Capítulo 14: Smells like… astral conversations.
Recordaba una puntada en mi cabeza, aniquilándome, cuando desperté. Y hubiese deseado adjudicársela a una vertiginosa resaca, pero eso era imposible ya que la noche anterior había bebido de modo más que moderado.
Recordaba esa misma puntada acentuándose durante la hora del almuerzo, el cual compartí con Santana en un pintoresco restaurant que, por suerte, me había dejado escoger a mí.
No estaba dentro de mis planes exponerme a sobrevivir la andanada de ataques por parte de Santana por más de dos horas, pero Brittany se había visto imposibilitada de unirse a nosotras por un imprevisto que le surgió y por ende el almuerzo se convirtió en un interrogatorio constante.
Difícil fue convencer a Santana de que nada serio había ocurrido entre Milly y yo, pero más difícil fue entender por qué tenía tanto interés en que así hubiese sido, y por más que intente leer los motivos detrás de su accionar, me fue imposible hacerlo.
Y no le había mentido, la noche anterior, o mejor dicho en esa misma madrugada, no habíamos llegado a nada más que un par de besos en la oscuridad del porch. "Vamos a un lugar más privado, podemos ir a mi casa si te parece mejor," había suspirado, con respiración entrecortada, en mi oído. Y no tengo dudas de que esas simples palabras hubiesen puesto a su merced a casi cualquier ser humano, no sólo porque era hermosa y extremadamente sensual, sino porque también era inteligente y la clase de persona que logra captar tu atención sin esfuerzo. Sin embargo en mí logró todo lo contrario, y el deseo de dejar fluirlas cosas termino abruptamente en ese momento.
"No creo que sea lo mejor" fue mi primer respuesta, la cual no fue escuchada y por eso luego tuve que recurrir a un "De verdad, creo que es suficiente por esta noche," con mayor severidad y determinación.
Eso por fin consiguió que me escuchase, aunque no así que me comprendiese. Quizás su borrachera desinhibía aún más sus acciones y fue por eso que sin tapujos me pregunto cuál era mi problema. Inquiriendo acerca de si era una histérica más que simplemente la iba a provocar para luego poner distancia, como si yo no hubiese sido participe de las acciones que llevaron a terminar en donde estábamos en ese momento.
Y tenía razón, y sé que en otro contexto no hubiese puesto distancia, pero no estábamos en otro contexto sino en ese, y no podía seguir adelante con algo que sabía que de un modo u otro iba a traerme consecuencias.
"Perdóname, no debería haber dejado que las cosas llegasen a este punto. No busco nada serio y… no sé, perdoname" había resoplado, desviando la vista. Un poco frustrada con ella, un poco conmigo y un poco con la situación en sí.
"Yo tampoco busco algo serio, Quinn. Acabo de romper con mi novia de 5 años, sólo quiero olvidarme y pasar un buen rato… y algo me dice que vos también. No tiene por qué ser algo serio si no queremos," fue su respuesta y temí en ese momento que aun cuando yo no había hablado mucho acera de mí, ella se las había ingeniado para llegar a conocerme con tan sólo observarme.
Pero mi decisión había sido tomada, y aunque por momentos fuese lo suficientemente estúpida como para dejarme llevar, sabía que no quería que eso pasase a mayores. No había ni una mínima chance de que si lo dejábamos fluir las cosas no iban a terminar complicándose, y ninguna de las dos íbamos a salir bien paradas de esa situación.
Si hay algo que he aprendido es que a veces no importa cuántas veces nos propongamos planear las cosas, el futuro siempre se transforma en presente con una efímera voracidad que no deja espacio a ejecutar las cosas a nuestro antojo, no cuando hay relaciones humanas de por medio al menos.
Creo que aun con la limitación de palabras que a veces me aqueja, Milly entendió mi postura, y acepto mi disculpa por haber manejado la situación con tanta desprolijidad.
En cuanto a Santana, ni siquiera esperó una real explicación, más bien lleno los espacios que dejaba en blanco con insultos, comentarios sardónicos y de vez en cuando enigmáticos, "...deberías abrir los ojos y mirar a tu alrededor, todo está a tu alcance si haces un esfuerzo por alcanzarlo".
