Advertencias: SHOCK/ Violencia/ Ooc (Siempre...)/ Spoilers (?).
Disclaimer: Siempre, por siempre y para siempre Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. Esto lo hago sin fines de lucro.
Malversación de fondos
"Mire a mi lado y la persona que estaba allí era un desconocido"
Gaara ordenó los papeles a un lado de la computadora y suspiró cansado. El cuerpo le pesaba en la silla y tenía la cabeza en otro lado. Debía aceptarlo: Le hacía falta una secretaria. El puesto de Matsuri no se podía suplir solo y él era un asco en transmites legales. Sobó su cuello. Todos sus pensamientos eran única y exclusivamente para aquella mujer morocha. Odiaba que le llenase los días con sus memorias.
Creía oír recitar su voz en la parte más honda de su cerebro: Vete a la mierda, Gaara. Si todo se hiciera tal cual él lo tenía planeado en algún momento, muy pronto, conseguiría tiempo para estar en Saitama con ella sin que nadie los molestara. Matsuri no conocía a la prensa, él sí. Gaara sabía que era lo conveniente para los dos, pero ella era demasiado terca como para aceptar su razón.
Le había declarado la guerra a Kankuro y también a él. Miró el sobre de dinero que estaba dispuesto a mandárselo por medio de Temari —que tenía más carácter que los dos hermanos y sabía cómo convencer—; pero tenía el mal presentimiento de que todo aquello iba a terminar de la misma forma. Iba a seguir retornándose aquel maldito sobre y siempre iba a cargar con esa maldita culpa.
La puerta sonó una primera vez. Subió la mira y luego de un segundo de silencio la llevó a la ventana que daba hacia el barrio Minato; su camerino tenía una excelente vista. Tragó: ya era de noche y había planeado llamarla en la tarde para resolver el inconveniente con su hermano. La puerta sonó con mayor insistencia, se incorporó en la silla y alzó la voz:
— Pase.
Ni siquiera le prestó mucha atención a la persona que entró. Arregló los papeles derramados en el escritorio y estuvo a punto de encarar a Lee cuando una larga figura "delgada" se colocó frente a su visión. Levantó la mirada y pudo perderse en los ojos marrones de Matsuri que brillaban entre la vergüenza y la valentía. Los labios tensos, el cutis terso y los dedos de las manos tamborileando contra la mesa. Abrió la boca, pero la cerró de inmediato dudosa:
— ¿Qué haces aquí? —Sabaku soltó la carpeta de inmediato y se levantó consternado del asiento. No perdió el tiempo. Invitó a Matsuri a sentarse en una de las sillas aledañas y trató de cerciorarse de que fueran las únicas personas dentro del camerino. Todo calmado y ante el silencio de la mujer, acotó molesto— Te dije que no vinieras.
— Lo sé —soltó fácilmente ella sin mirarle directamente, tenía las manos sobre los papeles y el escritorio como si tratara de buscar algo.
— Entonces… ¿Qué haces aquí?
Hubo un hondo silencio donde ella tragó fuerte todo su orgullo. Sin mirarle a los ojos —porque solía sonrojarse aún cuando le miraba de frente—, murmuró:
— Necesito una carta de recomendación… —al fin tuvo la suficiente valentía para encararle. Los ojos verdes de Gaara temblaban ante las palabras de ella. No agregó más nada, había quedado todo por sentado cuando abrió los labios.
— Pero… ¿Qué? —el pelirojo caminó hacia su figura dejando unos metros de distancia. Las rodillas desnudas de ella brillaban bajo la falda negra sobria. La camisa holgada ocultaba todas sus curvas.
— Ya oíste —entonó ella recuperando su frialdad. Sus ojos se distanciaron para perderse en la ciudad encendida— Necesito una carta para recomendación.
— ¿Para qué? —impuso con sus ojos verdes vibrando desde las alturas. Gaara molesto daba un aspecto terrible. La sonrisa burlona de Matsuri le contestó todas las preocupaciones— ¡Ya habíamos hablado sobre eso!
— No. —ella tranquila tomó su cartera de mano, que le daba un aspecto competente y sobrio—. Tú hablaste sobre eso. Yo soy una mujer independiente y pienso seguir trabajando. No me interesan tus fantasías machistas.
— ¡Matsuri! —el gritó rujió por toda la estancia. Los ojos marrones de ella se abrieron del susto más su cuerpo sólo se alejó indignado por el comportamiento de él— No puedes hacer esto.
— Si no me lo das tú, se lo pienso pedir a Iruka.
Un largo silencio se hizo entre los dos. Gaara quería mutilarla con la mirada pero Matsuri era diestra para huir de sus observaciones culposas. Estuvo dispuesta a levantarse del asiento cuando Sabaku rodeó el escritorio para tomar el bolígrafo.
— Maldita —masculló sin poder contenerse. Se sentía vibrante de rabia contenida. ¿Cómo podía exactamente ella estar haciéndole eso? ¡No entendía todos los problemas que tenía con la SBS y con su familia para aunarse ella al paquete!
El corazón de la joven crujió por las palabras, incluso hubo un momento en que sus ojos se fueron al suelo resentidos. Sabía que de ahora en adelante él la iba a odiar, pero por primera vez iba a velar por ella. No quería seguir siendo herida en una relación de ese tipo, además no sólo estaba pensando egoístamente: Ella bien sabía que lo que habían hecho iba a traer represarías en su carrera.
"Es mejor dejarlo así", pensó en el momento en el que él anotaba su nombre en la agenda. Se miraron por última instancia y allí fue cuando ella tuvo la fuerza para decir aquellas últimas palabras que tanto le pesaban, le dolía el pecho y creía que su voz se iba a cortar a medio camino delatándola.
— Tampoco te quiero en mi vida, Gaara —sentenció—. Pienso pagarte el apartamento apenas comience a trabajar. Creo que es lo mejor, tanto para ti como para nosotros. No tendrás tiempo para invertir en Saitama —agregó sintiendo que el nudo en la garganta la estrangulaba. No quería decir eso pero sabía que era lo "correcto"—. Lo mejor es que él no sepa nada. Quiero que viva una vida ordinaria y obviamente tú no puedes darle esa cualidad. No tengo problemas en hacer el trabajo sola, después de todo tengo la ayuda de mi familia. Así que no te preocupes. Hagamos cómo si nunca nos conocimos… ¿Vale?
Nunca lo había visto así. Sabaku no conseguía palabra alguna para sus labios resecos. Sus parpados se habían abierto y sus pupilas temblaban húmedas a lo que decía. Estuvo dispuesto a interrumpirla varias veces pero el llanto —el simple hecho de saber que realmente estaba ocurriendo— lo detuvo. Sus manos crujieron contra los papeles arrugándolos. Matsuri siguió sus movimientos con cierta extrañez. Gaara no era del tipo de persona que se guardara sus palabras, por muy cínicas que fueran. Sus dientes golpearon entre sí. Su expresión de dolor la dejo pasmada. Susurró:
— No me puedes hacer esto, Matsuri…—sus voz fue sólo un hilo que escucharon los dos. Ella tuvo que contener la respiración.
Hinata estaba de piedra. Si tuviese la oportunidad de escapar de aquel lugar y no volver más, lo hubiese hecho. Se quedó atrás del cuerpo estático de Naruto que no hacía más que observar la grácil figura que los recibía a las puertas del teatro. El cabello rubio de ella brillaba bajó la oscuridad de la noche, siendo acariciado por la brisa. Sus ojos claros amables los miraban sucesivamente y su sonrisa adornaba elegantemente el rostro llenó de facciones hermosas. Hinata podía jurar que era la chica más hermosa que había visto en su vida, incluso rivalizaba aquella elegancia con el porte de Sakura. Sintió que todo el aire se le iba del pecho: ¿Shion? ¿Esa es la mujer que amaba Naruto?
Trastabilló para atrás con la mirada en el suelo mientras oía el pasar de los carros tras su espalda. Sintió la mirada de la chica sobre su persona y quiso huir con mayor fuerza. Era una tonta al pensar que podía acercarse a Naruto. ¿Para qué él se acercaría a alguien como ella si tenía a una belleza como Shion a su lado? Bufó. Ni en el más remoto de sus sueños Namikaze iba a voltear a verle.
— Tú… —la mano grácil de ella la apuntó haciéndola no sólo sonrojarse, sino también saltar en el mismo sitio— ¡Tú debes ser Hinata Hyuuga! —miró sucesiva a Naruto que parecía estar viendo un fantasma—. ¿Paseando con tu novia por Koto y no pensabas presentarme? ¡Qué egoísta!
Las palabras rebotaron en el silencio. La pelinegra sin encontrar que decir se conformó con pasar los ojos sucesivamente en aquellas dos figuras brillantes. Sus cabellos rubios destacan entre todas las cabezas de cabellos negros. Sus ojos claros hacían juego y una sonrisa simpática adornó el rostro de Naruto, despertando. Salió de su ensoñación y llevándose la mano tras la nuca; respondió:
— Cómo eres una persona tan ocupada…—susurró divertido buscando molestarla. Shion rodeó los ojos y le dio un puntapié que no sólo hizo que Naruto se quejara del dolor, sino también desprendió una risa de su hermoso rostro tostado. Ella tenía una carcajada fresca y hermosa.
Por primera vez Hyuuga no conseguía al menos una palabra de presentación. Al menos una forma hipócrita, nada. Sentía que la realidad la había golpeado de frente. Verlo a él y ella riéndose con normalidad frente a su cara —frente a su cara de "novia" — le hacía doler el pecho. Sabía que todo entre ellos dos era una farsa, pero hoy era más real. Se removió con incomodidad observando con rapidez su ropa. Estaba toda esponjada y amorfa, ni siquiera los colores combinaban. Era un fracaso de pareja, seguro Shion pensaba lo mismo. ¿Si era tan perfecta por qué no simplemente se lo robaba de una buena vez?
"¡Te lo dejo, Shion!", pensó mientras hundía todo su cuerpo en los hombros. Escuchó la voz vibrante de ella llamándola indirectamente:
— ¿Es algo callada, no? —se agachó para poder divisar el rostro escondido de la pelinegra que se exaltó al conseguir directamente sus ojos claros divertidos. Naruto miró por un momento a la cambiada Hinata, que hace un minuto estaba gritando en plena calle. Bufó. Ojala fuese callada.
— Ojala fuese callada…— se le escapó llamando la atención de la dos mujeres. Enmendó el error sonriendo con facilidad. Shion le recriminó.
— ¡Pareces un pésimo novio Naruto…! —La chica miró directo a Hinata que tembló de nuevo y le sonrió con amistoso cariño — ¿Es un mal novio, no, Hinata-chan? ¡Es un bruto! ¿No?
Los labios rojos de ella se abrieron llamando la atención de los dos interlocutores. Naruto sentía cierta diversión al verla tan cohibida, sin ninguna de sus palabras cuchilleras bajo la lengua, pero también se sentía confundido ante el extraño comportamiento de la Hyuuga. ¿Por qué quedarse callada?
Hinata tragó hondo y removió todo su ser para decir algo sin siquiera pensarlo, lo que soltó la dejó perpleja.
— Eres hermosa.
¿Era enserio? ¿Cómo podía haber dicho eso a una persona que recién conocía? ¡A su rival…! ¿A su rival? Bueno, técnicamente lo eran. Se crispó tratando de mirar a cualquier lado que no fuesen aquellas dos figuras. La risa de la chica le hizo volver los ojos, estaba totalmente sonrojada y quiso remendar su error pidiendo disculpas. La sonrisa clara de Shion la desencajó.
— Gracias —una de sus manos le acarició el cabello de manera maternal—. Naruto también tiene mucha suerte. —Lo golpeó en las costillas, picándole el ojo— Kiba y yo teníamos razón… ¿No? La belleza japonesa es impresionante… ¿No?
La Hyuuga se retiró con pasos discretos de su conversación colocándose al borde de la acera. Podía oír el motor de los carros ronronear tras de sí y el calor del tubo de escape calentarle las pantorrillas. Los vio reír y burlarse del otro con normalidad, aunque no quería escuchar su voz estuvo obligada a prestar atención a varias frases sueltas:
— Tú también has estado ocupado —puntualizó Shion— Ahora que tienes novia eres todo un hombre… ¿No?
— Ya deja de burlarte —le recriminó.
— Hablo seriamente —el cabello de ella se movía frente a su rostro—. ¿Cómo están todos?
— Bien.
— ¿Sakura?
— Está bien, eso creo.
Ella sonrió y asintió. Miró un momento a Hinata que tenía los ojos incomodos hacia la bajada de la calle, sobre las luces de los carros.
— ¿Cómo están las practicas? —interrogó Naruto luego del silencio prestándole única atención a ella.
— Bien. Mabuchi me ha ayudado mucho a incorporarme… —le sonrió cálida—. La próxima semana tendremos una presentación; puedes traer a Hyuuga-san y disfrutar del ballet —llamó con la voz a la novia— ¿Te gusta el ballet?
Ella asintió aún cortada. Le sonrió radiante y dando un golpe a su otra mano cerró con un sonido gutural parecido al "yoshi".
— Entonces el viernes a las diez de la noche… —lo indicó mientras se alejaba por la calle de bajada, más luego de unos cuantos pasos se le acercó con rapidez y tocó su frente— Y descansa un poco, estás ojeroso.
El simple contacto produjo un fuerte sonrojo en el rostro de Naruto, ni siquiera tuvo palabras para detener el amistoso tacto de Shion que no venía cargada de ninguna malicia. Le sonrió con gracia y miró a Hyuuga una última vez, encantada de su timidez.
— ¿Lo cuidas, vale? —se rió—. Es algo testarudo, pero si le preparan un buen ramen y lo ponen a ver televisión se queda tranquilo.
Hinata asintió como una tonta. "Como si no hubiese sabido eso desde el principio", se recriminó al verla bajar tranquila por la calle que empezaba a humedecerse por la nieve derretida. Volteó el rostro para no encontrarse con Naruto; se había comportado como una idiota y sentía crecer en las viseras cierta molestia.
Shion era simpática y amable, pero aquella amabilidad —no sabía porqué— le resultaba molesta. Suspiró: se estaba dejando llevar por la vergüenza. Le molestaba en cierta parte descubrir que había tenido razón desde un principio: Ella le conocía muy bien y le quería también. ¿Entonces… qué hacía supliendo su puesto? No sabía. No quería seguir robándole tiempo al corazón de dos personas.
Bufó y subió la calle en silencio, con las manos en los bolsillos. Naruto le siguió con la mirada, observando su delgada figura escalar con cansancio y molestia cada uno de los pasos de la hondonada. Caminaron en silencio, él con la mirada pegada en su cuello relleno de la bufanda verde descolorida y sus pasos dudosos. Hinata no quería siquiera verle la cara. Se arrepentía de todo lo que había dicho anteriormente, incluso estaba arrepentida de sus sentimientos. ¿Qué le había pasado por la cabeza al nacer simpatía por él? Podía llevarse bien con Namikaze, ya que estaban comprometidos legalmente, pero eso no le daba potestad de sentirse ligada a él.
Shion era perfecta, aunque tratara de buscarle un error encajaba con horrenda perfección al lado de Naruto. Aunque doliese ella era la novia de ficción, era la otra. Shion, y sus sentimientos, eran reales. ¿Pero por qué dolía? Estaba decepcionada de sí misma, los sentimientos que aguardaban en su corazón eran confusos. No le gustaba Namikaze, pero quería ser una amiga cercana de él, quería comprenderlo y había pensando en llegar hacerlo. Por más que lo intentara seguiría siendo una fantasía, había alguien más importante para Naruto tanto en la ficción como en la realidad.
El verdadero Naruto ya era de alguien y ella no tenía más nada que hacer. Se sonrió ante aquella idea sintiendo el pecho menos oprimido. No tenía porque preocuparse, no había porque desarrollar sentimientos distintos a los de una amistad superficial entre los dos. Sólo pasarían tiempo de caridad juntos, sólo estaban trabajando. No había que mezclar las cosas y mucho menos crearse falsos conceptos. Incluso podía ayudarle a conseguir algo de felicidad en aquella bella mujer.
Sí, era bella y parecía también quererle.
Comentó a gran voz, mirándole desde la lejanía. Namikaze notó el cambio de sus facciones y formas, mas no quiso indagar. Se sintió incomodo con aquella nueva Hinata. Lo estaba empujando lejos de ella.
— Sabes que se le dice Narutomaki a la pasta de pescado por el torbellino que forma al prensarla…— su voz vibró con cierta felicidad. Rió haciéndolo sonreír, pero siguió doliendo—. Es igual al torbellino que se encuentra en el mar de Naruto.
— No, no lo sabía —le alcanzó el paso—. Entonces… —dudó un poco en decir eso, pero se arriesgó a sentirse en confianza con ella de nuevo— Mi padre y yo tenemos nombres de direcciones.
— ¿Ah? —ella parpadeó impresionada. No pensaba que él fuese a sacar el tema de su padre.
— Minato, mi padre se llamaba Minato.
La risa de ella le llamó la atención. Hinata no ocultaba las carcajadas que le producían la extraña coincidencia.
— Siempre voy al mercado de Minato con mi madre todos los fines de semana… —rió de nuevo—. Se encuentra buen Narutomaki.
Naruto carcajeó un rato hasta que recordó las palabras de ella, aquella noche en su carro a media luz.
— ¿Harías para mí Ramen? —preguntó sin mirarla con la voz apagada. La Hyuuga parpadeó impresionada por la simpleza de su petición. Él se precipitó en su silencio y la juzgó con la voz y los ojos—. Me lo prometiste la otra vez.
— ¿Con Narutomaki? —una suave sonrisa le adornaba el rostro.
— Y cerdo.
— ¡El cerdo es caro! —se quejó frunciendo el cejo haciendo que él se riese.
— Bien, bien —canturrió—. Con gallina, con rollos de huevo, con algo que tengan en su "fabrica".
Hinata rió callada y sonrió para sí misma. No tenía porque estar celosa de la cercanía de Shion con Naruto; era normal que la chica que amaba fuese cercana a él. Ella podía también ser una buena amiga de Namikaze; podían incluso empezar a llevarse bien. Eso era lo que quería, poder ayudar a ese rubio hiperactivo y terco. Que fuese menos cínico, que fuese más abierto, que se sintiera bien con ella. No hacía falta otro sentimiento más que ese.
— ¿Quieres venir mañana a mi casa a comer Ramen? —Naruto parpadeó ante su petición—. Mi madre estará encantada, también Hanabi.
— ¿Tú crees? —sonó dudoso y esa inseguridad lo hizo verse adorable. Ella asintió calmada mientras veía al final la gran torre de la SBS. La luz que desprendían las oficinas y el letrero indicativo iluminaba toda la calle comiéndose los negocios adyacentes. Los postes de luz blanca hacían brillar la plaza ejecutiva con sus miles de escalinatas hacía la puerta principal. La calle empezaba a abandonarse.
— Sí. —Agregó divertida— Si te dicen algo sobre la lavadora o cursos de modelaje, sólo ignóralas.
¿Lavadora? ¿Gallina? ¿Modelaje? Que tantas cosas tenían los Hyuugas en la mente. Naruto frunció el cejo sin creer un poco las palabras de su acompañante. Hinata tenía un suave sonrojo en las mejillas, parecía haber abandonado sus intenciones de alejarle. Sonrió. Le gustaba más esa persona cálida y simpática. Había juzgado mal a "Hime Yakuza", tal vez fuese sólo una chica japonesa común. Tal vez… No, ella no era común. Ella era Hinata Hyuuga.
La pelinegra terminó bromeando cuando se fueron acercando al edificio ejecutivo. Quería también enmendar —aunque fuese un poco— su mutismo cuando Shion estuvo presente. Quería dejar en claro que ella "no la afectaba", aunque a fin de cuentas era mentira. Se iba a esforzar para llevarse bien con la rubia; y si podía hacerle entender los sentimientos de Namikaze —aún si él no quería que ella se entrometiese—; lo haría. Pensó que la felicidad de los dos la haría, de alguna u otra manera, feliz.
— Shion-san es muy linda…—susurró viéndole de reojo. Naruto se tensó, no tuvo siquiera el valor de mirarle— ¿Cuál es su apellido?
— Umichiya.
— Umichiya-san —asintió—. Es un buen apellido. ¿Qué hace?
— ¿Importa acaso? —por primera vez su voz no sonó a la defensiva. Hinata negó por un instante y agregó:
— Curiosidad.
— Es bailarina.
— ¿Te gustan las elásticas? —se mofó haciendo no sólo que Namikaze se sonrojara hasta la coronilla, sino también que la fulminara con la mirada.
— Y a ti los viejos verdes.
— ¡Oye! —se detuvo para verle directo a los ojos, Él no pensaba retirar lo dicho. Suspiró dejando salir una estela de aire caliente. Parpadeó un rato sin conseguir que él dijese algo más. Se arrepintió— Vale, no me burlo más.
— Tregua —le extendió la mano. Ella la vio por un minuto sin poder creerse que aquel gesto viniese del Namikaze que hacía una semana atrás le había declarado la guerra. Lo miró un minuto más para comprobar que no estaba bromeando y se abalanzó a aceptar sus modales.
