¡Hola, lectoras! Esta vez sí que les debo mucho. Todavía no puedo creer la cantidad de alertas, favoritos, y reviews que le han llegado al fic. No saben lo feliz que me hicieron, todavía estoy sonriendo :) Muchas gracias de verdad por toda su buena onda ;) Y bueno, tengo que comentarles que quise actualizar desde antes pero mis examenes finales me lo impidieron...¡ahora soy libre! xD Por cierto, quisiera saber por qué son tan buenas conmigo, sus comentarios en el capítulo anterior realmente me conmovieron :') ¡Gracias de nuevo! Jeje Y ya para dejarlas leer tranquilas, solo quisiera agradecerles a las nuevas lectoras vianeyesparza y Mili, espero que sigan disfrutando de la historia :)

Como siempre, espero que les guste el capítulo, ya que éste está dedicado a todas ustedes...¡Disfruten!


Con un punzante-e inevitable- dolor de cabeza, Rachel hizo un esfuerzo para levantarse de la cama a una hora considerable, ya que con sus excesos de la noche anterior bien podría haber dormido gran parte de aquel día sin interrupciones.

Lo primero que hizo antes de retirar las sábanas de su cuerpo fue enderezarse y darse un necesario masaje en las sienes, lo cual le brindó un alivio momentáneo. Finalmente se puso de pie, y fue a lavarse la cara. Después de verse en el espejo por un minuto, corrió al retrete y devolvió hasta sentirse un poco mejor.

Eventualmente volvió a lavarse, se cepilló los dientes, y trató, sin muchas esperanzas, que su corrector eliminara sus ojeras.

Y así, medianamente presentable, recogió su cabello y caminó hasta la cocina para prepararse algo que le sirviera de ayuda. Justo cuando se encontraba husmeando, la voz de Leroy tarareando la sobresaltó, por lo que se quedó paralizada.

Ojalá me hubiera puesto mis lentes de sol antes de haber salido de la habitación, pensó.

-Buenos días, Rachel Barbra Berry-saludó Leroy, mientras revisaba la cafetera-¿Cómo amaneciste hoy?

-Eh…muy bien-titubeó-Un poco enferma, pero bien…

-¿Cómo vas a sentirte bien así?-inquirió su padre-Tienes resaca, Rachel, a mí no me engañas…

Rachel suspiró, dándose por vencida, y encaró a su padre. Leroy negó con la cabeza apenas se percató de su rostro cansado.

-Rachel, sé que eres una adulta, pero haber tomado tanto fue algo muy irresponsable de tu parte…-comenzó.

-Lo sé, papá-aceptó-Lo siento, es solo que estaba en la fiesta y…

-¿De verdad estabas en la fiesta?-Leroy la miró con curiosidad.

Rachel no podía seguir mintiendo. Era obvio que su padre sabía a donde había ido la noche anterior, pues no había manera en que ella hubiera llegado sola a su casa en su estado. Lo más seguro era que Kurt y Mercedes la habían llevado, y a su vez, le habían explicado a Leroy lo sucedido.

-Bueno, admito que me salí de la fiesta y tomé me tomé algunas copas, pero eso ya pasó…-hizo una pausa-Creo que voy a tomar algo de café, y después me daré un baño.

-Muy bien-Leroy no podía dejar de observarla con un poco de decepción- Si te llegas a sentir peor, tengo algunos remedios en el botiquín de primeros auxilios…

-Gracias, papá…

Leroy salió de la cocina con su taza de café, dejando a Rachel sola, mientras ella se servía la suya.

Cuando se sentó para tomarse la bebida, volvió a sentir el fuerte dolor de cabeza. Definitivamente, no había tenido una resaca así en años. Ni siquiera entendía por qué había llegado a ese extremo, pues aunque tenía la certeza de que se encontraba terriblemente decepcionada de Finn, no podía entender el claro motivo que la había llevado a desahogarse de esa manera. Era…un poco vergonzoso.


