El paso por escorpión es expedito, Aioros por fin recibe el recado de Lily; el paso por Sagitario, pues... más crujiente de lo esperado. ¿Pasar por Capricornio? ESO sí que va a estar más complicado. Sin embargo, reciben una ayuda inesperada. ¡ADELANTE CABALLEROS DE ATHENA!


¡HOLA A TODOS! Este fic es un UNIVERSO ALTERNO, sin relación con mis demás escritos y se puede leer de forma independiente. Parte de la premisa de qué hubiera pasado si Aioros de Sagitario hubiera sobrevivido a aquella noche en que rescató a la infanta Athena de una muerte segura. ¡Espero que lo disfruten! Algunas imágenes de referencia irán apareciendo en el Pinterest de este universo.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA

Cualquier coincidencia con la realidad, con situacionesreales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.

¡No intenten nada de esto en casa!


"SUCEDIÓ EN LAS DOCE CASAS"

Capítulo 13: Ayuda inesperada

Casa de Escorpión.

15:15 horas.

¡Ah, el agote mental! Qué intenso es cuando para colmo se junta con el físico. Seiya se dio un par de bofetones, para espabilar y que su ánimo no cayera por los suelos. Por breves segundos miró hacia Athena, quien se sujetaba débilmente de Aioros. Y que, apenas consciente, intentaba por todos los medios conservar el buen humor. ¡Tenía Una Flecha Clavada En El Pecho! Encima atravesándole el corazón… él sin duda no estaría ni siquiera con el ánimo de abrir los ojos… si es que hubiera sobrevivido al flechazo claro.

Seiya quería mucho a Saori. Recordaba vagamente a una hermana mayor, que no había sido hija de Mitsumasa Kido, pero por supuesto que lo habían separado de ella antes que pudiera registrar algún recuerdo más acabado. No tenía otra información sobre ella, no sabía si quería tenerla. Para efectos prácticos, aquella hermana era una idea abstracta de un lazo de parentesco poco claro y Saori, o mejor dicho Athena, era quien ocupaba el lugar de su hermana en su corazón.

Por mucho que Hyoga e Ikki lo molestaran diciendo que estaba enamorado de Athena, lo cual *NO* era cierto.

¡BAH! Par de Metiches.

Hablando de Hyoga… ¿dónde estaría? Él congelaba cosas. ¿Acaso tendría relación con la capa de hielo en el piso de Libra?

¡Oooooh! Como que de pronto los escalones estaban más limpios.

"¡AIOROS SIFAKIS!"

La voz de Milo llamó la atención del grupo. El dorado estaba al tope de los escalones, esperando a que llegaran. Tenía el rostro tenso de aprensión y no tardó en hacerles señas de que se apresuraran. Cuando llegaron a la explanada de Escorpión, no perdieron tiempo y rápidamente siguieron a Milo al interior de la Octava Casa, hasta la sala de estar. No podían darse el lujo de perder mucho tiempo, pero tampoco podían agotarse más de la cuenta, sobre todo porque enfrentarían al menos a dos adversarios peligrosos más (Shura y Afro).

También a Camus, cuya afiliación siempre había estado… errr. Bueno, nunca se sabía que pensaba el sujeto. Aunque Aioros quería pensar que estaba del lado de Athena, considerando que había entrenado a Hyoga y que a lo largo de los años tuvo varias oportunidades para hacerlos pedazos, cosa que no ocurrió.

Los guardianes de Acuario eran raros. Todos ellos. Sobre todo los dos últimos.

"¡Los dejo solos un par de días y casi consiguen que maten a Athena!" Reclamó Milo con energía. "¡Sabía que tenía que haberlos esperado abajo! ¡LO SABÍA!"

"¡Ya deja de sacar en cara eso, que harto culpable me siento!" Reclamó Aioros, mientras dejaba a Athena sobre un sillón con todo el cuidado del mundo. "¿Cómo vas, hijita?"

"… Vivo." Saori tosió un par de veces, escupiendo un poco de sangre, con evidente dolor. "… sed."

Milo apretó los dientes y puños, maldiciendo entre dientes lo que había ocurrido con Athena. Se agachó junto a ella, sintiendo las tripas apretadas de la angustia, y le acarició los cabellos, dedicándole una simpática sonrisa. Milo miró a los muchachos entonces y luego a Aioros.

"La princesa se ha agitado más de la cuenta. ¡Deja que descanse unos momentos! Tienen tiempo todavía."

"Lo tenemos muy medido, pero descansaremos de todos modos." Aioros sacudió la cabeza. "No solo por la princesa, también por nosotros."

"Coman algo y recuperen fuerzas. Aquí están seguros. Tienen paso libre cuando quieran." Se apresuró en decirle Milo. "También sé que quieres saber de Lily."

"Gracias." Dijo Sagitario, asintiendo con la cabeza. "Eso también me gustaría."

