San Valentín se había hecho presente y Adrien se sentía un completo egoísta. Ciertamente solo esperaba que alguien pudiese ser akumatizado para así pasar un rato a solas con su amada Lady. Pero aparentemente ése día nadie tenía sentimientos negativos, nadie tenía el corazón roto o se sentía dejado de lado.

Adrien por su parte se sentía un poco agotado. Las chicas no dejaban de perseguirlo y de enviarle notas, chocolates y una que otra chica osada se tomaba una fotografía con él y luego le pedía un autógrafo. San Valentín podía ser un día agotador.

Marinette tenía la idea de salir con Adrien ese día, quizás podría invitarlo a comer helado, ir al cine o simplemente salir a caminar por ahí. Pero hasta ahora no conseguía acercarse a su amado. Sucede que estaba rodeado de chicas, lo seguían a todas partes, lo tenían dentro de un perfecto círculo.

—Claro, con lo guapo que es... debí suponerlo... —Marinette se sentía desanimada, sus planes nunca salían como ella esperaba.

Ni siquiera Chloé había podido estar a solas con él, nadie le daba libertad al pobre de Adrien.

De un momento a otro, alguien chocó con Marinette. Ella no tuvo tiempo de gritar o de decir algo, taparon su boca y la metieron al primer salón que encontraron. En cuanto la soltaron, se topó cara a cara con Adrien.

—Adrien... —susurró ella.

—Lo lamento, Marinette. Solamente quería estar solo un rato —respondió él —. San Valentín es un poco agotador cuando eres famoso —explicó.

—Lo sé, vi como te seguían por todas partes.

—¡Exacto! Lo único que quería era tener un día normal, no imaginé que todas esas chicas me acosarían tanto.

Marinette rió de modo breve, Adrien no se daba cuenta pero en ocasiones podía ser un chico realmente divertido, lo mejor era que le salía de modo natural.

—Parece una película de terror —bromeó Marinette.

—¿Una donde te dan muchos regalos?

—Mm... es como cuando la maestra Bustier se convirtió en Zom-besito —aclaró Marinette —. Ataques de amor y ternura. Beso... beso —Marinette imitó a los zombies de Zom-besito.

Adrien rió.

—¡Es tan cierto! —ambos comenzaron a reír. Estaban pasando un rato agradable.

Ambos se sentaron por un momento en el suelo. Marinette tenía una sonrisa marcada en el rostro, eso era lo que había deseado desde un principio: poder estar a solas con Adrien. Ya parecía una cita, aunque una bastante rara.

Adrien notó que tenía una caja de chocolates al lado.

—¿Gustas? —Adrien abrió la caja y le ofreció un bombón a Marinette.

—¿En serio? —preguntó de modo tímido. Adrien asintió.

—Claro, nada me gustaría más que compartir mis chocolates con una amiga.

Vaya forma de matar la magia.

Ambos estiraron la mano para sacar un bombón, justo en ese momento sus dedos se rozaron, ambos se miraron al mismo tiempo, se sonrojaron y voltearon la mirada del modo más rápido posible.