— ¡Tregua! —exclamó ella con una sonrisa recorriéndole todo el rostro, dicho gesto produjo un espasmo en el rostro de Naruto que devino en una sonrisa incontrolable. Hyuuga podía ser también adorable.
El flash de una cámara los despertó. Viraron los ojos y se encontraron con un grupo de periodistas que los habían estado esperando en la escalinata de la SBS. Eran 10 en total; algunos con grabadoras y otros incluso con cámaras. Hinata tembló. Naruto fue más cuidadoso, el agarrón de mano se convirtió en un abrazo. Protegió con su cuerpo el de ella mientras se abría paso por la multitud hasta llegar a las escaleras. Todos los presentes se atravesaban con hipócritas sonrisas y estrictos modales.
— ¡Namikaze-san! ¡Un minuto para Tokyo TV, Namikaze-san! —gritaba una mujer entaconada al lado de Hinata. Los flashs y los lentes de las cámaras de videos los apuntaba como ojos expectantes. Todas las periodistas llevaban lisas faldas negras que brillaban en aquella noche debido a las luces blancas de los reflectores. Hinata no sabía qué hacer, más bien había quedado bastante "tocada" desde la última vez que un grupo reporteril la había abordado en la calle.
— ¡Que lindos! ¡Todos lovely-dovely! ¡Una foto para Aisaka diarios! —Pedía otra mujer que insistía jalando del sobretodo de Naruto— ¡Una foto de su hermosa novia, chico naranja!
Naruto odiaba a la prensa pero sabía burlarse con facilidad. Hinata se sentía abrazada por su pecho que chocaba con renuencia contra su espalda. Sus manos varoniles le tapaba de los cuerpos que chocaban contra ellos y su hombros le invitaban a caminar con él. Se sentía protegida, y no le importaba si sólo se tratase de un "acto" para verse como novios, al menos no sentía a aquellos buitres atacarle. Un "lo siento" o "estamos apurados" le bastaba a Namikaze para abrirse paso. Estuvieron a punto de llegar a la escalinata cuando la figura alta y prepotente de Fukushina Entretenimeinto se le atravesó.
Hinata tuvo que alzar el rostro. Se detuvieron. El hombre vestía traje de marca bien planchado. Sus ojos claros combinaban con el cabello hacía atrás engominado. Tenía aire de "divo" y su mirada de águila lo hacía terriblemente masculino; casi aterrador. Su sonrisa tensa en el rostro se agrandó al hablar:
— Namikaze-san —él se tensó y detuvo a su frente tratando de encontrar las palabras adecuadas para escapar—. Sólo serán dos preguntas, no tomara mucho tiempo.
Naruto volteó el rostro hacía el grupo reporteril que le esperaba ansioso su afirmación. Suspiró y ayudando a Hinata a no quedar tan cerca del lente de la cámara, asintió con cierta duda. El hombre sonrió suficiente, carraspeó y le hizo señas a su camarógrafo. El resto de los reporteros se cuadraron para poder oírles con atención.
— Primero que nada —empezó el hombre cuya voz sonaba como de locutor. Hinata se removió en los brazos de Naruto, mas este no la dejo escapar. Sus dedos se agarraron a la suave lana que recogía sus flacos hombros. Miró hacía él, tenía su cuello muy cerca de la nariz. El rubio estaba impasible esperando cualquier cosa—, quisiera preguntarle que comentarios tiene sobre las fotos que salieron esta mañana sobre los dos… ¿Tiene algo que agregar sobre aquella cena?
El cuerpo de él se tensó aunque sólo una sonrisa adorno su rostro, bajó la mirada como si fuese una respuesta fácil de responder si la miraba a ella. Hinata estaba confundida, así que le huyo a los ojos de él y se encontró, mientras tanto, con los de los reporteros que alzaban distintos papeles hacia su persona. Mostraba las "pruebas" de la escena que mencionaba el periodista para "refresca la memoria". Al principio no pudo identificar más que una cabellera rubia, hasta que la figura borrosa se convirtió en dos personas besándose.
¡Eran ellos! Era ella y Naruto besándose en algún lugar que le parecía conocido, incluso creyó haber visto como fondo su casa de techos de bambú. Tembló. No recordaba cuando aquello había sucedido, pero por la foto parecía haberlo disfrutado. Sus ojos estaban cerrados y sus labios abrazados por el otro, incluso parecía estar agarrando los hombros de Naruto para que no se escapara de aquel contacto.
¿En qué momento lo había besado así? Sólo recordaba aquel fatídico rose de labios. Viró los ojos molestos hacia la altura de su "novio", pero sólo consiguió su maciliento pecho en el sobretodo negro. Titiritó de rabia. ¿Cómo había podido confiar en él? ¿Cómo podía haberse aprovechado de ella? ¡Por qué si no recordaba aquel beso sólo podía ser de aquella cena que había terminado borracha! Bulló apretando sus manos sobre la piel de él, tratando de hacerle daño.
Quería gritarle bastardo. Quería preguntarle mil veces por qué lo había hecho, pero no hubo tiempo. Estaban frente a las cámaras y todos creían que era muy normal que un novio besase a su amada como despedida. Era romántico y a la prensa le encantaba; sólo querían sacarle el jugo a alguna cursilería. Iban a tener una seria conversación sobre ese tema. Naruto no le miraba, le huía a sus ojos y a sus intentos con las manos de llamar su atención. Él sólo sonreía y abría los labios dispuesto a contestar.
"Lo voy a matar. No va a vivir para contar esta…", pensó cuando le vio las intenciones de decir algo. Seguro la había besado para conseguir popularidad; sabía que ella no iba a consentir sobria y la uso ebria para que alguien les tomase una foto. Entonces… ¿Eso era lo que le había ocultado en la mañana cuando lo pasaban por las noticias? ¿Eso era lo que no deseaba que viera? ¿Qué había besado a la "hime yakuza", a la simple campesina, a su novia falsa? Sentía ganas de llorar y de mandarlo a la mierda. ¡Era un bastardo!
— No tengo más nada que agregar —sonrió a las cámaras—. Siempre somos así cuando nos despedimos.
"Mentiroso". Su pecho se estrujó. Quiso soltarse de su agarre pero fue imposible, ni siquiera los periodistas apuntaban sus lentes a ella. Era sólo un adorno. Exacto, ella se había rebajado a un adorno de un artista famoso. No era más Hinata Hyuuga: era simplemente la novia de Naruto Namikaze. Bufó dejando escapar toda la felicidad que se había guardado para sí. No quería acercarse a ese chico, no a alguien que la usaba para besarle y ganar popularidad. Sus manos, sin embargo, abrazando su hombro parecían acariciar la piel desde la tela. ¿La estaba consolando? ¿La quería a su lado? No lo sabía, no entendía a Naruto.
No lo entendía, aunque hubiese dado lo que fuese por saber que estaba pensando.
Hubo algunas risas por el comentario de Naruto y otros tantos sólo exclamaron 'ohh'; como si nunca antes hubiesen escuchado algo parecido. Ella siempre ocultó su rostro decepcionado, esperaba escuchar la segunda pregunta y escapar de allí. No, ella le iba a encarar e iba a dejar las cosas muy claras entre los dos.
— Otra pregunta… ¿Qué hay sobre las declaraciones del diario Tohuek Kou? —Preguntó el hombre leyendo el papel y luego mirando sinceramente a Naruto, directo a los ojos—. ¿Qué piensa sobre esta publicación?
— No tengo la menor idea de que ha publicado el diario Tohuek…—dictaminó a punto de retirarse del lugar, se disculpó con una pequeña reverencia y cuando jaló a Hinata para salir del lugar oyó la voz de otro periodista. Impertinente, trastabilló con los cables y su voz rechinó en el silencio de la noche.
Leyó con sus lentes humedecidos y su tembleque. Ni siquiera podía ver a la pareja al rostro:
— Minato Namikaze, padre del ídolo de Japón, demandado por malversación de fondos, tráfico de influencias, asociación para delinquir y violencia domestica —su voz tembló como una serpiente—.
Hinata abrió los ojos atónita, no sólo era la obvia "mala intención" del diario, sino también el cinismo de leer aquel titular a toda voz. Miró hacia Naruto que estaba petrificado en aquel sitio. Pálido, tembloroso y con un sudor perlino que le empezaba a bañar todo el rostro. Se sintió mal por él. No sabía nada sobre Minato Namikaze así que no podía culpar al diario por "colocar mentiras"; sabía que Naruto no lo mencionaba con frecuencia y su relación antes de la muerte era terrible. ¿Pero tanto como para reseñar algo de ese tipo sin que le doliese? ¿Cómo podía mencionar a alguien muerto con tanta ligereza? ¿Qué se ganaba recordando algo que ya estaba enterrado?
Todo estaba hecho para dañarle. Lo sabía. Eran unos bastardos, por un momento los sentimientos que habían renacido en su pecho cuando descubrió el encubrimiento del beso, desaparecieron. Naruto abrió la boca débil:
— Yo… —susurró sin poder decir algo más.
— ¿Son ciertas todas estas acusaciones, Naruto-san? —preguntó una mujer con libreta en mano.
— ¿Es verdadero que su madre, Kushina Uzumaki, demandó a su padre por violencia domestica?
Hinata colocó un pie al frente sin poder creer el poco de remordimiento que les producía a esos tipejos preguntar cosas tan inescrupulosas. Sentía las manos de Namikaze débiles, sentía que en cualquier momento se iba a derrumbar.
La última pregunta la superó.
— ¿Es verdad que su padre le golpeaba cuando era niño?
Empujó a un Naruto que no podía más consigo mismo hacia las escalinatas. Lo jaló como más pudo y corrió con sus piernas temblándole de rabia e impotencia. Sentía el cuerpo de él liviano, a punto de desvanecerse. Las puertas viceladas se abrieron. Alfa estaba dormitando a un lado de ellos cuando aparecieron, se levantó de inmediato al ver a su "jefe" entrar semi-desmayado.
— ¡Alfa, las puertas! —gritó Hinata llevando a Naruto a un rincón. Tenía aún los ojos en la nada y el cuerpo suave. Se movía por inercia y ni siquiera reaccionaba al ruido de las puertas siendo cerradas. Los pasos torpes del guardaespaldas llenaron toda la estancia. Se paró al lado de la figura pequeña de ella que trataba de despertarle: — ¡Naruto! ¡Naruto-kun!
Le hamaqueó. El único golpe de la cabeza contra el muro lo hizo parpadear y mirarla directo al rostro. Hyuuga tenía los ojos preocupados y el rostro empalidecido; un vapor parduzco le había cubierto los labios por el miedo y la rabia. Él sentía que se le había bajado la tensión; podía caerse al suelo y dejarse allí toda la vida. Barboteó mientras movía la cabeza a cualquier dirección. Ella le retuvo el rostro e hizo que él no pudiese escapar de su inquisidora vista. Namikaze se sintió desprotegido; como un bebe. Se veía ridículo y aun así ella permanecía a su lado. ¿Quién era ella…?
Los ojos de los dos se encontraron sinceros. Ella olvidó todos sus rencores, sólo le importaba que él volviese a ser el mismo. Que el Naruto cínico mirase a esos reporteros como si no le interesara lo que dijesen. "No tiene porque interesarte. Tú eres tú."
— Naruto-kun —su voz sonó seria, sus ojos temblaron y se humedecieron—. No tiene porque afectarte lo que ellos digan —sus manos se deslizaron por su rostro frío. Naruto fue relajando la expresión de ausencia. Recorrió la cara clara de ella. ¿Qué había pasado hoy que se veía tan brillante? ¿Qué había ocurrido entre los dos para que ella lo ayudase tanto? ¿Por qué se veía tan especial…? — ¡Son unas malditas sanguijuelas!
Aquella declaración le sacó una carcajada de la nada. Alfa y Hinata tuvieron que retroceder por la espontaneidad de la risa. Se miraron, más la sonrisa que tenía el guardaespaldas animó un tanto a la pelinegra. Estaba preocupada por él, pero parecía sólo necesitar un buen apretón. ¿Un buen abrazo? Ella no sabía abrazar a la gente, sólo quería decir lo que pensaba.
— Tú eres fuerte —terminó por sentenciar llamando la atención de él que subió la mirada. —. No te dejes vencer por gente débil. ¿Namikaze nunca se rinde, no? Es muy terco para rendirse.
— Que sabes tú…— susurró canturreado mientras se incorporaba y rascaba la nuca. Nunca hubiese pensando que esa "hime yakuza" que tanto resentimiento le había causado, terminaría subiéndole el ánimo. La miró por el rabillo del ojo cuando murmuró sonriente:
— Sólo describo al Naruto Namikaze que me ha hecho la vida cuadritos.
¿La vida cuadritos? En ese momento sólo quería abrazarla y no dejarla ir. Miró a través de la ventana la acumulación de periodistas que habían comenzado a llegar debido a la declaración televisada. Aguardaban en la fría noche que se les abriese las puertas. Que saliera para tenderle una emboscada. Se veían tan miserables mendigando a las puertas azul verdosas que no miraban a ningún lado; viendo únicamente su reflejo en ellas. Regresó su mirada —calmado, aunque entristecido— y se encontró con el rostro compungido de ella. ¿Le había estado mirando todo ese momento? ¿Había descubierto sus pensamientos? Por la forma en que sus pestañas caían sobre la parte baja de sus ojos, parecía que sí. ¿Cómo se habían enterado de eso? ¿Cómo podía exactamente en ese momento explotar algo así? ¿Por qué a él? Tenía muchas preguntas en su cabeza y también muchos recuerdos.
Hubiese querido en ese mismo instante cambiar todo su pasado. Hubiese querido tener otro padre. Se arrepintió y caminó hacia el ascensor. Ella le siguió en silencio. Algo en sus ojos no había podido ser consolado; algo en él seguía dudando.
¿Qué deseaba Naruto? ¿Borrar su pasado? Eso era imposible. Negó cuando entraron en silencio a la cabina solitaria. No sabía por qué le seguía, pero quería verle llegar entero hasta el camerino —o a donde fuese que quería llegar—. ¿Se sentiría mejor estando al lado de uno de sus amigos? ¿Se sentiría mejor estando al lado de Shion?
— ¿Quieres que llame a alguien para que te venga a recoger? —preguntó con media voz. Él la miró sin entender a que venían aquellas palabras. Negó lentamente.
— Estoy bien.
Las puertas se abrieron y el primero en bajarse fue él. Le siguió en silencio bajo el pasillo iluminado por largas luces blancas enrejadas. Las paredes blancas hacían sombras con sus cuerpos y la alfombra amortiguaba sus pies arrastrados. El silencio llenaba las estancias. Llegaron a un salón circular donde se encontraban la mayoría de las oficinas y camerinos. Las paredes grises y la máquina expendedora de Coca-cola decoraba toda la estancia de muebles oscuros. Naruto se detuvo sin saber porque había caminado hasta los camerinos de Gaara, Sasuke y Kiba. Él suyo estaba al otro lado; en el exclusivo pasillo que daba hacia el parque y la salida de emergencia.
Se lanzó en uno de los pufes sin mirarla. Sintió su liviano peso a su lado, se sentía algo consolado por su presencia, aunque fuese invasiva. Ella no se atrevía a abrir sus labios de nuevo; no sentía que tuviese las palabras suficientes para consolarle. Le miró por el rabillo. Parecía estar pensando en algo y a la vez en nada. ¿Qué idea habría tenido Hyuuga de él? ¿De su familia, de su padre? ¿Habría sido ridículo para ella escuchar todo aquello? Seguro sentía lastima. Odiaba la lástima.
— Te puedes ir —farfulló empezando a sacar uno de sus cigarros. Ella lo tomó y lo botó lejos de los dos, ante los ojos atónitos de él— ¿Pero qué mierda haces?
— Fumar no va a hacer las cosas distintas —determinó ella desafiándolo. El silencio entre los dos dolió—. Tal vez no sé nada de ti, pero si quieres hablar estoy dispuesta a escucharte.
— No hay nada que decir —se empeñó en sacar otro cigarro y la burló cuando estuvo dispuesta a quitarle el segundo. Lo prendió y dio una larga bocanada—. No vuelvas a hacer eso, Hyuuga.
¿Hyuuga? Ni siquiera se avocaba a cabrearla, simplemente quería que desapareciera. ¿Le molestaba tanto su presencia? Se levantó esperando que él dijese algo, mas sólo recibió una lánguida mirada de desinterés. Namikaze quería que se fuese, aún si la soledad se sentía aún peor. La ciudad oscurecía cada vez más, pronto el metro sería cerrado y no tendría como volver a Ashima. No quería que le siguiese viendo a aquel lamentable estado.
— De verdad que hay gente que no se deja ayudar… —bufó ella desde lo bajo queriéndose ir, pero algo la mantenía allí estancada. Ni una mirada, seguía fumando con los ojos pegados en el gran ventanal. Las puertas de los camerinos permanecían cerradas: Kiba Inuzuka, Sasuke Uchiha y Gaara Sabaku, se leía en plaquillas doradas. ¿Quería hablar con ellos? Lo miró por otro minuto; como el humo subía por su rostro—. No sé qué hacer, de verdad, no sé que puedo decirte.
— No digas nada —determinó sonando frío.
— ¡Me preocupa no decir nada! —Gritó ella sintiéndose impotente—. La verdad tengo muchas cosas que preguntarte… —él la miró por un minuto—, tengo muchas cosas que decirte también… —sus labios temblaron junto con su voz—, pero no sé si sea una buena idea.
— Ya… —susurró sintiéndose culpable por llevarla al punto del llanto—. No importa, de verdad, no lo necesito. Todo eso ocurrió hace mucho.
— ¿Y está bien dejarlo así?
Afirmó lentamente.
— ¿Está bien si te digo que nada pasara? ¿Eso quieres escuchar de ellos, no? —preguntó refiriéndose a sus amigos. Naruto la miró a medio poder. Ella lo había notado… ¿No? ¿Se veía miserablemente sólo? — No pasara nada, Naruto. Ellos no deben saber nada de ti.
— Tú tampoco.
Había dado en el blanco. Ella bajó la mirada y suspiró. Él no se dejaba ayudar. Encogió sus hombros dándose por vencida. Dio media vuelta y se dispuso a largarse de aquel lugar donde "no la necesitaban". La última mirada de él con la cabeza arrepentida sobre las manos, la hizo devolverse de un solo salto. Lo golpeó. Un duro puntapié contra sus tobillos. Un chillido. Las miradas de los dos se encontraron: Hinata molesta, Naruto sin comprender nada.
— Eres un imbécil —determinó—. ¡Eres un grandísimo imbécil! Trato de ayudarte y prefieres quedarte lamentándote de cosas que ya no puedes cambiar. No puedes mostrarte débil delante de ellos. Eres fuerte y cuando lo digo realmente pienso en eso —un momento de silencio se hizo entre los dos. El sonrió un tanto consiguiendo un poco de consuelo en sus palabras. El dolor volvió como una punzada, se molestó.
— ¿Y por qué el golpe, ah? —se quejó masajeando la zona.
— ¡Por besarme sin pedir permiso! —bufó produciendo un escalofrió en todo el cuerpo de Naruto. Lo había olvidado, que ella había descubierto aquel "percance". Sonrió temeroso y se encogió de los hombros. —. También por ignorar mis ayudas, debería darte dos golpes —alzó la pierna para golpearle pero se detuvo en medio camino cuando el saltó de la silla y se alejó a la carrera de ella.
— ¡Vale, vale! —respiró con dificultad hasta llegar a la pared, allí levantó las manos y procuró susurrar—. Lo único que me puede consolar es comida… ¿Crees que tu madre me de ramen a esta hora?
Los ojos de Hinata brillaron con divertimento, estuvo a punto de reír si no fuese porque hace unos minutos él había rechazado su ayuda de cualquier forma. Negó llevándose las manos a las caderas y reprimiendo la sonrisa, contestó:
— Si le digo que Naruto Namikaze la va a visitar haría pato laqueado con una gallina —la carcajada de Naruto la llenó de vida. Parecía divertirse de nuevo, aquel chico sombrío que presenció hacia unos minutos había muerto. ¿Qué era lo que le pesaba tanto? No quería volver a preguntar y deprimirle, pero seguía sintiendo la necesidad de querer conocerle mejor.
Abrió la boca para agregar algo más pero el golpe de una puerta los despertó de la ensoñación. Una forcejeó parecía provenir de alguno de los camerinos, la voz nítida vibro por la ventana panorámica hasta sus cuerpos.
— ¡No pienso discutir más sobre esto, Gaara! —gritó una voz femenina. Naruto se despegó de la pared para acompañar la figura solitaria de Hinata.
— ¡No puedes hacer esto, Matsuri! —gritó el joven golpeando la puerta. Hubo un suave forcejeo y la puerta se abrió de par en par dejando a Sabaku en el suelo y Matsuri dispuesta a pisarle para salir del camerino. Namikaze se adelantó pero la voz vibrante de ella no le permitió decir algo:
— Ya te dije cuales son mis planes, no pienso escucharte.
