12 de junio de 2018 en adelante

Apartamento de Desmond Miles, Sevilla

Élise ladró a la puerta cerrada de la habitación cuando llamaron al timbre. Su dueño salió a abrir en solo unos boxers negros y con el pelo revuelto. Bostezó.

Sandra y Marta saltaron a abrazarle. Diego y Marcos sonrieron desde atrás.

-¡Malik!

-¿Quién os ha avisado?

-Rebecca. ¿Cómo estás? Nos ha dicho que Shaun también está aquí.

-Sí. Pasad. Él está despertando, ayer llegamos muy tarde.

Sus amigos se sentaron en el salón mientras él regresaba a la habitación.

-¿Des?

Shaun seguía medio dormido.

-Los chicos están aquí. Rebecca ha pensado que no debíamos dormir demasiado.

-Recuérdame que la mate cuando la vea.

-Si no lo hago yo antes. Levántate cuando quieras.

Se puso unos pantalones de baloncesto y una camiseta de manga corta. Volvió a salir.

-¿A qué hora llegásteis?

-A las tres al aeropuerto. ¿Queréis café?

-Sí, por favor.

Puso la cafetera y rascó a Élise tras las orejas cuando ella decidió darle un abrazo perruno.

-Sí, preciosa, luego iremos a ver si Eli se ha instalado. ¿En qué infierno me he metido?

El perro volvió a ladrar.

-¿Eso es una alianza de bodas, Malik?

Se detuvo. Miró casi asustado a sus amigos.

-Esto... ¿sí?

-¿Algo que quieras explicarnos?

Suspiró.

-Shaun y yo nos casamos el año pasado en Florencia.

-Tenemos que celebrarlo. Esta noche iremos a cenar fuera.

-Esta noche... creo que no podremos. Elijah y yo vamos a ir a la Cartuja a ver un edificio para nuestra empresa.

Les sirvió las tazas de café.

-¿Quién es Elijah?

Dudó el tiempo suficiente para que Shaun apareciera en el salón y le mirara.

-Su hijo.

-¿Hijo?

Todos estaban sorprendidos.

-Malkaa, podrías haberme dejado a mí.

-Si fuera por ti tardarías otros dieciocho años en contarles la verdad.

-En mi defensa no tenía ni idea de su existencia hasta sus dieciséis.

-Y aun así tardaste dos años en contármelo. A este ritmo ganarías el premio al peor marido del año.

-Hey, te he llevado a una vuelta por el mundo.

-Te salvas solo por eso.

-¿Tienes un hijo?

-Hace veinte años estuve en Nueva York, trabajando en un bar. Juro que fue la única vez que me he acostado con una mujer.

-¿Treinta y tres años y solo te has acostado con una mujer?

Shaun rió divertido. Desmond le lanzó una mirada ácida.

-Diego, soy total y puramente gay. Solo lo hice porque estaba borracho. La resaca me duró tres días.

-¿De verdad les dijiste que tienes treinta y tres?

-No vayas por ahí, Shaun...

-¿No tienes treinta y tres?

Desmond desvió la mirada a su desordenada mesa.

-Cuarenta...

-¡Malik!

-Vale, vale. Antes de que me obligue a dormir en la otra habitación, lo contaré todo. Mi nombre es Desmond Malik Miles, nací en Carolina del Sur en 1978, me fugué a los dieciséis años, viví en Nueva York durante dieciocho años, Abstergo me secuestró en 2012, conseguí escapar y me estado escondiendo desde entonces con el nombre de Malik Jundiln. ¿Feliz?

-Bastante. Ahora si fueras a comprar...

-Shaun, estás en un terreno peligroso.

-Sabes que adoro ese terreno. Te lo demostré en Singapur.

-Maldita sea.

Desmond se inclinó hacia delante e intentó esconderse tras sus manos. Otra vez derrotado. No tenía nada que hacer contra Shaun. Y se suponía que él era el genio.

-Des, acéptalo, en esta relación no haces nada.

-Tú te propusiste, tan inútil no debo ser.

-Bueno, el regalo de Rebecca ciertamente te hace útil.

-Dijiste que no volverías a mencionar ese libro fuera de la habitación.

-No haberme obligado a ello.

-Vale, silencio los dos. A ver si lo hemos entendido todo. Nos has mentido.

-Para que no vuelvan a secuestrarme. ¿Habéis visto las cicatrices de mi espalda? Fueron unos meses horribles.

-¿Y no podías habérnoslo dicho?

-Era imposible. Tenía que estar totalmente dentro de mi papel para evitar que me descubrieran-suspiró de nuevo. El día no empezaba bien-. Mirad, lo siento, de verdad. Habéis sido lo más cercano a una familia que he tenido durante años. Pero lo entenderé si no queréis volver a hablarme.

-¿Estás de broma? Nos debes una grande.

Desmond sonrió ligeramente.

-Os llevaré a mi isla en el Caribe este verano.

-¿Tienes una isla?

-Herencia familiar. También tengo una fortaleza en Siria, una villa en la Toscana, una hacienda al norte de Nueva York, una mansión en Londres y un pequeño palacio en Egipto.

-¿Y vives en este piso? Definitivamente estás loco.

-Hey, me gusta mi piso. Es agradable para dos...

-Sabes que las chicas tendrán que quedarse aquí mientras buscan su propio piso, ¿verdad? Cuatro personas, vale. ¿Pero cinco?

-Colchones al suelo y que lo echen a suertes. Siempre se ha hecho así.

-¿Cuándo vienen?

-Mañana por la tarde, tenían que hacer un desvío a París para recoger unas piezas-miró su móvil cuando empezó a sonar. Shaun se lo lanzó-. Miles. ¿Cómo que Elijah ha desaparecido? ¡Papá!

Shaun rió cuando su marido se fue a hablar a la habitación.

-Tal padre, tal hijo. Se parecen más de lo que quieren reconocer.

-¿Y no te molesta que tenga un hijo?

-¿Por qué debería? Adoro a Elijah como a mi propio hijo y él me considera un segundo padre. Además, necesito un aliado en contra de Desmond.

-¡Te he oído!

Sonrió de nuevo.

-¿Elijah está en Sevilla?

-Se está instalando en su propio piso. Desmond insistió en su independencia, ya que Elijah tiene su propio doctorado y trabajo. Pero vendrá para el almuerzo, si lo encuentran en España.

-¿Y su madre?

-Murió hace tres años.

-¡Shaun! ¡Necesito tu portátil!

-¡En mi maleta!-todos rieron-. A saber dónde estará Elijah... Tiene una orientación pésima.

Desmond regresó con el móvil entre el hombro y la oreja y el ordenador en las manos.

-Sí, ya he revisado las cámaras de seguridad de su piso. ¿Has enviado a alguien al aeropuerto? ¿Cómo que ha cogido el coche? Voy a activar el localizador de su pendiente, espera un momento.

Dejó el portátil en la encimera. Shaun cogió el móvil para hablar con Bill.

-En serio, Bill, es tu nieto. Sabes que no tiene orientación.

-Karla insistió en ello.

-No es excusa. Si Desmond tiene que salir a buscarle, voy a publicar en The Creed uno de tus secretos.

-Tú no sabes mis secretos.

-Yo no, pero tu hijo sí. Te ha psicoanalizado durante años, ¿recuerdas?

-Mierda.

-Sí, así que empieza a buscar enserio a mi hijo ahora mismo-colgó. Desmond arqueó una ceja en su dirección-. ¿Qué?

-Es la primera vez que llamas a Elijah tu hijo.

-Acostúmbrate y encuentralo. Lo quiero aquí antes del medio día.

-Sí, malkaa.

Desmond empezó a trabajar. Activó el localizador que su hijo llevaba, un pendiente con el símbolo de la Hermandad exactamente igual al suyo. También activó el de su móvil. Ambos daban señales en lugares muy diferentes. El móvil iba en dirección a Suiza y el pendiente seguía en el aeropuerto. Unió las piezas enseguida y no pudo evitar reír.

-¿Qué has descubierto?

-Sus maletas van a Suiza. Y dentro tenía el proyecto que íbamos a presentar mañana al ayuntamiento.

-¿Y no estás enfadado?

-Por favor, Shaun, tenemos a dos informáticas en el equipo. Pueden piratear el ordenador incluso apagado y conseguir los documentos. Elijah todavía tiene mucho que aprender... ¿Llamas tú a mi padre o puedo tener el placer de hacerle sufrir un poco?

