Yo sigo aquí/ Alex Ubago
CAPÍTULO XIII:
Llévame Contigo.
Leonardo se puso de pie sobre la cornisa.
La ciudad abajo y alrededor se extendía como una sábana de luces, enorme y vasta, tanto espacio, tanta gente… y de alguna forma siempre parecía poco, de alguna forma siempre era insuficiente, de alguna forma siempre se sentía desprotegido y expuesto.
La sentía ahí, sobre su hombro, junto al oído. Sentía que en cualquier momento iba escuchar su voz, que en cualquier momento la tendría en frente, y no importaba qué tan grande fuera una ciudad, qué tan grande fuera el mundo, no se podría esconder. Ella estaba en todas partes, siempre por siempre ahí, junto a él, escondida en la oscuridad, dentro de su cabeza, arrastrando su odio, deseando venganza.
¿Por qué no darle lo que quería? ¿Por qué no ofrecerse en sacrificio para que todo acabara de una vez?
Tentador. Y probablemente merecido, pero completamente inútil: Podía hacerlo, podía entregarse y dejarla hacer hasta que se saciase, pero sabía como sería: Karai no descansaría con él, no, jamás, una vez muerto iría tras los otros, tras cada persona que significara algo para él. No, la cosa no acabaría ahí, estaría recién comenzando.
Raphael insistía en que ese era un asunto común, un negocio familiar...
Sonrió.
No era así. No era para nada así. Karai era un asunto personal, se volvió personal desde que fue él quien hizo rodar la cabeza de Saki; había sido él el que lo comenzó todo, nunca lo quiso, nunca lo pidió, jamás fue su idea tomar en sus manos una venganza que no le correspondía, Shredder nunca debió ser su oponente. Nunca. Pero el hecho era que él lo había terminado y de la misma forma como lo había terminado lo había hecho recomenzar, en un maldito círculo sin fin.
La venganza era un espiral sin fin, suspiró. No era justo. Él nunca lo pidió así.
Hubo un tiempo en que le gustaba, en que la idea de encontrarse con Karai en la noche, en cualquier momento, sin ningún aviso, podía ser agradable, hubo un tiempo en que gracias a ella no se sintió tan solo.
¿Cuánto había pasado desde la última vez? Bastante, Splinter aún vivía, fue prácticamente lo último que hizo antes de irse para siempre, fue su idea atacar primero, fue su idea terminar con todo de una vez, dejar de sólo de defenderse, debía de haber presentido que no le quedaba mucho, creyó que podía ayudarles a deshacerse de una vez del enemigo, de forma que pudiera irse con la idea de que vivirían en paz.
La idea había sido buena, en parte. Al menos Shredder estaba muerto. Muerto al fin. Muerto de una vez por todas. Todo cambiaría. Las cosas cambiarían por fin. Creyó que estaba poniendo fin a una maldición y al instante siguiente en que Saki caía muerto, surgía otra en el mismo lugar, quizás incluso más terrible.
Se lo preguntó mientras le clavaba la katana en el pecho ¿Por qué? Ella podría haberse negado, podría haber ignorado la orden, de no ser por él, no estaría viva ahora, acababa de salvarle la vida y, Dios, lo había hecho sin siquiera dudarlo...
Pero ¿Acaso le quedaba más opción a ella? ¿Acaso no vio tristeza en su cara por un breve instante? ¿Acaso no estaba ella atrapada igual que él? ¿Había algo que reprochar entonces? Si… Porque todo resultó ser un enorme engaño.
Si alguna vez la había respetado, había sido porque creía que, al menos, siempre había dicho la verdad. La sola idea de que hubiera algo limpio entre la podredumbre de Shredder, algo que él no hubiera manchado aún, algo que a pesar de todo aún permaneciera puro, le daba esperanza. Lo llenaba de fuerza, incluso mientras luchaba con ella… Le daría una oportunidad, le daría la libertad que tanto deseaba, una vez que Shredder muriera, ya no habría obligación, ya no habría la constante humillación de tener que servir a tan indigno amo.
Ella le dijo en una ocasión, que mantener su promesa de seguirlo a donde fuera era el último rastrojo de honor que le quedaba, que ya había sacrificado todo lo demás gracias a él. Shredder la había hecho cruel, le había enseñado a odiar, le había enseñado a matar sin remordimiento, a matar por placer. Ella se daba cuenta de cómo la había condenado, pero no tenía vuelta atrás, si lo dejaba, entonces no le quedaría nada que no hubiera traicionado ya. Podía ser contradictorio, pero era la ramita de la que se sostenía para no caer, para sentir que valía algo. Podía dejarlo, podía haberse unido a él y derrotarlo, pero entonces qué quedaría.