Gaara se levantó del suelo y encarándola con el rostro desencajado, exclamó:
— ¡Es también mi hijo, tengo derecho a elegir sobre él! —Temblaba todo su cuerpo por la impotencia—. No me hagas esto, Matsuri.
¿Hijo? Naruto estaba en piedra. ¿Había escuchado bien? Tragó hondo y se adelantó un paso más llamando la atención de los individuos que peleaban. Bajo aquella camisa holgada de Matsuri se empezaba a notar una débil barriga. Hinata se asomó también interesada.
Los dos jóvenes se quedaron estancados mirando a las figuras que lo observaban desde la lejanía. Enmarcados en la ventana, estáticos, no podían creer lo que sus ojos veían. Gaara tembló y miró a Naruto con miedo. ¿Había escuchado todo? ¿Podía confiar en él como lo había hecho cuando eran jóvenes? Los ojos del pelirojo se fueron achichando mientras sentía que las dos partes de su vida —su pasado y futuro— empezaban a abandonarle. Hinata evitó mirar a Sabaku —al cual no le había agradado desde el principio, incluso la ignoraba— y fijó sus ojos en la delgada figura apenada de Matsuri.
La conocía, incluso había hablado con ella una que otra vez sobre transmites de papeleos. Era la ex secretaria de Sabaku. ¿Y su novia…? ¿Su esposa? ¡Oh! Claro lo entendía. Los ojos de las dos mujeres se encontraron y se sonrojaron al verse espiando. Matsuri creyó haber echado al traste todos los intentos de ocultar al hijo que ahora pensaba criar lejos de aquel mundo frívolo. ¿Se vería sometida a Gaara? ¿A las cámaras? ¿Estaría arruinada su carrera?
— Naruto…—suspiró Gaara con la voz cortada sin saber que esperarse. Estaría dispuesto a hacer lo que fuese con tal de que él no abriese la boca. ¿Qué ganaría haciendo eso? ¿Nada, no? ¿No?
— ¡Felicitaciones! —una radiante sonrisa apareció en el rostro tostado de él. Grandes zancadas y estaba abrazando al siempre frígido Gaara que se quedó pasmado, incluso le dio un beso en la mejilla que lo hizo sonrojarse y avergonzarse. Le picó el ojo— ¿Quién hubiese dicho que tú serias quien nos harías tíos, no? Te lo tenías muy guardado, ¿eh?
Miró a Matsuri por un segundo y también le sonrió, apenándola.
— Quien lo diría: Matsuri-san; Gaara-nii —Sabaku le reprochó la mirada, desde niños que no lo llamaba de esa manera tan infantil. El rubio volvió a reír y esta vez miró a Hinata; sus ojos brillaban de alegría pura. Realmente le emocionaba ser "tío". Naruto podía ser tan impredecible— ¿Y cómo le van a poner?
Y torpe. ¿No veía que estaban en medio de una pelea? Suspiró y se acercó con prudencia a los extraños. Naruto casi saltaba en aquel sitio zarandeando a Gaara con él. Matsuri no podía soportarla mirada vibrante de Namikaze sin sentirse culpable.
— Es algo precipitado pero… —susurró Hinata tan escrupulosa como siempre—, felicitaciones —le miró la barriga y sonrió cálida haciendo que Matsuri parpadeara anonadada por la madurez de la adolescente— ¿Niño?
— ¡Ah, sí! —Sonrió un momento y miró a Gaara con cierta timidez— Va a ser niño —confirmó, el padre tragó hondo y botó un suspiró de felicidad. "Ha dejado escapar su felicidad…", pensó Matsuri al verle como los ojos se le entristecían. ¿Realmente podría quitarle a Sabaku la felicidad de ser padre? ¿Pero podía él realmente ser padre y artista al mismo tiempo? ¿Podía un joven de 24 saber administrar su tiempo? Sabía que él era maduro, aún cuando era más joven que ella —por algo se había enamorado perdidamente de él—, pero también sabía que su mayor sueño era seguir a Naruto —aún cuando no eran ya muy unidos—, le debía tanta felicidad a su niñez.
Hinata sonrió. No sabía que había ocasionado una pelea de aquellas dimensiones, pero seguramente no debía ser fácil amar genuinamente a alguien que demandaba tanto tiempo. ¿Qué se sentiría amar a Naruto? Lo miró sonriéndole como un bobo a su amigo mientras le jalaba los cachetes y le decía al oído: "Ya eres todo un hombre, Gaara-nii". No podía imaginar amar a alguien tan ridículo y temperamental, pero debía aceptar que el Naruto que conocía ahora era más simpático a su vista que aquel ogro del mustang. La descubrió observándolo y le sonrió picaron:
— ¿También quieres un niño, Hinata-chan? —le picó el ojo produciendo un furioso sonrojo en la chica. La Hyuuga retrocedió incluso casi cayéndose al suelo, acto que produjo la carcajada de Naruto —y Gaara aunque no la exteriorizó— así como la molestia de Matsuri.
— Es todavía una niña —corrigió la pelimarrón mirando de reojo a Naruto. Él le sonrió hosco:
— Gaara-nii era sólo un niño —dicha última frase produjo un bochorno repentino que lo empujo lejos de Sabaku. El pelirojo lo fulminaba con la mirada más la sonrisa centellante de Namikaze no lo dejaba odiarle. Se colocó al lado de Hinata mientras escuchaba las palabras pausadas de Gaara.
— No estamos para bromas, Naruto.
— ¿Por qué no? —el tono le vibró tenso. Hinata le miró; tal vez si se había dado cuenta de la pelea entre los dos—. Tener un hijo es una responsabilidad gigantesca; también se supone una alegría. Las bromas siempre son buenas para luego sentarse con cabeza fría y pensar las cosas.
Sí, él podía ser torpe pero no tanto. Hinata sonrió orgullosa de que no fuese tan imbécil.
— Mejor me voy —susurró Matsuri luego de pensarse un momento las palabras de Naruto. Miró a Gaara con los ojos humedos— Hablamos mañana.
— Te llevo —dictaminó él mientras buscaba las llaves en su bolsillo—. Hablamos en el camino.
Los labios de la morocha casi describieron una sonrisa de felicidad. Quería resistirse a los encantos de Gaara; a su nueva forma "atenta". Quería poder disfrutar de él en su totalidad, quería también que fuese el padre de su hijo. ¿Pero podían? ¿Podían ocultar todo eso de las cámaras? Negó.
— No, no estaría bien que la prensa nos viera salir juntos —la chica bajó la mirada entre sonrojada mientras Gaara asentía convencido—. No vamos a arruinar todo lo que hemos venido haciendo.
— Yo la llevo —terminó por decir Naruto interesado en que la joven tuviese un momento para pensar. Él bien sabía todo lo que había sufrido Gaara por saber que era una familia; también sabía que cuando él seriamente se proponía algo hacía lo que fuese para conseguirlo. Sólo tenía que esforzarse para que Matsuri-san lo llegase a entender. Sabaku le miró a los ojos entre agradecido y confundido—. Pero debemos ir por el estacionamiento trasero, en la entrada del edifico hay demasiados reporteros.
— ¿Reporteros…? —él rostro de Gaara se tensó. Matsuri creyó que se debía al peligro de ser descubiertos, mas su preocupación se fundaba en Naruto o Sasuke; "los que siempre creaban problemas. — ¿Pasó algo?
— No —cortó sencillo Naruto mientras caminaba. Hinata le siguió silenciosa invitando a Matsuri a caminar, tuvo un minuto para mirarle la espalda distante. No entendía a Namikaze, corría al refugio de sus amigos pero cuando tenía un momento para hablar sobre sus problemas', huía. Bajaron por el ascensor domestico en silencio; sin mirarse.
— ¿Fue por lo del beso? —insistió Gaara mirándolos sucesivamente. Hinata enrojeció, creyó haber visto también cierto sonrojo en el rostro de Naruto. El silencio le llevó a mirar directamente a la Hyuuga, torció el gesto — ¿Podemos confiar en su silencio?
El rubio volteó sobre su cuerpo mirando al objetivo de Gaara. Ella tembló ante la mirada azul y verde; incluso la miel de Matsuri. ¿No confiaban en ella? Bueno, no pensaba estar ventilando sobre temas tan escabrosos como el embarazo fuera del matrimonio. No era algo para estar jugando. Naruto torció el gesto.
— Se puede confiar en ella… —sin embargo sus ojos se agudizaron. Hinata le sostuvo la mirada hasta que la pregunta la dejó furiosa: — ¿Se puede, no? —Estuvo a punto de maldecirle y golpearle de nuevo en la pantorrilla, corrigió a tiempo asintiendo para Gaara: — Se puede confiar en ella.
No había duda en su clara voz aunque Sabaku no retiró los ojos de ella después de que las puertas se abrieron, reiteró:
— ¿No era la misma chica que te hizo algunas malas jugadas? —sentenció produciendo un mal sabor en la boca de Hinata. Sí, había sido una pésima persona con Namikaze; aún se arrepentía. Aunque él se lo había buscado. Los ojos de Matsuri y Sabaku —de soslayo— cayeron en su figura.
Naruto puso los ojos en blanco y la miró luego de ese gesto con una sonrisa extraña. La hizo temblar.
— Verdad que eras bastante rencorosa en ese tiempo —la sonrisa se le ensanchó—. Aunque yo tampoco me comporte muy bien que digamos.
¿Él se estaba disculpando? Hinata abrió los ojos sin poder creérselo. Estaban llegando a la puerta de cargas —gris y gigante— cuando la mano de Naruto se fue rápida hacia su nuca; rascándose. Tenía cierto sonrojo de bochorno en el rostro.
— Ella es más de las que hace bromas pesadas —miró a Gaara para que entendiese su punto. El pelirojo cruzó los brazos sin creer las palabras de su amigo. Una cosa era la sinceridad de Naruto y otra, muy distinta, era la de una chica que parecía ser la enemiga de la SBS. —. Confío en ella.
Sabaku volvió los ojos sorprendido a su amigo. Parpadeó. ¿Confiaba tan ciegamente en ella cómo para decirlo en voz alta? Sintió el temblor de la Hyuuga a su lado mirándolo también sin creérselo. ¿Había sido algo espontaneo? ¿Una corazonada del rubio? Bufó. No iba a ponerse en su contra; le estaba salvando el culo. Tiró una mirada de recelo a la pelinegra. Esperaba que Naruto no se equivocara.
— Vale.
Hinata titiritaba de agradecimiento. No podía siquiera moverse cuando abrieron la puerta de carga para salir en silencio por el estacionamiento. El pelirojo aguardó en las escaleras. No los iba a acompañar. Hinata miró las dos figuras de hombres que se detuvieron para agradecerse en silencio. Ella también debía algunas palabras a su "novio". Suspiró. Él no había birlado el tema de los periódicos porque no deseara hablar sobre ello; sólo no quería preocupar más a su amigo. Podía jurar que aquel distanciamiento entre ellos no había dado frutos en sus corazones. ¿Seguían teniéndose cariño?
Sonrió. La mueca en la boca de Naruto era de felicidad. Mucha más que aquella que uso con Shion. Quería que sonriera para ella de esa manera.
— Gracias, Naruto —susurró Gaara al pie de la salida. Un gesto con la mano lo descolocó. Naruto estaba eufórico y empezaba a caminar hacia su carro que estaba aparcado en el segundo piso del estacionamiento. Le gritó:
— ¡No es nada! —se encogió de hombros y carcajeó como lo hacía en la secundaria—. ¡Eso hacen los amigos!
Los ojos verdes se dilataron. ¿Aún los consideraba amigos? Pero si él… ¡Él había sido el primero en alejarse! ¡Él había cambiado tanto que no podía llamarse el amigo que alguna vez tuvieron! Sintió que tenía ganas de llorar; un golpe fuerte en el estomago. Ese maldito imbécil ahora salía con algo así. ¿Qué le pasaba? Se sentía feliz, al menos algo. Apretó el rostro sin dejarle de ver la sonrisa; exclamó:
— ¿Qué te pasa, Naruto? —Siseó— ¡Estás extraño hoy!
— ¿Extraño? —parpadeó deteniéndose abrupto. Reanudó el camino luego de unos segundos sonriendo de nuevo—. Quería cambiar un poco, estaba cansado…
— ¿Seguro? —No creía que esa fuese la razón. Pudo ver el gesto rápido que le había lanzado Namikaze a la Hyuuga y que había pasado desapercibido por ella. Una mirada fugaz. Parecía también estar ocultando algo, algo que conectada a otra cosa. Entrecerró los ojos: ¿Había sido aquella novia falsa? ¿Qué había hecho esa chica para cambiarle de opinión? ¿Molerle a golpes? Ni Sakura lo había conseguido con ese método.
— Quisiera ser más como el Naruto de antes… —inspiró—. Este es muy aburrido y pragmático; y usa demasiadas palabras complicadas.
— ¿Pragmático te parece complicado? —puntualizó sin creérselo. El asentimiento infantil de Naruto le confirmó que era un idiota y que su nuevo léxico era gracias a Iruka. Claro, como se le hubiese ocurrido que Naruto pudiese hilar una conversación articulada y llena de adjetivos con periodistas. Todo aquello debía ser el plan de hacer un cantante perfecto — Ya vete, es tarde.
No deseaba seguir discutiendo con él, mucho menos si iba a regresar a sus tiempos de tic verbal: dattebayo. Rodeó los ojos pero en aquel gesto pudo divisar el rostro sonrojado de la Hyuuga. Había escuchado con perfecta nitidez: "Quisiera ser más como el Naruto de antes…"; sentía de que alguna manera Namikaze le había correspondido. Él si había tomado su petición, romántica o no.
No, no era romántica. Bateó la cabeza cuando él paso a su lado para encontrarse con Matsuri. Su rostro sonrojado le llamó la atención. ¿Habría pescado un resfriado? Tocó su frente; estaba algo caliente.
— ¿Estás enferma? —le susurró con cierta preocupación en la boca.
— ¡Nada! ¡Aléjate tú… grandísimo idiota! —chilló alterada, incluso saltó medio metro lejos de él. Namikaze le vio extrañado y algo molesto, más la voz de Matsuri los sacó de la ensoñación.
— Gracias por ser tan amables con Gaara y conmigo… —parpadeó nerviosa. Naruto articuló una sonrisa pero no llegó a todo el rostro, aún estaba dolido por el rechazo de Hinata. ¿Qué le pasaba a esa mujer? Primero se hacía frágil y se acercaba con buenas pretensiones; luego lo empujaba rechazándole.
Ah. Ya entendía. Con que ella era de ese tipo. Le sonrió cuando encontraron el carro. Pícaro. La Hyuuga tragó gordo retrocediendo. El audi no brillaba con tanta intensidad como su sonrisa. Naruto lo entendía. Ella era: Little devil*. Había sido un idiota al no notarlo.
Tal vez no estaba tan equivocado; aunque Hinata era más bochornosa que eso.
— ¿A dónde dijiste que íbamos, Matsuri-san? —preguntó Naruto cuando todos estuvieron dentro del carro. A la Hyuuga le tocó la molesta parte trasera del carro donde tenías que entrar haciendo contorsionamos. Bufaba molesta.
— Saitama —susurró preocupada por el largo trayecto. Hinata gimió. Debía avisar a sus padres que ese día llegaría tarde. Estaba segura que no chistarían si colocaba el nombre de Naruto en el mensaje, incluso podía asegurar que escribirían algo como: agujerea los condones, sáltate la pastilla o emborráchalo y viólalo. Algo así. Bufó de nuevo.
Ino llegó a casa a media noche. Abrió la puerta tratando de no hacer mucho ruido más el sólo sonido de las llaves la delató. Cuando entró a hurtadillas por el pasillo se encontró con la figura pétrea de su madre en batas. Tembló. Hubiese preferido encontrarse con su padre medio dormido. Escapó de sus ojos mientras trataba de inventarse una historia creíble. Lo que había vivido ese día no pensaba contárselo a nadie; únicamente a Hinata —como recopilación de información sobre el novio falso; tal cual solía llamarle a las investigaciones sobre el rubio en internet y revistas—. Aún sentía el olor masculino de Kiba sobre su cuerpo y la sensación de los gritos de los niños sobre sus oídos. Había sido una buena experiencia; también había cambiado su idea sobre Kiba. Había dejado de ser el salvaje baterista virgen a un el salvaje baterista virgen que era encantador con niños y, que se veía muy bien como chico "normal". Sí, Kiba era muy deseable.
Reprimió ese pensamiento. Si seguía pensando así de él terminaría violándolo —Sí, técnicamente lo violaría porque alguien tan cohibido sexualmente como él terminaría resistiéndose a sus encantos— y exactamente ese pensamiento le producía horcajadas si lo articulaba frente a su madre. La cara hermosa de Kiba se confundía con la matriarca Yamanaka. Empezó bajando la voz.
— Lo siento, estaba ayudando a Hinata en su nuevo trabajo y se me pasó el tiempo —susurró empezando a mirar los ojos de su madre. La oscuridad de la casa le servía para no huirle. La cara envejecida de Yamanaka parecía no inmutarse ante la voz suave de su hija. Algo se tramaba esa bastarda, bastante sustos que ya le había provocado.
— ¿Qué tipos de ayuda necesita Hinata? —Cruzó los brazos—. No me dijiste ayer que estaba perfectamente bien con su nuevo trabajo, que estabas feliz por ella.
— Sólo son ayuditas, mamá —la rubia pasó de largo hasta la cocina tratando de quitarle importancia a sus palabras—. Está trabajando en un café y estaba empezando a pensar que es hora de que yo también trate de conseguir algo de dinero para mí.
— No necesitas trabajar, tu padre te da una mensualidad —puntualizó la mujer asomándose a la cocina mientras veía su hija rebuscar entre los vasos. Estaba demasiado tranquila para ser "normal". — ¿Estás viéndote de nuevo con Shikamaru?
— ¿Qué? —la hija tembló. La sola mención de aquel hombre la ponía de puntas. Huyó de la mirada, pero a pesar de la madre estaba equivocada. Ella no quería volver a verse con él y pasar por todo lo que ya habían vivido; le bastaba con sus memorias—. No sé de que hablas y que andas escuchando. Yo termine hace tiempo con él y no hemos vuelto a hablar.
— Se que han vuelto a hablar, te escuche la otra vez.
— Esa fue la última vez —miró indignada a la sombra que se apoyaba en el marco de la puerta— ¡Y no debes estar escuchando las conversaciones de los demás! Ya no soy una niña.
— Eso lo sabemos todos. —Indicó la casa—. Shikamaru se encargó muy bien de ti.
— No saques ese tema de nuevo —la apuntó—, pronto cumpliré los 18 años. Nos estábamos llevando bien; no hay porque forzar las cosas.
— ¿Me estas amenazando jovencita? —la mujer caminó hacia su hija.
— Sólo quiero dejarte claro de que pienso dejar todo el pasado atrás —la indicó— ¡Y tú me lo recuerdas todo el tiempo! No me interesa más Shikamaru —mintió—. Quiero hacer las cosas bien; quiero ser sincera con ustedes pero la presión que tienen sobre mí no me deja.
— Ahora somos nosotros los culpables de que tú te enredes con el primero que se te pase…— siseó molesta por el tono que usaba su hija. Ino retrocedió, incluso su madre se llevó la mano a la boca. Aquellas palabras habían sido demasiado.
— Sí así piensas de mi no pienso darte muchos dolores de cabeza: cuando termine el instituto pienso irme de la casa para que no me vean llegar a esta hora —recogió sus pertenencias y el vaso. Pasó al lado de una madre arrepentida que quería decir algo. Soltó subiendo las escaleras— Y no, no me vi con Shikamaru, si eso te consuela.
Ino se lanzó a la cama luego de cerrada la puerta. No la tiró. No hizo ningún berrinche. ¿Estaría madurando? No lo creía. La forma en que se había comportado con Inuzuka no era muy "madura". Hablar con Shikamaru y esperanzarse tampoco lo era. Eso sí sentía una rabia creciente en el fondo de su ombligo debido a las palabras de su madre. ¿Así la veía su familia?
Se dobló y dormitó echa un ovillo. Respiraba tranquila mientras recordaba las risas de los niños y la sonrisa reluciente de aquel joven. ¿Qué pensaría él de ella? ¿Qué era una fácil o una descarada? Sí, perdió la virginidad a los 15; había jugado sexualmente con varios hombres. Era una descarada, pero habían amigas que tenían peores números que ella y no cargaban con esas cruces; también tenía amigas vírgenes como Hinata. Suspiró de nuevo, sentía que el aire se le iba de los pulmones, dolía. ¿Realmente se veía como una fácil? Le dolió el pecho. No quería que Kiba la viese así; no alguien cuyo concepto de belleza era Hinata. No alguien que quería formar una tranquila vida en un pueblito donde nada pasaba. Inspiró. No sabía de qué otra forma podía llegar a los hombres; ese método siempre le había valido.
Rebuscó su teléfono entre las sabanas. Lo consiguió luego de dar una vuelta sobre si. La luz le dio en todo el rostro apenas lo inició. Suspiró. Había un mensaje de Nara. Estuvo tentada a abrirle, pero se contuvo. Sólo quería mandarle un mensaje a su amiga y mandarse a dormir. Pensaba realmente conseguir ese trabajo junto a Hinata; también pensaba seguir rondando a Kiba. Todo aquello mantenía su mente despejada de los envistes de Shikamaru; también de su familia.
