¡Hola, gente! Un trillón de disculpas por haber tardado TANTO en actualizar. Sí, es verdad que tardé un mes y por eso les vuelvo a pedir muchas disculpas…pero la verdad es que no supe cómo escribirlo, anduve corta de tiempos, y la verdad es que la facultad demanda mucho…pero bueno, acá estoy, subiendo otro capítulo que espero que sea de su agrado. En serio espero que les guste, por lo menos para recomenzar todo lo que tardé. Otra cosa, como estas dos semanas voy a estar llena de parciales, lo más probable es que también vuelva a tardar otro poco, aunque espero que la pausa no sea tan larga como ésta…Por ahora tengo pensado que el el fic tenga veinte capítulos, espero que a la hora de escribir el que yo creo que va a ser el último me nazcan nuevas ideas para que lo pueda seguir prolongando.
Disclaimer: Bueno, lamentablemente, como ya saben, Inception NO me pertenece. Es del genio y de uno de los mejores directores del cine, Cristopher Nolan. Yo lo único que hago, como dije antes, es partirme jugar con los personajes, sus personalidades e historias…nada más ;) (aunque espero que algún día Arthur y Eames terminen siendo míos)
¡Disfruten!
Capítulo 14: Anillo de compromiso
Se miraron entre sí, sin decir palabra alguna. Eames chasqueó la lengua y subió los cinco escalones que daban al departamento de Emma, seguido de Ariadne y el resto del equipo. Una vez allí dentro, comenzaron a preparar todo. Sabían que Toru tocaría la puerta en cualquier momento y no podían darse el lujo de que llegara y viese el aparato. Habían trabajado mucho como para que algo así pasara. Eames tomó la apariencia de Lodge tan rápido como pudo, y continuó practicando como desenvolver su personalidad. Casi al instante, escucharon que unos nudillos golpeaban la madera de la puerta de entrada con fuerza. La figura de Emma les hizo un gesto a todos para que se fueran de la sala principal y se acercó a la entrada a abrir. Toru sonrió plenamente al verla y se abalanzó a ella para abrazarla. Eames le devolvió el gesto, intentando no poner cara de asco, y sonrió.
-Te extrañé.-le dijo. Y le tomó la mano para hacerlo pasar.-Han llegado unos amigos tuyos ¿sabes? Me han caído muy bien, mira.-silbó y acto seguido aparecieron Ariadne, Yusuf y Dom. Arthur lo siguió por detrás y Toru exclamó:
-Yo te conozco. Te he visto antes.
-Puede ser.-sonrió él.-Soy cantante, me llamo John…quizás me ha oído.-y guiñó un ojo. Toru lo miró, dubitativo, y tras unos segundos asintió ya convencido.
Saito sin embargo no entró en la habitación porque que su ex-socio lo viera podía llegar a complicar las cosas.
-Admiro mucho su trabajo, señor.-lo aduló Cobb.-En serio lo hago...hasta le diría que lo tengo como modelo a seguir.
-Oh, muchas gracias, joven.-sonrió Toru, orgulloso.
Se sobresaltaron cuando escucharon el sonido de un disparo y se percataron de que una bala había perforado la ventana, dejando un círculo perfecto sobre el vidrio. Se asombraron cuando vieron al cristal regenerarse. Ariadne sonrió con orgullo: se las había ingeniado para hacer que la casa se reparase por sí sola en caso de que algo así pasara. Toru abrazó a la figura de Emma, intentando protegerla, y Eames intentó no apartarse bruscamente, sino que con esfuerzo, le devolvió el gesto. Sigilosamente, Dom se acercó por atrás, y apartó al japonés para cubrirle la nariz con un pañuelo empapado en cloroformo. Toru se desmayó en sus brazos y entonces, Cobb lo arrastró hasta el cuarto de baño. Ariadne volvió a lucirse cuando hizo surgir un fuerte alrededor del departamento el cuál había escondido debajo del asfalto. Las proyecciones de Toru volvieron a disparar. Arthur, ágilmente, se lanzó hacia un lado para esquivar la bala, se incorporó de un salto, y junto a Eames, todavía disfrazado de Emma, se acercó a la ventana. Arthur hizo aparecer en sus manos una ametralladora de tamaño envidiable y Eames, tomando su apariencia, sonrió de oreja a oreja: le alegraba que el otro estuviese dejando su costado aburrido de lado. Imitó a su compañero, tomando otra arma. Ambos apuntaron hacia los hombres que intentaban atacarlos desde afuera, y comenzaron a disparar. Maldijeron cuando se dieron cuenta de que todos necesitaban al menos tres tiros para morir. Toru se había avivado en aquello, sus proyecciones eran casi inmortales. Mientras tanto, Yusuf preparaba la valija y Ariadne repasaba con Saito los planos. La muchacha corrió rápidamente hacia los tres y les gritó para que se apartaran de allí. Entonces tomó una granada que recogió del suelo, y tirándola hacia fuera, hizo que sus compañeros se agacharan para cubrirse. Una vez que se aseguraron de que afuera se habían desvanecido las proyecciones más peligrosas, se dirigieron con cuidado al baño, en el cuál Toru dormía profundamente. Yusuf ayudó a yodos a prepararse y los conectó. Acomodó todas las armas en el suelo, y entonces presionó el botón de la valija. Acto seguido, todos cayeron bajo los dulces brazos de Morfeo.
