Un pequeño latido comenzó a ser perceptible para ella, notando como a poco el ritmo que llevaba se aceleraba, al punto de ser algo muy molesto.
Se levantó completamente confundida, mirando a su alrededor completamente asustada.
No sabía dónde estaba, no podía distinguir nada, solo una pequeña luz podía ser visualizada por sus ojos, pero aquello no fue suficiente para traerle calma.
Estaba empapada, donde se encontraba sentada había una gran cantidad de agua.
― Señorita Eloise ― Llamó a su maestra, pero no recibió respuesta ― ¿Hola? ―.
Tragó saliva al darse cuenta que estaba completamente sola, preguntándose qué había pasado.
Entonces aquellos ojos verdes llegaron a su mente, brillantes, como si aún le estuvieran viendo.
Y por un momento pensó que había imaginado aquel intercambio de palabras con aquella mujer, pero no, estaba completamente segura de que había sido real.
Se comenzaba a preguntar si le había hecho algo, porque no lo recordaba.
Un escalofrió recorrió su espalda al recordar sus ojos nuevamente, preguntándose si los suyos daban tanto miedo como aquellos, después de todo, se parecían a los suyos.
― Recuerda lo que Tikki dijo ― Murmuró para si misma, acomodando unos mechones tras su oreja ― Mantener la calma cuando hay pánico y no moverme cuando me pierda― Hizo un pequeño puchero y chapoteo un poco en el agua.
Tenía que estar tranquila, donde quiera que estuviera su mamá y Tikki vendrían por ella.
Aunque no supiera como había salido de su salón de clases.
― Me pregunto dónde estoy ― Se dijo a si misma, observando para diferentes direcciones.
Para ella como para cualquier niño cualquier cosa es posible, por eso podía mantener su calma mucho mejor que un adulto.
Una sombra se manifestó débilmente donde una pequeña estela de luz iluminaba el lugar, Emma sintió un poco de alivio.
― Hey ¡Estoy aquí! ― Gritó, logrando que aquella sombra detuviera sus movimientos por un instante, para después comenzar a alejarse ― ¡Hey, espera! ―.
Se levantó rápidamente, comenzando a seguir a aquella persona que se encontraba junto con ella y preguntándose por qué huía.
El agua en el piso se extendía por donde ella caminaba, salpicando a cada paso que ella diera.
¿Por qué la dejaba sola? ¡Ella solo era una niña! ¿No podía oír sus suplicas?
¿Acaso ella no importaba?
Aunque quisiera tener una calma inquebrantable como su madre, él mismo valor que ella, no podía.
Era solo una niña intentando ser más, todo por aquel gran orgullo que tenía dentro de ella.
Era solo una niña con grandes miedos.
Que, en esta ocasión estaba sola.
― ¡No te vayas! ― Gritó, casi perdiendo el aliento.
Y pronto se dio cuenta que se había alejado demasiado del lugar donde había estado desde el inicio.
¿Serian capaz de encontrarla aun?
― ¡Hey! ― Cerro sus ojos, molesta se detuvo a la par que empuñaba sus manos ― Estoy sola ― Observó a su alrededor, ya no estaba aquella persona ni remotamente cerca ― Mamá ―.
Su pequeño cuerpo comenzó a estremecerse, tensándose por completo.
Y las primeras lágrimas de terror comenzaron a surgir de sus ojos, sintiéndose completamente sola.
Su corazón estaba agitado, retumbando en su cabeza nuevamente aquellos latidos que la habían despertado.
Y, en un parpadeo, comenzó a sentir como algo le tomaba de las muñecas.
Intentó gritar pero nada salía de su garganta.
Comenzó a desesperarse, moviéndose e intentando zafarse de aquel agarre, pero no podía. ¡Ella no era tan fuerte! Ni física, ni mentalmente.
Un llanto silencioso salía de ella, sintiéndose completamente indefensa ante algo desconocido.
