25 de diciembre de 1947

Después de regresar de casa de los Adams, Terry me buscó para que lo escuchara tocar la armónica, desde la primera vez que lo escuché, me di cuenta de que él realmente tiene talento para tocar ese instrumento, pero creo que hoy tocó con todo el corazón, porque su melodía realmente llegó hasta lo más profundo de mi alma.

Cuando terminó de tocar, él me abrazó, yo no sé qué es lo que me pasa, pero cada vez que Terry me abraza, yo siento una emoción muy fuerte en mi pecho y mi corazón comienza a latir como un loco, a veces me asustan todas las sensaciones que él provoca en mí.

Los dos permanecimos abrazados hasta que vimos salir el sol y platicamos como si fuéramos dos viejos amigos, me di cuenta que sus conversaciones son realmente interesantes, me hubiera gustado quedarme más tiempo con él, pero Ellie no iba a tardar en despertar y no era conveniente que ella nos encontrara así. Él me acompañó hasta la puerta de mi cuarto, al llegar ahí yo le di un beso en la mejilla y él me sonrió.

A la mañana siguiente, Terry tocó a mi puerta muy temprano, él estaba preocupado por Ellie, había ido a despertarla para ir a la escuela y no la había encontrado en su habitación.

- Candy, ¿no has visto a Ellie? Ayer discutimos y hoy no la encuentro por ningún lado.

- Sí, está conmigo, vino a platicar en la noche y se quedó dormida, se veía tan cansada que no quise despertarla – Le contesté, pude ver su cara de alivio cuando me escuchó decir eso - Espera un momento, la voy a despertar.

Ellie salió unos minutos después, ella aún estaba molesta con su hermano, se metió a la casa sin dirigirle una sola palabra.

- Gracias Candy – Me dijo Terry y después se fue detrás de ella.

Yo me cambié de ropa para ir a trabajar, realmente nunca me esmeré demasiado en mi arreglo personal, siempre traté de no llamar mucho la atención de los hombres del pueblo, pero aun así ellos me seguían como las abejas a la miel.

Terry no dijo nada en el trayecto de la casa a la tienda, tampoco dijo nada mientras estábamos trabajando, supuse que estaba molesto por mi contestación del día anterior, pensé en disculparme, pero me arrepentí, decidí no prestarle mucha atención al asunto, sabía que algún día se le pasaría su coraje.

Los días siguieron transcurriendo de prisa, George me mandaba dinero para mis gastos cada dos semanas, realmente yo no lo necesitaba, así que ahorraba la mayor parte. A pesar de que Terry no me pagaba mucho, con mi salario me alcazaba para darme mis gustos en mis días de descanso. Durante mis tiempos libres, yo aprovechaba para preguntarles a las personas del pueblo sobre Eleanor Baker y su hijo, pero nadie parecía conocerlos.

Algunas tardes me iba con Ellie a visitar a los señores Adams, ellos se hicieron muy buenos amigos míos. Ellie y yo nos quedábamos en su casa hasta tarde, cuando Terry llegaba del trabajo y no nos encontraba en la casa, iba a por nosotras a casa de ellos.

Jack, el amigo de Terry, iba todos los días a verme, él siempre me invitaba a salir y yo siempre lo rechazaba, un día que fue a visitarme, me llevó un ramo de rosas.

- Hola Candy, buenos días, te traje estas flores, espero que te gusten – Me dijo Jack.

- Muchas gracias Jack, no te hubieras molestado – Yo acomodé las flores en un florero y las puse en el mostrador.

- Espero que hoy si aceptes salir conmigo.

- Lo siento, no puedo, tengo que cuidar a Ellie en la tarde.

- Vamos, solo será un momento, si quieres puedes traerla contigo, no creo que a Terry le moleste, ¿o sí?

- Yo no tengo ningún problema – Dijo Terry entre dientes.

- ¿Ves? A Terry no le importa, solo tienes que decir que sí.

- Lo siento, pero no creo que sea buena idea.

- ¿Por qué siempre me rechazas? ¿Te caigo mal? ¿Estás saliendo con alguien?

- No, no es nada de eso…

¿Entonces? Dime la verdadera razón por la que no quieres salir conmigo.

En ese momento tuve que pensar en una buena excusa que darle, necesitaba decirle algo que lo hiciera desistir de su afán de conquistarme.

- Yo… Acabo de enviudar y aún estoy de luto – Le dije muy segura de mí misma, eso casi era cierto, Anthony había muerto pocos minutos antes de casarnos.

