Rurouni Kenshin No me pertenece

N/A: Muchas gracias por los review que me dejaron por el capitulo anterior, me llenaron de ánimos para finalizar por fin esta historia, realmente ¡Muchas Gracias!

Limitaciones


- no, no los conozco – dijo mirándolos – creo que me confunden con alguien más – dijo sonriendo apenada – lo siento mucho.

Diciendo eso la chica levanto su bolso y su paquete y comenzó a subir las escaleras, sus ojos albergaban lágrimas llenas de dolor, sabía que Yuki estaba vivo, sabía que algo estaba pasando si ellos estaban ahí. Y sabia también que él la estaba buscando era por eso que ella no debía acercarse a ellos, alejándose, los protegería.

- lo siento – susurro –

Veía como la muchacha subía las escaleras poco a poco, sin prestarle mucha importancia el verlo; algo en su interior enloqueció, paso por el lado de Misao y de Sanosuke, subió aquellas escaleras y tomo de la muñeca a la joven de ojos azules obligándola a girar a verlo.

- ¿eh? – dijo solamente –

Él quedo viéndola por unos segundo, miro directo a esos ojos que eran igual al mar azul, veía esas mejillas sonrojadas, esos labios aun rosados y dulces que había probado una vez, sintió la piel de ella rozando levemente, una ráfaga de viento choco contra ellos y el aroma a jazmín lo invadió, sus pulmones se colmaron de aquel dulce aroma que hacia que las remembranzas volvieran a él.

- no es así – dijo él –

- p-por favor – se defendió – suélteme.

- suelta a Kao-chan – grito una de las chicas – ¡suéltala pervertido! – gritaba Misa -

- ¡Kao-chan! – Grito la otra – iré por los sacerdotes –

- ¡Apresúrate Miyuki! – Grito - ¡vamos suéltala!

Podía ver el temor en los ojos de la chica, un temor que él no podía entender ¿temor a que? ¿A él? Apretó su muñeca un poco más y ella se quejo pero él no la soltó.

- ¡policía! – gritaba la muchacha bajando las escaleras y pasando al lado de Misao y Sanosuke –

-¿Por qué? – le pregunto –

-¿Por qué, qué? – respondió desviando la mirada –

- por que hace esto ¿Por qué dice que no nos conoce? – le hablo seriamente - ¿ya se olvido de nosotros? – dijo en todo más elevado.

- así es, no se quienes son – respondió forcejeando pero era inútil - ¡suéltame!

- ¡Kaoru-dono! – Grito y ella se detuvo – porque…

- porque ahora soy otra – dijo mirándole a los ojos con lagrimas – ya es suficiente, nos hemos lastimado demasiado. Tu fingiendo que me querías como yo te quería, yo creyendo que me mirabas como yo te miraba. – Libero su muñeca- ya no estamos en esos juegos; al menos yo. Intento olvidar lo inolvidable y es por eso que aprendí a llevarlo como un recuerdo. – Acaricio su mejilla izquierda – puedo ser un hermoso recuerdo

- pero no lo deseo – dijo en voz baja- no deseo que sea un recuerdo – se acerco a ella – Kaoru…

-no hagas esto ahora – dijo al borde las lagrimas – no ahora.

- Kaoru –

Ambos fijaron la vista de donde provenía la voz, el muchacho de cabellos castaños estaba ahí, parado tranquilamente. Fijo su mirada en los ojos de la mujer y esta corrió hacia él, este la abrazo protectoramente con un brazo y ella oculto su rostro en el pecho de él.

- ¿qué quiere Himura-san? – dijo serio –

- no es algo que le incumba – respondió acercándose-

- claro que es de mi incumbencia, cuando alguien le habla así a mi prometida y sujeta su muñeca así - se defendió – deseo saber que estaba hablando con ella.

-¡¿prometida?! – gritaron al unisonó Misao y Sanosuke –

- así es, esta es la nueva vida de Kaoru – alzo la voz sin dejar de ver al pelirrojo – creo que ustedes tienes otros asuntos, Kaoru y yo no nos involucraremos mas en esos temas y/o asuntos relacionados con peleas.