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Cuando Ariadne quiso darse cuenta, se halló a sí misma frente a la puerta que daba al cantobar que ella misma había creado. Empujó la puerta e ingresó en un salón que se hallaba iluminado por pocas luces. Había mesas de madera distribuidas a los costados y al fondo. En el otro extremo, justo al medio, había un escenario. Sonrió anchamente cuando vio a Arthur, parado junto al micrófono, cantando y tocando la guitarra. Llevaba puesto una camisa negra arremangada hasta los codos, un chaleco beige y unos jeans oscuros y gastados. Lucía, además, un sombrero negro de media ala y unos anteojos grandes y de marco grueso color azabache. Volvió a sorprenderse de lo bien que cantaba y se sorprendió aún más de que supiese tocar la guitarra de aquella manera. Para ella, Arthur era perfecto en todo sentido, y lo mejor era que le pertenecía: se sentía una mujer increíblemente afortunada. Terminó su canción y Ariadne aplaudió con fuerza. En respuesta, él la observó, penetrándola hasta lo más profundo con la mirada, y se acercó a ella a paso lento. Aprovechando que las luces se apagaron, la tomó de la cintura y la besó. Soltándola antes de que las mismas volvieran a encenderse, le sonrió.
-Me gusta como te ves así.-le murmuró Ariadne, acomodándole la corbata.
-Entonces puedo considerar vestirme así sólo para ti.-esbozó una sonrisa casi imperceptible. Ariadne sintió escalofríos en la parte baja de su espalda: no entendía como Arthur podía ser impenetrable y expresar tanto al mismo tiempo. Seguía sin poder descifrarlo, seguían habiendo gestos suyos que casi no revelaban nada, y aún así sabía cómo transmitirle todo lo que sentía.
-Wow, lo tienes hechizado, Ariadne. Nunca lo había visto a Arthur así, desbordando pasión, ternura y…-gruñó como un león.-Son los dos unos felinos.-y guiñó el ojo.
Arthur giró su cabeza para fulminarlo con la mirada, apretando los dientes, y Ariadne se sonrojó por completo.
-Ey…-se encogió de hombros el inglés.-Es verdad, es como si Ariadne te liberara…¿entiendes lo que digo?-se quedó pensando en silencio unos segundos.-Hasta te diría que sólo con ella veo expresiones en tu rostro.-se giró hacia ella, regodeándose, y le dijo-Mira, imitaré a Arthur cuando está alegre y tú no estás.-tensó su rostro, volviéndolo casi de piedra.-Ahora cuando está triste.-mantuvo la misma expresión.-Enojado.-agregó sin mover de lugar un solo músculo.-Y con cualquier otra emoción que tenga. Ahora,-exclamó dando un aplauso-éste es él cuando está contigo.-sonrió tontamente, fingiendo estar enamorado.-se incorporó y sonrió con orgullo.
-Bien, bien…ya entendimos, Eames.-lo calló Arthur, intentando que parase. Ariadne comenzó a reír, arrugando su nariz y él sonrió por ello.
-¿Ves? Ahí lo tienes.-exclamó el inglés señalándolo. Arthur se volvió a él y sacudió la cabeza.
Cuando se dieron vuelta, lo vieron a Dom sobre el escenario. Se encontraba iluminado por uno de los reflectores, y parecía querer encarnar el papel de un comediante vestido en ese traje. Se acomodó su corbata de moño y sonrió seductoramente al mismo tiempo que le guiñaba un ojo al público. Eames ensanchó las aletas de su nariz, riendo y mirando hacia abajo.
