—Esto te ayudará —dijo Bills, extendiendo su mano con la cápsula sobre ella. Sólo esperaba que sus palabras no fueran mentira, no sabía ni que le estaba ofreciendo.

—¿Qué es eso? —preguntó al levantar la mirada. Shin había quedado completamente desconcertado...por varias razones.

El menor no era el único que tenía esa duda, por lo que Bills siguió las instrucciones de su asistente y cerró su puño, sintiendo como la cápsula cedía ante la presión. El humo contenido se expandió silenciosamente, dando lugar a un largo abrigo de color azul oscuro. Ambos dioses quedaron sorprendidos.

—Para... ¿mí?

—...Si, toma —dijo entregandole la prenda.

Shin dejó la sorpresa de lado y se puso el abrigo. En cuanto subió el cierre hasta el final, experimentó un enorme alivio al volver a sentir el calor en su cuerpo.

Que Whis no supiera la talla del Supremo Kaio, eso lo entendía. Lo que Bills no entendía es como pudo haberle errado tanto, si el ángel tuvo buen ojo para hacerle un trajen al sayajin sin que le sobrara o le faltara tela. Será acaso...¿qué lo hiso a propósito? porque el joven dios que tenía en frente se veia encantador con una prenda que le llegaba a medio muslo, además de que las mangas cubrían gran parte de sus manos.

Adorable.

—Señor Bills.

—¿Eh?

—¿Esto era para usted? —preguntó señalando lo que llevaba puesto.

—No, es para ti.

Esas palabras, dichas con un tono tan suave, no podían venir de Bills, era muy...sorprendente. El poderoso Bills resultó ser un dios muy atento, y aunque no lo quiera, también muy tierno.

—Gracias, señor Bills —dijo el menor con una cálida sonrisa.

—No...es nada —contestó viendo a cualquier otro lado que no sean esos hermosos ojos.

—Pero ¿usted no lo necesita?

Era hora de sacarse esa duda, el porqué Bills en ningun momento mostró molestia ante el clima.

—No lo necesito. Puedo soportar las temperaturas extremas, la energía hakai a la que tengo acceso me lo permite.

Bills extendió su mano en dirección al shin-jin, dándole a entender que quería que la tomara. En cuanto lo hizo, Shin comprendió a que se refería.

Una energía especial recorría el cuerpo del dios destructor, permitiéndole conservar el calor mediante una sencilla técnica que no requería mucho esfuerzo el mantenerla. Si no estuvieran en esas circunstancias, Shin pensaría que Bills tenía fiebre, pero no, sólo eran sus dedos casi congelados contrastando con la temperatura de la piel del mayor.

Bills, sin pensarlo, puso su otra mano sobre la de Shin al sentir lo fría que estaba.

Las enormes y ornamentadas puertas ubicadas al final de la escalera se abrieron de par en par, dejando ver a un imponente sujeto acompañado de varios de sus súbditos.

El rey miró con curiosidad a los extraños que lo estaban esperando...tomados de la mano. Bills soltó al menor en cuanto lo vio acercarse.

No quiso hacerlo, y Shin no quería dejar de tocarlo.

El rey los recibió de mala manera según las traducciones del Supremo Kaio. Al parecer no creía que esos extraños que exigieron verlo fuesen dioses, por lo que Bills tuvo que darle un indicio que le ayudara a recordarlo.

La esfera purpura que surgió de los dedos de Bills, y que aumentaba de tamaño a cada segundo, le recordó al rey una leyenda que creía que era sólo eso, una leyenda.

Tenía ante él al Devastador de mundos, nombre que leyó en un viejo libro alguna vez y que traía una ilustración muy similar a la aterradora imagen que tenía en frente.

La actitud de los lugareños cambió radicalmente, tratando a las visitas con suma cortesía...y mucho temor. Bills deshizo la esfera de ki en cuanto vio que había dado el resultado que buscaba.

Luego de una charla con el rey, que se encontraba muy nervioso por las visitas, el Supremo Kaio le comunicó a Bills que podrían hablar con el gobernante sobre los asuntos que debían tratar.

—Será una charla muy agotadora, pero ya me dio hambre.

Bills no debió decir más, el shin-jin le pidió al rey posponer su reunión ya que su acompañante deseaba comer algo. El rey, por supuesto, aceptó sin pensarlo dos veces y seguidamente ofreció sus instalaciones y a sus criados para que los dioses disfrutaran de la estadía en su castillo.