Shaun suspiró.

-Que no sea demasiado.

-Solo le diré que se ha ido a Suiza y lo mantendré durante cinco minutos. Quiero ver a quiénes moviliza...

-Eres horrible.

Pero no impidió que Desmond molestara a Bil durante seis minutos, no cinco. Al final enviaron a un novicio, que resultó ser Julio, el compañero de parkour de Desmond.

-Y listo, estará aquí en una hora. Llamaré a Becs para que consiga los archivos y bloquee el portátil. El problema será su ropa...

-Aunque quieras negarlo, los dos tenéis la misma talla de ropa y el mismo gusto.

Desmond frunció el ceño.

-Eso es lo más estúpido que he oído en mucho tiempo.

-No me hagas repetirme. ¿Qué es lo que te molesta? ¿Que tú tengas cuarenta o que tu hijo tenga veinte?-Desmond no respondió-. Supondré que tus cuarenta.

-Shaun, lo diré una última vez, no me tientes que puedo repetir lo de Estambul.

-No te atreverás.

-Lo haré y lo sabes.

Entraron en una batalla de voluntades. El resto lo encontró bastante divertido. Parecía que ambos discutían más casados que saliendo.

Desmond fue el primero en retirarse, cogiendo su móvil para llamar a alguien y hablar con él o ella en ruso. Shaun volvió a servir café para todos y él mismo se preparó un té.

Hablaron amigablemente hasta que un chico realmente parecido a Desmond entró en la casa. Élise saltó a lamerle sin dudarlo.

-No, Élise, quieta. Deja que ponga el desayuno en la cocina y te saludo.

Puso una caja de pasteles en la encimera y se agachó junto al perro para acariciarla y jugar con ella.

-¿Qué tal el viaje?

-No, ni lo menciones. Tardaré tres días en recuperar mi Stradivarius. ¡Tres días! ¿Sabes todas las horas perdidas que son esos tres días?

Shaun sonrió. Menos mal que Desmond no había regresado de la habitación. Odiaba ese número.

-Si te refieres a horas totales, setenta y dos. Si hablas de horas productivas... eso depende. ¿Vas a seguir a tu padre y dormir veinte minutos cada cuatro horas?

-Seguramente.

-Ya sabes lo que pienso de eso.

-Con papá dices nada.

-Porque él lo restringe a cuando no estamos en el mismo país. Pero dejemos esto para otro momento. Te presento a Marta, Sandra, Marcos y Diego. Chicos, él es Elijah.

-Un placer conoceros.

-Realmente te pareces a tu padre...

Tenían el mismo pelo y la misma mirada inteligente. Estaba claro que él también era un genio.

-He escuchado esa frase demasiadas veces en los últimos tres años como para que me moleste. Y hablando de él, ¿dónde está?

-En la habitación al teléfono con Mikjail.

-Perfecto, tengo una propuesta que hacerle. He traído el desayuno para todos, Julio dijo que era la mejor bollería.

Desapareció por el pasillo.

-Tenías razón, Shaun, se parecen muco más de lo que quieren reconocer.

-¿Cómo vas a poder vivir con dos genios?

-Uno de ellos vivirá muy lejos y al otro lo tengo prácticamente entrenado. Además, si no les he asfixiado en el último año, sobreviviré.

-¡Elijah! ¡Devélveme el móvil!

-O quizás les asesine ahora y lo haga pasar por un suicidio. Irónicamente ellos ya me han dado muchas ideas...

-¿Has dicho algo, Shaun?

-Nada.

Fue a coger la caja de pasteles. No podía revelarles que eran Asesinos entrenados, Desmond sobre todo.

Unos cinco minutos después, el mismo Desmond salió refunfuñando de la habitación.

-En serio, hoy pasa todo. Adivina quién está en problemas.

-¿Tu padre?

-Mi madre.

Shaun miró a su marido.

-¿No estaba en Bombai?

-Y ahora en la cárcel de Bombai. Adoro a mi familia, no escapa uno sin haber pasado por la cárcel. Becs y yo tenemos una apuesta sobre cuándo va a entrar Eli.

-¡Desmond!

-¿Qué? Yo fui hace cinco años. Aunque en mi defensa, no sabía que aquello era ilegal en ese país en concreto.

-Desmond, ¿qué hiciste? ¿Robaste un coche?

-Yo no "robo" coches, los tomo prestados sin que sus dueños lo sepan. ¡Y aquello fue una sola vez!

Marta seguía con la curiosidad de cómo le metieron en la cárcel.

-¿Y por qué estuviste en la cárcel?

-Mira, hay una ley estúpida en Francia que prohíbe a los hombres usar bañadores anchos en piscinas públicas. ¿Por qué? No tengo ni la más mínima idea.

No pudieron evitar reír. Elijah salió con el móvil de su padre y el ordenador de su otro padre.

-Papá, la abuela ya está fuera. He tenido que pedirle un favor a Nish.

-¿Te has enterado del motivo?

-El que imaginabas. Podrá coger un vuelo esta noche, con transbordo en Estambul y Praga. Estará aquí pasado mañana. El abuelo se une a ella en Praga.

-Genial, lo que faltaba a la mezcla eran mis padres. ¿Qué ahora? ¿Otro francotirador?

Elijah le miró.

-Papá, ¿ya has olvidado lo que pasó en Damasco?

-Oh, cierto, yo soy el francotirador.

-¿Tú?

-Tengo una vida bastante entretenida. Antes de conoceros fui soldado. Casco Azul destinado en África-señaló una cicatriz en su bíceps derecho, la camiseta de tirante ocultaba bastante poco-. Después de esto, me retiré. Aunque todavía soy consultor de estrategias, ser un genio tiene sus ventajas. Y de vez en cuando hago algún que otro trabajo de emergencia, desde una gran distancia por petición de Shaun.

-Acepto que se ponga en peligro, pero al menos a una gran distancia si no es absolutamente necesario acercarse.

-¿De verdad lo aceptas?

-¿Por qué no debería hacerlo? Desmond es libre de elegir sus propias decisiones. Ya era soldado cuando le conocí y me enamoró de ese modo, pensar siquiera en cambiarlo sería una locura. Además, tiene su lado divertido.

El matrimonio intercambió una mirada. Desmond decidió cambiar de tema.

-Elijah, dime horarios.

-Esta tarde tenemos la reunión con los dueños del edificio. Mañana por la mañana la reunión en el ayuntamiento. Por la tarde llegan las chicas, necesitarán un lugar hasta que su piso esté amueblado. Pasado mañana llegan los abuelos, por la tarde. Ellos se quedarán en un hotel. Ese mismo día por la mañana revisaremos las nuevas funciones del Animus para la presentación de la patente al día siguiente. Para dentro de cinco días tendremos el resultado y Abstergo no podrá hacer absolutamente nada.

-Bien, entonces dentro de una semana podremos empezar con Stellae. El mes que viene podremos tomarnos unas vacaciones antes de anunciar la empresa al mundo en otoño. ¿Qué te ha dicho Mikjail?

-En Rusia está todo arreglado. También en China y Japón. El mercado asiático tendrá una buena respuesta desde el principio.

-Todo según el plan. ¿Y qué hay de tu piso?

-Iré después de comer. ¿Pero por qué tan lejos?

-¿De verdad quieres estar más cerca de tus padres?

-Bien visto, ya he escuchado más que de sobra para toda una vida. Y hablando de eso... ¿me dejas tu estudio anatómico?

Shaun se sonrojó.

-¿Masculino o femenino?

-Femenino.

-Si lo encuentras, todo tuyo.

Elijah empezó a revolver en el escritorio.

-¿Cómo has podido hacer este lío en media hora?

-Práctica. Pero deberías saber mi sistema de organización.

-Papá, me guste o no, eres más inteligente que yo. Tu mente funciona de una manera diferente.

Desmond sonrió con eso.

-Y deberías recordarlo. Descubrimientos post-bíblicos.

-Ahora todo tiene sentido...-encontró el libro escrito a mano por su padre-. No, este no es. Es la traducción del de Altaïr. ¿Y los tuyos?

-¿No están ahí?-Elijah negó-. Que raro... creo que me los traje todos de Masyaf. Déjame ver-por una vez, ordenó el escritorio, anotando qué libros había y cuáles no-. Shaun, ¿me los has escondido?

-Sabes que nunca tocaría tus libros sin tu permiso, no desde lo de la India.