Jack me miró sorprendido - ¿Estuviste casada? Pero eres muy joven…

- Me casé hace un año, cuando cumplí la mayoría de edad, mi esposo murió hace un par de meses.

- Lo siento mucho – Me dijo Jack y después él salió rápidamente de la tienda.

Yo no pude evitar reír ante su rápida huida, si había algo que ahuyentaba a los hombres, era saber que una mujer ya había sido de otro. Me di cuenta de que Terry me observaba algo confundido, intentó decirme algo pero se arrepintió, se fue a buscar algo a los anaqueles y regresó al cabo de varios minutos.

- ¿Lo querías mucho? – Me preguntó después de un largo silencio.

- ¿A quién?

- A tu esposo.

Yo comencé a reír – No…. – Dije yo sin poder continuar la frase debido a la risa.

- ¡¿No?!

Reí más al ver su expresión de susto, traté de controlarme para poder responderle – No, yo no estuve casada, solo lo dije para evitar que Jack me siguiera invitando a salir.

- Ah, por un momento pensé que era cierto, como lo dijiste con tanta seguridad.

- No, tan solo estuve comprometida.

- ¿Y por qué no se casaron?

- Porque lo mataron el día de la boda – Al decir esas palabras, sentí como si me hubieran acuchillado directo al corazón, me di cuenta de que no había superado en absoluto la muerte de Anthony, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, sentí la mirada de Terry sobre mí, él estaba examinando mi rostro – Disculpa, no me siento bien – Le dije y caminé hacia la parte de atrás, comencé a llorar al recordar la manera tan cruel como Anthony había muerto, una vez más me sentí culpable de su muerte.

Terry entró algunos minutos después, al verme llorando se acercó a mí y me abrazó sin previo aviso, no podría explicar lo que sentí en ese momento, era como electricidad corriendo por mis venas, pensé en separarme, pero no pude, había algo en él que me atraía como un imán, él me abrazó hasta que yo logré calmarme.

- De verdad lo siento mucho – Me dijo Terry cuándo se separó de mí, no pude evitar preguntarme si el habría sentido lo mismo que yo al momento de abrazarme.

El tiempo siguió corriendo y cuando me di cuenta, ya habían pasado tres meses desde que había llegado a Farmington. Mi relación con Terry era bastante rara, durante ese tiempo él casi no hablaba conmigo, pero yo siempre sentí que él quería decirme algo, muchas veces lo sorprendí mirándome fijamente, su mirada siempre me ponía nerviosa, yo podía sentir como mi corazón se aceleraba cuando nuestros ojos se encontraban. A veces sentía que su verdadera personalidad estaba oculta, eso me hacía sentirme atraída hacia él, yo deseaba poder descubrir que había debajo de los muros que él se había construido a su alrededor.

En uno de los muchos días que fui a visitar a los señores Adams, mientras le ayudaba a la Sra. Jane a lavar los platos de la cena y aprovechando que estábamos las dos solas, me armé de valor y decidí preguntarle sobre Eleanor.

- Sra. Jane, ¿Ustedes siempre han vivido aquí?

- Podría decirse que sí, nos mudamos aquí después de que nos casamos, hace más de 45 años.

- Y en el tiempo que lleva viviendo aquí, ¿usted no conoció a una mujer llamada Eleanor Baker? Ella tenía un hijo que se llamaba Graham, al parecer vivían en donde ahora vive Terry con su hermana.

- ¿Eleanor Baker? ¿Graham? No, nunca había escuchado esos nombres por aquí.

- Trate de hacer memoria, tal vez eran los inquilinos que vivían antes en esa casa.

- No, antes de que la familia de Terry se mudara, en esa casa vivía una señora de edad avanzada con su esposo, ella se llamaba Carol Watson y no tenía hijos.

- ¿Cómo se llamaba la mamá de Terry?

- Helen.

- ¿Y cómo se apellidaba?

- No lo sé, ella siempre utilizó el apellido de su esposo, el señor Richard Grandchester.

- Mmmm, no, no creo que sea ella – Murmuré.

- ¿Por qué lo preguntas?

- Simple curiosidad.

- Ahora que hablas de ellos, ¿qué tal te llevas con Terry? – Me preguntó la Sra. Adams.

- Bien…

- No lo dices muy convencida.

- Es solo que él es muy… serio, cuando estamos juntos casi no hablamos de nada, además me he dado cuenta de que tiene muy mal carácter, se la pasa regañando a Ellie por cualquier cosa.