-Y ese ha sido el talentoso de John: un aplauso para él y para el magnífico espectáculo que dio, por favor.-se escuchó el eco resonante de las palmas chocándose entre sí.-Bien, y ahora, antes de que alguno de ustedes empiece a notar cosas extrañas, no se olviden de cantarle el "feliz cumpleaños" a Toru, que allí se encuentra.-agregó, señalándolo.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Ariadne, frunciendo el ceño.
-Se llama la teoría del paraegocéntrico.-explicó Eames.-Se trata de volver el subconsciente a uno mismo para luego desviarlo a la marca.-prosiguió.
-¿Y por qué no hicimos eso con Fischer?-quiso saber, llena de intriga.
-Oh, verás, es algo muy curioso.-sonrió el inglés.-Sólo sirve si la persona está realmente entrenada para invadir a los intrusos. Irónico pero cierto…es genial ¿no es así?
-Sí, lo es…-admitió ella, alzando las cejas con rapidez para volver a bajarlas. Luego, estiró su cuello alzando la cabeza.-¿Esa de allí no es Emma?-el resto del quipo giró y observó el lugar en el cuál ella tenía clavada la vista.-Se dirige hacia Saito…
-Ariadne.-los interrumpió Dom.-Ve con ellos, es posible que la proyección de Emma intente dañarlo y no podemos darnos ese lujo.-la muchacha asintió y le obedeció, caminando rápido hacia las otras dos figuras.
-Oh, Emma, qué gago vegte aquí, pego qué placeg. ¿Qué has venido a haceg?
-¿Qué tú no trabajabas para Saito? No sabía que eras francesa, pensé que eras canadiense.-espetó ella.
-Oh, no, no…-contestó intentando no perder la compostura.-Soy de Pagis ¿recuerdas? Pego suelen confundigme con otga pegsona, no sé pog qué.
-Oh, ya veo.-respondió la otra. Ariadne clavó su vista en las ventanas, centrando su vista en la única que tenía un banco junto a ella. Le asustaba tener que caer por allí, le asustaba que a la hora de tener que tirar el banco por allí, algo malo ocurriera. Sin embargo, le tranquilizaba saber que abajo había agua. De alguna manera era parecido a lo que habían tenido que hacer con la camioneta en la misión que habían hecho tres meses atrás.
-Espega aquí, no hables con nadie.-le pidió, y entonces apareció Eames, tomando la apariencia de la esposa de Toru. Ariadne no tenía idea de que él la conociese siquiera, pero era una buena estrategia la que había decidido emplear el inglés.
Se acercó a Arthur, y espero a que él hablase.
-Matará a esa proyección, y entonces le diremos a Toru que puede ir a buscarla. De alguna manera se asemeja a la vez que le dijimos a Fischer que se debía meterse en el subconsciente de Browning, cuando en realidad entramos en el de Eames…
-Vaya, en serio es fascinante todo esto-suspiró Ariadne.
-Sí…lo es.-admitió.-Aún así, deberíamos tomar precauciones, Toru no debe darse cuenta de que está dormido, de lo contrario sería mil veces más difícil realizar la extracción.-Arthur se acomodó los anteojos.
-Ya.-asintió Ariadne.-Y cuando estemos allí ¿cómo buscaremos a Emma?
-Eames volverá a ser ella…y él le sacará la información, o al menos parte de ella. Vaya acercándose a la ventana, yo sacaré al resto de las proyecciones de aquí, y entonces Eames aprovechará el lío para matar a Emma, entonces tú hablarás con Toru.
-¿Yo?-Ariadne abrió los ojos como platos, y él sólo se limitó a asentir lentamente.
Antes de que Ariadne pudiese reaccionar, Arthur se las ingenió para sembrar el casi. Gritó algo que ella no llegó a entender pero que sirvió para alterar la atmósfera del lugar. Las proyecciones comenzaron a moverse de un lado a otro como si no supieran con exactitud qué hacer, y entonces la esposa de Toru (o Eames, mejor dicho) sacó un arma del bolsillo de su blazer y disparó a la figura de Emma. Toru comenzó a gritar y llorar, insultando a su esposa, maldiciéndola en voz alta. Dom se acercó a él y lo detuvo, tomándolo con fuerza de los hombros.
Ariadne se acercó corriendo y le dijo.
-Podemos buscarla a Emma, Toru, pero debes calmarte.-el japonés pestañeó y la miró a ella y luego a Dom.