-Cierto... También me faltan el de prototipos y el del código que estoy desarrollando.

-¿Estás seguro de que los recogiste todos?

-Sí, los ordené según el nombre del descubridor original. Puede que... Elijah, llama al Equipo Delta al completo. Situación de emergencia.

-Enseguida.

Desmond miró a sus amigos.

-Lo siento chicos, pero deberíais iros. Esto va a ponerse sangriento en muy poco.

Ellos lo aceptaron y se despidieron.

-Llámanos cuando podamos salir a cenar todos juntos.

-Por supuesto. Y no voy a olvidar que tenemos unas vacaciones pendientes. Os encantará Inagua. Nos vemos pronto.

Los Asesinos se quedaron solos. Shaun miró a su marido.

-¿Qué has pensado?

-Las maletas fueron llevadas en un coche diferente. Podrían haberlas manipulado.

-¿Quién?

-Ni idea.

-¿Podría tener algo que ver con mis maletas siendo enviadas a Suiza?

Desmond miró a Elijah.

-Es Abstergo. Se habrá enterado de que queremos hacerle competencia y está haciendo todo lo posible por evitarlo.

-¿Peor por qué esos libros?

-Son los que más utilizo. Creerán descubrir algo al leerlos.

-Pero todos están en código.

-Exacto.

Shaun suspiró.

-Debemos mantener la calma. Ellos no saben que nosotros sabemos que son ellos. Seguiremos con los planes como si no hubiera pasado nada. Es lo que siempre hemos hecho, escondernos a la luz.

-Tienes razón, como siempre. Bien, informaremos a los demás, pero seguiremos con los planes.

Los tres estuvieron de acuerdo con eso.

– O –

Elijah llamó a la puerta del que iba a ser el despacho de su padre en el nuevo edificio. Irónicamente, aunque él iba a ser el presidente de la compañía, no era el más grande. Pero le había gustado la vista de su amada ciudad.

-Adelante.

Abrió y encontró a su padre revisando los últimos papeles que debían presentar en el ayuntamiento.

-¿Recuerdas que salimos a cenar con todos?

Desmond suspiró.

-Lo había olvidado por completo. ¿Salimos ahora?

-En cuanto te arregles un poco. Becca te ha traído un cambio de ropa por petición de papá. Está en mi baño.

Elijah era quien se había quedado al final con el despacho más grande. También lo había convertido en su laboratorio privado. Había descubierto que la química se le daba genial.

Desmond dejó que su hijo recogiera los papeles y los guardara en la caja fuerte con una cerradura especial de diez dígitos y reconocimiento ocular. Si alguien intentaba forzarla, los documentos del interior se desintegrarían en un instante.

Se encontró con su padre en el aparcamiento. Solo estaban sus motos.

-¿Nos están esperando?

-Tenemos el tiempo justo para llegar, papá. Así que acelera. Yo iré justo detrás.

-Más te vale.

Se pusieron los cascos y subieron. Por suerte no había demasiado tráfico, por lo que llegaron a tiempo al restaurante después de aparcar.

-Unos segundos más y llegaríais tarde.

Desmond dejó caer un beso en la sien de Shaun.

-Culpa mía, me distraje con los contratos. ¿Habéis pedido?

-Para ti salmón ahumado con setas.

-Gracias, malkaa.

-¿Qué significa eso?

-"Mi rey". Ya sabéis que investigo la memoria genética y hace poco descubrí que uno de los antepasados de Shaun era un hijo ilegítimo de Ricardo Corazón de León.

-¿Entonces eres de la realeza británica?

-Algo así. Pero ya firmé un contrato que me impide hacer cualquier cosa con respecto a eso. Ya que vamos a empezar con Stellae, que se basa sobre todo en descubrir a los antepasados, pensé que sería más fácil hacer que todos firmaran un contrato similar para evitar juicios innecesarios.

-¿Podemos descubrir los nuestros?

-Claro, podemos haceros la prueba en Inagua. Creo que el laboratorio seguirá siendo funcional. ¿No, Eli?

-Hace dos años lo era.

-¿Es que tenéis un laboratorio en cada sitio?

-¿Vosotros no?

Era una broma estilo genio.

-¿Cuándo nos vamos?

-¿Qué tal la semana que viene? Podríamos pasar un mes en una isla paradisíaca.

-Por favor, dime que no has perdido tu habilidad con las bebidas.

-¿Solo me quieres por eso, Becs?

-Yo no estoy casada contigo, cariño. Algo bueno tendré que sacar de lo nuestro.

-Becs, cualquiera con un poco de sentido común no te dejaría escapar. Por desgracia, yo no tengo sentido común.

-Con razón estás casado conmigo.

-Sí, con razón tú, la persona más influyente dentro de la Historia, te has casado con un loco por la historia.

-Touché.

Todos rieron. La noche se perdió entre conversaciones, risas y planes.

– O –

La mansión de estilo colonial con vistas a una cala de aguas turquesas era una auténtica maravilla. Desmond les presentó a los Hoffman, la pequeña familia que se encargaba del mantenimiento de la casa. Les mostró las habitaciones de invitados en un ala construida un par de siglos antes. Pero la parte principal de la casa seguía siendo de piedra y madera.

Los visitantes eran Desmond, Shaun, Bill, Karla, Rebecca, Galina, Karla, Diego, Marta, Sandra y Marcos. Élise se había quedado en España para ayudar con el entrenamiento de nuevos perros Asesinos.

Cuando deshicieron las maletas, se fueron a la playa. Había unas sombrillas permanentes que Desmond había puesto un día aburrido. Las chicas, a saber Rebecca, Galina, Layla, Marta y Sandra, se metieron enseguida en el agua. Diego, Marcos, Elijah y Bill empezaron un partido de fútbol en la orilla, que terminó como un concurso de natación. Karla se quedó en la orilla, sacando fotos. Al cabo de un rato se dio cuenta de que no estaban ni Shaun ni Desmond. Con curiosidad fue a buscarles.

En la terraza había una gran hamaca entre dos enormes palmeras. El matrimonio estaba tumbado en ella, solo hablando.

-De verdad, Des. Ya te he perdonado por eso.

-Pero yo no puedo dejar de preguntarme qué habría pasado si os lo hubiera contado nada más volver.

Karla supo de qué hablaban y decidió no molestarles. Pero consiguió hacer una foto desde lejos. Eran una pareja adorable.

Shaun miró a los ojos de su marido.

-Desmond, si sigues así, pasarás el resto de tu vida haciendo conjeturas sobre lo que no se puede cambiar. Déjalo. Nadie te guarda rencor por hacer lo que en ese momento creías que era mejor. Eres un gran hombre, Des, y el mejor Asesino.

-¿Qué haría sin ti, Shaun?

-Muy poco-observó alrededor para asegurarse de que estaban solos-. ¿Cuánto crees que tenemos hasta que vengan a buscarnos?

Desmond calculó mentalmente.

-Una hora.

-¿Quieres probar el mayasutra?

-¿Prefieres "la noche" o "el venado"?

Shaun sonrió.

-Lo primero que aparezca.

Se besaron. El historiador solo podía esperar que los cálculos de su marido fueran acertados.

– O –

Karla saludó a su hijo y yerno con una sonrisa. Notó las marcas de besos en ambos. Claramente habían estado ocupados.

-Des, más vale que vayas a salvar a tu hijo. Diego y Marcos intentan ahogarle.

-¿Qué ha hecho?

-Ganarles en natación.

-Bien, si me disculpan, iré a salvar a mi hijo.

-Diviértete.

-Ah, no, malkaa, tú también vienes.

-Es tu hijo.

-También tuyo.

Antes de que Shaun pudiera responder, Desmond se lo cargó al hombro.

-¡Desmond! ¡Bájame! ¡Ahora!

-Su deseo es mi comando.

Pero le bajó cuando ya estaba con el agua en las caderas.

-¡Estás muerto, Miles!

Se lanzaron a una persecución bastante lenta por el agua. Desmond consiguió refugiarse tras Rebecca.

-¡Parlamento!

-¡No estás en un barco, imbécil!

-¡Pues me acojo a sagrado!

-¡Aquí no hay iglesias!

-¡Adivina lo que hay en el sótano!

Shaun no pudo evitar reír.

-Estás más que muerto, Desmond. ¡Ven aquí!

Se lanzó a por él. Su marido le recibió sin problemas.

-¿Y qué hay del código de la realeza?