Bills rechazó la propuesta de que le cocinaran. Lo que si lograba recordar era la insípida comida del planeta por lo que simplemente solicitó una mesa y un asistente que no sea un inepto. No le gustaba que mucha gente rondara a su alrededor mientras comía y menos que no hicieran bien su trabajo. Por supuesto que no iba a esperar a que alguno de los criados estuviera a la altura de Whis, hablando en sentido de habilidades claro, porque en estatura superaban al ángel.

Con el Supremo Kaio sentado a su lado, Bills activó otra de las cápsulas sobre la mesa. Una gran variedad de platillos aparecieron tras la efímera cortina de humo, ubicados perfectamente por toda la superficie del mueble.

—Esas cosas son engañosas —comentó Shin al ver cómo esas pequeñas esferas podían contener gran cantidad de objetos, pero el mayor no lo escuchó.

Bills sólo pensaba por donde comenzar. Cuando tenía hambre su atención estaba enfocada en la comida. Sin perder más tiempo, comenzó a ingerir como de costumbre...aunque con un poco más de cuidado.

Todo iba bien hasta que escuchó un sonido bastante conocido, haciendo que voltee a ver a quien tenía al lado.

Shin esperaba pacientemente a que el mayor terminara, mientras tanto escribía en su pequeña libreta lo que había visto. Estaba concentrado en su tarea hasta que su nariz percibió un delicioso aroma. Su mirada recorrió la mesa de un lado al otro hasta toparse con un pastel de chocolate decorado con una espesa capa de crema batida y brillantes fresas. Se veía exquisito.

—¿Quieres? —preguntó Bills al notar como el menor quedó viendo el postre.

—No, es suyo —respondió, sabiendo a que se refería. Su estómago volvió a rugir haciendo que se sonrojara a instante.

Que divertido fue ver como intentó ocultar su rubor tras la libreta.

—No me molesta compartir. Me gustaría que probaras los postres de Whis, es su especialidad —Con un simple movimiento de su mano, el muchacho que apartaba los platos vacios de la mesa sirvió una rebanada del pastel y se dirigió hasta donde apuntaba Bills.

A diferencia del dios destructor, el pequeño que hablaba su idioma no le daba miedo, por lo que el criado se acercó con una amable sonrisa y dejó el plato frente al Supremo Kaio.

«A este idiota si lo puedo mandar a volar» pensó cierto dios simplemente por la sonrisa que el muchacho mostró ante el shin-jin.

Shin apartó un poco la manga del abrigo para tomar el tenedor, cortó un trozo de pastel y se lo llevó a la boca. Realmente estaba delicioso, el sabor del chocolate se convirtió en su debilidad en tan poco tiempo.

Bills había terminado de comer por lo que, con otro ademán, ordenó al criado que se llevara todos los platos. En cuanto se fue, los dioses quedaron solos.

Pero la mesa no estaba vacía aún. El mayor dejó que el Supremo Kaio se comiera todo el pastel él solo, le había encantado tanto que aún no terminaba de comer.

Bills se sorprendió al ver esa faceta desconocida hasta el momento ¿Debería decirle que comió demasiado?

Shin degustaba tranquilamente su comida sin prestar atención a quien le observaba, casi descaradamente, desde su asiento.

Al igual que ocurrió aquella tarde en el balcón de la Corporación Capsula, Bills se había quedado viendo las facciones del Supremo Kaio. Un nuevo deseo surgía en su mente: estar en el lugar de la fresa que, en ese preciso momento, acariciaba los tiernos labios del joven dios.

El sonido de la puerta lo sacó de su fantasía, haciendo que mirara con molestia a quien había entrado al salón. No parecía pertenecer a la servidumbre debido a que vestía con las mismas prendas que el rey. Ahora que lo ve más de cerca, en realidad se parecía bastante al dueño del castillo, excepto que era notablemente más joven.

Shin justo había terminado de comer cuando el príncipe se ubicó frente a él, tenía una mirada extraña a su parecer, pero no como los pueblerinos de antes.

El príncipe giró sus pálidos ojos, notando al otro invitado que ahora lo miraba con seriedad. Se acercó a Bills con una postura llena de confianza y con el mismo idioma con el que se expresaban los demas habitantes del planeta, el joven les dio la bienvenida al tiempo que extendía su mano con intención de estrecharla a modo de saludo. Bills no dudo en corresponder su gesto, aunque no entendió nada de lo que le dijo.

—Le da la bienvenida, señor Bills. Pregunta si fue de su agrado la estadía hasta el momento.

—Para ser sincero, es mejor de lo que esperaba.

Shin tradujo lo dicho por Bills al príncipe, aunque utilizó palabras mas amables. El noble se acercó hasta él, seguramente para saludarlo al igual que lo hiso con Bills.

