(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)
Mentir por Amor
Capítulo 13
Promesas que cumplir
(Sakura)
Tomoyo Daidouji se sitúa frente al espejo de cuerpo entero junto al armario y contempla su imagen proyectada en su propio reflejo. Luce un precioso salto de cama violeta con pequeños brillantes incrustados en torno al pecho y por el borde. El raso brilla a la luz de la lámpara que ilumina la habitación de mi amiga y con ella su rostro, que adopta una sonrisa pícara cuando gira sobre sí misma para comprobar cómo le queda por la espalda.
—Creo que he hecho bien en comprarme este modelo. —sentencia satisfecha consigo misma.
Yo me levanto de la cama y me acerco a ella. Contemplo su imagen en el espejo y asiento conforme con la cabeza.
—Estás genial, Tomoyo. El azul que vimos también era bonito, pero este te sienta realmente bien.
Tomoyo se ríe antes de esconderse tras el armario para ponerse su pijama de felpa. En verdad no sé por qué no se anima a participar en alguna prueba para ser modelo profesional. Creo que mi amiga tendría muchas posibilidades de ser elegida y así tendría la vida resuelta. Pero Tomoyo quiere dedicarse al mundo del cine. No tiene claro qué papel quiere desempeñar, pero sí sabe que quiere convertir su hobbie en algo más. Al menos ella tiene claras sus ideas, cosa que yo aún me estoy replanteando y barajando posibilidades.
Me dejo caer sobre la cama echando un vistazo a las bolsas que reposan en el suelo. Después de comer en un restaurante de comida rápida, nos hemos pasado toda la tarde de compras. Akari Desing, Gurb, Nunoya, Haruku, DojoCosaart y muchas más tiendas en las que hemos gastado más de la cuenta. Y no sólo hemos comprado ropa o cierto tipo de lencería (para los oscuros propósitos de Tomoyo, que a saber cuáles son), sino que también hemos pasado por Music&CinemaHall para mirar CDs o películas que escuchar o ver esta noche, y Koi Tsuba, la famosa joyería en la que no hemos gastado ni un triste yen, sin olvidarnos de Piffle Princess, un supermercado donde nos hemos hecho con la cena, varios aperitivos y sobres y más sobres de café para aguantar las próximas horas si pegar ojo.
Si la tarde ha sido de chicas, la noche también va a llevar colgada esa misma etiqueta. Y es que hacía mucho tiempo que Tomoyo y yo no nos reuníamos de esta manera para hablar de nuestras cosas, para compartir nuestras experiencias o para pedirnos consejo mutuamente. Y el hecho de que yo me quedara a dormir en su casa surgió de repente, cuando nos dimos cuenta de que una larga charla por teléfono no sería suficiente para llenar el vacío dejado la una por la otra durante estos meses, además que tampoco nos saldría rentable, ya que nuestra economía hoy no da para más.
—¿Por qué no te pruebas el tuyo? ¡Tienes que estar divina con él!
Tomoyo se agacha en el suelo y se pone a rebuscar el salto de cama que prácticamente me ha obligado a comprar tras probarme infinidad de modelos sin que ninguno llegara a convencerla. Cuando lo encuentra me lo arroja con fuerza y me arrastra otra vez hasta el espejo, en donde permanece a la espera de que yo me lo ponga.
Pero no puedo hacer otra cosa más que dirigir mi mirada de la prenda a Tomoyo, de Tomoyo a la prenda, de la prenda al espejo y otra vez a Tomoyo. Al final termino por sonrojarme.
—¡Qué dices! Si me lo he comprado es por todo lo que has insistido y porque no dejabas que saliera de la lencería si no me lo llevaba, pero no pienso ponérmelo… ¡Qué vergüenza!
—¿Por qué no? ¡Si es precioso!
—Pero apenas "es" —insisto yo colocando el picardías delante de su nariz— ¿No había otro que no tuviera tantas transparencias a o qué? ¿Precisamente tenía que escoger este? ¡Bah! De todas maneras, esto sólo le quedaría bien a la modelo que salía en la foto… Yo no tengo ese cuerpo tan perfecto…
Tomoyo me arrebata el salto de cama y lo coloca sobre mi pecho mientras sonríe.
—¡Bobadas! Eso no son más que tonterías. Además, ya me lo agradecerás cuando le des un buen uso… No sabes el juego que dan estas cosas.
—¡To-Tomoyo!
Ella me guiña un ojo y se sienta frente a su tocador dispuesta a cepillarse el pelo después de la ducha que acaba de tomar.
—Madre mía, estás loca —comento yo bromeando— ¡Como una cabra!
Pero ella tiene la última palabra.
—Shaoran sí que se va a volver loco cuando te vea con eso puesto.
Creo que incluso me mareo cuando Tomoyo pronuncia la última frase de lo rápido que se me sube la sangre al cerebro. Me imagino la escenita y rápidamente deshecho la idea. ¡Esta Tomoyo es una pervertida! ¿No es mejor hacer las cosas poco a poco con su pequeño toque romántico que presentarme medio desnuda delante de Shaoran? ¡Hala, a saco! Son ganas de acelerar el proceso y esas cosas hay que disfrutarlas, digo yo…
—Mm… ¿En qué piensas, Sakura?
—¡En nada!
Y ella sabe que no es verdad, pero prefiere sonreír y seguir cepillándose su larga cabellera negra y ondulada mientras contempla su rostro en el espejo ovalado de su tocador.
—La verdad es que no sé cómo has acabado saliendo con Shaoran Li. Creí que sería el último chico en quien te fijarías. —comenta posando un dedo sobre sus labios y fijando la mirada en el techo— Recuerdo que cuando llegó al colegio por primera vez no os podíais ni ver, y pese al tiempo que habéis sido compañeros de clase no habéis tenido suficiente para conoceros en profundidad. Todo fue tan rápido…
—Y eso no ha cambiado mucho —admito algo entristecida mientras ella ladea la cabeza preguntándose el significado de esas palabras— Quiero decir que ahora tampoco sé demasiadas cosas que antes no sabía. En realidad él no me cuenta muchos detalles de su vida.
—Bueno, Li es un chico al que le cuesta abrir su corazón. Seguro que contigo será diferente.
—Te equivocas… Tampoco abre su corazón conmigo.
Y aún no sé hasta qué punto son ciertas esas palabras. Cada vez que Shaoran y yo estamos juntos, la sensación de que me oculta algo es demasiado fuerte y a veces incluso llega a impedirme disfrutar de los momentos que compartimos los dos. Si llegará a confiar plenamente en mí algún día es algo que todavía no puedo saber a ciencia cierta, pero no hay nada en el mundo que yo más desee que eso: obtener definitivamente su voto de confianza. Es difícil compartir la vida con alguien que no quiere hacer lo mismo con la suya.
Tomoyo se acerca a mí al ver mi expresión compungida y me pasa los brazos por mis hombros.
—Eriol tampoco me cuenta todos los aspectos que le rodean, ¿sabes? Todo el mundo tiene secretos, Sakura. Y hay algunos que son tan grandes que es mejor mantenerlos alejados de los demás y tratar de olvidarlos, pues probablemente hagan demasiado daño y causen tanto dolor que si se ocultan sea precisamente para proteger a la otra parte. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
—Caray, Tomoyo…
Tres toquecitos en la puerta interrumpen nuestra conversación y Rumi Tsutsumi, una empleada del servicio, entra en la habitación de mi amiga con el teléfono inalámbrico en la mano.
—Señorita Daidouji —dice asomando la cabeza sin atreverse a entrar del todo en el interior del cuarto— Tiene una llamada de un muchacho, creo que es la primera vez que llama…
—¿Un muchacho? ¿De quién se trata?
Rumi se encoge de hombros.
—No lo sé. Me ha dicho que se llama Shaoran Li, ¿qué le digo?
Tomoyo y yo intercambiamos una rápida mirada, ambas sorprendidas por esa llamada. ¿Qué se supone que hace Shaoran telefoneando a casa de mi amiga a estas horas? Ya es muy tarde… y además, ¿a Tomoyo? ¿Por qué?
—Pásamelo —pide Tomoyo levantándose de la cama y encaminándose hacia la puerta para tomar el teléfono que le ofrece Rumi, que inclina levemente la cabeza y se marcha por donde ha venido.
—¿Li? ¿Qué pasa? ¿Por qué…?
—¿Daidouji? ¿Eres tú? —a ella ni le da tiempo a responder— ¿Está por ahí Sakura? ¡Es importante! ¡Pásamela, por favor!
—Li, tranquilízate… ¿Se puede saber qué ha sucedido?
—¡Pásame a Sakura, por favor! —repite perdiendo los nervios.
Tomoyo aparta el teléfono de su oído entrecerrando los ojos por los gritos que suelta Shaoran al otro lado de la línea, y me lo ofrece con una expresión muy extraña en el rostro.
—Quiere hablar contigo —explica mientras se sienta a mi lado.
Yo tomo el auricular entre mis manos y algo temerosa me lo llevo a la oreja. Que Shaoran llame de esta manera me parece algo de lo más raro. Y por lo que ha dicho Tomoyo, algo ha debido de suceder. Aún así intento bromear y fingir que no me he enterado de nada, lo cual en cierto modo es verdad.
—¿Qué? ¿No puedes estar sin escuchar mi voz?
Shaoran emite una especie de gruñido y masculla algunos extraños vocablos en chino que no soy capaz de entender. De fondo puedo escuchar los horribles y desgarradores gritos de una voz femenina junto a otra masculina que ruega silencio tratando de acallar sin éxito a la chica, pues el escándalo que ésta provoca no cesa y sigue deshaciéndose entre chillidos que desgarran su garganta. Es entonces cuando comprendo que no es momento para bromas.
—¿Qué pasa ahí, Shaoran?
—Por favor, Sakura, tienes que venir a mi casa. Se trata de Meiling, necesito que te quedes con ella esta noche. —explica rápidamente atropellándose con las palabras al hablar— ¡Por favor!
Y suena tan temeroso, tan sumamente inseguro, que por una vez la desesperación vence a la curiosidad y tan sólo le doy una respuesta afirmativa antes de colgar el teléfono.
De pronto comienzo a unir conceptos a toda velocidad. Sin duda algo ha sucedido, y el miedo que trasmite Shaoran no es por otra cosa más que por una chica que grita desesperadamente al otro lado de la línea telefónica; su prima, Meiling Li (¿Qué hace ella aquí? ¿Acaso no estaba en Hong Kong?), que pese a no ser precisamente santo de mi devoción, necesita mi ayuda. Y si es lo que yo puedo hacer, entonces no dudaré ni por un segundo en brindársela. Tal vez sea porque a ella también le gusta Shaoran…
Visto eso sólo tengo que averiguar a quién pertenecía la otra voz, la masculina… En cualquier caso puedo hacerme una idea, y si fallo en mis teorías podré comprobarlo ahora mismo.
Tomoyo me observa con preocupación y sin atreverse a entablar una conversación conmigo para preguntar qué es lo que ha sucedido.
