¡Por fin! ¡Oh, día glorioso, al fin has llegado! Aquí estamos, mis inapreciables seguidoras/es veteranos y novicios! Finalmente he llegado a este último capítulo de mi epopeya mental en homenaje a los cyberhusbands XD
Os debo una ENOOOOOOORME disculpa por haber tardado tantísimo (hijaputa!) en subir este cap. El problema no fue el sexo, obviamente, pero quería enlazarlo de alguna manera con el principio de IRON MAN 3 y he sudado sangre hasta que por algún milagro me han iluminado y he salido al paso.
No quiero daros más la lata así que: ¡a leer!
Capítulo 14º: Deus ex Human
—¿Cómo quieres hacerlo?
El rubio bufó al encontrar graciosa la pregunta, sobre todo en la situación actual. Todavía apenas habían recuperado el aliento y Tony ya estaba pensando en la siguiente ronda.
—Como a ti te apetezca, Tony. Pensaba que eso estaba claro —el hombre se revolvió a su lado entre las sábanas obviamente insatisfecho con la respuesta.
—Bueno, la verdad es que pensaba dedicarte a ti esta sesión. Al fin y al cabo yo ya estuve bastante bien servido la vez anterior. Y ésta, de hecho.
—Tony. Cualquier cosa que hagas me encanta. No le des tantas vueltas o harás que me impaciente.
—Hnm, qué interesante. ¿Cómo es un Jarvis impaciente?
—Muy fogoso.
—Suena tentador entonces —comentó distraídamente pasando los dedos por el abdomen de Jarvis, mirándolo embelesado—. Tengo que reconocer que no me esperaba que el añadido fuera tan… Al margen de cómo… En fin, de lo bien que estás dotado. Dios, ¿es sólo a mí o esto es subrrealista? Has hecho un muy buen trabajo contigo mismo. Quizás debería abrir una nueva sección en Industrias Stark, un departamento para juguetes sexuales. ¿Hay algo más inofensivo que un vibrador o una vagina a pilas?
—¿Son esos nervios, señor Stark? Está divagando —interrumpió Jarvis masajeando sus hombros seductoramente. Tony le miró a los ojos. Le miró como si quisiera comérselo entero allí mismo, desnudo entre sábanas blancas de algodón egipcio. Y Jarvis le devolvió la sonrisa reflejando en sus ojos aquella misma hambre insatisfecha.
Tony se ladeó hacia él mejorando el ángulo para volver a besarle, estimulándole poco a poco y calentando lentamente el ambiente de nuevo. Fue indagador y curioso, explorando con una dedicación apreciativa y maravillada las innovaciones que completaban el cuerpo de Jarvis y le hacían aún más perfecto de lo que parecía ya posible. Si había algo que a Tony se le diese bien a parte de inventar cosas, era el sexo. Lo dominaba tanto en la práctica como en la teoría (sobre todo con la práctica) y siempre disfrutaba con especial placer los nuevos retos por excéntricos que fuesen. Sus progresivos estímulos no tardaron en producir efecto, consiguiendo que el rubio se acalorase de nuevo poco a poco mientras Tony era incapaz de apartar sus ojos castaños del hasta hacía unos minutos fláccido miembro que volvía a llenarse lentamente de nuevo para él. Era asombroso. Sencillamente extraordinario, y a pesar de lo sexual de la situación no podía dejar de pensar en que necesitaba ver cómo coño había podido Jarvis aprender y crear de la nada una mecánica de respuesta erógena. Apenas podía esperar a echarle mano a su código base y comérselo con los ojos. Aunque eso sería después de casi comerse a Jarvis literalmente esa noche en su cama. Aquel dios hecho hombre estaba a punto de hacerle perder el juicio.
