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Capitulo XII
Tercer año, parte II: "Piano de tristeza"
El fuego chisporroteando en la chimenea, el sonido y el olor de la leña quemándose, eran un buen distractor que lo hacía olvidar por momentos el "pequeño" (bueno, a ser sincero, no tan pequeño) desastre que había ocasionado unas horas antes. Nunca pensó que ir a sesionarse de que su padre estaba en buen estado terminaría en una conmoción a mitad de un recital.
Aunque cabe resaltar que la mayoría de las personas agradecieron la interrupción en vez de quejarse como era lo esperado. Pero ese era un tema para otra ocasión.
- ¿Sigues aquí? - una voz femenina lo sacó de sus ensoñaciones. Tsuna volteó, y se topó con la sonrisa de Aki que cargaba a una dormida Haru.
El "recital" terminó bien para la mayoría de las personas, menos para ellas dos. De alguna forma (Tsuna todavía no entendía como pasó) el padre de las Franchesco se enojó tanto con lo sucedido que, al no sentirse con la capacidad de culpar a Vongola (miedo, más bien tuvo miedo de reclamarles algo) buscó a un chivo expiatorio en el cual recaer la responsabilidad de lo acontecido, pese a que sus acusaciones no tendrían ni pies ni cabeza.
Sobra decir quien fue la víctima.
- ¿No deberías estar en tu cuarto?
- Debería… - respondió dubitativo - Pero no puedo conciliar el sueño.
Aki lo miró, preocupada.
- Si es por lo que pasó, no tienes por qué sentirte culpable - sonrió de medio lado - Tarde o temprano me iban a echar, no soy la más grácil a la hora de hacer mis tareas.
- Pero…
- Y por desgracia - continuó, antes de que el más joven pudiera seguir hablando - Ella estaba en una situación parecida.
El castaño parpadeó confundido. Miró a Aki con duda y la mujer le dedicó una sonrisa nerviosa.
- ¿Por qué dice eso? ¿Qué no Haru es la hermana menor de…?
- ¿Las Franchesco? - Aki completó - Es lo que se dice. Pero no necesariamente todo lo que la gente dice es verdad, ¿no?
Tsuna se sobresaltó por lo dicho. La mujer volteó por un momento a la puerta de entrada de la sala antes de dar unos pasos hacia un sillón y sentarse, Haru se apretó contra su cuerpo, buscando comodidad y calor.
- No lo es, ¿verdad?
El silencio de Aki fue su respuesta. Y supo que eso significaba un "sí".
- Como son ustedes quienes nos aceptaron, creo que es justo que sepan de dónde venimos… - comenzó, dubitativa - Ya le comenté todo al Prin… A Sr. Giotto - se corrigió, avergonzada. Iba a pasar algún tiempo antes de que pudiera dejar de llamarle "príncipe" - En primera instancia, mi nombre verdadero no es "Aki", es "Selene".
Bueno, eso explicaba porque una italiana tenía un nombre japonés. No era el verdadero.
- Decidí empezar a llamarme así por Haru, para que no se sintiera tan sola… Sé que un nombre no cambia mucho, pero debiste de haber visto su rostro cuando supo que había alguien con un nombre conocido, especialmente cuando ese nombre tenía un significado parecido al suyo - rió un poco - Aunque he de admitir que me costó trabajo encontrar a alguien que me diera lecciones básicas de japonés. Hace apenas unos años que ellos se abrieron al mundo, es complicado hallar a alguien que sepa su idioma.
Tsuna conocía ciertas palabras en japonés gracias a su tío Asari, así que comprendía a lo que se refería. "Haru" significa "primavera", "Aki" es "otoño". Él mismo tenía un nombre japonés, aunque no estaba muy seguro del porqué y nunca quiso indagar a fondo aquello.
- Lo mismo pasa con el "Miura", no es mi verdadero apellido…
- ¿De dónde sacó ese? - preguntó curioso el joven Vongola.