- Los últimos cuatro años no han sido fáciles para él, su madre murió de repente y él tuvo que abandonar la universidad para hacerse cargo de su hermana, Terry ha tenido que trabajar muy duro para sacarla adelante y ha tenido que sacrificar muchas cosas por ella, hasta a su prometida.

- ¿Su prometida?

- Sí, él estaba comprometido con una chica del pueblo que se llamaba Susana, iban a casarse una vez que Terry terminara de estudiar, pero cuando Helen murió, Terry se concentró en atender la tienda y a su hermana, así que ya no le podía dedicar tanto tiempo a su prometida. Unos meses antes de casarse, la muchacha se huyó con otro hombre y nunca más volvió.

- ¿Es por eso qué él se volvió tan esquivo?

- Bueno, él siempre ha sido muy poco sociable, pero después de lo que le ocurrió, se volvió mucho más desconfiado con las personas.

- Pues tal vez Terry debería tratar de cambiar su forma de ser, no disculpo a esa chica, pero yo tampoco querría estar con alguien con quien no puedo mantener una conversación por más de dos minutos.

Yo esperaba que la Sra. Adams me contestara algo, pero ella se quedó callada, yo volteé hacia dónde estaba ella y vi a Terry parado cerca de la entrada de la cocina, generalmente yo escuchaba su camioneta aproximarse a la casa, pero por estar platicando con la Sra. Adams, no me había dado cuenta de que él ya había llegado por nosotras. Me di cuenta que era muy tarde para tratar de corregir lo que había dicho.

- ¿Ya estás lista para irnos o vas a seguir hablando de mí? – Me preguntó bastante molesto, después se dio la vuelta y caminó hacia la sala. Yo me quedé ahí parada, sintiéndome totalmente avergonzada.

- Creo que eres muy severa con Terry, estoy segura de que tú le agradas mucho – Me dijo la Sra. Adams.

- ¿Yo?

- Sí, el otro día que vinieron, me di cuenta de la manera en que él te miraba.

- No lo creo, si así fuera, él ya me lo habría dicho, ¿no lo cree? – Le respondí.

- Tal vez tiene miedo.

- ¿Miedo? ¿A su edad? No lo creo.

Después de agradecerle a la señora Adams por la cena, caminé hacia la camioneta, como era de esperarse, él no me dirigió la palabra en todo el camino, al llegar a la casa me fui rápidamente hacia mi cuarto, no quería tener que soportar su mal carácter.

Esa noche, antes de dormir, escuché que alguien tocaba una armónica, recuerdo haber pensado que era una melodía muy triste, salí de mi cuarto para averiguar de dónde provenía el sonido, caminé por el pasillo hasta llegar al pórtico, ahí vi a Terry sentado, tocando aquel instrumento musical con los ojos cerrados, se veía tan concentrado en lo que hacía que no quise interrumpirlo, retrocedí un poco y me senté en el pasillo, permanecí escuchándolo por mucho tiempo, hasta que él dejó de tocar.

Después de ese día, yo sentí como si Terry hubiera puesto una barrera entre los dos, nuestras pláticas pasaron de ser cortas a casi nulas, solo nos hablábamos lo mínimo indispensable en la tienda y en la casa.

La relación con su hermana, en cambio, iba de maravilla, ella se convirtió en mi pequeña mejor amiga, algunas noches se quedaba a dormir conmigo, a Ellie le gustaba probarse mis vestidos, a pesar de ser mucho más chica que yo, estaba casi de mi misma estatura y éramos de la misma talla, así que casi toda mi ropa le quedaba. Cuando salíamos a pasear los domingos, yo la peinaba y le prestaba mi labial rojo para que se pintara los labios. Terry protestó las primeras veces, pero al ver que Ellie no le hacía caso, la dejó en paz.

Unas semanas antes de Navidad, decidí escribirle a mi tía, a la señorita Paulina y a la señorita Fisher, desde que me había ido de Chicago, no les había mandado ninguna carta; les conté que estaba viviendo en Nuevo México, también les conté sobre Ellie y Terry, les dije que estaba muy contenta en ese lugar y que sentía que poco a poco mi corazón comenzaba a sanar de nuevo.

Los señores Adams nos invitaron a pasar la Navidad con ellos, sus hijos iban cada año a visitarlos y hacían un gran banquete para celebrar. George me mandó un paquete desde Chicago, al abrirlo vi que era un vestido muy bonito, decidí que lo usaría en esa fecha tan especial.