Pero la verdad es que las probabilidades de ese tipo de comentario cobrando peso se vieron truncadas al ser seguido por otro como: "Q, no deberías seguir comiendo carbohidratos… en especial si no tenés pensado pisar el gimnasio en un futuro cercano"
Y vale recalcar que también recordaba esa puntada en mi cien al despedirme de Santana, al tomar un taxi para volver a casa de Rachel, al saludar a Ramona cuando ingresé, y al sentarme a escuchar música en el play room.
Pero no había rastros de esa puntada un par de horas más tarde, cuando desperté luego de una siesta en la que me sumergí aun sin mi consentimiento.
Abrir los ojos se presentaba como un cruel crimen en ese instante, me sentía tan a gusto que incluso deseaba crear un paréntesis en mi día y permanecer en el confort de ese momento por tiempo indeterminado.
Pero gradualmente fui saliendo del estado de letargo en el que el sueño me había sumido, y fui consciente de la vibración de un celular sobre la madera de la mesa ratona que estaba frente al sofá.
En detrimento de mis deseos abrí los ojos, y cuando quise estirarme para capturar el celular no sólo descubrí que no era el mío, sino también que me era imposible moverme.
Mi cuerpo se hallaba sirviendo de apoyo para el de Rachel, quien dormía profundamente, acurrucada junto a mí, habiendo previamente tomado una manta que ahora nos cobijaba a ambas.
Mi cabeza procesaba la escena a mil revoluciones por minuto, creando un caótico pánico que ni siquiera sabía a qué atribuir. Aunque eso no era completamente cierto, ya que el calor que viajaba a través de mi piel al sentir su cuerpo tan cerca, era respuesta explícitamente implícita.
Quizás la mayor interrogante recaía en porqué ahora me afectaba tanto, si quizás ese mismo escenario hacía un par de meses no me hubiese representado más que una timidez que camuflaba con frialdad.
Algo había cambiado en mí, algo que había hecho que yo ya no fuese yo, algo que había despertado lo que yacía dormido en un condicionado rincón de mí ser.
"Rach…" susurré con cuidado de despertarla. Lo cual era ridículamente contradictorio considerando que en realidad lo que quería era despertarla, puesto que su celular seguía vibrando por la llamada entrando de Doug. "Rachel?" volví a susurrar acomodando un mechón de pelo tras su oreja.
Sus ojos se abrieron de golpe, chispas de pánico fueron visibles en los mismos. "Oh, no! Qué hora es?" pregunto poniéndose de pie y acomodando su pelo con sus manos. "Me quedé dormida…" gruño agarrando el celular y corriendo hacia la puerta, recolectando sus pertenencias en el camino.
Mi mente se enfrentó a potentes dificultades cuando, intentando entrelazar lo que había acontecido, mis ojos permanecieron letárgicos observando el lugar por el cual Rachel acababa de salir.
Y a decir verdad todo fue tan fugaz que no tengo certezas de si fue un sueño, una extrapolación mental o si de verdad, en efecto, acababa de despertarme con Rachel durmiendo acurrucada junto a mí.
Todo transcurrió sumamente rápido, como si en momento estuvieses volando y al siguiente, tras un simple chasquido de dedos, estuvieses cayendo en caída libre, sin tener control de nada.
Una risa absurda abandono mis labios, y me prohibí a mí misma seguir dándole vueltas al asunto.
Me dejé caer en el sofá de manera horizontal y alcé mi brazo derecho, dejándolo caer sobre mis ojos.
Pero no importa cuanta calma recobré, la intensa necesidad de descubrir cuál era el leitmotiv detrás de las acciones de Rachel seguía resonando en mi cabeza.
xxXXxx
Mi pulgar derecho se hundió en la primera tecla y en un rápido movimiento resbalé mi mano, sin quitar la presión, a lo largo de todo el teclado. Desde el sonido más agudo hasta el más grave, generando un vibrante glissando que me erizó la piel, y nubló la visión.
No recordaba con precisión cuanto tiempo llevaba sin sentarme a tocar, pero sabía que era mucho, el suficiente para que en ese momento una emoción violenta me llenase de nostalgia.
Rachel me había comentado que ese día llegarían varios de los instrumentos que había adquirido para equipar el estudio, y me fue incapaz contenerme a entrar a la sala y observarlos.
Luego de su rauda salida, la confusión siguió instaurada en mi cabeza, sin embargo decidí esperar a que volviese para hablar con ella e intentar discernir mis dudas.
Había optado por ducharme, prepararme un sándwich y relajarme en el silencio que dominaba cada rincón de la casa, ya que ni Rachel, ni Finn parecían estar ahí.
