Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 14
Termino de vestirme mientras escucho la conversación de Finick y Peeta, la llamada está en altavoz así que puedo escuchar a un afligido Finick.
— Hoy en la mañana le dieron el alta en el hospital, le hicieron exámenes y todo salió bien, pero esta algo baja de peso. — Finick se escucha preocupado.
— ¿Ella ha dicho algo? — Peeta se sienta en la silla frente al escritorio, y se lleva las manos al cabello.
— Lo niega, por supuesto.
Se escucha un largo silencio mientras los hombres deliberan a que punto llegar.
— Le hicieron más exámenes. De sangre por supuesto. — Finick alega mientras Peeta frunce el ceño.
— ¿Cómo que exámenes?, los resultados te los debieron de haber dado hoy mismo. — Peeta grita mientras su cara se transforma en la de un ogro.
— Y lo hicieron, pero por seguridad quisieron repetirlos. — Finick se le entrecorta la voz y es cuando mis ojos se llenan de lágrimas. — Estaría más tranquilo si los repitiesen Peeta.
— ¿Quién sabe esto? — Pregunta Peeta en un tono más tranquilo.
— Solo tú y yo.
— Y ahora Katniss. — Agrega Peeta mirándome fijamente.
— ¿Está contigo? — Finick se escucha sorprendido.
— Si, el sábado nos quedamos algo preocupados por Annie. Quise que se enterara de viva voz el estado de mi hermana.
— Esta bien. No tengo problema porque ella Katniss se involucre.
— Bien. — Peeta centra la vista en el teléfono mientras coloca las manos sobre la sien. — ¿Cuándo te entregan los resultados?
— Mañana a primera hora. Dijeron que iban a ser más minuciosos en analizarlos.
— De acuerdo. En cuanto te entreguen los resultados avísame por favor.
— Claro hermano.
— Finick, tranquilo amigo. Yo te apoyare en lo que haga falta.
— Gracias Peeta, y disculpa por haber interrumpido tus vacaciones.
— No hay nada por que debas disculparte. — Peeta levanta la cabeza y fija las manos juntas frente a él. — Las personas que me importan siempre tendrán prioridad en mi vida. — Peeta agrega esto último mirándome fijamente a los ojos. Un escalofrió me recorre la columna cuando recuerdo que ha usado esas palabras contra mí en varias ocasiones.
— Bien Peeta. Disfruta las vacaciones.
— Lo haré. Hasta luego.
Dicho esto cuelga la llamada y levanta los brazos en claro ejemplo a que me acerque. Lentamente camino hasta él, rodeo el escritorio y cuando estoy frente a él me reclina sobre este, hunde la frente en mi vientre y aspira sonoramente, rodea mis caderas con sus brazos y me aprieta como si fuese su salvación.
No sé cómo actuar, nunca había visto a Peeta devastado, pero lo peor de todo es que la persona que me consolaba está nadando alegremente en la piscina. Trato de recordar que hacía y la divina providencia me ilumina.
Enredo mis dedos en el despeinado cabello de Peeta y hago círculos con mis dedos, suspira mientras hago esta acción. Peino su cabello con mis dedos mientras gime por lo bajo. Me concentro en hacerlo sentir mejor. De repente toma mis muñecas con sus manos, levanta el rostro para mirarme y coloca la barbilla sobre mis muslos.
— ¿Qué haría yo sin ti? — Su mirada es como la de un niño perdido. Y no sé qué hacer para consolarlo.
— ¿De qué hablas?
— Estas aquí, conmigo, apoyándome. Si no estuvieras aquí, no tendría en quien apoyarme.
— ¿Soy tu apoyo?
— Eres más que eso. Eres mi amiga, mi confidente, mi compañera de aventuras locas, mi amante, mi novia y la mujer que hace sacarme de mis casillas y la misma que arregla todo con un beso.
— No sabía que eras todas esas personas.
— Lo eres. Eres perfecta para mí.
— Estoy lejos de ser perfecta. — Replico con una pequeña sonrisa.
— Cuando encuentras a alguien que te complemente en todos los sentidos, es cuando ese alguien se convierte en una perfección para uno mismo. Tú eres mi perfección y no pienso dejarte ir.
Se levanta y quedamos frente a frente, apoya la frente con la mía, mientras me abraza por la parte baja de la espalda y nos fundimos en un abrazo. Nos relajamos el uno en el otro, pero el sonido de mi estómago implorando comida interrumpe el momento de paz.
