Don't go away
—Hermione —llamó suavemente Ginny— Despierta, Hermione, hay alguien que te quiere ver.
La castaña abrió sus ojos suavemente y contempló la enfermería iluminada y perfecta con recelo. Giró con cuidado su rostro y posó los ojos en la figura de la pelirroja acompañada por Harry, sus padres, la familia Weasley al completo, compañeros de Hogwarts y de la Orden del Fénix, los profesores, Dumbledore, Dobby con otros elfos y un sinfín de personajes y seres que conoció durante sus aventuras. La multitud, con gusto, se apartó y dejó al descubierto a una chica morena y sonriente. Pansy se acercó y se inclinó posando sus labios en la frente de ella.
—¿Cómo te encuentras, cariño? Te desmayaste mientras volábamos por el lago.
Sujetó la mano de Hermione y la acarició con suavidad. La castaña quiso sonreír pero sólo le salió una mueca de dolor.
—Te golpeaste con fuerza la cabeza —explicó la morena mientras depositó un beso en la mano.
Estuvieron hablando un rato sobre lo qué pasó y Ginny participó junto con la morena. Algo que extrañó a Hermione.
Fugaces imágenes de los jardines de Hogwarts y una pelea entre Cho y la Slytherin se le cruzó por la mente y miró con pavor a Pansy. Ésta se dio cuenta del gesto y simplemente sonrió negándolo.
Cho apareció por la puerta, la multitud desapareció de golpe excepto Pansy y Ginny, y todo se volvió muy confuso a la vez que la enfermería cambiaba a un color gris. Pansy atacó a la Ravenclaw con un maleficio y Cho la imitó. Ginny se situó cerca de Hermione para protegerla de algún que otro hechizo que se escapaba de la batalla personal. De golpe, aparecieron por la puerta individuos cubiertos por capas negras y máscaras.
"Mortífagos" pensó Hermione asustada.
Cho dejó de pelear con Pansy y se situó al lado de Ginny. La Slytherin hizo lo mismo.
Los mortífagos dieron un paso y las chicas los imitaron.
Comenzó una sangrienta batalla.
Los maleficios chispeaban por doquier, se estrellaban contra la pared y quebraban los tabiques de la enfermería.
Un avada kedavra desapareció en el pecho de Ginny y cayó muerta sobre el suelo frío. Hermione intentaba contrarrestar los maleficios dirigidos a ella por parte de la familia Parkinson cuando se dio cuenta del cadáver. Corrió desesperada pero una larga y sedosa melena negra se lo impidió. Cho sonrió a pesar del momento y noqueó con sus hechizos a varios mortífagos que aparecían sin cesar por la puerta. La asiática se enfrascó en una ardua batalla contra un individuo sin máscara pero cubierto por la capa negra.
Cho esquiva, se desliza, ataca y en sus últimas fuerzas muerde, todo eso para acabar en el mismo estado que Ginny Weasley.
Hermione chilló por el dolor de su alma desgarrada ante la batalla y el anterior individuo se dirigió a ella. Éste se descubrió dejando ver la inmensa locura de Bellatrix Lastrange. Todos los mortífagos de alrededor también se dejaron ver.
Hermione, incapaz de moverse, notó cómo Pansy corría hacia ella, intentando protegerla de todo.
Justo en el momento que saltó para resguardarla de un avada kedavra, la figura de Pansy se difuminó como el humo al igual que todos, y Hermione se vio sola en una sala sin color, quebrada y vacía. Y se dio cuenta que, ese lugar, era su corazón.
—¡Se está despertando! —gritó una voz familiar— ¡Está abriendo los ojos!
Ron agitaba los brazos con intención de llamar a los demás que estaban hablando seriamente en la puerta. La cama dónde descansaba Hermione era una de las últimas y más alejadas de la salida.
—¡Corred, venid!
Ginny, Harry y Cho fueron los primeros en llegar puesto que estaban más cerca de ellos, separados de los demás.
—Oh, gracias, Merlín, gracias —oró Ginny estrujando el cuerpo de Hermione.
—Ya era hora que despertases, nos tenías muy preocupados —comentó Harry sonriendo. Cho también sonrió.
La castaña hizo el ademán de levantarse.
—No —le ordenó la señorita Pomfrey—. Debería descansar, parece ser que el shock ha sido demasiado fuerte.
La enfermera no quiso informar del estado mental de la paciente.
—Herm —susurró Ginny—, descansa.
La castaña intentó, en vano, recordar cuanto tiempo llevaba en la enfermería y Ginny pareció leerle la mente.
—Llevas dos días aquí.
—¡Sí! ¡Sólo quedan tres días para vacaciones de verano! —gritó alegre Ron.
