Yuuri tenía la mirada fija en el techo, absolutamente toda su atención estaba en el foco del baño y...

—Ahhh...

Acababa de soltar un jadeo mezclado con un suspiro.

Cerrando los ojos, Yuuri no tenía necesidad de mirar, cada nuevo movimiento se dibuja en su mente. Incluso las expresiones de Viktor, las conocía tan bien que podía verlo sonreír de medio lado, abrir y cerrar la boca, conteniéndose de hacer cualquier comentario para no abochornar más a su hijo. Como si fuese posible.

—Y-Ya...

—Hmm... Yuuri sí que tiene resistencia...

—Vik–ngh... —la mandíbula tensa, todos los músculos rígidos y el calor presionando por liberarse en toda la extensión de su falo—, s-solo... un poco...

En ese momento, Viktor se detuvo y Yuuri no perdió tiempo en preguntar nada. Atrapó su propia pene con la mano con la que no se sostenía al lavabo y la movió de arriba abajo frenéticamente, gimiendo ya sin pudor y terminando con un potente chorro color de luna y un grito pésimamente ahogado.

Solo entonces Yuuri se permitió abrir los ojos de nueva cuenta, jadeando, quedándose pasmado con la imagen frente a sí.

—L-Lo lamento...

—¿Por qué? —preguntó Viktor, divertido, pasando su pulgar por sobre su mejilla derecha, llevándose consigo parte del semén que ahí se encontraba, hacia los labios y limpiándolo con su lengua.

A Yuuri se le cortó la respiración.

Vkusno —sonrió el platinado—, tal y como lo pensé. La esencia de Yuuri es dulce como él.~

Y Yuuri cayó de rodillas.