—Tendremos que dejar la noche de chicas para otro momento, Tomoyo —digo amargamente sin dirigirle la mirada—. No sé lo que ha pasado, pero es algo relacionado con Meiling y Shaoran me ha pedido que vaya y cuide de ella hoy. Tengo que irme…
—¡Voy contigo!
—No te preocupes, tú quédate aquí y descansa. Mañana de todas maneras hay que madrugar…
—Pero si íbamos a quedarnos despiertas toda la noche, ¿qué más da? Además, ¿tú crees que voy a poder dormir sabiendo esto? Li parecía muy alterado… Y de todas formas, esta noche estaba sola con la señorita Tsutsumi, así que podré escaparme sin que mi madre se entere…
—Tomoyo…
—Vamos, me cambio y te acompaño.
Mi amiga se encamina hacia el armario mientras se va quitando el pijama por el camino, dispuesta a no seguir con la discusión, pues tiene decidido que se viene conmigo. Yo no me niego a que haga lo que ella quiera, quizás porque en el fondo quiero que realmente me acompañe.
Diez minutos después ya estamos en la parada del autobús que lleva hasta el apartamento de Shaoran. Por el camino no cruzamos ni una palabra. Tomoyo se dedica a mirar por la ventanilla del vehículo mientras que yo entrecruzo los dedos nerviosamente una y otra vez. Ya es bastante tarde y casi no vemos a nadie por la calle. Sólo algunas tiendas, en su mayoría bares o locales nocturnos, permanecen abiertos. Una vez más compruebo el reloj. Shaoran no hubiera llamado si no se tratara de un asunto de suma urgencia. ¿Qué habrá podido ocurrir? Por la tarde todo parecía estar en orden…
Cuando por fin llegamos, podemos comprobar que desde el exterior se pueden ver perfectamente todas las luces de la casa de Shaoran encendidas y también un par de sombras correteando a toda velocidad en el interior.
Tomoyo y yo avanzamos por el jardincito que conlleva al portal del bloque de apartamentos. El portero se ha quedado dormido y ni siquiera nos impide el paso cuando llegamos a la puerta de entrada, si bien es verdad que conmigo no habría problemas, ya está acostumbrado a verme por aquí.
Mientras subimos las escaleras, Tomoyo pregunta:
—¿No tienes la llave de su apartamento?
Yo niego con la cabeza.
—Qué va… Tampoco llevamos tantísimo tiempo saliendo como para que él haya decidido que yo pueda tener una copia de las llaves de su casa, ¿no?
Ella no dice nada más, simplemente decide callarse y no contestar, pero sus palabras consiguen apenarme. Es cierto lo que le he dicho minutos antes. Shaoran y yo, pese a estar saliendo juntos, no tenemos tanta confianza depositada el uno en el otro. Apenas sé detalles de su vida… Ni siquiera conozco cuáles son sus metas, qué piensa hacer cuando se gradúe o algo tan sencillo como lo puede ser su comida favorita. Y es que durante todo este tiempo, lo único que ha hecho Shaoran ha sido protegerme de todo y de todos. Y yo lo único que he pretendido ha sido refugiarme dentro de esa cálida protección hasta el punto de enamorarme. Nunca ha habido palabras relacionadas con un futuro tan incierto por parte de ambos… Él sólo me protegía cuando yo lo necesitaba, ofreciéndome todo su consuelo a cambio de un cariño que Shaoran nunca me obligó a regalar. Todo había sido muy bonito, sí. Incluso he llegado a tener la sensación de que con eso ya no necesitaba nada más… Pero ahora me doy cuenta de que las palabras bonitas no bastan y que la necesidad de conocer cada ínfimo detalle de su vida para yo poder completarla como se merece, se ha convertido en algo vital. Algo que, ahora por ahora, no poseo… y que espero llegar a tener algún día no muy lejano.
A medida que nos acercamos a su apartamento, podemos percibir las agitadas voces que proceden de su interior. El ir y venir de pasos nerviosos sin saber qué hacer o cómo controlar una situación que aún no conocen. Y los gritos que no cesan. Eso es lo peor.
—¡¿Por qué tiene que ser ella? —chilla la chica desde dentro de la casa— ¡No me dejéis sola con ella! ¿No os habéis dado cuenta de que es la culpable de toda esta mierda?
Siento una sensación extraña cuando Meiling pronuncia esas palabras. Duele… justo en el pecho… Por algún motivo el dolor es tan intenso que incluso me dificulta la respiración…
Shaoran exige silencio a su prima.
—¡Yo confío en ella! —exclama— ¡Así que vosotros debéis hacer lo mismo!
Tomoyo posa delicadamente sus manos sobre mis hombros. De pronto nos hemos quedado petrificadas en el umbral de la puerta, con los dedos suspendidos en el aire sin atrevernos a llamar al timbre.
Un mal presentimiento atraviesa mi cuerpo, como si algo quisiera indicarme que en el momento en que me abran la puerta y ya esté dentro del apartamento de Shaoran, todo habrá terminado…
Sacudo la cabeza de un lado para otro intentando convencerme de que estoy desvariando. Eso es… sólo son desvaríos de una corazón que ve las cosas donde no las hay.
Tomoyo avanza un par de pasos. Me observa cuidadosamente y al final presiona con ligereza el timbre, que emite un pitido ininterrumpido hasta que mi amiga retira la mano del interruptor.
El silencio se extiende de repente por toda la casa. Sus ocupantes parecen tardar unos segundos en reaccionar, pero finalmente se retoman los pasos que caminan hacia el recibidor. Primero veo un haz de luz amarillenta por la rendija de la puerta entreabierta y después… a él. Eriol Hiiraguizawa. El cabello algo revuelto le cae sobre la frente, tiene las gafas ladeadas y la tez más pálida que de costumbre, aunque sus ojos no han perdido su intenso brillo azul y mantiene una respiración tranquila y pausada. Tan seguro de sí mismo como siempre.
Tomoyo se sobresalta al verle aparecer de forma tan repentina, pero enseguida se recompone e intenta echar un vistazo a través de la puerta. Eriol se da cuenta de sus intenciones y, tras salir al portal, la cierra tras de sí, situándose delante de la misma.
—¿Qué haces tú aquí, Tomoyo? —pregunta con una mirada llena de desconfianza— no deberías haber venido…
—Estaba preocupada. ¿Dónde está Li? ¿Y Meiling? ¡Queremos saber qué pasa!
Eriol no contesta. Se limita a agachar la mirada mientras yo me pregunto qué tienen sus zapatos que los hagan tan interesantes como para no apartar la vista de ellos ni por un solo segundo.
—¿Hiiraguizawa?
—Será mejor que pases, Kinomoto.
Eriol se echa hacia su derecha para permitirme la entrada. Luego toma a Tomoyo de la mano y se la lleva bajando por las escaleras sin pronunciar palabra. Él, con un semblante perdido en la nada y más que entristecido por razones que no alcanzo a entender. Ella, bastante sorprendida pero obediente siguiéndole en pos de sus pasos.
Yo me avecino cuidadosamente al apartamento cuando ambos se pierden de vista en la oscuridad de la noche. Puedo escuchar algunos gimoteos procedentes de la habitación de Shaoran, por lo que me dirijo hasta allí con el corazón en un puño y temiendo lo que pueda encontrar, sintiendo que el camino se hace más largo, oscuro y sinuoso a medida que sigo adelante. ¿Esto también es un mal presentimiento?
—¡Sakura!
Nada más ver mi figura asomarse a su cuarto, Shaoran se levanta de la cama y me abraza con fuerza. Ese gesto parece reconfortarme durante los segundos en que él permite mi refugio en su pecho, pero cuando rompe el abrazo también muere la magia. Es entonces cuando reparo en la presencia de Meiling, respirando agitadamente debajo de un montón de mantas y sábanas, con la cara bastante colorada y los ojos inyectados en sangre. Sufre algún que otro temblor repentino que inútilmente intenta controlar y me mira con algo que yo decido interpretar como miedo o tal vez turbación. No parece ella…
Shaoran besa mi frente y me toma de la mano avanzando hasta la cama. Su prima retrocede hasta dar con el cabecero, terriblemente asustada. Abro la boca para hablar, mas me obligo a morderme la lengua y tragarme mis palabras, mis interrogantes… Y es que quisiera conocer los detalles de esa historia que todos parecen ocultar, o al menos tratar con sumo misticismo, pero el miedo a preguntar es demasiado grande, tanto que es incapaz de vencer mi atrevimiento.
Ajeno a todo, Shaoran toma la mano derecha de Meiling y la une a la mía. Ella, que al principio renegaba ese contacto, abre mucho los ojos ante el tacto de mi piel en la suya. Algo así como yo, que no entiendo cómo una persona puede sentir tantísimo frío. Poco a poco, Meiling acompasa su respiración y va tranquilizándose a medida que afecta esa mano que Shaoran ha puesto allí para ella. Él sonríe.
—Lo sabía… —masculla débilmente mientras su prima lo escruta aún con el asombro en el rostro— Sabía que era cuestión de confianza…
—¿Por qué…? —pregunta su prima recostándose en la cama y aceptando por completo esa calidez que desprende mi piel y que la ayuda a detener la frialdad de su cuerpo— ¿Por qué… Kinomoto ha sido la única que… ha podido calmar esta sensación tan gélida si… si…?
Shaoran se lleva el dedo índice a los labios mirándome de reojo con una mirada que no me ayuda a entender la situación.
—Ahora debes descansar, Meiling —dice y se gira hacia mí— Por favor, Sakura, cuida de mi prima esta noche. No puedo pedírselo a nadie más que a ti.
—¿Y qué pasa contigo? ¿Y Eriol? Shaoran, no entiendo nada…
—Eriol y yo debemos marcharnos… a Hong Kong.
—¿Qué? Dijiste que tú no te marcharías… Además, ¿qué tiene Meiling? ¿Por qué ella…?
No contesta y lo único que hace es mirar nostálgico por la ventana, en donde las luces blanquecinas procedentes de las farolas que enfilan las calles se confunden con los resplandecientes copos de nieve.
—Tenemos que resolver algunos asuntos allí —explica finalmente algo apenado— Regresaremos en un par de días.
Ya estamos con su aura de misterio alrededor de sí mismo. La historia se repite de forma idéntica. Shaoran y sus secretos, Shaoran y su misticismo, Shaoran y sus incógnitas, Shaoran y sus enigmas, Shaoran y sus labios sellados. Simplemente Shaoran. ¿Pero qué pasa conmigo? ¿No soy tan importante para él como para que no quiera contarme los detalles de algo que le obliga a marcharse del país como si hubiera cometido algún extraño delito? ¿Como un fugitivo?
—¿Acaso no puedes contármelo? —intervengo torciendo la mirada.
—Claro que sí —contesta acercándose y pasándome una mano por el pelo— En cuanto regrese te lo contaré todo. Te lo prometo.
Shaoran extiende su dedo meñique ocultando el resto entorno a su puño. Yo imito sus movimientos ciñéndome una vez más a otra de sus promesas. Al final entrecruzamos los dedos mientras nos matamos con la mirada y Eriol decide entrar de nuevo en el apartamento acompañado de Tomoyo.