-Tú no eres de la realeza.

-Bueno, estoy casado con alguien que sí lo es. ¿No me convierte en parte?

-Vale, lo diré claro. Hoy duermes en la hamaca.

-Oh, vamos, no es justo. Siempre soy yo quien duerme en el sofá, el suelo o la hamaca. ¿Por qué no puedes ser tú por una vez?

-Porque A: yo siempre soy el primero en decirlo-se acercó a su oído y susurró-, y B: ¿quién mejor que tú para trepar por la pared para una cita nocturna? Mi marido dormirá fuera, señor Asesino.

Desmond gimió derrotado.

-No puedo contra ti, amore.

-Y por eso yo soy el genio de la relación. ¿Tenemos un trato?

-Tenemos un trato.

-Entonces asegúrate de tener suficientes mantas para esta noche, va hacer frío.

Se alejó y regresó a la arena. Rebecca se unió a él bajo el sol.

-¿Eso es un tatuaje, Shaun?

Miró su cadera. Allí había un pequeño tatuaje de un águila. Se lo había hecho para tener a Desmond cerca incluso cuando estaban en países diferentes. Y Des se había tatuado una corona en la nuca por él.

-¿Y qué si lo es?

-Recuerdo cierta conversación. "Yo nunca me haré un tatuaje, es para idiotas."

Shaun reconoció la conversación, irónicamente fue unas horas antes de conocer a Desmond.

-Las personas cambian, Becca. Creo recordar que también dije que nunca me casaría.

Observó su alianza con felicidad. No tenía ni idea de cómo había podido pensar en no casarse nunca.

Desmond y Galina regresaron adentro para empezar con el almuerzo. Todos se divirtieron con un partido sin normas de volley. Por supuesto, los Asesinos demostraron ser más ágiles.

Galina les llamó y se sentaron en la terraza a disfrutar de un agradable almuerzo mezclando platos de muchas culturas.

-¿Cuál es el plan para esta tarde?

-Podríamos haceros las pruebas del Animus, ¿no, papá?

-Sí, tengo curiosidad por ver los resultados. Después bajamos al laboratorio.

-¿No había una iglesia en el sótano?

-Malkaa, dejó de ser una iglesia en el siglo XIX. Fue excomulgada en 1820 por Pío VII porque uno de mis antepasados no le caía bien al Vaticano. Y ya que tiene una gran superficie, la hemos adaptado a un laboratorio.

-Des, ¿recuerda lo que te dije antes en la hamaca? Olvídalo, te vuelvo a odiar.

Desmond sonrió. Ya empezaba a repasar mentalmente las páginas del regalo de Rebecca, en busca de algo divertido para esa noche. Quizás podría utilizar sus nuevos conocimientos de anatomía...

Tras el almuerzo, y que todos menos Desmond y Galina limpiaran, bajaron a la antigua iglesia. Máquinas de última tecnología estaban alineadas en las paredes. La última versión del Animus esperaba en lo que una vez fue el altar.

-¿Quién quiere empezar?

-Yo, yo.

Marta saltó alzando la mano. Elijah la acompañó al Animus. Rebecca y Layla se situaron en sus ordenadores, preparadas para sincronizar.

-¿Sabes lo que es el Animus, Marta? Con esto podemos literalmente ver en nuestro ADN y conocer a nuestros antepasados. Esta versión en concreto, la 3.2, incluso se puede profundizar más en la vida de cualquiera de ellos con un mínimo de exposición al efecto sangrado. Créeme, no quieres sufrirlo. Con esto, viviremos la historia como nunca antes. Por supuesto hasta cierto punto, si retrocedemos más atrás del siglo I empieza a desestabilizarse con resultados en su mayoría fatales para el sujeto. Ahora, Elijah va a conectarte a la versión 3.0 donde Rebecca y Layra analizarán tu ADN para establecer tu línea cronológica y árbol genealógico. Elijah, procede.

Elijah conectó a Marta al Animus. Justo después corrió a su propio ordenador para ayudar con la avalancha de información genética. Desmond coordinaba a los tres caminando de un lado a otro.

-Mira esto.

Galina señaló un nombre en concreto.

-Vaya, muy interesante... Rebecca, recalibra el medidor. Layla, ajusta las medidas del convertidor. Creo que hemos dado con un filón.

-¿Con qué?

-Un filón histórico. Es su forma de decir que acaban de descubrir una parte de la Historia que nadie más sabía.

Shaun se acercó a la pantalla.

-Vaya, esto es... realmente bueno. Cambiaría la percepción que tenemos de Balzac. Le otorgaría un título nobiliario póstumo.

-¿Soy descendiente de Honoré de Balzac?

-Y de Laure de Berny. Según esto tuvieron una hija en 1833, justo cuando terminaron. Pero lo interesante es que realmente era de la familia aristocrática Balzac, Balssa era el apellido que tomaron para protegerse mucho antes de que estallara la Revolución Francesa.

-Entonces, aunque no pueda conseguir el título de forma legal, puedo presumir de ser descendiente de uno.

-Totalmente. Enhorabuena. No todos los días hacemos un descubrimiento de esta magnitud. Des, fecha y firma. Esto va para el Gobierno Francés. ¿A quién conocías allí?

-Al presidente. Nos sentamos juntos en una cena de gala.

-Espero que tengas su número privado.

-Shaun, soy su psicólogo y asesor extraoficial. ¿Tú qué crees?

-Entonces llama en cuanto puedas. Organiza una reunión o algo.

-Mejor esperar, no podemos sacar los resultados a la luz hasta que Stellae esté en el ojo público. Sabes lo que puede pasar. Tenemos la patente del Animus, de todas las versiones, eso es seguro, pero Abstergo aun puede intentar algo. Por la seguridad de todos los implicados.

Los Asesinos asintieron de acuerdo.

-Creo que hemos terminado aquí. Ven, Marta, te presentamos tu árbol genealógico completo.

Todos se apiñaron alrededor de la pantalla de Rebecca. Marta observó fascinada los nombres de sus antepasados.

-Es impresionante... ¿Y habéis sacado todo esto de mi ADN?

-Todo. El ADN no solo codifica tu apariencia y personalidad, si no que también sirve como disco duro familiar. Solo hay que saber descodificarlo, algo en lo que Becs, Layla y Elijah son especialmente buenos.

-¿Me toca?

-Claro, Sandra.

En su ADN no encontraron nada realmente interesante, solo uno de los marineros que sobrevivieron de la Grande y Felicísima Arma, conocida en Gran Bretaña como la Armada Invencible en tono jocoso.

Marcos tampoco era demasiado impresionante en sus términos. Aunque su familia provenía de los Galos que lucharon contra César para proteger su tierra.

Peor fue Diego quien realmente les sorprendió tanto que Desmond creía que veía visiones. Un descendiente de Leonio, el Asesino que acabó con la tiranía de Calígula. Diego tenía la sangre de los Asesinos en las venas.

-¿Qué pasa?

-No... dame un momento para procesarlo. Shaun, eres el experto, ¿alguna idea de cómo sucedió esto?

-Lo siento, sigo un poco aturdido. A ver, me refiero a que con tus antepasados ya he visto más que de sobra, ¿pero esto?

-Chicos, empiezo a asustarme.

Elijah consiguió reaccionar.

-¿Qué sabes sobre emperadores romanos?

-Algo... ¿por qué?

-Porque uno de tus antepasados mató a Calígula. Según esto se llamaba Leonio.

-¿Y por qué os cuesta creerlo?

-Diego, Leonio era parte de cierta Hermandad que se inició en Egipto y que supuestamente terminó con las Cruzadas. ¿Te suena de algo? Te especializaste en esa parte de la historia.

-¿Los Hashashins?

-Exacto. Aunque...

Desmond habló brevemente con Bill, una especie de discusión a toda velocidad en voz baja. Parecieron llegar a un acuerdo. Bill le miró.

-Preferimos simplemente Asesinos.

-¿Preferimos...?-Diego fue el primero en pillarlo-. Nunca desaparecieron... ¿Sois... Asesinos?

-Lo somos. Yo soy el Mentor, el rango más alto. Desmond es mi mano izquierda y Elijah mi mano derecha.

-¿No debería ser al revés?

Era una pregunta un poco ilógica en esa situación.

-No, para nosotros la izquierda es más importante. Es donde tenemos la hoja oculta.

-¿Hoja oculta? ¿Puedo verla?

