Capítulo 14: Kagura
Ya habían pasado cuatro días desde lo ocurrido y aún seguía en el hospital. Todos sus amigos vinieron a verla y algunos le trajeron regalos: Izayoi y Kagome fueron las primeras que vio. Se pasaron toda la mañana con ella hablando y cuidándola mientras Sesshomaru estaba en casa aseándose y cambiándose de ropa. A la tarde vino Inu No y solo se quedó una hora, más o menos, ya que llegó tarde porque su trabajo no le permitió venir antes. Al día siguiente, a la mañana, se presentaron Sango con Miroku y Kohaku. Él le trajo un oso de peluche que agarraba con sus manos un corazón pequeño donde estaba inscrito dentro de este "recupérate". A Rin le encantó ese detalle ya que amaba a los peluches. Pero su pareja no hizo muy buena cara y como siempre, lo fulminó con la mirada. Un poco antes de la hora de comer, llegaron Ayame y Koga. Era la primera vez que la chica los veía juntos y le encantó la pareja que hacían. No tardó nada en comunicarles su agrado de ese noviazgo, cosa que provocó un sonrojo en ambos. La tarde estuvo tranquila y la verdad es que lo prefirió así. Quería pasar tiempo a solas con Sesshomaru. Al día siguiente, Kagome e Izayoi volvieron pero esta vez acompañadas de Inuyasha. Esa fue la mañana más alegre que tuvo desde que estaba hospitalizada. El hermano pequeño le hacía mucha gracia y se reía mucho con él. Pero de tanto reírse los puntos se le abrieron y sangró de nuevo. Hubo un enfrentamiento con el hermano mayor, el cual se enfadó mucho.
Era viernes por la tarde y Rin acababa de despertarse. Esos medicamentos que le daba su enfermera para que, según ella hacía que se le calmara el dolor de la herida, también hacía que le entrara sueño cada dos por tres. Pero no le gustó ver que Sesshomaru no estaba sentado a su lado como siempre. En eso, alguien picó a la puerta y con su permiso, una mujer, que reconoció enseguida, entró al cuarto. Se acercó a ella hasta quedar al lado derecho de la joven.
- ¿Eres Kagura verdad? – le preguntó un tanto seria ya que pensaba que sería una amenaza contra su relación. La mujer lo notó y en su interior no dejó de reírse ante tal reacción por parte de la enferma.
- Así es.
- ¿Qué haces aquí?
- He venido a verte.
- ¿A quién? ¿A mí? – preguntó Rin desconcertada y sorprendida. Ahora sí que Kagura no pudo aguantarse la risa.
Sesshomaru fue a la cafetería a comprarse un tentempié, ya que le entró hambre y aprovechando que Rin estaba dormida, solo la iba a dejar unos minutos sola. Total, ¿con qué se podía entretener? Cuando estuvo enfrente de la puerta de la habitación, escuchó risas que provenían del interior. Rápidamente entró, cuando reconoció una de las voces. Se impresionó bastante al ver a Kagura allí, ¿A qué había venido? Pero lo que más le llamó la atención fue, lo que parecía, una buena relación entre ellas.
- Sesshomaru – le saludó Rin mientras intentaba recuperar algo de aliento después de las risas con su nueva compañera – Mira, Kagura ha venido a verme.
- ¿A verte? – preguntó frunciendo el ceño. Ellas se miraron a la vez y a continuación rieron de nuevo como si hubiese dicho algo divertido - ¿He dicho algo gracioso? – interrogó, esta vez, molesto.
- Nada. Solo que yo también he reaccionado de esa forma.
- Espero que mi visita no te incomode – le dijo Kagura sabiendo la respuesta.
- Pues sí que me molesta – le contestó este directamente, sin pelos en la lengua.
- Sesshomaru – le regañó Rin.
- Es la verdad. Aún no entiendo que haces aquí.
- Ya te lo he dicho. Ha venido a verme.
- No me lo creo.
