Capítulo 14 Actualizado
Disclaimer: Los personajes y algunos pasajes de esta historia son de exclusiva propiedad de Estephenie Meyer.
Aclaraciones: Más adelante habrá escenas de sexo, si usted no es mayor de 18 años o no tiene la mínima idea de lo que estaría a punto de leer, por favor abstenerse de la lectura.
Historia Dedicada a mi querida amiga Belkis n.n
Capítulo 14
Bella.
Pasaron dos días y las sensaciones orgásmicas que sentía cada vez que Carlisle entraba en mí eran cada vez más dramáticas. Y no sólo era porque Carlisle de por sí era apuesto, si no que ambos teníamos una química que iba más allá del sexo. Ambos teníamos muchas cosas en común, que nos engatusaba y nos erigía cada vez a sentirnos uno solo.
Los estragos de nuestros ejercicios matutinos empezaron a acaecer en mí. Me sentía un poco más débil, mi cuerpo empezaba a temblar y tenía unas ganas horrendas de devorar todo lo que tenía delante de mí.
Y fue entonces que una pregunta fugaz apareció y se adueñó de mis pensamientos. Horrorizada, me levanté de la cama y me fui directo al baño. Carlisle me miraba con incredulidad.
Las náuseas me abrasaron como si fuera una manta infernal que se apegaba a mi cuerpo, regresé toda la comida que había consumido durante el día.
Acaso… Acaso estaba… No, eso era imposible.
Miré la taza del inodoro y traté de apoyarme para poder levantarme, pero fue inútil. Sentí de pronto un par de brazos fríos, aún más fríos de lo normal que me levantaban sin ningún esfuerzo. Sentía que todo me daba vueltas, me sentía…tan débil.
−Bella… ¿Te encuentras bien? – Oí la voz de Carlisle como un suave murmullo que me relajó por unos instantes, sintiéndome un poco mejor.
Cuando volteé a ver a su semblante, este se encontraba alarmado y, creo que me había equivocado en decir que se encontraba calmado, al contrario, sus ojos estaban desorbitados y pedía a gritos que le dé una respuesta ante su pregunta.
Bajé mi rostro, no ganaba nada con mentirle. Me sentía horrendamente mal, de eso no había duda, ni siquiera podía disimularlo, ni siquiera podía fingir para que él se sintiese mejor.
− ¿Qué día es hoy? – Pregunté, murmurando por el dolor que me producía hablar.
Carlisle pasó un pañuelo blanquecino por mis labios para limpiarlos, luego cerró los ojos y me dio un beso en la frente.
−Estamos 2 de Septiembre ¿Por qué la pregunta?
Empecé a calcular desde cuando no me venía el periodo. Levanté mi rostro desencajado ante la mirada expectante de Carlisle.
− ¿Tú crees que…? – Tartamudeé y dudé en completar la oración, el ceño de Carlisle se frunció, me levantó sin vacilación y en un abrir y cerrar de ojos me encontraba tendida sobre la cama.
Carlisle se sentó en el ras de la cama, tomó mis manos con delicadeza y los besó.
−Estás afiebrada. – Contestó monótonamente.
Traté de encontrar algún indicio de que él supiera lo que yo estaba especulando. Definitivamente, la maternidad a estas alturas no era algo factible encontrándome en esta situación. No, claro que no. No era algo que yo esperaba con ansias ni tampoco con aspereza.
Me preguntaba cuál sería la reacción de Carlisle si esto fuera cierto, cosa que estaba a punto de comprobar. ¿Cómo reaccionaría él? ¿Sería capaz de abandonarme a mí y al pequeño a nuestra suerte?
Yo no creía que se dieran así las cosas. Carlisle siempre soñó con tener un primogénito que llevase sus genes en su organismo, pero con su condición fisiológica… ¿eso sería posible?
−Yo, yo no me refiero a eso…
La mirada ambarina de Carlisle me atrapó con intensidad, soltó mis manos de repente y rozó sus yemas frías contra mi mejilla. Yo parpadeé un par de veces ante el contacto.
−No Bella, eso es imposible – Respondió. Sentí un bloque de culpabilidad en mi interior, ¿sería cierto lo que decía Carlisle?