Aioros, curioso por el súbito silencio de los bronceados, paseó su mirada por el grupo. Seiya y Shun estaban dando cuenta de los bocadillos y el agua que Milo había dispuesto con este fin en una mesita cercana. Ikki y Shiryu también comían, pero eran bastante más mesurados que los menores. Al menos Shun tuvo la delicadeza de acercarse a Saori con un vaso de agua y algo para comer en caso de que la diosa se animara.

Pero no. Athena solo aceptó unos sorbitos de agua.

"¿Es idea mía o tienes los mismos bocadillos que Máscara?"

"Digamos que la tía Juli nos graficó muy bien a Máscara y a mí lo que nos pasaría si no les ofrecíamos estos bocadillos." Explicó Milo con paciencia. "Digamos que tuvo a toda la mafia siciliana cocinando ayer."

"¿Mafia siciliana?" preguntó Saori divertida. "¿Le siguen diciendo así a la familia de Juli?"

"¿Son de la Mafia?" Preguntó Shun con ojos grandes.

"No, en lo más mínimo. Aunque tienen algunas conductas algo matonescas, ni son criminales ni mucho menos mafia." Explicó Aioros divertido. "La familia de Juliana es muy numerosa, muy unida y ruidosa. Desde hace generaciones que sus miembros han sido santos y amazonas."

"Son de Sicilia, así que por eso les digo mafia. Son buenas personas: me consideran como un primo más." Milo se encogió de hombros. "Máscara es prácticamente mi hermano mayor: ambos hemos sufrido el rigor de la misma cuchara de palo."

"Milo. Cuando pasamos por Libra, el piso estaba congelado. ¿Sabes algo al respecto?"

"Vi pasar a Afro de Piscis hace unas horas. También a Camus, pero a él no lo vi: usó los pasadizos. Eso sí, iba con un humor de la patada. Admito que no les presté mucha más atención, estaba más pendiente de ustedes y…"

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!"

Todos se pusieron en guardia en el acto.

Una súbita energía negra atacó de pronto a Athena, quien se vio obligada a encender su cosmo a modo defensivo. La chiquilla se llevó las manos al pecho y estuvo a punto de ovillarse de dolor. No obstante, la musculatura se le trabó y quedó rígida. Sus ojos se quedaron en blanco y la flecha se hundió unos centímetros más en su corazón.

Durante los instantes en que ocurrió esto, los bronceados la rodearon mientras Milo y Aioros se le abalanzaron encima y entre ambos intentaron evitar que la flecha se hundiera más, pero sin lograr nada. El terror les oprimió los corazones cuando Saori no parecía reaccionar con nada. Finalmente aquél ataque cesó, la diosa cerró los ojos y su cuerpo laxo se relajó sobre el sillón. La herida del pecho sangró un poco más, sus labios se resecaron y se puso aún más pálida.

...

Nadie se quiso mover.

...

Todos aguantaban la respiración.

...

"¿… papá?"

¡QUÉ ALIVIO! Todos dejaron escapar el aire que estaban conteniendo. Aioros se agachó enseguida junto a su hija y le apartó el cabello del rostro. ¡Ya tenían que acabar con esto! No podría seguir soportando ver a Athena de ese modo. ¡No a su hija y diosa! Esto tenía que acabar.

"Sagitario está vacío, pero la casa se ha vuelto muy arisca por falta de cuidados. No creo que tengas problemas." Dijo Milo con urgencia. "Shura es otro cuento: el satán imperial del que es víctima es el más fuerte y feroz de todos."

"Nos vamos entonces." Dijo Aioros con suma gravedad. Miró fijo a Milo. "¿Cómo estaba Lily?"

"Mejor. No lo pasó bien, pero se va a recuperar. Va a necesitar rehabilitación para el brazo izquierdo, pero estará bien. El dolor le bajó un montón."

"... Y... este..."

"Sifakis quiere saber qué mandó a decir. Sabemos que te dejó un recado para él." Gruñó Ikki. Seiya lo miró feo.

"¡Que poco asertivo, Ikki!" Exclamó el Pegaso. Ikki solo se encogió de hombros. Aioros por su parte lo miró aún más feo, pero no dijo nada, solo... solo se quedó mirando a Milo con ojos grandes.

"Sí, Lily mandó un recado." Reconoció Milo. "Aunque no es ninguna cursilería, conste."

"¡Ya dime de una vez!"

"Mandó a decir vuelve con tu escudo; o sobre él."

No, no era ninguna cursilería, pero sí tenía su encanto. Esa frase tenía mucha carga cultural: en la antigua Esparta, las mujeres de la ciudad solían decirle eso a sus seres queridos cuando partían a la guerra. Vuelve con tu escudo, libra tus batallas, haz lo que tengas que hacer y regresa vivo y ganador; O sobre él, si no puedes regresar victorioso, entonces muere intentándolo, pero derrotado no regreses.

...

¡Aaaaaaw!