Al salir de la ducha, Rachel tuvo que sonreír, satisfecha al verse más recuperada. Se vistió rápidamente, y miró al reloj para asegurarse de que estaba a tiempo, pues aunque era sábado, quería darse una vuelta por el teatro y terminar de montar la coreografía final de la obra que montarían al concluir el taller, en el festival.

Estuvo a punto de tomar sus cosas, y revisó su teléfono móvil-sorpresivamente no tenía ningún mensaje o llamada perdida de Quinn-cuando Leroy abrió la puerta de la habitación bruscamente, y le clavó la mirada, repentinamente alterado.

Rachel se sobresaltó apenas escuchó el ruido alarmante, y sus ojos se adhirieron a los de su padre. Su corazón comenzó a palpitar rápidamente… y lo primero que se le vino a la cabeza: algo pasa con Hiram.

-Tu padre necesita ser llevado al hospital de nuevo, Rachel-expresó Leroy, nervioso-No se encuentra nada bien.

La chica asintió, apenas entendiendo lo que su padre le acababa de explicar, y entonces recordó como había enfatizado la palabra "nada".

Aquellas no eran buenas noticias. No después de todo lo que había ocurrido, y antes de quedarse paralizada, Rachel comenzó a tomar todo lo necesario, ahora para dirigirse a otro destino.

Siguió a Leroy a la habitación, donde logró escuchar la débil voz de Hiram a lo lejos, y decidió no acercarse todavía, pues no quería ver a su padre en ese estado, mucho menos que él se preocupara por ella.

Rápidamente llamó a una ambulancia, y ayudó a su padre en todo lo que pudo para trasladar a Hiram. Cuando los enfermeros llegaron por él, Leroy se adelantó y Rachel se encargó de cerrar puertas y estar completamente lista para volver al hospital.

Ni siquiera tuvo tiempo de llorar, sin embargo, la sensación de angustia verdaderamente la estaba haciendo algo lenta para reaccionar.

Decidió que Leroy acompañaría a Hiram, ya que desde luego, los enfermeros bien podrían cuidar de los dos, y ella arrancó en su auto, pues sabía que sería necesario que éste estuviera cerca de ellos.

Aquí vamos de nuevo, pensó con tristeza, mientras conducía muy por detrás de la ambulancia.

Y entonces, mientras los rayos del sol traspasaban la ventanilla del auto y le marcaban el rostro, una lágrima que no se atrevió a limpiar brotó de su mejilla.


Quinn y Finn llegaron a una de las cafeterías más concurridas, y sentados en la terraza del lugar, pidieron un buen desayuno.

Mientras esperaban a que su orden estuviera lista, Quinn se puso a leer una revista de novias que apenas había adquirido esa mañana, y sin que Finn se diera cuenta, comenzó a masajearse discretamente las sienes y se tomó una píldora que la ayudaría con la resaca.

Finn estaría algo decepcionado si se hubiera enterado de lo mucho que había tomado la noche anterior, ya que no era bueno para ella. De cualquier manera, él se encontraba muy distraído, y gracias a la revista, que le estaba tapando el rostro a Quinn, ni siquiera se enteró de nada.

Él estaba pensando en Rachel, y de nueva cuenta, en lo mal que la había tratado la noche anterior.

Apenas y había dormido debido a que el arrepentimiento no lo dejaba en paz, y ni siquiera ahí en esa terraza, donde parecía que prácticamente Quinn y él estaban tomando sol, podía sentirse tranquilo.

El hecho de que tampoco se encontraba con hambre ya decía mucho. El chico sentía un gran nudo en el estomago que verdaderamente no era fácil de ignorar.

Deseó poder ir a buscar a Rachel en ese instante, y arreglar las cosas de una vez por todas, pero no podía dejar a Quinn, y algo también le decía que aquel no era el mejor momento.

Pero… ¿cuándo?, se preguntó.

Rachel y él habían pasado las últimas semanas ignorándose ridículamente, y solo por el hecho de que no podían estar juntos, ni siquiera de pensarlo.