― Emma, pequeña Emma ― Una suave voz le llamaba, logrando que su respiración se agitara.
Tenía mucho miedo, ahora quería estar sola.
― Mamá ― Logró murmurar, sintiendo como el aire se le escapaba lentamente de los pulmones.
Estaba siendo asfixiada por algo, y aquella sensación era horriblemente familiar.
― Molesta Emma ― Repitió su nombre por tercera vez, no podía distinguir nada de aquella persona ― Lloras demasiado ¿Lo sabias? ― Comentó, ahora con una voz ronca ― Bueno, claro que lo sabes, así lograste que te dejara sola ¿Recuerdas? ―.
Un pequeño arranque de valor nació dentro de ella, dispuesta a refutar aquellas palabras sin sentido. Ella nunca había estado sola.
Estaba su madre con ella, sus numerosos tíos que siempre la mimaban, también tenía a sus abuelos que cuidaban de ella, y alguien que la quería como su propia nieta.
Quizás el hecho de siempre tener gente que la amara, le hizo temerle a la soledad.
Aquella persona chasqueó la lengua, adivinando el pensamiento de la pequeña.
Poco a poco, aquella estela de luz comenzó a expandirse sobre ellos, dejando que ella pudiera apreciar levemente aquella persona que se encontraba ahí.
Y ella supo de inmediato quien era.
Era fácil, aquella apariencia gatuna no la tenía todo el mundo.
Pero esta vez para ella había algo en el que no concordaba, aquella sonrisa sínica, disfrutando que ella estuviese sufriendo.
― Te abandone porque siempre estabas llorando ¿Por qué yo querría una hija débil? ― Fue lo último que escuchó antes de cerrar sus ojos.
《¿Hija? 》
Y en su último suspiro, sintió como sus pulmones eran llenados por agua.
[…]
Cuando recibió una llamada del colegio de Emma aquella tarde, inmediatamente pensó que había hecho algo indebido, y comenzó a disculparse con su profesora.
Pero la Profesora Eloise la detuvo, pidiéndole que se encontraran de inmediato en el Hospital Necker-Enfants, en la calle Rué de Sevres, acababan de trasladar a Emma de urgencia a aquel lugar.
En aquel momento no supo cómo reaccionar, solo podía pensar en Emma.
Se dirigió a Gabriel Agreste, que en aquellos momentos le acompañaba junto con Chloé, él se encontraba de espectador ante la pequeña explicación que ambas mujeres estaban dando.
Pidió permiso para retirarse, Chloé por su parte tomó rumbo junto con ella, mirando por el rabillo del ojo como el rostro de Gabriel lucia más pálido de lo usual.
Marinette agradeció el gesto de su amiga, estaba segura que no podría conducir con sus manos temblorosas.
Cuando se convirtió en madre supo que el peor miedo existente era el que su hija estuviese en peligro.
Recordó cuando Emma estuvo involucrada en el primer ataque de un Akuma, siete años después de que aquello había cesado.
También recordó cuando Chat Noir la llevó cerca del Louvre, temiendo porque algo le pasará y más aún, temiendo que él supiese algo.
― Todo está bien ― Escuchó a Chloé decir, ella mantenía su vista al camino ― Estoy segura de que Emma tiene ahora misma un gran yeso donde todos sus amigos podrán dibujarle ― Continuo.
Marinette intentó sonreír ante ese comentario relajado de Chloé, pero no podía.
Durante esos últimos días estaba tomando enserio una idea que había compartido con Alya, meter a Emma en una burbuja de cristal.
Además, algo dentro de ella le decía que no era algo tan simple como un hueso roto.
Por su parte, Chloé intentaba relajar a Marinette con comentarios sarcásticos, pero no tuvo éxito en su misión.
― Hey ― Chloé la llamó ― Sólo piensa que Emma está bien ¿De acuerdo? ―.
Marinette asintió con sus cabeza, así ambas salieron del automóvil para comenzar a adentrarse dentro del hospital.
