Pesadillas
Abrió los ojos lentamente y se sorprendió al encontrar una profunda oscuridad, se puso de pie con dificultad para salir del sitio en el que se encontraba. Pero sus esfuerzos eran en vano, la oscuridad nublaba su panorama por completo y temía tropezar a cada paso que daba. Divisó una pequeña luz a la distancia, supuso que era una salida y avanzó en esa dirección. Sentía que cada paso la alejaba del lugar al que quería ir en lugar de acercarla, sentía dolor, sus heridas no eran visibles, pero cargaba un enorme dolor consigo. Detuvo su marcha repentinamente al ver algunas sombras agruparse a la distancia, dio media vuelta y comenzó a correr en dirección contraria.
-Nunca me dijiste que le temías a la oscuridad.-Pronunció una familiar voz.
Ella detuvo su marcha nuevamente, volteaba hacia todas direcciones intentando encontrar el origen de la voz, pero nuevamente fue en vano. Estuvo de pie por un momento, reuniendo el valor para responder. -No le temo a la oscuridad, le temo a no tener escapatoria.-Dijo ella en respuesta.
-Escapaste, todo lo que ves aquí es simplemente producto de tu mente perturbada.-Dijo la voz nuevamente.
-Ras, dime ¿qué debo hacer para salvarte? Todo esto ha sido mi culpa ¿verdad?-Cuestionó Giovanna entre lágrimas.
-Yo debo salvarme por mi cuenta, todo esto ha sido mi culpa... si tan sólo hubiese aceptado mi destino desde un principio, nada de esto hubiera sucedido.-Respondió él.
-Me ayudaste a pesar de saber que yo... que yo había sido enviada para acabar contigo ¿por qué lo hiciste?-Cuestionó ella.
-Todo lo que vivimos fue real, cada momento, cada abrazo, cada... beso. Sé que tú sientes lo mismo y sin importar las razones por las que tú y yo volvimos a encontrarnos, estoy feliz de que sucediera.-Respondió él con seguridad.
-Te prometo que protegeré a Alec y ambos te ayudaremos a acabar con todo esto.-Dijo Giovanna.
-No sé si algún día el destino nos una nuevamente, pero de no ser así... deseo que sigas con tu vida, vive, ama, ríe, incluso si es sin mí. Simplemente no olvides que te amo.-Pidió él.
La oscuridad se hacía más profunda cada vez, un viento fuerte comenzó a soplar en dirección a ella. Simplemente se quedó de pie, esperando lo peor, pero para su sorpresa, sintió unos brazos rodear su cuerpo. La sensación duró unos cuantos segundos y luego se desvaneció tan pronto como apareció. Todo a su alrededor se desmoronaba y ella era una simple espectadora de aquello. Cerró sus ojos, pero un dolor punzante en su vientre la obligó a abrirlos nuevamente. Había despertado, se encontraba en su habitación, su torso estaba completamente vendado y podía ver como la sangre traspasaba las vendas. Estaba herida, gravemente herida, intentó ponerse de pie, pero el agudo dolor que sentía la hizo volver a la cama.
-No te levantes, te apuñalaron, fue una herida muy profunda y de no ser por tu compañero seguramente estarías muerta.-Era Marion quien se encontraba apoyada en una pared de la habitación.
-¿Qué haces aquí? Pensé que estabas teniendo una feliz vida lejos de este lugar.-Dijo Giovanna con dificultad.
-Lo estaba, pero me enteré de que fuiste herida y sé muy bien que nadie puede tratar tus heridas sin morir en el intento. Renzo también ha venido conmigo, nos preocupamos mucho por ti.-Explicó la ex guardiana del lugar.
-¿Cómo están los demás?-Preguntó Giovanna preocupada.
-En la enfermería, el que peor se encuentra es tu amigo Kenji, llevan días intentando que reaccione pero parece estar sumido en un sueño eterno.-Explicó Marion.
