Advertencias: Los personajes de One Piece no me pertenecen. Kidd no es precisamente educado ni bien hablado, pero por eso nos gusta. Puede que el próximo capítulo tarde algo más, pero es el precio para mantener el nivel y esté revisado U.U

A Bruja, tienes razón, es algo de lo que me di cuenta después de llevar escribiendo cierto tiempo a Elettra, ella y Law se parecen mucho... Quién sabe a qué se pueda deber XD. Muchísimas gracias por el comentario y espero que te guste.

Muchas gracias a mi Beta AcSwarovski por leerlo, corregirlo y darme su valiosa opinión. Además del mini favor de hacer a Zel, que es suya, de la que hoy nos despedimos, GRACIAS. (¡Gracias, gracias, gracias!)

Sin más:


14. Campanilla vs. Capitán Garfio: Segunda parte


La luz grisácea del cielo les abrazó en la calle cegándoles, sintiéndose como si hubieran sido escupidos de nuevo al mundo tras un breve —o largo— período de tiempo del que no eran consciente desde un agujero ajeno a las leyes espacio temporales que movían al mundo. El frío de la realidad, el vacío de las calles empedradas, todavía aceptando qué había pasado y, sobre todo, que lo que fuera que hubiera pasado, había terminado y habían escapado vivos de las garras de la boticaria Zelda Malfatto. Aún entre la consciencia y la subconsciencia comenzaron a andar hacia los muelles donde Heat les estaría esperando aburrido—en el caso de que hubiera pasado un tiempo aceptable— para volver a la nave.

—Ni una palabra. A nadie.

—Mataré a esa zorra en cuanto pueda ponerle las manos encima—rumió a modo de respuesta, cada uno mirando al frente.

—Ni a Killer —ahora sí giró el rostro hacia él amenazante— y a Zel, agua.

—¿Con quién te crees que estás hablando, mocosa? Tendría que preocuparme más porque no te fueras de la lengua con Heat.

—Pero nada de matar a Zelda.

—Ella sola firmó su sentencia de muerte. No va a reírse en mi cara y seguir viva.

—No sería la primera —masculló recuperando la sonrisa, confía en Kidd para hacerte sentir mejor.

En ese momento el pirata pelirrojo se detuvo en medio de la calzada desierta, observándola con violencia marcada en los pómulos y el cuello en tensión. Casi se podía escuchar como el aire salía desenfrenado por su nariz y sus frías pupilas doradas taladraban el cráneo de la mujer. Ella, por su parte, más acostumbrada a estas reacciones sonrió y golpeó levemente con el puño su costado sano en gesto amigable.

—Kidd, tío, relájate un poco, o se te van a quedar las arrugas del ceño tan marcadas que ni una manada de Den-Den Mushi caminando por encima de tu cara va a… ¡Eres gilipollas!

Esperándoselo, Elettra apretó contra su cuerpo las bolsas que llevaba para que su contenido no se cayera ante el ya habitual castigo de Kidd cuando, parafraseando a Killer, «le tocaba los huevos». Lo cual le llevaba a plantearse un gran rompecabezas que se había formado desde que Zel abrió la puerta prohibida en su curiosidad: si Kidd era conocido por su corta paciencia y violencia en todos los mares y además eran las señas que llevaba por bandera a cada isla que pisaba; ¿por qué hasta ahora estaba siendo tan permisivo con ella? Sólo la había levantando en el aire, la llamaba puta y como colofón final, se había opuesto a librarse de ella cuando tubo la oportunidad perfecta.

Aún en su posición incómoda e invertida, se encogió de hombros, había ciertos conocimientos a los que su cerebro humano no llegaba y la razón más próxima que se le ocurría era que el pobre Orco se estaba haciendo viejo. Aunque a sus veintipocos años eso era preocupante. Tendría que hablar con Killer para que vigilara más los quehaceres de su capitán, por su salud. Si es que quería que llegara a viejo. Sí, asumió Elettra, seguramente todo era culpa de Killer y sus juegos para mantener a Kidd a su lado, y controlado.

—Kidd, quiero que me respondas sinceramente —comenzó seria desde el aire—, ¿Killer te suele dar alguna pastilla extraña o tu comida tiene un regusto especial desde que estoy en el barco o antes? Porque a todo esto no hay otra explicación a parte de qué te estén drogando, es decir que alguien se me ha adelan-

—Cierra la maldita boca de una vez o te la cerraré yo —le cortó gruñiendo entredientes.

—Sólo una cosa antes de que lleguemos al atraque, y no, no quiero saber cómo me la cerrarías —desde el principio del muelle se podía ver la figura de Heat sentada esperándoles—. ¿Dejas siempre que Killer te vista?