Aunque ambos eran adultos, con responsabilidades, y conscientes de sus acciones. Por ninguna razón debieron de llegar a esos extremos.

Solo que para Finn había un problema…él de verdad quería a Rachel. La amaba sin siquiera poder entender ese sentimiento en su totalidad y cada día lejos de ella realmente le estaba afectando. Era casi como volver a dejar Manhattan por primera vez.

Sabía que sus sentimientos seguían intactos y que podían ser erróneos por naturaleza, pero simplemente no podía evitar sentirlos, y ya estaba harto de dar excusas para esconderlos…

Aún hundido en sus pensamientos, miró detenidamente a Quinn y entonces tuvo que salir a la superficie.

Realmente, su prometida no merecía soportar todo ese comportamiento de su parte. La rubia había llegado a su vida en un momento en el que él había decidido darse una prueba a sí mismo para volver a encontrar un tipo de felicidad muy específica, que eventualmente, Quinn le ayudó a localizar, tenía que admitirlo.

Su prometida se veía muy entusiasmada hojeando aquella revista de modas, y a Finn incluso se le escapó una sonrisa, pues a pesar de sus exageraciones, y a veces frio temperamento, Quinn era un chica como cualquier otra, lista para vivir su propio cuento de hadas.

La chica se dio cuenta de que Finn la estaba observando y dejó su revista a un lado.

Con una sonrisa, se acercó a tomar su mano, sin embargo, Finn no la imitó.

Quinn aclaró su garganta, y miró hacia los transeúntes del otro lado de la calle.

-Todavía hay mucho que hacer, Finn-comentó-El mes está por acabarse y tenemos que entregar nuestros documentos al registro civil…

Finn asintió, más ausente que nunca.

-Debemos pensar en muchas cosas…-continuó Quinn-Y para ser honesta, no estoy segura siquiera de que me estás escuchando…

-Lo estoy, lo estoy-declaró él, sobresaltándose.

Quinn lo estudió con la mirada por varios segundos.

-Has cambiado mucho-dijo-Y esto se ha vuelto más extraño conforme pasa el tiempo…

-Quinn…

-No, Finn, estoy hablando en serio…

Finn soltó un suspiro, esperando solamente que no se diera una discusión.

-Quinn, lo siento de verdad-se disculpó-Es cierto, hay mucho que pensar, y mucho que hacer, y…

El muchacho tuvo que estar de acuerdo en ese punto, pues sin duda todo se le estaba atravesando, sin embargo, él estaba refiriéndose a otro aspecto, y eso lo sabía muy bien.

Quinn lo miró con compasión, pues a pesar de que no estaba muy contenta con su desinterés, pudo suponer de alguna manera el estrés que todo aquello le generaba a él. Después de todo, no era difícil darse cuenta.

-Yo también lo siento-mencionó ella, acariciándole el rostro-Trataré de llevarme esto más en calma, y haré todo lo posible para no estresarte, pero por favor, esfuérzate un poco en ayudarme.

Después de otro suspiro, Finn volvió a menear la cabeza, complaciendo a Quinn.

-Bueno, asunto arreglado-se alegró ella.

Con seguridad, se acercó aún más a su prometido, y lo tomó del cuello. Estuvo a punto de besarlo, pero entonces su móvil comenzó a sonar.

Resopló apenas lo escuchó, y se separó de Finn solo para ver quién la estaba llamando.

Cuando se dio cuenta de que era Rachel, alzó una ceja, y soltó una risita.

-Que oportuna-comentó, contestando-¿Hola?

Finn la observó con curiosidad.

-¿Qué?

La expresión de Quinn cambió de pronto. Ya no había ningún rastro de diversión en su rostro. Estaba mortificada. Finn pudo notarlo desde el momento en el que había hablado de nuevo.

-Vamos para allá-anunció Quinn, poniéndose de pie, y a la vez, buscando algo de propina en su bolso.

Finn también se puso de pie, aunque no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo.

-Sí, sí, lo sé, lo entiendo, pero tú quédate tranquila, por favor, te prometo que ahí estaré en unos minutos…

-Quinn, ¿qué es lo qué…?