Escribió:
"Tengo muchas cosas que contarte.
Me di por vencida, al fin, con Shikamaru, tengo a alguien más.
Bueno…no es exactamente "alguien más", pero estoy segura de que la paso bien con él. Sé que me reprenderás cuanto te cuente quien es. Espero que Naruto no te haya puesto mucho trabajo y que al menos te haya dejado verle los tríceps. Tienes tanta suerte y a la vez ninguna amiga…
Hablamos mañana".
Para su sorpresa le contestaron al minuto. ¿Hinata despierta a la una de la mañana? Miró su reloj para cerciorarse de que no se había equivocado con la hora. ¿Qué hacia la siempre diurna Hyuuga despierta a esas horas de "fiesta"? Corrió a leer el mensaje.
"También tengo muchas cosas que contarte. Hoy fue un día lleno de sorpresas; tal vez si tenga mucha buena suerte.
Estoy en Saitama. Es una larga historia. Tranquila, estoy con Naruto. Luego de esto iré a casa. De verdad hay muchas cosas que contarte.
Creo que… Naruto no me desagrada del todo, tal vez nos podamos llevar bien.
Hablamos mañana"
Subrayó tantas palabras en su mente que sentía que la pantalla rebotaba contra sus ojos. ¿Muchas cosas que hablar? ¿Sorpresas? ¿Buena suerte? ¿Saitama? ¿Naruto? ¿No me desagrada? ¡Saitama! ¡No me desagrada! ¡Sorpresas! ¡Buena suerte! Sin duda esa bastarda había visto más que sus tricepts. Le escribió en el acto:
"¿Lo has hecho, Hinata? ¿Dejaste de ser virgen con el ídolo de Japón? ¿Por qué en Saitama? Hay muy buenos hoteles en Tokyo. ¡Oh, claro, incognito! Trata de entrar en silencio en tu casa nadie quiere ver el rostro de alguien después del sexo, excepto el chico con el que te acabas de acostar. Que rápido todo, quien hubiese pensando que se llevara tan bien.
Por cierto… ¿Cómo son sus tricepts? ¿Qué hay de su culo? ¿Qué hay de…? Jajaja, te lo dejo a la imaginación.
Cuéntame bastarda."
No le contestaba. La muy maldita no le contestaba. ¿Qué había pasado? ¿Empezarían una nueva faena? ¡Kyah! ¡Su amiga era tan suertuda! Y ella había perdido la oportunidad con Kiba. ¡Yoshi! Que mala suerte se gastaba.
Hinata releyó el mensaje con el rostro imparcial. ¿Debía estar jodiendole, no? No estaba hablando enserio. Le estaba tomando el pelo como siempre lo hacía con ese tipo de temas. No pensaba contestarle. Bloqueó la pantalla y se cruzó de brazos. Las piernas las tenía entumecidas. Las figuras de Naruto y Matsuri llamaban la atención sobre la vista de la autopista de Saitama. Toda la oscuridad afuera parecía comerse el río y los edificios. Las luces de la autopista iluminaban el puente haciendo que los otros carros se vieran pequeños delante del flamante audi que los sorteaba con furia. Se sentía algo nerviosa por el exceso de velocidad. Agudizó el oído para escuchar la conversación de adelante —la cual no participaba porque aun se sentía abochornada por las palabras de Naruto—.
— ¿Cuántos meses tiene? —preguntó Naruto con una sonrisa sin abandonar la mirada de la autopista.
— Tres meses —susurró calmada Matsuri mientras acariciaba su vientre. Hinata sonrió por aquel gesto maternal. ¿Qué se sentiría amar a alguien tanto como para conceder a otro ser? Le gustaría algún día experimentar ese tipo de sentimiento.
— ¿Y piensan mudarse a Tokyo? —preguntó quedó Namikaze luego de un momento de silencio que administró para su propia felicidad. Le gustaría poder molestar a Gaara con ser padre; también le gustaría poder compartir con él como alguna vez le había prometido: "cuando sentemos cabeza".
— No —cortó la mujer sin mirarles—. La idea es quedarnos en Saitama.
— ¿Tan lejos? —Naruto parpadeó sin entender— ¿No se le complicara a Gaara por el trabajo?
— Esa no es la prioridad. Mantenernos lejos de las cámaras y los periodistas es por ahora lo que nos importa.
— Bueno… —dudó por un momento el rubio mientras cruzaba el gesto—, la prensa suele ser muy invasiva en ese tipo de noticias; seguramente la SBS sabrá administrar las cosas con los canales de televisión, una embarazada no puede pasar por tanto estrés.
— No me está entendiendo Namikaze-san —terminó la joven sonriendo nostálgicamente—. Nuestra idea no es mantenernos temporalmente lejos de las cámaras. No pensamos formalizar nuestra relación. Yo soy quien vivirá en Saitama. Gaara, obviamente, seguirá viviendo en Tokyo.
Hubo un enorme silencio que le robó la mirada al joven. Retomó la atención a la autopista preocupado. No sabía cómo llenar la incomodidad que había producido esa declaración. ¿Gaara no pensaba hacerse cargo de aquel niño? Ya entendía a que venía aquella fuerte pelea entre los dos. ¿Es que ella pensaba aislarse en Saitama para que nadie descubriese su filiación? Tembló. La voz de Hinata leyó sus pensamientos:
— ¿Piensan formar vidas apartes? —se acercó al rostro de la mujer. Se sintió un poco invasiva, mas no le importó con tal de conseguir una respuesta— ¿No piensan criar al niño en conjunto?
— Seré una madre soltera —la mujer le sonrió con calma.
— ¿Sabaku Gaara está de acuerdo con esa resolución? —Cruzó los brazos por un minuto sintiendo tiránicamente molesta con el amigo de Naruto. ¿Realmente era esa clase de patán que no se preocupaba por su descendencia?— Sonare algo entrometida pero… ¿No se supone que el padre también tiene derechos sobre su hijo?
— Nadie dice lo contrario —la joven le sostuvo la mirada. Ninguna de las dos iba a dejar su palabra—. Gaara no tiene tiempo para criar un niño, mucho menos tiene la estabilidad social para hacerlo público. Debería usted entender muy bien que la prensa no vería bien a dos padres solteros. Su popularidad…
— ¿Qué hay con su popularidad? —gruñó la Hyuuga indignada— ¿No cree que más importante que su carrera es aquello que se mantendrá a traves del tiempo? Ser un ídolo puede terminar mañana; pero ese niño siempre será su hijo.
El silencio flotó por todo el carro. Naruto asintió calmado. Estaba de acuerdo con la pelinegra así los viesen como dos entrometidos. Matsuri cayó en el asiento como un plomo. Aquello tenía mucho sentido, aquellas palabras dolían. Viró los ojos escrudiñando los primeros edificios que daban la bienvenida a Saitama. Suspiró.
— Para Gaara lo más importante es esa banda… —susurró cansada la mujer—. No pienso sustituir aquello. Yo no soy del tipo de mujer que amarra a los hombres. ¿Dos veces al mes? ¿Podrá verlo una vez al año? ¿Ese es realmente el padre que deseo para mi hijo? Fue una mala decisión de mi parte enamorarme de aquel hombre.
La Hyuuga no tenía palabras para aquellas conjeturas. Esa mujer era la única que podía responder todas esas apelaciones. Apoyó su cuerpo en el asiento cansada. Empezaba a ver los estragos de tener una doble vida. ¿Quién era el verdadero Naruto Namikaze o si quiera el verdadero Gaara Sabaku? ¿Qué hacía a personas como Matsuri, Menma, Jiraiya o Namikaze tomar decisiones tan dolorosas; mentir, engañar? ¿Qué le hacía a ella permanecer en aquel sitio que le aseguraba dañar el corazón? Todos pretendían. Todos actuaban su propia obra. Ella estaba jugando por fuera; cambiando los telones. Apoyó la cabeza sobre el respaldar y echó un enorme suspiro. Podía sentir los ojos de Naruto sobre ella desde el espejo retrovisor. Evitó mirarle. Sólo escuchó la voz grave de Naruto decirle en un murmullo cálido a Matsuri:
— Estoy seguro que lo más importante para Gaara es la familia.
Nadie se atrevió a volver hablar hasta que las calles se estrecharon y los vecindarios dejaron las llamativas luces para vestirse de parques y solitarias veredas. Una secundaria con las luces apagadas parecía decirles adiós. Los columpios se mecían solos por el viento y el lago se ennegrecía cada vez más; sólo siendo pobremente iluminado por las luces del puente. Matsuri vivía en una colorida calle ciega de modestos carros de clase media. Eran varias torres de iguales colores y diseños; todas las ventanas alargadas parecían anudadas con las mismas cortinas. Las entradas de los departamentos estaban veladamente iluminadas junto con su escalera monolítica repartida al lado izquierdo de los apartamentos. Matsuri dio una larga reverencia antes de agradecer con la voz.
— Muchas gracias por traerme —sonrió a Hinata que parecía decepcionada por su antigua respuesta. Esta le devolvió el gesto trémula—. Que pasen una buena noche.
La Hyuuga desalojó el carro luego de que Matsuri abriese la puerta. Se encontraron frente a frente cuando la pelinegra estuvo dispuesta a ocupar el puesto de copiloto. Se miraron por un largo momento y entendieron que no eran tan distintas. Las dos eran conejillos de indias en un mundo que no conocían. Matsuri era una chica normal; igual que ella, tal vez con muy mala suerte. ¿Qué la había hecho creer que podía surgir un amor entre ella y un ídolo? Sonrieron ante ese descubrimiento. Las dos pretendían —por razones distintas— ser alguien que no eran. Hinata susurró mientras colocaba su mano maternal sobre el hombro de la joven:
— Se que es difícil ser quien eres en este mundo —sonrió queda—. Pero he comprobado que es la única manera de sobrevivir; es la única manera de crear vínculos verdaderos —se encogió de hombros—; tal vez sean un mundo frívolo de altas expectativas; pero en cualquier mundo la sinceridad suele valer mucho más que las pretensiones.
Matsuri abrió los labios apunto de contradecirle. La sonrisa se agrandó en el rostro de Hinata terminando:
— Date un tiempo para pensar lo que es correcto —le picó el ojo—. Cualquier cosa que necesites puedes contar conmigo; no soy más que una chica como tú pero… ¡Sin lugar a dudas tratare de ayudarte!
La sinceridad de sus palabras venía de la necesidad de confidencia. Hinata se sentía representada en Matsuri; como la otra también lo sentía. Temblaron. Prefería confiar en esa chica que también pasaba lo mismo que ella. ¿Por qué se había enamorado de Naruto Namikaze, no? El brilló en sus ojos le hizo sentir algo culpable. Tal vez Hinata estaba utilizando su ventaja como "novia" para hacer sentir empatía con aquella mujer; pero en el fondo sabía que sus similitudes no sólo se basaban en que los escenarios se parecían, sino también en cómo el mundo las trataba.
Ninguna encajaba en aquellos lujos y buenas apariencias. Las dos eran bodrios delante de aquellos que querían llamar "novios". Las dos estaban en un buen aprieto. Las dos sentían algo por aquella persona. Hinata bufó. "Aunque fuese odio o amistad; lo que sea…"
Entró al carro luego del cálido asentimiento de la joven y su cariñosa despedida. La vieron partir por el espejo ahumado del carro deportivo. Se mantuvieron en aquel aparcadero por unos segundos mirando la nada de los edificios. Hinata al final pudo llevar sus ojos hacia Naruto. Este mantenía la cabeza virada hacia el cielo mientras parecía recitar algo como: "Que hacer, que hacer"; canturriado.
— Las mujeres podemos ser testarudas ¿No? —soltó tratando de conseguir conversación. No hubo ninguna respuesta. Miró sus dedos incomoda. Trató de nuevo— ¿Una noche fría, no?
De nuevo aquel incomodo silencio. Le miró. Namikaze no se inmutaba si quiera para mirarle o mandarle a callar. Movía los ojos tamborileando sobre el volante; de nuevo parecía repetir algo: "Que problema, que problema".
— Gracias por confiar en mí —soltó. Ni siquiera aquel agradecimiento logro despertarlo de sus ensoñaciones—. Me gustan los animes y el cosplay —alzó sus dedos en victoria sólo para decir alguna locura sin sentido lógico. Tampoco, aquel hombre se había convertido en piedra— Seguramente Naruto en tanga se verá muy bien.
¡Ni siquiera aquello! Se había superado y seguía tamborileando sobre el volante, pensando. Gruño por lo bajo cruzando los brazos. No entendía porque ahora no la tomaba en cuenta. Le molestaba las actitudes de Namikaze. Apoyó la cara en el vidrio frío. La noche era aterradora y todas las luces de los apartamentos estaban apagadas. Sólo una permanecía prendida, seguramente se trataba del apartamento de Matsuri. Suspiró. ¿Se iban a quedar allí por el resto de la vida? ¡Hombre pero que tío más raro! Y seguía canturriando: "Que problema, que problema, dattebayo". Rió por lo bajo y le salió decirle aquello, después de todo, no quería escucharle.
— Me gusta más el Naruto de "dattebayo" que el de amenazas y silencios molestos —cruzó los brazos harta— ¡Oh, vamos hombre! ¿Nos vamos a quedar aquí toda la noche?
Los ojos azules cayeron sobre su figura divertido. Hinata podía tener cada cual ocurrencia que lo exaltaba. Colocó los ojos en blanco y apagó el carro queriéndole jugar una bromita. En todo el día le había jugado muy pocas bromas; ninguna le había salido bien. Pasó su brazo detrás del puesto de Hinata haciéndola temblar. Sonrió de medio lado. Le gustaba colocarla nerviosa —como ella lo colocaba a él todo el día—. Sonrió con picardía y susurró cerca de su rostro, llenándole de aliento de menta:
— Así que te gusta más este Naruto, dattebayo —no era una pregunta, era una afirmación directa. Los ojos perlados de ella se fueron hacia el rostro de Namikaze. Sus ojos chispeantes y oscuros la hicieron retroceder.
— ¡Yo…! —dudó por un minuto. El aire no le llegaba bien a los pulmones. ¿Por qué debía ser jodidamente guapo? ¡Lo odiaba! ¡Realmente odiaba a Naruto Namikaze! Nadie podía ser tan perfecto y seguir viviendo para contarlo— ¿Qué crees que haces?
— ¿Qué hago? —se alejó un tanto pero luego, para responder, se fue acercando lentamente— Nada. Quería pasar un tiempo a solas con mi "novia". Después de todo, incluso la cita fue arruinada.
Un poco más y la Hyuuga se iba a colocar como un tomate. Estaba a punto de carcajearle en la cara, pero quería acercarse un poco más. Olisquear su perfume de mujer y su shampoo de niña. Sonrió al sentir que uno de sus dedos podía tocar la suavidad de su mejilla. Ella titiritó.
— No… —tragó gordo encontrando valentía— ¡No te me acerques! —se golpeó contra la puerta tratando de alejarse.
Él rubio sonrió alzando las cejas. Tal vez la broma era divertida, pero sería más divertido acorralarla en sus brazos. Hubiese querido poder hacer eso con la Hinata que le había mostrado hacia unas horas atrás; aquella honesta ratoncita huidiza. ¿Eran ahora más cercanos? Podía decir que si, al menos él lo sentía así, ya no la podía odiar por completo. Se acercó un poco más. Ella le amenazó con los ojos casi saliéndose y la cara roja del bochorno.
— ¡Te acercas más y te juro que te golpeare, Namikaze! —decía a cada centímetro que sentía que su cuerpo estaba más cercano al de ella. — ¡Me debes aquel beso! ¡No tientes tu destino!
— ¡Oh, aquel beso! —se tuvo que alejar para reír con comodidad. La miró con una sonrisa de soslayo. Había algo encantador en su gesto. No era del todo burla; al menos aquel chiste no le causaba la misma rabia que le había producido sus antiguos comportamientos. — Bueno, sí, fue algo bajo de mi parte robarte un beso para las cámaras —mintió—. Sin embargo, actuaste muy bien.
— Tú… —estuvo a punto de insultarle pero su sonrisa sonrojada la hizo detenerse. Naruto se veía deslumbrante; algo en él había cambiado. Tragó.
— No será que te estás enamorando de mi… ¿O sí, Hime Yakuza? —siseó devoto. Todo el cuerpo de Hinata se estremeció. Huyó de su mirada —sin saber porque— y trató de buscar algo lo suficiente punzo penetrante para amenazarle. Para escapar como una cobarde. Utilizó el trancapalancas que descansaba a sus pies.
— ¡No digas tonterías Namikaze! ¡En tus sueños! —hubiese querido que aquellas palabras birlaran con total nitidez, más salieron con un tartamudeo y sonrojo que no convencieron a nadie. Si Naruto no fuese tan idiota hubiese dudado de aquellas palabras, incluso ella lo hizo.
Naruto era vanidoso. Ese había un defecto que había cogido luego de regodearse alrededor de tantos falsos y modelos. Algo en él sabía que era el chico más guapo que alguna vez había conocido la Hyuuga. También sabía que era el chico que cualquier mujer desearía. Que ella quisiera un poco de su atención tenía sentido. Tal vez no enamorada; pero podía perjurar que la pelinegra se sentía atraída a él. Aquel sentimiento le agradaba. Saber que tenía un poco de la Hyuuga en la mano; que la complacía de alguna u otra manera.
Ya entendía. Por eso su comportamiento Little devil. Sonrió. Ella quería algo de él. Quería que se fijara aunque fuese un poco. Bien, él se podía fijar en ella. No tenía problemas. Hinata después de todo era bonita. Y tal vez debajo de toda aquella mujer arisca podía haber alguien abierto a los sentimientos. Por un momento la cara de Shion le hizo retroceder de su avance; más cuando enfocó la vista y divisó la mirada huidiza de la Hyuuga húmeda por la cercanía y su cuerpo empotrado en la puerta esperando que ocurriera todo rápido para olvidarlo. Se sintió mal consigo mismo.
¿A qué estaba jugando? No se entendía. Se sentía incluso confundido. Cuando la vio llegar con aquella bebidas de limón y comprobó que ella le había esperado se sintió feliz. Cuando ella le confesó querer conocerle se sintió igualmente feliz; lo mismo ocurrió con sus palabras de confort debido a la situación con la prensas. Por eso estaba bien acercándosele; porque quería acortar el espacio entre los dos. Desde el principio había querido abrazarla y poder guardarse la sensación de su cuerpo bajo sus brazos. Pero ahora viéndola tratar de escapar de tan incómoda situación sólo lo hacía sentir decepcionado. No le importaba si la Hyuuga estuviese jugando a "Little devil"; o lo que fuese que trataba de hacer con él. No le gustaba estar confundido. No le gustaba que ella huyese o lo mirase con miedo; tampoco le agradaba cuando lo juzgaba con su mirada o cuando los ojos se le llenaban de lagrimas por sus bromas. Y por sobre todas las cosas no le gustaba que sus juegos; que su cercanía, que sus ganas de abrazarle le recordasen a Shion. Él no estaba siéndole infiel. Sus sentimientos por Hinata Hyuuga; que si quieran llegaban a una extraña confidencia, no se asemejaban a su amor.
Se separó y se sumió de nuevo en un letargo de pensamientos que sólo era sustituida por el movimiento de sus manos en el encendido del carro y el volante. Reanudaron el viaje sin verse a las caras. Ninguno tenía el suficiente valor para enfrentarse a los sentimientos que ahora desataban ese tipo de "juegos". Hinata aún tenía la mano en el corazón que le latía con fuerza. No entendía —ni quería entender— el comportamiento de Naruto. Decidió ignorarle colocando su cabeza contra el brilloso vidrio. Las calles estaban tan oscuras y solitarias que sólo las luces del carro iluminaban el pavimento. Saitama de noche estaba irreconocible.
Naruto quiso decir algo. Cualquier tontería con tal de quitar la molestia de su estúpido juego. Bufó. Ni siquiera pensar en Shion le ponía de buen humor. Su actitud hacía unas horas también le cabreó. ¿No se sentía ni un poco celosa por Hinata? ¿Y qué había de actuar tan familiar con ella? Suspiró. Además… ¿Qué había sido ese extraño comportamiento tímido de la Hyuuga? La miró por un milisegundo. ¿Realmente ella estaría enamorada de él? Tenía el rostro inexpresivo; su respiración se había tranquilizado y sus ojos no mostraban haberse alguna vez alterado. Sus dedos paseaban por la bufanda que tapaba todo su blanco cuello. Abrió la boca pero ella le interrumpió:
— Saitama queda lejos de Tokyo… ¿No? —ni siquiera lo miró. Usaba las palabras que se usan para con un extraño. Naruto apretó el volante con violencia. Se sentía un idiota. Esa chica jamás hubiese pensando en verlo de esa manera. Sería un milagro que le viese como un "amigo". Sonrió con desprecio.
— Sí, algo.
— ¿Tres horas, no? —preguntó virando el rostro hacia él pero sin aún tener el suficiente valor para verle a los ojos. Naruto volvió a asentir.