—T-Tony, n-no tienes… por qué hacer eso —musitó Jarvis ahogadamente contra su piel al sentir los dedos cubiertos en lubricante del hombre indagando en el acceso a su interior—. Me adaptaré… A-aah… M-me adaptaré en seguida…
—Soy inventor, Jarvis. Siento curiosidad por las cosas mecánicas. Quiero conocer tu cuerpo como la palma de mi mano. Ya sabes, por la ciencia —Tony suspiró en el oído de Jarvis antes de capturar su boca de nuevo con un beso feroz, insistiendo inquisitivamente con sus falanges—. Y todavía no me has dicho cómo quieres hacerlo —añadió con voz ronca contra sus labios mientras la maestría de sus dedos conseguía sonsacarle un estremecimiento y hacer que Jarvis arquease la espalda—. ¿Quieres hacerlo duro? ¿Lento y dulce, quizás? No es que quiera hacerte daño, pero a estas alturas no es lo que tenía en mente. ¿Qué te gustaría más? Si nos pusiéramos un poco morbosos podría atarte a la cama con esa corbata tuya —sugirió Tony con un gesto de la cabeza hacia el amasijo de ropa que estaba esparcida por todas partes en el dormitorio y pasillo sin apartar los ojos de él, apenas era consciente de las barbaridades que decía a causa de todas las posibilidades que se le venían a la mente y se deslizaban obscenamente entre sus labios—, estoy seguro de que te encantaría. O podrías montarme. Joder, eso sería genial, poder verte moviéndote encima de mí. ¿Crees que gritarás al correrte, Jarvis? —ahora lo estaba haciendo a propósito. Estaba siendo descarado y obsceno porque sí, porque podía y notaba cómo el cuerpo del rubio respondía inconscientemente a sus palabras. Finalmente Jarvis alcanzó su punto de no retorno, gimiendo con voz ronca al tiempo que movía su cuerpo incitantemente contra el de Tony sin poder contenerse.
—T-todo. Todo lo que quieras, Tony. Lo que sea —gimió, impaciente. El hombre rió entrecortadamente contra su oído.
—Vamos, dime. Dime qué es lo que quieres, Jarvis —su risa se convirtió en un siseo bajo cuando el siguiente movimiento del rubio envió un placentero escalofrío directo a su hipotálamo al frotar su nuevamente despierto miembro contra la piel suave del interior de su muslo derecho.
—A-a ti. Oh, Tony, por favor…
Suficiente. No podía esperar más, no cuando Jarvis le pedía sexo en ese tono. Con un brazo alrededor de su cintura, Tony echó su cuerpo hacia delante lento pero seguro, guiado por el agarre de aquellas piernas perfectas en sus caderas. Besándolo con fuerza, presionó la cabeza de su miembro y empujó cuando sintió que Jarvis se relajaba contra él dispuesto a recibirle. El rubio jadeó contra sus labios y su cuerpo se quedó rígido apenas un instante al ser penetrado, dejando escapar un quejido seco mientras Tony empujaba una vez más, hundiéndose más profundamente. Entró con una lentitud tortuosa, usando sus manos para acariciarle las piernas, el pelo, el pecho, empujando inexorablemente contra ese punto donde su cuerpo y el de Jarvis estaban comenzándose a unir con más facilidad de la que el propio Tony había anticipado. Ambos gruñeron cuando se deslizó más adentro, despacio, invadiendo la cavidad del rubio para reclamarlo para sí. Los dos estaban jadeando, gimiendo, su miembro abriéndose camino dentro de él. Muy pronto estaba hundido en él hasta la base, jadeando por aire ante el intenso abrazo que lo sostenía. Entonces se detuvo para recuperar el aliento al darse cuenta de que había estado conteniendo la respiración. Tony tuvo que reprimir un gruñido totalmente básico desde lo más profundo de su pecho. Estaba bañado en sudor por el esfuerzo, dominando la tensión y el deseo irrefrenable de seguir, y seguir, y seguir… Jarvis era increíblemente veraz. Su interior estaba caliente, era húmedo y flexible y generaba una constricción insoportablemente placentera a lo largo de toda su extensión que difícilmente se podía comparar a cualquier vagina que el multimillonario hubiera tenido la ocasión de explorar. Resultaba intrigante, adictivo, excitante, creativo y muy obsceno. Básicamente todo cuanto Tony Stark podía pedir del sexo.
—¿Estás bien? —dijo en un jadeo, evidentemente sin apenas aliento ni para hablar.
—Sí, sí. No pares ahora, por favor.
—¿Sientes dolor? —volvió a preguntar todavía inmóvil con los dientes apretados. Sonó más a una afirmación que a una pregunta, apenas podía modular bien el tono de su voz.
