los dados por clase indicados por la profesora. El martes tuvieron por la mañana el teórico de pociones y por la tarde el práctico que consistía como Harry había imaginado en una poción simple con aspecto de complicada únicamente por un pequeño delicado paso que había que hacer; Harry creyó que le salió bastante bien. El miércoles realizaron el de transformaciones, examen que resulto complejo, tanto como lo era la asignatura, Harry hizo su mayor esfuerzo, el examen en si era más complicado que transformar la cerilla en la aguja. El jueves toco el de encantamientos, un examen bastante simple puesto para aprobar fácilmente a la gente excepto por un par de encantamientos algo más complicados que eran para nota; se notaba que el profesor Flitwhich no quería suspender a nadie. Herbología fue el viernes, en el las preguntas del teórico se relacionaban con el ejercicio práctico de por la tarde; si no hubiese sido por el examen del sábado, habría terminado con ese su semana de exámenes, pero quedaba el de defensa contra las artes oscuras. El examen de defensa contra las artes oscuras, el teórico abarcaba todo lo explicado a lo largo del curso de forma minuciosa, fue el examen que más gusto a Harry; en cuanto al practico, realmente no existió, pues no habían recibido ninguna lección practica a lo largo del curso.
Ese mismo sábado, durante la cena noto algo que le hizo recordar de golpe la piedra filosofal; el director no estaba en la mesa, pero no fue eso lo que lo alarmo realmente, lo que hizo a su mente reaccionar sino el comentario que escucho a un alumno de su casa sobre que el profesor Dumbledore se había marchado del colegio, si Voldemort quería la piedra seguramente actuaría esa misma noche. Dudo unos instantes, no sabía si contárselo a algún profesor o no, seguramente lo tomarían por loco o le harían incomodas preguntas, pues se suponía que no tenía por qué saber nada sobre la piedra, quería en esos momentos poder contar con el consejo de los adultos en quienes confiaba pero no tenía tiempo para contactarlos; debía tomar una decisión.
Estuvo pensativo en la sala común; subiendo a su habitación y sin participar en la celebración del fin de los exámenes que habían organizado los de quinto y séptimo año, los que tenían los exámenes más decisivos. Ernie y Justin se preocuparon por él y subieron a la habitación, pillandolo con la capa de invisibilidad mirándolo sorprendido.
- Chicos no hay tiempo – dijo – por favor buscad a la profesora Sprout y decidle que Voldemort – ignoro cuando se sobresaltaron – va a intentar robar la piedra y que me he ido a ver si logro adelantarlo y sacarla de allí antes de que llegue – les dijo apresurado y alarmado - ¿alguno de vosotros tiene algo de música?
- Yo tengo una flauta – dijo Justin – ¿Para que la quieres?
- Dormir a un cerbero – respondió simplemente
- Vamos contigo – dijo Ernie con determinación
- No, hacedme caso, id por la profesora
Dicho esto se cubrió con la capa y comenzó a caminar, Justin y Ernie le seguían como tapadera en parte para poder salir de la sala común sin llamar realmente la atención. Se separaron el llegar al vestíbulo, mientras Harry se dirigía al tercer piso, los otros dos salían cada uno en una dirección en búsqueda de la profesora, se habían puesto de acuerdo de por dónde buscar para hacerlo más rápido y con mayor efectividad. Harry agradecía que le hubiesen hecho caso, no tenía ninguna intención de arrastrar a sus amigos al peligro.
Llego al tercer piso, encontrando la puerta que resguardaba a Fluffy abierta, mal presagio, no le agradaba y se arrepentía de haber ido allí, pero ya no había marcha atrás, debía seguir adelante con su decisión y ser consecuente de ella, la trampilla estaba abierta y en una esquina había un arpa sonando, encantada para producir música de forma autónoma, Harry ignoraba cuanto tiempo duraría el hechizo, se acercó a la trampilla, no se veía nada al fondo, solo oscuridad. Se quitó la capa y se la guardo antes que nada
- ¡Lumos! – conjuro para iluminar, pero fue en vano
Harry llego a la conclusión que tendría que dejarse caer, cosa que no le gustaba podría llegar a ser altamente peligroso; se encogió de hombros y se descolgó en el interior, notando una caída al vacío de unos ocho segundos lo que multiplicándolo por el cuadrado de la gravedad, despreciando por su puesto la gravedad real en ese punto de la tierra el cual desconocía y empleando lo matemáticamente acertado como gravedad, equivalía a unos setecientos sesenta y ocho metros de altura aproximadamente, sin contar los decimales. Callo cobre algo mullido y blando, una especie de planta, la ilumino con la varita era un lazo del diablo que ya había comenzado atrapándole las piernas
- ¡Lumus Solem! – pronuncio apuntando con la varita a la planta para que lo soltara; fuego y sol era lo que podía anularla, pero su hechizo no era tan potente como para matar ese esqueje; aprovecho la momentánea debilidad de la planta para escapar de ella.