"No es ninguna cursilería, pero la chica te quiere, Sikafis." Le dijo Milo muy serio. "Ya quisiera yo una mujer propia que me diga eso a mi"

"Lily es la mejor." Aioros reconoció enternecido. "Agradezco a los dioses haberla conocido."

Seiya le dio unas palmadas de apoyo a Aioros en la espalda.

"Entonces toca que regreses con ella y victorioso, tal cuál te lo está pidiendo." Le dijo el Pegaso. "¿Te parece ahora que sigamos?"

Aioros sonrió de costado y despeinó a Seiya. Se volvió hacia Saori, a quien le peinó el flequillo con sus dedos y la tomó en brazos con toda la rapidez y delicadeza que pudo. Sin decir nada, echó a correr a la salida junto con los bronceados. Milo los siguió hasta la salida de Escorpión y los observó largo rato en lo que subían los escalones. El corazón le palpitaba a mil por hora y hubiera dado su brazo derecho por seguirlos enseguida.

"Odio esperar." Protestó el Escorpión, mientras se daba la vuelta para volver al interior del templo y esperar a que los demás llegaran.

Sin embargo se detuvo al dar un par de pasos. Tuvo una corazonada repentina, muy sutil, como cuando se abría un candado o algo así. Curioso, giró lentamente la cabeza hacia los escalones que llevaban a Sagitario. Era como si los escalones lo estuvieran llamando, invitándolo a subir, como diciéndole que también debía ir hacia arriba. Entrecerró los ojos y decidió y a ver qué pasaba. Al llegar al primer escalón se detuvo dudoso. Se mordió el labio. Su corazonada era más y más fuerte.

Tentativamente estiró la mano…

… y dio un paso hacia adelante.

La barrera no le impidió el paso.


Casa de Sagitario.

15:40 horas.

"Tu casa está en ruinas." Dijo Ikki.

"Me gusta más la del Café en Tokio." Añadió Seiya.

Milo tenía toda la razón del mundo y un poco más: la Casa de Sagitario estaba en muy malas condiciones y se notaba que la voluntad del templo estaba muy arisca. Aioros tuvo mil sentimientos encontrados cuando estuvo por fin de pie frente al templo que se supone debía proteger. Era la primera vez en trece años que regresaba a su casa, a su hogar de la infancia. Cuando tuvo que huir con la infanta Athena, ni siquiera tuvo tiempo de regresar a nada, ni siquiera a cerrar las puertas. En teoría todo debería estar en orden, pero francamente dudaba que fuera así. Lo más probable era que sus cosas estuviesen vandalizadas.

"Curioso. Cuando salí del Santuario tenía a Athena en los brazos… y nos perseguían para matarnos."

"Y trece años después, sigues con Athena en los brazos y no digamos que estamos a salvo." Opinó Shiryu. "Sigamos o vamos a echar raíces."

El grupo se adentró en Sagitario con cautela. No porque temiesen al guardián, sino porque a juzgar por el estado del edificio, y a la hosquedad que irradiaban las paredes, bien podría caerles algo en la cabeza o el piso podría colapsar. El aire encerrado no olía bien, y de pronto Saori tuvo algunas dificultades para respirar, como si no tuviera ya suficientes problemas. Pese a la cautela, llevaban buen ritmo y pronto estarían al otro lado.

Entonces llegaron a esa pared.

"Caballeros atenienses, encargo a Athena a su cuidado." Leyó Ikki en voz alta. "Firma el señor Sifakis. ¡Aioros! No te tomaba por un grafitero."

"Tienes… letra linda… papá." Athena le sonrió muy tierna. "Gracias por escribir eso, en serio. ¡Te quiero mucho!"

"¿En qué momento lo escribiste, Aioros?" Preguntó Seiya. "¿Antes de irte del Santuario?"

"No." Aioros negó algo avergonzado. "Escribí eso mucho antes, creo que unos días después de que Athena descendiera del Olimpo y se manifestara entre nosotros." El dorado se sonrojó un poco. "Estaba inspirado y muy contento ese día. ¡Tanto que escribí eso!"

"Aaaaw. Vomitaré un arcoíris. ¡Eres un cursi de lo peor! Debería darte vergüenza." Gruñó Ikki, señalando hacia la salida. "Ya vamos que no me hago más joven."

CraaaaaaaaaaaaaaaAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaack…

Ikki se quedó quieto y con la vista fija en el suelo. El crujido había venido del piso y resonado por toda la estructura, añadiendo notas muy lúgubres a la abandonada estructura. Parecía que si se movía, el piso iba a colapsar. Aioros no pareció preocupado.

"¿Qué fue eso?" Preguntó Shun. Todos miraban hacia el piso, las paredes y al techo de manera alternada. "¿Tienes alguna mascota que dejaste abandonada o qué?"

"Alguien está muy enojado." Añadió Shiryu.