Y Leo le creyó. Ilusamente creyó que era noble de su parte no ignorar su juramento de lealtad, aún cuando se lo debiera a semejante dragón. Eso sólo lo hizo respetarla más.
Pero entonces Shredder murió y el odio se apoderó de ella.
Respiró profundo.
No la veía desde hacía mucho, debió haber meditado antes de salir, no estaba concentrado. Tampoco había comido nada y eso le tenía los sentidos alterados, cada pequeña cosa le hacía volver la vista.
Una parte de sí no se sentía preparada; la otra estaba ansiosa.
Tal vez esa noche todo pudiera acabar al fin, tal vez esa noche se acabara todo, una parte de sí lo quería con todas sus fuerzas, para bien o para mal, la otra le decía que debía haber meditado antes de salir, calmar sus sentidos.
Suspiró profundo, frotándose los ojos con una mano.
Habían ocasiones en las que se sentía como el padre de una niña pequeña, una niña muy, muy pequeña...
.- Sal de ahí de una vez.- Dijo cansado.
La sintió moverse suavemente hacia él, la sintió volar a un lado y caer apenas haciendo un murmullo sobre la cornisa, casi sin hacer ruido. Había una parte de sí que se sentía orgulloso de eso.
.- Ufa...- Dijo una voz a un costado, apenas alzando la voz.- Creí que lo estaba haciendo bien ¿Cómo me descubriste? ¿Estaba haciendo mucho ruido?
Leonardo se volvió hacia ella, estaba a unos seis metros de distancia, vestida de negro, pero los brazos al descubierto: la piel blanca y el pelo sin cubrir la hacían brillar en la oscuridad ¿Por qué tenía que ser tan descuidada?... Pero no la había descubierto por eso. Se dio un toque en la nariz con un dedo y Fé lo miró extrañada.
.- ¿En serio? ¿Mi olor? Eso es algo perturbador…
Leo se volvió a mirar la ciudad sin replicar. Fé se le quedó mirando, esperando. Podía ver que estaba disgustado. Más que disgustado. Tal vez más allá del alcance de su encanto.
.- ¿Cómo me encontraste?- Le preguntó, sin volverse a mirarla.
.- Sucede que soy bastante buena en lo que hago… Todos lo saben, eres el único que parece subestimarme.- Dijo, con una nota de resentimiento en la voz.
.- No se trata de tus habilidades, estoy cansado de que intentes convertirlo todo en un desafío...
.- Y yo estoy cansada de que estés constantemente haciéndome a un lado.
Leo aguardó un segundo antes de contestar.
.- El pacto de no me molestar fue idea tuya. Yo no me meto en tus negocios, tú no te metes en los míos.- Siguió, ácidamente.
A ella no le quedó más remedio que aceptar que no estaba en terreno amistoso.
.- No me puedes pedir que me quede afuera de esto…
.- Si no puedes mantener tus propios acuerdos, cómo esperas que confíe en ti.
Fé arrugó la cara… Podía ser tan frío a veces.
.- Eso no fue justo.
.- Sólo me seguiste para demostrarme que podías hacerlo. Ya lo hiciste. Ahora te puedes ir.
.- Si te seguí era porque estaba preocupada.- Dijo y la voz le tembló un poco. Se le quedó mirando, tratando de entender. Casi podía tocar la barrera que había puesto entre ellos. La alejaba, se esforzaba en mantenerla lo más lejos posible y lo sentía tan claramente que dolía. Se acercó más a él pero aún permaneciendo a distancia prudente.
Leo no contestó por un rato. No, quizás no estaba siendo justo, pero aunque se molestara con él, no la quería ahí.
.- Te pedí que te quedaras.- Dijo.- No puedo enseñarte si no eres capaz de seguir una simple instrucción.
.- ¿Es eso lo que soy ahora? ¿Sólo tu alumna?
.- Si sólo fueras mi alumna, te patearía el trasero tan fuerte, que no volverías a hacer esto jamás.
.- Oh, eso es genial, Leo. Simplemente genial.
.- Fé… Por favor. Vete a casa.
.- No.- Le dijo, acercándose más a él.- No lo haré.- Leo se volvió a verla con brusquedad.- No aceptaré que me hagas a un lado en esto, no de nuevo. Así que decide, o me llevas contigo, o encontraré la forma de hacerlo por mi cuenta. Y sabes que lo haré.