-Todo va a estar bien, Rachel, ya vamos en camino, no te preocupes…

Al escuchar el nombre de Rachel, Finn estuvo más alerta que nunca.

Para eso, Quinn colgó, y lo miró totalmente alterada.

-Hablaste con Rachel… ¿qué sucede?

-Hiram ha tenido una recaída-dijo, asustada-Está nuevamente en el hospital, y Rachel se escucha…muy afectada. ¡Tenemos que irnos!

-¡Por supuesto, vamos!

La pareja abandonó el lugar inmediatamente, lo cual dejó a su mesero algo confundido cuando finalmente llegó con el desayuno.

Apenas estuvo en el asiento de conductor, Finn arrancó a gran velocidad.

Quinn solo esperó que no los multaran por estar traspasando un poco los límites permitidos.

La mente de Finn solo deseaba que llegaran al hospital lo más rápido posible, y a la vez, ésta le presentaba una imagen de Rachel, esperando nuevamente, justo como la vez anterior, con lágrimas en los ojos…

Fue algo muy duro de imaginar, pero afortunadamente, pudo borrar esa figuración casi al instante. Su corazón estaba desenfrenado, y no podía concebir la idea del sufrimiento al que podría recaer Rachel. No iba a dejar que eso sucediera, y se lo hizo saber rápidamente al muchacho, pues aunque sabía que tenía un compromiso, y una historia con Rachel inevitablemente triste a sus espaldas, éste no podía estar en desacuerdo con él.

Rachel era todo en lo que él pensaba, y sin verla aún, pudo jurar estar sintiendo toda la pesadumbre con la que ella cargaba en ese momento.


Cuando finalmente llegaron a la sala de espera, donde un inconsolable Hiram se apoyaba de Kurt, Finn visualizó a Rachel, completamente dolida y destrozada.

Quinn se acercó a ella y le dio un interminable abrazo. Al separarse, ambas se miraron a los ojos por un momento-Finn supuso que aquella era una manera emotiva de comunicarse- y Quinn le dio un suave apretón. Acto seguido, se apartó lentamente y entonces decidió abrazar a Leroy.

Rachel estaba de pie, justo en una esquina. El lenguaje corporal resaltaba lo que era evidente.

Se veía simplemente vulnerable, y al reparar un poco más en los chicos- sobre todo en Finn- el llanto volvió a invadirla de una manera irremediable.

Sin pensarlo dos veces, Finn corrió hacia ella y la envolvió con sus brazos, deseando poder brindarle aquel calor y protección que ella necesitaba.

La tranquilidad no se hizo presente, y Rachel incluso lloró aún más, ya que estar en los brazos del hombre que le había roto el corazón no hacia más que traerle recuerdos irrelevantes en ese momento.

Pero a ninguno de los dos les importó las consecuencias que les traería aquel acto. Ninguno de los dos volvió a fijarse o se fijó siquiera en Quinn.

Simplemente se unieron el uno al otro, sintiendo esa conexión que parecía ser un sedante necesario, y por un momento desearon, sin ser conscientes de ello, poder estar así para siempre.

Quinn despegó su vista de Hiram, y justamente se encontró con la imagen de Finn y Rachel, aferrándose el uno al otro de una manera…conmovedora y a la vez desconcertante.

Finn tomó el mentón de Rachel y después de mirarla profundamente a los ojos, limpió cada una de las lágrimas que resbalan por las mejillas de la morena con sus propios dedos.

-Lo siento mucho-murmuró Finn, sosteniéndola fuertemente-Siento mucho…todo lo que ha pasado…

Finn nunca había hablado más en serio en su vida. Realmente le apenaba la situación de Hiram, y la idea de haberse apartado de ella le era simplemente irreconciliable.

Sabía que no era algo adecuado para decir, pero sus intenciones eran buenas. Y no podía ver a Rachel así porque…él también podía sentirse con el corazón destrozado, y él también podía sentir las lágrimas reacias a disolverse.