Elettra sonrió satisfecha. Aquel sí era el Kidd que conocía, el que la había lanzado mientras gritaba cual orco antes del combate contra el pequeño mástil de la embarcación que les esperaba, se sentía hasta orgullosa. El dolor era soportable, ninguna costilla rota y Heat dispuesto a dedicarle la mirada de «ya te lo advertimos» que se merecía.

Hogar, dulce, hogar.

—Sólo comprobaba que Kidd era Kidd, es que se estaba portando algo raro. Y sin razón aparente, antes de que empieces a culpar a mis pobre e inofensivos venenos.

—Monstruo-san, ¿has conseguido todas las provisiones médicas que necesitabas?

—Descuida, todo arreglado, ¿tienes tú mi café?

Kidd saltó hasta la embarcación meciéndola bruscamente por el peso. Se dejó caer en el mismo sitio recostado contra la madera y apoyó su mano en el fajín mientras clavaba la mirada sobre Elettra. Maldiciendo mentalmente a ella y a su amiguita la de lo los juegos desconcertantes por destrozarle la paz mental de la que disfrutaba antes de que se metieran en su vida. Sí es cierto, seguía en pie gracias a Elettra, pero eso no significaba nada para él. Ahora se estaba viendo demasiado atrapado por sus acciones y después de salir vivo del nido de la mujer de labios rojos y suculentos, sólo podía darle vueltas a una cuestión de la propia Elettra, ¿por qué no la había dejado allí con la otra?

No estaba para aguantar sin razón, que para algo él era el capitán, la cara larga de Heat al haberle visto regresar solo y con una enorme sonrisa; ni los discursos de Killer, de los que no se podría salvar por desgracia, por largar a la médico del barco que le había salvado el culo no una sino dos o tres veces en un corto período de tiempo, ya que, afortunadamente, éste no podía mal mirarle. Esa tenía que ser la razón, concluyó. Ella tenía asuntos pendientes en su barco y hasta entonces seguía siendo su subordinada. Suya.

—Volvamos de una puta vez —prefirió cortar los pensamientos incoherentes antes de que se les escaparan de las manos.

Heat se levantó y comenzó a elevar el ancla y soltar las amarras del atraque. Abrió la vela de la embarcación y se dirigió al pequeño timón buscando la mejor corriente para salir del muelle y poner rumbo a la nave madre. Parecía que a cada milla que recorrían la luz y la vida volvía al pequeño pueblo marinero como si, por arte de magia, ellos hubieran sido los que paraban el tiempo en tierra con su presencia.

Mientras llevaba a cabo todas las maniobras, Elettra revisó las provisiones que estuvieran bien, las médicas y las de comestibles, cogiendo el saco de café recién molido y abrazándose a él como si la vida le fuera en ello.

—Eres como una cucaracha, no te mata nada —no sabía si aquello era un piropo, inesperado y espontáneo, por parte de Kidd.

—Calladito estás más guapo —masculló mientras aspiraba con voz ensoñadora el agradable aroma que se perdía por los poros del saco.

—Me alegra saber qué al menos tu sentido del gusto es refinado, mocosa.

—Kidd, querido —sonrió melosa mientras paladeaba su nombre—, estamos rodeados de agua salada, y ésta es muy buen cicatrizante y desinfectante, ¿quieres comprobarlo?

Sin moverse un centímetro cerró los ojos sonriendo. Aquello le transportaba a sus inicios en el mar, cuando todo su sueño parecía tan lejano, tenía que ir callando bocas en todos los puertos. Eso le recordaba que tendría que volver a ver a la boticaria para ajustar cuentas. No, no se iba a ir limpia después de reírse en su cara, y que no le servía para nada. Sintiéndose más cómodo, dejó que sus labios oscuros dibujaran su querida sonrisa socarrona.

—Si lo que quieres es mojar, dilo sin rodeos, nena.

Heat sonrió al ver cómo Elettra apretaba sus brazos alrededor de su inerte presa feliz de no ser por una vez él, había comprendido que avalanzarse para ahogar a Kidd en ese momento no traería nada bueno, si acaso ella es la que estaba en inferioridad desde que le puso el grillete. Además, se lo había tomado demasiado bien estar atada y controlada por el capitán. Hasta él podía oler en el aire que lo peor estaba por llegar.

—Lleguemos lo antes posible, Heat.

Odiaría ver la sonrisa del pirata, o cualquier otra muestra de superioridad por parte de Kidd, pero más le valía reservar toda la furia, tenía dos venganzas pendientes y pensaba cobrárselas todas juntas.

Cuando el cascarón chocó contra el barco, lanzaron cabos para subir las provisiones mientras Heat sujetaba la escalerilla para ellos tres. Arriba les esperaba impaciente Killer.

—Oye Kidd, ¿te importa subirme con tus maravillosos poderes mágicos como si volara cual Campanilla?

—No —le respondió sin borrar la sonrisa tendiéndole una de las cuerdas de la escalerilla.