Diego estaba más emocionado que nada. Se había especializado en las Cruzadas por su interés en los Hashashins. Quizás más tarde replantearía toda la conversación. Bill asintió a Desmond y él se acercó a la pared tras el Animus. Apartó una especie de cortina, que todos habían pensado que era decorativa, para revelar el símbolo Asesino en la pared de piedra. Lo presionó y una piedra se apartó en un complicado mecanismo, mostrando un enorme cofre de madera con tallas de guerra. Lo cogió con cuidado y lo dejó osbre la mesa.

La tapa era como una caja de bambú china. Movió algunas piezas, reorganizó el dibujo al completo y por fin pudo abrirlo.

Dentro había diez hojas ocultas en perfectas condiciones. Todas etiquetadas en un idioma desconocido para todos y protegidas por bolsas de seda. Tras un momento de vacilación, sacó dos.

-Esta es la de Malik Al-Sayf, Dai a finales del XII y principios del XIII. Esta otra es de Jayadeep Mir, también conocido como Henry Green, Mentor del siglo XIX. Están lo suficientemente lejos en el tiempo para que notes las diferencias.

Dejó ambas hojas ocultas sobre sus bolsas de seda. Diego las observó asombrado, sin atreverse a tocarlas.

-¿Todavía pueden ser usadas?

-La de Henry sí. Pero la de Malik requeriría un sacrificio. La rama Levantina se cortaba el dedo anular para poder utilizar las hojas ocultas correctamente. También lo hizo la rama Española durante la Edad Media, una de las pocas que se mantuvo más tradicional. Pero con las modificaciónes del Mentor Altaïr, dejó de ser necesario hacer el sacrificio.

-¿Y las otras?

Desmond volvió a dudar.

-Son... especiales. Algunas son de mis antepasados, otras de personas importantes para la Hermandad. También está la primera hoja oculta documentada, la de Darío, y que utilizó el fundador de la Hermandad. Esa la encontró Layla.

-¿Puedo preguntar sobre tus antepasados?

-Dessy, cariño, porfa, déjame contestar a eso.

-Todo tuyo, Becs.

Ella hizo algo con el ordenador. Una pantalla de desplegó desde el techo y ella se proyectó un árbol genealógico con infinidad de nombres.

-Los azules son Asesinos, los rojos Templarios. En la parte derecha de la pantalla están los antepasados paternos y en la izquierda los maternos. Personalmente, y sin ofender a Bill, los de Karla son mucho más interesantes.

Elijah observó con atención. Nunca había visto uno tan completo.

-¿Cuánto tiempo llevas trabajando en esto, Becs?

-De alguna forma tenía que entretenerme en Masyaf, ¿no?

-Pues te falta algo.

-¿El qué? Estoy segura de que no.

-Los Auditore eran descendientes de los Al-Sayf.

Karla miró a su hijo.

-¿Qué?

-No preguntes cómo, pero hubo una discusión de una hora que llevó a ese descubrimiento.

-Pero... ¿Malik?

-Shaun, ambos se casaron. Ya sabes, Altaïr con María y Malik con Jarda. Recuerda, cuando Altaïr regresó a matar a Abbas y recuperar la fortaleza, habló con un joven sospechosamente parecido a Malik, que de hecho, se llamaba igual. ¿Te suena?

-¿Cómo he podido pasarlo por alto?

-Becs, tendrás que actualizar. Y por favor, pon la relación de Altaïr y Malik, se arriesgaron mucho para ignorarla ahora.

-Necesitaré unos cuantos días y que tú vuelvas al Animus para rastrear esa parte de la familia.

-Bien, no es como si hubiera pasado poco tiempo dentro, ya sabes-se tocó la sien derecha. Rebecca sonrió. Al mismo tiempo le fascinaba y repugnaba que Abstergo hubiera creado un Animus cerebral. Ella no se rebajaría a su nivel, desde luego, pero aun así había hecho pruebas a su amigo para asegurarse de que era cien por cien seguro. No iba a correr riesgos.

-¿Puedo ver el mecanismo?

Diego volvió a atraer la atención de Desmond. Él le entregó la hoja de Henry, no porque estuviera menos apegado a ella, si no porque no tenía tantas modificaciones como la de Malik. Al fin y al cabo, él y Altaïr habían desarrollado la hoja envenenada y si recordaba bien, seguía cargada.

Ahora que lo pensaba... tenía una investigación sobre venenos naturales que hacer.

-Esto es impresionante. ¿Funciona con la tensión de los músculos?

-Con los tensores del antebrazo exterior. Un movimiento de la muñeca hacia atrás puede activarlo y evitar pillar algunos dedos. En origen tenía un mecanismo que ese conectaba con el meñique.

-Impresionante. ¿Se sigue utilizando?

-Para fines ceremoniales, en su mayor parte. Pero yo sigo utilizándola, soy de métodos tradicionales.

Levantó las manos y se quitó el maquillaje permanente que ocultaba el símbolo Asesino quemado en su dedo anular izquierdo. Era una simple banda de goma que imitaba su piel.

-Mierda, eso debió doler.

-Ni te imaginas, pero he soportado cosas peores-movió el brazo derecho ennegrecido-. Esto significa que he dedicado mi vida a la causa de los Asesinos: la libertad del mundo por encima de todo. Todos tenemos derecho a elegir libremente, que es exactamente lo opuesto que buscan los Templarios.

-Entonces, si vosotros seguís existiendo... ¿ellos también?

-Eres inteligente, Diego. Prueba.

No tardó ni un minuto.

-Abstergo.

-Exacto. Abstergo es la tapadera de los Templarios y es hora de que nosotros volvamos a ponernos a su mismo nivel. Stellae no solo nos proporcionará historias de cobertura para cuando alguien tenga que desplazarse, si no que también nos ayudará con la financiación que necesitamos.

-Dioses, esto es como mi sueño hecho realidad. Tengo muchísimas preguntas.

Los Asesinos sonrieron.

-Entonces vamos arriba, no sé vosotros, pero me apetece una bebida alcohólica y fría.

-¿Puedes prepararme tu cóctel?

-Si hay suficiente ginebra, desde luego. Pero no me hago responsable de resacas.

Shaun puso los ojos en blanco.

-Al menos que no se repita lo de Masyaf, ¿de acuerdo? Ya tuve bastante de escuchar vuestra versión de una canción pirata en mitad del desierto.

Rebecca, Galina, Layla y Karla se sonrojaron. Desmond sonrió. Recordaba aquella noche. Edward, Jacob, Arno y las chicas cantando borrachos en la Biblioteca. Antes de eso, no tenía ni idea de que los antiguos Asesinos pudieran emborracharse.

-No sé, al menos aquí tendrían la temática a juego, Shaun. Y podría hacer unas fotos, aquella noche no pude.

-Sí, sería una bonita postal.

-¿Podríais, por favor, dejar ese tema? Ya es bastante vergonzoso...

-Karla, tú no me dejaste olvidar que tiré nuestra tarta de bodas durante años. No pienso dejar pasar esta oportunidad.

Bill lo encontraba realmente divertido. Su esposa nunca había bebido más que una copa de vino de vez en cuando. No tenía ni idea de porqué había bebido tanto aquel día, pero fuera lo que fuera, le mostró una versión muy juvenil de Karla.

Rebecca frunció el ceño.

-Os odio, a todos. Nos vemos arriba. Dessy, mi copa.

Desapareció por las escaleras. Desmond guardó de nuevo las hojas ocultas en la caja y la caja en el hueco. Se tomó su tiempo mientras el resto de iba, así que fue el último en llegar al despacho principal de la mansión. Lo había reformado a su gusto con suelos cubiertos de alfombras, cuadros en cada pared, muebles de madera de nogal de estilo victoriano y una barra de bebidas de madera de baobab. Conocía a gente que le debía muchos favores.

Todos estaban sentados en los sillones y sofás. Él preparó algunas bebidas y se sentó en su escritorio con una copa de ron en las rocas.

-Bien, pregunta.

-¿Cuánto tiempo llevas en la Hermandad?

-Desde mi nacimiento. Menos un periodo de dieciocho años entre los 16 y los 34. Pero desde entonces he estado realmente comprometido.

-¿Qué pasó en esos dieciocho años?

-Me fugué, trabajé como mecánico en Detroit tres años, me alisté seis años en la aviación y luego trabajé como camarero en Nueva York hasta que Abstergo me secuestró.

-Antes dijiste que los Hashashins empezaron en Egipto...