—Shaoran, debemos irnos ya…
—Sí —asiente— Por favor, chicas, cuidad de Meiling. Si tenéis que seguir yendo a clase no voy a obligaros a que os quedéis aquí con ella. Aunque sea sólo por esta noche, pero no os alejéis de su lado mientras nosotros no estemos, ¿de acuerdo? Volveremos en dos días.
Shaoran se gira hacia su amigo.
—No habrá problemas —asegura Eriol acompañando sus palabras con un gesto de la mano— Ha surtido justo el efecto contrario, tal y como imaginaba…
Una vez más, Shaoran redirige su mirada hacia nosotras, que esperamos junto a su prima. No dice nada. Tan sólo inclina la cabeza levemente y añade:
—Nos vamos. Llamadnos si pasa algo.
Tomoyo se sitúa junto a mí y asiente con la cabeza antes de ver cómo Shaoran y Eriol desaparecen por la puerta tras dejarnos una copia de las llaves del apartamento. Una parte de mí, tal vez la más irracional, se muere por correr tras Shaoran, tomarle del brazo y pedirle, incluso suplicarle o rogarle, que me explique todo de una maldita vez en lugar de hacerme obedecer. Mas eso sólo le ocasionaría compromisos y problemas innecesarios, por lo que aún guardo un poco de cordura en mi interior como para comprender que es mejor dejar que se marche tal cual, aferrándome a la promesa de que me contará todos los detalles a su regreso.
Meiling se ha quedado dormida sobre la cama de Shaoran una vez ha recuperado la calma, al menos aparente, y tras haberse hecho a la idea de que ahora podrá descansar.
Tanto Tomoyo como yo intercambiamos sendas miradas con las que sobran las palabras. Luego nos acurrucamos junto a Meiling y la abrazamos con fuerza para que conserve el calor que poco a poco va ganando.
Sí, sólo nos miramos. No hace falta más. Y es que con un simple choque de pupilas, ambas hemos comprendido sin palabras que ninguna de las dos entiende nada, ninguna de los dos sabe, ninguna puede predecir qué sucederá a partir de ahora. Pero acaso yo tal vez puedo intuir que esto, es el principio de mi fin…
(Shaoran)
Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.
La cita del escritor español se repite en mi cabeza constantemente como un malicioso eco que acude a mí para empeorar las cosas, para demostrar que de todas maneras y pese a los que me rodean, la felicidad es una estúpida utopía no apta para mí. El principio del fin… El mío, el nuestro… Tomar una decisión que escoja el futuro de nuestras vidas es lo que he de hacer ahora. Es increíble cómo podemos estar ciegos durante años, concentrando nuestros días en pequeños fragmentos aislados que de pronto empiezan a cobrar sentido al mismo tiempo, intensificando lo que nos depara el destino; vivir y sólo vivir para seguir viviendo y acabar nuestro viaje lejos, muy lejos de lo que llamamos hogar. Olvidar todo y a todos, experiencias, amigos, relatos, ilusiones, pasiones, locuras y también razones. Descansar, cerrar los ojos y sumirnos en la oscuridad. Morir… y seguir viendo la vida pasar. Sí… es increíble… Pero, ¿de qué me extraño? Esto también es un tópico.
El hombre vestido de negro sostiene con frialdad, entre sus manos, un pequeño jarrón dorado que podría calificar de hermoso si no fuera porque en realidad esconde otro significado muy diferente para mí…
Avanza con cautela por el estrecho pasillo blanco sin mirar a ningún sitio en concreto, concentrándose únicamente en la sicomotricidad de sus pasos para no tropezar mientras frunce el ceño ligeramente y con disimulo. Y no espero simpatía por su parte, tampoco pena o compasión. Sencillamente está haciendo su trabajo y por macabro que pueda parecer, él ya está acostumbrado a este tipo de situaciones, a ver los rostros apenados de la gente, a las malas noticias, a las lágrimas y también al desconsuelo. En cierto modo, a la deshumanización…
—Lo siento mucho.
El hombre se detiene frente a Lyang Li, que permanece inmóvil con su porte magnánimo invadiendo la pequeña estancia en donde nos encontramos. Su rictus no ha adoptado en ningún momento sentimiento alguno de tristeza o incluso rabia, de frustración por haber perdido a su ser más querido, aquel al que supuestamente regaló su amor de forma incondicional y sin lugar para el temor.
El pobre hombre presiona el jarrón contra su pecho y mira en derredor, preguntándose si realmente esta es la familia del muerto y sin atreverse a pronunciar una sola palabra más. Mi padre continúa con la vista perdida en algún punto fijo del gotelé de la pared de enfrente y poco le importa el desarrollo de los acontecimientos. Su infinita indiferencia me molesta, me provoca una ira que apenas puedo contener y también hace que quiera decirle cuatro palabras bien dichas, aun si son malsonantes o si van dirigidas a él, Lyang Li.
Pese a todo soy capaz de retener mi frustración y avanzar con cautela hacia el hombre vestido de negro que sigue esperando una respuesta. Él me da el jarrón rápidamente e inclina la cabeza antes de desaparecer por donde ha venido y continuar con su trabajo.
Lyang y yo permanecemos varios minutos en silencio. Tal vez yo espero que me dedique algunas palabras de consuelo, alguna explicación lógica del por qué de la muerte de mamá. Pero él sigue inmóvil contemplando la pared, que debe ser la más maravillosa que ha visto en su vida.
—¿No vas a decir nada? —digo al fin rompiendo el silencio.
Mi padre no contesta y esa reacción es directamente proporcional a mis ganas de querer estallar y abandonar todo. Olvidar. Provocar daño… el mismo que él le ha ocasionado a Ielan. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de mamá siendo maltratada por él según me dio a entender Xiao Mei… O cuando intenté llamar por teléfono a casa y él, no preguntéis cómo, había hecho desaparecer la línea, dejando a Ielan a su merced y sin ayuda posible. Sin escapatoria.
Girando sobre mis talones le doy la espalda y comienzo a alejarme hacia la puerta de salida, buscando el aire fresco que ayude a despejar mis ideas. Por mí como si se queda eternamente frente al gotelé de la pared… Lyang Li es una persona que ha dejado de importarme.
—¿Sabes por qué ha muerto tu madre? —masculla sin mirarme a la cara.
Yo detengo mis pasos y contemplo su silueta hasta que él da media vuelta y me clava sus ojos, idénticos a los míos.
—¿De qué hablas?
—El momento de Despertar se acerca —sentencia lentamente mientras se acerca a mí— Y tú… ¡No has hecho nada!
Lyang golpea con el puño cerrado la pared que le había mantenido absorto durante varios minutos. El golpe es tan fuerte que incluso tengo la sensación de que el gotelé se ha resquebrajado. Parece que está realmente enfadado. Puedo verlo en todas y cada una de sus facciones. Pero lo que realmente me consume por dentro son sus palabras.
¿La culpa de que Ielan haya muerto ha sido de Sakura? ¡Qué sabrá él!
—En lugar de preocuparte por salvar a tu familia… ¡Te has enamorado como un crío de catorce años! ¡Y actúas como tal! ¿Quieres comportarte de una maldita vez como un hombre y hacer lo que debes?
Lyang señala el anillo en el dedo anular de mi mano izquierda, aquel en el que, sobre la plata, puede leerse el nombre de Sakura.
—No tienes derecho… —intervengo sin dejarme intimidar— No tienes derecho a replicarme nada cuando tú le has hecho tantísimo daño a mamá. ¿Crees que no lo sé? ¡Eres un…!
—Los cortes no salieron en su piel por una enfermedad. El poder de aquella que guarda parte de la magia de Clow ha comenzado a Despertar hace algún tiempo. Y tú no te has preocupado por comprender lo que eso significaba. Tu madre, tal vez por ser la más apegada a ti, empezó a sufrir las consecuencias y este es el resultado final. —termina señalando el jarrón dorado con el dedo índice.
—¿Qué insinúas? ¿Los cortes? —pregunto con indignación. ¿Acaso piensa que no sé nada de lo que ha ocurrido en Hong Kong mientras yo estaba en Japón tratando de cumplir esa maldita meta para la que nací?— ¿Y cuando hiciste desaparecer la línea telefónica? ¿Y los moratones, qué? ¡Joder! ¡Tú pegabas a mamá! ¡No puedes echarme en cara que yo…!
Lyang me agarra por el cuello y casi me estampa contra la viga que sostiene el piso de arriba. Presiona sus dedos contra mi piel, sintiendo tensarse los músculos debajo de ella, y frunce exageradamente el ceño. Le tiemblan los labios, pero eso no le impide hablar.
—No des por hecho aquello de lo que no tienes pruebas. Shaoran, ¿cómo puedes pensar que yo maltrataba a Ielan? Eso también era fruto de lo que reveló la profecía. Y si aquella vez que llamaste hice desparecer la línea fue tan sólo para que no interrumpieras. La situación estaba empeorando y no queríamos preocuparte.
No puedo creerle. No puedo creer que esté diciendo todas esas burdas falacias cuando tiene a su propio hijo acorralado y con esa mano que presiona fuertemente su cuello. Siento que empieza a faltarme el aire si sigue apretando…
—Mientes… Yo ya no me creo nada que venga de ti…
Lyang me suelta y comienza a avanzar hacia la salida del edificio. Mientras yo toco la zona que él ha tenido entre sus manos con tanta fuerza, ahogándome…
—Haz lo que te venga en gana. ¡Encuentra a esa chica y acaba con ella si no quieres que indague más y sea yo mismo el que lo haga! —dice y añade— O si no tu prima, Meiling, será la próxima en caer. Y si esa chica de la que te has enamorado te impide cumplir tus objetivos también me encargaré personalmente de ella.
—¡Si le pones la mano encima, yo…!
Se marcha sin más, dejándome a solas con el terrible presentimiento de que la próxima sea ella, Meiling… o acaso Sakura. Y en el caso de que sea ésta última, ya no seré capaz de contenerme.
Siempre he querido plantarle cara a Lyang, incluso ahora. Hay tantas cosas que quisiera gritarle a Lyang en este momento... Cosas que un hijo en condiciones normales jamás debería recriminarle a su padre… Pero a estas alturas, ese lazo no nos une y tampoco puede decirse que yo sea alguien normal.
Corro a toda velocidad tras él, pero cuando quiero darme cuenta, ya no está. Se ha perdido hacia su próximo destino, hacia sus planes, hacia su vida sin mamá.
En la calle, mis cuatro hermanas están abrazadas formando una piña. Aún siguen llorando desconsoladas mientras Eriol Hiiraguizawa trata inútilmente de minimizar la situación. Ellos son ahora mi única familia. Mis hermanas, Meiling y Eriol (en cierto modo). Pero también lo es Sakura. Y tal vez ella es la más importante de todos. La chica a la que más quiero y a la que más me cuesta ver llorar.
Con delicadeza acaricio el jarrón que todavía sostengo entre mis manos. Eriol me observa desde su posición sin dedicarme ninguna expresión en particular, quizás porque ahora no puede sentir nada más que no sea dolor y por ello trata de ocultarlo a los demás.