—Quieres mirarme el culo, ¿para qué? —afirmó en una salida que el capitán no se esperaba y se lo devolvió—. Dilo sin rodeos, orquito.

—Tan sólo sube —aquello olía demasiado peligroso.

Era obvio que la chica volvía a traerse algo entre manos, y que él era el objetivo. La diversión en el barco volvía a estar asegurada. Elettra cogió la escalera de cuerda y subió los primeros peldaños asegurándose que movía bastante el culo, provocación gratuita. Quizá esa era la razón por la que no la iba a dejar en la isla, le resultaba entretenida. Y tenía que curar a sus hombres, por supuesto.

—Heat —el nombrado se puso firme esperando las órdenes—, vigílala bien, y enciérrala en su camarote cuando nos vayamos.

—Sí, jefe.

—Una cosa más. Alerta, está tramando algo.

—Descuida, Jefe.

Killer los recibió a todos, dispuesto a comenzar a dar órdenes para guardar las provisiones y comenzar las reparaciones lo antes posible. Todos los hombres estaban ya al tanto que esa misma noche podrían divertirse y desfogarse en el pueblo de toda la tensión acumulada de viajar con Elettra.

—Primero Kidd —le ordenó cuando la susodicha llegó a cubierta.

Con ello volvieron al camarote, en un rápido vistazo comprobó lo que ya sabía después de estar observándole todo el día: Kidd estaba perfectamente. Aún así, tendría que cambiarle las vendas esta vez aplicando un cicatrizante más suave. Y algo más, sonrió tenebrosamente dando las gracias a Zel.

—Kidd está bien, excepto mentalmente, pero con eso no puedo hacer nada, Barbie. Cuando volváis me encargaré de él, te lo aseguro. Ahora eres tú el enfermito.

Curó la herida de bala, lo vendó dejándole preparado para la noche y luego volvió a cubierta, siempre vigilada por Heat para tratar al resto de piratas. Comenzaba su segundo turno interminable en el barco de los Kidds.


La noche llegó oscura y sin viento, ideal para un ataque sorpresa, no habría forma de escapar, no serían detectados, lástima que el fuego no se iba a propagar con violencia, pero se solucionaba formando más focos de lo normal.

—Tengo un asunto que arreglar —comunicó sin ganas a Killer cuando tocaron la arena de la playa—. Encárgate de todo.

Recorrió el camino conocido por las mugrientas callejuelas hasta llegar al mismo lugar que esa mañana buscaban, abrió la misma puerta y sonó la campana recibiéndole una mueca de conformismo pintada de rojo sangre en los labios suculentos de la extraña mujer.

—Sabía que volverías. Eres tan fácil de leer…

—Pues si sabías que volvería, también sabrás por qué estoy aquí.

—Puede que sí —entrecerró los ojos—, puede que no.

—Puedes darte por muerta, hija de puta.

—Seguro que Elettra estaría muy feliz de escuchar eso —dejó caer su cabeza sobre su mano en el mostrador—. En estos momentos la envidio, está cruzando los mares, jodiéndote la vida y haciendo que bailes a su ritmo.

—Qué estás diciendo, mocosa.

—Zelda, por favor, o signorina Malfatto, aunque eso es demasiado para tu estrecho cerebelo —se señaló a sí misma—, Zelda, Kidd, repite conmigo Zel-da.

—Pu-ta.

—Nos vamos acercando. Ahora, dime a qué has venido exactamente, porque no has venido a matarme, ni verme, ni acosarme. Más bien, tiene que ver con… —dejó la frase en el aire esperando que él le confirmara sus sospechas.

—La otra.

—Toda información tiene un precio, ¿lo sabes?

—Para mí, no.

—He aquí un orco grande y malo razonando como un orco a secas.

—¡Calla de una maldita vez y contéstame! —Golpeó con el puño el mostrador.

—No, Orco, no —le paró con la mano—. No pienso hablar de esa traidora.

—A qué te refieres.

—Es como si yo te preguntara por Trafalgar Law. Y ahora lárgate, aquí no hay nada para ti.

—Te estoy dando una oportunidad de salvar el pellejo después de todo.

—¡Misericordia, Gran Eustass Kidd, con esta pobre alma! —Bajó las manos del cielo y cambió el tono al normal—. Por cierto, ¿tanto me quieres que prefieres estar aquí conmigo que matando paletos? Me siento halagada y todo.

Para Zelda el gesto era nuevo, antes de darse cuenta gran parte de los cajones de la tienda habían salido volando, mientras la silla metálica voló apresando su cuerpo contra la pared. Un espasmo de dolor escapó sus labios, Kidd avanzó hasta apresar su mentón obligándola a mirarle.

—Sólo quiero saber una cosa. Y tú me la vas a decir ahora mismo. Cómo me puedo deshacer de ella.