Por eso mismo, Finn no fue capaz de dejarla sola o apartarla ni un minuto de él. Rachel lo necesitaba, podía sentirlo, y aunque no se lo dijo, se prometió a sí mismo que nunca más la abandonaría. No iría a ninguna parte.

Quinn tragó saliva con dureza al contemplar a su mejor amiga y a su prometido, que a pesar de estar envueltos en tristeza…irradiaban una paz inexplicable.

Él parecía encajar perfectamente en aquella posición, y ella definitivamente parecía estar adquiriendo fuerza.

Era una vista tierna y sincera, aunque Quinn no estaba muy segura de que le estuviera gustando lo que veía, pues aquello era más que fraternal.

No. Definitivamente no le estaba gustando nada.


Finn seguía sujetando a Rachel, incluso aunque ambos tomaron asiento. No podía dejar de decirle lo mucho que lamentaba la situación de Hiram y su mismo comportamiento. Él solo quería que ella se encontrara tranquila, y que pudiera confiar en él para cualquier cosa que necesitara.

Sin embargo, mientras retiraba un mechón de cabello del rostro de la chica, el doctor se reunió con Leroy, y lo miró sumamente preocupado.

Rachel se acercó a ellos, soltándose así de Finn, y éste la contempló consternado mientras ella se posicionaba junto a su padre.

El médico comenzó a hablar con ambos, pero Finn no podía escuchar muy bien lo que decía…

-Pero así como la vez anterior…va a salir de esta, ¿no es cierto?-preguntó Rachel.

El doctor la encaró con tristeza.

-Estamos haciendo lo posible para que se estabilice, señorita-contestó-Pero…todavía nada es concreto.

Para eso, Quinn se acercó a Finn dirigiéndole una mirada sin expresión alguna.

-Necesito hablar contigo-pidió.

Finn miró de reojo a Rachel, que aún seguía conversando con el médico y Leroy, así que no tuvo más remedio que seguir a la rubia.

Quinn lo guió hasta las escaleras que daban al siguiente piso, y entonces lo encaró con frialdad.

-¿Qué demonios sucede con Rachel?-inquirió, secamente.

Finn frunció el entrecejo, confundido.

-¿Disculpa?

Quinn asintió.

-Los veo demasiado juntos-comentó-¿Desde cuando se llevan tan bien? Es decir, sé que son amigos, pero esa cercanía es desconcertante.

Con el entrecejo fruncido, Finn se aproximó a defender a su amiga.

-Quinn, no empieces con esto-dijo-Tú sabes lo que está pasando con Hiram…

-Lamentablemente sí, pero no me queda claro que sucede contigo…

Finn no podía creer que Quinn le estuviera reclamando de esa manera. Después de todo lo que estaba sucediendo, ¿cómo podía pensar siquiera esas cosas?

Era una estupidez…

Aunque no tan desencaminada, admitió el muchacho para sí con tristeza.

-¿Y bien?

-¡Solo estoy apoyando a nuestra amiga!-estalló-Ella…necesita a alguien que esté ahí en todo momento, y de hecho eresquien debería estar consolándola porque se supone que eres su mejor amiga…

Quinn se quedó sin palabras. Fue como si su prometido le hubiera dado una bofetada en la cara. Y no solo no logró aclarar sus dudas en cuanto a aquel acercamiento tan explicito entre los dos…también se sentía como una mala amiga. La peor, incluso. Finn no pudo haberle dicho algo más hiriente…y probablemente cierto.


Finn volvió a la sala de espera y se encontró a Rachel y a Kurt entrelazando brazos.

Después de unos minutos, le pidió a Kurt su lugar junto a la chica, y ésta se puso un poco nerviosa al volver a tenerlo tan cerca.

-Finn…

-¿Cómo está Hiram?-la interrumpió él.

-No hay más noticias-articuló, despedazada.

Finn decidió acercarse aún más para abrazarla, pero inesperadamente, Rachel lo detuvo.