Tras evadir la planta siguió adelante, por el único sitio que podía, una especie de pasadizo que dio a una sala, una especie de cámara con un montón de alargados objetos brillantes volando, se fijó bien, eran llaves, se acercó con cuidado a la puesta que tenía en frente, tras un vistazo rápido supo que debía abrirla con la llave, pero ¿cuál?, le parecían todas iguales; se fijó detenidamente en ellas durante un rato, hasta que se percató de que una de ellas era diferente al resto, esa debía ser la adecuada. Se subió a una de las escobas que estaban allí y de inmediato todas las llaves menos la que era diferente comenzaron a atacarle, eso iba a complicar un poco las cosas. Persiguió a la llave alada conforme pudo en el limitado espacio reducido que tenía, consiguiendo atraparla en poco tiempo, pero las llaves no dejaron de molestarle, al menos hasta que coloco la llave en la cerradura. Decidió llevarse la escoba con él, por si acaso llegaba a necesitarla. Lo siguiente era un tablero de ajedrez, las piezas estaban vivas, completamente transformadas para adquirir vida y pensamiento, tal como lo estaban las del ajedrez mágico. A Harry no se le daba bien el ajedrez, pero tendría que jugar si quería seguir adelante, como había decidido antes no había vuelta atrás enfrentarse a eso había sido su decisión. La partida estuvo complicada, muy complicada; al final Harry consiguió ganar aunque por los pelos, el mismo reconocía que había ganado por un mero golpe de suerte. Aun con la escoba en la mano cruzo a la siguiente estancia, un troll, por fortuna inconsciente, o quizá incluso muerto; ya había tenido bastante con el de la otra ocasión.
La siguiente cámara lo sorprendió nada más entrar apareció fuego negro ante él y purpura a sus espaldas; hizo repaso mental de las barreras y suponiendo que los profesores habían participado en la protección ya no quedaban muchas por pasar, esa debía ser la de pociones, cogió el pergamino antes de tocar cualquier botella, lo leyó, era una cuestión lógica, de esas que tanto le gustaban; cuando lo tubo resuelto se percató de que solo había un trago para avanzar y bastante más para volver, las botellas estaban tapadas con corchos; cogió la que iba para adelante y se guardó la otra, actuando completamente de forma instintiva. Bebió el contenido y se puso la capa antes de cruzar el fuego negro, fuese lo que fuese lo que aguardaba tras él mejor ir protegido con su capa de invisibilidad.
Al fin llegó a la última estancia, circular con columnas hasta el techo, en el centro se hallaba el espejo con el que se había encontrado al volver de navidades y el profesor Quirrel, él era el ladrón pero había algo que no encajaba allí; lo que ocurrió fue escalofriante, Harry daba gracias a haberse cubierto con la capa, escucho una voz fría como el hielo, una voz que podía cortar el aire
- ¿Qué es lo que ves?
- Me veo encontrando la piedra y entregándotela, maestro
Quirrel comenzó a examinar el espejo al tiempo que la mente de Harry con rapidez comenzó a funcionar, Harry bajo la capa se acercó al espejo y se miró en él, quería conseguir la piedra para protegerla de Quirrel y Voldemort. Sorprendentemente su reflejo le miro y le guiño el ojo mostrándole la piedra, la piedra apareció en su bolsillo derecho. Apenas tuvo tiempo para apartarse del camino de Quirrel que volvía a su posición, tenía que salir de allí cuanto antes, si lo descubrían no podría con un enfrentamiento no estaban al mismo nivel. Comenzó a caminar lo más silencioso que pudo, sin querer piso la capa desvelando su cabeza, siendo descubierto por Quirrel, quien trato de cogerlo pero al tocarlo se quemo la mano, parecían quemaduras de segundo grado profundo o incluso tercer grado, reaccionando instintivamente Harry se lanzó en el interior de las llamas cruzándolas; aún conservaba la capa de invisibilidad pero sabía que el profesor le seguiría. En cuanto llego al cuarto donde estaban las pociones de nuevo bebió la que se había guardado y cogió la escoba montándose en ella y atravesando las llamas purpuras; pudo oír el rugido de enfado del profesor, había quedado atrapado allí; y era el momento de ir al encuentro de la ayuda. Aprovecho la escoba para cruzar volando todas las estancias hasta salir por la trampilla del tercer piso, allí ya estaban las profesoras Sprout y McGonagall y el profesor Dumbledore
- Quirrel hablaba con alguien allí abajo, se que era así y que no lo hacía solo porque la voz le contestaba; he conseguido escapar de él, está en el acertijo de las pociones – entrego la poción que podía permitir salir de ese lugar – ah, el espejo ese raro me ha dado la piedra – dijo sacándola del bolsillo y entregándosela a Dumbledore quien lo miraba de forma rara.