Yo tampoco digo nada ni dejo entrever cualquier emoción. Sé lo que tengo que hacer. Y no puedo esperar a cumplir mi cometido, uno nuevo que no haga más daño a los demás, aún siendo yo el que deba cargar con todos sus pecados y consecuencias. Aún siendo yo el único destinado a sufrir.
Así, tras mirar al cielo blanquecino por última vez, desaparezco entre la nada bajo la atenta mirada de mis hermanas y Eriol. Usar la magia a plena luz del sol, rodeado de montones de humanos que ignoran el significado del misterio, es un delito para nuestra Comunidad… Los Secretos Insoldables de la Magia deben permanecer ocultos hasta el día en que desaparezcan o puedan convivir en paz. Durante años, la Familia Li ha llevado esa carga con honor, ser los únicos herederos de esa magia que ahora corre peligro por ser nuestro más vital y necesario sustento. Si perdemos nuestro poder, también nos perdemos nosotros mismos por senderos inexplorados donde reina la oscuridad. Es el regalo que nos legó Clow. Para unos una bendición, para otros la más terrible de las maldiciones. Y soy yo el que ahora debe elegir en qué convertir esa herencia.
Sí, emplear la magia de este tipo, trasladarse sin más con un ligero movimiento de las manos frente a un centenar de gente que viven sumidos en la ignorancia de este don es considerado un delito, una grave falta… Pero supongo que ahora todo me da igual.
Aparezco en un lugar desconocido. Tan sólo he tenido que visualizar el sitio adonde quería ir, pero lo cierto es que no tenía constancia de que ese lugar existía en el mundo.
Estoy rodeado de grandes rocas negras y bastante erosionadas. El sol brilla en lo alto de un cielo azul y su reflejo se proyecta en las olas del mar que chocan contra los acantilados. Desde mi posición, en la cima, puedo contemplar un paisaje digno de admiración, un paisaje que también le gustaría a Ielan.
Sobre el pico del acantilado hay alguien. Una mujer que oculta su rostro con un largo manto beige y que no deja de mirar el oleaje. Me aproximo a ella con cautela y me siento a su lado cuando la alcanzo.
—Eres Shaoran Li, ¿verdad? —pregunta.
—Sí —contesto yo sin preocuparme las razones por las que ella conoce mi nombre.
Sonríe.
—Me alegro de que por fin nos hayamos encontrado —continúa contemplando el océano que se extiende ante nosotros— Vaya… así que realmente eres el último heredero de los Li. Has crecido mucho.
Decido no contestar y dejar que esta extraña mujer siga hablando. En verdad ahora no me importa nada. Sólo Sakura… pero ella no está aquí.
—Tú no sabes quién soy ni cómo he llegado hoy hasta ti… Pero yo sí sé quién eres en verdad y qué estás haciendo en este lugar. Sé lo que va a suceder a partir de ahora y cómo acabará esta historia. Es por eso mismo que yo he tenido que abandonar todo lo que me importaba para concederos el deseo de vivir.
—¿A quién querrías tú conceder ese deseo? —pregunto al final.
La mujer ladea su cabeza y extiende sus manos hacia el manto que cubre su rostro. Con lentitud va apartándolo, revelando una larga cabellera negra y ondulada… y unos resplandecientes ojos verdes que se me hacen extrañamente familiares. ¿Por qué tengo la sensación de que conozco a esta mujer?
—A ti… y a Sakura —dice sin dejar de sonreír— Por ello debo pedirte que escojas lo que escojas a partir de ahora… Sea un futuro en el que ambos podáis ser felices.
—¿Y puedes garantizarme que esto tendrá un final feliz?
Asiente con la cabeza y acaricia mi mejilla con ternura.
—Te lo garantizo. Ielan también lo sabía. Por ello sacrificamos estar al lado de los que más amamos. Para poder otorgaros una felicidad que tarde o temprano llegará. Esto es algo que también he intentando decírselo a Sakura.
—¿A Sakura? ¿Cómo?
—De algún modo. —contesta con alegría— ¿Me haces un favor? Quiero que le digas a Sakura que siempre he estado a su lado. Y que algún día regresaré junto a ella. Dile que la echo de menos… y que la quiero con toda mi alma. Dile que tu decisión será la correcta.
Sin abandonar su sonrisa, se pone en pie mientras yo imito sus movimientos pensando en ese pequeño favor que he de hacer e imaginando que Sakura me tomará por loco si le cuento que alguien que no conoce de nada ha querido trasmitirle ese extraño mensaje.
La mujer se sitúa detrás de mí y acaricia mis manos. Luego retira la cubierta superior del jarrón.
—Una cosa más… —murmura— Nada es como parece ser. Todo en este mundo tiene varias apariencias y no todas son realidades tangibles. A veces, separarte de quienes amas puede ser la peor opción de todas, pero con el tiempo y pese a cualquier dolor, caemos en la cuenta de que esa siempre ha sido la única vía de escape. La única solución viable. No lo olvides, por favor. Y sigue adelante pase lo que pase.
No entiendo muy bien lo que esas últimas palabras intentan trasmitirme, pero por el momento lo dejo estar, prefiriendo guiarme por el tacto de sus manos, que conducen a las mías hasta el mar, desperdigando las cenizas de mamá… dejando que se las lleve la cálida brisa.
—¿Me puedes decir tu nombre?
Silencio… Sólo el viento y el fuerte oleaje erosionado las rocas. Nada más que eso… La sensación de libertad embriagando mi cuerpo.
Cuando echo la vista atrás ya no hay nadie.
En el suelo, desprendiendo una hermosura incalculable, yace un clavel blanco.
¿Ha sido todo un sueño? ¿Una ilusión?
Soy incapaz de saberlo, aunque algo me dice que algún día conoceré la respuesta.
Ielan, ¿estás ahí? Escúchame… Esto es una promesa. Voy a cumplir mi destino, voy a proteger a mi familia, a luchar contra viento y marea, a vivir para no abandonar nunca mis sueños. Voy a ser fuerte y a decidir mi propio camino, el nuestro. Voy a continuar hasta llegar a la meta, impidiendo que nadie más sea capaz de haceros daño. Voy a sobrevivir… y conmigo ella. Te lo prometo, mamá.
El jarrón dorado se volatiliza entre mis manos con todo su contenido al pronunciar la última palabra, al igual que el clavel blanco. Se aleja así, una magia que al fin descansa, muere y al mismo tiempo comienza a vivir, a emprender su viaje, que al fin… es liberada.
(Sakura)
—¡He vuelto!
Acaba de caer la noche en Tomoeda. La televisión… el programa que estaba viendo sin enterarme de nada por pensar en mis cosas, pierda importancia cuando veo su silueta asomarse por el umbral de la puerta.
Shaoran Li se precipita en el interior de su propia habitación con la mirada fija en la cama que ahora está vacía. Quizás se pregunte dónde está Meiling.
—¡Shaoran!
—¿Qué tal ha ido todo? ¿Cómo está Meiling?
—Como siempre. —contesto sonriendo— La primera noche no la pasó muy bien, pero al día siguiente había vuelto en sí. ¡Está como una rosa! Ahora tanto Tomoyo como ella han salido de compras. Yo me he quedado aquí por si regresabas.
Shaoran también sonríe y suspira aliviado.
—Menos mal… Sabía que aunque tú estuvieras con ella no pasaría nada.
Alzándome de puntillas, le doy un ligero beso en la mejilla.
—Te he echado de menos, Shaoran.
La aparente alegría que él parece trasmitir al conocer la noticia de que Meiling se encuentra en perfecto estado desaparece cuando yo pronuncio esas palabras, y de pronto abandona tanto su sonrisa como su buen humor.
—Oye, Sakura…
—¿Sí?
Shaoran entrelaza los dedos de sus manos y me observa con nerviosismo.
—Nada… Es sólo que… ¿Te dice algo esto?
Shaoran extrae, literalmente del aire, una flor, un clavel blanco. Lo sostiene frente a mí y después lo deposita en mis manos.
—¿De dónde lo has sacado? No lo traías cuando has llegado, ¿no?
—A saber. Magia, supongo —dice como quien no quiere la cosa— Bueno, qué más da eso. ¿Te dice algo o no?
Giro el clavel entre mis manos tratando de descifrar su significado oculto, pero por más vueltas que le doy soy incapaz de descubrir nada.
—No.
—Ya veo… Creo que alguien quería hacértelo llegar, pero igual confundí conceptos. En fin… de todas formas, digamos que el clavel que me dio esa persona acabé perdiéndolo. Así que me hice con otro para traértelo.
Yo me encojo de hombros y dejo el clavel sobre el escritorio sin entender ni una sola palabra de la última intervención de Shaoran. Si quería regalarme una flor no necesitaba motivos para ello, ¿verdad?
—¿Vas a contarme qué es lo que ha pasado? —digo con seriedad centrándome en lo que considero más importante— Recuerda que me lo prometiste.
Él acaricia mi rostro y me mira como si fuera un perrito abandonado. Me pregunto si lo correcto ha sido hacerle esa pregunta, o si tal vez hubiera debido dejarlo estar. Quizás lo único que quiero es probar las promesas de Shaoran Li.
—Mi madre murió hace unos días y debía ir a Hong Kong a encargarme de los trámites de defunción y todo el papeleo. No quise decirte nada cuando me fui para no preocuparte. Pero justo entonces Meiling empezó a encontrarse mal y no podía dejarla sola, así que…
Dejo de escuchar el resto del diálogo.
Sus palabras me dejan paralizada durante varios segundos. Para nada me esperaba una respuesta como esa. La madre de Shaoran… No puede ser… ¡No es posible!
—L-Lo… Lo siento mucho, Shaoran… —titubeo aún con la desagradable sorpresa en el rostro— Lo siento…
Shaoran intenta mostrar su habitual barrera construida con orgullo y fortaleza, como si aquello le resultara completamente indiferente, pero cuando rodeo su cuello con mis brazos, se derrumba por completo y por primera vez desde que le conozco, puedo ver las tibias y cristalinas lágrimas resbalando por sus mejillas. Se aferra a mí con fuerza, llegando incluso a hacerme daño, aunque en estos momentos eso resulte lo menos importante. Acaricia mi pelo una y otra vez mientras acierta a pronunciar mi nombre.
Quiero estar a su lado, quiero ser para él todo; su refugio ahora y siempre, el motivo que le dé razones para sonreír cada día. Quiero que Shaoran sea feliz.
—Debí haber ido contigo… Esto tiene que haber sido muy duro para ti…
No contesta, sino que continúa llorando en silencio, avanzando lentamente por el pasillo hasta abandonar su habitación y caer en el sofá del salón.
—No quiero perderte, Sakura —dice al fin separándose de mi cuerpo algunos centímetros— Pero probablemente…
Y de nuevo vuelve a derrumbarse. Esta vez me quedo callada, evitando preguntarle a qué se refiere con ese "probablemente". Shaoran se recuesta en el sofá, y yo me tumbo a su lado sin romper el abrazo. Ya no me atrevo a sacarle información sobre lo que le sucedía a Meiling. Por un momento prefiero no saber nada y permanecer a su lado hasta que diga basta, hasta que se canse de mí y quiera volver a estar solo… Hasta entonces no pienso separarme de su lado.