— Una hora de noche… no hay casi tráfico.
— Claro…—asintió calmada—. Bueno, también un audi no es cualquier carro. ¿No?
No le respondió. Pudo ver su perfil. Había cambiado. ¿Debió haber aceptado que se acercara? ¿Estaba bien? Pero a ella no le gustaba Namikaze. ¿Por qué debía aceptar sus pretensiones? ¿Él no tenía ya alguien que amar? Colocó los ojos en blanco y volvió a acostarse sobre el respaldar.
— ¿Tus padres no se preocupan? —preguntó luego de que habían pasado el quinto kilometro. Ella le miró con un gesto extraño en el rostro; parecía haber estado haciendo caras para matar el tiempo. Estuvo a punto de carcajear si no fuese porque aún tenía grabada su expresión de asco y miedo. La sonrisa se le cuajó en el rostro y tosió tratando de conseguir respuestas.
— ¿Por qué? —tenía aún los labios gesticulados así que la voz le sonó graciosa; como llena de aire.
Naruto indicó el reloj en el equipo de sonido. La una y media de la mañana. Hinata alzó las cejas junto con sus ojos sorprendidos. Nunca había estado tan tarde en la calle. ¿Recibiría una gran reprimenda? ¿Debía mandar realmente un mensaje que constatara que estaba sana y salva? Suspiró. Debía explicar demasiadas cosas y en todas estaba Naruto presente. Su familia se alteraría. Ojala fuesen alterados moralmente; ojala en algún momento se diesen cuenta de que su hija estaba a solas con un hombre; aún cuando este era Naruto Namikaze.
Iba a responder que no pero el sonido del teléfono de Naruto le cortó las palabras, los dos miraron el celular que se revolcaba en pitidos y vibraciones. Ella tragó. Número privado. Miró hacia otro lado para no parecer una fisgona. Escuchó una risita de él.
— El único que llama a esta hora es Iruka…—canturrió negando y colocando a alta voz— ¿Moshi Moshi?
— ¿Qué estás haciendo Momo-san? —se escuchó al otro lado del teléfono— ¡No estarás…!
— ¡Calla Kabuto! —Ordenó una voz femenina— ¿Naruto? ¿Oi? —Naruto no contestó, se había quedado en piedra— Creí… ¡Bueno! ¡Sólo te llamaba para saber cómo estabas! Kiba estuvo aquí hoy; bueno se quedó a dormir… —hizo un momento de silencio en donde dudó—. Me dijo que encontraste una linda novia ¡Felicidades! —rió un poco— ¿Tenias que recuperarte de esa mala racha? ¿No? —el rubio se sonrojó y miró por un minuto a Hinata. Esta se hacia la desentendida mirando hacia la ventana. ¿Cómo Momo-san podía decir cosas así? — Yo siempre supe que te encontrarías una linda novia que te quisiera…
— Madre, molestaras a Naruto… —puntualizó Kabuto muy cerca del teléfono. Su voz sonaba distorsionada.
— ¡Ya, Kabuto! —un momento de silencio y reanudó la conversación—. Nos gustaría a todos; sobre todo a los niños… sí, los niños, que vinieras de visita. ¡Siempre hay una habitación para Narutomaki! —Hinata se estuvo que reír por lo bajo. Como lo había sospechado "ese era su sobrenombre". Él la fulminó con la mirada—. Espero que todos ustedes se estén tratando bien y estén comiendo sano. ¡Recuerda cepillarte los dientes! —hubó otro momento de silencio— ¿Es un mensaje de voz, no, Kabuto? —un forcejeó— ¿A dónde le doy para callar esta cosa?
La llamada finalizó. Hinata le miró. Naruto tenía de nuevo aquella expresión ausente. ¿Aquella llamada tenía algo que ver con su pasado? ¿Con su padre? ¿Por qué su rostro se entristecía tanto al nombrarle? Hinata hubiese querido saber un poco sobre su pasado; pero estaba segura de que él no conseguiría la confianza suficiente para si quiera hablarle de sus pensamientos.
Inspiró. Le resultaba difícil estar a su lado. Shion, su padre, el contrato, sus bromas. Todo resultaba doloroso. Hubiese querido quedarse indiferente. ¿Realmente le quería conocer? Decidió alejar su pesimismo. Que no conociera su pasado sólo le confería la extraña cualidad de ser ignorante. Sí, a veces ignorar era mejor que saber. Sonrió rápido olvidando todo:
— ¿Con que Narutomaki, no? —mencionó cruzando los brazos y escapándosele una mueca de burla. Él llevó sus ojos sorprendidos hasta su cara bromista. ¿Se estaba burlando de él? Por un momento se olvido de que fuese Momo quien le había llamado desde aquel pueblo de nadie. Torció el gesto.
— ¿Te estás burlando, bastarda? —escupió aquellas palabras mientras aceleraba y colocaba toda su atención en la autopista. Los distintos cruces hacía las afueras de Saitama le querían confundir. Escuchó la risa melodiosa de ella, hubiese querido verla divertirse.
— No, para nada —mintió—. ¿Tu madre?
— No —se encogió de hombros—. La madre de Kiba y Sasuke.
— ¿Eh? —Hinata tuvo que echar su cuerpo a un lado para poder ver bien la cara de Naruto. No podía creer aquello— ¿Son hermanos? ¡Hermanos! —no se parecían en nada.
La sonrisa confusa de él la hizo dudar. Negó.
— Al menos no biológicos. —le miró por un segundo—. Se criaron en el mismo orfelinato.
Hubo un momento de silencio. Él suspiró. No había pensando en contarle algo así a ella; tampoco quería formar una falsa compasión en su alma.
— Yo…—Hinata retiró por un momento la mirada. No sabía nada del pasado de él, ni de nadie en la banda. ¿Eran huérfanos? ¿Naruto era…?— Tú…
— No. —negó felizmente—. Vivía cerca del orfanato. Unas quince cuadras. Era lo más cerca que tenía de casa. Vivíamos en la casa que quedaba cerca del rompeolas. Sólo éramos mamá y yo —quiso detenerse. No quería seguir hablando de eso—. Hice amigos allí y solía pasármela con ellos. Crecimos juntos.
Así que se conocían desde hacía mucho antes de su contrato. Hinata dobló el gesto pensativo. ¿No había vivido con su padre? ¿Dónde quedaba aquella casa?
— ¿Es en Tokyo? —preguntó interesada. Los parpados de Naruto parecían cansados, sin embargo algo le hizo sonreír.
— Queda cerca de Kawasaki. Es un pueblillo a las afueras, uno pesquero —rió para sí—. Tiene las mejores puestas de sol.
Hinata sonrió. Le hubiese gustado conocer aquel sitio. Nunca había vivido cerca del mar. Lo había visto una vez en un viaje a la costa con su abuela. No recordaba mucho de él, sólo la sensación salina sobre su cuerpo.
— ¿Vas seguido? —susurró sumergida en sus propias memorias. La negación de él no fue enérgica; un murmullo muerto salió de sus labios.
— La verdad no.
Se sumieron en un incomodo silencio. Cada uno evaluó sus palabras, incluso Namikaze se reprochó ser tan bocazas. ¿Qué le interesaba a la Hyuuga sobre su vida? Sobre aquella vida que ya había dejado atrás.
— Yo… —Hinata dudó decir algo estúpido—. Viví un tiempo en Tokyo con mi abuela. Mis padres no tenían suficiente dinero para mantener a dos hijas así que le cedieron la potestad temporal. Tenía una gran casa —Hinata rió—… tradicional. No recuerdo la gente que iba a visitarla pero solía decir que todas las personas que la querían habían muerto ya… —sonrió a medio poder—, y las que quedaban sólo deseaban hacerle mal. —negó sin poder entender como se entremezclaban—. Mi abuela no hizo muchas cosas buenas en su vida y aun así nosotros, sus familiares, seguimos recordándola con amor. Lo único hermoso que quedó en este mundo de ella fue su voz…—suspiró—. La verdad, su fantasma atormenta a la mayoría de la familia; yo deseo conservar buenas memorias. Me llevó una vez a ver el mar, desde aquel día no he ido más nunca a la costa; es demasiado costoso para rentarlo—pensó en sus palabras y determinó: — La quería mucho, con locura.
Naruto entendió a que venía aquel monologo, a diferencia de ella. Suspiró pesado y negando susurró:
— Yo no quería a mi padre. Lo odiaba.
Los ojos de ella se fueron a su rostro. No mentía, estaba siendo totalmente sincero.
— Lo sigo odiando —se encogió de brazos—. Era un hombre estricto. Quería que me dedicase a algo seriamente —sonrió con desprecio— Sólo tengo malas memorias de él.
Ella no tuvo palabras para aquellas confesiones. Ella no odiaba a su familia por más que las cosas solían salir mal entre ellos; tampoco podía odiar a su abuela aún cuando toda la familia poseía cierto recelo hacia su persona. Hubiese querido saber un poco más de ella y de su pasado. Hubiese querido saber más sobre los Hyuugas. Pero no los odiaba, había muchas memorias que quería salvar de ese holocausto. La pobreza, los gritos y las peleas no podían sustituir sus momentos de felicidad. Las dos de la mañana hacían que la noche se volviera aún más oscura, sólo podían divisar el agua profunda a su alrededor y el pavimento pintado de blanco por los faroles. Se hundió. No conocía ni un poco a ese hombre que tenía a su lado, tampoco había conocido a su abuela. No sabía qué hacer con sus sentimientos.
El movimiento de su brazo sobre el volante la hizo poner sus ojos sobre él, de nuevo. Allí le escuchó. Había querido decirlo desde la llamada.
— ¿Te importaría si nos desviamos? —no la mirada a los ojos. Parecía necesitarlo. Hinata dudó por un minuto; no sabía si era útil que ella aún permaneciera a su lado. Se llevó los dedos a la boca, aquel simple contacto le hizo sentir escalofríos. ¿Qué le pasaba? ¿Estaba nerviosa de estar a solas con él? Bufó. Era buena en judo, si él se trataba de propasar sólo tenía que hacer un movimiento para dejarlo en el suelo. Sentía que más que su cuerpo, sus sentimientos iban a ser violados.
"¿Qué clase de pensamientos estoy teniendo?", se recriminó. Naruto era su novio falso; no era raro que pudiesen pasar momentos en donde tuviesen que fingir que fuesen novios y comportarse como tales. ¿Escaparse por la noche era algo que hacía los enamorados? Bueno, Ino lo había hecho muchas veces con Shikamaru. ¡Debía dejar de ser cobarde!
— Está bien —le sonrió, mas él no pudo ver aquel gesto debido a que estaba demasiado concentrado en cruzar en el próximo elevado. Sentía que los dedos le temblaban. No era la llamada; no era escuchar si quiera la voz de Momo de nuevo, sólo quería ir a ver un momento que todo allá estuviese tal cual lo había dejado. Sus recuerdos; quería liberarse de ellos.
Se sumieron en silencio, cada quien veía lo que deseaba en la carretera. No había que agregar algo más a sus compañías. Ninguno de los dos entendía que hacía allí con el otro. Naruto tampoco tenía mucho tiempo para estar pensando en la compañía —casi intromisión— de Hinata. Se repetía como una película los recuerdos de su niñez; mientras se preguntaba con insistencia: ¿Qué más sabrán ellos?
Malversación de fondos; violencia domestica; tráfico de influencias. Todos aquellos delitos formaban las paredes y techos de su hogar; su niñez siempre había estado manchada de ellos. ¿Había tratado de ocultar su pasado para nada? ¿Ahora toda su carrera sería estigmatizada por aquellos recuerdos? Sintió las irremediables ganas de detener el carro de un frenazo; pero se contuvo. Tenía que olvidar todo, dejarlo ir. Había un único sitio que podía hacerle sentir eso, era irónico que fuese exactamente ese.
Para entrar a Konoha se tenía que pasar por la intercomunal; desviándose por la vieja carretera de barandales metalizados que daban hacía los monolitos montañosos de la costa. La roca gris cortada a cincuenta grados daba la sensación de túnel. La primera curva abría con un enorme acantilado que daba hacía el vacio. Hinata no pudo diferenciar que había bajo aquellos matorrales que se mecían por la brisa nocturna. La maleza no estaba florecida; más parecía que la vegetación se adornaba en primavera. A pesar de que el terreno era encarpado y el pueblo empezaba a brillar en lo más hondo del valle; parecía a su vez que las callejuelas descendían por el barranco hasta un vasto agujero negro que descansaba uniéndose con el oscuro cielo. ¿Qué era aquel manto que arropaba todos los peñascos y la vida? Hinata sólo pudo contestar aquella pregunta cuando la carretera iba de bajada y una brisa marina entró en el carro. El leve bramido de las olas fue llenando todo hasta amortiguarse por un nuevo puntiagudo pedazo de roca.
Un pueblo en la costa. Sonrió. Siempre se había preguntando que se sentía vivir cerca del mar con el olor a pescado impregnado en la ropa y las baldosas; con la sal rellenando los dedos y los vidrios. El salitre volaba por el aire e impregnaba toda la vegetación que con seguridad estaba decorada por orquídeas y cayenas. Las pobres luces que mantenían iluminada la carretera de dos canales empezaron a ser inservible cuando los primeros rayos salieron. Ya era las 5 de la mañana —cuando llegaron a las puertas del pueblo— y aún cuando el mar rugía a sus lados; el frío invierno no había abandonado aquella playa.
La parada del tren estaba encallada entre las montañas y el pueblo parecía protegerse de las actividades pesqueras con una gigantesca cantidad de arboles húmedos. Las casas tradicionales —pequeñas y privadas— predominaban en la zona. La carretera dejó pasar a una pequeña calle de un solo canal. Se notaba que no había si quiera muchos carros debido a que las casas estaban desprovistas de portones y sus entradas eran decoradas por bicicletas de madera, así como macetas coloridas. Paradas de autobús se iluminaban pobremente en aquel mar de cielo aún oscuro. Las montañas lograban tapar el nacimiento del sol cuyos primeros destellos nacían tímidamente en la playa. Hinata miraba por la ventana mientras el carro avanzaba entre las callejuelas con desesperante lentitud. No hacía demasiado ruido pero estaba segura de que despertaría al menos a algunos vecinos. Nunca se hubiese imaginado que alguien tan extravagante —y pretencioso— como Naruto pudiese haberse criado en aquel modesto pueblito.
La casa al fondo se levantaba por encima de todas las pequeñas viviendas que habían quedado atrás. Sin portón, asomaba un pequeñísimo jardín y más atrás un amplio terreno de deportes —que parecía ser público—. Techos negros, puertas grises, paredes blancas. Depresivo aunque algo en sus escalones parecía estar labrado con pequeñas pisadas. Orfelinato; se leía en un cartelón impersonal. No había más, aquellas palabras describían todo. Se detuvieron en aquel recoveco que conectaba la casa con una calle encarpada que daba hacia una hondonada incierta. Ella no había experimentado en mucho tiempo la sensación de quedarse sin palabras. Allí, a su lado, observando aquella casa que bien sabía que significada para él. Se sintió que debía decir algo pero que cualquier cosa sería inútil. Una fuerte aspiración le salió desde lo más hondo de su alma; pero ni siquiera eso pudo despertar a Naruto de aquella aletargada observación.
No había estado allí desde hacia muchísimo tiempo. Había olvidado cómo se veían sus vigas o su patio. Sus recuerdos de la adolescencia e infancia eran bastante distorsionados; llenos de emociones y sentimientos. Sólo podía recordar la sensación que tenía al ver aquella batucada de habitaciones de las cuales se asomaban caras de su edad —sucias, sin dientes y sonrientes—. Varias veces aquella imagen lo había atormentado: ¿Algún día él terminaría viviendo en ese lugar? ¿Algún día su padre mataría de una golpiza a Kushina? ¿Algún día ellos lo meterían allí contra su voluntad? Aquel pensamiento lo aterrorizó hasta la adolescencia. En el instituto consiguió consuelo en las calles, en las tabernas, en la playa, en cualquier lado que no le recordase los adultos. Incluso el colegio parecía un mejor lugar para matar el tiempo que su hogar vacío o la prisión en que se había convertido aquel sitio. Claro, aquellas mismas sensaciones de rebeldía le habían llevado a cometer tonterías, a todos. La felicidad de la primera canción, el primer bar que les dio alojamiento en Kawasaki, las practicas en el recreo, las composiciones en el autobús; incluso las risas. Había sido una época triste pero sabía mucho mejor que este nuevo "tipo" que era. Sí, aquel Naruto veía las cosas de otra manera.
— ¿Estás bien? —preguntó Hinata al sentir que él cerró los ojos. No tenía una expresión de dolor. Namikaze la miró impresionado de que ella había estado todo aquel tiempo callada, esperando a que él estuviese preparado para hablar. Abrió los labios pero sólo pudo formar una sonrisa en el rostro; una débil.
La mirada de ella se entristeció. Dolía si le sonría tan quebradizo, prefería su sonrisa burlona; prefería al Naruto cínico, dolía menos que este. Retiró la mirada.
— Tenía tres años sin venir a este lugar —soltó tocando el volante con nostalgia—. Me imagino que la mayoría que vivía aquí ya se ha ido —sonrió de nuevo, hipócrita—. Era un lugar del demonio, la comida era malísima; no sé como ellos sobrevivieron a ese martirio.
— ¿No servían ramen? —bromeó Hinata tratando de quitarle la tensión a la situación. Un terrible silencio se extendió entre los dos. Una sola sonrisa adornó su rostro. Se sintió mal, era una gigantesca idiota.
— No—respondió ido.
— Lo siento —se disculpó llevando la mano hacia la nuca. Acarició incomoda. Quería poder decirle algo que le consolara; pero la verdad no le conocía. ¿Cómo podía ayudarle si hacía un mes atrás era un completo extraño? ¿Si hace una semana atrás lo odiaba?
Los ojos azules de él se cayeron en su cara. En ese mismo instante entendió porque había traído de todas las personas a Hinata. Ella no huía, ella no pretendía ser amable o si quiera ella era deshonesta. Su franqueza era su mejor cualidad, esa misma le hacía sentirse en confianza. Sabía que si la Hyuuga no le mentiría para no herirlo, era exactamente la forma en que lo hería que hacía sentirse sano. No habría hipocresías entre los dos… ¿Para qué? Y en ese momento más que nunca necesitaba a una persona así a su lado. Había sentido esa misma camarería con los que habían sido sus amigos en un pasado, le hubiese gustado haber mantenido esa amistad con el Uchiha.
— Hay un sitio al que si quería venir —planteó mientras encendía de nuevo el carro y comenzaba a subir la ladera. La casa se fue quedando atrás junto con las sombras de la última noche. El pueblo dormitaba aún con los gatos en los tejados y el frío mustio sobre las hojas de los arboles. La velocidad fue en aumento así que cuando pasaron al lado de aquella pequeña morada si quiera fue un manchón entre la vegetación. Techo a dos aguas; puertas de madera y paredes blancas. Sus ventanas daban hacía el mar que se abrió imponente a sus ojos apenas comenzaron a bajar la empinada hacía la costa. Era una curva de arena y mar encallada entre dos pilones de roca que empezaba a roerse por las tormentas. La vegetación y los arboles quedaron en los desfiladeros del barranco y aquella casa solitaria fue desapareciendo progresivo se acercaron hasta la calle ciega. No había más que algunas casitas de pescadores y botes en el malecón; el resto era arena que se perdía en el horizonte con un mar grisáceo que comenzaba a recibir los destellos del sol. El cielo anaranjado pastel despejaba las nubes de lluvia y ofuscaba todo con un amarillo oro que no lograba ser lo suficiente brillante como para doler los ojos. El sonido del mar retumbó dentro del auto. Se quedaron maravillados viendo las olas y el amanecer por un minuto. La sonrisa infantil de Naruto le devolvió un poco la felicidad a la Hyuuga. Esa era la sonrisa de un buen recuerdo.
Se bajaron del auto en silencio maravillados por la nacida del sol que quería tintar todo el cielo de rojos y anaranjados. El gélido viento les hizo arroparse en sus abrigos recordando que aún el invierno persistía. Las olas del mar morían unas encimas de otras y no había ningún pensamiento suelto; sólo se podía contemplar con la mente en blanco. Naruto sonrió. Se sintió relajado como no se sentía desde hacía muchísimo tiempo. Entendió que se había perdido aquella sensanción por pura cobardía. No había nada que temer. El mar seguía allí, la casa, el orfelinato, el instituto, la vía del autobús e incluso el acantilado. Toda Konoha lo había esperado para que pudiese sentarse a las orillas de la costa y perder horas en una sola cavilación.
Ya no importaba la prensa. ¿Por qué le importaría? Allí sólo quería sentarse y ser tragado por el agua. Ese fin hubiese sido mucho mejor. Sintió los pasos livianos de ella a su lado; le miró. Hinata caminaba sin mucha precisión hacia la pared de agua que se movía a su frente. Se detuvo cuando la punta de su zapato se sumergió en arena húmeda. Allí contempló un poco más hasta que devolvió la mirada contenta hacia él, soltó sin preocupaciones con la voz cálida y una sonrisa en la boca:
— Es una linda vista… —miró de nuevo hacia lo más hondo— ¿Ese de allá es el puerto Dankatsu?
