Capitulo 14

-No te fue bien con papá ¿ha?

-¿Es tan obvio? – replicó Saga con clara ironía en su voz a la innecesaria pregunta que le había hecho Aioros. El peliazul llevó los dos pares de índice y medio hasta sus sienes, masajeando con fuerza. Intentado suprimir el agobiante murmullo que se repetía dentro de su mente y le ocasionaba la peor de las migrañas.

Aioros se acercó hasta él y luego de dudarlo por un microsegundo tomó asiento a su lado exhalando pesadamente. Aquella cena había estado cargada de silenciosos reclamos, pesimistas suspiros y asesinas miradas; y aunque acostumbrado a que el receptor de aquellos sentimientos fuera su progenitor, no podía dejar de resentir que casi todos los comensales hubiesen preferido no estar en la misma habitación que su padre.

Saga y Shion se habían retirado al estudio de Dohko poco después de la llegada de Dino y ahora su amigo regresaba más tenso de lo que le había visto desde que se reencontraron. Supo del problema con Sunrei por Milo, quien rencoroso no dejaba de proferir quedos insultos a su padre.

Por como había regresado Saga, no parecía haber solucionado nada y eso, sin duda, le traería como consecuencia los reclamos a dos hermanos molestos.

-Talvez pueda ayudarte ¿Qué sucedió?

Saga resopló cansado.

-Tu padre es un hombre muy testarudo – inició con la voz amarga- Sunrei aun trabaja aquí si es que quiere regresar, pero no aceptó haber obrado mal con ella. –concluyó resoplando fastidiado y levantándose de la cama. Talvez si remojaba su rostro no lo sentiría tan caliente.

Aioros pasó una mano por su cabello. Sí, él sabía de lo necio que podía ser su padre pero quería ayudar al peliazul.

Se levantó alcanzando a Saga en el baño, éste aun permanecía con los rastros de agua en su rostro y por un momento toda función cerebral del de cabellos chocolate cesó por completo; la imagen de Saga con el cabello ligeramente humedecido, pegado apenas al contorno de su rostro, sus largas y tupidas pestañas oscuras delineando la media luna de sus parpados cerrados ocultando las pupilas esmeralda. Los formados labios tiritando ligeramente y un poco más coloreados que su tono natural…

El intenso escalofrío que recorrió su espina dorsal y que se arremolinó en su bajo vientre lo hizo despertar, tragando saliva pesadamente.

Con la respiración levemente alterada, Aioros se plantó frente a Saga y su cercanía hizo que el peliazul abriera los ojos y los fijara curioso en su amigo.

-Luces pálido – susurró Aioros con la voz ronca y sintiéndose un poco demasiado atrevido, gracias al aturdido estado que la sola presencia de Saga causaba en él; levantó su mano y alcanzando la mejilla del otro en donde frotó lento su pulgar. -¿Estás bien?

Saga negó apenas, con un leve movimiento de cabeza y cerró los ojos, ladeando el rostro hacia la cálida mano que lo confortaba tan tiernamente. Sentía necesitar tanto aquel gesto y la calidez que le transmitía parecía acallar la voz de su cabeza.

-No he dormido bien… -se excusó- Kanon… Papá… y con lo de Shura… - se detuvo antes de terminar esa frase. Abrió los ojos y clavó su afligida mirada esmeralda en el moreno.

Aioros asintió a la suplica de Saga. Entendía. Realmente entendía, pero en ese momento la vulnerabilidad del gemelo lo hacía aun más atractivo a los ojos del joven Belier.

Y cedió.

Se inclinó sobre Saga eliminando la distancia que hasta entonces los había mantenido alejados. Cuando sus labios rozaron los del gemelo una intensa descarga recorrió su cuerpo y en reacción, sus brazos se enredaron en la figura de peliazul, abrazándolo con la añoranza y ansiedad que lo había consumido internamente desde que se reencontraron.

Saga se quejó bajo con el inesperado movimiento, mas sus manos encontraron el camino hacia los rizados cabellos chocolate del otro, revolviéndose entre ellos, acercando aún más sus rostros y haciendo que la presión de sus bocas fuese más profunda, mucho más cargada.

Ambos partieron los labios y dejaron que sus lenguas que hacía tanto no se saludaban, se engancharan en un apasionado baile de bienvenida, cuya música era proporcionada por los jadeos ahogados y las alteradas respiraciones de sus protagonistas.

La urgencia con la que se buscaban sus labios terminó por sofocar sus reservas de aire y tuvieron que separarse. Pero ambicioso, Aioros mudó la posesión de su boca hacia el pálido cuello de Saga, entreteniéndose en cada centímetro de piel disponible para ser besada. El peliazul echó hacia atrás la cabeza contento por las atenciones que recibía. Extrañaba tanto ser el centro de atención de alguien.