—Sí —admitió Jarvis. Sin embargo cuando el hombre levantó la vista hacia él estaba sonriendo, y Tony le entendió. La sensación tenía que ser tan nueva, tan intensa, que no le importaba—. Pero no hace… falta que… Ah, que esperes —susurró contra su piel—. Te lo he dicho, me ajustaré enseguida.
Tony rió entre dientes con una pequeña sonrisa, entonces hundió su boca en la depresión del cuello de Jarvis entre la clavícula izquierda y su esternocleido, comenzando a moverse. Antes de darse cuenta los dos estaban ardiendo, sudando, balbuceando y embistiendo el uno contra el otro en frenesí. El rubio ronroneó algo ininteligible en respuesta. Sí, eso es. Así. Tony apenas podía razonar lo suficiente para pensar en el futuro, en hacer esto una y otra vez preguntándose si en algún momento llegaría a dejar de ser tan excitante una vez que no fuese una novedad. Entonces Jarvis enredó sus tobillos aún más estrechamente alrededor de su cintura moviéndose contra él, acompañando el ritmo lento y profundo que habían iniciado sus caderas. El rubio no era delicado o tímido en sus gestos. Le arrastró más profundamente presionando con sus piernas sobre la cintura de Tony, adaptándose y mejorando el ángulo para encontrar sus envistes mientras sus manos vagaban erráticamente arriba y abajo sobre su espalda, agarrando su trasero brevemente en un movimiento que hizo que Tony se riese sin aliento contra él y acelerase la velocidad de sus movimientos empujando más profundamente dentro de él. Subió el ritmo rápidamente, manteniendo su cuerpo cerca del de Jarvis para que así la nueva erección del rubio quedase atrapada entre la fricción de ambos, usando cada embestida para frotarle insistentemente, escuchando los jadeos y gemidos ahogados que escapaban de su boca. El inventor captó la indirecta y empujó hacia delante, directo contra Jarvis que presionó de vuelta contra él. Jarvis gritó ante la sensación que el simple acto le acarreó y se aferró a los hombros de Tony jadeando por aire, sorprendido por la intensidad. El hombre sonrió ante su reacción, sin detenerse.
—Más, Tony… Por favor… Más…
—¿Te gusta eso? ¿Quieres más?
Jarvis asintió desesperadamente, envistiendo contra el abdomen de Tony en un intento de repetir de nuevo la experiencia.
—S-se siente genial…
—Dios, creo que después de esto podría hacerle un monumento a t-
—Tony. Tony, mastúrbame… —le suplicó el rubio entre jadeos ahogados. Estaba al borde mismo del éxtasis, no le escuchaba—. Por favor, Tony...
Tony se sorprendió mucho de escuchar aquella voz "demasiado refinada para el sexo" suplicar y gimotear abiertamente en pleno éxtasis, respirando su nombre contra sus labios con una necesidad desnuda y herida. Es decir, ¿en serio se suponía que podía negarle algo a Jarvis si se lo pedía así? Tony le obedeció sin dudarlo y deslizó su mano derecha entre ellos hasta atrapar entre los dedos el miembro de Jarvis. Envolvió el nuevamente erecto miembro del rubio y empezó a acariciarlo al mismo tiempo que sus embistes sintiendo que su erección estaba bañada en sudor y en su propio líquido pre-seminal. Los ojos de Jarvis se quedaron en blanco apenas un momento y se aferró a la almohada bajo su cabeza con fuerza mientras empezaba a jadear con fuerza, moviéndose fervientemente. El quejido de la cama y las sábanas bajo ellos era fuerte, adictivo e intensamente provocador. Ambos estaban respirando pesadamente, dominados por la imperiosa necesidad de un aire que parecía estar intentando huir de ellos. Bajó a mirada hacia los ojos llenos de pasión de Jarvis y casi pierde el juicio.
—¡Tony… Por favor… más fuerte!