- De un medallón que ella poseía cuando la encontramos - respondió, su mirada cambió por unos instantes, parecía más sería, más… triste. ¿O acaso ese efecto lo daba el reflejo del fuego de la chimenea en sus ojos? - Por suerte, eso estaba escrito en nuestro abecedario, así que pude leerlo sin problemas. Supuse que era su verdadero apellido, apellido que perdería y nunca recordaría que era suyo… así que, yo decidí usarlo, para que no cayera en el olvido. Ah… - suspiró levemente - Apuesto que me consideras una sentimental, ¿no es así?
Tsuna negó con la cabeza.
- Son lindos detalles… - comentó, alegre. Aki le devolvió en respuesta una sonrisa sincera - Entonces…
- Haru es adoptada de la familia Franchesco - completó la frase - Originalmente logró quedarse con la familia gracias a la insistencia de la Señora Franchesco, pero cuando ella murió, era obvio que el Señor buscaba alguna excusa para deshacerse de ella. Y bueno… esa excusa salió esta noche.
Tsuna bajó la cabeza, lo quisiera o no, la culpa se volvía a apoderar de él. No había sido su intención que eso terminara de esa forma.
- Vamos, vamos. Sube esa cara - le animó Aki, risueña - Si soy sincera, creo que es lo mejor que pudiera haber pasado. ¡Estar con los Vongola! ¡Es como un sueño hecho realidad! Hasta deberíamos de agradecerles.
Tsuna rió un poco, de alguna forma esa respuesta logró subirle los ánimos.
- Supongo que debería de decir gracias, señorita… - se detuvo, Aki inclinó la cabeza curiosa ante esa acción - ¿Cómo debería decirle? ¿Selene? ¿Aki?
La mujer le dedicó una cariñosa sonrisa. Por extraño que fuera, sentía hacía ese pequeño un instinto maternal fuerte.
- Como quieras decirme está bien.
Tsuna le devolvió el gesto.
- Selene, será.
- Esto ayuda a confirmarlo, ¿no? - Lampo habló en voz alta - Quiero decir, no hay forma alguna en la eso sea…
No pudo completar la frase, incluso a él le daba cierto escalofrió decir aquello a ligera. Los demás guardianes parecían distantes, perdidos en sus propios pensamientos. Gracias a la batalla sucedida hace una semana, sabían parte de las acciones que había utilizado aquella familia para lograr sus cometidos, aunque aún faltaba mucho para entender completamente todo el plan que tenían trazado. Siendo guiados por la serie de información que los subordinados más débiles les habían contado para salvarse, se vieron sorprendidos al enterarse de que las Franchesco podían tener algo que aquella familia había perdido, una prueba de que lo que decían los subalternos era verdad.
Y ahí estaba la prueba, tan clara como el agua.
"No hay forma alguna en la que eso sea de nuestra época".
- ¿Realmente ellas tenían esto? - Daemon preguntó - ¿Cómo es que…?
- Les fue dado por la misma persona que aparece en unas de las fotos - respondió G - Cuando se los pedí, se miraron entre sí en un silencioso acuerdo antes de darme el sobre y explicarme de donde lo habían sacado.
- Explícanos por favor la historia, G - Giotto le encargó, especialmente era él quien parecía más pensativo y perdido en las nebulosas de su mente.
La tormenta asintió y empezó a contar.
- Hace unos años, cuando buscaban una tutora para el piano se encontraron con una mujer que tocaba de forma maravillosa, pero era muy débil para tan siquiera pensar en viajar, incluso en cortas distancias; las hermanas iban todos los días a la casa de ella para aprender. Aunque no eran muy buenas, ella siempre las alentaba y les decía que siguieran practicando… La casa a donde iban era…
A G se le complicó el seguir.
- ¿Era? - Asari dejó la cuestión al aire. A G le tembló un poco el labio, pero antes de contestar, fue Giotto quien le quitó las palabras.
- La casa de Hayato, ¿verdad?
Un profundo silencio se instaló. Lo único que pudo hacer G fue asentir con la cabeza.