"Esta casa está gruñona, nada más." Explicó con calma. Aioros tomó aire "¡Ya Te Voy A Limpiar Cuando Termine Todo Esto! ¿Me Oyes?" Dijo en voz muy alta. "Mis disculpas, tuve asuntos de fuerza mayor."

HMPF. Pareció rezongar la casa, pero por lo menos le dio el beneficio de la duda, considerando que el ambiente se alivió un montón. Aioros se acercó a Ikki.

"¡Relájate! Solo pisaste la puerta trampa que lleva a los pasadizos. Ha crujido así de toda la vida."

"¿Seguro?"

"¿No eres tú el encargado de mantener esos pasadizos? Porque si es así y considerando como está tu casa, tienen que estar del terror." Comentó Seiya con calma.

"Papá… tengo sed…"

Aioros miró a los muchachos y estos suspiraron. Athena tenía unas ojeras enormes y desde hacía un rato que estaba pidiendo más y más agua cada vez que tenía oportunidad. Todas las casas tenían agua, bien podrían tener acceso a ella, y a lo mejor tenían suerte y encontraban algo en qué llevarla en caso de que Athena pidiera agua de nuevo en la subida.

"Iré a buscar agua." Se ofreció Shun.

"Voy contigo." Gruñó Ikki. "No confío en esta casa." Añadió de mala gana.

"Yo me adelanto a ver qué encontramos en Capricornio." Aportó Seiya.

"¿Estás loco? Shura es peligroso." Protestó Shiryu. "Te acompaño."

"¿Ustedes dos qué pretenden?" Ladró Aioros. "Déjenme a mi lidiar con Shura, ustedes no podrán."

"Eso no lo sabes, Aioros." Retrucó Seiya. "Déjanos intentarlo: has tenido todas las peleas hasta ahora tú solo."

"¡Comparte Aioros! También queremos pelear por Athena."

"¡Pero…!"

Sin darle tiempo a responder, Seiya y Shiryu salieron corriendo llenos de travesura. Aioros hizo el amago de ir tras ellos, pero por alguna razón desistió, y no porque llevase a su hija en brazos. Ikki le dio unas palmaditas en la espalda antes de retirarse con su hermano en busca de agua. Una vez que se alejaron, Aioros se sentó en el suelo, acomodando a Athena en su regazo.

"… Déjalos papá. Esta también es su pelea." Dijo la diosa. "Shura necesita pelear primero con ellos."

"¿Y si se matan?"

"Papá…" Resopló Athena con cara de circunstancias. "Estamos hablando de Seiya… ¡no tenemos tanta suerte!" Bromeó con cariño. Aioros no pudo evitar sonreír.

"Ah. Sentido del humor." Apreció Aioros. "Eso es Buena señal." Añadió mientras la mecía un poco, como cuando era bebé. "Guarda tu fuerza, hijita, la necesitas."

Saori asintió y cerró los ojos, tratando de descansar. Momentos más tarde regresaron Ikki y Shun con un vaso con agua y una botella de refresco muy vieja que se notaba que habían lavado antes de rellenar. Cuando la diosa hubo bebido unos sorbos volvieron a ponerse en marcha, pasando raudamente en dirección a capricornio.

Unos diez minutos después que se hubieron marchado, Milo comenzó a cruzar Sagitario al trote.


Casa de Capricornio.

16:10 horas.

¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAM!

Seiya aterrizó de cara contra el piso y al llegar al borde de las escaleras, cayó por éstas varios peldaños abajo. Tenía varios cortes en los brazos y la cara, y de verdad sentía como si lo hubieran metido dentro de la juguera. ¡Shura era un adversario terrible!

"¡LA CÓLERA DEL DRAGÓN!"

"¡JUMPING STONE!"

Shiryu se quedó conteniendo a Shura, echando mano de toda su destreza, ingenio y lo que tuviera cerca. Nunca un enemigo era tan letal y cortante como el guardián de la Décima Casa, quién para colmo no atendía ruegos ni argumentos, solo atacaba, constante y sin detenerse.

Shiryu cayó contra las baldosas, trizándolas producto del impacto. Seiya, adolorido y golpeado como estaba, se levantó y embistió al dorado con toda su fuerza.

"¡METEORO DE PEGASO!"

PAAAAAAAAAM.

Shura se trabó a golpes con Seiya, ganando rápidamente la ventaja. Shiryu le saltó encima a la primera oportunidad, tratando de trancarle los brazos, pero ambos bronceados fueron arrojados con dolorosa facilidad contra el piso, sin que tuvieran tiempo para lamentarse. Rápidamente tuvieron que rodar lejos de los ataques de Shura, quien en serio no les daba cuartel.

Es que Aioria, mientras estuvo poseído, era más fácil de enfrentar. Se notaba que Shura llevaba años víctima del control mental. Sus ojos también estaban rojos, pero carecían de toda personalidad o voluntad. Atacaba. Atacaba. Atacaba de nuevo, incluso ignorando sus heridas.

"¡DRAGÓN NACIENTE!"