No sé cuándo… pero en algún momento creo que nos quedamos dormidos… Y no volvemos a despertar hasta el día siguiente, acunados por los rayos del sol y las nubes blancas que, poco a poco, comienzan a marcharse de Tomoeda.
[…]
Las semanas se van sucediendo en el calendario. Enero da paso a febrero y el frío se va intensificando poco a poco, al igual que los nervios de los estudiantes cada vez que caen en la cuenta de que los exámenes de acceso a la Universidad están a la vuelta de la esquina. Extrañamente, no me encuentro en absoluto preocupada por esas pruebas. Quizás porque aún no he decidido lo que quiero, y la sensación de abandonar la adolescencia y sumirme en el mundo adulto todavía se me hace muy lejana y cuesta arriba, como una maldita agonía que avanza más y más deprisa. Así se van pasando los días en medio del ajetreo estudiantil, las campañas que prepara el instituto, los festivales, los eventos deportivos… ¡Todo es frenético! Incluso hemos tenido que aumentar un día más las sesiones de los entrenamientos de animadoras, tal y como los distintos equipos. Todo eso ha limitado aún más nuestro tiempo y a Shaoran y a mí nos cuesta sacar ratos libres para nosotros solos, aunque nada me impide el 14 de febrero tener listo mi chocolate de San Valentín exclusivamente para él. Un año más he puesto la cocina patas arriba para preparar el exquisito dulce. No falta nadie; papá, mi hermano Touya, Yukito, Shaoran y por supuesto Tomoyo. Cinco chocolates para las personas que más me importan. Un momento… ¿Cinco? ¡¿Y por qué he hecho seis este año? ¿Para quién es el sexto? Ah… No hay remedio… Claro, ¿qué esperabais? Siendo Sakura Kinomoto algún despiste tenía que tener.
Y como todos los 14 de febrero, adopto el complejo de repartidora de correos, entregando en el momento justo los chocolates, ya envueltos cuidadosamente y acompañados con una pequeña tarjeta con mi nombre y alguna dedicatoria que otra, escritos en ella.
Casi a última hora encuentro a Shaoran en la cafetería del instituto, hablando tranquilamente con Takashi Yamazaki, que otra vez hace las veces de camarero allí. Me quedo como un pasmarote observando su figura sentada sobre el taburete. Shaoran apoya los codos en la barra mientras sonríe curvando sus labios grácilmente. De vez en cuando se frota las manos haciéndolas entrar en calor y de igual modo se revuelve el pelo cuando algún mechó revoltoso cae más allá de la frente. Tiene la cazadora sobre las rodillas y la chaqueta del uniforme algo ladeada y abierta. Definitivamente el uniforme del Seijô le sienta de maravilla…
¡Eh, despierta! ¿Vas a darle ya el chocolate o no?
¡Cierto! Tengo que hacer una entrega más…
—¡Shaoran!
Él se gira sobre el taburete y me observa de arriba abajo, fijando la vista en mis manos, en donde sostengo el paquetito con el chocolate que es para él.
—Oh, ¿ya vienes a dármelo? Ya era hora, te estabas retrasando más de la cuenta —bromea señalando el reloj de cuco que cuelga de la pared de la cafetería, al otro lado de la barra.
—¡Imbécil! ¿Por qué este tendría que ser para ti? —pregunto algo indignada y tomándome demasiado a pecho su broma— ¡Hala! Pues no te lo doy… De todas formas ya te habrán dado muchos…
—¿Ves como en el fondo eres una niña?
—¿Ves como en el fondo eres el doble de imbécil?
Shaoran estalla en sonoras carcajadas y me atrae hacia sí, besando mis labios cuando la distancia entre nosotros se hace demasiado corta como para resistir la tentación. No obstante, me siento aliviada de que se encuentre de tan buen humor y con ganas de bromear. Creía que la muerte de su madre le había marcado demasiado, tanto como para no volver a regalarme una sonrisa de las suyas, abierta y sincera… ¡Encantadora y adorable! Pero como todo ser humano que pasa por una situación parecida, él también ha acabado recomponiéndose con los días tachados en ese calendario de nuestra vida.
—Mm… Shaoran —interrumpo sonrojándome y separándome de él— Nos están mirando.
Shaoran escudriña su alrededor y sonríe más abiertamente aún.
—Que miren. Esos tienen envidia porque no van a recibir uno de tus chocolates.
—Ah, ¿y tú sí?
Se encoge de hombros y me mira con dulzura.
—Eso depende de ti, ¿no?
—¡Qué tonto eres!
Le ofrezco el paquete con el chocolate y él lo acepta agradecido mientras lo desenvuelve y le pega un mordisco. Como si de un experto en cocina se tratase, cierra los ojos concentrándose en el sabor del chocolate fundiéndose en su boca al tiempo que adopta una expresión de seriedad. Pero no puede evitarlo, y al final se abalanza sobre mí y me da un tierno beso en la mejilla.
—¡Buenísimo! Sakura, te has superado.
—¿De verdad que te gusta?
Él asiente enérgicamente con la cabeza.
—De verdad, está muy rico.
—¡Entonces ya puedes compensármelo a lo grande en el Día Blanco!
—Sí, bueno… Creo que ahí el agradecimiento va a ser mutuo.
Inclinando su cuerpo hacia delante rebusca en los bolsillos de su cazadora mientras yo me pregunto qué diantres hace. Finalmente extrae una bolsita de cartón de color rojo y me la ofrece acompañando el gesto con una de sus intensas miradas ambarinas.
—Feliz día de San Valentín, Sakura.
Sin creerme ese detalle, acepto la bolsa y curioseo su interior. Y es que ese día Shaoran tiene pensado regalarme otra sorpresa. Justo ahí, en el fondo de la bolsa, descansa una figurita, que no resulta ser otra cosa que un osito de chocolate negro con el hocico revestido de blanco y llevando algunas avellanas por ojos y nariz. El osito sostiene entre las patas delanteras un corazón rosado en donde perfectamente puede leerse "Shaoran y Sakura".
Verdaderamente me he quedado perpleja…
—No me digas que… Lo has hecho tú…
—Correcto —exclama alegremente sintiéndose orgulloso de su trabajo— Lo mío me ha costado porque nunca había hecho algo así, pero ahí está el resultado. ¿Qué? ¿No lo pruebas a ver qué tal sabe?
—¡Ni hablar! Es tan bonito que da pena comérselo…
Y es cierto. De hecho, su trabajo es tan bueno que en comparación con el mío me quedo sin calificativos para tratar de describirlo. ¿Hay algo que no se le dé bien a este chico?
—Muchas gracias, Shaoran. Siempre estás pensando en mí…
—Anda ya… No digas tonterías…
Pero no puede ocultarlo con esa falsa fachada de indiferencia.
—Shaoran, te has puesto rojo.
—¿Qué? ¡Anda ya! Será la luz de la cafetería…
—¡Eso sí que son tonterías!
Shaoran continúa bromeando y metiéndose conmigo, aunque esa faceta suya de hacerme sonreír, de sorprenderme con cada ínfimo detalle y de hacer cada día único y diferente, es lo que realmente me gusta de él. Aparte de su físico impecable y su forma de hacerme… Bueno, ya me entendéis…
Así se pasan los minutos. El timbre suena, indicando que ya es la hora de retomar las clases tras ese descanso de veinticinco minutos, y Shaoran y yo regresamos a nuestra aula correspondiente, intentando concienciarnos de que una vez acabe la jornada, podremos ser libres para dar una vuelta los dos solos antes de ir a casa.
No es hasta que llega ese momento que no caigo en que después de las clases tengo entrenamiento con el equipo de animadoras mientras que él ha quedado con Hiiraguizawa y compañía para entrenar con el equipo de futbol.
Y es cuando caigo que aún me quedan por entregar dos chocolates. Uno es el de Tomoyo, que ha salido antes de clase pero que todavía debe andar por los alrededores. El otro es que no tiene dueño por ser tan sumamente despistada.
—Fijamos el examen de Matemáticas para dentro de diez días, entonces. Id repasando y preguntadme todas las dudas que tengáis.
El profesor Fye recoge sus cosas del escritorio y las va guardando en su maletín mientras los alumnos comienzan a abandonar el aula, que rápidamente se queda vacía. Shaoran toma su cartera entre sus manos y se cuelga la pesada mochila, en donde guarda el chándal y las deportivas, al hombro.
—Me voy ya para los vestuarios. Te veo después del entrenamiento, ¿vale?
Se despide con un gesto de la mano y también sale de la clase cuando yo termino de guardar los libros, la calculadora, el estuche y los cuadernos que he empleado en la última clase en el interior de mi propia cartera.
—Vamos, Kinomoto, que voy a cerrar la clase.
—¡Sí!
Rápidamente coloco mi silla y mi mesa y salgo al pasillo, en donde Fye me espera con las llaves del aula en la mano, preparado para cerrar la puerta.
—Hay que ver —empieza— No sueles llegar muy puntual que digamos y al final eres la última en salir.
—Lo siento. Es que estaba pensando en dónde podía estar Tomoyo. Tengo que darle su regalo de San Valentín.
—¡Vaya! No sabía que Daidouji y tú…
—¡No, no, no, por favor! Yo estoy saliendo con Shaoran… Pero Tomoyo y yo siempre nos regalamos chocolate de San Valentín desde los seis años, así que…
Fye sonríe y echa la llave a la puerta de clase.
—Tranquila, sólo estaba bromeando. Todo el mundo sabe que estás de novia con el señorito Li —añade guardando el llavero dentro de su maletín y echando a caminar por el pasillo vacío. Yo avanzo en pos de sus pasos— Un tipo con suerte ese Shaoran, por cierto.
—¿Suerte?
Pero el profesor de Matemáticas ya no vuelve a contestar. Sólo me regala otra sonrisa más, una que me deja sin palabras por lo difícil que resulta de interpretar.
Luego seguimos caminando en silencio hasta que llegamos al exterior, en donde los estudiantes más rezagados se han quedado charlando o se dirigen a sus respectivos clubes con sus actividades extraescolares.
—Creo que la señorita Daidouji se ha marchado con Hiiraguzawa al salir de clase. Supongo que se habrá quedado a ver su entrenamiento, quizás deberías ir allí a ver si te la encuentras.
Sí, es probable que Tomoyo haya decidido volver a casa con Eriol después del entrenamiento de futbol. El campo me coge de camino hacia el vestuario de las animadoras, así que no tengo ningún problema si paso por allí antes.
—De acuerdo, me pasaré por allí —contesto aceptando su consejo, y de pronto se me ocurre una idea. Fye es un profesor pero, ¿por qué no? —Fye, si pones facilito el próximo examen de mates te doy ahora mismo un regalo.
—Si estudias no debería suponerte ninguna dificultad.
—¿Eso quiere decir que va a ser difícil?
—Si estudias no…
Nada. Hay personas que son incorregibles.
—Bueno, me sobra uno así que te lo doy.
A una velocidad de espasmo saco el "chocolate sin dueño" de la cartera y lo deposito en la palma de la mano de Fye, que lo mira con sorpresa y asombro sin saber si quedarse con él o no.