No obstante termine sentada frente a un sofisticado piano de cola Steinway & Sons, rememorando la incontable cantidad de veces que había hecho de mis domingos una extensa clase de piano con el profesor Lewis.
El arribo de imágenes se hizo abrumador, y en un acto de inconciencia tomé mi celular y marqué el número que venía evadiendo desde hacía días.
"Quinnie? Quinnie, hija, por fin llamas!" respondió Judy con un entusiasmo que no lograba contagiarme, pero que al menos mismo tiempo tenía el poder de bañarme con avasallante calidez y familiaridad.
"Si, he estado un poco ocupada pero ahora tenía un rato libre y..." mis palabras se desvanecieron porqué realmente no sabía que buscaba con esa llamada, sólo se sintió como que era algo que necesitaba hacer y lo hice. "Como estas? Cómo va la vida por Lima?" pregunte mordiéndome el labio, dejando que mis dedos acaricien imperceptiblemente la elegante, y seguramente costosa, madera del piano.
"Bien, estaba horneando galletas para llevar al club de lectura," me respondió y pude percibir el ruido de una bandeja chocando contra el mármol. "Hoy nos juntamos en casa de Betty Campbell, te acordas de ella?"
"No," musité ni siquiera esforzándome por hacer memoria.
"Quinnie, como no te vas a acordar? Betty Campell, su hija es Jennifer Campell... De verdad no te acordas?"
"No, mamá" gruñí perdiendo la paciencia.
"Jennifer fue compañera de Francine, estuvo de novia muchos años con Colton Baker, pero después se pelearon porque Colton la engaño con su mejor amiga que ahora está casada con Brian D-"
"Okay, mamá, no…" resoplé, deslizando mi mano por mi cabello, y en ese momento recordé por qué solía evitar ese tipo de llamadas. Mentiría si dijese que no amo a mi madre, lo hago con todo mí ser, pero somos dos personas no compatibles. No tenemos un punto en común y eso provoca que cualquier conversación que intentemos mantener termine irritando a alguna de las dos. "Que libro están leyendo?" pregunté con mayor calma, intentando no sonar descortés por contar su comentario anterior.
"El Gran Gatsby" respondió y pude sentir su entusiasmo intacto, quizás producto de mi pregunta que dejaba a entrever cierto interés.
"Es un excelente libro, te gusta?"
"Si, es interesante, me gustó mucho la frase del principio" manifestó. "Dame un segundo que la tengo marcada" señaló y yo aguarde en línea a que prosiguiese. "Acá esta, dice: "Cuando sientas deseos de criticar a alguien-"
"Recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste." Interrumpí, diciendo el final de la cita. Había leído ese libro en más de una oportunidad y había pasajes que recordaba de memoria.
"Es algo muy cierto, no te parece?"
"Si, mamá" respondí rodando los ojos ante lo irónico que me parecía que justo ella eligiese esa frase.
"Como estas Quinnie? Enviale mis saludos a Rachel, por favor" dijo, y sonreí ante lo raro que aún se me hacía escucharla decir algo así y lo dificultoso que se me presentaba asimilar con cuanta facilidad Rachel habia conquistado a mi madre, dejando en el olvido todos los prejuicios previos. "Estas con ella?"
"Le voy a decir cuando vuelva, ahora creo que está en una reunión," respondí dispersándome en las teclas que tenía frente a mí, haciéndolas sonar con suavidad.
"Te extraño, Quinnie. No tenés pensado venir a Lima?"
"No" respondí sin pensarlo y quizás tanta rotundidad no era políticamente correcta. "Pero en un par de días vuelvo a Nueva York, quizás podrías ir a visitarme?" pregunté con sinceridad, conteniendo la respiración, mordiendo mi labio superior y percibiendo como el mundo se detenía tras ese exabrupto.
"De verdad queres que vaya?" indagó sorprendida.
"Si, estaría bueno. Además estoy deseando un poco de comida casera, y a cambio podría invitarte a algún show en Broadway," propuse. "La última vez que fuimos fue cuando Rachel estreno su última obra y..."
"Eso suena perfecto, voy a estar esperando que me confirmes la fecha exacta en que estés desocupada para hacer la reserva, si?"
"Okay, má" sonreí ya imaginándome lo que serían esos días. "No te entretengo más, suerte en el club de lectura"
"Gracias, Quinnie. Cuidate, y llama más seguida. Sé que estas ocupada y ya sos grande pero… hacete un tiempito para tu madre, si?"