-Eso puede responderlo Layla.

-La Hermandad empezó en origen como un reducido grupo que se hacían llamar Los Ocultos. Nacieron cuando Cleopatra traicionó el trato que había hecho con Bayek de Siwa y Aya, más tarde conocida como Amunet. Ellos decidieron luchar por proteger la libertad de cada persona. De hecho, Amunet mató a César antes de que se autoproclamara emperador del mundo.

-Sigo diciendo que eso fue en venganza por Khemu.

-No, la venganza se la llevó Bayek, ya que fue él quien acabó con el asesino. Aunque para ser justos, también había matado a su amigo, así que, de algún modo, se lo merecía más.

Desmond desistió.

-Tú viviste su vida, no tengo más que decir. ¿Otra pregunta?

-Sí, muchísimas, en realidad.

-Eso solo refuerza mi teoría... Adelante.

-¿Cómo os organizáis? Digo... supongo que no matáis porque alguien os caiga mal.

-Absolutamente no. Tenemos un Credo y unas normas. Nada es verdad, todo está permitido. En un enfoque filosófico, nos recuerda que todo lo que vemos es una ilusión y que debemos vivir con las consecuencias de nuestros actos. No atacarás al inocente, te esconderás a la luz y no comprometerás a la Hermandad. Esas tres normas son los pilares de nuestro comportamiento. Sin ir más lejos yo me estado escondiendo bajo las narices de mi familia durante años. Pero antes de que preguntes, mejor lo dejamos para otro momento. Ya voy a dormir una noche fuera, más me vale no abrir más heridas y conseguir no volver a pisar el interior de la mansión.

-¿Qué hay del funcionamiento interno? Bill es Mentor y tú junto a Elijah sois sus segundos, ¿no? ¿Es algo de familia?

-Es un poco más complicado. Hay un escalafón con pruebas muy duras para subir. En la cima de la pirámide está el Mentor, que es elegido por el consenso de los Maestros. Esos Maestros son quienes han demostrado un compromiso absoluto con la Hermandad y unas grandes habilidades. Elijah ha sido el último en ser nombrado Maestro y el más joven en muchos años. Pero un Maestro puede ascender a Gran Maestro si demuestra al Mentor que tiene lo que hace falta. Básicamente, el Gran Maestro es quien más posibilidades tiene de convertirse en el próximo Mentor.

-Entonces, si Bill se retira, ¿tú serías el Mentor?

-Él ya es el Mentor, de forma no oficial.

-Papá...

-Sabes que es cierto. En Masyaf prácticamente te trataban a ti como el Mentor.

-Porque tú no hacías nada.

-¿Y qué quieres que haga en contra de mi hijo genio?

-No sé, cualquier cosa. Si le preguntas a Shaun, seguro que te dice unas veinte formas de silenciarme de por vida.

-Treinta si me pongo realmente en ello.

-¿Ves?

-Des, eres el Mentor desde que te nombré Gran Maestro. Si no te cedí el puesto es porque sé que aprecias demasiado tu propia libertad de moverte por el mundo.

Desmond no respondió. En lugar observó el horizonte a través de las enormes ventanas. De repente, abrió una de ellas para permitir la entrada de un águila real, que se posó en el reposabrazos más cercano. Miró a todos con ojos claros y acomodó las alas. Desmond le acarició las plumas del pecho.

-Os presento a Edward. Es una de las águilas me han tomado cariño en Masyaf. Si las veis por ahí, ni caso.

Edward se preparó para dormir, pero en realidad iba a prestar mucha atención a la conversación. Tenía apuestas con Ezio y Jacob y no pensaba perderlas.

-Ya has mencionado Masyaf muchas veces, ¿es esa Masyaf?

-La misma. Una de las fortalezas gemelas de los Hashashins.

-¿También es una de tus herencias?

Desmond sonrió ligeramente. Abrió un cajón y sacó unos papeles. Era una versión reducida de su árbol genealógico.

-Seguro que encuentras algo interesante ahí.

Diego revisó la época de las Cruzadas.

-Eres... descendiente de Altaïr.

-Y como su descendiente pude reclamar la tumba de mi antepasado, según las tradiciones.

-¿Tumba?

-Altaïr eligió la fortaleza para su último aliento. Es... uno de los recuerdos más dolorosos que he visto en toda mi vida.

Edward se removió y graznó indignado. Solo se calmó con las suaves palabras en galéico de Desmond. Elijah frunció el ceño.

-¿Cuándo aprendiste galéico?

-Durante el vuelo. Me aburría y descargué un libro de gramática y vocabulario.

-¿Y no me lo has dicho? ¡Papá!

De algún modo, que decidieron considerar instinto paternal, Desmond y Shaun sabían a quién se refería Elijah.

-Desmond, ya sabes cómo es tu hijo con los idiomas.

-¿Y ahora de repente es mi hijo?

-Será tu hijo siempre que haga algo molesto para ti. Enséñale galéico.

-Bien... Elijah, te daré el libro. Te las arreglas tú solo.

-Conforme.

Edward miró a su descendiente más cercano. Desmond también le miró y habló de nuevo en galéico.

-¿Qué quieres que haga, Ed? Tú lo diste todo por tus hijos.

El águila volvió a acomodar las alas. Graznó de nuevo. Después se conformó con derretirse bajo los dedos cálidos en las plumas de su espalda.

-Es increíble que un águila te deje acariciarla.

-Es porque el mismo Desmond es un águila humana. Nunca le habéis visto en las alturas, agachado sobre una muralla y con una capucha. Es aterrador. Ahora que está en el bosque, nunca miréis a los árboles en el amanecer o anochecer.

-Gracias por la aportación innecesaria, Becs.

-Sabes que es cierto.

Un móvil empezó a sonar en el escritorio. Desmond abrió otro cajón y contestó.

-¿Asami? Perdonadme un momento...

Salió al balcón por la ventana abierta, hablando en japonés. Caminó de un lado a otro, nervioso.

-Elijah, tú entiendes japonés, ¿qué pasa?

-No puedo entender demasiado con la mitad de la conversación, pero... parece que tendremos visita.

Desmond colgó y se asomó en la ventana.

-Adivinad quién va a casarse.

-¿Asami? ¿Ese Asami?

-Exacto. Parece que ha encontrado a alguien que no huye por su trabajo. Llegarán mañana por la tarde junto a Fei y Mikjail.

-Genial, ¿hay dos habitaciones extra por algún lado?

-Un poco más adentro hay una cabaña con dos habitaciones. Servirá para ellos.

-¿No vas a entrar?

-Estoy justo en una corriente de aire bastante agradable.

Otro águila entró por encima de su cabeza. Era un águila calva. Se posó en el reposabrazos más cercano a Shaun. Él acarició suavemente sus alas.

-Hola, Connor. ¿El resto viene detrás de ti?

Connor ladeó la cabeza y parpadeó una vez. El resto se había quedado en la ensenada y no tenían planes de molestar a Desmond. Al menos hasta más tarde. Edward y él habían ido por curiosidad.

-Eso parece un no.

-Dessy, ¿otro cóctel?

-Ahí tienes la barra, sírvete.

-Pero tú los haces mejor.

-Becs, solo tienes que poner hielo en un vaso y servir un tercio, la mitad si estás realmente desesperada.

Rebecca tuvo que levantarse.

-¿Esto es ron pirata?

-No lo toques, aun está en proceso de experimentación.

-¿De verdad experimentas con alcohol?

-¿Qué? Tengo un antepasado pirata y fui camarero. Haz las cuentas.

Edward volvió a graznar indignado. Connor le respondió para que se callara. Desmond fulminó a las dos águilas. Ambas se encogieron.

Su descendiente era aterrador si se lo proponía.

-Creo que teníamos una conversación antes de que Asami llamara. ¿Diego?

Pero él revisaba el árbol genealógico.

-¿Has llamado a las águilas como tus antepasados?

-Oh, lo has notado. Sinceramente, creo que se parecen muchísimo en personalidad. Y el plumaje también las diferencia. Por no ir más lejos, Edward tiene un tono dorado en la espalda y Connor es el águila símbolo de Estados Unidos.

-Esto puede parecer estúpido, pero... ¿tienes algún antepasado al que valores más?

Las águilas soltaron chillidos emocionados. Desmond se tapó los oídos, murmurando en una mezcla de idiomas. Otras cinco águilas se posaron en la barandilla del balcón.

-Elige, Des.