—¿De verdad puedo quedarme con él? —pregunta alzando las cejas.
—Claro. No quiero tener que tirarlo después de lo que me costó hacerlo. Es que ese chocolate lo hice sin darme cuenta.
Una vez más, el joven profesor de Matemáticas muestra una sonrisa blanca y reluciente mientras se guarda el chocolate en el maletín.
—Vaya, si es así me alegro de que de vez en cuando seas algo despistada, Sakura —dice amablemente, provocando el sonrojo de mis mejillas cuando decide llamarme por mi nombre sin emplear mi apellido, como si por un momento hubiera dejado de ser su torpe alumna capaz de resolver sola una serie de integrales.
Con una leve inclinación de la cabeza y un gesto de la mano, ambos nos despedimos y tomamos caminos diferentes. Yo empiezo a correr a medida que voy llegando al campo de futbol, en donde los jugadores ya están calentando. Puedo ver a Shaoran, ataviado con el equipamiento del Seijô. Nunca me había fijado hasta ahora, pero esa también le queda de maravilla. ¡Qué envidia!
Sacudo la cabeza de un lado para otro, intentando despejar los pensamientos subidos de tono que empiezan a cruzar mi mente con solo contemplar la imagen de Shaoran corriendo de un lado para otro del campo, y me centro en buscar a Tomoyo con la mirada. Pero solo puedo ver a Eriol, que se acerca vestido con el chándal del equipo, con una botellita de agua mineral de la mano y una toalla al cuello.
—¿Hoy no entrenas, Eriol? —curioseo cuando le tengo delante.
—Sí, pero todavía no es mi turno. ¿Por casualidad no estarás buscando a Tomoyo, verdad?
Asiento.
—Quiero darle el chocolate de San Valentín. ¿Sabes dónde está?
—Acaba de subir al baño de las chicas del primer piso. Si te das prisa seguro que la alcanzas.
Eriol parece algo serio, pero no me molesto en buscar demasiadas interpretaciones innecesarias a sus facciones. Sólo quiero dar con Tomoyo y empezar el entrenamiento de animadoras. Ya llego muy tarde.
—¡Gracias! Voy para allá.
Y quizás sí que debería haber perdido un segundo o dos en analizar la sonrisa que Eriol muestra a continuación, una mezcla entre malicia y misterio con algo que parece ser tristeza. Al menos eso es lo que aparenta. En un momento desvía sus ojos color zafiro hacia Shaoran, mas luego vuelve a sostenerme la mirada. Sí… debería haber analizado cuidadosamente lo que eso suponía, pero las prisas hacen que me olvide de esos detalles y que salga corriendo hacia el primer piso del edificio principal, imaginando que la de Hiiraguizawa, es una sonrisa como otra cualquiera.
Lamentablemente, cuando llego a los lavabos femeninos, compruebo que mi amiga tampoco está allí. ¿Habrá bajado por la otra escalera y no la he visto? ¡Maldita sea!
Agotaba por la carrera, me dejo resbalar por la pared de azulejos blancos, acabando sentada en el frío suelo de mármol sucio. Hundo la cara entre las piernas y trato de recuperar el aliento perdido, que no sé si me falta por haber corrido a toda velocidad subiendo las pesadas escaleras o porque de repente encuentro estos baños muy pequeños y me he vuelto claustrofóbica.
Respirando fuertemente alzo la cabeza y observo lo que me rodea. Recuerdo cuando Yukito me engañó con mi hermano y yo me encerré en una de estas seis cabinas para llorar desconsoladamente, hasta que llegó Shaoran a intentar convencerme de que todo estaba controlado cuando yo sentía que el mundo se hundía bajo mis pies. Es cierto… me sentía la peor mierda del universo por haber sido tan ilusa como para creer en un amor puro y eterno, por confiar en palabras que nunca significaron nada más que simples vocales y consonantes conjugadas para tratar de decir algo. Y pese a todo siento que no he aprendido de mi error, pues del mismo modo creo ciegamente en todo aquello que procede de Shaoran. Quizás sea porque él siempre ha estado ahí para mí incluso cuando yo no le consideraba importante en mi vida… ¡Y pensar que ahora es indispensable!
Sí… indispensable… vital… necesario…
Maldición… Me cuesta respirar… ¿Está cerrada la ventana o qué?
¿Eh? ¿Aquí no había una ventana que comunicaba con el servicio de profesoras? ¿Han decidido tapiarla? No tenía ni idea…
Con bastante dificultad y muy extrañada por ese cambio en el cual no me había fijado hasta ahora, me pongo en pie y camino muy despacio hasta la puerta cerrada del baño. Quizás estoy desvariando por la falta de oxígeno que hay aquí dentro, pero juraría que ahí sí que había una ventana. Es más, puedo imaginarme los marcos de color blanco, a juego con el resto del baño, y los cristales llenos de polvo como si realmente dicha oquedad estuviera ahí…
Me tambaleo ligeramente cuando me acerco al espejo y me inclino sobre el lavabo para mojarme el rostro. Si me estoy mareando es por la carrera en busca de Tomoyo… ¿Verdad? Me tranquilizaré cuando salga al exterior, a la fría calle y me dé el aire. Ya estoy frente a la puerta… Con un ligero clic de la cerradura empezaré a caminar por el pasillo desierto hasta regresar al campo donde entrenamos las animadoras. Más tarde podré pasarme por casa de Tomoyo si se ha ido ya o si no consigo dar con ella y entregarle el chocolate.
Sin embargo… Controlar la situación resulta extremadamente difícil cuando mi mano se cierra en torno al picaporte de la puerta y compruebo con horror que está completamente bloqueado. El picaporte no cede y la puerta no se abre, aquí comienza a faltar el aire a cada segundo que pasa y yo no puedo salir… Estoy atrapada. No hay salida ni escapatoria… y sigo sin poder recuperar el aliento, como si tratara de hacerlo en el interior del agua, ahogándome en una pecera invisible…
Los nervios y la tensión se apoderan de mí. Con desesperación golpeo la puerta con fuerza e incluso la empujo con mi todo cuerpo tras coger carrerilla, intentando abrirla inútilmente, hacer vencer las bisagras y echarla abajo. Pero ni tan siquiera se mueve y lo único que hago es hacerme daño con cada brutal choque.
Dios… Siento que me ahogo… Ya no puedo respirar.
¡Piensa, Sakura, piensa! ¿Qué puedes hacer para salir de aquí?
Grito, grito con todas mis fuerzas sin dejar de golpear la puerta con el puño cerrado mientras escucho caer alguna que otra gota de agua de los grifos del lavabo, como si fuera el tiempo que me quedara hasta desaparecer, como un reloj de arena que va marcando monótonamente el paso del tiempo.
—¡Que alguien me saque de aquí, por favor! ¡Ayudadme!
Siento que el temblor en mis piernas es demasiado fuerte como para poder mantenerme en pie, por lo que caigo de bruces contra el suelo, intentando permanecer despierta pese a la pesadez que repentinamente siento en mis párpados, y seguir chillando hasta alguien escuche mis alaridos y venga a socorrerme.
—¡Por favor! ¡No… puedo… resp…!
Finalmente pierdo el poco equilibrio que me queda. De pronto no veo absolutamente nada, pero escucho una débil explosión procedente de alguna de las cabinas. Saltan los fusibles de los fluorescentes que iluminan los servicios y la secadora de manos que cuelga de la pared sufre un cortocircuito. Miles de chispas saltan danzando por todas partes a mi alrededor, algunas de las cuales acaban cayendo sobre las toallas y el papel higiénico, que inmediatamente empiezan a arder.
—¡Fuego!
—¿Sakura? ¿Eres tú? ¡¿Qué pasa?
La voz de Tomoyo llega muy lejana a mis oídos, pero es como si de repente estuviera frente a un ángel o como si se tratase de una dulce melodía caída directamente desde el Cielo… ¡o una mezcla de ambas cosas!
—¡Avisa a alguien… Tomoyo! ¡Deprisa!
—¡Pero…!
—¡Rápido, por favor!
Lo último que escucho antes de caer desplomada son los acelerados pasos de mi amiga bajando a toda prisa las escaleras que conducen al patio central.
Después…
La oscuridad.
(Shaoran)
—¡Bien hecho, Li! Si continúas el ritmo creo que estarás de delantero en el Campeonato de Primavera.
El profesor Kurogane, que hace las veces de entrenador del equipo de futbol del Seijô, me lanza una botellita de agua que rápidamente vacío en mi boca, refrescándome y aliviando la sensación de cansancio que sufren todos los músculos de mi cuerpo por el entrenamiento tan intensivo que acabamos de tener. Y es que desde principios de febrero, todos los clubes han empezado a preparar sus actividades para la recta final del curso, en donde se van realizando una serie de festivales culturales, concursos y competiciones varias con otros colegios e institutos de la zona.
—¡Está hecho! Este año nuestro equipo se llevará el trofeo.
—¡Ese es el espíritu! ¡Venga! Os invito a unas cañas en el bar de la esquina, pero no se lo digáis a dirección, ¿eh? —añade con una sonrisa pícara mientras levanta los dedos índice y corazón de la mano en señal de victoria— Vamos, ahora a las duchas…
Así es él, Kurogane. Un hombre que no soporta las derrotas en ningún sentido, y menos cuando nosotros, su equipo, hemos trabajado duramente durante estas dos semanas de febrero para poder darlo todo en los campeonatos del próximo mes después de los exámenes finales y antes de los de acceso a la Universidad.
Todos recogemos nuestras cosas, alegres, sonrientes y sintiendo ya el título en nuestras manos. Lo cierto es que hemos mejorado muchísimo en relación a otros años, por lo que es lógico que estemos así de animados, deseando que llegue pronto el día de inicio del Torneo de Futbol.
Delantero, ¿eh? Vaya, nunca he jugado en una posición tan avanzada. ¡Tengo que esforzarme al máximo! Y más porque Sakura estará allí, animándome con todas sus ganas, animándome con el uniforme de su equipo, danzando en el aire sin parar, haciendo giros imposibles mientras las varas, las cintas y los pompones vuelan en el aire al compás de la música antes de caer en sus manos y hacer el próximo movimiento.
Sakura…
Últimamente los entrenamientos han sido para mí una especie de distracción para evitar pensar en todo lo que han supuesto los acontecimientos más recientes, como la muerte de Ielan o la aparición de esa extraña mujer de pelo largo, negro y ondulado, y ojos de color verde esperanza al pie de los acantilados. ¿Quién era ella y qué quería? Son incógnitas que no dejan de rondarme por la cabeza… Y sin embargo tengo la clara certeza de que algún día conoceré las respuestas que busco, siempre y cuando continúe avanzando en esta historia.
—¡Eh, eh! ¡Más cuidado, Daidouji!
Algunos integrantes del equipo se apartan a toda prisa al ver a la chica correr desesperada hacia donde estoy yo. Me abraza con todas sus fuerzas e intenta tomar aire para hablar, pero las palabras no le salen.
—¡Shao… Shaoran! ¡Es que… Sakura…!