Aunque no digamos que los bronceados estaban aterrizando algún golpe en todo caso. Un movimiento de la mano de Shura y una breve explosión de su cosmo bastaron para barrer con los dos chiquillos por la explanada frente a Capricornio y escaleras abajo, justo en momento en que Aioros y los demás llegaban con ellos.

"¡Minions!" Llamó Aioros.

"¿… S –Seiya?"

"Aaaaaaayayaaaaaaay…" Se quejó el Pegaso poniéndose de pie. Shun lo asistió. "Esto está METAL."

Aioros levantó la mirada, reteniendo la respiración. Dejó a su hija en el suelo, al cuidado de Ikki, y terminó de subir los escalones. Antes de que se diera cuenta estaba enfrentando la explanada de la Décima Casa de Capricornio y a su guardián, quien estaba quieto, como a la espera de algo. Shura parecía indiferente, pero hubo una reacción en su cosmo cuando vio a Aioros. Como sorprendido, dio un paso adelante y se detuvo de súbito, sujetando su cabeza, como preso de una fulminante migraña. El santo de Sagitario se volvió hacia los muchachos.

"Chiquillos… les encomiendo a Athena. Pase lo que pase, no dejen que la lastimen."

"¿Papá?"

"Esta batalla es de vida o muerte, ¿verdad?" Preguntó Shiryu con algo de temor.

No obtuvo respuesta. El que calla, otorga.

Saori comenzó a hacer pucheros casi en seguida, se agitó muchísimo de un momento a otro.

"¡Papi!"

Aioros encendió su cosmo y avanzó decidido hacia Shura, quien levantó la mirada, siseando como una bestia herida, con los ojos muy rojos y preso de la voluntad de Ares. Sagitario apretó los dientes: conocía a Capricornio, era uno de sus mejores amigos, un hombre bueno, noble y leal como pocos, reducido en contra de su voluntad a ser una mera marioneta de Ares.

Definitivamente iba a profanar cuanto templo de Ares se encontrase.

"TU ESTÁS MUERTO."

"Estoy muy vivo, Shura."

"Traidor. Traidor. ¡TRAIDOR!"

"No." Aioros se puso a la defensiva. "Te han engañado."

"GRRRRRRRR." Gruñó Shura, inflamando su cosmo. "¡MUERE!"

No, Capricornio no estaba en condiciones de escuchar o meditar razones. No era dueño de sus actos, no lo había sido por años y… ¡ya fue! Había sido demasiado tiempo ya. Tocaba liberarlo.

"¡EXCALIBUR!"

¡POR UN PELO DE RANA CALVA! Aioros por poco no la cuenta, esquivó la espada de Shura por milímetros, pero tampoco se puso a ponderar en el milagro. Encendió su cosmo y se trenzó a poderosos golpes contra su colega. Al menos estaban a un nivel parecido y la potencia de sus puños quedaba equilibrado.

Más o menos.

Aioros recibió un golpe en el plexo solar, que le provocó un agudo dolor en el pecho. Alcanzó a proteger su cabeza y tuvo que aguantar los puños que le cayeron en las costillas. Aprovechó la oportunidad para sujetar la cabeza de Shura y propinarle un par de rodillazos, antes de lanzarlo lejos y atacarlo en el suelo, pero Shura se recuperó y le encajó la rodilla en el estómago al recuperar impulso.

Aioros escupió sangre al tiempo que era impulsado hacia atrás, siendo obligado a defenderse con un pulso de cosmo que logró hacer retroceder varios metros a Shura. Se miraron varios instantes, estáticos, evaluándose mutuamente.

"Para estar bajo el control mental de Ares, Shura parece muy lúcido." Comentó Shun.

"Lo está. No sirve de nada si se apaga su centro lógico durante un combate." Respondió Ikki. "Lo que tiene anulado es su voluntad, no su inteligencia."

"Hay Que Detener A Shura O No Podremos Pasar." Se lamentó Seiya.

"¡Quiero ver! ¡Mi papá!"

Saori, a quien habían dejado algunos escalones más abajo por su seguridad, hizo esfuerzos tremendos por ponerse de pie y ver mejor la espantosa pelea. Rápidamente Seiya e Ikki intentaron detenerla, pero ella aprovechó el impulso para pararse e intentar subir los peldaños que le faltaban. No lo logró y colapsó sobre sus rodillas al instante, agitando la herida.

"¡AAAAAAAAAAAAAAARGH!"

"¡Con Calma Saori! Quédate a cubierto."

"¡NO! Tengo que ver." Athena se sujetó de Ikki. "Por favor… tengo que ver el combate…" Le gimoteó.

Ikki tuvo un tic en el ojo. ODIABA cuando una chica le gimoteaba, sobre todo cuando era una chica a la que le tenía aprecio, como Athena o su linda Esmeralda. Gruñó entre dientes y, sujetándola con toda la delicadeza que pudo, la ayudó a subir.