Tres días, tres cortos días y Pansy se iría. De nuevo Hermione hizo un ademán de levantarse.
—Ni se te ocurra —advirtió la pequeña Weasley al ver sus intenciones de buscar a la serpiente.
—Tengo que ir, Ginny. Necesito hablar con ella.
—¿A dónde? ¿Por qué? —inquirió Ron.
Hermione le ignoró. El pelirrojo se fue hacia la puerta sin ganas. Antes de que vinieran los demás, Ginny quiso hablar con ella.
—Mira, lo único que sé es que es muy peligroso ir con ella, te matarán... Nos matarán —rectificó— si vuelves a ser su pareja.
—Ocurrirá si nos atrapan —dijo ausente Hermione—. Mientras tanto podemos huir lejos.
Ginny gruñó ligeramente y Cho posó una mano en su hombro con intención de calmarla. La pelirroja asintió.
—Herm, no merece la pena luchar tanto por alguien como ella. Vale, sí, te ha hecho todo eso para protegerte, pero vayáis donde vayáis estaréis solas ¿qué pasa si os enfadáis? Ése tipo de amor no merece ninguna oportunidad.
—¿Y mi corazón tampoco?— se defendió la leona.
—Tu corazón está a salvo con nosotros, Herm —dijo la Ravenclaw— Sabes que yo...
—No, Cho, sin Pansy no tengo corazón, ésa es la verdad.
Los cuatro callaron al ver acercarse los compañeros que querían visitar a Hermione. La leona buscó entre la multitud a una chica con el pelo negro y los colores de Slytherin, pero no la encontró.
—Desapareció el día que te desmayaste —susurró Ginny—. Seguramente porque su familia se lo dijo, pero es lo mejor, Mione.
Dos días, dos días quedaban para la marcha de Pansy y aún no había hablado con ella. El primero tuvo que pasarlo en la enfermería mientras soportaba los gestos de cariño de los magos y los regalos de su familia y amigos. El segundo día, hoy, la señora Pomfrey le dio el alta y la leona rechazó todo tipo de atención por los pasillos, aulas y afueras de Hogwarts, y todo eso con intención de buscar a la Slytherin.
Buscó por todos lares, preguntó a cada uno de los alumnos de Hogwarts, fue a buscarla a la sala común de Slytherin ganándose unos improperios, interrogó a los profesores y le respondieron que desde hacía dos días no iba a clase. Pasó todo el día buscando y no encontró ni una mísera pista de su paradero y volvió deprimida a su habitación para dormir.
Por el pasillo encontró a Daphne. Quiso preguntarle pero la otra se adelantó.
—Granger —llamó la rubia.
—D-dime.
—¿Aún buscas a Pans? Todos los de Slytherin han estado comentando que lo haces.
—Sí —examinó a Daphne con esperanzas— ¿Sabes algo?
—Estoy al tanto de lo que escuchaste mientras se peleaba con Chang y ¿aun así quieres estar junto a ella? ¿Estás loca? —ignoró la pregunta de Hermione.
—Desgraciadamente, sí, estoy loca por ella —contestó—. Me da igual la amenaza de su familia.
Después de decirlo, pasó por al lado de la rubia dispuesta a irse. Ésta la detuvo agarrándola del brazo.
—Si piensas seguir buscándola... Que sepas que ella piensa igual que tú; Quiere irse lejos de todo.
Soltó a Hermione y se alejó.
—¡Espera! —gritó la castaña— ¿No sabes nada más?
Daphne se giró y puso los ojos en blanco.
—Sólo lo sabe el profesor más loco de Hogwarts.
Hermione sonrió; era una pista, una pista para encontrar a Pansy.
¿El profesor más loco? Sin duda era el profesor Dumbledore, actual director de Hogwarts.
Alzó los puños hacia arriba con ilusión y la cruda realidad cayó sobre ella; mañana regresaban a Londres y sería su última oportunidad para encontrarla.
Al día siguiente, caminó largo rato hasta encontrar a la profesora McGonagall y le pidió, con toda su educación posible, la contraseña para visitar al director. Apenas tenía dos horas antes de irse para hallar alguna pista de la serpiente.
—Mousse de chocolate —pronunció delante de la estatua del águila.
Ésta se abrió y dejó ver a unas escaleras de piedra.
—Adelante, señorita —saludó Dumbledore desde su escritorio— ¿Quiere unos caramelos?
—No, gracias.
Dumbledore la miró a través de las gafas.
—Me han informado de que está buscando a la señorita Pansy Parkinson.
—Así es, Director.
—¿Está segura de que quiere encontrarla? —inquirió con inocencia—. Es posible que la familia Parkinson no esté dispuesta a dejar ver a su hija antes de irse del colegio.
Hermione no contestó al saber que Dumbledore conocía la situación perfectamente.