- por aquí – decía la chica bajando con los sacerdotes - ¡Miwa-kun!

- por aquí oficial – decía la otra muchacha - ¿Miwa-kun? Estos tipos estaban molestando a Kaoru

-tranquila Misa-san, ya pidieron las disculpas correspondientes ¿no es así, Kaoru? – dijo él alejando levemente a la chica –

- si – dijo reponiéndose – aprovechando que están los monjes aquí – dijo alegremente pasando al lado del pelirrojo - lo siento – susurro y siguió su camino - necesito hablar con ustedes, ¿será posible?

- claro – respondió un monje sonriéndole y caminando.

Las mujeres se quedaron viendo por unos segundos Kenshin para luego seguir su camino al lado de su amiga, Kenshin veía por donde la muchacha se había marchado, aun sentía su aroma en el aire. Nada había cambiado, sintió como el tiempo se había detenido en los ojos de ella y en su corazón. ¿Fingir? Él jamás había fingido solamente había callado.

- es hermosa – susurro Miwa –

- más aun cuando sonríe – dijo el sin perderla de vista.

- mhp – sonrió viéndolo – siempre supe que le quería, es inevitable – dijo dando media vuelta y yéndose – es su alegría, su carisma, sus ojos llenos de esperanza. Aquellos ojos que no había visto en años volvieron a mi hace unos meses atrás – suspiro – lo siento Himura-san.

-¿lo siente porque? – pregunto volteando –

- porque esos ojos ahora me pertenecen – lo miro tristemente – lo siento.

Diciendo eso, una pequeña reverencia frente Misao y Sanosuke, y desapareció, no cabía duda que este tipo había sido de las águilas negras, un viendo corrió fuertemente hacia el rostro del pelirrojo ¿la había perdido? ¿Su indecisión había hecho que ella se alejara? Miro nuevamente a sus amigos y camino hacia ellos con una sonrisa falsa.

- debemos ir con Saito –

- pero ¡Himura! ¡Kaoru, ella-! –

- pero nada – interrumpió el luchador – vamos, ya no hay nada que hacer aquí –

Los días volvieron a pasar, unos más rápidos y otros más lentos, Saito había encontrado unas guaridas de Yuki pero no había señal de él en ningún lugar, mientras que la muchacha de cabellos negros seguía con los preparativos de su boda, hasta que la noche anterior a esta había llegado. Sus nervios eran enormes, sus manos temblaban solas, pero sin entender el porqué sus ojos derramaban lágrimas por montones. La noche paso lentamente para ella, cada minuto era interminable al igual que sus lágrimas. Al día siguiente, la aldea estaba de fiesta, la muchacha estaba en una de las pequeñas casas siendo arreglada por sus amigas, el novio la esperaba impaciente, y la ceremonia comenzó cuando la muchacha salió con su kimono blanco, sus labios de color rojo, y siendo tapaba por un manto blanco. Se sentó al lado del muchacho, y ambos miraron al sacerdote, bebieron el sake y al mirarse sonrieron ampliamente.

La fiesta era grande, hacia tiempo que no celebraban una boda, todo el mundo estaba feliz por ellos; los novios sonreirán ampliamente hasta que la noche volvió a caer. Ella se puso su yukata y se sentó frente a él, a una distancia grande, hizo una reverencia y él la tomo de los hombros, le sonrió y beso sus labios tiernamente, ella se dejo llevar por el beso de él, sintió sus manos cálidas abrazándola fuertemente, cuando el aire les falto se separaron y se vieron fijamente, y ella comprendió que este era su destino. Se entrego a él y el la tomo, la amo y ella se dejo amar.