- De pronto, un día la mujer les suplicó que dejaran de ir. Les dijo que se podría poner muy peligroso por aquella zona. Pero antes, como favor, les pidió guardar algo; "como buenas amigas que son de los Vongola" les dijo. Ese algo es el mismo sobre por el que fui hoy, "si alguna vez preguntan por él, entréguenselo, sólo a ellos" fueron sus palabras. Como si supiera…
- ¿Si supiera que unos días después se iban a realizar las masacres? ¿Qué nosotros terminaríamos conociendo aquella pista? - inquirió Daemon - Si no lo estuviera viendo, sería difícil de creer.
- La mujer… - Asari habló con duda - Es la de cabello plateado y ojos del mismo tono, ¿verdad? Se parece mucho a Hayato…
El parecido era innegable. Todos lo podían ver.
En el sobre que le fue dado a G, estaban contenidas diversas fotografías. Pero no eran fotografías que ellos estuvieran acostumbrados a ver, no eran del estilo que se esperaría para ellos. Una fotografía era algo extravagante, especial, algo que no cualquiera podía darse el lujo de tomar. Además, claro está, que no existía ninguna cámara que pudiera fotografiar a color y menos con detalles tan nítidos…
Tal y como mostraban todas las fotos que tenían en frente. Eran ligeras pero resistentes, la textura era diferente, centellaban de color y las personas que en ellas aparecían estaban con ropa que no habían visto antes. Era algo que no se podía realizar con la tecnología de su época.
Pero tal vez, con la de otra sí. En un tiempo más avanzado, con distintos escenarios, distinta vestimenta, distintos artefactos…
Como los que salían en las propias fotografías.
- ¿Quiénes son las demás personas? ¿Por qué sacar una imagen de ellas? - Asari dijo con confusión.
- Podemos suponer que son sus familiares… La verdadera familia de cada quien.
Las verdaderas familias de los niños. O no tan niños ahora.
Tsuna, Gokudera, Mukuro, Hibari, Yamamoto, Ryohei, Lambo, Chrome e incluso Xanxus. Tal vez, hasta hubiera otros familiares de personas que todavía no encontraban.
- Tendremos que seguir investigando - declaró Giotto, taciturno - Me encargaré de comunicarle esto a Ricardo y Alessio. También… - el joven Vongola chasqueó la lengua, no le gustaba molestarla, no a ella, pero viendo como estaba las cosas, era necesario - Contactaré con Sepira. Tal vez ella pueda comprender más que nosotros todo lo que está pasando.
Sepira era casi una leyenda entre Vongola. Lo que se escuchaba de ella eran rumores, sólo los guardianes conocían de su existencia y por qué era tan importante, y de todos ellos, G y Giotto eran los únicos que la habían visto en persona. Sepira era la que conocía de pies a cabeza el Trinesette, la que le había encomendado a Giotto la tarea de cargar con una parte de éste. Simplemente, no podía ocultarle lo que sucedió esa noche, tenía que contarle lo que pasó.
- Mientras tanto, será mejor acabar con esta junta de improviso. Que nos reunamos casi en la madrugada hará que todos los demás se sientan nerviosos, y ya tuvieron una semana bastante pesada esperando a que nos recuperáramos.
La junta se dio por finalizada, aunque hubo muchas más dudas que respuestas.
Cuando Giotto notó que Tsuna no estaba en su cuarto, bajó a la sala de estar donde el fuego aún yacía prendido. Cuando entró a la habitación, no esperó encontrarse con un dormido Tsuna que se acurrucaba en el regazo de Aki con una Haru al lado. La fémina acariciaba ambas cabezas con cariño, con ojos llenos de ternura. Giotto sonrió ante la escena.
- Ah, p-perdón… - susurró la mujer cuando se dio cuenta de la presencia del líder Vongola en la estancia - Y-yo…
Giotto meneó la cabeza, gesto que significaba que no se preocupara. Caminó hasta el sillón y tomó asiento a su lado, llevando una de sus manos a la cabeza de Tsuna para acariciar sus castaños cabellos.