-¿Qué? No puede ser... Seth... maldita sea. Tengo que hablar con Echo ahora mismo.-Dijo Giovanna mientras intentaba ponerse de pie nuevamente.
-No tan rápido señorita, tienes que reposar o tu herida se pondrá peor.-Intentó retenerla Marion.
-Ya después me regañarás por ello, ahora necesito hablar con mi compañero.-Dijo ella, negándose a la ayuda y saliendo de la habitación.
Al llegar al corredor que conectaba su templo con los otros, los guardias se apartaron al verla sangrando. Su caminar era lento y doloroso, pero su convicción era fuerte y gracias a ello logró llegar al lugar en el que sus compañeros heridos se encontraban. Había pasado una semana aproximadamente desde el terrible suceso que los había dejado en aquella situación tan desafortunada. Entró a la habitación y pudo encontrar a Kenji tendido en una cama, parecía dormir y a los pies de la cama se encontraba Echo, se veía totalmente desconsolado.
-Mr. E... tenemos que hablar sobre Kenji.-Dijo Giovanna en tono amable.
-Él me decía así... no pude... no fui capaz de protegerlo. Le fallé.-Echo comenzó a derramar algunas lágrimas mientras pronunciaba esas palabras.
-¿Dónde está Alec?-Cuestionó ella.
-Está en Asgard con su maestra, necesita recuperarse, estaba muy afectado. ¿A qué viene la pregunta?-Cuestionó Echo.
-Ella es la clave para sacar a Kenji de este encierro, Ras me contó que hace muchos años ella estuvo en una situación similar y fue capaz de salir por sí misma.-Dijo Giovanna mientras se acercaba al lecho en el que se encontraba Kenji. -Ella es la única esperanza que tiene Kenji.-Dijo a su compañero, quien escuchaba atentamente cada palabra que decía.
Mientras tanto en Asgard...
Alec era incapaz de conciliar el sueño por más de algunos minutos durante la noche, su sueño era intermitente y le impedía tener el descanso que necesitaba recuperarse de sus heridas. El daño físico que pudiera haber recibido era lo que menos le interesaba, sentía que su alma había sido desgarrada por completo en el instante que supo la verdad, aquel chico que creció a su lado y lo vio dar sus primeros pasos no era su hermano, había sucumbido ante la oscuridad y ahora era un aliado más de Seth. Se negaba a creer que alguien tan noble e íntegro como Rasmi pudiera ser corrompido de esa manera, siempre sintió una enorme admiración por la integridad y benevolencia que él mostraba, sin embargo, le dolía imaginar que todo pudo haber sido una mentira nada más.
Dio vueltas en la cama, se movía de un lado a otro y a pesar de sus múltiples intentos, no fue capaz de encontrar la paz por más cansancio que sintiera. Se puso de pie con dificultad y decidió salir de la habitación, se dirigió al balcón del enorme castillo en el que se encontraba. El lugar era frío, oscuro y solitario, pero a su vez era acogedor y se sentía seguro estando allí. Sus padres habían tomado la decisión de llevarle junto con Altair a ese sitio desconocido y sin explicar las razones que tenían para hacerlo. Todo se tornaba confuso y doloroso para Alec, añoraba la tranquilidad y armonía de su infancia temprana. Él estaba lejos de ser un adolescente normal, a sus cortos 13 años había experimentado la crueldad y crudeza de una guerra que parecía imposible de ganar. Había perdido a alguien que era importante en su vida y ahora perdía a su hermano, quien fuera su apoyo más grande dentro del santuario, se sentía desamparado.
-¿No puedes dormir?-Preguntó su padre en tono amable mientras caminaba en su dirección.
-No, te juro que lo he intentado con todas mis fuerzas pero no puedo... te juro que lo estoy intentando.-Comenzó a sollozar sin control.