Tomoyo Daidouji comienza a sollozar mientras yo siento el temblor de su cuerpo bajo mis brazos. Empezando a asustarme al escuchar el nombre de Sakura, tomo su rostro entre mis manos y hago que me mire directamente a los ojos.
—Tomoyo, ¿qué ha pasado? ¿Qué le ha pasado a Sakura?
Y el mundo, mi mundo, se congela en el preciso instante en que ella logra articular palabra. Sakura está atrapada, Sakura no puede respirar, Sakura está envuelta en las llamas, Sakura, Sakura, Sakura… Sakura se está muriendo ahí encerrada mientras nosotros no hacemos nada…
¡Joder!
Como alma que lleva el diablo echo a correr hacia el edificio principal con Tomoyo Daidouji pisándome los talones. ¿Cuánto tiempo llevará Sakura encerrada? ¡Espero que no sea demasiado tarde!
—¡Sakura, resiste!
Así sigo subiendo las escaleras cubiertas ya de humo negro. A lo lejos puedo escuchar cómo Tomoyo se deshace en una fuerte tos que casi le impide el movimiento, pero pese a ello seguimos avanzando a toda prisa hasta llegar a la puerta de los lavabos femeninos, puerta que, por cierto, está bloqueada, puerta que del mismo modo no es rival para Shaoran Li. Sin embargo, Tomoyo está delante y emplear mi magia ahora sería una imprudencia. Aunque… si me quedo de brazos cruzados entonces Sakura…
—¡Daidouji! ¡Ve a buscar al profesor Kurogane!
—¡¿Y qué pasa con Sakura?
—¡No tenemos tiempo! ¡Ve a buscar a Kurogane ahora y cuéntale lo que ha pasado, joder! ¡YA!
Tomoyo desaparece rápidamente mientras los nervios terminan por consumirme. Una vez me aseguro de que no hay nadie rondando la zona me sitúo frente a la puerta y extiendo mi brazo hacia ella concentrándome únicamente en el punto exacto en donde debe colisionar el golpe.
¡Ahí!
—¡Fuuka Shourai! (1)
Una fuerte ráfaga de viento helado escapa de la punta de mis dedos y se cuela por las bisagras y la rejilla de la puerta y es tan fría que incluso llega a congelar el mecanismo de apertura así como la cerradura. La pesada puerta se vence cuando la golpeo de una rápida patada. Un golpe seco lo suficientemente eficaz para destrozar los componentes que hacen que se abra.
Una bocanada de humo inunda el pasillo y se cuela sin permiso en mi garganta, provocándome cierta molesta irritación que en cambio no me impide llegar hasta donde yace Sakura, rodeada por las llamas que lamen su cuerpo y tumbada boca abajo en el suelo, con la boca abierta y los ojos cerrados. El fuego es tan intenso que no me deja acercarme ni un centímetro.
—¡Shui long shao lai! (2)
Al igual que antes, de las yemas de mis dedos emergen enormes torrentes de agua fresca que van consumiendo el fuego allá por donde pasan, hasta que finalmente ya no queda nada.
—¡Sakura!
La tomo entre mis brazos y la zarandeo suavemente mientras repito su nombre una y mil veces, pero ella no despierta.
En ese momento tanto Tomoyo Daudouji como el profesor Kurogane hacen acto de presencia en los baños y todos juntos salimos al pasillo, en donde tumbamos a Sakura sobre el suelo y esperamos hasta que comience de nuevo a respirar. Kurogane presiona fuertemente su pecho con dicho objetivo, demostrando sus dotes de primeros auxilios, a la par que Tomoyo continúa llorando junto a su amiga y mi cabeza no deja de trabajar a mil por hora buscando una teoría lógica de lo que ha sucedido.
—¡Kinomoto!
Sakura se retuerce entre los brazos de Kurogane y es lo que hace que olvide mis divagaciones por unos segundos y me incline sobre ella para abrazarla, simplemente para sentirla viva…
—¡Menos mal! —exclama Tomoyo suspirando y secándose las lágrimas para luego sumarse al abrazo colectivo.
El profesor Kurogane se pone en pie y examina los lavabos con la mirada, mostrando una expresión que no me gusta nada.
—¿Dices que se había producido un incendio? —le increpa a Tomoyo con desconfianza. Ella asiente débilmente con la cabeza y vuelve a centrarse en su amiga, ignorando al profesor de Educación Física— ¿Y de dónde ha salido toda esta agua? —pregunta ahora refiriéndose a mí.
—Tuve que romper una cañería para poder calmar un poco el fuego…
De nuevo pasea con la vista perdida en los destrozos que ha ocasionado el incidente. Los azulejos están todos rotos, al igual que la cerámica de los lavabos y los retretes. Finalmente decide creerme.
—No podía… —Sakura intenta incorporarse y recuperar la tranquilidad, pero sus labios aún siguen temblando y mantiene el pulso muy acelerado.— respirar… No había aire… La puerta se… bloqueó y la ventana que daba al cuarto de baño de profesoras… no había ventana que pudiera abrir… Luego… hubo una explosión… y después… después vino el fuego… No podía escapar… La puerta estaba cerrada… Y… no había… ventana…
Automáticamente todos escrutamos con detenimiento el interior de los servicios. Y yo al menos no puedo entender por qué Sakura dice que la ventana no estaba ahí cuando yo puedo verla perfectamente, con los cristales rotos y esparcidos por el suelo, confundiéndose con los pedazos de vidrio de los espejos, al igual que el marco.
—Sakura… La ventana estaba ahí. —interviene Tomoyo— Mira los cristales…
—¡No! ¡No había ninguna ventana! ¡De haber sido así, fácilmente hubiera podido escapar a las llamas!
—Estás confundida, Sakura. Has pasado por una experiencia que…
—¡No estoy confundida! ¡Sé lo que vi y lo que no vi!
—No puede ser, si… yo estoy viendo los restos de la ventana, Sakura.
Pero su amiga no da más de sí y al final se abandona a su sueño, perdiendo por completo la consciencia y creyendo que la estamos tomando por loca.
—Todo indica a que esto ha sido producido por una fuga de gas. —dice Kurogane— Si ha habido un cortocircuito no es de extrañar que se haya dado una explosión y eso habrá provocado el incendio.
Sí, tiene sentido, pero para mí sigue siendo demasiado extraño, sobre todo por las palabras de Sakura acerca de la repentina desaparición de la ventana. Yo confío en ella. Creo en ella. Y si dice que no había ventana es porque realmente no estaba ahí. Entonces por qué… No lo entiendo… ¿Es que acaso todo esto ya estaba preparado? Lo único que puede hacer desaparecer un objeto es… No, el único, sin contar, conmigo que puede haber provocado todo esto no es otra persona que…
Mis peores temores se confirman cuando descubro esa mirada zafiro semioculta por las sombras, escondida tras esos cristales, que se resiste a ser interceptada por la mía. Pero ya es tarde… Es demasiado tarde.
—¡Cuidad de Sakura, por favor! —exclamo recargando el peso de la chica sobre Tomoyo, que me mira extrañada mientras observa cómo me pierdo en el oscuro pasillo.
No hay duda posible, no es otro que él. A cada paso que doy en pos de los suyos propios se va incrementando en mí una ira hasta ahora jamás experimentada. Rabia y frustración van de la mano y me acompañan en mi camino para doblegar a mi enemigo, el cual lleva por nombre Eriol Hiiraguizawa. Él se desliza grácilmente entre las esquinas, volviendo la vista atrás de vez en cuando para comprobar que aún voy tras él. Es rápido, muy rápido, pero yo lo soy más. Atravesamos a todo correr las galerías del instituto y salimos a los terrenos exteriores en donde otra vez está nevando, si bien aún no ha desaparecido por completo los restos de la última nevada. Eriol salta la verja que comunica nuestro lugar de estudio con la Escuela Tomoeda y continúa corriendo hasta quedar acorralado en un callejón sin salida, justo al lado de este colegio.
—¡Hijo de puta! —grito con todas mis fuerzas antes de lanzarme a su cuello. Eriol, previendo lo que sucederá a continuación, se quita las gafas y las arroja al suelo antes del primer puñetazo.
El cuerpo de Eriol queda empotrado entre las paredes de ladrillos mientras recibe cada golpe sin oponer resistencia, sin defenderse y sin contrarrestar mis ataques. Cada trocito de su piel queda doblegado a mi merced y mis puños se hunden con tanta facilidad en él, con tanta fuerza y brutalidad que incluso mis propios nudillos acaban sangrando. Aún así no detengo mis movimientos y descargo mi enfado contra toda su anatomía mientras él sigue sin hacer nada y yo continúo haciéndome daño. Sin embargo, incluso soy capaz de evitar sentir mi propio dolor y volcar el mismo sobre su cuerpo, maldiciendo para mis adentros y gritando, desahogando todo lo que me ha tenido atado sin poder actuar durante todo este tiempo en que prácticamente he estado encarcelado sin derecho a tomar mis propias decisiones.
—Así que en ti se ha reencarnado la otra parte del alma del Clow, ¿no? La que está de nuestro lado…
—Eso es. Yo te ayudaré en la misión que te ha encomendado tu padre, ¿vale? ¡A partir de ahora seremos amigos! Ya verás que si actuamos juntos, nada podrá poner en peligro nuestra magia.
¿Amigos? ¡¿Amistad? ¡Mentiroso, traidor! Todavía recuerdo cómo sellamos esa promesa con un apretón de manos. Sólo teníamos siete años y ninguno de los dos podría haber imaginado lo que nos acontecería tiempo después, pero en aquel momento estábamos decididos a proteger nuestro legado junto con esa amistad que ahora soy incapaz de reconocer. Eriol Hiiraguizawa fue mi primer y único amigo y por nada del mundo yo querría convertirle en mi enemigo… siempre y cuando no me dé motivos suficientes para ello, los cuales ahora, poco a poco, deja entrever.
Nadie nos escucha, nadie viene a socorrerle, nadie llama a la policía ni trata de sujetarme. Estamos solos en un mundo al que no le importa qué suceda con nuestras vidas. Eriol está solo. Yo estoy solo. La soledad nos acuna en esta dicotomía que hemos creado a base de mentiras. La soledad… ¿Acaso alguna vez ha sido de otra manera?
Así descargo el último golpe sobre su rostro.
Cae, finalmente rendido, al suelo cuajado de fría nieve blanca. Se lleva una mano a la boca y escupe sangre. Yo me aparto de su lado y observo su figura maltrecha y contraída mientras por mi cabeza pasan un millar de pensamientos inconexos que no pueden ayudarme a entender por qué mi amigo ha querido acabar con la vida de mi novia.
—Te lo advertí hace tiempo, Eriol. Te dije que no tocaras a Sakura. ¡Pero tú…!
—¿Ya te has cansado? —interviene poniéndose como puede en pie— ¿Te rindes tan fácilmente? ¿No vas a pegarme más?
De un bofetón le cruzo la cara. ¿Encima provocándome? ¿De qué va este tío? ¿No ha tenido suficiente con la paliza que acaba de recibir? No, por lo visto no es así… y sigue mostrando su estúpida sonrisa de superioridad de la que tanto le gusta alardear.