− ¿Y si es posible? Carlisle, he tenido un retraso en el periodo y yo…
−No – Rebatió – Nunca se ha dado un caso como este, Bella. Y si hubiera habido alguno yo lo hubiera sabido de antemano, aunque…
−Aunque ¿Qué? – Inquirí con vehemencia.
El suspiró y bajó su mirada, arrugó fuertemente la sábana y se levantó de golpe.
−Tengo que cerciorarme si en verdad existió algo como esto hace mucho, aunque no estoy muy seguro, Bella. Quizás sea algo que hayas comido en mal estado.
Si yo hubiera comido algo en mal estado. ¿Tú lo hubieras sabido no?
Excusas y más excusas…
Tuve unas ganas inevitables de acariciar mi vientre con sutileza, se encontraba un poco hinchado y eso…no me había dado cuenta.
Sonreí complacida, de pronto se me nacieron las ganas de tener una vidita dentro de mí.
Pasaron los minutos y Carlisle se la pasó mirando el paisaje que le ofrecía la suite del hotel que había reservado. La brisa del mar me daba en el rostro puesto que la amampara se encontraba totalmente abierta para disipar semejante calor que me abrasaba. Las cortinas bailoteaban y la silueta de Carlisle se encontraba inmóvil mirando hacia el horizonte.
Él no me habló más después de varias horas.
Y esas horas fueron suficientes para que yo me trazase algo que solo en mi loca cabeza podía originarse.
Yo quería ser madre.
Edward.
Nos habíamos pasado todo el día de nuevo tratando de rastrear el paradero de Esme. Ni los lobos, ni mis hermanos encontraban algún indicio de su efluvio ni el de Victoria, cosa que me incomodaba y me llenaba de angustia completa.
Ya habían pasado varios días desde que nos encontrábamos en la misma situación. No habíamos tenido ningún avance desde que Riley desapareció de nuestra vista.
Y Rosalie empezaba también a redundar con el tema de comunicarle a Carlisle que su pareja eterna había desaparecido y que quizás ya se encontraba muerta.
Alice intentaba poder encontrar la verdad por medio de sus visiones, pero ninguna se le venía a la cabeza, ella también se encontraba frustrada.
Definitivamente Carlisle no se merecía esto. No merecía que Esme se fuera de su vida, si él se enterase de aquello se destruiría como yo alguna vez lo habría intentado.
Y él era una persona de corazón noble, de buenas costumbres y pensamientos. Pareciese que me encontrase en un pérfido sueño en el que no me despierto jamás y que pedía a gritos poder escabullirme de aquel malnacido sueño para poder encontrarme con la familia que siempre quise.
Y de verdad, la idea de Rosalie había inundado mi mente. En parte ella tenía razón, pero mi orgullo no me dejaba que eso se realizase, no. Aún podíamos tener la esperanza de encontrar a Esme sana y salva.
A mi madre.
Bella.
Cuando me desperté, sentí de nuevo los mareos y un escalofrío recorrer desde la punta de mis pies hasta las puntas de mi cabello. Fue horrendo, tuve de nuevo la sensación de devolver el alimento, que por cierto, ya había de vuelto hacía varias horas.
Carlisle no se alejó de mi lado hasta entonces, hacía llamadas constantemente y atendía a cada uno de mis llamados sin chistar.
Yo lo miraba pasible, como revoloteaba por el cuarto conversando por el teléfono, con el semblante duro e inexpresivo. En lo que iba de la noche ya me había devorado casi toda la guarnición de comida del hotel y aún así no me sentía satisfecha y no sabía el por qué.
Carlisle me miraba de reojo cada cierto tiempo como adivinando lo que yo quería saber.
Y no es que me sintiese desesperada, pero las ansias me mataban. ¿Qué tanto hablaba él por el teléfono? Quería saberlo pero ya.
Cuando terminó de conversar se acercó a mi lado y me besó la frente sudorosa. Aún se encontraba rígido, como si el tema de conversación no fuera totalmente de su agrado.