"¡Ikki! ¿Qué haces?"

"Saori quiere ver el combate. ¡Por algo será! No voy a estar cuestionando dioses a estas alturas del día."

Con mucho cuidado, Athena llegó al tope de las escaleras gracias a los bronceados. Rápidamente la sentaron en el suelo y le sirvieron de apoyo, mientras ella no se perdía detalle de la feroz pelea que mantenía su papá con Shura. ¡Se estaban dando una paliza terrorífica! Seguro se estaban rompiendo huesos y desgarrando los órganos internos. Y estando a un nivel muy similar, pronto entrarían a un combate de mil días si no hacía algo. Athena jadeó y resopló. Se fijó en Shura y cerró los ojos.

Cayó en un repentino trance.


"¡Shura!" Lo llamó en medio de una bruma oscura. "¿Dónde estás?"

"¿…?"

"¡SHURA!"

"…"

"Contéstame, Shura… por favor."

"¿Quién…?" La imagen de Shura apareció frente a Athena. La diosa tomó aire y suspiró de alivio.

"¡Eres tú! Estás aquí…" Le dijo con alegría, aunque aprensiva: notaba que la esencia de Shura estaba por diluirse. "Llevas mucho tiempo bajo el Satán Imperial."

"¡No Puede Ser!" Shura retrocedió espantado varios pasos. "¡Athena Está Muerta!" Exclamó angustiado.

"Esto es mi culpa." Gimoteó Saori. "¡También debí venir por ti! Por favor, perdóname Shura."

"¡¿Qué Brujería es esta?! Athena está muerta, yo..."

"¿Por qué dices eso?"

"¡Yo la maté!" Exclamó con los ojos desorbitados de desesperación. "¡Maté a Aioros cuando intentaba salvarla! ¡Los maté a los dos!"

La esencia de Shura quiso escapar y anularse de la pura vergüenza, pero Athena no lo dejó. Extendió sus manos y lo sujetó con firme cariño.

"No lo hiciste. Fuiste obligado por Ares y no eras dueño de tus actos. ¡Ciertamente intentaste matarnos! Pero no lo lograste."

"… ¡Mientes!"

"No. No miento. ¡Yo Soy Pallas Athena Parthenos!" La diosa encendió su cosmo, revelándose a sí misma. "Y tú eres Shura de Capricornio, mi más leal guardián."

Shura pareció derrumbarse en llanto a los pies de la diosa, como si le hubieran quitado el mundo de encima. Athena se agachó y le puso una mano sobre la espalda.

"¡Señora! No soy digno…"

"Yo tampoco soy digna de tu lealtad." Athena le miró con compasión, y se mordió el labio. "¿Sabes dónde estás ahora?"

"…"

"¿Lo sabes?"

"No..."

"Estás luchando contra mi papá."

"¡¿Contra Zeus?!"

"No, ¡Mi papá! Zeus es mi padre… Aioros de Sagitario me crió como su hija."

"¡…!"

"Estás luchando contra él, obligado por Ares." Le explicó la diosa. "Necesito enfrentar a ese maldito hermano mío en el Templo Principal, pero estamos detenidos en Capricornio. Por eso mi papá intenta derrotarte." Los ojos de Shura se llenaron de indignación y se puso de pie en el acto. "Necesito que aguantes un poco más… el control mental es muy fuerte, ¡puedo sacarte de aquí! Pero no puedo sola…"

"Dígame qué tengo que hacer."

"Necesito que despiertes. Y que sigas la luz cuando la veas."


"¡SAORI!" Athena abrió los ojos de golpe cuando Seiya le dio un bofetón.

La diosa despertó de pronto de su trance y confundida observó sus alrededores. No estaban donde recordaba, por lo visto habían tenido que moverse lo más rápido que pudieron. El pecho le ardía de dolor.

"¿Qué pasó?"

"¡Aioros y Shura se están dando unos madrazos!" Exclamó Seiya. "Las armaduras están heridas."

Brevemente Athena miró hacia el combate. Shura parecía haber bajado la intensidad de sus golpes, lo que Aioros aprovechaba todo lo que podía. Por lo visto, haber buscado y llamado la atención de Shura (no de este ente sin voluntad, sino del verdadero Shura) había valido la pena. Aun así…

"… Creo que puedo… puedo… liberarlo."

"Athena, ¿qué pretendes?" preguntó Shiryu alarmado.

Saori no le hizo caso, ni a los demás bronceados cuando estos se dieron cuenta que comenzó a juntar cosmo para efectuar su ataque. La diosa estaba muy debilitada, no podría juntar tanta…

"AaaaaaaaaaaaaaaaaaAAAAAAAAAy…"

... energía.

Alarmados por los quejidos de dolor de la diosa, los demás intentaron contenerla.

"¡Basta Athena! No puedes." Le pidió Seiya. "¡Cuida tu fuerza! Te queda poca y la necesitas."