"Okay, mamá, lo voy a hacer. Vos también cuídate... teextrañoyteamo" barrí las palabras fuera de mí, despidiéndome y cortando raudamente.
Palabras comunes que no muchas veces profesaba, mucho menos hacia ella, y que me hicieron soltar una risa absurda ante el pensamiento de que quizás le había infligido un principio de ataque al corazón lanzándoselas así sin más.
Mis dedos volvieron a sobrevolar el teclado y luego baje la tapa del mismo, me puse de pie y caminé fuera del estudio.
La noche había caído de golpe sobre Los Angeles, o quizás yo había perdido noción del tiempo mientras estaba dentro y lo que me pareció unos cuantos minutos habían sido en realidad horas.
Sin pensarlo, sólo guiada por un vertiginoso arribo de ideas, camine dentro de la casa, busque mi iPad, y volví sobre mis pasos, retirando una botella de vino del wine-cooler, y también una copa, antes de salir y ubicarme en una de las reposeras.
No tenía una clara idea de lo que hacía, pero sentía que en ese momento me enfrentaba a un gran caudal creativo y quise plasmarlo de algún modo. Aunque mas no fuese bosquejando una partitura y dejando ciertas frases guardadas para luego, con mayor calma y distanciándome un poco de las mismas, analizar si el material era utilizable o no.
Una hora más tarde, y con una nueva copa de vino sobre la pequeña mesa que estaba a mi derecha, cerré todas las aplicaciones y puse a reproducir un viejo disco de Ella Fitzgerald & Louis Armstrong que lograba relajarme. Así también como llenarme de esa vibra cincuentona que me invadía y que me había servido de inspiración para la composición que acababa de bosquejar.
Me mantuve inmóvil por varios minutos, mis ojos cerrados y la tenue melodía filtrándose a través de mis oídos con la delicadeza de una caricia.
La sensación de sentir una mirada posándose sobre mí altero mi trance, y al abrir los ojos me encontré con Rachel parada a los pies de mi reposera. "Perdón, no quise molestarte," me sonrió con timidez y alzó sus ojos, clavándolos en el oscuro cielo cubierto por un manto de radiantes estrellas. "Es una noche increíble" suspiró con algo de melancolía.
"Lo es," sonreí siguiendo la dirección en que su mirada apuntaba. "Y la vista desde acá es hipnótica" agregué.
"Acabo de volver de una reunión con Doug y un productor, se me hizo más tarde de lo que pensaba así que traje comida Tailandesa si querés..." habló dando media vuelta y caminando para tomar asiento en la reposera que estaba a mi izquierda. "Perdón por no volver antes, aunque igual pensé que quizás salías con Milly, o Santana." Finalizó recostándose, espejando la misma posición que yo había adoptado.
"Tailandesa de Palm's Thai?" pregunté sorprendida, y obviando su insinuación acerca de Milly y yo saliendo otra vez. "Lo fuiste a buscar vos?" indagué divertida.
"Si, quien sino?" sonrió. "Pobre de vos si alguien me reconoció y twittea algo al respecto. Peor aún si aparezco en instagram" advirtió, soltando una carajada.
"Es el mejor de toda la ciudad!" exclamé boquiabierta, mostrando mi indignación. "Sólo porque sea barato y bizarro no implica que vaya a perjudicar tu imagen, superstar" le guiñe el ojo y ambas reímos divertidas.
"Sólo te gusta por el imitador de Elvis" rodó los ojos resoplando.
"Motivo suficiente para que sea la mejor de la ciudad" manifesté como si fuese una obviedad. "Como estuvo la reunión?"
"Bien, apareció una oferta para hacer televisión, pero no estoy muy convencida" respondió sin dar más detalles. "Vos? Que hacías?"
"Digamos que irrumpí en tu estudio sin permiso, y ver el piano fue pista de despegue para varias ideas así que estuve pasándolas al papel" reí señalando el iPad que estaba posado sobre mí regazo. "Es como mi metodología creativa, ante el surgimiento de ideas las dejo plasmadas en algún lugar y luego vuelvo sobre las mismas, las observo desde otra perspectiva y consigo lograr una solidificación de la idea o una reinvención de la misma." Concluí encogiéndome de hombros.
"Si seguís hablando así vas a conseguir que Santana diga que nos mimetizamos" advirtió risueña.