En mi descansó, yo tomé un poco del dinero que tenía ahorrado y me fui en camión hasta la ciudad más cercana. Recorrí la ciudad en busca de los regalos perfectos, a Terry le compré una camisa, ya que había notado que las suyas estaban un poco desgastadas, a Ellie le compré un vestido muy parecido a uno mío que le había encantado, a la señora Adams le compré un chal tejido y al señor Adams le compré una boina. Regresé a la casa por la tarde y entré a escondidas para que no me descubrieran con los regalos.

El 24 por la mañana, yo le ayudé a la señora Adams a preparar la cena de Noche Buena, cuando comenzó a atardecer, uno de sus hijos me dio un aventón hasta la casa para que me arreglara. No sé por qué, pero ese día quise arreglarme como no lo hacía en mucho tiempo, me maquillé como lo hacía cuando estaba en Lakewood y me puse mi vestido nuevo. Pude ver la cara de sorpresa que puso Terry cuando me vio, yo también me sorprendí mucho al verlo tan arreglado, pensé que se veía mucho más guapo que de costumbre.

La cena fue realmente agradable, los hijos de los señores Adams eran muy alegres, y sus nietos mayores eran casi de mi misma edad. Ellie estaba feliz hablando con su amiga Amy, ellas no se habían visto desde las vacaciones pasadas.

Después del brindis de media noche, se hizo la repartición de regalos, Terry fue al último al que le entregué su presente, él me miró bastante extrañado, supongo que no esperaba que yo le regalara algo, él se emocionó mucho al ver la camisa, me dio un fuerte abrazo y me agradeció por el regalo. Luego de que todos recibieran sus obsequios, Billy, uno de los hijos de la Sra. Adams, sacó una guitarra y un acordeón, él le dio el acordeón a su padre y comenzaron a tocar, Bryan, uno de los nietos, me sacó a bailar, por un momento recordé las fiestas tan divertidas a las que iba con Annie y Patty en Lakewood.

Yo bailé con casi todos los nietos presentes, cuando estaba a punto de sentarme, Terry se levantó y se acercó a mí, sin decir nada me jaló hacia él y me tomó de la cintura, bailamos por mucho tiempo, esa fue la primera vez que lo vi divertirse tanto, era realmente emocionante para mí poder observar ese brillo en sus ojos cada vez que me miraba.

Cerca de las 3 de la mañana nos despedimos de todos, Terry cargó a Ellie, que se había quedado dormida y la subió a la camioneta, cuando llegamos a la casa, él fue a acostar a Ellie a su cama y yo me dirigí a mi cuarto, al entrar me quité la ropa y los zapatos y me puse mi camisón, estaba a punto de acostarme a dormir cuando escuché que tocaban mi puerta, al salir me encontré con Terry.

- Solo quería disculparme por no haberte obsequiado nada, yo no pensé que tu…

- No te preocupes, no lo hice con la intención de recibir algo a cambio.

- ¿Te gusta cómo suena la armónica?

- Sí, ¿por qué?

- Pensé que podía tocarte algo como regalo.

Yo sonreí – Bueno, solo si tocas algo que no le hayas tocado a nadie más.

Los dos nos sentamos en el piso del patio, Terry comenzó a tocar una melodía muy hermosa, yo podía sentir como cada nota penetraba mi corazón.

- ¿Te gustó? – Me preguntó él al terminar de tocar.

- Sí, fue una melodía muy bella. ¿Dónde aprendiste a tocar así?

- Me enseñó Richard.

- ¿Tu padre?

- Mmm, sí, mi padre.

Yo comencé a sentir mucho frío, me froté los brazos para darme calor.

- ¿Tienes frío?

- Sí, mucho, creo que lo mejor será que regrese a mi cuarto.

Terry se levantó de su lugar y caminó hacia donde yo estaba, se sentó detrás de mí y me abrazó – Si no te molesta, me gustaría quedarme aquí contigo un rato más – Me dijo muy cerca del oído, en ese momento yo sentí como los vellos de mis brazos se erizaban.

- No, no me molesta – Le respondí, lo cierto era que me sentía tan bien en sus brazos que no quería alejarme de él.

Esa noche permanecimos abrazados hasta el amanecer y por primera vez platicamos por más de dos minutos, de hecho platicamos por horas.

- Feliz navidad - Me dijo mientras contemplábamos la luna sobre nosotros.