-Sientes que derrumbaron uno de los pilares que te mantenía en pie, te derrumbaste y crees que no serás capaz de ponerte en pie nuevamente.-Sahir se tomó el atrevimiento de describir lo que creía estaba sintiendo su hijo.
-No pudiste haberlo dicho mejor... siento que no podré sobreponerme a esto, ya ha sido demasiado, primero Eli y ahora mi hermano, bueno... ni siquiera es mi hermano.-Dijo Alec en medio del llanto.
-Creció a tu lado, siempre estuvieron el uno para el otro. Sin importar el lazo de sangre que pueda o no unirlos, él y tú son hermanos, hace falta más que esto para destruir esa hermandad.-Dijo Sahir mientras se acercaba a brindar un cálido abrazo a su hijo.
Alec cerró sus ojos con fuerza, dejando escapar más lágrimas, sin embargo, aquel cálido abrazo era reconfortante y hacía que el dolor comenzara a disminuir. Luego de un momento, ambos se separaron y vieron hacia la inmensidad del cielo nocturno. Era una noche nublada, algunos pequeños copos de nieve caían del cielo, adornando de blanco los balcones del castillo. Sin dudas era un paisaje que le hacía recordar el lugar habitado durante su infancia, la pequeña villa bajo tierra.
-Sabes, yo fui criado en el santuario por un caballero dorado. Por mucho tiempo creí que era mi padre, pero cuando estuvo al borde de la muerte él... me confesó que en realidad mis orígenes eran otros.-Confesó Sahir.
-¿No creciste con tus padres? Oh vaya, nunca hablas de eso ¿por qué ahora?-Cuestionó Alec.
-El punto al que quiero llegar es: no se necesita un lazo de sangre para que consideres a alguien tu familia. Mis padres viven, los amo y son muy importantes para mí, pero jamás olvido al hombre que me crió y me guió por el buen camino.-Aquellas palabras le hicieron rememorar sus primeros años en el santuario.
Alec volvió a abrazar a su padre, esta vez con más fuerzas, realmente se había sentido conmovido por sus palabras. Luego de un momento más de charla reconfortante, Alec se devolvió a su habitación. El cansancio se hizo mayor y sin mucho esfuerzo, se rindió a los brazos de Morfeo. Los primeros rayos de sol comenzaban a colarse por la rendija, se levantó lentamente y caminó hacia el espejo que colgaba de la pared. Se observó detenidamente, la profunda herida que había sufrido al ser removido su ojo había sanado por completo luego de mucho tiempo, dejando en su lugar una muy visible cicatriz en su blanco rostro. Su cabello había crecido y le cubría la mitad de la espalda. "Yo no puedo ser un dios, solamente soy un chiquillo estúpido y desafortunado" dijo para sí mismo, luego de ello, salió del lugar en dirección al salón principal del castillo.
-Te estuvimos esperando.-Esta vez era su madre quien lo recibía con los brazos abiertos.
Luego de entrar en el lugar, buscó con la mirada a Altair, ella le saludó con un gesto de su mano y se acercó a él. Tenía el brazo derecho inmovilizado, había sufrido un golpe muy fuerte que lo había dislocado. A pesar de la máscara, él estaba seguro que ella también había tenido dificultades para conciliar el sueño. No necesitaba ver su rostro para saber lo que este expresaba, con el tiempo aprendió a percibir las emociones y preocupaciones de la chica por medio de su lenguaje corporal.
-Alec, te ves terrible.-Dijo ella con una risa burlona.
-Tú debes lucir horrible, creo que por eso nunca te quitas la máscara.-Respondió él con sarcasmo.
-Ja, ja, ja ¿no se te ocurrió una respuesta mejor?-Dijo ella con un fingido tono de indignación.
-Me alegra que estés bien, tuve miedo de que Seth te hiciera algo...-Confesó Alec, dejando de lado las bromas.
-Tranquilo copo de nieve, todos estamos bien y es lo importante ¿ok?-Dijo Altair con amabilidad y calidez.