Temblando levemente, se limpió las lágrimas que otra vez estaban cayendo sobre sus mejillas, y respiró un par de veces antes de volver a hablar.

-Finn, creo que deberías estar con Quinn en este momento, parece como si la estuviéramos ignorando…

-Quinn no me necesita ahora-musitó él, mirándola a los ojos-Pero tú sí, Rachel.

Rachel volvió a secarse las lágrimas que no parecían querer dejar de salir, y tomó la mano del muchacho, apretándola fuerte.

-Gracias, Finn-murmuró-Eres una de las personas más increíbles que he conocido…siento mucho haber sido tan dura contigo.

Finn se quedó observándola por un momento, pues definitivamente le conmovió aquello.

Quinn no parecía encontrarse cerca de ahí. Incluso Kurt y Leroy se veían muy lejanos.

-Espero…-continuó Rachel, tratando de sonreír-espero que…podamos ser amigos de nuevo.

Finn bajó la vista, un poco afectado por el comentario.

-Podemos intentarlo, pero…va a ser difícil-admitió-porque…nosotros somos más que eso…


Horas después, ya por la noche, Quinn volvió a acercarse a ellos y aunque estaba visiblemente más relajada, su cabeza no dejaba de recordar las palabras de Finn. El hecho de que él le hubiera dicho aquello le afectaba todavía más.

¿Por qué habría estado dudando de la amistad de Rachel, cuando claramente, ella no la defendía lo suficiente?

Finn realmente se preocupaba por ella, y sabía como consolarla sin pedir nada a cambio.

Las inseguridades de Quinn no pudieron mostrarse de una manera más inoportuna.

Rachel estaba sufriendo, y como casi siempre, ella se había bloqueado por otros motivos.

Definitivamente, necesitaba un trago. Con suerte, Hiram mejoraría sin requerir de su presencia en el hospital.

-Finn…-comenzó, un poco nerviosa-Creo que…debemos irnos…

Rachel miró a su amiga, y entonces le dirigió una cálida sonrisa a Finn.

-Rachel, no quiero dejarte así…

-Voy a estar bien-le aseguró ella-Tú en cambio, deberías irte a casa. Les agradezco mucho a los dos el hecho de que estuvieran acompañándonos en este momento tan difícil.

A pesar de lo distraída que estaba, Rachel sabía que Quinn no había sido un verdadero apoyo en esa ocasión, pero su amiga también se veía algo desanimada, y como no podía preguntarle precisamente en el momento a que se debía su actitud, solo le agradeció su presencia y deseó que no solo ella, si no ambas pudieran amanecer mejor al día siguiente.

Sin esperarlo, Quinn se acercó a ella, y la abrazó fuertemente, lo cual desde luego hizo sentir a Rachel mejor debido a la tensa situación con Finn, pues se dio cuenta de que sucediera lo que sucediera, Quinn y ella seguían siendo las mismas amigas de siempre.

Finn también la abrazó rápidamente, aunque la calidez hizo que pareciera como si estuvieran juntos por mucho tiempo.

Cuando se separaron, Rachel volvió a su postura inicial, y Finn se retiró con Quinn, después de despedirse brevemente de Leroy.


Saliendo del hospital, Quinn y Finn intercambiaron algunas palabras, pero no las necesarias para borras las dichas horas atrás. Ambos, sin embargo, parecían estar más tranquilos respecto a la confrontación, y siguieron actuando con normalidad, salvo que el silencio era esta vez lo que amenizaba el trayecto.

Finn estuvo pensando incluso más que otras veces justo al alejarse del centro médico, pues todo su cuerpo parecía querer quedarse ahí. Su corazón trató de convencerlo para que volviera, pero él hizo todo lo posible para ignorarlo…

Su lugar no era en la cama con Quinn…su lugar era en ese hospital, sosteniendo a Rachel y diciéndole que todo iba a salir bien, que las cosas iban a mejorar…

Lamentablemente, se estaba dirigiendo al destino equivocado, y tal vez, con la persona equivocada.