—¡¿Por qué? ¡¿Qué es lo que pretendías poniendo a Sakura en esa situación? ¡Vamos, responde, desgraciado, o te juro que ahora mismo te hago otra cara nueva!
Eriol alza el rostro y acto seguido se lanza a por mí. Acabamos de bruces contra el suelo, yo completamente paralizado por sus dedos que se hunden en mi garganta, y él con las rodillas sobre mi pecho, dificultando mi respiración.
—¡¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez lo he hecho para librarte de la condena que tú mismo te has labrado? ¡Para protegerte, idiota!
¿De qué está hablando ahora?
Inútilmente intento zafarme de sus brazos que siguen sosteniéndome. No lo sabía hasta este momento, pero Eriol es realmente fuerte.
—¿Para protegerme? ¿Acabando con la vida de Sakura? ¡Mi vida está con ella! ¡¿Es que no lo entiendes? Si Sakura muere, yo voy detrás de ella…
—¿Qué dices, Shaoran? ¡Piensa razonadamente por unos segundos, ¿quieres? ¡Usa la cabeza! No debería llevarte más de dos minutos…
—Eres un… —mascullo escupiendo las palabras. ¡Él es el que no está pensando con claridad! Si lo hiciera comprendería el porqué de mis actos o mi convicción de que esto es lo correcto— ¡Yo quiero a Sakura, ¿sabes? ¡La amo! Y por nada del mundo voy a permitir que ella muera.
—¡Pero, Shaoran, ella es…!
—¡Lo sé! —grito derrumbándome y suavizando el tono de voz— Ya lo sé, joder…
Sin poder evitarlo por más tiempo, no soy capaz de detener el flujo de las lágrimas que resbalan tranquilas por mis mejillas hasta confundirse con la nieve. Eriol, con una expresión de asombro que no había tenido oportunidad de contemplar hasta ahora, se aparta de mi lado y me tiende la mano para que me incorpore.
¿Cómo puede increparme algo como eso? Soy plenamente consciente de que mi destino me ha atado al de Sakura únicamente para destruir su mundo. ¿Por qué entonces he terminado amándola? ¿Por qué si no la tengo siento que me falta el aire, que lo demás no tiene sentido, que nada importa? ¡¿Por qué la amo?
—Shaoran…
—Dime, Eriol, quiero… No, necesito saber… —susurro interrumpiéndole sin ni siquiera secarme las lágrimas mientras me apoyo sobre el muro de ladrillos anaranjados y algo sucios— ¿Qué harías tú si tuvieras que acabar con la vida de Tomoyo? ¿Si estuvieras en mi lugar?
Él baja la mirada y juguetea con la nieve, dibujando círculos con los zapatos y reuniendo pequeños montones. Su silencio se prolonga en lo que para mí es una eternidad, pero finalmente decide hablar.
—Me separaría de ella.
Y esa frase se hunde en mi pecho como si de un cuchillo bien afiliado se tratase, acribillando y maltratando mi corazón. Separarme de Sakura. Separarnos… Romper todo lo que ya hemos creado juntos… Derribar el muro que yo he construido durante todos estos años para ocultar quién soy en realidad sólo para volver a levantarlo. No tiene el más mínimo sentido… Nunca nada lo ha tenido.
—Entonces respóndeme, por favor. —digo con la vista fija en las nubes grisáceas— Si es así, ¿dónde queda la ilusión? ¿El amor?
—No hay amor, Shaoran. Somos entes vacíos que establecemos contratos los unos con los otros para no acabar sumidos en la más absoluta oscuridad. Es lo que hacía ella, lo sabes, ¿no? Lleva interfiriendo en esta historia desde hace mucho tiempo.
—Sí, ya me he dado cuenta. Yuuko Ichihara, la mano derecha de Clow. Sin embargo, ella ya está muerta. Murió con él…
—Pero ha seguido actuando. Creo que quiere que el poder que esconde Sakura Despierte. Hace tiempo, antes de que empezarais a salir juntos, cuando fuimos a esa tienda…
—¡Está muerta, Eriol! —discrepo, aunque durante una fracción de segundo comienzo a enlazar vivencias, imágenes… Y la hipótesis que formula mi cerebro no es tan descabellada si se trata de alguien que ha intentado prevenirnos durante todo este tiempo, alguien que quiere que sigamos sus consejos sin que nosotros hayamos comprendido su existencia. Esa mujer…
—Me da igual —continúa Eriol— Si está muerta o no, lo que está claro es que si vuelve a interferir la interceptaremos y descubriremos la verdad. De momento, ¿qué vas a hacer con tu vida, Shaoran? ¿Con Sakura? Su poder se incremente a medida que pasan los días. Y tu madre…
—¡Mi madre no ha muerto por Sakura, de eso estoy seguro! Así que ni se te ocurra volver a mencionarlo.
—¿Y cómo puedes explicar…?
—No puedo separarme de ella, Eriol. —digo sin ganas de tener que demostrar algo totalmente inviable— No quiero hacerle daño.
Eriol niega una y otra vez con la cabeza, se encoge de hombros y decide aceptar que hablar del trágico final de mi madre no le conducirá adonde él quiere llevarme.
—Sakura sabrá recomponerse. Lo mejor para los dos es que os dejéis de ver, ¿no lo ves? Tú siempre podrás fingir que sigues buscándola para acabar con ella y al mismo tiempo, Sakura podrá rehacerse con otra persona. Tú la acabarás olvidando y entonces…
—¡Te equivocas! —intervengo alzando la voz otra vez— ¿Tú crees que yo podría olvidarme de Sakura Kinomoto con todo lo que hemos vivido juntos sólo con dejar de verla? Estás muy equivocado, Eriol. Eso nunca sucederá porque yo estoy enamorado de ella.
—De ser así… Si la quieres… Aléjate de ella, Shaoran. Sólo le traerás penurias.
No, no puedo… la idea de una vida en la que Sakura no exista no tiene vigencia en mí. ¡Imposible!
—No…
—Si no lo haces ella morirá.
Sí, Eriol tiene razón, pero aún así… aún así yo… ¿Qué debo hacer?
—Sakura no lo aceptará —digo observando el rostro tranquilo de Eriol— No querrá zanjar lo nuestro así como así. ¡No se creerá que de repente necesito tiempo o que la he dejado de amar!
—Haz que te odie —sentencia Eriol con un brillo malicioso en la mirada— No hay otra salida. Si no cortas por lo sano esta relación los dos acabaréis pasándolo mal. Dile que todo era mentira, que se trataba únicamente de un juego, que ha aparecido otra o que simplemente te has cansado de ella. ¡Yo qué sé!
—No puedo, Eriol… A Sakura no puedo engañarla de ese modo tan cruel. Después de todo yo también soy un ser humano…
—Ahí debo contradecirte, amigo. No eres un ser humano, cualquiera; eres Shaoran Li. Y esa identidad es precisamente tu condena —dice apoyando una mano sobre mi hombro mientras sus palabras me hunden en la miseria— Si de verdad la amas no te queda otra que hacer lo que te digo. Si la quieres y deseas que en cierto modo siga a tu lado, Shaoran, tendrás que mentir… —cita solemnemente antes de añadir la estocada final. La que llega a matarme con su solo susurro— Mentir por amor.
Me dejo caer sobre la fría nieve llevándome las manos a la cabeza y siendo incapaz de decir nada más. Engañar a Sakura… Decirle que no la quiero e incluso hacer que me odie. Mentir por amor. Unas simples palabras que jamás deberían ir juntas dentro de la misma frase. Alejarme de ella y olvidar por su bien, por el mío…
¿Eso es lo que harías tú, Eriol?
Cómo me gustaría poder preguntárselo, pero no necesito saber su respuesta para saber que él buscaría un método alternativo antes que recurrir a malditas falacias cuyo único objetivo será el de complicar más las cosas.
A lo lejos alguno de los vecinos del bloque de edificios que da a este callejón enciende la radio, o quizás alguna conocida emisora musical, y la melodía de "Never say never" me invade mientras la nieve de caer, sentenciando un futuro que ya estaba decidido de antemano.
Some things we don't talk about
better do without
and just hold a smile
falling in and out of love
a scene their proud of
together all the while
Mi vida es una mentira. Mi historia es una mentira. Mi nombre es una mentira. Lo único que yo he tratado de proteger ahora se deshace en pedazos. En este preciso momento también tengo que transformar el sentimiento más puro que he llegado a albergar en una mísera realidad inexistente. Mi amor por Sakura… también es una mentira.
¿En qué consiste o qué es exactamente mentir por amor? ¿Es mejor conocer la verdad aunque duela o vivir sonriendo sumido en una falsa ilusión? ¿Tú qué prefieres, Sakura? ¿Vivir junto a mí sabiendo que tarde o temprano yo tendré que ser tu verdugo o quizás separarte de mi lado a sabiendas de que no volveremos a vernos y rehacer tu vida?
Hacer que Sakura me odie… Dejarla marchar… para siempre. Y nunca volver a recibir su sonrisa regalándome la luz que ilumina mis días más grises, esa que ni siquiera los rayos del sol son capaces de superar.
You can never say never while we don't know it
time and time again
younger now then we were before
Ya no tengo ninguna duda. Para mí, mentir por amor, significa dejar de respirar.
Don't let me go, don't let me go, don't let me go
don't let me go, don't let me go, don't let me go
GLOSARIO
(1) Fuuka Shourai: ¡Acude a mí, Dios del Viento! (Uno de los hechizos básicos de Shaoran junto con "¡Raite Shourai!", el cual invoca al Dios del Trueno. Esta magia tambiés es empleada por su alter ego, el Shaoran de Tsubasa ~ RESERVoir CHRoNiCLE.
(2) Shui long shao lai: ¡Dragón del Agua, yo te invoco! (Este conjuro lo utiliza Shaoran en el tomo 7 de Card Captor Sakura cuando Eriol controla sus movimientos mediante hilos invisibles. Lo hace con la intención de que, al cubrirlos de agua, Sakura pueda ver dichos hilos como sus ataduras y fuente de manipulación y así liberarle empleando la carta Sword, y transformándola al mismo tiempo en Carta de Sakura).
Notas de la autora:
Y de nuevo hola ^^ Aquí traigo la actualización de Mentir por Amor. Ya veis de dónde ha salido el título del fic, ¿no? Pobre Shaoran... ¿Seguro que esa decisión será la correcta? La historia se complica...
Bueno, no voy a extenderme mucho porque mañana empiezo mis exámenes de acceso a la Universidad y debo dar algunos repasillos para afianzar las asignaturas.
Sobre la canción, es "Never say never" de "The Fray". La estaba escuchando mientras estaba escribiendo el final de este capítulo y no pude evitar ponerla en el fic. En serio, escuchadla, es genial.
Por otro lado, me hace mucha ilusión ver reviews de gente nueva aquí. Espero que continuéis siguiendo esta historia y dejandome reviews con vuestras opiniones. Y desde ya, muchas gracias de antemano ^^
Un abrazo muy fuerte y nos vemos en un par de semanas con el próximo capítulo de Mentir por Amor (siempre y cuando sobreviva a los exámenes de acceso Ò.Ó ¡Deseadme suerte! ;D
Ess~chan =)
