Al fin, está aquí! Está el lindo capítulo desde la perspectiva de Kick!
No les quitaré tiempo.
Empecemos :3
DISCLAIMER: Kick Buttowski: Suburban Daredevil no me pertenece, sino a Sandro Corsaro.
Si hoy hubiese sido tu último día
No esperó nada fuera de lo común ese día.
Había llegado a rastras a la escuela, planeó más acrobacias con Gunther, peleó con la cerebrito de su clase y pasar el tiempo en su skateboard durante el almuerzo.
Cuando fue a la siguiente clase, algo le llamó la atención: alguien no se encontraba allí.
Y ese alguien era Kendall Perkins.
Era extraño, demasiado extraño. Cuando se trataba de Kendall Perkins, uno podía verla en cualquier clase, incluso si estuviese enferma, lesionada o lo que sea. Por esa misma razón, algo no estaba bien.
Nunca les prestaba atención a los maestros, pero esta vez, había sido por el mal presentimiento que tenía instalado en su interior. Un día común se había distorsionado de una forma casi abrupta.
Se sentía amenazado, y no estaba muy seguro del por qué…
La explosión detuvo sus pensamientos.
La alarma de la escuela comenzó a sonar y todos salieron corriendo, presos del pánico, incluyendo a los maestros. Los gritos y los empujones eran constantes e irritantes para el acróbata. Aunque la mayoría había salido del recinto, aún no se sentía tranquilo.
Pronto, llegaron los bomberos a detener la conmoción, pero no dejaban que nadie se acercara.
— ¡Maestro! —una adolescente gritó—. ¡Jennifer dijo que había escuchado a alguien en el salón de ciencias!
— ¿Qué?
—Parece que era una chica, no escuché su voz, solo… ¡estoy segura que la oí!
Kendall.
No supo por qué, pero esas simples palabras lo convencieron. Se acercó, dispuesto a entrar, cuando una mano lo agarró del brazo. Se giró para ver a Gunther. Le estaba extendiendo su skateboard.
Él le sonrió.
—Gracias, Gunther.
— ¡Suerte!
Saltó las estúpidas cintas que prevenían el paso de un ágil movimiento y se adentró al edificio, ignorando los gritos de los demás.
No tenía idea de por qué se sentía tan intranquilo al saber que Kendall podría correr peligro. Ella era su enemiga, ¿no?
¿Y enemigos por qué?
¿Por tener gustos diferentes?
¿Por ser inteligente?
¿Por ser organizada?
¿Por ser mujer?
Era estúpido…
Mientras corría por los pasillos, se dio cuenta de que no quería que ocurriera algo así.
¿Era necesario que Kendall estuviese a punto de morir para darse cuenta de la situación? Kick casi gruñó ante el pensamiento.
Él nunca le dio una oportunidad, y ella tampoco a él. Cuando de verdad lo intentaban, se llevaban bastante bien, trabajaban bien juntos, incluso… muchos decían que se veían bien como pareja.
¿Por qué no podían llevarse bien?
En el fondo, Kick lo sabía: había algo en Kendall que no le gustaba, y eso era la fuerte sensación que provocaba en él. Era demasiado intensa para lidiar con ella, y demasiado… profunda. Él no estaba preparado para lidiar con ese tipo de sentimientos. Cuando era un niño, juró que nunca lo estaría. Sin embargo, no justificaba su mala educación contra la rubia.
Sus ojos ardieron cuando entró al salón de ciencias. El humo era despiadado y estaba en todas partes. Caminó un poco y notó que no había tanto humo a la altura del suelo. Se agachó y allí logró verla.
Saltó por encima de los químicos.
— ¡Kendall!
No parecía moverse.
No quería alterarse, así que siguió intentando.
— ¡Hey! ¡Kendall!
Al estar lo suficientemente cerca de ella, se agachó para levantarla del suelo. Su cabeza cayó pesadamente contra su hombro. No había reacción alguna de su parte. Kick presionó los labios y trató de buscar otra forma. Alzó su mano y palmeó con suavidad su mejilla.
— ¡Kendall!
Al moverla un poco, la rubia gimió de dolor. Fue entonces cuando notó la horrible quemadura en su pierna. Hizo una mueca, entendiendo la razón de su padecimiento. La miró rápidamente cuando soltó unos sonidos extraños y, finalmente, abrió sus ojos verdes.