Cuando ambas entraron, rápidamente pudieron encontrar a la profesora de Emma.
― Señorita Eloise ― Los pasos de Marinette habían sido rápidos hasta ella, y cuando estuvieron frente a frente sintió que sus piernas le fallarían en cualquier momento.
Rogaba por que todo estuviera bien.
Chloé de inmediato notó como ella parecía perder su fortaleza, y aquello le hizo sentirse débil. Marinette era una de las mujeres más fuertes que había conocido, incluso a la par que ella misma, y aquello era difícil.
Y verla ahí como una pequeña niña a punto de recibir una inyección logró que ella misma se pusiera un poco nerviosa.
Además que el rostro de aquella profesora tampoco ayudaba en mucho.
― Emma, bueno ella ― La profesora estaba claramente nerviosa ante la mirada de ambas mujeres ― Tuvo un shock respiratorio y terminó inconsciente ― Continuo ― Fue atendida, afortunadamente no pasó a mayores, está en observación debido a no encontrar el causante de la obstrucción ―.
Marinette sintió como su cuerpo se tambaleaba ante aquella explicación, intentando encontrar algo de sentido a aquello.
Emma era una niña completamente sana, no padecía nada de lo que ella pudiera tener la noción, incluso cuando nació tuvo el miedo descabellado a que ella tuviera ciertas alergias que ella tenía, al igual que su progenitor.
No tardó en ponerse en contacto con el médico que le había atendido al llegar, este también le explico su preocupación ante el extraño caso.
Le explico que ella se encontraba perfectamente de salud, lo que causo aquello fue la obstrucción de sus vías respiratorias, pero cuando ella había llegado al hospital no encontraron nada que hubiese ocasionado aquello.
Le recomendó que hablara con los superiores en el colegio donde asistía la pequeña, agregando que cuando llegó estaba parcialmente empapada y, temiendo lo peor, que aquello hubiese sido un caso de abuso físico en la institución estudiantil.
Aquello solo hizo que una alarma en Marinette se activara.
Llevó a ambas donde Emma se encontraba, ella estaba durmiendo en una cama hospitalaria.
― Realmente nada grave le pasó, por lo tanto hoy mismo puede llevársela, solo necesito tenerla en observación un poco más ― Comentó el médico, dirigiendo su vista hacia la pequeña ― Le pusimos oxigeno debido a que estaba llegando de manera insuficiente al cerebro, así evitamos que existan secuelas, sólo le recomiendo que esclarezca el asunto ― Y sin comentar más, dejó a ambas mujeres en la pequeña habitación.
Para Chloé, quien había formado un fuerte lazo de amistad con Marinette le era indescriptible cualquier emoción que podía atravesar en su rostro.
Ella era una mujer que podía guardar muy bien las facciones ajenas, una habilidad que aprendió de su padre, y estaba completamente segura que nunca había visto algo parecido en el rostro de ella; Era un miedo tan extraño y tan palpable que ella misma se veía envuelta en el.
Una de las pocas veces que creyó verla tener miedo había sido en el instituto, cuando con ayuda de Sabrina había robado su diario, pero era claro que no era ni remotamente parecido.
Y en parte incluso podía entenderla, quizás a medias, Marinette era una madre preocupada por su hija, era el amor de familia.
Aunque para ella fuese algo extraño aquel concepto.
― Estas pensativa ― La suave voz de Marinette la trajo de vuelta, sintiendo su mano posada delicadamente sobre sus piernas que se encontraban cruzadas.
Se encontraba sentada en un sofá doble y no pudo percibir cuando ella se había puesto a su lado.
― Sí ― Confesó, levantando ambos hombros ― Me preguntaba cuando habíamos crecido tanto, y cuanto tardara Le petit modèle en hacerlo ― Añadió dirigiendo una mirada hacia Emma, quien se encontraba en un aparente placido sueño.