Me tocó el vientre mirándome constantemente, envolviéndome en su mirar dorado y pulcro como el sol. Contemplé su rostro con curiosidad y un matiz de sorpresa, no esperaba que hiciese aquello a estas alturas.
Sentí algo que se me movía en el interior de mi organismo, algo duro pero sutil. Como si hubiese reaccionado ante el contacto de Carlisle. Yo sonreí.
Pero al parecer a Carlisle no le causó ni una pizca de gracia. Su rostro se arrugó aún más y alejó de inmediato su tacto de mi vientre.
¿Pero qué es lo que pasaba? Yo hubiese jurado que a Carlisle le encantaría la idea de ser padre. No entendía por qué reaccionaba de esa manera, porque no me dirigía ninguna mirada condescendiente ni amable, porque no me miraba con esos ojos llenos de amor que ahora solo destilaban indiferencia y dolor.
No entendía nada. Y lo que más me dolía era que no me había dirigido la palabra por más de 3 horas. Eso ya era mucho para mí.
Obviamente, si él no estaba dispuesto a cooperar como padre, yo me iría lejos. Saldría adelante sola con mi pequeño y no necesitaría de su ayuda ni la de nadie.
Y desde entonces había una cosa que me estaba olvidando y que era muy importante. Tanto para mí y para Carlisle.
¿Y nuestras familias?
Y necesité enfocarme aún más en dos personas especialmente, a la que destrozaríamos el corazón ante esta nueva revelación.
Edward y Esme.
Que haría Edward si se enterase que me había quedado embarazada de su padre, al que tanto idealizaba. Que diría Esme si se enterase que su esposo lo estaba engañando descaradamente con…la novia de su hijo.
Yo tragué sonoramente. Al tan solo pensar como nos enfrentaríamos y pensándolo bien, como me enfrentaría yo ante una horda de vampiros enfadados, me daba escalofríos y unas ganas tremendas de esconderme en el subsuelo de la tierra. Porque no solo era un pensamiento fortuito, si no que era un hecho. Una realidad lacerante y cruda que se venía como una avalancha de sucesos inexplicables que se me vendrían de lleno hacia mí y, si es que no era lo suficientemente fuerte tanto física como psicológicamente, perdería mucho, demasiado.
Mordí mis labios hasta hacerlos sangrar. Definitivamente no estaba preparada para eso y encima de todo enfrentarme a eso totalmente sola, por que la actitud de Carlisle hacía proyectarme de esa manera.
Totalmente sola.
Carlisle se dio cuenta de cuánto me había inundado yo en mis pensamientos y como me había lastimado en el proceso. Sentí unas ganas terribles de llorar, pero me tragué esas ganas. Yo no quería que él me viese así.
−Bella…− De pronto el tono de su voz hiso que me relajase pero no olvidaba su ferviente indiferencia de hace unos momentos.
Yo no respondí. Acaricié mi vientre plano y bajé la mirada. Una lágrima traicionera empezó a rondar por mi mejilla.
−Bella, por favor…− Me llamó suplicante en un susurro adolorido.
Si él estaba dispuesto a abandonarme a mí y a mi pequeño, pues yo no pondría objeciones.
−Si quieres abandonarnos, hazlo. Yo no te lo impediré.
Se puso rígido de nuevo y su rostro se encontraba inescrutable. Al parecer le había lanzado una ofensa que él no toleraba.
−No, yo jamás haría eso Bella – El suspiró y me tomó de las manos con sutileza y prosiguió– De hecho, ahora más que nunca no debo dejarte sola, no quiero. – Hiso una pausa y empezó a buscar mi mirada – Acabo de hablar con alguien que sabe mucho más que yo sobre este caso y me he llevado una sorpresa enorme.
¿Una sorpresa? ¿Otra más?
−Toqué tu vientre y he confirmado lo que tú estabas especulando. Pude sentirlo y si, tienes algo dentro de ti que…−Sus ojos mostraban un terrible dolor. Nunca lo había visto tan indefenso, tan miserable como ahora – te matará lentamente si no te lo saco de inmediato, antes de que sea demasiado tarde.