"¡Tengo que poder! Shura me necesita." Jadeó la diosa decidida. "Si no lo ayudo a salir, no podrá solo…" Athena cerró los ojos y con dolor reunió su cosmo.

Pero dolía. ¡Cómo dolía!

"¡Esto la va a matar! Athena está muy débil." Exclamó Shiryu.

"¡DETENTE, MUJER!" Ladró Ikki.

"Por favor, Athena, no lo hagas…" Lloriqueó Shun.

"¡Basta Minions! Yo me encargo."

Milo apareció de pronto. Tomó a Athena en sus brazos y la ayudó a ponerse de pie, aunque sin dejar de sujetarla. Gimiendo de dolor, Athena se recostó en el pecho del escorpión, que la sostenía con firmeza y coraje.

"Chiquilla, sabes que no puedes ejecutar esa técnica en el suelo. Tienes que estar de pie."

"Yo sé, Milito… pero no puedo sola…" Las lágrimas le caían por las mejillas. "¡Me duele mucho!"

"Yo te sostengo, Athena. Yo te ayudo." Los afilados ojos de Milo se fijaron en el combate. "También tienes mi cosmo a tu disposición."

"¡Milo! ¿Qué haces?" Preguntó Seiya.

"Escuchen." Les dijo Milo mirando a los bronceados con firmeza. "Me puedo dar todos los porrazos de la vida y no me va a pasar nada, pero no la Princesa. ¡Ella no se puede caer!"

"¡¿De qué hablas, Milo?!" Exigió saber Shiryu, sin entender nada, pero no obtuvo respuestas.

"Pase lo que pase, si me caigo, ¡No dejen que Saori se golpee más de la cuenta!"

Los bronceados no entendieron enseguida, pero no dijeron nada. Confiaron tanto en Milo como en Athena y se mantuvieron atentos. El santo de escorpión encendió su cosmo al mismo tiempo que la diosa y dejó que ella se aprovechara de su fuerza para concentrarse. Con los ojos muy apretados, Athena reunió toda su energía, aprovechando el apoyo que Milo le daba, tanto físico como cósmico.

"¿Milo? ¿Estás seguro que quieres ayudarme? Te puedo lastimar…"

"Mi vida está a tu servicio, chiquilla. ¡Yo con gusto!" Le dijo con toda honestidad. "Recuperaré mis fuerzas después de una buena siesta y comida, ¡ya sabes que es así! Quedaré como nuevo."

Sudando de dolor, Athena sonrió, y volvió a concentrarse en el combate. Reunió su cosmo mientras miraba fijo a Shura, percibiendo alguna nota de reconocimiento en su profunda mirada. ¡Capricornio estaba luchando por salir! Y ella lo ayudaría.

Por instantes brilló, y de súbito la diosa estiró sus brazos hacia adelante.

"¡PRECLARIDAD!"

Y todo brilló de blanco. Aunque a diferencia de lo ocurrido en Leo (quizás porque estaba de pie) las consecuencias para los demás no fueron tan fuertes. Aioros alcanzó a sujetarse y no cayó al suelo; los bronceados no fueron tan sacudidos, Shura…

¡Oh, Shura!

Sintió como si su alma se quebrase en mil pedazos, seguido de una fuerza de tirabuzón que pareció lanzarlo fuera del planeta y traerlo de regreso a tierra, al tiempo que su misma alma que sintiera en millones de fragmentos, se compusiera de nuevo. Shura vio una luz y con ello sintió una poderosa succión que le dio una arrastrada feroz por lo que pareció ser la extensión de todo un universo. Aterrizó tan de golpe en su propio cuerpo que fue como si lo hubiera atropellado un tren… se vio de pronto contra el suelo, observando el cielo y por completo confundido…

¡Pero se sentía tan libre!

Estaba libre...

Por fin... por fin libre.

"¿Shura? ¿Eres tú?"

Capricornio se incorporó de golpe. No lejos de él, a la defensiva, Aioros lo observaba intensamente, sangrando por todos lados. Perplejo, se pasó las manos por la cara, sorprendido de ver sangre en sus dedos y sentir que la cara le ardía como si tuviera un pómulo roto. Aioros mismo tenía un ojo en tinta y tantos cortes como si se hubiera peleado con un gato.

O con Excálibur.

O Ambos.

"¡Aioros! ¡Estás Vivo!" Shura se puso de pie muy pronto y tuvo que reprimir las náuseas. "¡ARES! Ares tomó el control…" La realidad golpeó a Shura. "¿Cuántos años pasaron?"

"Han sido trece años." Le dijo Aioros con calma, sujetándolo de los brazos. "Bienvenido de regreso."

"¡Casi te maté!"

"Ni creas que no me defendí."

"¡ATHENA!"