- Me alegra que pudieras hacerlo dormir. Usualmente es muy intranquilo cuando llamo a una junta familiar.
- Me di cuenta de ello - comentó ahogando una pequeña risa.
- También debo de agradecerte por la información que diste, creo que será mucha ayuda en el futuro…
Aki negó con la cabeza.
- Lo único que hice fue contar como encontramos a Haru, no hay porque agradecer eso.
Fue un extraño temblor por la zona, un destello que cruzó el cielo por unos instantes, un humo surgido de la nada y cuando revisaron, el pequeño cuerpo de una infanta que yacía desmayada en el suelo y con un fuerte golpe en la cabeza apareció. Cuando despertó, no recordaba nada además de su nombre, sin mencionar, que hablaba el italiano con dificultad.
El líder Vongola no tuvo la duda de que sus propios niños habían llegado en una situación parecida, aunque no tuviera pruebas para corroborarlo.
- Aun así, gracias por ello - dijo Giotto con una sonrisa amable - Selene.
La mujer no pudo soportarlo más y desvió la mirada, avergonzada. Ahora tenía tanto al padre como al hijo llamándola por su nombre real que no había utilizado durante ya un par de años. Era demasiada emoción para ella.
Giotto soltó una pequeña risa ante la reacción.
Al día siguiente…
Miró al instrumento que se observaba a través de la cortina. Le pareció que distintas escenas en sus memorias se mezclaban entre sí. Sus recuerdos y la realidad se combinaban alrededor de ese objeto.
- Veo que al fin le pones atención - la voz de G se escuchó alta y fuerte, sobrepasando el cuchicheo de las demás personas que llenaban la mansión Vongola - Ya era hora, tenía miedo de tener que decírtelo segundos antes de la presentación.
¿Presentación?
- ¿Cuál presentación?
El Guardián de la Tormenta posó sus ojos en él y con serena calma respondió.
- Tu presentación, claro está. Fue por eso que hice que las Franchesco me trajeran el piano. Lo reconoces, ¿no es así? Sabes a quien le pertenecía.
Gokudera lo sabía.
Ese piano era de su madre.
Usualmente la fiesta de aniversario era algo relativamente pequeño. Pero de alguna forma, la de ese año terminó siendo muy muy grande.
En parte, porque ahora los menores habían superado casi por completo lo sucedido en las masacres y les era mucho más sencillo el comunicarse con las personas y convivir con ellas, lo que hacía que cada más gente quisiera conocerlos; también el hecho de que los guardianes estuvieran en buenas condiciones después del ataque sufrido ayudó a que mucha más multitud se juntara.
Nada que no pudieran soportar por un día.
Durante las celebraciones, la gente podía notar que joven era hijo de que Guardián por la actitud que tenía (además del claro parecido físico). No se tenía que pensar mucho para descubrir que el que sonreía a todos y era cordial, pero se mostraba algo nervioso era el hijo de Vongola Primo; que el que se alejaba de multitud y sólo observaba con un leve ceño fruncido, era el de Alaude; el que se desenvolvía con total facilidad y mostraba gestos y sonrisas engañosas, especialmente cuando lograba callar a alguien con palabras, era el de Daemon; el que gritaba con chillante voz y se robaba los postres, el de Lampo; y así, así.
La única duda que la mayoría tenía en esos instantes era, ¿Dónde estaba G y su hijo?
Y, ¿por qué esa cortina roja a mitad del salón?
¿La visita de un enorme carruaje en la mañana a la mansión?
A decir verdad, la mayoría estaba expectante por aquello.