- Déjalo Rin – habló esta vez la mujer sin quitar aquella sonrisa de superioridad – ya me esperaba una reacción así por su parte. Estoy acostumbrada – la chica hospitalizada, después de mirar a la otra con una destello de pena, miró a su pareja con enfado, demandándole con la mirada, que se disculpara. Él la retó con sus ojos lleno de rabia pero sin ser agresivo, pero claro, como no, la única que no podía afectarle esa cara de frialdad era a Rin, que no le asustaba en lo más mínimo. Kagura vio lo que provocó y en su interior se reía del que fue durante mucho tiempo su compañero de cama.
- Sesshomaru – rompió el silencio - ¿Por qué no te vas a casa a descansar mientras que yo me quedo aquí con Rin, cuidándola?
- Ni hablar – fue la única respuesta que le dio. Ni en sus sueños dejaría sola a su niña con ella.
- ¿Por qué no? – le dijo Rin – Ves a darte una ducha y duerme un poco.
- He dicho que no.
- Pero mírate – esta vez relajó la voz y la puso lo más dulce que pudo. Sabía que si le hablaba así no podría negarse. Nunca lo hacía ante la cara de cachorrito que le ponía – Tienes ojeras. Dormir en una silla y con la cabeza ladeada toda la noche, bueno, lo poco que duermes, al final tendrás tortícolis. Por favor… no me quedaré tranquila si no descansas un poco. Por favor – le imploró de nuevo haciendo pucheros.
Sesshomaru se maldijo interiormente por ser tan blando ante aquella cara que le ponía su novia. Lo conocía demasiado para saber cuándo aceptaría sin insistirle más. Al final accedió y después de informarle que no se tardará más de tres horas y de amenazar a Kagura si no la vigilaba bien, volvería por la noche. Se despidieron con un beso delicado en los labios.
- Vaya lo tienes bien domado – le dijo la mujer una vez él ya se había ido. Rin se sonrojó ligeramente – Sabes, eres la primera persona a quien le hace caso sin protestar mucho. No admite que nadie le diga lo que tiene o no tiene que hacer.
- Veo que le conoces mucho.
- Sí. Nos conocemos desde la universidad. Él se ajuntaba con mi hermano y un día nos presentó. Desde entonces, él, Naraku y yo, siempre hemos estado juntos.
- ¿Naraku es tu hermano? – le preguntó sorprendida – No os parecéis mucho la verdad – su compañera se rió y le dio la razón.
Siguieron hablando durante mucho tiempo sin que ninguna de las dos se diera cuenta de la hora que era. Kagura le hablaba de anécdotas que pasó con Sesshomaru y junto con su hermano y Byakuya, que fue el último integrante en el grupo.
A Rin le dio un poco de envidia la relación tan estrecha que mantenían. Ojalá ella llegara un día en que conociese a su pareja, tan bien como lo hacía Kagura. De repente le vino un pensamiento a la cabeza que la atormentó. Quería hacerle una pregunta para quitarse esa duda de encima, pero no se atrevía. Al final la curiosidad la venció como siempre.
- ¿Quieres a Sesshomaru? – la mujer se sorprendió ante la pregunta. Sabía muy bien a qué se refería pero no quiso responderle porque, aunque no lo admitiría delante de ella, Rin le cayó muy bien y no quería hacerle daño ni molestarla.
- Pues claro que lo quiero. Han sido cuatro años muy intensos. Es un buen amigo.
- No Kagura… no me refería a eso – la chica bajó la mirada y tragó en seco. Luego la miró de nuevo – Me refería… a si… lo… le… - no encontraba las palabras pero al final se decidió y dejó que fluyeran solas sin pensárselo – Me refería a si lo quieres como algo más que un simple amigo. Si lo amas – la aludida intensificó el cruce de miradas y poniéndose seria le respondió.