"Ya lo hizo" confesé encogiéndome de hombros y sonrojándome al recibir su mirada divertida.
"En fin, me alegra que sigas creando, suena interesante pero sé que es en vano que pregunte sobre eso" suspiró resignada. "Eso sí, espero verte tocándolo algún día" añadió girándose para mirarme.
"Creo que hay muchas probabilidades de que eso suceda" sonreí y la conversación languideció por un largo rato.
Quería indagar acerca de lo sucedido más temprano, pero Rachel parecía no querer decir nada al respecto, o incluso peor… Rachel parecía no sentir que la situación había representado anormalidad alguna y por ende no había nada de lo cual hablar al respecto.
"Todo esto," hablé finalmente, apuntando con mi mirada hacia al cielo. "Todo esto que esta acá arriba ya paso hace 10 mil millones de años, y nosotras lo estamos mirando como si fuese ahora," comenté sintiendo sus ojos abandonando mi perfil y clavándose en la inmensidad astral que nos cubría, en donde lo aparentemente más complejo se disolvía en simplicidad. "Creo que es una de las mejores imágenes para personificar la eternidad" sentencié y pude percibir como concordaba conmigo incluso cuando no emitió palabra alguna y sólo se limitó a mantener los ojos fijos ahí arriba.
Cuando el silenció parecía propenso a instaurarse, Rachel volvió a hablar en apenas un susurro. "Quinn?"
"Si?" respondí moviendo mis ojos gradualmente para buscar los suyos.
Su rostro se mostró dubitativo, evidenciando una lucha interna en pos de lograr encontrar las palabras correctas. "Qué pensas de la infidelidad en una relación?" preguntó finalmente, mostrando claros signos de inseguridad a la hora de traer el tema a colación.
"Umm…" dudé intentando interpretar que rumbo quería darle a la conversación, si era mi opinión sincera del tema lo que buscaba o hacer algún análisis de mi opinión y mi pasado. "Creo que eso es algo que se da, casi siempre, cuando en la relación hay alguien que no ama lo suficiente" respondí finalmente.
"No lo comparto, no es un justificativo válido. Además en una relación siempre hay alguien que ama más."
"Lo sé, es verdad. Por eso dije que no ama lo suficiente." La corregí con calma. "Creo que si de verdad amas y estás enamorado de una persona, no hay lugar para la infidelidad… Simplemente porque esa persona no abandona tu cabeza ni por un microsegundo. No obstante creo que una relación está compuesta por dos personas, y por ende a veces no alcanza con sentir todo eso."
"O sea que para vos la culpa puede ser del otro?"
"No, no hablo de extremos, hablo de posibilidades. Puede pasar que alguien comete un error. Puede pasar que alguien lo hace consciente, buscando despertar algún mecanismo de alerta en el otro, como demostrándole que la relación no es segura, que se puede acabar y ver así si vale la pena o no. O simplemente porque no hay amor y no le preocupa lastimar al otro…"
Rachel no habló por unos instantes y su rostro reflejaba como las palabras eran procesadas interiormente. "Cuál de todas esas fue la que experimentaste cuando lo hiciste?," inquirió luego, incorporándose en la reposera para sentarse en la misma, rodeando con los brazos sus rodillas flexionadas, y apoyando su mentón sobre las mismas.
"La última…" confesé en voz baja, y estudiando su reacción. "Sé que fue infidelidad, pero al mismo tiempo no lo fue... Ninguna de las dos partes estaba enamorada. Fue más bien traición a la confianza en un pacto tácito, que infidelidad en una relación de confianza en donde había sentimientos involucrados"
"Pero fue infidelidad, Quinn" remarcó mirándome a los ojos.
"Si, Rach. Lo acabo de reconocer, sólo te explique cómo lo viví." Aclaré poniéndome a la defensiva, desviando mi mirada, repentinamente sintiéndome muy expuesta bajo su escrutinio.
"Lo volverías a hacer?"
"Engañar a alguien?" pregunte volviendo a mirarla, frunciendo el ceño. "No"
"Como podes estar tan segura?"
"Porque sé que ya no soy una adolescente, no me lanzaría a una relación si no estoy segura de mis sentimientos. Por algo estoy sola, no?" bromeé para ocultar la incomodidad que su cuasi acusación me había causado. "Por qué estas preguntas? A qué viene?"
"Y crees que es posible amar a dos personas?" inquirió luego de un rato, evadiendo mi pregunta.