― Realmente espero que mucho ― Suspiró, intentando tener un aura apacible para no perturbar por completo a Tikki quien se encontraba completamente ansiosa bajo su abrigo ― Gracias, Chloé ― Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
― Últimamente estoy recibiendo muchos agradecimientos ― Sonrió, burlonamente, intentando relajar el ambiente.
― Algo estarás haciendo bien ―.
― Oh algo muy mal ―.
Marinette rio levemente, pensando por breves segundos si ella misma hubiese imaginado tener una relación de amistad con la princesa de Paris.
Y el hecho de que Chloé estuviese ahí, alejando todo pensamiento negativo que pudiese tener sobre aquella situación ayudaba un poco.
Tenía miedo, y no era para menos, era claro que aquella situación no era ni remotamente normal, él mismo médico que había atendido a Emma lo había dejado en claro; No había rastro de algo que pudiera impedir la respiración de ella, ni un alimento o algo que hubiese ingerido que fuese un juguete, nada.
Y, como una pequeña cereza del pastel, había llegado parcialmente empapada.
Algo había intentado ahogar a Emma, y no había nada que pudiera quitarle aquello de la cabeza.
Y sabía bien que era ese algo.
― ¡Ah! Alya cuando quiere algo realmente puede ser un fastidio ― Escuchó a la rubia refunfuñar, Marinette enarcó una ceja ― Tengo como mil mensajes de ella en todas mis redes preguntando si te he visto ― Dejó el móvil a un lado, exasperada ― Y yo que pensaba ser la sensación en los medios ¡Ugh! ―.
― ¿Alya? ― Preguntó a la par que buscaba entre sus pertenencias su móvil, encontrándose con un sinfín de llamadas y muchos otros mensajes de su amiga, regresando una de las tantas llamadas que había recibido, preocupada por aquello ― Por favor que todo esté bien ― Murmuró cuando escuchó el primer tono de llamada.
― Dios ¡Marinette! ¿Te ha dado por meterte debajo de una roca? ― Fue lo primero que escuchó.
― Alya, tranquila, ocurrió un imprevisto ― Se limitó a decir al notar como la voz de su amiga era agitada ― ¿Qué pasó? ― Preguntó.
― Tengo que hablar contigo de algo que creo confirme ― Marinette se tensó ¿En que líos se había metido Alya esta vez? ― Estoy de camino a tu departamento, sal del trabajo, finge enfermedad, hazle ojitos a tu jefe ¡Pero te necesito ahí! ―.
― Alya, estoy en el hospital ―.
La morena sudó frio cuando escuchó aquello.
Chloé observó sus uñas, pensando que Alya se había metido en un lio del cual, ella tendría que ayudarle a salir.
Aun sin saber de la magnitud de este.
[…
]
La vista para sus ojos era algo difícil de ignorar; El rojo del atardecer se comenzaba a mezclar con lo oscuro de la noche y simplemente no pudo evitar comparar aquello consigo mismo y con Ladybug, fundidos en uno solo.
Tragó saliva mientras sus pensamientos chocaban entre ellos para dar paso a uno que tenía una gran fuerza.
Al principio pensó que su padre realmente había perdido la cabeza después de tantos años, que aquello solo lo decía por el anhelo de que existiera una conexión sanguínea entre él y alguien que adoraba completamente.
Pero ¿Podía pensar claramente en las posibilidades? Eran una en un millón que, justamente la mujer que había amado y aun amaba fuese aquella tímida pero valiente compañera de clases en el instituto, quien después se convirtió en una gran amiga.
Pasando a ser extraños.
Por qué aquella era la idea que su padre quería insertar en su cerebro.
Lo alarmante del caso, es que algo dentro de él le decía que sí.
Y eso realmente lo dejaba fuera de si ¿Qué tan maligno podía ser el destino para encapricharse de aquella forma? Solo podía pensar en que, sí Ladybug en aquellos momentos era desdichada, si aquello fuese cierto, ella estaría en un abismo.