-Sí, siempre desvías la conversación.

-Vamos.

Shaun notó su incomodidad.

-¿Desmond?

-La pregunta maldita... Me está entrando dolor de cabeza.

Shaun suspiró. No podía escuchar a los antiguos Asesinos, pero podía ver la reacción de su marido. Anotó mentalmente hacer la noche divertida.

-Sabes que solo puedes responder.

-La respuesta es obvia para cualquiera.

-Ciertamente no para cualquiera con menos coeficiente que tú.

-Seguro que es Altaïr.

El águila blanca se removió feliz.

-No. A ver, la pregunta más simple que se me ocurre. ¿Bajo qué nombre me he escondido?

Shaun sonrió.

-Malik Al-Sayf.

-Exacto. Sin él, la Hermandad se habría perdido con Abbas. Altaïr empezó su reconquista por su muerte, no la de María.

El águila Altaïr se encogió. Aun recordaba la discusión que había tenido al respecto con María y Malik. De todas formas agradecía que su pareja no estuviera para escuchar la conversación, sería imposible que le dejara olvidarlo.

Diego siguió preguntando y los Asesinos respondieron lo más sinceramente que pudieron, sin revelar las partes más delicadas de la Hermandad.

– O –

Mikjail, el líder de la Bratva, frunció el ceño. Fei, el líder de la Tríada, sonrió al ver el enfado inútil de su marido. Ambos estaban sentados en la barra del despacho principal. Desmond estaba al otro lado, felizmente contando sus recientes ganancias. Llevaban media hora apostando a diferentes juegos.

Asami, el líder de la Yakuza, y su futuro marido Akihito, estaban en uno de los sofás, discutiendo detalles sobre la boda.

-Mik, ya has perdido doscientos mil contra él. No sigas.

-No, una última apuesta. Doble o nada.

Desmond guardó los billetes de rublos para cambiarlos en otro momento.

-Por mi bien. La última apuesta fue cosa tuya, así que me toca.

Se agachó tras la barra y rebuscó por un momento. El resto de los habitantes pasajeros de la isla entró en el despacho en ese momento.

-¿Qué hacéis?

-Mikjail perder dinero y Fei reírse por ello.

Desmond por fin apareció de nuevo con tres jarras de cerveza, tres botellines, un vaso de chupito y una botella de vodka caramelo helada.

-¿Qué no tienes ahí atrás?

-Secretos de camarero, Fei-abrió los tres botellines y los sirvió en las jarras. Luego llenó el chupito hasta arriba-. Vale, última apuesta, doble o nada. Voy a beberme estas tres cervezas antes que tú ese vodka.

Todos le miraron como si estuviera loco.

-¿Es en serio?

-Por supuesto. ¿Aun quieres seguir?

-Esto tiene algún truco, Mik.

Pero el ruso asintió. Era una apuesta segura.

-Bien. Empecemos.

-Ah, no, primero hay dos condiciones. Primero, tienes que dejarme terminar al menos una jarra y ponerla sobre la mesa. Y segundo, no podemos tocar los vasos del otro. ¿Entendido?

-Son justas. Adelante.

Desmond cogió la primera jarra y la vació del tirón. Sonrió maliciosamente y Mikjail supo que estaba perdido.

-Ahora observa-le dio la vuelta a la jarra y la colocó sobre el vaso de vodka. Luego cogió tranquilamente la segunda cerveza-. Me debes cuatrocientos.

Asami soltó una carcajada divertida. Era la primera vez que veía a Mikjail perder bebiendo.

-¿Habéis apostado cuatrocientos?

-Cuatrocientos mil rublos, lo que al cambio son... seis mil doscientos y algo de dólares americanos.

Desmond terminó la segunda jarra.

-¿Y sabes lo mejor de todo esto? Que no es la cantidad más alta que he ganado con ese mismo truco. En Las Vegas gané dos millones. Aunque después los perdí en el bacarat.

Mikjail se levantó esperanzado. No había quien le ganara al bacarat. Fei se lo impidió.

-Dijiste última apuesta, Mik. Ya has perdido bastante y ni siquiera estás borracho.

-Soy ruso, la resistencia al alcohol está en la sangre.

-Díselo a Galina, ¿quieres? En Masyaf se emborrachó solo con dos botellas.

-Galina...

Ella decidió no contestar. Elijah miró a su padre.

-¿Dónde aprendiste esos trucos?

-Trabajé como camarero durante años y en el frente conocí a mucha gente interesante. Este en concreto me lo enseñó un irlandés.

-¿Y me los enseñarás?

-Claro, cuando cumplas veinticinco.

-¡Papá!

-Mi casa, mis reglas. Y si me salgo con la mía tú no vas a entrar en ningún casino hasta tus treinta.

Elijah se volvió hacia Shaun.

-Ni lo intentes, si fuera por mí no entrarías nunca.

-Esto es injusto. ¿Abuelo? ¿Abuela?

-Estamos con tus padres. Si Desmond no se hubiera escapado, nunca se lo habríamos permitido.

-Entonces también me fugaré, parece que es cosa de familia.

Desmond arqueó una ceja. Su hijo era más que capaz de fugarse, por eso tendría que vigilarle cuando lo hiciera. Por supuesto, no lo impediría, sería bastante hipócrita de su parte. Elijah también merecía la libertad de elegir su camino.

-Quiero una revancha.

-Mikjail...

-Dijiste que no más apuestas, por eso esta será sin apuesta.

-Bien, te toca elegir.

-Dijiste que había un campo de tiro, ¿verdad?

-Creo que sé por dónde vas... ¿Te unes, Asami?

El japonés sonrió.

-Será divertido ver por cuánto nos derrotas. Pero tengo la Colt en la maleta.

-Te dejaré un arma. ¿Hacemos dos rondas? Pistola y rifle de asalto.

-Hecho.

-Entonces vamos, a ver si recuerdo la clave...

Todos juntos bajaron por otro pasadizo secreto a un sótano más moderno, con suelos de cerámica, paredes blancas y luces fluorescentes. Una puerta de seguridad les detuvo y pasaron unos minutos antes de que Desmond empezara a pasearse de un lado a otro.

-¿De verdad que no recuerdas la clave?

-Es una clave de diez dígitos y estoy casi seguro de que la tengo, pero...

-No estás seguro.

-Para nada. Y solo hay un intento.

Fei suspiró.

-Tú prueba, si no funciona la abriré yo. Solo necesitaría un soplete y una maza.

Desmond asintió y tecleó los diez dígitos.

1-1-2-3-5-8-13-21

-La secuencia de Fibonacci. Una progresión numérica en la que un número es la suma de los dos anteriores.

Presionó el botón verde y por suerte acertó.

-Solo por curiosidad, ¿qué habrías hecho si Des hubiera fallado?

-Cortar alrededor de las bisagras con el soplete y obligar a Mikjail a tirar la puerta abajo con la maza. Si hubiera sido una caja fuerte, habría usado un estetoscopio, se me da bastante bien. ¿Y tú por qué necesitas una contraseña para un campo de tiro?

Desmond abrió la puerta.

-También protege mi laboratorio químico. Intento replicar la fórmula del fuego griego, sin mucho éxito por el momento.

-¿Fuego griego?

-Inflamable incluso en agua. En mi defensa, era un día aburrido. ¿Vamos?

El interior era una extraña mezcla de campo de tiro y laboratorio futurista. Grandes máquinas que nadie sabía para qué servían y microscopios se mezclaban con armas en diferentes grados de recomposición.

Junto a los tres carriles de tiro había estanterías con todos los rifles y pistolas que Desmond guardaba en esa isla, junto a cajas y cajas de municiones.

-¿Te preparas para la guerra o algo?

-Inagua ha sufrido muchos asedios y dudo que no vuelva a pasar. Mejor estar preparados.

-¿Y esto?

Bill señaló unos matraces llenos de líquidos de colores.

-Mi estudio para Navidades. Cócteles de sensaciones invernales. El rojo es el único que he conseguido terminar, lo llamo Inferno.

-¿Qué hay de esto?

Rebecca señaló unas placas de petri con moho.

-Penicilina en sus primeras fases. En unos días tendré que procesarla y podré hacer unos experimentos para alargar su vida útil.

-¿Puedo ayudarte con eso?

-Claro, Eli. En el ordenador tres están los últimos informes. La contraseña es "agua".

-¿Qué vas a hacer con todo esto?