Alec asintió, si otra persona hubiese tenido el atrevimiento de llamarlo "copo de nieve" seguramente habría sufrido las consecuencias, pero se encontraba totalmente acostumbrado a ese tipo de trato por parte del águila. Con el pasar del tiempo, su amistad se había fortalecido dentro y fuera del campo de batalla. Sentían la obligación de protegerse el uno al otro, habían demostrado lealtad y complicidad digna de los mejores amigos. Le espontaneidad de Alec se complementaba muy bien con la rebeldía y atrevimiento de Altair. Dejar los rencores atrás fue lo mejor que el santo de orión pudo hacer, pues eso le permitió convertirse en el mejor amigo de la chica a la que por tanto tiempo despreció. Sin dudas, el destino hizo de las suyas cuando sus caminos se cruzaron.
-¿Qué hacemos en este lugar?-Cuestionó Alec a su madre.
-Ya lo verás.-Se limitó ella a responder.
Alec se sintió confundido, pero seguramente había una razón por la que había sido llevado a ese lugar. La enorme puerta del salón se abrió de par en par, los guardias abrieron paso al representante de Odín en la tierra. El santo de orión se sorprendió al ver que se trataba de un hombre de piel blanca como la nieve, su expresión era apacible y su mirada mostraba una gran bondad. Era seguido por algunos guardias, pero al percatarse de quiénes eran los visitantes, pidió a sus acompañantes que se retiraran.
-¿Anastassia? ¡Cuánto tiempo!-Dijo el hombre mientras caminaba hacia a ellos.
Alec se sorprendió al ver una enorme sonrisa dibujada en el rostro de su madre, la vio acercarse a aquel hombre y recibirlo con un fuerte y amoroso abrazo. Su confusión aumentó aún más al ver que Altair lo reconoció y corrió a sus brazos también. Parecía que todos conocían y apreciaban a esa persona tan importante, excepto él. Sahir se acercó y brindó un fuerte apretón de manos al hombre, quien luego de un instante decidió abrazarlo también.
-Alec, sé que es muy repentino pero en verdad deseaba conocerte.-Dijo el hombre mientras se acercaba a él.
-¿Y usted es?-Cuestionó Alec, confundido.
-Mi nombre es Pavel, soy el hermano menor de Natassia, soy tu tío.-Se presentó amablemente.
Alec lo observó detenidamente, pudo notar algunas semejanzas entre él y su madre, dejando de lado su condición. Tenía una sonrisa cálida y tranquila, podía sentir un cosmos muy noble que emanaba de él. Se acercó dudoso y brindó un fuerte apretón de manos en señal de saludo. Luego de aquello, dio un paso al frente y fue recibido con un fuerte abrazo por parte de su recién conocido tío.
En verdad era una persona agradable, la charla se hizo muy amena y profunda en cuestión de minutos. A pesar de ser hermano de su madre y tener un gran parecido con ella, su personalidad era completamente opuesta. Pavel era alguien muy amable y accesible, mientras que su hermana mayor siempre se había caracterizado por ser alguien muy reservada. El tiempo transcurrió y sin que pudieran darse cuenta, la noche ya había envuelto el lugar y era momento de volver a descansar. Alec decidió dar un pequeño paseo por la biblioteca del castillo, había quedado intrigado y fascinado por la cultura del lugar.
-¿No crees que es un poco tarde para leer?-Era Pavel quien cuestionó su extraña decisión, se encontraba cómodamente sentado en uno de los sillones de la biblioteca y sostenía un libro entre sus manos.
-Veo que no soy el único que disfruta de una buena lectura antes de descansar.-Dijo Alec mientras se acomodaba en el asiento frente a él.
-No me sorprende que tengamos cosas en común, somos familia después de todo.-Dijo Pavel mientras cerraba el libro.