Las manos del moreno se colaron hábiles por debajo de su camisa, provocándole miles de escalofríos en la piel, la sensación fue tan poderosa que todo él se sintió estremecer y buscando algo de estabilidad entreabrió los ojos. Su mirada seminublada por el naciente deseo creyó por un momento estar viendo su imagen en el espejo del baño pero… su reflejo le miraba con asombrada incredulidad.

Un intenso ahogo inundó su pecho, algo no estaba bien en esa imagen.

Parpadeó despejando la neblina de sus ojos reconociendo finalmente que aquel que le miraba con desolación en los ojos no era otro más, que aquel por quien había estado agonizando durante días.

¡Kanon! ¡No! ¡No me mires, no ahora… no así…!

Aioros sintió la estaticidad que se apoderó de la figura que sostenía entre los brazos y extrañado levantó la cabeza. El rostro de Saga se mostraba completamente aterrado, sus ojos jade exageradamente grandes y titilando con vergüenza; llenos de insoportable culpabilidad, como si hubiera sido sorprendido cometiendo el más infame pecado. Sus abusados labios tiritando, a medio camino de pronunciar algo y nunca atreviéndose a hacerlo, parecían formar una semi invertida curvatura que definía un gesto de incredulidad y amargura en su faz.

Desconcertado por el súbito cambio, el hijo de Shion giró medio cuerpo para buscar aquello que mantenía la mirada de Saga enganchada y llena de sufrimiento ¿qué había sido capaz de alterar de esa manera al gemelo?

Al otro lado de la habitación, congelado a sólo unos pasos del baño Kanon permanecía con la mirada clavada en los dos jóvenes que aun –inconscientes- continuaban con sus brazos enredados uno en el otro. Esos ojos esmeralda, que nunca perdían su característico brillo alocado, ahora permanecían oscurecidos por el increíble dolor que desbordaba cada moribundo titilar de sus pupilas. Kanon formó una amarga sonrisa en los labios antes de dar media vuelta y desaparecer de la habitación.

Sólo en ese instante, cuando el incómodo vacío llenó la habitación fue que Saga reaccionó.

-¡KANON! – el desesperado grito del gemelo sorprendió al moreno, tanto como la urgencia con la que se deshizo de sus brazos para salir de la habitación.

:::oOo:::

-¿A dónde crees que vas jovencito?- Retó Shion a un Milo que estaba por salir para reunirse con sus amigos y olvidar el mal rato que había pasado en su propia casa. Al escuchar al esposo de su padre, el joven de alborotada cabellera se giró levantando el rostro orgulloso, para clavar su dura y desafiante mirada en el hombre mayor.

-Fuera. ¿Qué no es obvio? – espetó con sarcasmo y altanería. Shion arrugó el rostro ante el desplante del menor.

-No lo harás. –Contradijo severo- En ausencia de tu padre yo soy responsable de ustedes y no te autorizo el salir.

-¿Qué no… me autoriza…? –Masculló incrédulo Milo, para un segundo después afilar la mirada frunciendo las cejas- ¿Y quién demonios se cree que es para autorizarme nada a mí? ¡Que se meta en la cama con mi padre no lo autoriza a meterse conmigo! - espetó con malicia, acentuando su burla en la palabra que el mismo Shion usó.

-Insolente crío majadero- replicó Shion con imponente frialdad, sus ojos destellando con furia se clavaron intensamente en Milo.

El joven tragó saliva con dificultad al verse recipiente de aquella mirada llena de afrentada soberbia; sus ojos se abrieron con incredulidad y sorpresa al ver como Shion levantaba su mano y la dejaba caer contra su rostro. Instintivamente Milo cerró los ojos esperando sentir el ardor que dejaría en su piel la segura bofetada que se avecinaba.

El golpe no llegó.

-Nunca vuelva a levantarle la mano a ninguno de mis hermanos.- la amenazante voz de Dino hablando entre apretados dientes sí.

Milo abrió los ojos al instante. Frente a sus ojos Shion aun permanecía con el brazo elevado y con la mano a sólo centímetros de su rostro, deteniendo por el fierro agarre que Dino casi a espaldas del Belier mantenía sobre la muñeca del peliverde.

-Suéltame.- Demandó tajante Shion. Dino no lo hizo. No le importaba qué hubiera hecho el menor. Nadie. Absolutamente nadie tocaría a ninguno de sus hermanos. Dohko nunca lo hizo ¿quién jodido se creía este hombre para intentarlo él?

Las chispas de odio entre ambos no tardaron en saltar al no ceder ninguno y probablemente se habrían convertido en hoguera descomunal de no ser por una tercera voz interviniendo.