Se había prometido no abandonar a Rachel, pero ésta no podía sufrir más por su culpa…o por la situación con Quinn, en realidad.

Aunque…el hecho de que tuviera que retirarse en ese momento no significaba que no podía regresar más tarde…


Rachel y Leroy tuvieron la oportunidad de ver a Hiram, y a pesar de que apenas abrió los ojos e intercambió algunas palabras con ellos, su semblante llegó a darles las esperanzas que los doctores les pudieron brindar.

Estaba delicado, no había manera de negarlo, pero Rachel confiaba en la fuerza de su padre, y realmente esperaba que la situación solo se tratara de un obstáculo más que eventualmente vencería.

Solo quedaba, justamente, esperar…

Rachel salió del cuarto llorando, e inmediatamente, Leroy la abrazó.

Kurt ya se había retirado también, y lo que más le sorprendió a Rachel, a pesar de todo, es que no había dicho ni una palabra durante la última hora que la acompañó. Apenas y había hablado en todo el día.

Leroy caminó hasta la sala de espera, y Rachel lo siguió sin soltar su mano.

Al sentarse, ambos volvieron a aferrarse al otro, y después, Leroy terminó limpiándole las lágrimas a su hija.

-Mi papá…

-Va a estar bien-terminó él, con un hilo de voz.

-¿Tú crees qué…?

-Creo en él-afirmó Leroy-Creo en él y en lo bien que enfrentará esta prueba.

Rachel sonrió con tristeza.

-Ojalá y en este momento fuera yo igual de optimista que tú…

-No solo tu padre te preocupa-supuso él, examinando su rostro-Hay algo más…

-Finn y yo…volvimos a hablar-confesó Rachel-Es un asunto complicado, y aunque no quiero discutirlo, tampoco puedo dejar de pensar en…

-Él…-entendió su padre.

Rachel se encogió de hombros, pues aunque sabía que a Leroy no le agradaba la situación- a ella ni siquiera la enorgullecía- ésta era real y ya era parte de su vida diaria.

Su amor por Finn corría por todo su ser.

-De verdad quiero a Finn, papá-admitió, casi como una niña enamorada y desesperada-Y…no sé que hacer.

-Rachel…-Leroy levantó el mentón de su hija e hizo que ella lo encarara.

La morena ya se esperaba otro discurso acerca de su desaprobación en cuanto a su historia con Finn.

-Quiero…-continuó él, apenas audible-que sepas que yo…siempre te voy a apoyar, sin importar la causa. Así como estoy para tu padre… estaré siempre para ti.

Rachel se aventó a los brazos de su padre, y lloró silenciosamente contra su pecho. Al poco tiempo, se enderezó, y le dio un beso en la mejilla, solo para volver a abrazarlo después.

En medio de toda la angustia, Rachel sintió como su corazón se estaba quitando un peso de encima, pues finalmente, la tensa relación con Leroy que se había originado debido a su amor por Finn, se estaba rompiendo.

Y de esa manera, sosteniéndose el uno al otro, padre e hija pasaron la primera noche en el hospital.

Dentro de la habitación, rodeado de cables, tubos, y aparatos, recostado sin poder retirarse de su cama…Hiram sonrió.


Bueno, por un lado parece que Finchel se ha vuelto a dirigir la palabra, y Leroy y Rachel ya aclararon el asunto de Finn, pero por el otro...Hiram sigue en el hospital...¡y Quinn ya sacó sus garras! Jajaja espero que hayan disfrutado el capítulo, aunque fue algo agridulce xD Por cierto...¿se dieron cuenta de lo que sucedió con Finn después de irse del hospital? ¿Creeen que podrá animarse a...hacer lo que se sugirió para el próximo capítulo?

Se vienen muchas cosas para entonces, por eso...¡compartan su opinión! :P De ahora en adelante, actualizaré justo cuando me lo pidan, así que por favor, dejen sus comentarios. Solo con su ayuda voy a poder continuar escribiendo :)

¡Gracias por leer! ¡Hasta el próximo capítulo!