— Creo que mi perfección tiene hambre. — Murmura Peeta sonriente. Me regala un casto beso y se aleja lo suficiente para contemplarme.
— Si, un poco.
— Date una ducha y arréglate, vamos a comer fuera.
— ¿Y Prim y Rue? — No puedo dejarlas solas.
— Tranquila, ellas viene con nosotros, quiero hacer un anhelo de Prim realidad.
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Una hora después estamos en la camioneta negra sobre Collins Avenue, Prim y Rue salieron enseguida de la piscina después de que Peeta les dijera que iban a comer en un restaurante, ahora cada una observa asombrada la playa de Miami mientras contemplan los hoteles. La camioneta se detiene en un parking mientras nos dejamos guiar por Haymitch y Cinna hacia el interior de un restaurant elegante, Lola Restaurant and Grill, se lee en color rojo cuando llegamos a las puertas del lugar.
Una señorita en pantalón negro y blusa blanca de botones nos da la bienvenida.
— Buenas tardes. — Saluda la señorita toda sonrisa hacia Peeta, la sangre me hierve, le pestañea unas cuantas veces mientras sonríe alegremente al ver a mi novio. Cuando vea a Peeta este permanece serio y con cara de aburrido, sonrió para mis adentros mientras toma mi entrelaza nuestros dedos.
— Hola, tengo una reservación a nombre de Peeta Mellark.
— Señor Mellark, un placer atenderlo, con gusto lo llevamos a su mesa.
El lugar es un lujo, las paredes en rojo le dan un toque sensual al lugar, la barra con luz y sillas altas se extiende sobre una pared repleta de botellas de vino. Nos acomodan en una mesa para cuatro con vista a lo que imagino es el mar. No logro saber si el restaurante pertenece a un hotel o es independiente. Pero doy gracias mentalmente a Annie y Johanna por escoger un vestido color menta con un escote discreta frontal, en mi espalda se cruzan unas cuantas líneas dejando todo mi espalda descubierta, la falda tiene vuelo, es sencillo, sexy y elegante, sobre todo sexy, ya que Peeta se quedó sin habla cuando me vio.
Las chicas llevan unos hermosos vestidos en color perla; En caso de Rue, y color coral en caso de Prim. El de Prim tiene un corte "A" sin mangas, mientras que el de Rue es estilo halter dejando un tramo de piel desnuda en la espalda.
Peeta combino su camisa veraniega con la mía, mientras que con el pantalón color arena le marca perfectamente su bello culo.
La señorita sonrisa se acerca de nuevo y trae la carta para nosotros.
— Te voy a pedir un Sauvignon Blanc, cuatro copas y hielo. Enseguida tomas la orden.
Peeta ordena sin dejar de mirar el menú, la señoritas sonrisas se queda atónita mientras se aleja para traer el vino.
— Bien chicas, ¿Qué desean ordenar? — El Peeta sonriente ha vuelto. — En lo personal me gusta el Chimichurri Marinated Chicken.
— Yo quiero probarlo. — Sonríe Prim.
— Yo igual. — Contesta Rue.
— ¿Tu preciosa, comerás lo mismo?
— No lo creo, prefiero una pasta, Fettuccine Carnonara.
— Perfecto. — Peeta entorna los ojos y me besa el dorso de la mano. Sonríe y siento que me puedo derretir sobre la silla.
Ordenamos mientras nos sirven una deliciosa copa de vino blanco. Es delicioso la temperatura es perfecta y se desliza sin problemas por mi garganta.
— Prim… — Comienza Peeta luego de dar un sorbo a su copa. — Quise llevarlas a un restaurante de hamburguesas, pero se me complico demasiado. Espero que este lugar cumpla con tus expectativas y no me condenes por no cumplir tu anhelo.
— Peeta… — Murmura Prim. — No tenías por qué hacerlo, pro es un gesto muy hermosa de tu parte, me alegra que mi hermana este contigo, puedo decirles que van a ser muy felices, se lo merecen.
— Mi misión es solo hacer feliz a tu hermana. — Peeta muestra una sonrisa arrebatadora mientras nos enredamos en una conversación sobre moda, tiendas y marcas…
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Seis horas después, volvemos a la casa con bolsas hasta el cuello. Luego de que Peeta escucho nuestra plática de modas insistió en visitar un centro comercial, hizo que me probara prendas con precios de escándalo. Prim y Rue también lo hicieron, entre las tres opinábamos como nos sentaba, pero cuando yo le preguntaba a Peeta sobre lo que traía puesta solo decía una sola palabra: Perfecto.