—Kick…
Él casi sonrió.
— ¿Sólo en estos momentos, me llamas así? —bromeó con intenciones de mantenerla despierta. La escuchó bufar.
—Siéntete honrado. Pudo haber sido mi último aliento desperdiciado.
Kick finalmente sonrió, aunque ella no lo vio. Supo que Kendall había notado su estrategia, así que no dudó en felicitarla en su mente. Era brillante. Aún con su patineta, la cargó en sus brazos. Entrecerró los ojos cuando el humo volvió a picar su vista. Se tensó al oír un estruendo cerca de ellos y supo lo que era.
—Hay químicos…—susurró la rubia.
Kick miró la ventana, después su patineta y a la rubia.
Sonrió. No era por nada… pero se sentía todo un héroe.
—Entonces, este rescate será más increíble todavía.
Kendall debió estar realmente exhausta como para no debatir su arriesgada decisión. Solo se aferró a él con fuerza y él se preparó para saltar. Abrazó con fuerza la figura de la joven, escondiendo su rostro contra su hombro cuando los vidrios explotaron contra ellos. Contuvo un gruñido de dolor cuando los trozos impactaron con su rostro, aunque de pura suerte no lastimaron sus ojos.
Ambos cayeron del segundo piso en los arbustos, Kendall encima de Kick. El castaño gruñó y escuchó a su mejor amigo llamarlo.
Alzó su cabeza y notó que Kendall se había desmayado nuevamente.
Los paramédicos corrieron hacia ellos. Mientras Fitzpatrick zarandeaba al acróbata por haber hecho algo tan arriesgado, acomodaron a la rubia en la camilla.
La profesora soltó un gruñido y palmó suavemente el hombro de Kick. Él la miró.
—Ve con ella.
Kick no pudo evitar pensar que la relación entre Kendall y su padre era… fría. Él se había quedado con ella mientras estuvo inconsciente, pero cuando ella despertó, hablaron menos de dos minutos y el hombre de negocios se había retirado.
Kendall no se había percatado de su presencia. Se le veía distraída e inquieta. Le tomó unos segundos moverse para apartar las sábanas y contemplar su pierna vendada.
—Fue una quemadura —decidió hablar.
Ella lo miró algo sorprendida.
— ¿Estuviste aquí todo el tiempo? —él asintió—. ¿Por qué me salvaste?
Eso lo tomó por sorpresa.
— ¿Por qué no lo haría?
Ella entrecerró los ojos.
—Me odias.
Wow.
No podía creer que la rubia había considerado que él se hubiese alegrado si le hubiese pasado algo peor.
—Ya no tenemos diez años. Nadie puede ser tan cruel, Perkins. Ni siquiera tú.
No fue muy amable, pero sus palabras la hicieron sonreír.
—Pensé que moriría.
—Pero no lo hiciste.
—Porque me salvaste —había algo especial en el brillo de sus ojos aparte de la gratitud—. Gracias.
Él quiso contestarle, pero las siguientes palabras de Kendall lo sorprendieron un poco.
—Pensé que… ya no le importaba a nadie más.
Él hizo una mueca. Quería decirle que eso no era cierto, que había personas que se preocupaban por ella. Pero, ¿qué podía saber él? Ni siquiera eran amigos.
—Cuando estuve ahí, pensé en muchas cosas… cosas que hice y las que no hice… había tanto que consideré, pero rechacé… me equivoqué tanto sólo porque quise creer que era lo correcto.
No estaba seguro si había interpretado bien sus palabras, pero esta vez no dudaría.
Le echaría una mano de ahora en adelante.
—Bueno, tienes tiempo para mejorar eso —le sonrió, ofreciéndole su amistad—. ¿Vive hasta que duela? —extendió su mano hacia ella.
Se vio los primeros segundos sorprendida, después, una enorme sonrisa se formó en sus labios y tomó su mano.
—Creo que prefiero el dicho "haz todo y luego haz más".
Sí, todo sería diferente a partir de ese momento.
Yaaay! Qué les pareció?
Espero que les haya gustado!
Nos leemos!
Rossana's Mind.
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