—¿Pansy ha venido a su despacho, Director?
—Oh, parece que tiene buenos contactos en Slytherin, señorita Granger, y espero mucho de usted —se afirmó a sí mismo—. La señorita Parkinson, por orden de su madre, vino hace exactamente siete días a pedirme una autorización un tanto especial.
Lo dejó al aire esperando que Hermione le preguntase. La castaña rebuscó en su memoria siete días anterior y llegó a la conclusión que fue el mismo día que le llegó a Pansy la lechuza con la carta.
—¿Puedo saber qué clase de autorización, por favor?
—No es ningún favor que yo pueda darle, si un alumno me pide que no explique a nadie sobre lo que hablamos, no puedo hacer gran cosa —se subió las gafas y Hermione se deprimió.
—¿Usted sabe el cuento muggle de Hansel y Gretel? —inquirió súbitamente el Director.
Hermione asintió sin ganas.
—Entonces sabrá que dejaron pequeñas migas de pan para regresar a casa, ¿verdad?
De nuevo Hermione afirmó con la cabeza y Dumbledore desenvolvió el envoltorio de un caramelo.
—La señorita Parkinson mencionó particularmente que no dijese nada a nadie sobre esa autorización, puesto que ella se esconde alejada de los demás por motivos personales y no quiere que nadie sepa dónde irá por cuestiones de... seguridad.
Hermione se sintió aludida en la última frase.
—Sin embargo —prosiguió— me dio un pergamino especial en el cual, con escribir cuatro adjetivos, dirá si esa persona es idónea para saber sobre el permiso que pidió. Cabe indicar que éste pergamino sólo aceptará a la persona que posea ciertos adjetivos.
Dicho eso, el Director le pasó un pergamino en blanco.
—Si está segura de que es usted la escogida, escriba ahí los cuatro adjetivos que mejor la definan, y por favor, sea sincera —la castaña sujetó una pluma—. Ah, exactamente hay 3 adjetivos y un sustantivo, y recuerde que tiene tres intentos antes de que se incendie el pergamino.
Hermione observó el pergamino y meditó sobre los posibles calificativos. Escribió inteligente, responsable, castaña y de sustantivo, Hermione. Esperó que el pergamino contestara a través de palabras y surgió en la hoja la frase "Incorrecto, tiene dos intentos". Probó con torpe, enamoradiza, borde y el sustantivo, leona. "Incorrecto, tiene un último intento".
Hermione se desesperó y posó la pluma sobre la mesa.
—¿Puede darme un caramelo? —dijo con miedo a perder la única pista que Pansy le había dejado y dudando en si ella era la persona escogida.
Dumbledore le dijo que sí y durante un rato estuvieron callados.
—Recuerde que las palabras las escribió la señorita Parkinson —informó el Director.
Entonces, entre el sabor de menta del caramelo, el consejo del Director y sus recuerdos más o menos buenos, se le ocurrió unas posibles palabras. Sujetó la pluma de nuevo y con una letra excelente trazó los adjetivos Sangre sucia, sabelotodo, come libros y, cómo sustantivo, gatita.
Del pergamino salieron unas llamas azules y éste se hizo trizas.
Hermione apoyó los brazos en la mesa y empezó a llorar sin parar.
Dumbledore, con cuidado, agarró un pequeño trozo de papel carbonizado.
—¿Por qué llora, querida? —inquirió el Director.
Hermione levantó la cabeza dispuesta a replicar y Dumbledore situó el trozito de pergamino delante suyo.
—"Correcto" —leyó—, "Me parece increíble que hayas necesitado los tres intentos para conseguirlo ¿Y tú te consideras una sabelotodo?"
Hermione se quedó en shock, definitivamente eso lo escribió Pansy.
—Antes de que se ponga a gritar, la autorización que demandó fue una la cual le permitiera viajar en un vehículo exclusivo parecido a un vagón.
La castaña se levantó de inmediato.
—Dígame cómo consigo llegar hasta allí.
—No es tan fácil —informó—. Esos vagones se dirigen automáticamente a un lugar determinado, y no a la estación de Londres como el Expreso de Hogwarts.
—¿Dónde se dirige el suyo?
—A su mansión, fue la familia de la señorita Parkinson quienes quisieron que se vaya.
—¿Aún no se ha ido verdad?
El anciano sonrió cómo respuesta.
—Es posible que el vagón salga desde la misma estación que el Expreso de Hogwarts un poco antes que el tren, pero no estoy seguro de ello —se puso otro caramelo en la boca cómo si no hubiera dicho nada relevante.
Hermione se fue corriendo del despacho, sólo quedaban 30 minutos para la salida del Expreso y unos 15 para el de Pansy.