Solté sus manos como un acto reflejo. Mis ojos destilaban furia y no daban crédito a lo que aquel hombre que se encontraba frente mío me había dicho hace algunos momentos. Carlisle se encontraba expectante, esperando a que yo reaccionara.
Quise lanzarle una bofetada, quise lanzarle improperios hasta decir basta, quise mandarlo a la mierda e irme corriendo a no sé donde, pero me contuve.
Quise confirmar lo que él, con mucho cuidado, había tratado de decirme.
−Pretendes que… ¿yo aborte a mi bebé? – Pregunté esto último entre dientes, como si aquella palabra fuese innombrable. Sentía que mi boca se llenaba de ácido al tan solo nombrar aquella desquiciada palabra.
−Bella…− Se removió incómodo y luego prosiguió – No lo veas de esa manera, lo que tienes dentro de ti, no es un bebé. Crece demasiado rápido y tu organismo no podrá soportarlo dentro de unos meses. No sabemos a qué atenernos, no sabemos qué es lo que quiere y como se alimenta.
¿Qué no es un bebé? ¡Esto ya era el colmo!
− ¡Tú no lo entiendes! El es mi hijo, está dentro de mí y tú no puedes hacerme esto…− Retrocedí varios pasos hasta chocar con la pared, Carlisle no se había movido ni un centímetro. Seguía mirándome.
La ira embargó mi ser. Me encontraba mal, demasiado mal. Sentía que aquel hombre al que empezaba a amar con todas mis fuerzas me estaba traicionando y que su persona se estaba distorsionando, abriendo paso a un monstro que solo quería hacer de mi vida miserable.
− ¡No, no y no! Yo no lo permitiré, tú no lo harás ni nadie de este mundo tampoco. No puedes obligarme a hacer algo que no quiero.
El suspiró de nuevo, apoyó sus manos en la cama y negó con la cabeza.
−Sí, tienes razón, no puedo obligarte a hacerlo. Pero tampoco estoy dispuesto a perderte. Eso no.
Empecé a evaluar sus acciones y la forma en cómo se expresaba. El era sincero, o al menos eso es lo que parecía.
−Si morir es el precio que tengo que pagar para que mi pequeño viva. Estoy dispuesta a hacerlo, pero tu ni nadie me obligará a cegarle la vida. Él no tiene la culpa.
−Yo también moriré si tú lo haces –Me habló suplicante.
−Tú no debes morir Carlisle, por favor. Cuando yo no esté, el te necesitará más que nadie.
Sus ojos se encontraban brillosos. Carlisle quería llorar, de eso no había duda, me abrazó aferrándose a mí, me besó infinidad de veces y nunca se alejó de mi lado hasta que amaneció.
−Bella…− Me susurró al cuello, con su voz quebrada – ¿Por qué eres tan predecible?
Yo no dije nada, tan sólo me acurruqué más a él. Pensando que este sería uno de mis últimos episodios con él y que ya había aceptado mi suerte. Estaba dejando mi vida en sus manos.
El suspiró lentamente y pasaron minutos para que él hablase de nuevo.
−Al decidir esto…− Me dijo con un su gesto duro − debemos irnos lejos, ellos no se deben enterar.
Entonces, sonreí. Carlisle había aceptado mi sentencia.
Pero sabía que yo inconscientemente le estaba haciendo mucho daño, como creo que mi pequeño se lo hacía a él.
Que tan lejos había llegado mi devoción por la pequeña vida que se encontraba dentro de mí. No podría imaginarme hacia una semana, cuál era el verdadero significado del amor de una madre. Que tan puro e incondicional era, que tan hermoso podría ser ese amor, que me llevaba a pensamientos desde otra perspectiva muy distinta a la que yo estaba sumergida hace poco.
Definitivamente tener a alguien dentro de ti, te llenaba por dentro, te satisfacía, te hacía sentir feliz, triste, amarga, frágil, te hacía sentir todo, absolutamente todo.
Y yo me sentía así, feliz, ahora con un propósito trazado, muy bien definido, aunque sabía que mi vida ahora pendía de que tan fuerte sería yo para soportar el embarazo, porque sabía bien que mi bebé, que el hijo de Carlisle era muy especial, porque obviamente, su padre también era especial.