Por insistencia de la jefa de la casa Hufflepuff, acabo yendo a la enfermería para que lo revisaran
Albus Dumbledore llego al ministerio de magia, sabía realmente que no lo había citado allí el ministro, ya que si bien al principio se carteaban en los últimos tiempos habían tomado la costumbre de emplear la red flu que era algo más segura que las cartas. De todas maneras subió al despacho del ministro para exponerle un interesante proyecto, crear un club de duelo en hogwarts a modo de competencias y claro está que ese torneo era mejor que saliera desde el ministerio que desde la propia voz de Dumbledore, con ello podría ver las habilidades de potenciales aliados y debilidades de enemigos; por ello había escogido esa noche, promovido por la carta falsa del ministerio, supo que era falsa, como motivo para ausentarse de la escuela, bien sabía que esta noche Voldemort intentaría robar la piedra como también sabía que Harry a estas alturas debía saberlo todo o al menos que alguien quería robar un preciado tesoro de la escuela, pues según la preocupante notificación de la bibliotecaria, había estado estudiando a los cerberos.
Se dio su tiempo antes de regresar al colegio, quería llegar a tiempo para ser quien salvase al niño de un mortal enfrentamiento contra Voldemort, preferiblemente cuando el muchacho hubiese detenido su intentona. Al llegar a Hogwarts se encontró con las profesoras Sprout y Mcgonagall dirigiéndose al tercer piso, por lo que cumpliendo con su deber fue a hacer lo propio; entro tras ellas en el momento que Harry salía por la trampilla casi completamente ileso con una de las escobas del cuarto de llaves voladoras; ¿Qué habría pasado ahí abajo?
El breve relato de Harry se lo aclaro por completo, el niño no se había enfrentado directamente a Voldemort, se había escondido como un cobarde y aprovechado para alejar la piedra de Voldemort y por si fuera poco cuando fue descubierto en lugar de plantarle la cara huye dejándolo encerrado en la habitación de las pociones; definitivamente no estar en Gryffindor le estaba pasando factura, el debía haber sido un héroe dispuesto a sacrificarse por defender la piedra no un cobarde que huye empleando una táctica más típica de una serpiente. De todas formas puso buena cara y felicito al muchacho por su actuación, ahora tenía que ir a confrontar a Quirrel; ya hablaría con Harry en otra ocasión, tenía asuntos que tratar con él.
A la mañana siguiente, sobre el medio día, el profesor Dumbledore apareció en la enfermería, para hablar con Harry sobre la aventura de la noche anterior, claro que antes había conversado con los dos muchachos que por indicación de Potter habían dado la voz de alarma.
- ¿Cómo se te ocurrió la idea de usar la capa Harry? – le pregunto el director tratando de ver su línea de pensamiento
- En ese momento pensé que quien quiera que fuese el ladrón era probable que llevase las de perder sui me enfrentaba directamente – respondió sosteniéndole la mirada
- Me sorprendio encontrar quemaduras en las manos del profesor Quirrell, ¿Qué hechizo lanzaste?