Tsuna logró escapar de un par de señoras que lo estaban empezando a apretujar y abrazar demasiado con la ayuda de Haru, quien de alguna forma las había logrado distraer con el banquete en la mesa. Por qué claro, aunque literalmente fuera su primer día con la familia, Aki y Haru estaban presentes en la celebración y habían ayudado lo más que pudieron para terminar con los preparativos. Tsuna no entendía cómo es que se atrevieron a correr a Aki, siendo que, aunque sí podía ser algo torpe en ocasiones, tenía un entusiasmo, ideas y una cocina muy buena. El castaño se encontraba gateando entre las mesas de comida, siendo ocultado su andar por los largos manteles de éstas; sinceramente, ya no quería toparse con nadie más por unos momentos. Ya le habían dicho demasiadas veces "amor" por un día. En esas andaba cuando se distrajo al ver a su Tío G pasar cerca de ahí, ignorando a todos como era su santa costumbre y fumando un cigarrillo mientras parecía buscar un buen lugar para estar.
Entonces, chocó con alguien. Suerte que nadie notó como una de las mesas se movió bruscamente pues estaban muy entretenidos en sus propios asuntos.
Ambas personas se sobaron la cabeza, miraron al frente y…
Se aguantaron todo lo que pudieron el no carcajearse en esos momentos.
- ¿Escondiéndote de los invitados también?
Tsuna asintió.
- ¿Usted igual? Señor Giotto.
Sí, la persona con quien había chocado en el pequeño castaño era nada menos que Vongola Primo, quien se había encontrado en una situación muy parecida a la del menor.
- Gracias a Selene… Er, Aki - Giotto se corrigió, sin saber que el propio Tsuna ya sabía el verdadero nombre de la joven y que incluso, al igual que el propio líder, había decidido llamarla por esa forma - Pude escapar. Sólo espero que no la regañen demasiado.
Antes de que el menor pudiera responder, el repentino sonido de una nota musical calló a todo mundo. En la sala reinó un repentino silencio mientras todas las miradas se dirigían hacia una dirección en específico. De entre el mantel, Giotto pudo notar como G sonreía satisfecho.
¿Acaso…?
Rayos, ¿era mal momento para salir por debajo de una mesa? No quería perderse de ningún detalle de lo que iba pasar, especialmente cuando se trataba de Gokudera tocando el piano.
- ¿Un piano?... - preguntó Mukuro para sí mismo. A unos metros suyo, Daemon lanzó un pequeño suspiro.
- Que pocos modales… - susurró el ilusionista - No se puede empezar a tocar enfrente de tantas personas sin una adecuada presentación.
Increíblemente, la niebla caminó directo hacia la cortina, saludó a todos con cortes expresión y se decidió a presentar debidamente el acto.
No le sorprendía que G supiera que secretamente había estado practicando con un viejo piano que estaba en la sala de música de la mansión. Aunque algo desafinado, servía para que sus dedos no se desacostumbraran a tocar música. De alguna extraña forma, no quería olvidarse de cómo se sentía el tacto de las teclas, el crear melodías. Especialmente, no quería olvidar las canciones que su madre le había enseñado.
¿Cómo era que G consiguió exactamente el piano que ella tocaba? ¿Cómo era que había sobrevivido a la destrucción total de la zona en la que vivía?
Acaso…
¿Había sido trasladado antes de aquello? ¿Cómo? ¿Por qué?
Con una ola de nostalgia, sus dedos tocaron ciertas teclas. Notó como al instante el sonido de conversaciones a su alrededor se detuvo, pero no le dio importancia.
"Si quieres tocar, toca. ¿Por qué el esconderse? ¿Por qué el sentirlo como algo malo?"
Las palabras de G volvieron a sonar en su mente.
"Es más, deja de ser un mocoso que busca auto consuelo y siéntete orgulloso de lo que haces. ¿Cuántas personas crees que desearían tocar como tú lo haces?"
Las palabras del estúpido de G.
"Tu hermana también quería aprender, ¿no?"
G, recordándole cosas que se había empeñado en enterrar en su mente.
"¿Por qué no lo haces en honor a ambas?"
Y como siempre…
"Toca con su recuerdo en mente. Ellas estarían felices de escucharte."
Tenía razón.