El control de Tony se desvaneció rápidamente al ver la cara de Jarvis atravesada por el placer. Estaba tan cerca del orgasmo que a duras penas podía contenerse. Lo presiona, lo acaricia, lo frota intensamente haciendo que la fricción fuera muy rápida y placentera. Abrió los labios y al segundo siguiente se estaban besando con fuerza, ambos indomables, fuertes, controladores. Los músculos en los brazos de Tony le tiemblan, pero aceleró sus embestidas y las insistentes caricias de su mano hasta que Jarvis no pudo soportarlo más. Las embestidas se hicieron difíciles de seguir, sentía todo su cuerpo temblar, estremecerse, se arqueaba y gemía descontroladamente. Se retorció sobre las sábanas, ladeando la cabeza sobre la almohada, separó las piernas atrayendo a Tony estrechamente sobre él con ellas, presionando insistentemente. La sensación avasallante de sentirse penetrado por Tony, llenándole por completo, inundándole, perforándole y apoderándose de su cuerpo le dominaba con una pasión exquisita e irresistible. El sudor había aterciopelado la espalda de Tony y sus brazos temblaron por el esfuerzo de mantenerse arriba mientras continuaban con aquel vaivén implacable haciendo que el sonido de las penetraciones fuera hipnótico y se sintiera al borde del abismo.
—Sí, sí… Así… Oh, Tony… Me falta muy poco… No pares… Por favor, se siente genial… Más…
—Sí, Jarvis. Eso es… Vamos, venga, ya casi estás ahí. Así, perfecto… Vamos… Vamos a… Oh, Joder…
—¡A-ah! ¡T-Tony, yo...!
Sintiendo una irreprimible presión en su bajo vientre con una urgencia y una intensidad aún mayor que en su anterior orgasmo, el rubio abrió la boca jadeando intentando avisar a Tony. Fue callado por los labios del hombre que le reclamó de forma posesiva, terminando por ahogar un gemido en su boca. Jarvis alcanzó su clímax con una exhalación, viniéndose de forma inequívoca manchando ambos torsos, contrayéndose, cubriendo la mano de Tony con aquella sustancia caliente y espesa con un par de sacudidas. El orgasmo no era comparable a nada que hubiera experimentado nunca antes y rápidamente fue abrumado por él. Todavía sosteniéndole las caderas, Tony aún estaba envistiéndole, los dedos hundidos como clavos en sus piernas cuando sus empujes se volvieron más duros y erráticos, fuertes cuanto más se acercaba a su propio orgasmo intentando alargarlo lo máximo posible.
—¡Oh, Dios, Jarvis…! ¡Joder…!
Los dedos de Jarvis se aferran a sus hombros con tanta fuerza que el inventor está seguro de que mañana tendrá unas bonitas marcas rojas o amoratadas como recordatorio acompañando su nueva colección de arañazos y mordidas. El mero pensamiento le domina y le arrastra, su respiración cambió, convirtiéndose en un jadeo constante. Finalmente Tony le siguió con una última y poderosa envestida, alcanza la cumbre en apenas un instante diciendo el nombre de Jarvis entre jadeos al correrse dentro del cuerpo dispuesto para él, envistiendo errática y brutalmente contra el rubio una, dos, tres veces, antes de que sus caderas se quedaran rígidas por la tensión liberada en cada uno de sus tendones y músculos enterrado en el rubio tan profundamente como le era posible, desatando los últimos coletazos de su orgasmo hasta que se detuvo y sus brazos no pudieron sostenerle más, haciéndole caer inerte sobre su pecho.
Exhausto, Jarvis dejó su espalda totalmente apoyada sobre la cama, con el pecho subiendo y bajando y el cuerpo de Tony laxo sobre el propio con la respiración en las mismas circunstancias. Se hizo un silencio apacible, no de los incómodo, el silencio nunca era incómodo entre ambos, hasta que Tony se sobresaltó al notar los dedos de Jarvis sobre su piel lentamente cuando ya estaba medio adormilado encima de él, le miró de reojo y éste... Sonreía. Parpadeó varias veces para intentar analizar esa imagen, Jarvis estaba sonriendo, era una sonrisa suave, cansada. La clásica sonrisa satisfecha que se le queda a uno después de un buen polvo. El pensamiento hizo que los latidos de Tony se dispararan. Joder, Jarvis estaba increíblemente sexy de aquella manera.
—Ha sido magnífico —declaró el rubio abiertamente haciendo que Tony soltase una carcajada con el poco aliento que le quedaba.
