CAPITULO 14
No había pasado una semana entera desde que Edward volvió y hoy en la mañana se había ido, dijo que regresaría para la ecografía que era el viernes. Me costaba admitirlo pero ya lo extrañaba, si lo extrañaba después de medio día no me alcanzaba a imaginar que iba a pasar después de cuatro días. Me decía a mi misma que era sólo porque estaba acostumbrada a él, pero muy en mi interior sabía que era algo mas profundo que simple costumbre, pero aun no estaba lista para admitirlo, y no tenía idea de cuando podría estarlo.
Durante los últimos días Edward ha sido el príncipe encantado con que toda mujer llega a soñar al menos una vez en su vida, era una encantadora faceta de su personalidad que ya no recordaba, quizás debí haberme hecho la difícil cuando nos volvimos a encontrar… a quien quiero engañar, las cosas empezaron al revés, definitivamente no se hicieron de la manera correcta y terminaron bastante mal, pero esas ocho semanas están bastante altas en el ranking de las mejores semanas de mi vida, además si las cosas no hubieran pasado así en este momento mi bebé no existiría.
Edward había estado muy atento, el miércoles me invito a almorzar pero yo no podía salir porque tenía bastante trabajo atrasado, pero él llegó a la hora de almuerzo con comida. Tuvimos una platica muy amena, la verdad es que hablando con Edward nunca me aburría. Me comentó que en la mañana había estado en el hospital del que me había hablado, y la oferta todavía estaba en pie, comenzaría a trabajar en tres semanas. Se fue cuando terminamos de comer porque sabía que yo tenía que trabajar. También me llamo en la noche y al igual que en todas las noches hasta hoy, nos quedamos hablando de cómo habían estado nuestros días. Se sentía bien tener alguien al final del día para contarle lo que me había sucedido.
El jueves también almorzamos juntos, y el viernes no nos vimos porque el estaba mirando apartamentos, pero aun así me llamó y hablamos un largo rato, cuando ya iba a colgar, me tomo por sorpresa pidiéndome que saliera con él el sábado a comer, en una cita.
-Edward en serio, no es necesario, además sabes que no me gusta que gasten dinero en mi.
-Bella, nunca hemos tenido una verdadera cita, y si alguna mujer merece que la cortejen esa eres tú. Permíteme hacerlo por favor - ¿Quién podía resistirse a ese tono?
-Esta bien, mañana en la noche entonces. Pero quiero dejarte claro que el que acepte no quiere decir que ya cambio el estado de la relación entre nosotros.
-Lo sé Bella, pero por algo tengo que empezar.
Al día siguiente era por fin sábado, espero toda la semana hasta ese día para poder dormir hasta la hora que quiera sin ninguna molesta interrupción, pero claro, cierto duende con exceso de cafeína en la sangre considero que las siete y media de la mañana ya era muy tarde e irrumpió en mi apartamento despertándome sin ninguna consideración.
-¿Qué demonios haces aquí Alice? – Puede que haya sido grosera, pero como se le ocurre quitarme las cobijas de esa forma, eso es casi que un acto suicida. - ¿Y como se supone que entraste?
-Jasper me prestó su llave. – Se las di para casos de emergencia, pero si van a usarlas para esto tendré que recuperar todas las llaves que haya dado de mi apartamento.
-¿Y que haces aquí? No te informo Jasper que duermo hasta las nueve cuando puedo, no es muy tarde, lo que sea podría haber esperado.
-Pero Bella, tenemos que ir de compras, necesitas un hermoso vestido para esta noche.
-¿Qué tienen de malo los que tengo?
-Nada, pero necesitas algo muy especial.
-¿Sabes que vamos a hacer esta noche?
-Si, pero no te lo voy a decir, es una sorpresa.
-Odio las sorpresas – dije volviéndome a acostar.
-¡Ah no! De eso nada, levántate y organízate que Rose ya viene para acá y después salimos.
-Alice, hoy es sábado, puedo dormir hasta la hora que me de la gana, créeme que no quieres ir de compras con una mujer embarazada de mal genio por falta de sueño, y menos con una que odia ir de compras.