"Hazlo para no olvidarlas."
Cuando la voz de Daemon dejó de escucharse, Gokudera cerró los ojos, lanzó un suspiro, posicionó sus dedos en las teclas.
La cortina roja se contrajo, dejándolo a la vista. Pero él no lo notó.
Empezó a tocar.
Miles de imágenes llenaron su mente. Aunque borroso, recordaba la blanca figura que se sentaba en una sala vacía de su casa y componía melodías dignas de ser representadas en enormes salones. Recordaba el tacto de unas suaves manos, la vista de una sonrisa sincera, el sonido de una armoniosa voz.
También, recordaba una cabellera larga de color violeta opaco. Recordaba una voz casi tan infantil como la suya diciendo su nombre. El sabor amargo de unas galletas que le dieron de comer. Una risa nerviosa que usualmente mostraba.
Sus dedos se movían con constancia, unas veces con rapidez, otras con lentitud. Del piano emanaba una melodía que recordaba, se llamaba "Statice"(1).
Cada nota estaba cargada con sentimiento, con emoción. Tanto, que incluso una escurridiza lagrima recorrió su mejilla.
G., recargado en la pared con los ojos cerrados disfrutaba de la música.
Tal vez, tal vez aquello ayudaría a sanar el alma tan adolorida de Hayato. O al menos eso esperaba.
"Signorina Lavina, donde quiera que este, ¿puede escuchar eso?" pensó "Tómelo como un agradecimiento por tenernos la suficiente confianza para cuidar de su hijo… y por darnos pistas que podemos seguir para descifrar lo que está pasando."
Exhaló una bocanada de humo de su cigarro. Las personas a su alrededor miraban y escuchaban atónitas, sin prestarle atención a nada más, tanto que Giotto y Tsuna pudieron salir de debajo la mesa sin ser vistos.
"También esto es para ti, pequeña mocosa… Bianchi. He cumplido mi promesa, ¿lo ves? Tu hermano se encuentra bien. Y por mi cuenta cabe que siga así."
Ese momento fue único en su estilo.
Un momento que, incluso con las futuras restricciones que se impondrían a esos recuerdos, permanecería en las mentes de las personas de forma clara. Como una imagen estática que era acompañada por una bella melodía.
(1) La melodía a la que me refiero es una original. Pueden buscarla en youtube como "Statice (Pandora Hearts fan composition)". Créditos a la persona que haya creado tan bella música.
*cofcof* Ejem pues…
¡Una disculpa por la enorme tardanza! No era mi intención tardarme tanto…
Excusas no tengo, tiempo y todo lo demás tenía (el hecho de que tenga varios fics nuevos lo comprueba) lo que me faltaba era convencerme del todo de lo que estaba escribiendo. De alguna manera, se me había secado el cerebro a la hora de escribir para esta historia. Pero, ¡no se preocupen! Desde ahora les prometo que habrá, aunque sea, dos actualizaciones al mes, últimamente las ideas e inspiración de KHR me vienen muy fuertes.
Como recompensa por la tardanza, les dejaré pedirme algo. ¿Quieren que agregue a algún personaje? ¿Qué pase cierta escena? ¡Pueden pedirlo con confianza!
Agradezco a todas las personas que en este transcurso de tiempo pusieron la historia en favoritos y follows, me alegra saber que pese a que la deje abandonada un tiempo, sigue siendo de su agrado.
Arg, ¿saben los frustrante que es ver que de alguna manera fanfiction borró gran cantidad de acentos que tenían los capítulos a la hora en que los subía? ¡Casi me da algo! Por suerte los estoy volviendo a subir y esta vez sí esta reconociendo los acentos, perdonen todas esas faltas narrativas que se dieron por la falta de éstos, nunca se me ocurrió revisar aquello.
Ejem, bueno. Creo que por ahora no tengo mucho decir, sólo volver a agradecerles todo el apoyo que están dando. Enserio, ¡muchas gracias por eso!
Atte: ElenaMisaScarlet