—La mayoría sólo me dice "wow, Tony", pero eso también me vale. ¿Estás contento? —preguntó quitándose de encima de él y apoyándose en un costado sobre la cama. Jarvis le rodeó con los brazos antes de acurrucarse cerca de Tony en respuesta haciéndole girarse hasta estar de lado mirándose cara a cara, agotados pero satisfechos. O al menos eso creía Tony.
—Otra vez.
—¡¿Qué?! Por Dios Santo, Jarvis. De espíritu estoy dispuesto pero mi cuerpo tiene sus límites, ya no tengo veinte años…
—Soy muy paciente —ronroneó el rubio contra su oreja—. Y tenemos toda la noche.
Tony sonrió irremediablemente. Aquellas eran palabras más propias de él que del rubio con el que ahora compartía corazón y lecho apenas sin darse cuenta, pero realmente no podía importarle menos.
Tony despertó enredado de pies a cabeza con Jarvis. El rubio estaba de lado hacia él, casi abrazándole por completo, con las piernas entrelazadas con las suyas y respirando plácidamente. Tony tardó un instante en comprender que Jarvis seguía durmiendo, o al menos su bioandroide, y que no le iba a ofrecer un despertar como el de la otra vez en el que amaneció perfectamente vestido y pulcramente peinado sin decir "esta boca es mía" sobre la noche anterior. Una sonrisa atontada y totalmente estúpida se dibujó en los labios del inventor nada más mirarle, casi podía verla más que sentirla en la cara. Acababa de despertarse descansado, feliz y sintiéndose muy, muy satisfecho. Y como colofón Jarvis se había quedado con él en la cama. Enterró la cara entre su pelo rubio revuelto, frotando la nariz contra su textura y sonriendo al sentir que el abrazo del bioandroide se fortalecía en torno a él en respuesta.
—Buenos días —susurró Tony con una sonrisa juguetona en la cara.
—Buenos días —contestó Jarvis con la voz ligeramente ronca besándole la frente. El hombre ronroneó justo cuando el rubio al moverse presionó la dureza matutina del inventor contra su muslo—. Tenemos que levantarnos, son más de las once —avisó después de unos segundos en los que ninguno hizo nada. De hecho tampoco hicieron ningún amago de moverse después de que Jarvis añadiese la segunda frase.
—¿Y qué hago con esto?
—Yo recomendaría una buena ducha, tengo entendido que es un gran paliativo. Y dejaría descansar al pequeño Tony si es que sigues queriendo acción esta noche.
—Pues claro que voy a querer —replicó Tony con gesto ofendido. Aunque jamás lo reconocería, estaba reventado. Era vergonzoso, estaba seguro de que ni siquiera el café lograría espabilarle. Y en cambio Jarvis estaba fresco como una lechuga. No era justo.
—Perfecto. Por cierto, la señorita Potts llegará sobre las cuatro —Tony parpadeó.
—¿Qué? ¿Pepper? ¿Para qué? —Jarvis frunció el ceño con desaprobación a pesar de la ternura exasperada con la que se limitó a rodar los ojos.
—¿El informe Hughes? ¿La fusión con las internacionales Roxxon y Hammer? ¿Te suena de algo?
—Oh, mierda…
—Lo trajiste ayer para que yo hiciera tu trabajo por ti, le advertí a la señorita Potts que sería necesario obligarte a tomártelo en serio antes de adoptar una decisión al respecto. No tenías citas para hoy, así que…
—No me jodas, Jarv, que es domingo. ¡No puedes planificar mi agenda sin que yo dé mi consentimiento! ¡Es injusto! ¡Joder, Jarvis es DOMINGO! ¡Soy rico, guapo y famoso, ¿por qué cojones tengo que trabajar también los domingos?!
—Porque eres Tony Stark. Y si hubieras hecho lo que se suponía que deberías haber hecho en su momento, no tendrías que hacerlo.
—Al menos estaremos de acuerdo en que semejante sacrificio se merece un estupendo desayuno, ¿no? ¿Un triple café solo, quizás?
—Puede que este sacrificio no; pero tendrá su café, señor Stark.