—¡Recuerde que Hagrid puede ayudarla! —gritó el anciano— ¡Y que viva el amor entre diferentes casas!
La castaña sonrió, fue corriendo a máxima velocidad a la Sala Común y con un hechizo consiguió que las maletas fuesen solas al portón de Hogwarts. Saltó los escalones de tres en tres y de cuatro en cuatro, agarró el equipaje, se aseguró que Crookshanks la seguía y se dirigió a la cabaña de Hagrid.
—¡Hagrid! —llamó Hermione— ¡Llévame a la estación, rápido!
El guardabosques salió extrañado pero al ver que era Hermione quién se lo pedía, no tardó nada en preparar un carruaje con Thestrals y la llevó a la estación.
Cuando llegaron quedaba un minuto para la salida de Pansy.
Bajó del carruaje y escudriñó la zona, delante del Expreso, había un pequeño vehículo parecido a un tren pequeño. Se precipitó hacia él tirando sus cosas al suelo, Hagrid ya se las enviaría cuando pudiese. El grandullón se fue a buscar a los alumnos de los demás cursos.
50 segundos.
Corrió todo lo rápido que podía pero parecía que el vehículo se alejaba cada vez más. No desistió, no quería perder a Pansy.
40 segundos.
No le importó ni las amenazas ni la posible muerte, sólo quería verla una vez más, caer en sus brazos.
32 segundos.
Pudo tocar el metal con la yema de sus dedos, rápidamente se posó a la altura del cristal oscuro y, al mirar a través de él, distinguió la figura de Pansy observando el paisaje en la ventana contraria apoyando su dorso en la mejilla.
27 segundos
Golpeó el cristal con todas sus fuerzas anhelando que se girara, pero Pansy no la oyó, estaba sumergida en sus propios pensamientos. En la cara de la serpiente, Hermione pudo notar una ligera lágrima cuando miró su reloj.
22 segundos.
Intentó de nuevo llamar su atención, agarró una piedra y empezó a golpear con fuerza. Pansy se giró extrañada por el ruido.
18 segundos.
Los ojos de la Slytherin se abrieron a más no poder. Tiró todo lo que había por en medio del camino que llevaba a la leona y apoyó sus dos manos al cristal llorando.
15 segundos.
Gimotearon mientras las lágrimas se les resbalaban por las mejillas, intentaron decirse cuanto se amaban pero el grueso cristal impedía escuchar lo que la otra decía, buscaron una entrada o salida sin romper el contacto visual pero no había ninguna, la puerta por la que entró Pansy estaba sellada e imposible de abrir.
9 segundos.
Hermione conjuró todos los hechizos que pudo pero el vagón seguía intacto, Pansy la imitó.
4 segundos.
Desesperada, la castaña posó sus labios en el cristal al igual que la Slytherin ocasionando un beso indirecto. Se miraron por última vez y, con la varita, Pansy trazó en el aire las palabras "te amo" en un color carmín fuerte.
1 segundo.
Un pitido advirtió de la salida del tren y empezó a acelerar. Hermione lo persiguió tanto rato cómo pudo. No era un vehículo normal, no seguiría las vías, y al llegar a ciertos metros se transportaría directamente a la mansión como si hubiese utilizado polvos Flu.
La castaña le gritó con desespero en un último intento.
—¡¡No te vayas!! ¡Te amo! ¡Me da igual las amenazas, quiero estar contigo!
Pansy sonrió al ver la cara acalorada de su novia, desgraciadamente, no supo qué dijo. Se despidió enviándole un beso con la mano.
Y desapareció.
La castaña siguió corriendo desacelerando hasta que se derrumbó en el suelo. Gritó y golpeó las baldosas con fuerza. Crookshanks se acercó con prudencia. Después, al llegar al lado de su ama, ésta le estrujó contra sí misma buscando un apoyo. El gato ronroneó. Hermione se quedó, como en su sueño, sola en un sitio público, sin nadie, sin nada...Sin Pansy.
Pasó tiempo recordando todo y a la vez nada, y escuchó a lo lejos los murmullos de los alumnos que se acercaban para irse a casa. Anduvo todo lo que había recorrido, recogió las cosas y las dejó en el tren. Después, entró en un compartimento vacío y, sin ganas de nada, se acurrucó con su gato contra la ventana, dejando atrás todos sus recuerdos, besos, caricias y miradas. Derrumbada, echó a llorar.
FIN
Notas finales del capítulo:
Vale, si, quería haceros una "pequeña broma" pero no puedo empezar las notas finales con un "se acabo! me ha encantado escribir este fic bla bla bla", demasiado cruel para mi jaja
nos vemos en el prox capi! ;) que me da a mi que tendremos este fic unos cuantos capitulos mas xD
Kissus!