Los días pasaron convirtiéndose en semanas y así paso un mes, no había rastro del hombre hasta que…

-¡Miwa-san! – gritaban las mujeres corriendo hacia las cosechas –

- ¿Qué sucede? – pregunto limpiándose la frente –

- ¡ha ocurrido una tragedia! ¡Kaoru-chan! – Decía la mujer al borde las lágrimas - ¡ha sido raptada!

- ¿¡que!? – grito –

Corrió a toda velocidad, lo único que estaba en su mente era la muchacha de ojos azules sonriéndole ampliamente, prometiéndole una sorpresa para esa noche.

-¡Kaoru! – grito entrando a la casa –

Pero no había nadie, solo una nota al medio de todo, su respiración era agitada, vio que la muchacha había tratado de pelear, la comida estaba en el suelo, todo estaba en desorden; tomo la nota en sus mano y su rostro se torno pálido. Apretó sus puños junto con la nota, fue al fondo y abrió en pequeño baúl, cambio sus ropas y tomo su espada. Vieron cuando él salió de aquella casa, con sus ropas diferentes y su rostro lleno de cólera, nadie se atrevió acercarse a excepción de una pequeña

- K-Kaoru-san – dijo llorando – ella e-es buena –

- tranquila – dijo acariciando su cabeza sin verle – la traeré sana y salva, no llores mas y se fuerte –


Y diciendo eso se alejo de la villa, y en un parpadeo desapareció.

Kenshin estaba reunido con Misao, Sanosuke y Saito en uno de los cuarteles, Misao y Sanosuke estaban desesperados ya llevaban un poco más de un mes en Morioka y no se sabía nada.

- no puedo creer que no sepas nada – decía enfurecido el luchador-

- no puedo creer que estés al tanto de todo con el nivel de tu idiotez – respondió encendiendo un cigarro –

- ¡¿Qué has dicho?! – grito –

- ¡aaah! – Gritaba la pequeña ninja – que desesperación

- ya, ya con calma – decía el pelirrojo –

- ¿Qué calma? ¿¡Crees que una pista vendrá cruzando esa puerta!? – gritaba el luchador –

- Saito-san – entro un hombre – este hombre le busca, dice que es urgente

- que entre – respondió apagando su cigarro sin fumar –

Todos se quedaron viendo al chico, llevaba la chaqueta negra, y portaba su espada elegantemente, pero su mirada era seria y llena de rencor.

- se a quien buscan – dijo –

- Miwa-san – dijo Kenshin - ¿Qué ha sucedido?

- se donde se encuentra Yuki –hablo –

- ¿y porque lo sabes? – pregunto el luchador desconfiado –

- lo dejo escrito en la nota que dejo cuando se llevo a Kaoru –

Todo quedo en silencio, nadie miraba a nadie a excepción de Miwa, no apartaba su mirada del samurái, los segundos que pasaban eran eternos para el miembro de las Águilas Negras, apretó sus puños y golpeo la pared sacando a todos de sus pensamientos

- ¿¡te quedaras en silencio!? – Grito - ¡¿tanto tienes que pensar para salvarla?! ¡¿Es que ya no sientes lo mismo por esa mujer?! ¡¿Qué tan cobarde eres Himura?! –

El pelirrojo lo miraba con sus ojos abierto a más no poder, apretó sus dientes y se levanto, era verdad no había tiempo de pensar mas, Kaoru podía estar en peligro pero ¿Por qué no se defendía? ¿Qué le detenía?

- se en lo que piensas – dijo más calmado- pero yo tampoco sé que le sucede. Es por ello que estoy preocupado.-

- Vamos – dijo Kenshin –

- en marcha – dijo la pequeña ninja –

- ¡muy bien! – grito entusiasmado el luchador –

Decidieron caminar todo el trayecto, ya que seria sospechoso, se adentraron a un bosque buscando el lugar donde Yuki le había señalado, se escondieron por unos momentos y vieron a lo lejos a la muchacha sentada, amarrada de manos y de pies, se veía tranquila.