Shura buscó a Athena con la mirada y echó a correr hacia ella. La diosa estaba sentada en el suelo, apoyada por Ikki, y jadeando inconsciente. Ni bien había terminado de ejecutar su técnica (la que había consumido casi la totalidad del cosmo de Milo), ambos habían colapsado. Ikki sujetó a la diosa y con gracia la guió hasta el suelo en caída controlada. Shiryu hizo lo propio con Milo, quien estaba absolutamente noqueado… pero quédense tranquilos; el dorado se recuperaría con todo y cosmo ni bien despertase.

Shura se arrojó sobre sus rodillas y no tardó en tomar una mano de la diosa.

"¡La P**Am**Re Que Me Parió! ¡Mire Cómo Está!" Shura paseó su mirada por los bronceados, por Milo y la detuvo en Aioros. "¡¿Qué hago ahora?!"

"Dejarnos pasar por Capricornio." Aioros se agachó y tomó a su hija de los brazos de Ikki, acunándola en su regazo. "¿Muñequita?"

"Hola papi." Athena le sonrió sin abrir los ojos. Medio abrió uno sí, para ver a Shura. "Bienvenido, Shura."

"Tenemos que llevarla al Templo Principal. Athena necesita su escudo… Y así enfrentar a Ares." Explicó brevemente Aioros, con ganas de sobarse el costado, que le dolía como nunca.

"¡¿A qué esperamos?! Voy con ustedes."

"¡Estamos en un desafío del Reloj de Fuego! No creo que puedas pasar." Objetó Shiryu, quien al ver la mirada que le dedicó Shura, levantó las manos en señal de paz. "Pero lo digo con respeto."

"¡Que Me Detengan! Aunque Deba Derribar El P**O Reloj Con Los Dientes Voy A Pasar." Afirmó decidido. "¡También Tengo Cuentas Pendientes Con Ares!" Sorprendiendo a todos, sobre todo a Aioros, Shura tomó a la diosa en sus brazos, quitándosela a su padre, y se puso de pie.

"¡Cuidado Con Su Cabecita!" Gimió Aioros alarmado, recordando la misma angustia que sentía cuando su hija era una bebé y alguien más la levantaba en brazos.

"Dejemos a Milo en mi Casa, Ya vendrán por él. ¡Hala! ¡Andando!"

Aioros sonrió aliviado. Shura no tenía idea qué monos estaba pasando exactamente, pero por lo visto no necesitaba saber mucho más. Athena tenía que llegar al Templo Principal y eso era suficiente para él. Ya se enteraría de los detalles luego. Athena parecía pensar lo mismo, porque sonreía de gusto. Aioros, aun adolorido por la paliza, miró a los bronceados.

"Tenemos un nuevo aliado… llevemos a Milo dentro y sigamos camino."

"¡Cierto! Mientras más, mejor." Afirmó Seiya muy animado. "Ya solo nos quedan dos casas. ¡Vamos!"

Y sin pensarlo dos momentos más, Seiya salió en pos de Shura y Aioros, con Shun no muy lejos detrás. Ikki y Shiryu se miraron de reojo y suspiraron.

"De nuevo nos toca arrastrar al muerto." Gruñó Ikki resignado.

"Mientras antes empecemos, antes terminamos. Vamos."

Y así entre los dos, cargaron a Milo entre sus brazos y se adentraron en Capricornio, dejando al Escorpión en el primer sofá con el que se cruzaron. Luego siguieron camino.

Ya faltaba menos.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Lecciones de Vida

… Si sobrevivía a todo esto, lo primero que haría sería echarse en camastro más cercano y dormir hasta que le dieran calambres. ¡No! No… Eso no. Si salía de esto, lo primero que haría sería ir a buscar a Lily, abrazarla y no dejarla ir nunca. ¡Lily! Lo iba a matar cuando supiera lo que le había pasado a Athena. ¿Cómo estaría? Sintió una puntada en el corazón: su bella Lily… pronto ya sería libre para dedicarle toda la…


Nota Mental: Buenos fueron los trancazos que Shura y Aioros se pegaron, pero al menos sobrevivieron gracias a una nueva intervención de la diosa y a la inesperada ayuda de Milo de Escorpión. ¡No se preocupen por él! Ya recuperará la consciencia, solo necesita recuperar fuerzas: tan solo le permitió a la diosa aprovechar su cosmo para que ganara fuerza extra y pudiera ejecutar su técnica, eso es todo. NI bien descanse, quedará como nuevo. Solo esperemos que no lo sacudan mucho en lo que se tardan en llevarlo dentro. Ahora, ¿Qué pasó con la botella de vodka? Ya lo sabrán. =D Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS A TODOS POR LEER!


Me escribieron algunas reviews anónimas que aprovecho de responder.

¡YAMID! Vaya que estuviste inspirado para ponerte el día. Espero en serio que la lectura no haya estado tan pesada y que haya valido la pena. Me alegré mucho de leer tus comentarios y me han causado mucha gracia, en serio. Ojalá que este armatoste te siga gustando. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Ten: pastel de mango. (para diabéticos, así que cómelo con tranquilidad)