"Si, por supuesto que sí" respondí con rotundidad y vi como tanta firmeza la sorprendía. "Pero me parece imposible estar enamorada de dos personas"
"Es lo mismo, Quinn. No podes amar a alguien sin estar enamorada primero de esa persona, ni enamorarte de alguien a quien no amas"
"Pero es posible desenamorarte y aun así seguir amando a una persona. En ese caso creo que amas y estas enamorada de una persona, mientras que sólo amas a la otra, en el sentido de preocuparte profundamente por dicha persona... O sea, si estas en una relación temes terminarla por miedo a lastimarla… obviando el hecho de que ya la estás lastimando desde el primer momento en que fijaste tus ojos en alguien más"
Ese último comentario fue acompañado de un calmo silencio, y pude percibir como interiormente procesaba todo, dándome la certeza de que la conversación no era aleatoria, y tenía un porqué, incluso si no me lo decía.
"Rach, está todo bien? Por qué salís con estas preguntas de la nada?"
"Quiero entender… cosas" respondió mirándome con tal vulnerabilidad en sus ojos que tuve que usar todas mis fuerzas para reprimir mi impulso de cobijarla en mis brazos y protegerla de toda duda que la atormentase. "Qué harías si la persona que amas te es infiel? Como lo manejarías?"
La observe durante un largo instante y supe que no importaba cuando la forzase a hablar, sólo lo iba a hacer cuando lo considerase oportuno, y fue por eso que me limite a responder.
"Me preguntaría si hice algo mal, haría una autocrítica de mi participación en la relación, pero por sobre todo tomaría distancia. Quiero decir, si la otra persona quiere seguir con la relación, si mostrase interés… tomaría distancia por un tiempo"
"El concepto de tomarse un tiempo es la mentira más grande el mundo, no existe… eso es simplemente terminar una relación"
"En la mayoría de los casos si, tomarse un tiempo implica ponerle fin a una relación, y eso ya te da una respuesta de que la decisión fue acertada" razoné intentando despojarme de la incertidumbre que me acechaba. "Si después de un tiempo todos los sentimientos siguen firmes, y el deseo por estar con la otra persona intacto, ambas partes van a encontrar el camino."
"Consideras que es eso lo que ganas tomando distancia?"
"Si, desde mi punto de vista es lo más saludable para la relación. Si te engañaron, no podes dejarles creer que eso no tiene consecuencias, no podes permitirles sentir que les perteneces incondicionalmente, porque la incondicionalidad tiene sus límites. Tenés que tomarte un tiempo para vos misma y demostrarte que sos alguien sin esa persona que te defina, y ellos también. Tenés que hacerles entender que la relación se puede terminar en un segundo si vuelven a cometer un error de ese tipo. Y sólo el tiempo pondrá las cosas en su lugar y demostrara si estaba destinado para ser, haciendo que ambos encuentren el camino de regreso hacia el otro. Además, no tiene sentido perdonar a alguien para volver a estar juntos y en cada discusión volver a usar ese incidente en su contra, si lo vuelvo a intentar tengo que estar segura de que es lo que quiero y de que puedo dejar el pasado en el pasado y no traerlo al presente para generar conflictos nutridos por mis inseguridades."
"De verdad crees que es posible dejar eso en el pasado? Empezar de cero?"
"Hablando desde lo personal… me sería muy difícil, en este momento de mi vida diría que imposible." Pensé intentando visualizarme en ese contexto. "Debería estar en esa situación... Aún así creo que hay personas que son capaces de hacerlo."
Rachel asintió en silencio, y centró su atención en un hilo que se desprendía del enorme sweater que tenía puesto, capturándolo entre sus dedos.
"Qué pasa si sos tan cobarde como para pedir un tiempo sabiendo que no hay camino de regreso? Eso te convierte en una mala persona?"
"No, Rach. Eso no te define como persona, y todos somos distintos, todas las situaciones lo son y no siempre podemos manejarlas de forma perfecta." Le aseguré empezando a impacientarme por dar mi opinión sin saber cuánta influencia la misma tenia, ni sobre qué situación la ejercía.
Su rostro se hundió en sus rodillas por completo, ningún sonido fue emitido por un buen rato, y pese a lo que mi impulso me decía, la dejé tener ese momento, sentía que era lo que necesitaba.
Fuese lo que fuese que ocurriese en su cabeza se percibía como algo intenso y si bien me desesperaba no poder hacer nada más para ayudarla, espere paciente por que volviese a hablarme.