Así que, Peeta vio todo lo que nos gustó e insistió en llevarlo todo, proteste, pero de nada me valió, callo mis labios con un beso moja bragas mientras tendía su tarjeta la dependienta.
Después del banquete que comimos en Lola, Peeta nos llevó a cenar a un restaurante en el centro comercial, menos mal que eran ensaladas, porque si no hubiese salido rodando de la camioneta.
Ya anocheció y las chicas quedaron muertas, subieron a su habitación y se llevaron sus bolsas con ellas.
Peeta y yo quedamos solos en los camastros de las piscinas. Me acerco a él, lo abrazo y le regalo un casto beso en los labios. Sonríe mientras entrelaza sus dedos y me abraza por la espalda baja.
— Gracias. — Peeta entorna sus bellos ojos azules y pone cara de seriedad.
— ¿Porque?
— Por todo, por defenderme de Castor, por mi hermana, por Rue, por el viaje, por las compras… la lista en infinita.
— No es nada, vi como resplandecías con cada prenda que te probabas. Una vez te dije que eras mi prioridad y que si en mis manos estaba disipar tus preocupaciones lo iba a resolver. Querías ver a Prim, y aquí la tienes. Solo tienes que pensar lo que quieres y yo te lo concederé.
— Peeta…
— No acepto un rechazo. Ve con las chicas. Después de veo aquí.
Me separo de él, subo las escaleras y entro en el cuarto de las chicas, la ropa recién comprada la toman entre sus manos como si fuese de cristal, me alegra ver en los ojos de Prim ese brillo que tiene cuando está contenta, llamo a la puerta y me hacen pasar.
Ambas me observan de forma agradecida, les sonrió mientras tomo entre mis manos un vestido.
— Dios Katniss, Peeta ahora sí que supero cualquier expectativa. — Dice Rue guardando su ropa en el armario.
— No me cabe duda que este hombre tiene más dinero que sentido común. — Digo poniendo los ojos en blanco.
— ¿Por qué lo dices? — Pregunta Prim.
— Comprar tres guardarropa en menos de un mes, habla de su poco sentido común.
— ¿Cuándo ha hecho eso? — Se interesa Prim.
— La primera vez fue cuando firmamos… — Oh, oh. No puedo mencionar el Trato Perfecto a mi hermana pequeña, estuve a punto de hablar de más. — firmamos no quise decir cuando decidimos vivir juntos.
— ¿Y te compro guardarropa para venir a Miami? — Pregunta Rue.
— Si, y ahora lo hizo de nuevo.
— Vaya sí que está loco por ti. — Sonríe Prim mientras mira de reojo a Rue.
Me rio con ellas mientras les ayudo a guardar su ropa nueva. Para cuando terminamos las chicas bostezan, decido dejarlas y reunirme con Peeta en la piscina. Me apetece nadar así que me pongo mi revelador traje de baño.
Casi es media noche, Peeta nada de orilla a orilla mientras lo contemplo embelesada, para cuando Peeta se da cuenta de mi presencia yo ya metí las piernas al agua.
— ¿Qué haces? — Ladea la cabeza mientras nada cerca de mí.
— Te observo.
— Podría jurar que estabas violándome con los ojos señorita Everdeen. — Sonríe de medio lado mientras se acerca peligrosamente a mí.
— Eso también, señor Mellark.
— Nada conmigo. — Coloca sus manos en mis desnudos muslos mientras traza círculos lentos sobre ellos,
— Creo que ya nadaste suficiente.
— No contigo. — Me toma de la cintura y en un momento de debilidad de hace entrar al agua.
Me aprisiona contra una pared de la piscina y me posesiona de mi boca. Enredo los dedos en su cabello mientras dejo que recorra mi boca con su lengua. El beso se vuelve más violento y posesivo y enredo mis piernas alrededor de sus caderas, su erección lucha por liberarse del bañador.
Cuando siento que me falta oxigeno me separo de él y tomo una bocanada de aire. Me sonríe maliciosamente como si no estuviera afectado en lo más mínimo. Poco a poco nos lleva a la zona de la piscina donde el nivel del agua menos profundo, el agua nos llega a la cintura, me vuelve a aprisionar contra una pared y ataca mi cuello y lóbulo de la oreja. Coloca una de sus manos en mi espalda baja, presionando contra mi vientre su dura erección. Gimo. Lo quiero aquí, y ahora.