-Ven conmigo.-le pidió Cobb, arrastrándolo consigo a la ventana. El japonés todavía no llegaba a darse cuenta de que estaba dormido. Fue entonces cuando se percataron de que Yusuf le había puesto un sedante que lo había atontando.
Arthur volvió a aparecer con la ropa desacomodada, porque al parecer se había enfrentado contra una buena parte del subconsciente de Toru allí afuera. Se acercó a ellos y terminó de conectar a todos. En los ojos de Saito brillaba un cierto ápice de excitación: cada vez se enamoraba más de aquel mundo. Antes de finalizar, Arthur le besó la frente a Ariadne, y luego oprimió el botón de la maquina. Observó por la ventana: no sería muy difícil hacerlos caer, sólo necesitaría empujar el banco por la misma. Lo que le preocupaba era cómo hacer para caer con ellos.
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Mientras tanto, Yusuf se las ingeniaba para esquiar los ataques de la mente de Toru. Sin embargo, el truco que Ariadne había implementando, le había facilitado la tarea enormemente. Y el hecho de poder correr y apuntar para disparar hacia afuera, también era de gran ayuda. Con agilidad, esquivó algunos de los disparos que volaron hacia a él, y agachándose, apunto hacia fuera, y derribó a unos tres contrincantes. A medida que más luchaba, más débiles eran las proyecciones. Pensó que la mente del japonés no estaba tan entrenada como había creído, y eso le alegró. Todo sería mucho más simple. Sin embargo, mientras tanto debía seguir ingeniándoselas para seguir manteniéndose a salvo a él y a los demás. Miró su reloj y calculó la cantidad de minutos que debía esperar para colocarle los auriculares a Arthur.
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Se hallaron a sí mismos parados en el vestíbulo de un gran edificio. Toru tenía los ojos inyectados en sangre de tanto haber llorado pero se había tranquilizado cuando Ariadne lo calmó, diciéndole que la encontrarían y devolverían a la vida. Le pidieron a él que los guiara hasta su oficina y él asintió sin saber bien el por qué le estaba pidiendo ello. Se dirigieron al ascensor y subieron hasta el séptimo piso. Caminaron por un largo pasillo y doblaron hacia la izquierda. Fue entonces cuando la representación que el japonés tenía sobre su mujer, apareció. La mujer se acercó a él, corriendo y comenzó a golpearle el pecho, acusándolo de haberle sido infiel todo ese tiempo, gritándole que era un mentiroso por habérselo negado. Él la detuvo, tomándola de las muñecas.
-Te odio, y quiero que lo sepas. Mataste a la única persona que amé en serio, y nunca te lo perdonaré. Sí, ¿sabes qué?-escupió.-Te engañé con ella todo este tiempo y lo volvería hacer porque es la mujer de mis sueños. A ti, en cambio, nunca te quise en serio, la única razón por la cuál me casé contigo fue porque nuestros padres así lo dispusieron.
Su esposa se enojó tanto que su rostro se puso rojo, y en un acto de cólera, le agarro el cuello con ambas manos, intentando asfixiarlo.
Ariadne se lanzó hacia ella y la derribó al suelo, entonces sin pensarlo demasiado, impulso el puño sobre su rostro, desmayándola. Eames silbó, sorprendiéndose de su fuerza. Toru abrió los ojos como platos, y entonces se percató de que Saito estaba allí.
-¿Qué haces tú aquí?-se acercó a él casi con aire amenazador.
-Oye, no me mires así…tú me has traído.-se encogió de hombros. Toru lo miró de arriba abajo, y entonces asintió con la cabeza.
-Suena lógico, sí…puede que yo te haya traído.-se volvió hacia Dom.-Ahora, dime como encontrar a Emma.
Cobb sonrió: haberlo movilizado con algo emocionalmente tan fuerte reducía las posibilidades de que se diera cuenta de que le estaban haciendo una extracción porque todo su subconsciente estaría concentrado en otra cosa.
-Vayamos a su oficina, allí sabrá dónde encontrarla.-le dijo, con el misterio suficiente como para incentivarlo a que los siguiera guiando.
Siguieron marchando por donde lo estaban haciendo antes del inconveniente, pero de repente, volvieron a aparecer otras proyecciones que se interpusieron en su camino.
-Ustedes dos.-le dijo Dom a Eames y Ariadne.-sigan con él, yo me quedaré aquí con Saito a evitar que nada raro pase.