Naruto perdió la vista en las sombras. Una cortina de humo levantaba las diminutas torres del faro. Sonrió. Había crecido mirando el puerto Dankatsu y los buques descargar comida y cajas semi-vacias. Asintió calmado:
— Sí —indicó diagonal—. Dicen que desde aquí se pueden ver Tokyo.
La Hyuuga agudizó la vista colocando sus manos como viseras. Fue imposible, bufó:
— Pues, es una mentira.
— Técnicamente sí —rió el rubio—, pero a veces el cielo está tan despejado que puedes ver las últimas torres de Tokyo, por tan sólo un minuto crees que realmente está allí.
La joven le miró por un buen rato. La sonrisa que adornaba su rostro era hermosa; sonrió para sí. Se quedaron parados muy cerca unos del otro contemplando la salida del sol hasta que todo estuvo iluminado. Seguía la brisa glacial congelando sus extemidades pero los rayos eran tan fuertes que producían calidez en sus cuerpos. El cuerpo de Naruto cayó en la arena levantando una humarada mientras colocaba sus brazos como almohada. Veía el cielo y la figura en sombra de la Hyuuga; sus pantalones de mezclilla estaban humedecidos por el salpicar de las olas.
— ¡Qué envidia! —susurró la joven mientras se agachaba lentamente hasta tocar el suelo, allí estiró los dedos junto con sus brazos frente de si haciendo un mohín. Se veía encantadora—. Ojala tuviésemos estas puestas de sol en Ashima.
Volvió a mirar directo al orbe amarillo que empezaba a alzarse sobre sus cabezas. Las aguas se tranquilizaban llegando solamente a tocar las puntas de sus zapatos. Él también había extrañado esas puestas de sol en Tokyo. Nadie podía cambiar un mar de edificios por un verdadero mar. En ese instante se dio cuenta de que había estado huyendo de un fantasma ridículo. Él no era el mismo que recordaba cuando niño. ¿Cómo había conseguido fuerzas suficientes para poner su trasero en aquel lugar olvidado por dios? Bufó y la miró. Esa grandísima idiota tenía todo el crédito. Hinata recogió las piernas, ignorante de que él la observaba con detenimiento mordiéndose los labios. No quería agradecerle pero iba a terminar haciéndolo.
— Gracias —hubo un momento de silencio donde ella le miró con sorpresa—, por salvarme el culo con Menma, con la prensa, con Matsuri… con todo —sonrió irónico—. Tal vez he sido un dolor de culo todo este tiempo, pero realmente te quiero agradecer…
— Si quieres agradecerme entonces págame…—mintió ella burlándose; aquella declaración tomó por sorpresa a Namikaze. Moviéndose más bien por costumbre que por ganas de insultarle se llevó las manos al bolsillo. Ella saltó— ¡Era una broma, hombre!
— ¡Oh! —Parpadeó ante la cara perpleja de ella, le sonrió divertido medio incorporándose apoyando su peso en los codos—. Eres muy mala con las bromas, Hime Yakuza.
— Vas a seguir con eso…—farfulló para sí. Hubo otro largo silencio en donde Hinata consiguió las palabras adecuadas, carraspeó—. No tienes porque agradecerme, después de todo, no te odio.
¿Acababa de escuchar con claridad? ¿Hinata Hyuuga, Hime Yakuza, su novia falsa; había dicho que no lo odiaba? Sus ojos se encontraron, ella incluso sonreía. Debía ser una burla, iba a terminar diciendo: "No te odio, te re-odio". Lo siguiente le dejó en piedra:
— Quisiera poder ser tu compañera Namikaze —le tendió la mano amistosa—. Ahora que somos "novios" quisiera que pudiésemos confiar en el otro y sentirnos cómodos —se encogió de hombros desviando la mirada sintiéndose repentinamente tímida—. Cuenta conmigo en cualquier cosa, eso es todo.
— Con que compañeros…—saboreó para sí mientras miraba como la arena era humedecida por la espuma del agua. Sonrió enérgico y se dejó caer con mucho ruido sobre su espalda. Ella le contempló por un rato hasta que una carcajada salió de su pecho. ¿Se estaba burlando? ¿Se había visto ridículo decirle algo así de la nada? Se sintió tan avergonzada que la cara se le pintó de rojo; tuvo que ver hacia la puesta de sol para no sentir que sus mejillas ardían. — Vale, Hime Yakuza, seamos compañeros.
Sus ojos azules y perlados se encontraron. Los dos brillaban por la sorpresa aunque Namikaze tenía cierta certeza en la mirada, incluyó:
— Me gusta tu franqueza —cruzó las piernas sobre sus rodillas y suspiró pesado, casi cansado—. El mundo de la publicidad es muy frívolo e hipócrita; encontrar gente que te quiera patear el trasero de frente es interesante.
— Entonces…—ella volteó su cuerpo hacia él, apoyándose en sus rodillas, se veía como una Yamanato Nadeshiko* al mar. Tuvo que retirar la mirada; dolía la belleza de su cabello siendo movido por la brisa— ¿Estamos en paz?
Otro largo silencio y al final él asintió tranquilo. Prefería tener a alguien a su lado en la SBS. ¿Alguna clase de compinche? ¿Camarada? No lo sabía; pero ellos dos tenían un "amigo en común" como "Iruka", y también muchos enemigos en común: La prensa, Menma, ellos mismos. Se rascó la frente despreocupado y cerró los ojos. Una brisa salina les pasó por el rostro. Ella volvió a mirar el mar feliz; se sentía bien saber que no tenía que odiarle más, que al menos algo —por muy pequeño que fuese— había cambiado entre los dos. Olor a pulpo, arena y sal les llenó el olfato. Las columnas de los balleneros parecían los rascacielos del barrio Minato. Hinata cerró los ojos también hasta que escuchó su voz vibrante con la tercera brisa:
— Dattebayo… —rió para sí— ¡Cuantos recuerdos~!
La joven podía entender un poco aquella frase. Seguramente aquel joven quería guardar sus recuerdos de infancia —dolorosos o no— para él solo. ¿Por qué la prensa tenía que estar fisgoneando en sus heridas? Ni siquiera ella, que deseaba desde lo más hondo de su corazón conocer sus "porqué", tenía el valor de preguntarle. Violar las memorias de las personas que ni conoces simplemente para ganar dinero; eso era un acto despreciable. Recogió sus piernas tomando con sus manos los tobillos. ¿Terminaría la prensa también tomando sus recuerdos? ¿Los de los dos? Sonrió dolida. Los recuerdos de los dos eran falsos; todos producidos para que la prensa los captase. No había nada real que pudiese surgir entre ellos. Ni siquiera esa amistad iba a pasar desapercibida. "Los recuerdos ya no son míos…", pensó cuando una gaviota voló sobre sus cabezas.
Le hubiese gustado poder decirle palabras de consuelo, pero sólo podía darle vueltas a como aquella jauría de buitres iba robando las posibilidades. Primero Naruto, después de Matsuri. ¿Tenían que entrometer sus narices en lo que fuese? ¿Tenían que dañar la privacidad y soledad? ¿Por qué las personas tenían que saber más de Naruto? Ella no deseaba que ellos conocieran a ese joven que estaba sentado a su lado. ¿Estás memorias no le pertenecían a ella? Le miró. Tenía los ojos cerrados y la boca feliz, el resto del rostro estaba relajado, cargaba aún aquel sobretodo que le protegía del frío. Demasiado elegante para un ambiente playero. Sonrió. Tal vez algún día la prensa se enterase de que habían recorrido desde Saitama hasta Kawasaki; tal vez también sabrían que los dos contemplaron aquella puesta de sol por un par de horas; tal vez también sabrían que dudaron frente al orfelinato y que no pudieron si quiera despejar los labios; pero había algo que jamás iban a poder saber. Sus sentimientos, las sensaciones, el significado de sentir a otra persona a tu lado mientras contemplan la salida del sol. No entenderían la felicidad y calma que su corazón experimentaba en ese momento y tampoco podrían ver al rostro de Naruto con los mismos ojos que ella lo hacía.
Eso era solamente de ella; nadie más podía robarle esos sentimientos. Eran suyos y de Naruto. Así pasaba con todo, así también pasaba con las memorias de Matsuri y Naruto. Sonrió y lo dijo porque se sentía exactamente así en ese momento. Sin preocupaciones:
— Todo estará bien —determinó llamando la atención de él que abrió uno de sus parpados. La espalda de ella estaba lejana, cerca de la orilla—. No tienes porque si quiera prestarle atención a lo que digan —hizo silencio en un momento hasta que ella pudo mirarle directo a los ojos—. Tú y tus recuerdos son sólo tuyos; ellos no tienen porque estar recordando el pasado si tú no lo deseas.
Sus labios temblaron. ¿Así de fácil sonaban las palabras de consuelo? ¿Así de fácil se arreglaban los problemas? Hubiese querido siempre escuchar esa voz con esas mismas frases. No hubiese nunca tenido miedo de enfrentarse a la realidad y a los periodistas. Tenía razón; él era el único que tenía la verdad de esas memorias, no tenia porque afectarle. Siempre había alguna salida para las cosas y si no era Iruka el que conseguía como callarles la boca; podía jurar que él lo haría. Le sonrió; también podía asegurar que Hinata Hyuuga estaría de acuerdo.
Ella… era más humana de lo que hubiese alguna vez pensado. Tapó sus ojos con los brazos para que no viese que los tenía húmedos; la sonrisa estaba quebradiza pero ninguna de estas señales pareció haber llegado a Hinata. El cuerpo alargado de Naruto le tocaba la rodilla y estaba lo suficiente cerca como para lanzarse sobre él y abrazarle. Hubiese sido un movimiento extraño y fuera de común, así que se contuvo estática y temblorosa a su lado.
— Sí… tienes razón —barbulló al fin. La Hyuuga se acostó a su lado comprobando que la arena estaba tan fría como se lo había imaginado. Desde ese ángulo los brazos musculosos de él le tapaban todo el rostro. Su respiración llenaba el sonido del mar y su calor corporal pasaba poco a poco al suyo. Se sintió tranquila. Ya no tenía que decir más nada, le bastaba con saber que sus palabras habían llegado a él. Habría tiempo para lo demás. —. ¿Si siguen fastidiando vas a llamar a tus gansters* o algo así?
Ella lo había estado mirando todo ese rato —a su chaqueta negra llena de diminutos puntos arenosos—, así que cuando él dedicó una mirada jocosa a su lado se sorprendió por el color de sus ojos. Hinata tenía unas espesas pestañas y una fija mirada; tuvo que removerse para no sentirse espiado, sin embargo el bufido de ella le llamó la atención. Reía con los ojos cerrados y las mejillas sonrojadas. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué le mostraba esa cara tan encantadora? ¡Era una maldita que tenía cartas bajo la manga! Estaba haciéndole una jugada sucia.
— No tengo gansters ni nada por el estilo —susurró luego de haber disfrutado el chiste—. Llamaría a mis kobun* —le miró con una sonrisa de medio lado. Él soltó una carcajada mientras asentía ante su error.
— Claro, claro, mi oyabun*.
Hinata carcajeó otro rato; aunando:
— La verdad a ti se te da más lo de "gansters" —replicó cuando la risa se había calmado un poco, aunque Naruto se negaba a detenerse. La miró contraído en las carcajadas preguntando: ¿Cómo? Ella reprimió una risilla, aunando: —. Digo… ¿Qué hay con ese cabello? ¿Eres un Yankee*?
Otra carcajada más y un comentario entrecortado:
— Solía ser confundido con yankees en el instituto —rió otro rato acompañando de ella—. Me daban sus desayunos sin que se los pidiera.
— Suena bastante conveniente —puntualizó. Le hubiese gustado crear esa misma imagen en el instituto; en vez de ser un ratoncillo al que le pueden gastar bromas. Exhaló. Ella misma se había buscado esa reputación al no cantarles los puntos sobre la íes.
— La verdad solía meterme en muchos problemas así que tenían pruebas para temerme —dobló los brazos tras su nuca y suspiró con una sonrisa en los labios—. Me mude aquí cuanto tenía cinco años, vine junto a mi madre —negó un poco—. La verdad no recuerdo mucho sobre aquellos tiempos; sólo de aquella casa de la hondonada y la vista al mar. Era un pueblo realmente aburrido: la mayoría de las personas eran viejos quisquillosos, pero también estaba el orfelinato —cruzó las piernas y movió los pies un rato tapando la puesta de sol con la punta de su zapato—. Me hice amigo de Sasuke para aquel entonces; era un chico sombrío y afeminado —carcajeó—. No le gustaba nada: ni jugar, ni las bromas, ni hablar, ni cantar, ni nada. Era un rarito.
— Esa es una horrible forma de describir a alguien —le recriminó. Naruto la miró directo a los ojos con una sonrisa sarcástica en los labios, suspiró.
— Lloraba mucho; sus padres habían muerto recientemente y se había quedado solo —los dedos se enterraron suavemente en la arena que habían entre los dos. —. Yo no entendía muy bien sobre aquello pero siempre iba a hablar con él por las tardes. Nos sentábamos en la parte trasera de la cancha de beisbol. Yo en la calle y él dentro de aquel terreno arenoso; solía siempre ser quien hablaba pero él era bueno escuchando mis tonterías; a veces me detenía y decía: Eso no puede ser ó eso es una tontería. Para aquel entonces también estaba Kiba —miró a Hinata cuyos ojos brillaron de emoción al escuchar el nombre de una persona "agradable". Inuzuka la había tratado con inusitada calidez; Uchiha mientras tanto era tan frío como con todos—. Era tan insoportable como lo es hoy; él no ha cambiado nada. Era un metiche así que pronto empezó a formar parte de nuestro "grupo" a los golpes. Siempre competíamos aunque nunca me atreví a entrar al orfelinato.
— ¿No te dejaban? —preguntó la Hyuuga sin entender a que venía aquella incógnita. Los ojos de Naruto negaron divertidos.
— No, no. Momo siempre me invitaba a comer algo o tomar refresco —se encogió de hombros—. Pero sentía que si entraba a aquel sitio me quedaría sin padres… ¿Una tontería, no? —rió—. Los niños son tan estúpidos.
— Tal vez el Naruto de aquel tiempo no eran tan estúpido —cortó ella haciéndole sorprender. Había acostado su costado al suelo y le miraba de perfil—. Es un pensamiento lógico; sentir miedo por perder a quienes amas.
— No —sus palabras sonaron alargadas— Ese Naruto y el de ahora no son tan distintos; los dos son unos cobardes —torció el gesto mientras delineaba las nubes con la mirada—. Tenía siete años cuando mi padre volvió a casa; lo hizo sin nuestro consentimiento. Había tenido que dejar todo atrás porque tenía gente tras su espalda; le prometió a mi madre que conseguiría cualquier trabajo con tal de poder contribuir en mi educación —bufó divertido—. Era un maldito; a las semanas se emborrachó y no llegó por la noche a casa, a la mañana cuando mi madre le reclamó la golpeó tan fuerte que retumbó por toda la casa. Yo lo escuche desde mi habitación —se removió el cabello—. Siempre fue la misma escena; llegaba en la mañana sin reconocer quien era y el simple hecho de mirarla le producía ganas de golpearle. Le agradaba golpearla hasta que lloraba y pedía que la matase de una vez; también si me veía por allí solía darme unas buenas tundas —cruzó los brazos cínico sin importarle que la chica a su lado temblaba de lo vivido de sus palabras—. Yo era tan cobarde que a las cinco de la mañana me montaba en el tejado y me escapaba hasta el orfelinato; cuando Momo me preguntaba porque estaba tan temprano solía decir que había dado una vuelta para "investigar" pero la verdad simplemente no quería conseguírmelo ebrio. Me daba miedo, prefería dejar que mi madre arreglara todo con él —tragó—, después de todo, ella siempre decía: "yo tengo la culpa". No se sentía así, para nada, los dos sabíamos que ella no tenía la culpa. No me decía nada, prefería que me escapase y no me golpease; a que tuviese que presenciar sus gritos y sus peleas. Lo odiaban, los odiaba… a los dos —se atragantó—. Preferí muchas veces haber nacido sin padres.
— Ano~… —la voz de Hinata nació temblorosa, no pudo seguir hablando. Sintió que el cuerpo de él se incorporaba, quedó sentado muy cerca de ella quien lo miraba aún en la arena con los codos hundidos. Se rascó la nuca y soltó con la voz cambiada, enérgicamente hipócrita:
— Te estoy cansando con tantas boberías —encogió y empezó a recoger sus piernas para escapar—. Deberíamos…—lo detuvo de levantarse.
— Quiero oírlo —apuntó la joven jalándolo de nuevo hacia la arena. Se miraron por un momento en donde él pudo escudriñar el rostro preocupado de ella. No quería que lo viese con aquellos ojos de consolación. Exhaló—. Realmente quisiera poder oírlo; lo que no conozco de ti.
— No conoces muchas cosas.
— Lo sé —sinceró produciendo que él la volviese a mirar. Hinata lo sorprendía con su sinceridad siempre—, por eso deseo escucharlo.
¿Qué tenía esa chica que hacía ver todo tan sencillo? Bufó. Hinata Hyuuga era un monstruo, un demonio, lo que fuese; pero tenía una excelente técnica para hacer que los demás confiasen en ella.
Neji subió por las empinadas escaleras que llevaban hacia el ático mientras escuchaba la estridente voz de su tía hablando con su madre. Hinata siempre venía a comprar las verduras; sin embargo la ama de casa Hyuuga había venido expresamente hoy con cierto nerviosismo y parloteando más de lo acostumbrado —como si fuese posible—. Exhaló. Esperaba únicamente que su prima no estuviese metida en algún problema con la mafía. Siempre vivía con el terror de que algún día venderían a Hinata con el pretexto de pagar sus deudas; por eso desde los quince empezó a reunir dinero en una cuenta que titulo como: "emergencia"; su única emergencia podía ser que Hiashi Hyuuga se endeudara a tal punto que tuviese que prostituirse. Exhaló con más fuerza hasta llegar a la puerta, se apoyó a ella con todo el cuerpo debido al sentimiento de imaginarse a su tío en leotardo.
No fue una buena imagen.
"Y después de comer…", suspiró el joven mientras colocaba la llave en el pestillo y luchaba para abrir la vieja puerta de débil madera. Su tía le había pedido el favor de conseguir los viejos colgantes y vestidos que había usado Hanako Souji alguna vez en su juventud; tenía el pretexto de arreglarles para que Hinata pudiese vestirlos cuando tuviese alguna "cosa importante". Sentía que esas "cosas importantes" era seducir a Naruto Namikaze y darle cinco hijos. Suspiró. Tenía que reprimir sus ganas de matarlo, después de todo, Hinata había decidido que ese era el hombre con el que quería "contratarse". Entró sintiendo de súbito el aire viciado y la telaraña. Tosió tratando de alejar las polillas y el polvo. Algo le decía también que aquellas joyas en vez de parar a las manos de su prima, lo harían a una casa de empeño. Había sido todo un milagro que no lo hubiesen hecho antes. No cerró la puerta tras de sí porque aún quería escuchar la voz cotilleadora de su tía hablando de lo buena que era su prima. Exhaló molesto. ¿Era hora de darse cuenta, no? ¿Las altas notas del instituto, las horas extras de trabajo, sus ahorros para pagar las deudas? La excusó, su tía era demasiado despistada y tenía la mente demasiado ocupada en los quehaceres del hogar como para estar al pendiente de sus dos hijas. Tenía que aceptarlo: Hanabi había nacido dotada de toda la belleza; Hinata no era una chica fea, podía decirse que era bastante atractiva e incluso muy bonita, pero su actitud esquiva con los hombres no la convertía en la mejor candidata para "la chica que va a conseguir el marido multimillonario que nos sacara de la pobreza". ¿Para qué preocuparse por la chica que siempre había sido responsable, callada y amable? ¿Para qué preocuparse por la que administraría la herencia y partiría las pertenencias en buenas partes? No había porque desconfiar o, si quiera, encariñar a la siempre encaminada hija que estaría hasta la hora de la muerte —como una paciente esposa sumisa— al lado de aquella cuerda de desadaptados.
Movió las cajas arenosas cubiertas de polvo una por una. Cosas viejas de su cuarto, la máquina de coser de su madre, su antiguo guante de beisbol, la faja de su padre, la platera para "los buenos tiempos" y allí estaban las abarrotadas pertenencias de su abuela. Las miró por un buen rato entre los espejos y el diván. Toda una diva; así había vivido todo ese tiempo Hanako. Se sentó en una butaca de madera —olvidada allí porque sus pares habían muerto— y empezó a hurgar entre los cajones de la cómoda y las cajas de ropa vieja. Seguía sintiéndose preocupado por Hinata. ¿Qué le habría pasado? ¿Se sentía cansada por el demandante trabajo que le hacía pasar la SBS? ¿Se había perdido? ¿Tuvo que hacer turno laboral de noche? ¡De noche! ¡Turno laboral de noche con Namikaze Naruto! Eso sólo podía significarse una cosa.