Jarvis le dio un suave beso en los labios y desapareció dejando a un somnoliento Tony abrazándose perezosamente a las sábanas.
Pepper miraba a uno y otro alternativamente, no muy segura de a qué conclusión llegar mientras Tony y Jarvis intercambiaban ideas en el taller olvidándose de su existencia durante los aproximadamente diez minutos que llevaba allí. Tampoco es que la pelirroja lamentase estar en segundo plano en ese momento, y aunque viniendo de Tony no era de extrañar semejante despiste, de Jarvis no podía sino pensar que estaba descuidando su atención deliberadamente.
—Perdona, Pepper, ahora estoy contigo.
El inventor hizo un gesto ligero en su dirección dándole a entender que era consciente de que estaba allí. Sí, definitivamente pasaba algo al margen de lo que se traían entre manos con aquellos mini-receptores de frecuencia que Tony aparentemente pretendía meterse en el cuerpo. A todas luces fabricar trajes de forma sistemática empezaba a resultarle demasiado fácil, aburrido, o probablemente ambas cosas. Había una cierta… displicencia en el ambiente, algo sospechosamente apacible teniendo en cuenta que aquel laboratorio/taller había estallado en pedazos y sido reconstruido más de una vez. Tanta calma viniendo de Tony Stark no podía traer nada bueno. ¿Y qué decir de Jarvis? El habitualmente impecable bioandroide con presencia de perfecto caballero inglés estaba tranquilamente sentado en una de las mesas de trabajo, descalzo, vestido con unos pantalones de algodón grises y una camiseta negra de los Red Hot Chili Peppers (cortesía de Tony, obviamente, Pepper jamás entendería el porqué de esa fijación del multimillonario con las camisetas de grupos de rock de los ochenta para andar por casa). La actitud de los dos era perfectamente relajada, distendida, y Pepper no podía dejar de mirarles al uno y al otro con el ceño fruncido.
—¿Se puede saber qué es lo que ha pasado aquí? —preguntó por fin. Los dos hombres volvieron la vista hacia ella, el rubio perfectamente tranquilo y observándola con inteligencia mientras en los ojos chocolate de Tony se podía ver una confusión ligera pero evidente.
—¿Por qué lo dices? No le he hecho nada al taller.
—Eso también es destacable, pero en realidad me estaba refiriendo a esta especie de escena de ciencia ficción.
—¿Qu-?
—Creo que se refiere a nuestra actual actitud distendida en el taller, señor —Tony miró a Jarvis arqueando una ceja.
—¿Actitud? ¿Qué actitud?
—Usted no está trabajando y yo estoy así vestido…
—¿Qué le pasa a tu ropa? Esta mañana me dijiste que te gustaba.
—Mi vestimenta me es indiferente, Tony.
—¿Indiferente? ¿O sea, que te podría haber tenido todo este tiempo por aquí en pelota picada porque la ropa "te es indiferente"?
—Yo no he dich-
—¡Oh, vamos! ¡Con lo que te has colocado ahí abajo no tienes nada de lo qu-!
La mirada alarmada del rubio le hizo detenerse en seco. Hubo un silencio incómodo en que Tony abrió mucho los ojos y miró sistemáticamente a Pepper sólo para comprobar que la mujer pelirroja le estaba mirando como si fuera una especie de atracción de circo. De circo de terror, para ser más exactos.
—No es lo que parece —advirtió precipitadamente.
—¿No habrás…? —musitó Pepper—. No, espera, sí que eres capaz. Es decir, ¿tú…? ¿Vosotros…? —les volvió a mirar al uno y al otro sin acabar de encontrar una manera suave de expresar lo que estaba pensando—. Disculpadme pero esto es muy fuerte.
—Creo que debería sentarse —propuso Jarvis pacíficamente, abandonando su sitio.
—Estoy de acuerdo —Tony se levantó de su banqueta de trabajo y se la ofreció a Pepper—. Si quieres puedo traerte…
—No. no quiero sentarme, no quiero tomar nada, de verdad.
—Quizás debería dejaros solos —comentó el rubio detrás de Tony después de un instante, observándoles alternativamente.
—No.
Tony y Pepper intercambiaron una mirada, habían hablado a la vez.