−Te lo agradezco Carlisle, sé cuán difícil es aceptar esto. – Le di un beso fugaz en la comisura de sus labios.
El no dijo nada, aún le costaba creer que había aceptado mi idea, mi muerte por así decirlo.
−No, aún no me lo agradezcas. Haré todo lo posible para salvarte, a ti y al feto.
La dicha se me desapareció tan rápido que ni siquiera me había percatado que había tenido un momento de felicidad con respecto a este tema.
Feto…
−Carlisle el no…
Me interrumpió acariciándome el rostro y dándome otro beso en los labios.
−No me pidas más Bella, por favor – Me suplicó.
−No es un feto… – Susurré, con miedo. Él aún no aceptaba a mi bebé como a su hijo.
−Nos iremos hoy en la noche – Me dio un beso en la frente y se alejó de la cama.
− ¿A dónde iremos? – Pregunté incrédula.
−Muy lejos…haré lo posible para que el lugar a donde vayamos te haga sentir más cómoda.
Me revolví en la cama inquieta. Había salido el sol y Carlisle no saldría a la calle hasta que anocheciera. Entonces aprovechó para seguir dando llamadas a no sé quién y seguir conversando de no sé qué.
Me sentía aburrida, más bien, todo me apestaba. Tenía ganas de comer pero no sabía qué, luego, como quien no quiere la cosa, me daba vueltas la cabeza y me ponía demasiado ansiosa. Desde entonces no le había pedido nada a Carlisle, porque sinceramente no sabía que pedir, pero a la misma vez quería algo y sabía que pidiese lo que pidiese no me quedaría satisfecha para nada.
Pasó media hora, una hora, dos.
Estaba empezando a hartarme tanta cháchara y tantos murmullos que provenían de ese hombre, que de rato en rato seguía vigilándome como si fuese a escaparme.
Intenté dormir y sumándole al hecho que había un semejante calor, que ni yo ni Carlisle soportábamos (y eso que a mí de por sí me encantaba el clima soleado) me fue imposible. Simplemente, me revolcaba en la cama sin poder conciliar el sueño e hice de todo para poder cerrar mis párpados.
Conté ovejas, conejos, perritos, gatitos…nada.
Entonces me levanté echa una furia y me puse a llorar. No tenía ni la menor idea de porque lloraba, creo que era por la impotencia de no poder dormir y porque al mirarme al espejo (aunque hace mucho tiempo me había dado cuenta de mi realidad) me veía demasiado… ¿gorda?
Me metí directo al baño y los golpes provenientes de la puerta no se hicieron esperar. Carlisle estaba alarmado, me suplicaba con voz sutil que abriese la puerta y me preguntaba vehemente que es lo que me sucedía.
Si me dolía algo, si me había golpeado o si tenía náuseas, etc.
Y yo, que siempre había tenido la autoestima demasiado baja, me puse llorar aún más. Me había deformado, me habían salido ojeras espantosas que hasta ya me parecía a un mapache, se me había deformado la cadera, se me había agrandado el trasero y me había aún más pálida de lo normal.
Y si esto fuese suficiente. Mis párpados se cerraron, me quedé profundamente dormida y lo último que escuché fue un golpe estrepitoso y la mirada ambarina de Carlisle…
Continuará...
Notas de la Autora:
Genial y pensé que nunca acabaría esta historia (de hecho aún no la acabo jeje e.e) me refiero a los dos capítulos que a mi parecer, han sido demasiado cortos ¬¬ que decepción...
Bien ¿y como pasaron navidad y año nuevo? Yo espero que bien , a que sí :D
Pido disculpas por no actualizar muy seguido y es que tengo muchas, muuuuuuuuchas cosas que hacer y que me quitan demasiado tiempo aunque me esmeraré para organizar bien mi tiempo para poder seguir publicando, peor aún que ya ingresé a la universidad y eso será como si estuviera enclaustrada en una cárcel o algo por el estilo ¬¬
Ya saben, los padres...
Espero que les haya gustado estos dos capítulos que ojalá haya compensado mi ausencia de una manera mínima...
Hasta luego, que Dios los bendiga y que tengan un año fructífero.
Swich.
