Ginevra los miraba desde la puerta, parecía entre divertida y molesta, se cruzó de brazos antes de hablar.
- Llamé a Blaise. Pronto vendrá por ti.
Draco asintió, sin saber qué decir realmente. Se sentía avergonzado y un tanto intimidado bajo la mirada de aquella chica. La pelirroja se acercó a la otra cama que había en la habitación, tomó un libro, y echó una última mirada a los rubios y salió de la recámara.
Él suspiró, aliviado.
- ¿A qué has venido? – preguntó Luna con su voz suave.
Draco se dio cuenta que todavía tenía su mano atrapada en la suya y que su cabeza seguía en su regazo. Cambió de posición de golpe al sentir el rubor en sus mejillas agravarse. Fue como si la ebriedad se esfumara de su cuerpo.
Realmente no sabía qué hacía ahí. La habitación era pequeña, tenía más cosas de las que podía guardar, sin contar las cajas de cartón en una esquina marcadas como "Luna". Sintió un nudo en la garganta. Todo era una mentira, Luna no había encontrado un lugar más barato. La rubia había decidido irse del apartamento para terminar aquí.
- ¿Aquí te vas a quedar? – preguntó, incrédulo. Ella asintió tranquilamente. – Si te querías ir, al menos hubieras esperado a tener un lugar decente para…
- Me gusta aquí. Los Weasley son muy amables conmigo.
- Pero, Luna…
- ¿Por qué viniste?
Se mordió el labio. Estaba nervioso. Luna lo ponía nervioso y él no entendía por qué. ¿Por qué había tenido tantas ganas de verla? ¿Quería hablar con ella? Ella parecía casi aburrida con su presencia, como si no le afectara en lo más mínimo que estuvieran en la misma cama, a centímetros del otro… No, espera, ¿a él le afectaba?
No, eso no es, tiene que ser el hecho de que estoy avergonzado.
No. Definitivamente a Draco Malfoy no le afectaba en absoluto tener a esa chica mirándolo directamente a los ojos. Cerró los ojos, comenzando a frustrarse.
- ¿Draco?
Él sintió unas cosquillas en su mano al escuchar su nombre salir de aquellos labios. Nada tenía sentido. No. No. Ella era como una hermanita, él había llegado a esa conclusión hace mucho. Luna era una chiquilla. Era absurdo siquiera pensar que ella afectara sus emociones. Ella no podía ser la razón por la cual se sintiera sobrio y ebrio al mismo tiempo.
No, no, no. Nada de eso era posible.
Abrió los ojos. Ella lo seguía viendo a los ojos. Draco tragó saliva duramente y bajó la mirada. Luna vestía una camisa blanca, mucho más grande que ella, y su figura se veía más pequeña de lo normal a pesar de lo cerca que estaban. Estaban tan cerca… Realmente podía absorber ese aroma a lavanda tan característico de ella. Miró el tatuaje de liebre de la chica, realmente le gustaba aquel diseño... Poco a poco fue alzando la mirada… Aquel lunar cerca del labio inferior… Siempre había creído que hacía que su labio se viera más carnoso… Sus pecas en la punta de la nariz, símbolo de que le gustaba pasar tiempo al sol…
Sus ojos... Eran casi celestes. Eran lindos. Tal vez, (solo tal vez) si tuviese que decir algo que fuese atractivo en ella definitivamente escogería sus ojos. Eran tan grandes que él sentía que le estaban viendo el alma.
- ¿Hay algo que quieras decirme, Draco?
Sí.
- No.
Se acercó a ella un poco más, haciendo que un resorte chillara. Se sentía hipnotizado por esos ojos.
- ¿Por qué querías verme?
No podía dejar de pensar en ti.
- Yo no quería… Creo que Ronald me obligó…
Claramente viendo a través de su mentira, Luna asintió lentamente y bajó la mirada. Draco sintió una punzada en el pecho. ¿Qué carajos le estaba sucediendo? ¿Era impresión suya o se había acercado todavía más a ella?
Como si estuviese controlada por alguien más, Draco vio su propia mano acercarse al rostro de la chica.
Su corazón comenzó a latir violentamente.
Su mano temblaba.
Esto era algo más que nervios.
Justo cuando iba a rozar su piel, cambió de dirección y posó la mano en el hombro de la rubia. Ella levantó la mirada, sorprendida.
- ¿De verdad te vas a quedar aquí?
- Estoy bien aquí, de verdad.
- También en el apartamento.
- ¿Quisieras que volviera?
Sí.
Draco volvió a perderse en esos ojos. Sintió su mano caerse lentamente del hombro de Luna. La urgencia de abrazarla lo embriagó. Esas cosquillas en su mano volvieron. Era como si su cerebro le estuviese dando señales de qué debía hacer. Su mente trabajara con rapidez, analizando cada detalle de la chica que tenía frente a él.
Todo tenía sentido…
Me gusta estar contigo.
Luna no era una hermanita para él…
Nunca me había sentido tan cómodo con alguien más.
Realmente se estaba acercando más a ella.
- Luna…
Se consideraba un hombre independiente, capaz de tomar sus decisiones, capaz de hacer lo que quisiera. Pero no con ella, se sentía impotente. Luna decidía. Todo cambiaba con ella. Esa chiquilla le había cambiado todo. Era ridículo siquiera pensarlo, pero era verdad.
Tal vez…
Tal vez Luna era…
Tal vez él sentía…
Tal vez era como una mejor amiga en vez de una hermanita. Claro. Debía ser eso. ¿Por qué se había acercado tanto a ella? Se estaba preocupando por nada.
- ¡DRACO, TRAE TU BLANCO TRASERO AQUÍ INMEDIATAMENTE!
La voz de Blaise vino desde el piso inferior, resonó en la recámara, y volvió a Draco a la realidad. Sintió la respiración de Luna acariciar su nariz. Se levantó de esa cama y se acercó a la puerta.
- Draco – llamó suavemente la rubia. Él se volteó de inmediato. Luna miraba hacia la ventana. – Por favor, no vuelvas a irrumpir en esta casa y no vuelvas a hablarme a menos que tengas algo que decir.
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Chan, chan.
Gracias por los reviews. Ya casi se termina esta historia pero espero les esté gustando :)