Tragó mientras revolvía con violencia los vestidos para conseguir la bendita caja del joyero. Sacó cinco vestidos de opereta y otros tantos de escenario; todos parecían inservibles. Sintió los pasos de su tía subir los primeros escalones, su voz le crispó. Naruto Namikaze con su prima en turno nocturno; sólo pensaba aquello y sentía que la sangre le hervía. Siempre —desde que nació— él había sido un "hermano" sobre protector; era su "Hinata-sama".
— Neji-kun… —esperó un poco— ¿Neji-kun? ¿Conseguiste lo que te pedí? —habló con su madre— Por eso te dije que esas cajas era mejor que se quedaran en mi casa; fastidiarles en sus horas laborales
— Tranquila, querida —se escuchó desde la cocina—. Esas cosas deben estar allí. ¿Cómo está Hinata-chan?
— Bien, excelente, mejor que nunca —acotó nerviosa, rápida, tajante. Neji sonrió: Su tía era muy mala para mentir; Hinata no había salido como ella. Su prima podía engañarle pero los demás; no.
— Ah, sí… —siseó— ¿Se está llevando bien con Namikaze-san? —sonrió mientras metía la mano para tantear el fondo de la caja. Tocó algo cuadrado— ¿La trata bien?
— Claro que sí, claro que sí —aclaró la mujer—. Él está muy enamorado de mi pilluelilla, y ella también —hizo un momento de silencio en donde pareció vacilar si subir o bajar los escalones— ¿No vistes la rueda de prensa que les hicieron, Neji-kun?
Suspiró. Un cuaderno. En lo hondo de la caja sólo había un cuaderno de anotaciones encuadernado en piel de culebra. Parecía costoso e importante. No le contestó a su tía porque las hojas arenosas de aquel extraño objeto le llamaron la atención. Lo abrió. Letra pequeña en tinta que escribía nombres y apellidos; así como dibujos y ubicaciones. ¿Qué clase de anotaciones eran esas?
Leyó mientras escuchaba de nuevo la voz de la tía Hanabae:
— ¿Neji-kun? ¿Estás allí? —pasos bajando—. Hiromi-san… ¿Vistes la rueda de prensa con Neji-kun?
— Neji fue a tu casa, Hanabae —puntualizó simple.
— ¡Ah, sí, cierto, llevó a aquella adorable amiga que tiene…! ¿Cómo se llama? —dudó—… ¡Tenten!. Neji es muy suertudo —su voz se perdió por el pasillo.
Neji no tenía cabeza para escuchar las palabras de aquella mujer; sus ojos saltaban de nombre en nombre sin entender porqué Hanako Souji había escrito aquello y olvidado entre sus ropas. No había números, ni siquiera direcciones certeras. Tenía una mala sensación alrededor de todo aquello. Ordenados por las iniciales de los apellidos y enmarcados en distintos colores y "notas como: cuidado, ojo, ver, revisar, listo" parecía un desfile de personas que nunca había conocido. Leyó al azar:
Killer Bee. B-12-59. Sur, cama, indou. Rojo: Activo. Ir.
Fugaku Uchiha. Cruz. UC-33-45. Oeste, chimenea.
I. Uchiha. M-E. UM-54-55. Este, fondo, sótano. Rojo Listo: ir.
Mikoto Uchiha. Cruz. UC-33-46. Oeste, chimenea.
Obito Uchiha. U-22-34. Este, fondo, sótano.
S. Uchiha. M-E. UM-55-55. Sur, cama, indou. Verde: Inactivo.
Kushina Uzumaki. U-99-00. Sur, cama, indou.
Chiyoko Namikaze. N-89-01. Este, fondo, sótano.
Minato Namikaze. Cruz. NC-88-09. Oeste, chimenea.
N. Namikaze. M-E. MN-33-44. Sur, cama, indou. Verde: Inactivo.
Cerró el diario cuando oyó los pasos rápidos subir hacia la bohardilla. Lo colocó con agilidad bajo de si e hizo como si aún estuviese hurgando en los cajones. Tenía las manos temblorosas y los ojos sólo podían seguir leyendo nombres y números. Algo parecía tener de importante aquellas anotaciones ordenadas. Los apellidos Namikaze y Uchiha le sonaban terriblemente conocidos; sonrió irónico. No podían tener relación con aquellos ídolos… ¿O sí? ¿N. Namikaze podía ser Naruto Namikaze? ¿S. Uchiha podía ser Sasuke Uchiha? Tembló. La cara de su madre se asomó por la pequeñísima puerta rellena de polvo, le sonrió al encontrarlo concentrado en su deber. Consiguió la caja de joyas cuando escuchó la voz cálida:
— Neji… ¿aún no has conseguido aquellas viejas cosas? —susurró maternal. Él volteó a verle e hizo un gesto suave.
— No. Ya las conseguí —se levantó lentamente colocando aquel diario en sus bolsillos y ordenando las ropas y la caja, bajó en el acto tratando de olvidar todo aquello. Lo único que estaba seguro es que aquel diario no era la típica agenda telefónica de una abuelita.
Naruto suspiró. Se sentó encorvado y rascó su cráneo sin saber por dónde empezar. Hinata le esperó al borde de las olas con los pies remangados sobre sí y los ojos posados en su figura. Sentirla mirándole tan fijamente lo hacía poner nervioso así que soltó:
— La verdad con la llegada de mi padre a casa empecé a frecuentar cada vez más el orfelinato; en ese tiempo inventábamos salidas de excursiones y veníamos a esta playa a recolectar conchas de mar —Naruto lanzó una piedrecillas que había cogido para sentirse menos nervioso; rebotó en las olas—. Decidí aquel día que quería ser pescador y aunque Sasuke pensaba que era una tontería; me siguió el juego.
— Pensaba que de pequeño querías ser cocinero de ramen —comentó la Hyuuga sin entender la afición de Naruto hacia los pescados. El carcajeó y negó.
— Lo pensé por un tiempo, pero luego me enteré que no podría comer nada de que lo hacía y también tenía que pararme muy temprano por la mañana y trabajar hasta la noche—negó con un rotundo viró del rostro—. ¡Era inaceptable!
Ella rió melodiosa y esperó a que el siguiera con su relato.
— En aquel tiempo a ninguno de nosotros, incluyendo a Kiba, le caía bien Gaara. Nos parecía un chico demasiado petulante y retorcido como para hablarle —un escalofrío recorrió su espalda. — Incluso daba miedo, solía quedársenos mirando mientras decía: "Es mejor no tener padres; cuanto los envidio". Claro, a mi aquellas palabras no me dolían tanto, después de todo, no pasaba suficiente tiempo con mi familia para realmente valorar a una. Hubiese querido no tener padre para así no escabullirme todas las mañanas de la casa; también hubiese querido que mi madre no existiera para que no soportase aquella tortura. Nunca había un solo día sin que una pelea tronara en la casa; excepto cuando él llegaba sobrio —rió—, a veces lo hacía por muy sorprendente que pareciera, cuando tenía sus "negocios" él solía llegar alegre y pulcro, le daba un beso a mi madre y preguntaba por mí, cuando llegaba para el atardecer lo encontraba comiendo en la mesa y solía llamarme con las manos abiertas mientras me decía: ¿Dónde te habías metido, Naruto? No había nada amenazante en aquellas palabras, eran agradables, al siguiente día… siempre se emborrachaba, y volvía aquel vicio del infierno.
Hizo un momento de silencio. Hinata hubiese querido preguntar qué clases de negocios tenía el padre de Naruto pero le parecía importunar recuerdos que no eran muy agradables. Le dejó de mirar y dedicó una lánguida vista al mar tranquilo.
— Las cosas empeoraron cuando cumplí los nueve —se engoció de brazos—. Mi padre tomaba en casa y llegaba a cualquier hora; no podía si quiera escaparme de él; había dejado de pegarle a mi madre y comenzó a ensañarse conmigo. Le tenía tanto miedo que me quedaba deambulando por las calles y no regresaba a casa por días enteros; empecé a colarme por las noches en el orfelinato y dormir debajo de la cama de Sasuke. Él solía preguntarme: ¿Por qué no vas a tu casa? ¿No es incomodo dormir allí?, empezó a llamarme dobe desde aquellos días; decía que era un idiota por querer dormir en el suelo en vez de una cómoda cama. Él, al igual de Kiba, sabía que tenía problemas con mi padre, pero ninguno se atrevía a preguntarme porque le esquivaba a las preguntas; no me dejaba ayudar porque siempre fingía que estaba feliz y ponía aquella hipócrita sonrisa…
— Lo sigues haciendo —dejó por sentado Hinata. Él parpadeó hacia ella, se explicó—. Cuando algo no te agrada o no te hace feliz sueles poner esa incomoda sonrisa en tu rostro.
Namikaze tragó gordo. ¿Aún lo hacía? ¿Cómo ella se había dado cuenta? Alguna vez le había sonreído sinceramente a la Hyuuga. Bueno, a veces se reía de ella y salía natural; también a veces se sentía feliz a su lado. Ahorita mismo podía sonreírle y agradecerle, sinceramente. Le sonrió ladino, débil:
— Lo sé —suspiró—, en aquel tiempo era una práctica muy normal; solía hacerlo todo el tiempo, pero Gaara siempre fue el más perspicaz de todos en ese tipo de cosas. Un día me interceptó en el pasillo de las habitaciones y me preguntó directamente: ¿Tu padre te golpea? Siempre venía con un nuevo morado en el rostro o el cuerpo así que no había que ser un genio para adivinarlo; aún cuando mis excusas baratas parecían tapar todo. Sólo aquella simple pregunta me hizo llorar como una niña; no sé cuantas veces afirme llorando pero él no se inmuto ni un poco, simplemente puso una sonrisa triste y me confesó: Mi padre también me golpea. —rió un rato y se acostó de nuevo en la arena— Que manera tan extraña de hacer amigos… ¿No? —Sonrió al ver que Hinata no encontraba un gesto—. Oi, no tienes porque poner esa cara, no es una historia tan triste, dattebayo.
— Yo… —quería no verle con pena, mucho menos con dolor. Hubiese preferido desde un principio no juzgarle, pero ya todo era demasiado tarde. Naruto Namikaze había soportado todo aquello como si nada hubiese pasado antes, aún hoy lo contaba y no parecía inmutarse. No quería que ella siguiera viéndole con los ojos húmedos, con la boca a punto de formar un lo siento, se adelantó:
— Sasuke y Kiba no estuvieron de acuerdo en meter a Gaara a la cuadrilla, pero como insistí tanto terminaron aceptándolo; y al final Sabaku empezó a comportarse como una persona normal —rió—. Bueno, al menos lo más normal que él puede ser. Siempre hacíamos bromas y nos conocían muy bien en el pueblo por ser un grupo bastante disparejo —cruzó los brazos—. Mi madre colocó la denuncia contra mi padre cuando cumplí los diez; dijo que no aguantaría verlo golpearme más y la policía le hizo la advertencia; no lo volví a ver y empecé a pasar más tiempo con ella —exhaló—. Nunca me lleve muy bien con mi madre; aunque la verdad los dos nos parecemos bastante; creo que tengo algo de culpa en los hombros al no haber hecho nada por ella, suelo visitarla a menudo, cuando tengo tiempo…
Hubo un largo silencio en los dos. El mar bramaba sin cesar y una ventisca tímida acariciaba sus rostros. Naruto no se movió, incluso siguió escudriñando el cielo que cambiaba de colores para él. El sonido de un pelicano que se quejaba del invierno, una cueva que se comía el romper de las olas, el recuerdo de sus risas a través de la playa en una infancia que parecía demasiado simple como duradera.
— Mis mejores memorias están en el instituto. No era muy inteligente a decir verdad, ni siquiera me llegue a graduar —suspiró provocando el interés en ella—, pero lo intentaba. En aquel tiempo me inscribí en el club de beisbol, no era malo y también estaba la cuadrilla así que teníamos excusas para viajar hasta Kawasaki, allí desarrolle el gusto por cantar en los trayectos de autobús. Inventaba tonterías, la mayoría para fastidiar a Kiba o a Gaara; ya que Sasuke siempre me volteaba el juego, pero poco a poco mejore mis tonterías y el conductor solía auparme a hacer payasadas. Recuerdo que aquel tiempo estaba enamorado de Sakura; así que para llamar su atención compuse una tonta canción cursi y la cante en medio del autobús cuando ella nos acompañaba hacia un partido. Ni siquiera le prestó atención, pero recuerdo que Sasuke en broma me dijo: Deberías dedicarte a esto, dobe… —carcajeó inmerso en el recuerdo del autobús, sus asientos de cuero rojo y el olor a dulces y aceite. Podía evocar con exactitud el sudor de su cara cuando miró directo a los ojos verdes de Sakura y sólo se encontró con su perfil despreciativo; aquellas memorias le hicieron pasar desapercibido el gesto de Hinata. Abrió los ojos muy al pendiente de él y entendió por completo el sentimiento que creció en el pecho de Naruto en el mismo instante en que su mejor amigo se burló de sus románticas pretensiones.
— En ese momento te diste cuenta de que no querías ser pescador, sino compositor.
— ¡Exacto! —carcajeó con más fuerza—. Fue una tontería, pero realmente me deje llevar por ella. Empecé a hacer más y más canciones hasta hacer tal fama que en el instituto me encomendaban los himnos de los festivales; incluso llegue a componer la canción del festival del pez —suspiró apenado—. Recuerdo haberme disfrazado de Mero.
Hinata se divirtió. Nadie hubiese pensando que el "ídolo de Japón" empezara de tan bajo, en un pueblo olvidado de la mano de dios, con muchos peces y pocas pretensiones. Un niño rubio apartado del calor de un hogar funcional parecía personificar una alegre canción infantil, fácil de recordar, con tal de llenar su alma de una felicidad fútil. Era una imagen melancólica.
— Me conocían por componer canciones tontas, los viejos me respetaban porque siempre traía algo nuevo para el festival —se encogió de hombros—. Cobraba veinticinco yenes por componer poemas o canciones para el día de los enamorados, y trescientos para cantar en los restaurantes. Empecé a ganar bastante dinero y decidí meter a mis amigos en el negocio; les dije: aprendan a tocar algo y el resto yo lo arreglo. Gaara sabía tocar el bajo desde pequeño, obligado por su padre, así que fue el experto en el grupo. Sasuke aprendía fácil así que no duró mucho en agarrarle el ritmo en la guitarra; Kiba no era muy bueno pero se esforzaba el doble que los demás. Yo tampoco era un gran cantante pero empecé a aprender conforme pasó el tiempo; también luego de seis años de ausencia, mi padre apareció —Hinata se tensó—. Era otro hombre, se podía hablar con él y se arrepentía de todo lo que había hecho —bufó—. Me ofreció un trabajo para ayudar económicamente a mi madre y lo acepte olvidándome de todas las malas cosas…—sonrió—. Me daba cajas y cajas de chicle y cigarrillos; las vendía junto con mis amigos en la estación del tren. Era ilegal pero nosotros no lo sabíamos, incluso solía meter pacos de billetes al fondo de las cajas escribiendo: Dale esto a tu madre ó, cómprate algo. Era un idiota, pensaba que mi padre no podía ser tan malo si hacía ese tipo de cosas. Nunca se me ocurrió pensar de donde salían esas cajas o a que venían sus conversaciones por teléfono que parecían clandestinas. Nada, simplemente decidí ignorar todo.
— ¿En qué trabajaba tu padre? —logró preguntar.
Suspiró tratando de buscar las palabras adecuadas, torció el gesto.
— La familia Namikaze era prestamista. Mi abuelo comenzó el negocio luego de dejar los malos hábitos; era hábil con el dinero así que hizo una pequeña fortuna con rapidez, mi abuela administraba los bienes y cuidada de los hijos; sin embargo a mi padre no le gustaba ese tipo de negocios: "se pierde mucho", decía. Él hacía de todo un poco, incluso prestaba dinero pero siempre tenía un alto costo; solía defalcar a sus clientes y tener todo tipo de contactos —jugó con sus dedos y las nubes, parecía absortó en algún recuerdo—. La competencia era Akatsuki… ¿Entiendes, no?
— Entonces... —Hinata dudó—, lo que dijo el periodista…
— Sí, todo aquello es cierto —cruzó los brazos y dejó una expresión incomprendida al aire. — No me puedo imaginar cómo consiguieron aquellos viejos papeles, pero sin lugar a dudas debió de ser alguien que pidió una fortuna; la SBS había limpiado el gigantesco prontuario de mi padre en la policía.
— ¿Qué ganaría haciendo eso? —Hinata negó sin entender. No entendí como alguien podía disfrutar de los errores ajenos, sobre todo aquellos que no provenían de el actuar de una persona, sino heredados por terceros. ¿Qué culpa tenía Naruto Namikaze de un padre disfuncional?
Era muy entendible —al menos para ella— no querer compartir memorias dolorosas con los demás. Hinata no le contaba a todo el mundo sus problemas familiares y ni siquiera se asemajaba a todo lo que había tenido que pasar el "ídolo de Japón" en su infancia. ¿Qué clase de desarmado podía utilizar dicha información para que el público se entretuviese? ¿Con qué fin?
— ¿Esa persona? —se encogió de hombros sinceramente—. Dinero y tal vez venganza, quien sabe.
— Va a afectar…
La interrumpió afirmando:
— Obviamente va a afectar mucho, por eso no pienso regresar a la SBS hoy, tampoco deberías —suspiró cansado y empezó a levantarse—. Los rumores se dispararan a todos lados; deberías simplemente andar bajo perfil —le sonrió tratando de tranquilizarla, había algo de pánico en sus ojos. ¿Volverían a atacarla? —. Si te mantienes alejada de mí seguramente ni te molestaran, ahora tienen algo más jugoso que "exprimir".
Se levantó y sacudió la arena. Ella bien sabía que a él era a quien iba a exprimir. Se sintió mal, quiso poder hacer una burbuja en el tiempo donde se quedase estancado hasta que sus sentimientos sanasen. Se sintió ridícula ante aquel pensamiento, tan utópico, tan infantil.
— Te dejare en casa, vamos.
— Pero…—Hinata se sentó sobre sus rodillas—. No me contaste como llegaste a conocer a la SBS y tu padre… —hizo un momento de silencio— ¿Qué paso con ustedes?
Naruto sonrió por un instante y terminó expirando. Se agachó a su altura y colocando las manos en la frente pareció tratar de recordar algo más. Se sentía incomodo hablando de "esas cosas" con ella, exactamente ese pasado que tanto le avergonzaba; pero concluyó que había empezado a hablar y esas eran exactamente las claves que lo hacían culpable:
— Deje de trabajar para mi padre cuando cumplí diecisite. Conseguimos un "contrato" en una taberna en Kawasaki; se llamaba café Kuribahara —sonrió ante los buenos recuerdos de olor a whisky y café—. Era un local de mala muerte pero tenía un buen sitio para tocar; habíamos mejorado y las composiciones eran temas concisos. Kiba mejoró tremendamente en la batería, al igual que Sasuke —se encogió de hombros para sacar las últimas palabras—. Empezaron a llamarnos "café Kuribahara" y nos volvimos famosos en la zona; tocábamos rock —finalizó y se levantó—. Luego de aquello pasaron una gran cantidad de cosas; Itachi apareció en la vida de Sasuke; nos metimos en problemas legales y al final apareció la SBS.
Resumió sintiéndose expuesto y apenado. No, no quería contarle esa parte de él a ella. No quería que Hinata lo viese tal cual el monstruo que él veía en los ojos de su padre. Cerró los labios para callarse el resto de la historia.
— Eso no suena como todo el cuento…—puntualizó ella levantándose. Él había empezado a caminar hacia el auto cuando escuchó su voz, se volteó hacia ella colocando los ojos en blanco y se burló, sus bromas para escapar de una situación incómoda:
— La Hime yakuza jamás está conforme.
— Creo que Naruto-kun me oculta algo —finalizó sonando más preocupada que molesta.
Vale, le ocultaba muchas cosas. ¿Pero realmente debía contarle esa parte de él a ella? Esa parte tan lamentable de su carrera. Dudó por un largo rato, sus ojos siempre abiertos —expresivos— se tensaron mirando hacía otro lado, imposibilitados de verla de frente. No tenía cara, ni maneras, para contar aquello. Se descubrió dudando, no porqué no quisiera decírselo —no porqué eran sus memorias personales—, más bien sentía miedo de lo que ella pudiese pensar de su persona. ¿Hinata Hyuuga lo vería de la misma manera en que había conseguido verlo hasta ahora? ¿Lo odiaría?
No quería eso y sin embargo, habló. Lo dijo porque lo necesitaba, porque si seguía ocultándole una parte de si mismo ella no lo conocería; y él terminaría por desconocerse por completo. Ese Naruto —que tanta vergüenza le daba— todavía existía en el fondo de si mismo.