- no lo entiendo – decía una vez mas Miwa – Kaoru…

- ¿nos quedaremos aquí? – decía el luchador –

- no soy de la que se oculta – respondia la ninja-

- ni de la que piensa- respondía Saito –

- ¡¿Qué?! – grito la chica –

- ¡¿Quién anda ahí?! – gritaron unos hombres a lo lejos –

- bien hecho – les dijo Miwa levantándose – apártense de mi camino – dijo desenvainando su espada –

El hombre se movió ágilmente y ataco a los dos hombres que se habían acercado, hizo contacto visual con la chica y esta sonrio al verlo.

- ¡Miwa! – grito levantándose - ¡has veni-!

Pero silencio al ver a Kenshin con los demás, un nudo en su garganta se formo enormemente, desvió la mirada rápidamente, vio a Miwa acercarse, pero sintió una presencia cerca de ellos.

- ¡Miwa cuidado! – grito –

En ese mismo instante Miwa era atacado con una daga en su brazo haciendo que este retrocediera, por una puerta aparecia Yuki, el verdadero Yuki. Poseía el cabello blanco y largo, unos ojos verdes y usaba ropas occidentales.

- ¿creias que lo tendrías tan fácil – decía mientras tomaba la barbilla de la chica –

- ¡Suéltala! – gritaba –

- ¿tan débil eres que necesitas de esos bufones? – grito riéndose - ¡hasta a Battousai trajiste! – grito –

- su nombre no es Battousai – dijo apenas – su nombre Himura Kenshin – termino diciendo la chica –

- vaya – dijo – asi que tienes fuerza aun – grito tirándola a un lado –

la muchacha rápidamente intenta aterrizar con su espalda y haciéndose un ovillo

- típico de las mujeres idiotas – grito nuevamente – hey, Miwa ¿sabes por que la idiota no se defendió de mi?

- basta – dijo acercándose Kenshin –

- es porque la zorra esta preñada – grito riendo-

La muchacha se mantenía aun en el suelo aferrada de si misma, Miwa se había quedad viendo a Yuki y Kenshin a Kaoru, vio como Misao iba en su auxilio. Sintió un pequeño gemido, y aprecio el temblor en el cuerpo de ella

- lo siento – decía – no quería que te enteraras asi – susurraba llorando-

- y me entere porque quería pasar un buen rato, pero la zorrita batallo y suplico por el engendro que lleva dentro –

- no hables asi de ¡Mi hijo! – Grito Miwa abalanzándose contra Yuki - ¡Mal nacido!

Ambos peleaban rápidamente pero para Yuki era un juego, esquivaba todos los ataques y se los devolvía con doble de fuerza, ni siquiera desenvainaba su espada

- ya me tienes aburrido – dijo desenvainando su espada –

En un momento desapareció, Miwa le buscaba por todos lados y sintió un dolor punzante en su estomago, al bajar su visto vio la espada de Yuki ensangrentada en su estomago, su golpe había sido tan rápido que ni lo había sentido ¿asi se habrían sentido sus victimas? Esperaba que si, sintió como la saco y tosio sangre, cayo sobre sus rodillas y solto su espada, escuchaba su nombre, buscaba a la chica con la vista, esta corria hacia él, sintió los brazos de ella sosteniéndolo, la voz de aquella mujer era distorcionada.

- l-lo siento – susurro – l-lo siento mucho, Kaoru –

- ¡Miwa! ¡no se te ocurra cerrar los ojos! – le decía mientras lo abrazaba mas fuerte - ¡No te atrevas!

- sabíamos que esto pasaría ¡cof, cof! – se quejo –

- No Miwa, no Miwa – susurraba – no nos puedes dejar –

- no soy el único que velara por ti – susurro – vive Kaoru, se feliz yo s-siempre cuidare de ti no importa donde… -

- Miwa… - lo movio - ¡Miwa! – subió su tono de voz –

- jajaja- reia estruendosamente el hombre de cabellos plateados –

- n-no… no me gusta tu broma – decía mientras lo abrazaba mas fuerte - ¡Miwa! – Grito fuertemente –


Gracias por leer