-¿Qué más tenemos en común?-Cuestionó Alec con curiosidad.
-Ambos hemos sufrido mucho por causa de Tonya... ambos hemos sido heridos grandemente por su causa.-Dijo Pavel, desconcertando a su sobrino.
-Ella es tu hermana ¿verdad?-Preguntó Alec con algo de inseguridad.
-Así es, ella siempre tuvo la determinación de destruir a tu madre y de arrebatarle todo lo que le pertenece. No me sorprendería si lo que pasó con tu hermano fue todo obra de ella, es más, casi te puedo asegurar que ha sido por su mano que todo esto sucedió.-Confesó Pavel.
Todo tenía sentido para Alec, seguramente todo era un plan orquestado por ella para quitar a las piezas más fuertes del camino y Rasmi sin duda alguna era la clave. Alec escuchó detenidamente todo lo que su tío tenía para decirle, se sintió muy identificado con él al escuchar su historia. Fue difícil para él aceptar su destino como el representante de Odín en la tierra, pero con el tiempo, tuvo la fuerza y el valor para desempeñar su labor. El joven santo se encontraba en una situación similar, temía aceptar su destino, pero era momento de dejar el miedo de lado.
-Tu vida cambiará por completo cuando aceptes quién eres en realidad, eso te lo puedo asegurar.-Sentenció Pavel antes de retirarse de la biblioteca, dejando a Alec en un estado reflexivo muy necesario.
La noche abrazó a todos con su manto y luego de muchas noches de lucha, Alec por fin fue capaz de tener un merecido descanso. Era muy necesario, después de todo, al día siguiente partirían rubo al santuario nuevamente. La despedida fue agridulce, la visita a ese lugar había sido sin duda alguna una catarsis en su vida. Había comprendido el significado de muchas cosas, se sentía fuerte, valiente y capaz de aceptar su destino por fin. Sentía que a partir de ese instante, todas las cosas cambiarían para él y tenía razón.
Sus padres y Altair habían dado ya algunos pasos para emprender su marcha, pero cuando él estuvo dispuesto a hacerlo, sintió una fuerza descomunal que le impedía separar sus pies del suelo. El tiempo se detuvo para él en ese instante, pudo ver que unas sombras lo encadenaban al suelo y al levantar la mirada se se sintió horrorizado, pues sus acompañantes se encontraban en las mismas condiciones. En un rápido movimiento, utilizó encendió su cosmos y con un certero movimiento cortó las cadenas que lo ataban.
Una masa amorfa de oscuridad comenzó a surgir de entre la nieve, la tensión en el aire iba aumentando poco a poco. Todos se mantenían alerta y a la expectativa de lo que pudiera suceder. Las sombras comenzaron a tomar forma humana, Pavel sintió un nudo en la garganta al ver que se trataba de su hermana Tonya. Con un movimiento de su mano lo retuvo y lo lanzó contra uno de los muros del castillo. Comenzó a caminar con paso seguro hacia a Alec, quien se encontraba a la defensiva.
-¿Sigues vivo? ¡Qué molestia!-Exclamó la diosa maligna mientras se acercaba a él.
-¿Qué hiciste con mi hermano?-Cuestionó Alec lleno de furia.
-¿Hermano? ¿Todavía lo consideras como tal? ¡Qué dulce!-Dijo ella en tono sarcástico.
-¡Responde ahora!-Dijo Alec mientras se preparaba para atacar.
-Digamos que ya ha dejado de ser un estorbo, debiste escuchar sus gritos de agonía. Sus ultimas palabras fueron "no lastimes a mi hermano", pobre chiquillo.-Dijo Tonya con una sádica sonrisa.
Alec sintió que algo dentro de él se rompía al escuchar esas palabras, no podía ser verdad, debía ser una pesadilla.
Hi, this is Vega! Por fin volví, unos cuantos caps más y esta historia se termina, será un poco más corta que la anterior. Se acerca el final :3