— Itachi vendía drogas; no las daba y como nosotros estábamos bastante conectados en café Kuribahara era fácil de vender; incluso las consumismos por un buen tiempo —suspiró aún sin mirarla, seguramente estaba decepcionada. ¿Por qué su decepción dolía tanto? — Gaara empezó a tener problemas y al poco tiempo mi padre se enteró que yo andaba en el negocio ilegal; me amenazó de muerte… —chistó— Le estaba quitando el negocio de la zona. Decidimos abandonar todo aquello y dedicarnos únicamente a tocar; sin embargo había sido una marca gigantesca en nosotros; cometimos muchos errores y empezamos a culparnos; incluso Gaara tuvo que hacer rehabilitación por un tiempo. Las cosas no iban tan mal, a decir verdad —se burló—. Nos llovían ofertas como la de Jiraiya; estuvimos a un tris de aceptarle; pero apareció la SBS y con el simple hecho de decirnos: Sabemos en que andaban metidos hace medio año; nos hizo convencernos. Ellos tenían los informes policiales; los rumores, los testigos; nosotros no éramos nadie sin ellos —se encogió de hombros—. Nos pagaron clases de música, nos vistieron, cambiaron nuestro estilo y sonido; poco a poco deje de componer las canciones y empezó a encargarse de ello Ichigo Takana. Sai se encargaba de la letra; y cada vez más nos empezamos a parecer a otra banda. Cambiaron el café Kuribahara; por Doushite; y así sucesivamente. Itachi desapareció de nuestras vidas al igual que mi padre; este último murió cinco meses después de salir al estrellato; me había dicho que no quería que me reuniese con Iruka, sin embargo no le hice caso. Le fallaron los frenos; chocó en la intercomunal yendo hacia Tokyo para reencontrarnos. No sentí dolor, ni pena. —caminó hacia el carro, Hinata seguía estática en aquel lugar sin creer lo que había escuchado—. Todo eso seguramente saldrá a la luz; o al menos la mitad de las cosas que te acabo de decir; cómo puedes ver será una "gran cosa".
— Pero… —La Hyuuga vaciló sin entrar al carro o no. Naruto no podía culparla, aunque dolía realmente que ella hubiese cambiado su forma de verlo. Sus ojos se encontraron, no había duda en su mirada; parecía incluso comprender algo. —, siguen siendo tus memorias, tus errores; nadie puede simplemente fisgonearlas y usarla a conveniencias; tus sentimientos y sensaciones son solamente tuyos, Naruto-kun.
Le sonrió. Hinata tuvo que abrir los ojos porque no podía creer que aquella sonrisa había surcado el rostro de Namikaze. Era sincera, tal vez la sonrisa más sincera que él alguna vez le había regalado. Tenía, tal vez, alguna lágrima tragada en los ojos. Estaba los dos demasiado avergonzados para verse el uno al otro, sin embargo ninguno tuvo el deseo de quitar los ojos del rostro del otro. El sonrojo en el rostro de Hinata, sus ojos huidizos e impresionados. La tranquilidad en el rostro de Naruto, su agradecimiento clavado entre los dientes. Él siguió hablando:
— Gracias, Hinata —se observaron por un buen rato; separados por el carro, sin siquiera percatarse que el largo momento de silencio y miradas era extraño para dos personas que no poseía relación alguna. Demasiado íntimo: —, pero ahora estas memorias también te pertenecen a ti.
Kiba amaba comer cereales por la mañana; era su comida favorita en el desayuno desde que tenía memoria. Momo-chan lo sabía; por eso era la mejor madre del mundo. Había un gran bullicio en el comedor; después de todo eran quince bocas siendo alimentadas al mismo tiempo. La mayoría menores de diez años; un niño de esa edad no puede mantener la boca callada. Kabuto tenía una impresión impasible mientras pasaba la sopa miso como si fuese agua; la tranquilidad en su rostro le confería un factor paternal que hacía que todos los niños a su alrededor mantuvieran la boca ocupada en la comida y no en las habladurías. Momo-chan era más distendida, alegre y hasta algo olvidadiza; así que siempre estaba rodeada de risas y gritos. Kiba estaba sentado en el medio y como el "hermano mayor" siempre había alguna pregunta que hacerle, por más complicada o sosa que fuese:
— Kiba-kun…—chilló la pequeña a su lado con una gran cantidad de mocos en la nariz debido a la gripe que le había agarrado en la noche— ¿Cómo es Tokyo?
— Grande y llena de gente —respondió automático.
— ¿Cómo es la gente de Tokyo?
— Ruidosa —puntualizó y dio otro sorbo a su cereal.
— ¿Cómo Ino-chan? —preguntó de nuevo la niña.
— Como… —se quedó un momento en silencio y escudriño a la pequeña. ¿Desde cuándo se había vuelto tan cercanas? — ¿I-Ino-chan?
— La sexy rubia de grandes senos —explicó el jovencito de doce años que se sentaba a su lado en aparente silencio. Lo fulminó con los ojos; ¿Cómo podía describirla de esa manera? ¡Los niños de hoy en día no respetaban nada!
— No se habla así de los mayores —le corrigió.
— La sexy rubia de grandes senos que trajo Kiba consigo… —le miró por un buen rato y luego una sonrisa junto con un chasquido de lengua apareció en su rostro, corrigió:— Quien lo diría, Kiba, ja.
¿Quién lo diría, Kiba, ja? ¡Que le pasaba a ese maldito mocoso! Como odiaba a la gente que creía que era un imbécil. Claro, que había visto los grandes senos de Ino; claro que había visto lo sexy que era; claro que había visto que los senos de su amada Yamato Nadeshiko —es decir, Hinata— eran muchísimos más grandes. Tal vez, los más grandes que él o siquiera Naruto hubiesen visto alguna vez. No, sólo eran superados por Tsunade. Se sintió mal por pensar así de la Hyuuga; él único que tenía el derecho de tocar aquellos montes, divinos de dios; era el maldito, desgraciado y suertudo de Naruto. ¡Como lo odiaba!
— Yo quiero ser como Kiba cuando sea grande —dijo un pequeño de siete y sonrió con la boca llena de comida. Inuzuka le devolvió la sonrisa—. Iré a Tokyo y me conseguiré a una linda chica rubia con grandes senos.
— ¡Ya basta! —cortó el joven sintiéndose sofocado por tantos halagos hacía la grandísima de la Yamanaka. Esa imbécil lo había hecho a propósito, venir a su casa para que todos confundieran su relación.
Hubo una risita como: fufufu~ y toda la mesa se quedó callada por el grito del joven. El hermano mayor, era el hermano mayor; aunque si ese hermano mayor hubiese sido Gaara, Sasuke o siquiera Naruto el grito hubiese sido aún más terrorífico. Pero se trataba sólo de Kiba. El querido y suavecito Inuzuka. Momo-chan rió obviamente entretenida, quería ya poder tener en aquella mesa a Sasuke; Kiba, Gaara y Naruto con sus respectivas novias y poder hacer comentarios incómodos y alguno que otro "tip". Sería estupendo. Ella siempre había querido poder compartir esa parte "del crecimiento" con sus antiguos pilluelos.
— No te sientas apenado Kiba-kun —susurró Momo-chan sonriéndole. Kiba sintió un escalofrió — Todos sabemos que los senos de Yamanaka-chan no son lo único en lo que te has fijado —le picó el ojo.
Inuzuka sólo pudo enrojecerse, más no quiso agregar más nada. Si ellos querían emparejarlo con Yamanaka estaba bien; que siguieran con sus patrañas. Él sólo tendría ojos para su Yamato Nadeshiko.
La voz en la televisión del recibidor llamó la atención de los niños; incluso Kiba pudo notar que se trataba de Naruto. Tenía ese fuerte tono activo mientras pedía: "Estamos algo apurados, por favor". Las niñas corrieron hacia el televisor mientras gritaban, sin importarle que sus cereales quedaran a la intemperie. Amaban a Namikaze; su mayor sueño era conocerlo. Les parecía a todas, super guapo. Gritos, peleas y hasta uno que otro niño que se sentía interesado con la noticia. Kiba se levantó con cuidado pidiendo permiso, mientras Momo también corría hacia la sala TV. El único que no parecía interesado en nada era Kabuto; y Nagato que se encontraba en su habitación.
— Como podemos ver el ídolo Naruto Namikaze no tiene palabras para las inculpaciones de su padre en actos ilegales. Tendremos que esperar al comunicado de la SBS o a alguna declaración de su parte —la mujer sonrió encogiéndose de hombros—. Por los momentos sólo podemos decir… ¿Será verdad que Minato Namikaze era un hombre maltratador y fuera de la ley? ¡En esto y más, sólo tiene ver la agencia periodística Taimen!
Inuzuka estaba en piedra; incluso soltó la cuchara que se había traído por casualidad. ¿Había oído con claridad? ¿Estaban hablando de aquel padre? ¿Minato Namikaze había sido nombrado en televisión? Tragó sin poder creérselo mientras la respiración le costaba; dolía. Se sentía mal por su amigo, estaba seguro de que la prensa exprimiría todo lo que tuviese que ver con aquel pasado. No dejarían nada, peor aún, lo destrozarían. Naruto podía parecer que aquello "no le importaba" pero era una gran mentira; ese tema exactamente le hacía lóbrego y pesimista. ¿Estaría bien? ¿Estaría en su casa? Sacó el celular y le llamó. Fuera de línea. Maldijo. ¿No quería hablar con nadie? ¿Por qué trataba de montarse aquella presión solo?
— Nunca se deja ayudar —siseó Kiba mientras chasqueaba la lengua. Momo le miró preocupada con las manos sobre la bata, susurró:
— ¿Crees que esté bien?
— Conociéndolo: No —suspiró—. Llamare a Gaara a ver si sabe algo de él —miró de nuevo a la televisión mientras el teléfono repicaba. ¿Dónde estaba ese maldito? ¿Había escapado de Japón? ¿Se escondía en su madriguera? ¿Se había estrellado contra un poste para olvidar su dolor? Debía doler que alguien viniese a revolver sus viejas heridas; a echar sal en las cicatrices. Sonó la voz pastosa de Gaara.
— Moshi moshi.
— ¿Sabes dónde está Naruto? —preguntó directo. Sintió un poco de tensión en la voz de Sabaku.
— Lo vi anoche… —dudó— ¿Por qué?
— Ve las noticias, adiós.
Cortó. Llamó a Sasuke. No había tiempo que perder. ¿Estaría en la SBS arreglando el problema con Iruka? ¿Qué clase de individuo había podido filtrar esos archivos de la policía? ¿La SBS no había eliminado el registro de todos? ¿Quién deseaba hacerle daño al grupo? Torció el gesto. ¿Menma Uzumaki había pagado para hacer eso? Era capaz.
— Diga —contestó una voz gutural; ronca.
— ¿Sabes dónde está Naruto?
— No.
— ¿Sabes o no? —retó rápidamente. Odiaba la actitud fría de Sasuke; no era un secreto entre ellos el obvio preferitismo que tenían esos dos.
— Ya dije que no. —hubo un momento de silencio, no quería seguir hablando. Cortó
Sasuke cortó. Hacía tiempo que Uchiha se había vuelto frío con Naruto. ¿Qué había pasado entre los dos? Torció el gesto. Parecía algo tan grave como aquella vez cuando pequeños se besaron. Para su asombro, no tuvo tiempo de reírse sobre aquella anécdota. Marcó a Iruka.
— ¿Sabes dónde está Naruto? —contestó el hombre con visible molestia. Kiba sintió un escalofrió.
— Llamaba para lo mismo —se alejó del grupo familiar que estaba visiblemente preocupado— ¿No sabe nada, Iruka-san?
— Estuvo anoche en la SBS junto con Hyuuga-san —pareció haberse encogido de hombros, suspiró—. Imagino que allí fue cuando le abordaron los periodistas.
— ¿Quién habrá filtrado esa información? —sintió su voz rabiar. Sí, estaba molesto; podía no llevarse tan bien con Naruto como antes pero aquello lo hacía enfurecerse.
— Estamos investigando —un segundo de silencio—. Ven para la oficina central; llamare a los demás. Tenemos que reorganizar los horarios; si Naruto te llama dile que no venga, que se tome unas vacaciones.
— Es lo mejor —sentenció Inuzuka asintiendo. Sentía la mirada de todos los niños a su espalda. Momo se agarraba a su brazo.
— Cualquier cosa, llama.
Cortó. Momo-sama jaló de su codo y con teatralidad preguntó temblorosa, al punto del llanto:
— ¿Qué paso con Narutomaki? —chilló preocupada mientras algunas niñas empezaban a lloriquear gimiendo: "Kiba-kun, Kiba-kun". Suspiró. Momo siempre exageraba las cosas; aunque él también estaba preocupado, no era para tanto. Negó.
— Iruka no sabe —encogió sus hombros—. Debe estar en su casa hartándose de ramen hasta perder el conocimiento.
— Eso es muy propio de él —determinó Kabuto consolando las cabezas de las pequeñas—. No hay porqué preocuparse.
El sonido de un motor les hizo temblar. Pasó ronroneando por la hondonada en donde quedaba el orfelinato. Los niños corrieron al notar el estrepito y se amontonaron en la ventana con las narices pegadas al vidrio. Aquel sonido parecía el motor de algún carro caro, deportivo. Inuzuka se fue acercando hacia la pirámide de niños que gritaba emocionado. Sentía miedo. ¿Quién podía costearse en ese pueblo un carro de carrera? Se abalanzó por último al ver las flamantes luces de la carrocería roja pasar a ochenta kilómetros en una grita bastante dificultosa. Un audi.
— ¿Viste eso? —Preguntó uno de los niños— Eso es pasta.
— ¿Pasta? —preguntó el otro.
— Dinero, tonto, ese carro vale más que la casa —corrigió.
— ¡Naruto! —chilló Kiba mientras salía disparado hacia el jardín. Las niñas fueron las que le siguieron y luego Momo que no podía caminar con rapidez pero hizo todo lo posible para salir detrás de aquel alboroto. Kabuto era el menos interesado. ¿Realmente aquel ingrato rubio los había venido a visitar?
Rió al ver como aquel carro desaparecía entre las empinadas subidas hacia el centro del pueblo. Se había ido; había bajado a la playa y pasado olímpicamente de ellos. No quería verlo, seguramente deseaba matarse en alguna de las curvas de la intercomunal; tal cual como su padre. Kabuto decidió no comentar aquello; caería muy mal entre las pequeñas.
— ¿Pero qué…? —Inuzuka no podía creer lo que acababa de ver. Estaba seguro que aquel flamante audi sólo podía pertenecer al excéntrico de Naruto. Habían pocos en Japón, tres o cuatro en Tokyo; eran importados y costaban la "lana" del día. Sólo alguien que ganaba comisiones de comisiones por los comerciales y tenía el sueldo más alto de Doushite y la SBS —después de Iruka— podía costearse tales lujos. Sólo Naruto gastaba millonadas de dólares; yenes, ruanes, etcétera; en carros y Ramen. Sólo él.
— ¿Estás seguro que era Naruto-kun, Kiba-kun? —preguntó una de las niñas mientras le jalaba la camisa. El joven dudó al verle a los ojos humedecidos. Hubiese querido poder decir no.
— ¿Por qué no se habrá detenido a saludarnos? —preguntó Momo mientras cruzaba los brazos del frío. Si seguían parados como unos idiotas en el jardín iban a pescar la pulmonía de invierno. Tratar treinta resfriados no era una tarea fácil. Empezó a mandar a los niños dentro de la casa.
— Seguramente lo ahuyentaste con tu mensaje, Momo —recriminó Kabuto sólo para hacerle mella. Ella le fulminó con la mirada.
— Mejor no hables, Kabuto.
— ¿Mensaje? —Kiba volteó el rostro hacia su "madre". Ella sonrió con simpleza.
— Tal vez le mande un mensajito de felicitaciones por su nueva novia.
— ¿En serio hiciste eso, Momo-san? —preguntó decepcionado Inuzuka. No debió esperanzarla.
— Tal vez. —suspiró—. Estaba feliz de pudiese haber conseguido alguien que realmente lo valorara y le quisiera por quien es; estoy segura de que esa persona es muy afortunada. Naruto es un chico atento.
— Era… —corrigió mientras iba de entrada a casa—. Como ves ahora ni siquiera visita a los viejos conocidos; ni da sus respectivos saludos de respeto.
— Seguro estaba apurado —cortó.
— No, simplemente es un riquillo malcriado —azuzó molesto—. Que estúpido soy preocupándome por él.
— Nunca nadie me escucha—susurró Kabuto, sabiendo que desde el principio él ha tenido la razón, mientras se internaba a la cocina y ordenaba a los niños a sentarse.
— Tal vez no está preparado —terminó—. No es un momento fácil para él, seguramente lo importunaríamos.
Los ojos del joven se posaron en los bondadosos de su madre. Torció el gesto; podía tener algo de razón. Lo menos que quería Naruto era escuchar niños diciéndole lo genial que era; y niñas babeando y moqueando encima de él. Ese tipo de cosas había que prepararlas psicológicamente. No era el mejor momento. Él era el que estaba moqueando. Una mirada de duda surgió en el rostro de la madre que sonrió trémula.
— Aunque creí haber visto una figura femenina en el puesto de copiloto… ¿No crees? —sonrió picara.
— ¿Femenina? —Inuzuka se internó hacia el comedor para tratar de matar las esperanzas "románticas" de su querida madre. Era demasiado fantasiosa—. Creo que te lo has imaginado.
— Estoy segura de haber visto compañía… —dudó por un momento—, aunque no tenía por qué ser estrictamente femenina —sonrió luego de pensárselo— ¿Crees que sea su novia?
Inuzuka rió casi atragantándose con la comida. Negó.
— No, Momo-san. Si viste alguna chica debió de haber sido Shion-san —dio otro sorbo a su desayuno y se levantó apurado para llegar a tiempo a la SBS—. Hinata-chan no tiene ese tipo de relación con Naruto; ni en mil años.
— Pero… —no entendió nada— ¿No es su novia?
El joven depositó un casto beso en su frente negándose a responder. Le sonrió.
— Vendré cuando tenga tiempo; tratare de traer conmigo a Naruto, pero no prometo nada.
— Trata de que venga también Sasuke-kun; Gaara también es bienvenido… —gritó cuando escuchó al joven subir las escaleras. Cruzó los brazos— Entonces… ¿Qué clase de relación tiene Narutomaki con su novia? ¡Qué cosa más rara me acaba de decir!
— Deja de darle vueltas, Momo-san —se quejó Kabuto—. Siéntate y come.
— Pero es que habrá que ver…—se sentó y luego se eyectó nerviosa— ¿Será que Naruto la está engañando con Shion-san? —Negó aún más asustada— ¡Oh, no, eso no es bueno! No puede perder esa oportunidad de oro de conocer el verdadero amor.
— ¿Quién habló de verdadero amor? —preguntó Kabuto sin entender a donde había ido la conversación. Momo tenía mucha imaginación.
— ¿Qué es el verdadero amor? —preguntó una niña cercana a ella.
— Cuando consigues a la persona correcta —puntualizó la madre con una sonrisa.
— ¿Qué es la persona correcta? —preguntó otra niña más alejada.
— La persona que más amas en el mundo…—soltó.
— ¿Qué es sexo? —preguntó un niño de nueve años mientras parpadeaba muy interesado. Momo palideció. No, no de nuevo esa etapa. ¡Odiaba cuando los niños crecían! ¡Como lo odiaba!
Bueno, bueno, bueno. Nunca pensé escribir esto (Siempre soy muy negativa con mis pairings); pero jamás pense publicar un capitulo sabiendo que mi pareja es CANON. LO SOMOS, MIERDA, LO SOMOS. Una parte de mi vida está completa, mi ninez sabiendo que aquella Hinata tímida al fin consiguió que sus sentimientos llegaran a Naruto y que la viese como es; hace que mi corazón lata a mil por hora. Nada se compara a mi felicidad en este momento y por eso tuve que publicar este capitulo, debía hacerle un omenage a mi pareja (aunque pienso escribir un one-shot o two-shot para mi pareja favorita; pero lo dejare para más tarde). Se que estamos pasando momentos dificiles con las otras parejas, siento mucho por aquellos NaruSaku's que pusieron toda su felicidad en esa pareja y querían (tanto como nosotros) que se hiciera canon. Sigan escribiendo y dibujando tal cual lo han hecho siempre, son geniales y sus trabajos me encantan (aún cuando no shipeo el NaruSaku más que como una pareja de hermanos). También quiero decirle a los del fandom NaruHina que sigamos escribiendo, dibujando, plasmando esta hermosa pareja aún más alla de que somos canon en el manga; siempre con respeto y recordando cuan importante ha sido Naruto para todos nosotros (los que hemos dedicado horas para este manga).
No puedo creer que incluso tenemos hijos, esto es demasiada gloria para mi. Espero que este capitulo sea de su agrado y les haga felices (más de los que ya son). También felicito a los SasuSaku (vencieron, amigos. Tantas veces que les dijeron que estaba muerta su pareja y ustedes siguieron al pie del canon), lo tienen super merecido desde la parte 1. Sasuke siempre amo a su waifu.
Lamento el KibaIno (es una de mis perdidas), aunque Sai parece ser un esposo especial; así que no me duele ver a Ino feliz con su sexy ninja. Sólo quiero decirle a todos que gracias por leerme y por sus comentarios y que sean más felices que nunca porque ahora somos canon y los fics también y todo. No se que más decir, los amo.