Dumbledore aprovecho esos instantes para conocer en la mente de Harry todo lo que había ocurrido aquella noche
- Ninguno – dijo sinceramente – se quemó de esa manera de forma automática al tocarme, no comprendo porque – no se le escapo el gesto de comprensión y triunfo del profesor Dumbledore - ¿usted sabe porque, profesor? – dijo desviando un poco la mirada al tiempo que pensaba en contar toda esa conversación cuando llegara a casa
- Bueno, se debe a que tu madre dejo en ti una protección la noche que Voldemort trato de matarte, por eso Quirrel no podía tocarte; él estaba compartiendo alma con Voldemort
- ¿Porque el espejo me entrego la piedra?, me acerque a él por segunda vez porque me pareció raro que estuviese allí cuando antes estaba más o menos por el cuarto piso a la parte opuesta a la biblioteca y el espejo me dio la piedra
- Esa fue mi gran idea – alardeo Dumbledore – solo alguien que quisiera la piedra pero no para sacar provecho de ella podría haberla sacado del espejo; digamos que el espejo había actuado como un portal
- Entonces Quirrel hubiese quedado atrapado frente al espejo hasta que usted llegara – comento Harry pensando en que quizá su intervención había desbaratado completamente el plan de protección de la piedra
- Podría ser – dijo el director, un poco decepcionado al ver a Harry arrepentido de su acción de salvar al mundo del regreso de Voldemort, tenía que idear algo para que se sintiese en la obligación de seguir interponiéndose ante Voldemort – pero se trataba de Voldemort, alguien con un poder excepcional que hubiese encontrado un método para engañar al espejo – agrego esperando que sus palabras surgieran el efecto adecuado - esta noche podrás asistir al banquete de fin de curso junto con tus amigos
Esa misma noche se acomodó en la mesa de Hufflepuff, con Justin, Ernie y el resto de compañeros de primero, además con ellos se encontraba Cedric, el chico de tercero que había sido su tutor durante todo el curso; el comedor estaba decorado con los colores de la casa Gryffindor; el rojo y el dorado, quienes habían obtenido la mayor parte de sus puntos jugando al quidditch
- Un momento de atención, por favor – rogo la profesora Mcgonagal y el discurso de Dumbledore se inicio
- Otro año se va, y antes de festejar este fin de curso hay que entregar la copa de la casa; en cuarto lugar Ravenclaw, con trescientos veinte puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos ochenta puntos; en segundo lugar, Slythrerin, con cuatrocientos doce puntos y en primer lugar Gryffindor con cuatrocientos trece puntos – la mesa de Gryffindor estalló en aplausos, muchos de ellos haciendo gestos agradables a los de Slytherin; los de Hufflepuff y Ravenclaw aplaudieron también, a Harry los de su casa le habían contado que ni ellos ni los Ravenclaw solían implicarse en la rivalidad de las otras dos casas pero que por los pocos que si lo hacían tenían esa fama de querer que los leones le ganasen a las serpientes – pero acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta – a los señores Justin Finch-Fletchoy y Ernie Macmillan por la lealtad mostrada a su amigo veinte puntos para Hufflepuff; y al señor Harry Potter por su determinación de seguir sus decisiones hasta el final otros veinte puntos para Hufflepuff – los de Gryffindor que habían estado sacando cuentas comenzaron a mirar mal a los Hufflepuff, Harry podía entenderlos, ellos eran los que habían ganado la copa y se la había prácticamente robado por unos puntos de última hora entregados por el director, premios por saltarse las normas literalmente; Harry compuso una mueca de desagrado
- ¿Por qué no lo celebras Harry? – pregunto un chico de segundo año
- Porque no es una victoria justa ni honorable, el recuento ya estaba hecho y el ganador decidido – dijo sinceramente – además, ¿Cuándo un profesor ha dado puntos por saltarse las normas por honorables que fuesen las intenciones? – inquirió, poco a poco todos los de su mesa le miraron, sabían que tenían razón, los Hufflepuff querían ganar a pesar de estar poco acostumbrados al triunfo pero querían hacerlo justamente sin que su victoria se viese empañada por nada.
El prefecto de séptimo año, actuando como portavoz de Hufflepuff solicito permiso para hablar y renuncio a esa copa en favor de sus verdaderos ganadores por no ser una victoria justa, pero Dumbledore se negó a ello, adjudicándole la victoria a la casa Hufflepuff.
Harry se acomodó en uno de los compartimentos del tren escolar, dejando el equipaje en la rejilla portaequipajes y habiéndose cambiado la túnica por ropa muggle; estaba contento, no había mirado todavía sus notas pero estaba entre los tres primeros de su año, había pensado en organizarse el verano de tal manera que reforzase las materias en las que peor iba pese a no ir mal en ninguna, a ver si así se mantenía en esa posición, el primero había sido Nott, por detrás de él, en segundo lugar estaba el mismo y Hermione en tercero con una diferencia mínima de unas décimas; Draco estaba un poco decepcionado y murmuro algo de que su padre se iba a enfadar por eso, Harry no comprendía porque se iba a enfadar el padre de Draco cuando sus notas son muy buenas, Nott le explico algo así como que había familias sangre pura que no toleraban ningún puesto que no estuviese en el cuadro de honor del colegio.
A mitad tarde Ron se pasó por el compartimento recriminándole por ladrón, pero haberle quitado la copa de la casa a Gryffindor, Harry simplemente se encogió de hombros y lo ignoro se estaba ya hartando de ese chico, por suerte se acercó uno de los prefectos en su ronda por el expreso y tuvo que marcharse.
Al llegar a la estación dejo su baúl en uno de los carritos y empujándolo atravesó la barrera; allí le esperaban su madre y su tío Jack; este dijo algo de encantar el baúl para que pasase la aduana y no detectasen en él nada, en un callejón de detrás de la estación vio como lo transformaba en una maleta y sus contenidos en ropa, sabía que eran transformaciones momentáneas mientras durase el vuelo.
- Veremos si este año podemos enseñarte a usar los trasladares – le comento mientras embarcaban en el avión correspondiente de vuelta a casa.