—No hace falta, Jarvis, quédate aquí, está bien —asintió la pelirroja con suavidad antes de girarse hacia Tony—. ¿Eres consciente de lo que estás… estáis, haciendo?
—Eso depende, ¿qué crees que hacemos?
—¿Os estáis acostando?
—Bueno, técnicamente sólo ha sido una vez, la primera no fue-
—Tony —Jarvis le interrumpió y negó con la cabeza, haciéndole callarse.
—Gracias, Jarvis.
—No hay de qué, señorita Potts —la pelirroja se volvió hacia el multimillonario una vez más.
—Voy a intentar hablarte como amiga, empresaria, presidenta y ex-novia. Así que discúlpame si te parezco poco imparcial sobre lo que te voy a decir.
—Jamás te lo reprocharía —contestó Tony por pura inercia.
—Déjame terminar —el inventor levantó las palmas de las manos en el aire mordiéndose la lengua—. No te estoy haciendo responsable, Tony, es evidente que lo que os traéis no depende sólo de ti pero… ¿Entiendes en la situación en la que podrías encontrarte si el secreto de Jarvis se difunde? ¿Lo que sería de tu imagen pública si llega a saberse? ¿De la empresa?
—Soy consciente.
—¿Y? —Tony se encogió ligeramente de hombros.
—No me parece tan grave, ni tampoco me asusta un poco de…
—Ese es el problema, Tony. Que a ti no te asusta nada —le reprochó la rubia con dureza antes de tomar aire y armarse de paciencia—. Tony, el mundo no ha vuelto a ser el mismo desde el ataque a Nueva York de Loki y los Chitauri. Han pasado varios meses, te has estado entreteniendo con tus juguetes y ahora tienes un club de súper-amigos del que formar parte y sentirte orgulloso. Todo eso está muy bien y me parece estupendo, pero esta temporada sabática se tiene que acabar. Por mucho que te empeñes en ignorarlo los gobernantes y presidentes de muchos países esperan que Industrias Stark haga algo, están esperando que les proporciones un nuevo método de protección que les defienda-
—Nada más lejos de la realidad, no tengo la más mínima intención de hacer tal cosa.
—Pues en algún momento tendrás que dar la cara y demostrarlo.
—Por mí no hay problema, Pep.
—¡Por Dios Santo, Tony! ¡Eres un tozudo!
—¿Estás de broma? Mr. Fury se me echaría al cuello en un abrir y cerrar de ojos. ¡Y la Tierra está bajo protección oficial de un Dios, por todos los santos! El musculitos rubio no va a dejar que nos pase nada.
—¿Y qué vais a hacer mientras tanto? ¿Esperar a que nos ataquen otra vez y entonces salvarnos tú y tus súper-amigos?
—Independientemente de lo que pueda pasar tomaré medidas, pero no haré nada si SHIELD no me lo pide —Pepper encarnó una ceja con escepticismo y Tony se encogió de hombros—. Me hizo ponerlo por escrito cuando accedí a formar parte de la Iniciativa Vengadores. No es que me sienta cómodo con ello, pero… —dejó la frase en el aire, sin encontrar necesario terminarla.
La mujer pelirroja suspiró por fin, resignada. Miró a Jarvis, que le devolvió la mirada con aquellos imposibles ojos celestes llenos de audacia. No quería pensar que él la había reemplazado en la vida de Tony, pero era tan extraña la idea de aquel ser compartiendo tan íntimamente la existencia del inventor que resultaba difícil no sentirse alarmada, incluso un poco celosa. Pepper siempre había sabido del apego casi crónico de Tony hacia sus inventos. TONTO, JARVIS y Dedos de Mantequilla habían sido más compañía para él que la mayoría de las personas que conocía. Quizás era un paso natural en su relación existencial, por muy irreverente que fuese. Sin embargo Pepper no terminaba de sentirse tranquila con ello. Seguía siendo demasiado extraño, intuía que existía un peligro velado en todo aquello que jamás desaparecería por muchos protocolos de seguridad y cortafuegos que los separasen del desastre. Y en aquella breve pero intensa mirada que compartió con el rubio que estaba de pie un paso por detrás del hombre moreno, supo que Jarvis también era consciente, que no lo olvidaría y que no consentiría que el peligro que él mismo podía suponer afectase a Tony de ninguna manera. En otras palabras, Pepper supo que estaba a salvo con él, así que decidió no pronunciarse al respecto y limitarse a hacerle saber al rubio por la expresión de su rostro que más le valía cuidar de aquel hombre como se merecía.