"Estas bien?" susurré preocupada al verla buscar mi mirada, y notar como las lágrimas pujaban por abandonar dos brillantes ojos.
"Le pedí un tiempo a Finn," musitó sosteniéndome la mirada.
"Okay," respondí con cuidado, intentando comprender lo que pasaba.
Cualquier respuesta que hubiese cruzado mi cabeza minutos antes no condecía en lo absoluto con la que estaba recibiendo en ese momento.
"Le pedí un tiempo pero no lo necesito, sé que no quiero estar con él. Es sólo que no sé cómo decírselo…" me confesó derramando la primera lagrima, mostrándose completamente vulnerable.
"Rach," me mordí el labio sin saber que más decir, simplemente atinando a ofrecer cierto confort con la dulzura impresa en la pronunciación de su nombre. "Veni acá" termine diciendo, extendiendo mi mano para que la tomase y se acercase a mí.
Y no dudó en hacerlo, un segundo después sentí su cuerpo acurrucándose junto al mío, aferrándose con fuerza a mí, como buscando un ancla, en el medio de la inmensidad, que la mantuviese a salvo.
"Está todo bien," susurré rodeándola con mi brazo izquierdo y besando su cabello mientras mi mano derecha acariciaba su espalda. "Va a estar todo bien" repetí y sentí como se aferraba a mí con más fuerza.
Gradualmente las palabras de esfumaron, pero es acertado decir que ya no eran necesarias.
No fui consciente de cuánto tiempo paso, pero calculé que fue un buen rato, mientras las dos permanecíamos en silencio, recostadas en el mismo lugar.
Su confesión había disipado mis dudas, ya no necesite cuestionar el comportamiento que había tenido más temprano porque era claro el motivo que lo había desencadenado. Quizás mi única interrogante en ese momento recaía en saber de donde provenían sus comentarios anteriores, era posible que Finn la hubiese engañado? Era ese el motivo por el cual tuvo todos esos planteos?. Esa era la única, aunque imperiosa, duda que aún se resistía a abandonar mi cabeza. Aunque a decir verdad, había algo que me hacía creer que no era él, justamente, quien había sido infiel en la relación.
Y honestamente, no sabía porque me había causado tanta conmoción escucharla decir que había roto su relación con Finn. El concepto de los dos juntos se había convertido en indisoluble al de los dos discutiendo todo el tiempo. Pero quizás el tiempo que llevaba conociéndola, y la cantidad de veces que ambos habían discutido para volver a estar juntos, me hacía mostrarme escéptica ante la idea de que la ruptura era definitiva.
Mi mano nunca dejo de acariciar su espalda, al igual que su rostro nunca dejó de esconderse en mi cuello. Los latidos de su corazón fueron bajando los decibeles y mimetizándose con los míos, y por un momento llegue a pensar que se había quedado dormida en mis brazos.
Mi mirada se posó en la espesa crema de estrellas que nos cubría y, aun sabiendo lo egoísta que podía parecer la idea, por primera vez en mi vida entendí por qué algunas personas sostenían que el silencio no es tiempo perdido.
"Cualquiera pensaría que después de todo lo que paso, ya habría logrado abandonar mi costado más melodramático," musitó rompiendo el silencio. "Y sin embargo…" rió limpiando su rostro al tiempo que se separaba de mi para sentarse a mi lado y mirarme con ojos catódicos.
"Quienes te conocemos no esperamos que vayas a cambiarlo nunca" bromeé sonriendo y haciéndola sonreír a ella también. "Que te parece si caliento la comida y traigo una copa mas así nos relajamos un poco?" ofrecí en un intento por animarla.
Rachel volteó su mirada hacia la mesa donde estaba mi copa y la botella de vino, y luego, progresivamente volvió sus ojos hacia mí. "La comida suena bien, pero sólo agua para mí"
"Segura?" indagué. "Dale, Rach! Acompañame, no puedo ser la única bebiendo," traté de amedrentarla, sonriendo persuasivamente.
"Una copa va a devenir en otra y no quiero emborracharme con vos" confesó mirándome con intensidad.
"Por qué no?" pregunté casi conteniendo la respiración, al ver como Rachel se acercaba imperceptiblemente a mí con un cambio de actitud, sus ojos viéndose cubiertos por un manto negro que sólo podía ser adjudicado a una cosa.