Además, la mirada de decepción que Emma le había dado no ayudaba mucho.
Sí Ladybug tuviese un hijo de él ¿Le diría?
Para él la respuesta al principio era afirmativa, pero conforme su cabeza comenzaba a maquilar toda aquella situación, la respuesta más obvia sería un simple "imposible".
《 Marinette no podía ser Ladybug, así Como Emma no tenía parentesco con él 》Se intentó convencer a si mismo, tomando fuertemente sus cabeza entre sus manos.
Pero, sus ojos.
Su mirada decidida, su valentía, su terquedad estaban ahí, combatiendo contra aquella barrera.
Y los ojos de Emma, tan parecidos a los de su propia madre, a sus propios ojos.
― ¿Todo bien? ― No se alarmó al escuchar aquella voz, más bien un poco de calma se había formado al detener toda aquella avalancha de pensamientos ― Tus orejas, están un poco ― Chat Noir giró su vista, encontrándose con Jade Turtle quien hacia un extraño ademan con sus manos.
Simulando sus orejas decaídas.
Rápidamente sacudió su cabeza, logrando que estas volvieran a su posición normal.
― ¿Duelen? ― Preguntó, intentando romper un poco el hielo.
Chat Noir negó con la cabeza, sentándose por completo en la terraza.
Se encontraba en la torre Montparnasse, lugar donde suponía sería fácil encontrar al llamado Muten Roshi, pero este lo había terminado encontrando a él.
― Necesitó saber que ― Hizo una pausa, pasando sus manos por su cabello ― Que le pasó al maestro Fu ―.
Jade desvió la mirada, incomodo.
Le era difícil hablar sobre aquello, ¿Cómo podía explicar la muerte de alguien a otra persona? Sabiendo que, era alguien muy importante para esta.
Él no era bueno con esos temas.
― Creo que sabes lo suficiente, no quiero recordar mucho al respecto ― Murmuró ― Pero, creo que tienes el derecho a saberlo ―.
Chat asintió con su cabeza ante las palabras del encapuchado.
― Así como yo tengo derecho a saber por qué estas tras el Miraculous de mi amiga ― Agregó.
― Entonces, ¿Amigos, tú y ella? ― Pregunto a la par que su rostro se ensombrecía.
Jade respingó, había metido el caparazón en grande.
― Won ¡Tranquilo! ― Colocó sus manos frente a él en un gesto tranquilizador ― Como tú y yo ahora mismo, estamos del mismo lado, lo sé, ya te lo había dicho ―.
Chat Noir lo miró de reojo, examinándolo.
Jade Turtle aparentaba ser un tipo relajado, pero era extremadamente fácil ponerlo en una situación que fuese incómoda para él, apuntaría aquello mentalmente.
No tardó mucho en darse cuenta de la razón por la que había sido nombrado sucesor para cuidar de Wayzz, estaba claro que era alguien inteligente y con la capacidad de dialogar aunque ambos compartieran dos puntos completamente diferentes.
Él estaba dispuesto a escucharlo, y gracias a eso sintió un agujero en su pecho ¿Por qué Ladybug no podía escucharlo así como aquel sujeto lo haría?
Había aplastado su confianza, sí, pero lo había hecho por ella, todo lo que hacía era por ella.
Jade notó como las facciones del hombre con complejo de felino se endurecían, mostrando así como los pensamientos que tenía eran completamente un caos.
― Después que escuches lo que tengo que decirte, quizás veas que lo mejor es que ella me entregué su Miraculous y que no debes interferir más que para socorrer a los indefensos ― Hizo una pausa ― Jade, ¿Preferirías que la mujer que amas fuese asesinada, o mantenerla a salvo con el precio de dañarla? ― Preguntó.
Él encapuchado no supo que responderle, pero en su mente floreció rápidamente la respuesta con la segunda opción.
― Prefiero dañar a Ladybug con mis propias manos, antes de que ella termine muerta ― Sentencio.
[…]
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