Lavander se encontraba llorando en un rincón de la sala común, estaba rodeada de sus mejores amigas, pero ni la compañía ni nada podían consolarla, porque la única persona de la que esperaba consuelo, esa persona, ese pelirrojo la había despreciado y terminado cruelmente.
"Mírala, se ve muy mal" – decía Harry mirándola de vez en cuando – "Pero creo que fue lo mejor, al fin le dijiste la verdad."
"La verdad, ¡ja!" – contestó Ron amargamente – "Ella no quería saber la verdad, ella solo quería seguir y seguir esta relación que ya desde hace tiempo que se iba al hoyo."
Harry estaba totalmente de acuerdo con su amigo, miraron por última vez a Lavander y subieron a dormir.
¿Qué hacía a esas horas por los corredores? ¿Y si la atrapaban? Eso es lo que iba pensando Luna mientras caminaba por los pasillos del segundo piso. Iba mirando a todos lados intentando descifrar esa enorme oscuridad que la asechaba, tenía un poco de miedo, pero también tenía muy en cuenta que todo valdría la pena.
"¿Por qué un baño? ¿Por qué no en la sala de los menesteres?" – le pregunto Luna a Hermione entrando al baño de Myrtle la llorona.
"Porque desde hace tiempo no se abre" – le contesto la castaña recibiéndola con una enorme sonrisa – "Gracias por venir."
"¿Cómo podría negarme?, aunque me sorprendió mucho cuando Lysander me dijo" – aceptó la rubia.
"Tenía que verte… porque… porque no-no" – tartamudeo la castaña mirando a la pared y haciendo gestos con las manos – "Porque quiero estar segura."
"¿Segura?" – pregunto Luna.
"Si, segura" – contesto la otra, haciendo aparecer una silla de la nada – "Siéntate por favor" – Luna obedeció, aunque no muy convencida.
"Veras, Harry ha sido mi mejor amigo desde que entramos a Hogwarts" – se retorcía las manos y no se atrevía a mirarla a los ojos – "No quiero lastimarlo" – a Luna se le ensombreció el rostro al oír esto – "Pero estoy consciente de que te quiero, de que te quiero más que a nadie, pero realmente no sé qué decirle y…"
La castaña no pudo continuar su discurso pues Luna la callo con un beso, un beso suave y profundo al mismo tiempo. La castaña se dejo llevar pasando sus brazos por detrás del cuello de la rubia al tiempo que esta la tomaba por la cintura. Se quedaron un momento así, unidas por ese espectacular beso, luego Luna se separo poco a poco.
"Créeme, sabrás que decir" – dicho esto la Ravenclaw salió del baño, dejando a Hermione mas enredada que antes, pero una confusión distinta.
En la mañana ella tenía más o menos una idea de lo que debía decir, pero aun no se encontraba muy segura, pero sabía muy bien que tenía que hacerlo, aunque no quisiera.
Lysander se encontraba mirando por la ventana de la lechuceria, tenia deberes que hacer, pero los ignoraba, no le importaba en lo más mínimo que lo castigaran, no le gustaban mucho las clases de Hogwarts eran tan aburridas, los profesores parecían tan bobos, creyendo solo en la magia blanca, ¡la magia negra también tenía utilidad! Pero sabía que no debía demostrar mucho su apego a ella, sería fatal para él, ya lo habían expulsado de un colegio, sería el colmo que lo expulsaran también del nuevo. Quería ver a Luna, ella parecía que lo entendía, pero no la había encontrado en los jardines, ni en la biblioteca y menos en el gran comedor, suspiro y bajo corriendo las escaleras directo al bosque prohibido.
Harry y Neville volvieron a dejar a Luna sola en el invernadero, pero esta vez ella no se quedo poco tiempo, sino la mayor parte de la tarde, así que ya estaba oscuro cuando apenas se dirigía al castillo. Caminaba distraídamente como siempre, cuando algo llamo su atención de pronto, era algo que se movía entre los matorrales, Luna intento mantener la calma y no asustarse, pero era mucho pedir.
"Harry tengo que hablar contigo" – Hermione tomo del brazo a su aun novio y lo escolto hasta unas sillas cercanas al fuego. Era noche y se encontraban en su sala común.
"¿Vas a terminar conmigo?" – pregunto Harry con el rostro apagado, la castaña se sorprendió de que ya lo supiera, porque si, eso era lo que realmente quería.
"Bueno, escucha, al principio funciono, pero creo que ahora ya…"
"No" – termino él. Parecía verdaderamente triste.
Se quedaron un momento en silencio solo se escuchaba el crujir de las brasas y unos cuantos cuchicheos a sus espaldas.
"¿Cómo se llama?" – Preguntó Harry de pronto, la castaña no entendió al principio – "¿Por quién me cambias?"
"Harry, no es como si me cambiara de zapatos o de ropa, es más bien como…"
"¡¿Cómo se llama?!" – grito el moreno desesperado, algunos curiosos pusieron más atención a su plática y les dirigieron miradas inquisitivas.
"Se llama…"
"¡¿Luna?!" – grito Ginny desde el hueco del retrato. Esta vez todos en la sala común pusieron su atención en la pelirroja. Ella solo se dio vuelta y busco con la mirada a su amiga la castaña, cuando la encontró – "¡Hermione! ¡Luna está en la enfermería!"
Hermione se levanto como resorte de su asiento y salió corriendo junto con Ginny con rumbo a la enfermería, dejando a Harry con la palabra en la boca.
"Seguramente a Hermione le gusta Lysander" – dijo Ron sentándose al lado de su amigo –"¿Harry estas bien?"
"Si" – mascullo este aun mirando el hueco por el que había salido Hermione apenas unos segundos antes.
En la enfermería ya se hallaban Neville y Lysander que fueron los que encontraron a Luna. Cuando Hermione entró, corrió hacia la camilla a abrazar el cuerpo inerte de la rubia. Neville se sorprendió un poco de aquel comportamiento, mientras Ginny y Lysander estaban más que enterados de la relación por eso entendieron perfectamente el gesto de la castaña. La pelirroja por su parte camino hasta el Slytherin y lo abrazo, él le devolvió el abrazo, y se quedaron así por un tiempo.
Solo Neville se fue a dormir. Los otros tres se quedaron con Luna, la señora Pomfrey intento disuadirlos para que se fueran, pero los chicos fueron más necios, sobre todo Hermione que no soltó ni un segundo la mano de su amada Ravenclaw.
Cuando Luna despertó en la mañana se conmovió con la escena que tenía en frente, Lysander y Ginny en una camilla abrazados, y su hermosa y amada Hermione sentada en una silla recargando su cabeza sobre su camilla, sosteniendo fuertemente su mano.