—Pensaba que eso es lo último que querrías, por como te comportabas.

—¡Deja de jugar conmigo!—Respondió en un gruñido bajo marcando cada palabra en tono amenazador.

—Kidd, te voy a dar un consejo, de sufridora a sufridor de Elettra: tú también sigues vivo por algo, que no te engañe, le gustas. Mucho.

De la impresión, anuló su poder inconscientemente dejando que la silla, la mujer y los cajones cayeran formando un gran estruendo.

Zelda sonrió satisfecha por el resultado mientras se masajeaba el dolorido cuello, aquel tipo era demasiado vulnerable, una presa fácil para su genial habilidad.

—Pero si de verdad quieres deshacerte de ella solo hay dos maneras: llevándola a casa o matándola, y las dos son imposibles.


Cerró los ojos abrazándose a la almohada, nunca había rezado, pero ese era buen momento para hacerlo.

—Dios, Jahvé, Jehová, Alá, Buda, Espagueti Volador, Son Goku, Michael Jackson, El-que-no-debe-ser-nombrado, quien coño esté al mando, por favor, bórrame la memoria, por favor, por lo que más quieras, cuando la palme me portaré bien, pero bórrame la memoria. Ya.

Ahogó otro grito contra la almohada revolviéndose contra la tabla de su cama. No pasaba nada porque el barco estaba desierto, Kidd se había salido con la suya y todos sus hombres le siguieron sin pensarlo a quemar la isla. Hombres. Justo lo que hicieron casi una semana atrás en su odiosa isla.

—¿Tan sólo unas semanas…? —Susurró llevando la mano hasta el consabido narcótico—. Llevo con ellos unos días y me sé todos sus puntos débiles al dedillo… Y ellos los míos. Qué asco.

El cansancio junto con el efecto de las hierbas hizo lo necesario para que abandonar el mundo de los vivos con una agradable sensación en su cuerpo como si flotara a través del barco en una nube mullida de risas y algarabías de los piratas que volvían tras una noche de pillaje.

—Perro sarnoso… —Masculló sin necesidad de abrir los ojos al escuchar la puerta cerrarse—. Qué tripa se te ha roto ahora, Kidd.

—Cállate y quédate quieta por una vez en tu maldita vida que estoy cansado.

—No me pagan para ello.

—Dejé que volvieras al barco, no maté a tu amiga y si mal no recuerdo, me prometiste que me obedecerías.

—Sería buena de puertas para fuera —le cortó—. Y a Killer fue bajo la condición de que no abusaras de mí, justo lo que tienes en mente hacer.

—Tan solo cállate.

Algo diferente en la fisonomía del capitán sí la hizo callar, al menos durante el tiempo necesario para salir del estupor. Cerró los ojos insegura y al volverlos al abrir recorrió de nuevo a Kidd de los pies a la cabeza. Había algo que no debía haber y que encima era difícil de creer que estuviera donde estaba.

—Por todas las piezas de Lego del mundo, ¿qué es eso Kidd?

—Es provisional hasta que lleguemos al amarre, allí me haré uno mecánico que sea una única pieza, pero éste hace bien su trabajo.

—¿Kidd, has tenido dos buenas ideas en veinticuatro horas?

—Estuve charlando con tu amiguita —cambió de tema mientras se quitaba las botas.

—Según Zel no somos amigas —volteó los ojos dejándose caer sobre el sillón cansada—. Bueno, ¿y qué te ha dicho?

—¿Quieres saberlo?

—Parecemos un matrimonio de viejos, escúpelo ya.

—Qué dirías si te digo que puedo hacer que vuelvas a tú país.

—Que te estás tirando un farol como Barbie de grande. Ahora en serio, ¿me vas a contar un cuento o no? Porque de todas formas me voy a quedar frita.

—Mocosa, las cosas claras.

—Espera, un segundo ¿esto va sobre el pasado y mi casa? —Elevó un dedo hacia la ventana a la par que alargaba las sílabas de la última palabra—. Olvídalo, no me interesa. ¿Te sabes otro cuento?

Kidd frunció el entrecejo, no precisamente aquel tema le traía sin cuidado, y en cierto modo sería peligroso decirle qué le había dicho exactamente la otra mujer. Era mejor seguir jugando con la chica hasta que se aburriera, sí, de ese modo podría averiguar si lo que le había dicho la farmacéutica era verdad o no. Aunque por supuesto, siendo él, no había lugar a dudas.

—Despiértate, te he traído para otra cosa, he estado de putas y necesito bañarme.

—Muy bien, ya eres todo un hombrecito. Así me gusta además, limpio, si es que sorprendes y todo cuando quieres. Tranquilo, mis labios están sellados, no se lo diré a Killer… Así que…

—Veo que no lo has entendido.


...


N/A: Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad ^^

También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

PL.