Pero no fue así, el príncipe se inclinó y le dio un beso en la frente, dejándolo completamente sorprendido y sonrojado por el contacto. Tardó un poco en darse cuenta que era por otra cosa.

—¿Por qué...te dio un beso? —preguntó Bills sin molestarse en ocultar su enojo.

—Cree...que soy mujer —contestó aún con la cara roja—. Es así como saludan a las mujeres.

Que importaba que fuese una simple confusión, Bills lo quería hacer polvo por llegar más lejos que él en menos de cinco minutos.

Ignorando el peligro detrás suyo, el príncipe continuó hablando con Shin. Sus palabras eran una invitación para que ambos dioses vieran la maravilla que se oculta en el castillo, una flor muy especial que le daba vida a todo en ese planeta.

Shin no pudo evitar emocionarse ante la propuesta, sabía perfectamente de lo que el joven estaba hablando y se sentía más que contento por tener esa oportunidad. Desde el planeta Sagrado jamás pudo ver esa famosa flor, ya que en ningún momento esta se encontraba en el exterior.

Pero había un problema, debía hablarlo con el señor Bills. El capullo florecería al día siguiente lo que significaba que tendrían que quedarse más tiempo de lo planeado.

—Señor Bills.

—¿Qué sucede?

—¿Podríamos...quedarnos hasta mañana? —preguntó un poco inseguro.

—¿Por qué?

—Hay una...flor —No estaba seguro si continuar—...que abrirá sus pétalos en un día. Forma parte de un acontecimiento muy importante en este lugar que sucede una vez al año desde hace mucho tiempo, pero jamás tuve la oportunidad de verlo.

—¿Dices que te gustaría presenciarlo?

—Sería muy...importante para mí.

Shin se comportaba de una manera muy tímida. No estaba seguro si el mayor entendería lo importante que era eso para él.

—No tengo problemas en que nos quedemos.

La mirada de Shin, que había estado viendo al suelo todo ese tiempo, se encontró con los ojos del mayor mostrándole lo sorprendido que estaba ante esa respuesta.

—Gracias —dijo con una sonrisa.

En ese instante se lo comunicó al príncipe, quien esperaba pacientemente la respuesta. Grande fue su alegría al oir que aceptaban su invitación.

—¿Entonces nos quedaremos a dormir aquí?

La pregunta de Bills fue contestada más tarde, al ser guiado hasta una hermosa habitación privada para que pudiera descansar. No era de noche pero pronto lo sería, los días en ese planeta aparentemente duraban muy poco y, al contrario, las noches eran largas.

A Shin también le dieron su propia habitación justo en frente de la de Bills. Cuando lo dejaron solo, notó que eran pocos los muebles para un lugar tan grande, pero lo que llamó su atención fue el paisaje que podía ver desde la enorme ventana.

Unas hermosas luces comenzaban a formarse en el cielo a medida que este se oscurecia, dejando maravillado al joven dios por ese mágico fenómeno natural.

Todo parecía ser perfecto, hasta que un problema volvió a aparecer.

La noche llegó bastante rápido, y con ella un descenso abismal de la temperatura. Por más que se tapara hasta el cuello con las numerosas mantas, parecía ser insuficiente. Debía soportar el frío de una forma u otra. Después de todo, él fue quien pidió que se quedaran.

Shin debía dormir, lo necesitaba, pero las fuertes contracciones de su cuerpo debido al frío no lo dejaban tranquilo.

Sin perder más tiempo fue en busca de la única fuente de calor que había en ese lugar.

«¿Pero en qué estoy pensando?» se dijo segundos antes de tocar la puerta que estaba frente a la suya.

Definitivamente no estaba razonando con claridad ¿que le diría?

Bills, necesito tu calor.

«No no no no», definitivamente no. Rápidamente bajo la mano y giró sobre sus pies. De pie a mitad del pasillo, iluminado por tenues luces, Shin pensaba en otra opción que no fuera una locura.

Lo mejor sería tele transportarse hasta su planeta y volver antes de que el señor Bills se despertara. Si, eso haría.

—¿Qué haces aquí? — La voz del mayor le dio un buen susto, estuvo a punto de gritar a mitad de la noche.

—Yo... —murmuró Shin, girando lentamente hasta quedar frente al mayor, quien lo miraba con curiosidad.

—¿Necesitas algo? —preguntó casi en un susurro, aunque con el silencio que reinaba en el lugar se escuchó sin problemas.

—Yo...necesito...

—Dilo.

Armado de valor, pero más que nada muriéndose de frío, Shin dijo lo que necesitaba.

Y Bills no lo podía creer.

—¿Puedo dormir con usted?