Fé trató de copiar esa expresión, esa máscara que Leo era capaz de crear y que ocultaba cualquier emoción o sentimiento. La odiaba, pero que era lo único que serviría si lo que quería era medir su voluntad con la suya. No iba a ceder. No volvería a ceder en eso nunca más.
Además, tenía que ver a esa mujer: El hombre que había visto parado junto a ella en la imagen del computador, era el hombre que alguna vez había sido su padre. Esa mujer la llevaría hasta él y él la llevaría hasta las respuestas que había estado buscando durante todo ese tiempo.
Leo sólo sacudió la cabeza negativamente.
.- No, Fé. No pongas a prueba mi paciencia.
.- No, Leo. Tú no pongas a prueba la mía.
Leonardo se le quedó mirando con cuidado, tratando de sopesar qué tan en serio hablaba. Finalmente volvió la vista al frente otra vez.
.- Está bien.- Dijo él al fin.- Vendrás conmigo. Pero vuelve a desobedecerme y te quedas sin maestro.- Le dijo. Ella no contestó.- ¿Está claro? - Insistió él.
.- Si, si...- Dijo Fe de mala gana. Se volvió a mirarlo otra vez, resentida.- ¿Será que alguna vez vas a poder confiar en mi? ¿Por qué demonios me haces a un lado de esta forma?
Leo botó el aire que había estado reteniendo. Por primera vez en todo ese rato se atrevió a relajar su expresión.
.- Si te mantengo al margen es por una buena razón. Lo que no sabes podría salvarte.
.- No… Eso es una estupidez. - Fé bajó la voz, apenas si podía escucharse.- Si quieres mantenerme al margen de tu vida, entonces podría simplemente desaparecer de ella ¿Haría eso las cosas más fáciles para ti?
Leo guardó silencio por un buen rato, sin volverse a mirarla, sin hacer un movimiento. Fé esperaba, conteniendo la respiración.
.- No. No haría las cosas más fáciles para mí.- Contestó al fin, al fin volviéndose a mirarla, al fin dejando ver una sombra de emoción en su cara, más que nada preocupación. Fé respiró aliviada y se volvió hacia él.
.- Entonces, Leo ¿Quién es esa mujer?
Leo asintió, yendo a sentarse en la cornisa. Ella hizo lo mismo y él comenzó a tratar de resumir años de historia en unos cuantos minutos.
2.-
.- ¿Estabas enamorado de ella?- Preguntó Fé cuando Leonardo terminó el relato. Leo sonrió y negó con la cabeza, sabía que preguntaría eso.
.- No. Era demasiado joven para pensar en nada de eso. Era demasiado joven... demasiado desesperado por saber si todo en lo que creía era verdad...- Dijo, con la mirada perdida en la nada.
.- ¿Y? - Lo instó ella. Él volvió a sonreír.
.- Aprendí que no era necesariamente mentira, y que las palabras no decían necesariamente la verdad.
Entendía muchas más cosas ahora, pero mientras más sabía, con menos fuerzas se sentía… No se había dado cuenta, de cómo el peso lo había estado quebrando a lo largo de los años, de como lo iba aplastando de a poco, sólo había seguido adelante, sólo siguió… Para cuando se dio cuenta, no supo qué hacer, no había forma de librarse de la vida a la que estaba atado, demasiado lejos de todos, demasiado metido en las sombras… Habían comenzado a tragárselo y él simplemente se estaba dejando tragar.
Ahora, por primera vez en mucho tiempo, creía que todo podía cambiar para él. Que por fin todo podría cambiar.
Se volvió a mirarla.
No podía permitirse sonreírle en ese momento, aunque sentía unas ganas enormes de estrujarla entre sus brazos. Fé debía entender que no estaba jugando, que nada de eso era un juego, si algo llegaba a pasarle, entonces él...
Dios, no sabía que sería de él… Jamás había sentido un miedo así antes.
.- ¿Sigues molesto conmigo?- Preguntó ella.
.- ¿Todavía insistes en acompañarme?- Preguntó él a su vez, sin volverse a verla.
.- Sí...
.- Entonces la respuesta es sí.- Dijo, poniéndose en pie.
Fénix no dijo nada, sólo se quedó con la mirada clavada en el suelo. Leo le echó una ojeada al camino frente a sí mientras la sentía ponerse de pie junto a él.
.- Sigue mi paso. No te retrases, no voy a esperarte.- Le dijo, apenas en un susurro.
No esperó respuesta y sin preparación siquiera se lanzó hacia la azotea siguiente.
TBC