Japonés y Cobb hicieron surgir armas para comenzar a luchar contra las proyecciones que surgían de la nada. Algo en el plan no había salido como lo previsto y debían arreglar aquello, sin embargo les sorprendió la facilidad con la que los otros morían.
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Arthur bloqueó las puertas y colocó explosivos a sus lados, buscando la manera de evitar que el subconsciente de Toru entrase. Volvió hacia sus compañeros y les ajustó los arneses. Verifico que el aparato de música estuviese allí y sonrió. Son embargo todavía tenía algo de tiempo porque hasta el momento no había escuchado la música la cuál indicaba que debían ir preparándose para subir. Se irguió rápidamente cuando un guardia entró y se abalanzó sobre él para golpearlo. Arthur se hizo a un lado y lo tomó por el antebrazo. Se lo giró con fuerza, llevándoselo hacia la espalda, y entonces corriendo hacia otra de las ventanas lo tiró por allí. Le aburría en cierta manera que fuera tan fácil luchar contra esas proyecciones. Pensó que estarían mucho mejor entrenadas, eso era lo que le habían dicho cuando le presentaron la misión. Pero entonces se arrepintió de sus palabras porque la puerta se abrió bruscamente e ingresaron al menos seis hombres armados. Arthur hizo surgir una pared para proteger a sus compañeros, y entonces, tomando el arma, comenzó a disparar a quiénes lo querían atacar. Los otros sabían defenderse bien, pero seguían sin ser tan expertos como él, quién se había entrenado mucho tiempo en el ejército para perfeccionarse en la técnica de combate cuerpo a cuerpo.
Mientras tanto, Yusuf seguía disparando hacia fuera. Fue entonces cuando se percató de que debía advertirles que en cualquier momento iría a despertarlos. Se agachó y desenredó con rapidez los auriculares. Casi con brusquedad, se los colocó a Arthur, y tras eso presionó el botón play. Una vez que terminó, se las ingenió para seguir defendiéndose.
Arthur escuchó la música y supo que debía apurarse. Si sus cálculos eran correctos, debía esperar quince minutos para advertirle a Eames que iría a tirarlos por la ventana.
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Ariadne y Eames corrieron siguiéndolo a Toru, esperando a que Dom terminara de desocuparse para que los alcanzara. Fue entonces cuando escucharon muy lentamente la canción de Edith Piaf y supieron que debían apurarse. Ingresaron a una oficina de tamaño envidiable. Toru miró allí, buscando a Emma, y fue entonces cuando Eames lo distrajo para que no viera cuando tomaba la apariencia de su amada. Antes de que pudieran darse cuenta, Dom entró y se unió a ellos. Saito se había quedado afuera para evitar que todo se estropease.
-Toru, allí está Emma. Sin embargo la única manera de recuperarla es que le entregues algo que significa demasiado para ti, tu mayor secreto.-el japonés lo miró y tragó saliva, sus ojos se habían vuelto a poner llorosos. Del bolsillo interior de su saco, sacó una cajita muy pequeña de color azul.
-Mira…llevo guardando esto por meses-y entonces apoyó una rodilla sobre el suelo, la miró a los ojos, y preguntó.-Emma Lodge ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz del mundo?-pero cuando la abrió, no se vio un anillo sino un pergamino amarillento enrollado. Toru lo tomó con los dedos y antes de pudiese reaccionar o darse cuenta de lo que pasaba, Eames volvió a tomar su apariencia y se abalanzó sobre él para inmovilizarlo.
El cuarto empezó a moverse y a girar. Supieron que estaban cayendo y que debían terminar aquello lo antes posible. Toru se encontraba a sí mismo sin poder librarse de la fuerza del inglés, Dom entonces, le sacó de la mano el papel y lo desenrolló. Recorrió sus palabras con la vista, deteniéndose en las palabras claves, y cuando finalizo, sonrió triunfante antes de que el agua inundase el lugar.
Fin del capítulo 14, y los dejo con la intriga (o al menos esa es mi intención) ¿Qué dirá el pergamino? ¿Cuál será la razón por la cuál Toru quiere volver a trabajar con Saito?
Bueno…espero que les haya gustado, y por favor dejen reviews. En serio, sus comentarios sin muy importantes porque son los que me incentivan a seguir escribiendo y me ayudan a mejorar…quiero saber qué les parece la historia.
Un beso enorme, y nos vemos en el próximo capítulo.
Jises