—Quizás sea mejor dejar el asunto del informe para otro día después de todo —dijo lentamente sin apartar todavía los ojos de Jarvis.
—Me parece bien —contestó Tony enseguida. No era ajeno a la especie de intercambio mental entre el rubio y la pelirroja pero dada la situación probablemente era mejor dejarlo correr.
—Tendrá que ser esta semana sin falta.
—Dame día y hora y allí me tendrás.
—Te enviaré un Mail. Nos vemos pronto, Tony.
—Bye, Pepper.
—Que tenga un buen día, señorita Potts.
Pepper se fue. Tony se dejó caer en el taburete y se quedó allí sentado, pasándose los dedos por el pelo pensativamente antes de suspirar hondamente con desgana.
—Creo que ha sido raro —declaró con gesto abstraído mientras balanceaba entre los dedos su micro-soldador eléctrico—. No incómodo…, sólo raro.
—Sigue la línea de la mayor parte de tus conversaciones cuando se trata de un asunto personal.
—Muy gracioso, Jarv.
—Intento superarme a diario, señor.
—¿Tú qué crees que debería hacer? No has dicho una palabra.
—Creo que la señorita Potts tiene razón. Al menos en la mayoría de los aspectos.
Jarvis se mordió el labio inferior distraídamente. Ni siquiera él mismo estaba del todo satisfecho con su propia respuesta, pero la parte racional de su ser le obligaba a ser honesto. Siempre había sabido que aquella paz y tranquilidad no podía prolongarse mucho más. Habían muerto muchas personas en Nueva York. En los edificios, las calles, los coches. La presión mediática con la que Tony estaba acostumbrado a lidiar se había duplicado desde que se había hecho oficial la existencia de la Iniciativa Vengadores. Seguramente sólo el Capitán América podía rivalizar con Iron Man en ese aspecto por ser el héroe revivido del siglo pasado, mientras que los agentes Romanoff y Barton estaban protegidos por la discreción que les conferían los Servicios Secretos y el Dr. Banner seguramente estaría en algún rincón perdido del mundo donde era poco probable que nadie jamás reconociera su esquivo rostro.
—Mira, Jarv, sé que a menudo parezco un inconsciente y tener ideas que aparentemente carecen de sentido común la mayoría de las veces, pero hazme caso, sé lo que me hago. Además, ¿de verdad que ninguno os fiáis de mí?
—El problema en realidad, Tony, es que confiamos plenamente en ti por absurdo que parezca lo que quiera que hagas.
Tony levantó la vista hacia él y sonrió afectuosamente.
—Entonces pásame el siguiente receptor, quiero tenerlos todos terminados esta misma semana.
—El MK42 aún no está testado, señ-
—¡Aventura, Jarvis! ¡Aventura!
—Como quieras, Tony —obedeció Jarvis con gesto displicente.
C'est finí! T.T siempre me deja un poco triste dar por concluida una historia a pesar de haber disfrutado tanto escribiéndola, supongo que una nunca se acostumbra.
Tengo unos cuantos apuntes para un one shot bastante sexy con cambios de papeles y ese tipo de cosas (vestigios de mis archi-dilemas sobre el catre XD), quiero animarme a escribirlo ya que sería algo cortito (5.000/10.000 wrd), aunque primero me gustaría sinceramente escuchar vuestras opiniones sobre éste y (obviamente) aceptar sugerencias para dicho mini-proyecto.
Me ha encantado la experiencia de compartir esta historia con vosotros/as, sinceramente no esperaba el recibimiento que al final ha tenido y me siento muy contenta. Espero a su vez que la gente se anime a escribir cosillas de estos dos, no hay demasiados en inglés que merezcan la pena y sería genial que comenzasen a aparecer más fanfics en español.
No sé qué más decir a parte de disculparme por el monumental retraso, espero que al final haya merecido la pena. Nos vemos pronto! —Yuriko