-Lo llevaré a mi labotorio en Stellae. Asami, Mikjail, elegid las que queráis. Yo ya tengo mis favoritas.

Ambos se dirigieron a las estanterías.

-¿Puedo probar Inferno?

Desmond miró a Rebecca. Frunció el ceño por un momento y se dirigió a una nevera pequeña sobre una de las mesas. Sacó un matraz limpio del fregadero y sirvió muy poca cantidad del líquido rojo.

-Como he sido el único que lo ha probado y tengo una resistencia bastante alta a este tipo de cócteles, ve con cuidado.

-Tonterías, parece inofensivo.

-No digas que no te he avisado.

Dio un paso atrás cuando Rebecca se bebió el cóctel de un tirón. Apenas un instante después empezó a toser con lágrimas en los ojos. Shaun le acercó una silla y Elijah un vaso de agua.

-Maldita sea, ¿qué lleva eso?

-Capsaicina derivada y sintetizada del chile habanero.

-¿Quieres matarme?

-Quizás debería disolverlo un poco más... yo ni siquiera lo noto.

-Des, has mezclado demasiado el alcohol y el picante.

-¿Podemos dejarlo para luego? Tengo que derrotarles en su propio juego.

Asami colocó el cargador en su pistola después de revisarla.

-Seguiré manteniendo que este es más tu juego. Al fin y al cabo nos conocimos en una redada en Tokio, cuando me salvaste de seis hombres. Conozco tus habilidades.

-Asami...

-¿Sí?

-La pistola es tu estilo, empieza.

Parecía no querer hablar de eso. Asami se dirigió al carril del centro.

-¿Normas?

-Todas las balas del cargador. Oh, espera, los cascos de seguridad.

Abrió un cajón con mucho fondo y repartió los cascos insonorizados. Asami alzó la pistola con una posición perfecta. Disparó sin apenas notar el retroceso.

Desmond pulsó un botón que acercó la diana de círculos concéntricos.

-Setenta puntos, nada mal. Mik, tu turno.

El ruso se adelantó al carril de la derecha. Vació el cargador en poco tiempo. El proceso se repitió.

-Setenta y uno. Me toca.

Se quedó con el carril de la izquierda. Observó su pistola por un momento antes de alzarla. No lo dudó cuando disparó.

Asami acercó la diana.

-Setenta y dos. Pero lo has hecho a propósito.

-Odio ese número. Además, me lo habéis puesto más fácil imposible.

-Vale, ahora dispara en serio.

Asami colocó otra diana en el soporte y la envió a su lugar. Desmond ni siquiera alzó las dos manos. Sujetó la pistola con la mano izquerda y disparó. Consiguió la máxima puntuación sin siquiera pensarlo.

-Mik, he sido entrenado para esto. Fui soldado y soy el Gran Maestro Asesino. Que prefiera cuchillos no implica que no sepa utilizar armas de fuego. ¿Cómo estás Becs?

-Aun me duele la garganta. Y estoy pensando en que tengo suerte de estar en tu lado de esta guerra.

-Tonterías, ellos también tienen buenos mercenarios.

-No tanto como tú.

-He tenido más tiempo para practicar. Ya sabes-lanzó una mirada ácida a Shaun-, tengo cuarenta años.

Shaun le dedicó una sonrisa inocente.

-¿Nos hemos perdido algo?

-Cierta discusión que tuvimos hace un tiempo.

-Odia que mencionen su edad, aunque ya le he dicho muchas veces que no le sientan nada mal. Creo que se preocupa por las canas.

-¡Shaun!

Galina consiguió sonreír.

-Viendo que te pareces más a Karla y que ella no tiene canas, no deberías preocuparte por eso.

-¡Que no es eso!

-¿Entonces qué?

Desmond suspiró.

-Bien, lo voy a dejar brutalmente claro. Estamos en mi fortaleza y yo estoy justo al lado de las armas. Si no queréis convertiros en dianas móviles, dejad el tema.

-Shaun, tú puedes seguir molestándole por todos.

-Malkaa, si sigues te toca a ti dormir en la hamaca. A esto podemos jugar dos.

-Lo siento, chicos, me ha atado de manos. Metafóricamente hablando.

-Lo de literal lo dejamos para Sevilla, ¿sí?

Con eso, salió del laboratorio. Shaun consiguió escapar de la vergüenza y se refujió en la biblioteca. El resto, intentando olvidar el comentario, fue a la playa a disfrutar del sol.

– O –

Diego encontró a Desmond en la hamaca, leyendo un original de la Divina Comedia. Shaun estaba dormido a su lado. Era muy difícil encontrarles separados.

-¿Desmond?

Él alzó la mirada. Intuyó que su amigo le buscaba por algo importante, así que besó suavemente la sien de su marido y se levantó con cuidado de no despertarle.

-¿Qué es?

-¿Hay alguna posibilidad de unirme a los Asesinos?

Desmond le estudió. Diego reconoció la mirada como la del Gran Maestro.

-Tienes los genes, eso tengo que aceptarlo... Y tus estudios serían de ayuda. Hablaré con Bill, pero considérate un novicio.

Diego sonrió.

-Gracias, Desmond.

-Si en un par de días no me odias, aceptaré esas palabras. Vas a pasar por un duro entrenamiento intensivo para llegar a los niveles mínimos requeridos.

-¿En qué consistirá?

-Pelea cuerpo a cuerpo y manejo de armas de fuego. Galina y yo te entrenaremos cuando hagamos la ceremonia.

-Esperaré hasta entonces.

Diego se marchó, pero no pudo evitar mirar hacia atrás a la pareja cuando Desmond volvió a la hamaca. Shaun, todavía dormido, se giró hacia él para abrazarle. El Gran Maestro le besó la sien de nuevo y continuó con su lectura.

– O –

Los Asesinos se reunieron en mitad de la selva, entre unas ruinas que habían visto muchísimas ceremonias de iniciación. Bill estaba en el altar con Desmond. Galina, Shaun y Rebecca formaban un pequeño pasillo. Diego miraba nervioso el brasero tradicional donde se quemaba el incienso.

Caminó hacia el Mentor. Bill le miró con atención.

-Laa shay'a waqi'un moutlaq bale kouloun moumkine. La sabiduría del Credo se refleja en estas palabras. Aunque otros hombres sigan ciégamente la verdad, recuerda: nada es verdad. Aunque otros hombres se vean coartados por la ley o la moral, recuerda: todo está permitido.

»Aparta tu hoja de la carne de los inocentes, escóndete a la luz y no comprometas a la Hermandad. Esas tres normas serán tuyas a patir de ahora. El incumplimiento de cualquiera de ellas se condena con la pérdida de todos los rangos.

»Diego Márquez Lara, ¿estás dispuesto a unirte a nosotros en nuestra lucha por la libertad siguiendo los preceptos del Credo?

-Estoy dispuesto.

-Gran Maestro.

Bill dio un paso atrás y Desmond se adelantó con un anillo con el símbolo Asesino. Pidió la mano derecha del novicio con un gesto. Le puso el anillo en el meñique.

-Esto te caracteriza como novicio. Ahora perteneces a la Hermandad y la Hermandad te pertenece a ti. Somos hermanos de armas-colocó sus manos en sus hombros-. Bienvenido, hermano.

Diego sonrió y se colocó junto a Shaun. Él le palmeó el hombro como saludo.

-Aun hay un tema a tratar.

Desmond frunció el ceño.

-¿Papá?

-Gran Maestro Asesino Delta, también conocido como Desmond Malik Miles, has demostrado tu dedicación a la Hermadad llevándonos a un nivel donde podemos continuar con nuestra lucha. A partir de ahora, nosotros, tu equipo, te conoceremos como el Mentor Desmond. Guíanos a la libertad.

Dio un paso atrás. Desmond le dirigió una mirada más. Luego respiró hondo y observó a todos.

-Aceptaré este honor y lucharé por la libertad hasta mi último aliento. Nací como Asesino y viviré como tal. Vosotros me habéis aceptado como Mentor y actuaré como tal. Actuamos en las sombras para servir a la luz. Luchamos por el libre albedrío del ser humano y por la justicia. Somos Asesinos. Éste es nuestro Credo, nuestra misión.

Bill sonrió hacia su hijo. Desde que era un niño, sabía que su destino sería grande. Por eso le había presionado tanto. Y ahora estaba frente a él, casado, con un hijo y el Mentor de toda la Hermandad. No podría estar más orgulloso.