-Asumo las consecuencias – dijo Alice sacándome de la cama, cómo alguien tan chiquito podía tener tanta fuerza iba mas allá de mi comprensión.
Después de una extenuante jornada de compras encontramos el vestido perfecto, era realmente hermoso. Pero a ellas no les parecía que con el vestido era suficiente, por lo que cuando volvimos a mi apartamento comenzamos con la tortura del maquillaje y el peinado, aunque tengo que aceptarlo, el resultado de un día de torturas realmente había valido la pena, claro que es algo que nunca voy a admitir.
Cuando terminaron llegó Edward, con un traje que lo hacia ver aun mas apuesto. Cuando le pregunte hacia donde íbamos no me quiso contar, diciendo que era una sorpresa. Pensé que íbamos a un restaurante, pero paramos en un edificio cerca a mi casa.
-Edward ¿Dónde estamos?
-Ya vas a ver, espero que te guste.
Entramos al edificio, y cuando entramos al ascensor me cubrió los ojos.
-Edward, a duras penas camino sin caerme viendo, como esperas que lo haga sin ver.
-Yo nunca te dejaría caer.
Nos bajamos del ascensor y me hizo subir unas escaleras. Tropecé varias veces, pero como el lo había dicho, no me dejo caer.
Cuando me destapó los ojos no lo podía creer, no me gustaban las sorpresas, pero esta me encanto. Estábamos en la azotea del edificio, y había organizado todo como un picnic, incluyendo el mantel de cuadros. Había pequeñas luces por todos lados y sonaba una agradable música de fondo. Desde allí se veía gran parte de la ciudad, era realmente hermoso.
-Edward, esto es hermoso.
-Me alegra que te haya gustado. Supuse que no querrías ir a un restaurante muy elegante y costoso, por lo que quise hacer algo diferente por ti. – dijo con una hermosa sonrisa.
-Muchas gracias, nunca nadie había hecho algo así por mi.
-Te mereces esto y mucho mas. – cuando dijo esto me sonroje, que puedo hacer, mi cara cambia de color a voluntad sin tener en cuenta lo que yo quiero.
Después de eso comimos, algo que había comprado en un restaurante. Edward tiene muchos talentos, pero en la cocina no pasa de unos huevos fritos.
-No van a venir a sacarnos por invasión a propiedad ajena o algo así,¿ cierto?
-Claro que no – dijo riéndose – el portero me presto las llaves.
-¿Por qué habría de prestarte las llaves?
-Supongo que querría congraciarse con el nuevo inquilino.
-No sabia que ya habías encontrado apartamento.
-Si, aunque todavía falta pintar y amoblarlo, por ahora sigo en el hotel. Aunque las compras y lo que quede faltando tendrán que esperar hasta que vuelva. Pensé en pedirle ayuda a Alice para eso, pero después me di cuenta de que probablemente me arrepentiría.
-Yo creo que lo harías. – dije riéndome, si Alice compra como compra sin una excusa, no me imagino como seria con una. Sé que Edward tiene bastante dinero, pero no creo que tanto, probablemente pocas personas tienen tanto.
-Tengo algo para ti – dijo después de que nos quedamos un rato en un cómodo silencio apreciando la vista, sacó una caja de su bolsillo.
-Edward no debiste.
-Si, lo sé, no te gusta que te regalen cosas, pero cuando lo vi no pude evitar pensar en ti.
-Edward, es increíble. – era un hermosa collar, una delgada cadena de plata, con una piedra naranja que brillaba en distintas tonalidades (imagen en mi perfil). – no puedo creer que lo recordaras.
-Decías que lo único que extrañabas de Phoenix en Forks era el sol.
-Y tu me regalaste un collar parecido a este, porque la forma en como brillaba me lo recordaba. Decías que era como tener mi propio sol, sin el calor. – dije sonriendo por el recuerdo.
-Casi lloras cuando lo perdiste en el mar.
-Y tu lo buscaste por mi, estabas decidido a encontrarlo aun cuando sabíamos que era imposible. Tuve que sacarte casi a la fuerza cuando ya te estabas poniendo azul.