-Dino. Suéltalo – Ordenó Saga en un tono que le dejó claro debía acatar, a pesar de escuchársele respirar entrecortado. El de cabellos cortos arrugó el ceño por ello y tras unos segundos más de tenso silencio, soltó desdeñoso el brazo que detenía. Sus retadoras pupilas nunca dejaron de enfrentarse a los altivos ojos de Shion; ni cuando le detenía, ni cuando se movió para plantarse defensivo frente su hermano menor.

Saga miró a los tres con irritación e ignorando el horrible zumbido dentro de su cabeza que le ensordecía de escuchar su propia voz, clavó su mirada en el muchachito de ojos turquesa que mostraba en su rostro un indiscutible gesto de incertidumbre.

-Milo. A tu habitación.

-P-Pero yo iba…

AHORA! –El menor se sobresaltó con el imperativo grito que profirió su hermano. Contadas veces lo había visto tan molesto y alterado como se le notaba en este momento y francamente, no era una situación que quisiera enfrentar. En una mezcla de orgullo por ser hermano de aquel imponente joven y lástima -por Shion- al ser ahora el receptor de aquella furia, Milo se alejó hacia las escaleras cruzando a su paso con un Aioros que desde ahí presenció lo sucedido y ahora se quedaba en una estancia llena de tensión y enemistad.

:::oOo:::

Kanon ignoró el llamado de su hermano cuando salió de la habitación. No quería escucharlo. No podía. Todo lo que oía era el retumbar de su acelerado corazón y el sonoro respirar con el que sus pasos se alejaban a toda prisa de aquel lugar. Sólo quería desaparecer, arrancarse esa abrumadora sensación que le quemaba las entrañas y le estrujaba el pecho; la misma que ardía con furia dentro de sus venas y le impulsaba a querer lastimar a su hermano y asesinar a ese maldito Aioros.

Arrugó e ceño y aceleró el paso, entre más pronto llegara al bar mejor. Esta vez nada le detendría de calmar esa dolorosa ansiedad que lo consumía con un abundante y ardiente trago. ¡No, no sólo con un trago! ¡Con la botella entera! ¡Con toda la barra! ¡Con la bode…AAGH!!

El delirio del gemelo se detuvo de golpe cuando se estampó de frente con otra persona. Con el impulso ambos terminaron en el suelo.

-¡Maldita sea! Hijo de…

-Kanon…- La palabra fue susurrada tan bajo que el gemelo hubiera jurado que nunca fue pronunciada de no ser por el escalofrío que estremeció su cuerpo al reconocer no sólo la voz que le llamaba sino el innegable desasosiego tras ella. El gemelo levantó la mirada para reafirmarse lo que ya sabía, la persona con la que chocó y que había emitido aquel lamento era su hermano Shura.

-¿Shura, qué pasa? –preguntó de inmediato, para Kanon no pasó desapercibido el extraño mirar en los –generalmente pacíficos- ojos del menor, ese exceso de contenida humedad y lo irritados que estaban. Una imagen que no recordaba haber visto en muchísimo tiempo. Desde que el menor era tan solo un niño, de hecho. Algo no estaba bien.

-¿Volvió ya p-papá? –murmuró Shura, su voz quebradizamente apagada lanzó miles de banderillas de alarma a la cabeza del gemelo. Definitivamente algo no estaba bien.

-¿Qué sucede? –presionó de nuevo olvidando momentáneamente su propio drama personal. Mas cualquier cosa que estuviera por decir Shura fue interrumpido por el sonar de su móvil.

Con un resoplo el pelinegro tomó el pequeño dispositivo y arrugó un poco el ceño al ver que la llamada provenía de casa. Presionó la tecla de acceso y llevó el aparato a su oído. El ruido que se escuchó al otro lado lo hizo tensarse y arrugar más sus cejas.

Kanon le observaba contemplativo.

-¿Dino?... ¿Qué es…?... – lo que sea que dijo el otro acalló por completo a Shura y le hizo levantar la mirada hacia Kanon con clara angustia. El gemelo sintió ansiedad emerger en sus venas al notar el gesto de urgencia que se apoderaba de las facciones de Shura.

En segundos el pelinegro se incorporó de inmediato y cerró la tapa de su celular cortando la llamada. Tomó del brazo a Kanon con fuerza para levantarlo también, tirando de inmediato de la extremidad y enfilando su regreso en dirección a su casa. Antes que el gemelo pudiera articular palabra de lo que sucedía Shura habló.

-Kanon… Saga colapsó otra vez.

El corazón del gemelo se congeló al instante.

Continuará…


Nota: Lamento mucho la tardanza de la actualización, el fic no está muerto. No sé que tan pronto actualizaré, pero de que continuará, eso es seguro. Gracias a todo aquel que lea.