- Sí. Sí que le amo – le dijo directamente, sin rodeos. Rin notó como algo en su interior se revolvía y volvió la amenaza a su mente. Pero al ver los ojos tan tristes de ella, empezó a entenderlo todo, aunque dejó que Kagura se explicara y se desahogase – Desde el primer momento en que cruzamos palabras, yo me enamoré de él. Lo admiraba mucho además. Un día decidí liberarme de ese peso que llevaba encima y le confesé todos mis sentimientos. Estaba convencida de que me rechazaría, pero al ver que me correspondió, fui la mujer más feliz del mundo. Estaba en una nube cuando nos besamos por primera vez. Pero con el tiempo vi que él no ponía mucho empeño en nuestra relación. Pensé que se comportaba así por su carácter frío y difícil, pero… - agachó la cabeza – Me dijo que nunca estuvo enamorado de mí. Que me quería pero no de la forma como yo lo hacía. Quiso intentarlo y por eso me correspondió aquel día, según él. Yo también era muy orgullosa y no le di el placer de enseñarle una lágrima por mi parte, aunque en mi interior me estaba muriendo. Con el tiempo las cosas se fueron calmando. Y volví a intentarlo, pero él me rechazó y yo, en un intento de desesperación, le dije que ya no sentía nada por él y que solo sería sexo. Se lo estuvo pensando bastante tiempo y al final accedió. Y así es como hemos estado hasta que apareciste tú.
- Yo… lo siento… - se disculpó Rin avergonzada y apenada.
- Que dices. No tienes que sentir nada. En realidad me quitaste un peso muerto de encima. Sabía que me estaba haciendo mucho daño estando a su lado pero sin estarlo. No sé si me entiendes.
- Te entiendo perfectamente – entonces, Rin hizo algo que Kagura no se esperaba para nada. Le cogió la mano y le sonrió dulcemente. Ella, al principio se quedó bastante impresionada, pero luego entendió el gesto de la chica y le correspondió apretándole la mano.
Después de un rato, llegó Sesshomaru. Ya eran las nueve de la noche y por la cara que traía se notaba que estaba mucho más descansado. Agradeció que Rin le obligara, pero claro, no lo iba a admitir. Su orgullo no se rebajaba a tanto y menos estando cierta persona delante. Ya vio suficiente y conociéndola supo que se estaba muriendo de la risa por dentro.
Las chicas se despidieron con un beso en la mejilla y riéndose a causa de una broma que hizo la mayor. Esta, se olvidó la barra de labios en la mesilla que había al lado de la cama y que sacó una vez para repasarse el maquillaje. Era su típico color característico: el rojo pasión que le quedaba tan bien en aquellos labios carnosos. Rin le pidió a Sesshomaru que se lo llevara y este a regañadientes accedió, otra vez.
Al llegar a la calle pudo ver a lo lejos a la joven a punto de subirse al auto. La llamó y ella se giró enseguida.
- Te has olvidado tu pintalabios en la habitación.
- ¿Y te has molestado en traérmelo? – le preguntó divertida – Vaya que considerado te has vuelto Sessh – rió y él frunció el ceño – Gracias – le dijo sinceramente a lo que el joven frunció aún más el ceño – Cuídala mucho. Es una chica excepcional.
- Siempre lo haré – le respondió seguro de sí mismo.
- Cuídate tu también – el chico le parecía muy raro el comportamiento de ella y por un momento pensó que se estaba despidiendo, pero para siempre. Entonces Kagura se acercó lentamente y algo tímida, cosa rara en ella, y le plantó un beso en los labios muy delicado como nunca antes lo hizo. Él se quedó estático sin saber que hacer o decir. La chica le sonrió tímidamente y mientras abría la puerta del coche le dijo algo – Hasta luego Sessh. Te echaré de menos – ahí es donde confirmó que eso sí era una despedido definitiva y cuando se alejó el coche, no pudo evitar sonreír de medio lado. "Yo también te echaré de menos Kagura" le dijo pero en su interior sin que nadie más lo supiera. Bueno aquello no era cierto. Sabía perfectamente, que aunque no se lo hubiera dicho, Kagura sabía que él también la echaría en falta.