-Estabas triste por haberlo perdido, nunca he sido capaz de verte triste, tenia que hacer lo posible para remediarlo.
-Y lo hiciste, montaste una fogata para los dos detrás de mi casa. Dijiste que si ya no podía tener el brillo, podría tener el calor. Comimos tantos malvaviscos que al otro día no podíamos levantarnos de la cama.
-Fue lo único que nos salvo de la ira de Charlie cuando vio como quedo su césped. – dijo Edward con su sonrisa de lado – Permíteme – tomó el collar y me lo coloco.
-Muchas gracias Edward.
-No me lo agradezcas, mejor baila conmigo.
-Sabes que no puedo bailar Edward.
-Yo asumo las consecuencias, bueno mis pies asumen las consecuencias. – dijo ofreciéndome su mano. La tome y empezamos a bailar, estábamos en nuestro propio mundo, era una gran sensación que había extrañado.
- Tengo que irme Edward. – dije después de la tercera canción. Aun no me sentía lista para el rumbo que estaban tomando las cosas.
-Esta bien. – dijo con tono de resignación.
Me llevo a mi apartamento, cuando llegamos se bajo y me abrió la puerta. Me acompaño hasta la puerta del edificio.
-Ha sido la mejor cita que he tenido Edward, muchas gracias por todo.
-Opino lo mismo, gracias por aceptar salir conmigo. – dijo poniendo su mano en mi mejilla, se sentía tan bien el contacto.
Nos quedamos un rato mirándonos, ninguno parecía querer decir adiós.
-Ya debería entrar. – dije, aunque la verdad es que lo que deseaba era quedarme ahí por siempre, pero me asustaba lo que estaba sintiendo en ese momento, no podía volver a entregar tan rápido mi corazón a alguien en quien no confiaba.
-Tienes razón, hasta mañana Bella. – dijo dándome un beso en la frente y dando la vuelta hacia su carro.
Al otro día fueron Rose y Alice para escuchar los detalles de la cita, aunque al menos llegaron a una hora mas decente y con almuerzo lo cual se les agradecía enormemente. Ambas pensaron que todo había sido muy romántico y yo no podría haber estado mas de acuerdo. Pobres Jasper y Emmett, estoy segura de que ellas se fueron directamente a reclamarles por no tener ese tipo de detalles con ellas. No habían pasado diez minutos después de que se fueron Alice y Rosalie cuando llegó Edward con la comida, al parecer todos estaban bastante pendientes de que me alimentara bien. También llego con ropita de bebé y un león de peluche
-Es hermoso Edward.
-Hace seis meses nunca me habría imaginado comprando cosas de bebé, pero me encanta comprar cosas para mi hija. Espero que no salga tan reacia a los regalos como su mamá.
El resto de los días de la semana se pasaron mas lentos de lo que me hubiera gustado. Edward me llamaba todas las noches para preguntarme como había estado mi día. Me tome la mañana del viernes libre para ir a la cita, quede de encontrarme con Edward en el hospital. Cuando estaba terminando de organizarme para salir tocaron el timbre, imagine que era algún vecino que necesitaba algo. Termine de ponerme los zapatos y fui a abrir la puerta.
-Traje desayuno – dijo Edward mostrando una bolsa, parado en la puerta con su característica sonrisa torcida.
-¡Edward! – y antes de que pensara lo que estaba haciendo, le di un abrazo que casi lo tiro al suelo.
-Nunca imagine lo que podría hace un desayuno. – dijo Edward riéndose mientras me abrazaba también. No pude evitar sonrojarme por lo que me dijo.
Después de desayunar salimos hacia el hospital. Estuvimos en silencio mientras esperábamos en la sala de espera, creo que estábamos muy ansiosos de que nos dijeran que todo estaba bien como para conversar.
-¿Están listos? – nos pregunto la doctora untándome un gel frio en el vientre.
Al momento apareció la imagen en el monitor.
-¿Es nuestra bebé? – preguntó Edward con una gran sonrisa en su rostro.
-Si, ahí esta y todo se ve muy bien. – respondió la doctora.
-Muchas gracias Bella, gracias por permitirme vivir esto contigo.