— ¿Te puedo hacer una pregunta? — Pregunta con una voz cargada de deseo, gruño en aceptación. — ¿Alguna vez ha tenido sexo en una piscina señorita Everdeen?
Su pregunta me da risa, me separo de él mientras acaricio sus brazos y hombros.
— No en una piscina, pero he tenido sexo en agua. — Abre los ojos como platos.
— ¿Y quién fue el maldito que tuvo el honor? — Ah, estamos jugando, puedo hacerlo.
— Mi novio, alguien que usted no conoce.
— ¿Y qué le hace pensar que no lo conozco?
— Porque él fue un poco más delicado, y usted está siendo brusco. — Muerdo mi labio, mientras Peeta cuela uno de sus dedos por dentro de mi bikini, acaricia mis labios vaginales mientras mete uno de sus dedos en mí interior.
— Pues parece; señorita, que le gusta la brusquedad. — Hace círculos en mi interior mientras me aferro a sus hombros y gimo sonoramente. — Te tengo empapada.
— Mi novio fue un bruto, tiro agua por todo el cuarto de baño.
— Entonces debe de ser un idiota.
— Lo es. — Gimo cuando pellizca mi clítoris y grito en su oído.
De repente, deshace los cordones de la parte superior de mi bikini y se sienta en una barra que hasta ahora no había visto y me coloca a horcajadas sobre su duro sexo. Gimo y me restriego contra él, ahoga un gemido y me mete uno de mis duros pezones en la boca, su seno favorito está siendo acariciado con sus habilidosos dedos. Mis manos no se están quietas, dejo que mis caricias vayan de su espalda a su nuca y viceversa, clavando las uñas en ciertas partes de su espalda.
De repente una de sus manos deshace los cordones de la parte inferior de mi bikini y mete dos de sus dedos en su interior. Gimo y me retuerzo sobre él.
— Dios, estas lista preciosa.
Me levanta para quitar la estorbosa tela y bajarse el bañador. Me coloca sobre su erección y me deja caer poco a poco hasta quedar encertada por completo, siento como me va llenando centímetro a centímetro.
— Móntame pequeña.
Me sujeta de las caderas mientras que yo lo hago de los hombros, subo hasta quedar casi fuera su erección de mi interior y me dejo caer de golpe, Peeta levanta sus caderas haciendo que ambos gritemos de placer. Subo y bajo mientras clavo las uñas en los hombros de Peeta, el agua a nuestro alrededor crea remolinos entre ambos haciendo que una mínima cantidad quede fuera de la piscina.
Peeta se cansa de esa posición y cambia nuestro lugar, me coloca sentada en la barra mientras el de para frente a mí. Me penetra de una sola estocada mientras masajea mi clítoris al ritmo de sus envestidas. Me retuerzo y gimo najo sus brazos, pero la sensación de estallido está cerca y Peeta arremete con más fuerza. Sin previo aviso, coloca un dedo en mi ano y hace círculos en mi interior, es demasiado y estallo en mil pedazos echando la cabeza hacia atrás y viendo estrellas literalmente. Peeta arremete unas cuantas veces más y explota dejándose caer contra mi cuerpo.
— Espero que a tu novio no le importe que hayas tenido sexo en el agua. — Dice Peeta contra mi oído mientras tratamos de respirar normalmente.
Me hace reír, lo abrazo y lo beso dulcemente, él no se hace del rogar y me coloca a horcajadas nuevamente, me devuelve el beso mientras acaricia mi espalda lentamente. Me separo de él y fijo mi mirada en la suya.
— Te amo Mellark…
Me sonríe mientras varios sentimientos perturbadores desaparecen, amar a Peeta Mellark es lo mejor que me ha pasado, solo espero que mi felicidad dure un poco más de lo que va a durar…
Siento mucho tenerlos tan abandonados, pero mi trabajo me esta exigiendo mucho y no he podido dedicarle a la historia lo que antes le dedicaba, calculo que en una semana más actualizare como antes lo hacia; es decir, dos capítulos por semana. Ya casi llegamos a la mitad de la historia, solo espero no aburrirlo mientras esperan la siguiente actualización.
Saludos. Espero sus reviews y recomienden la historia!