"Porque apenas y puedo luchar contra mí misma sobria," susurró sin sacarme la mirada de encima, sin retroceder. "Consumiendo alcohol dudo ser capaz de resistirme…" finalizó a centímetros de mi rostro.
Tragué saliva audiblemente, y mis ojos contemplaron su rostro, recorrieron sus labios y volvieron nuevamente a posarse en dos orbitas que seguían dilatándose, cada vez más cerca de mí.
"Rach..." suspiré, como si esas cuatro palabras que un rato antes nos acercaron, ahora pudieran suponer una barrera virtual entre ambas que nos alejara.
Permanecí inmóvil, a su merced, y deje que la yema de sus dedos se deslizase por sobre mis facciones. A cada paso dejando una caricia que me erizaba la piel, cosa que se acentuó cuando su dedo índice recorrió mis labios, sus ojos posándose sobre ellos, y sus dientes capturando los suyos propios, dejándome ser testigo privilegiado de la batalla interna que se estaba librando en su cabeza.
No dijo nada, sólo me miró y logró desmenuzarme con ese simple acto.
Sus labios capturaron los míos, esparciendo su calidez a través de una tenue caricia que me forzó a cerrar los ojos y aflojar cada musculo de mi cuerpo, rindiéndome ante ella.
Rachel se acercó, moviéndose ágilmente para terminar sobre mí, sus manos se pasaron sobre mis hombros antes de deslizarse a mi cuello, manteniéndome anclada junto a ella en un beso que continuaba intensificándose.
Mi cabeza se mantenía en blanco, mi cuerpo alerta ante cada roce, y mis labios partiéndose ante su pedido, sin que pudiese hacer nada para evitarlo.
Mis brazos se deslizaron alrededor de su cuerpo, y cuando nuestras lenguas se encontraron la sentí vibrar junto a mí, dejando que un sonido escapase desde su garganta, y fue ese el momento en que me sentí descendiendo casi en caída libre del lugar al que me había transportado.
"Rachel," murmuré posando mis manos sobre sus hombros y corriendo mi cara para separarla, "Rachel, pará" insistí y conseguí captar su atención.
Mi corazón latía erráticamente, me costaba llevar oxígeno a mis pulmones y hasta mantener el equilibrio ya que tan pronto mis ojos se abrieron sentí todo a mí alrededor girando vertiginosamente.
"Quinn..." susurró con extrema dulzura y un brillo en sus ojos que me desconcertó aún más. Su mirada contradecía mi estado de confusión, su mirada llena de adoración me transmitía que no había otro par de ojos que quisiese mirar en ese momento más que los míos, u otros labios que desease besar, y ese gesto no logro más que agigantar mi desconcierto y agrietar mi cordura.
"Qué-qué haces?" pregunté tirándome hacia atrás un poco para poner más distancia.
"Quinn..." suspiró otra vez, intentando tomar mi rostro con sus dos manos para que la mirase. "Quinn, está bien" me aseguró.
Pero no estaba bien, y fue por eso que con sutiliza la forcé a moverse para poder ponerme de pie e instaurar más distancia. "No, no, Rachel, no está bien, no sé por qué lo hiciste pero no está bien" reproche comenzando a impacientarme.
"Es por Milly? Es por ella, no?" recriminó poniéndose de pie y caminando hacia mí con decisión. "Las vi besándose esta madrugada, es por eso?" insistió furiosa.
"Qué? No la metas en esto porque no tiene nada que ver," aclaré. "Dios, Rachel! Estas con Finn, no sé en que estabas pensando pero… estas con Finn"
"No estoy con Finn, no fui lo suficientemente clara cuando te dije que lo dejé?"
Su actitud terminó de sacarme de quicio, y ahora no sólo ella estaba furiosa sino que yo también lo estaba. "Y cuánto va a durar eso? Un mes? Dos? Un año como la última vez? Cuanto, Rachel? Decime!" la ataqué sin realmente detenerme a pensar en lo que decía. "No tenés derecho a hacerme esto, no… no podes hacerlo" finalice girándome y caminando en dirección hacia mi cuarto para conseguir refugio y no permitir que me viese quebrarme ante ella.
"Quinn, no es lo que pensas…" la escuche decir, pero ya no había vuelta atrás.
Sin pensarlo dos veces, seguí caminando hasta encontrarme acurrucada en mi cama, abrazada a la almohada y cerrando los ojos con fuerza en un intento desesperado por apagar mi cabeza.
