Gracias a todos los que siguen esta historia, me alegra mucho leer sus comentarios y también agradezco sus observaciones.
Espero que disfruten este capítulo, pronto publicaré el siguiente :)Si quieren que desarrolle algo más en la siguiente publicación, pueden decírmelo.
Saludos.

Disclaimer: Gravity Falls no me pertenece, sus personajes e historia pertenecen exclusivamente a Alex Hirsch y Disney.


Mientras caminaban a través de la oscura noche en busca de la casa de Lily, Dipper comenzó a preguntarse la razón por la cual se hallaba en tal situación. Sin importar cuanto lo analizara, seguía sin tener sentido. Debía de haber sido la sonrisa de Mabel o tal vez sus enormes ojos que le rogaban para que le acompañara a una fiesta y probablemente el pequeño chantaje emocional acerca de la reunión que tendría con los padres de Pacífica al día siguiente.

»—¿No puede darme una sola noche, señor Pines? Después de todo, no lo veré mañana por sus asuntos oficiales —había dicho Mabel en tono melodramático. Ambos habían reído y continuado bromeando, intentando ignorar el reproche escondido.

Poco importaba ahora todo aquel asunto, pues él había aceptado la invitación y estaba seguro que la razón principal haría que todo valiese la pena: estar junto a Mabel, eso era suficiente para convencerle de ir incluso a prisión. El muchacho suspiró, ahora sólo debían encontrar la casa correcta.

—¿Estás segura que vive por este vecindario? —preguntó Dipper. Estaban rodeados de extravagantes casas, pues se hallaban en uno de los suburbios de mayor prestigio; todas parecían tan silenciosas, sin el menor signo de que una fiesta ocurriese cerca de ellas.

—Eso creo. Llamaré a Lily, debemos de estar cerca —. Mabel se apoyó en la señal de ALTO que se hallaba a su lado cumpliendo su función en la intersección. En el cielo brillaban las estrellas lejanas y la luna se escondía tras nubes que pronosticaban una posible tormenta. Si Dipper hubiese creído en el destino o en la fatalidad habría tomado aquella imagen como un presagio, una advertencia sobre el peligro de confiarse demasiado.

—¿Qué dijo? ¿Estamos cerca?

—Unas casas más y llegaremos. ¡Te lo dije! Soy una brújula, jamás pierdo mi dirección. ¡Sigamos! —. Mabel ofreció su mano a Dipper. Juntos siguieron caminando entre casas con luces prendidas y otras en completa oscuridad, jugando a imaginar la vida que llevaban las personas que habitaban en ellas.

—No puedo creerlo, por fin logramos llegar—señaló Dipper con fingido entusiasmo.

—Será divertido, lo prometo. Además no es una fiesta "fiesta" —explicó Mabel dibujando las comillas en el aire con sus dedos.

—¿A qué te refieres?

—Es una reunión pequeña. Lily no invita a todo el mundo, sus padres no la dejarían. La pasaremos muy bien juntos —. Mabel dibujó con su dedo índice una sonrisa en los labios de Dipper.

—Si tú lo dices —respondió Dipper comenzando a esbozar una autentica sonrisa que se vio amplificada por el beso que Mabel le lanzó—. Supongo que será divertido.

—¡Mabel, viniste! Estoy tan feliz, ¿adivina qué? ¡Tendremos karaoke! —exclamó Lily al ver a su amiga entrar a la casa.

—¡Eso es tan genial! Dipper, tienes que cantar conmigo.

—Oh, él también vino… eso es… fantástico —dijo Lily con nerviosismo.

—Mabel insistió mucho, no podía abandonarla. ¿Qué tan malo puede ser? —expresó Dipper encogiéndose de hombros.

—La pasaremos muy bien —. Mabel tomó la mano de su hermano—. ¿Saben qué haría perfecto este momento? Doritos con mucho queso derretido.

La chica arrastró a su hermano hacia la cocina, mientras él mencionaba por lo bajo lo mucho que prefería los doritos sin ningún aderezo.

La casa de Lily resultaba espaciosa, con un estilo minimalista y buen gusto, algo notable en las piezas de arte posmoderno que decoraban las paredes. Los invitados que Dipper vio en su camino a la cocina parecían ser chicos muy elegantes, lo que sólo incrementó su nerviosismo.

—¿En serio estas personas comen doritos y toman limonada rosa? Imaginé que preferirían sushi, caviar, vinos y cócteles —comentó Dipper mientras servía limonada a Mabel.

—Bueno, por la piscina hay mesas llenas de todas esas cosas que una especie de mayordomo sirve, pero Lily me conoce y sabe que prefiero esto. Lo prepara especialmente para mí.

De pronto Dipper se sintió torpe, su boca estaba llena de doritos y palomitas. En seguida fue consciente de la mirada que le dirigían algunos otros invitados que tomaban simplemente agua mineral a temperatura ambiente.

—¡Debiste decírmelo antes!

—¿Por qué? No sabía que te gustaban todas esas cosas pomposas y elegantes.

—Nunca las he probado, puede que me gusten. Además, no quiero que los demás piensen que no tengo modales o no estoy a su altura.

—¿Qué importa lo que los demás piensen?

—Pues ese es el punto de una fiesta. Las personas vienen acá para criticar a los demás e impresionar. Se que suena horrible, pero es la realidad.

—Para mí lo importante es divertirse. Sólo relájate ¿sí? —. Mabel le ofreció una sonrisa.

—Quiero divertirme, pero no quiero ser la diversión de los demás. ¿No viste como esas personas nos miraban? —inquirió con preocupación.

—Estas exagerando, ni siquiera creo que nos vieran a nosotros, sólo se la están pasando bien. Aunque da igual, no tengo nada de qué avergonzarme.

—Sabes que odio las fiestas por toda esta estúpida presión y estar fuera de lugar sólo empeora todo.

—Estoy contigo, no estás solo. Seremos ridículos juntos, no tienes porque ponerte tan ansioso —dijo la chica sin tomarle muy en serio. Toda aquella situación era para ella demasiado exagerada.

—Tan sólo creo que debiste preguntarme, no lo sé, tal vez no quiero ser ridículo, tal vez quiero encajar para variar. Parecen personas inteligentes y no creo que me consideren a mí de esa manera si tengo mis dedos manchados de colorante naranja.

—Lily puede presentarnos con alguien. Créeme, cuando te conozcan sabrán el enorme y genial nerd que eres y si ellos son tan geniales pues no les importara el rastro de cheetos en tus manos.

—Si tú lo dices… Dame un minuto, sólo necesito aire fresco.

Sabía que estaba teniendo un ataque de ansiedad, puede que incluso estuviese sobredimensionando la situación. Intentó contar hasta diez y respirar lentamente. Su fuerte jamás habían sido las personas y en los últimos años su condición había empeorado, la única forma de enfrentarlo era el tener una larga terapia emocional consigo mismo.

Dipper miró a su alrededor, la mayoría de chicos vestían costosas y elegantes prendas muy a la moda. El muchacho no podía sentirse más fuera de lugar con sus viejos vaqueros rotos, una simple camiseta oscura y una incipiente barba.
Se dirigió a la mesa que Mabel había mencionado junto a la piscina. Luego de que el encargado le sirviese una pequeña porción de caviar y le diese una copa de vino, Dipper buscó un asiento vacío frente la alberca. Le dio un sorbo a su bebida, tenía un horrible sabor, pero luego de unos cuantos sorbos más se acostumbró a la sensación que dejaba en su paladar y terminó ingiriendo unas cuantas copas más.

Mientras miraba como las luces que alumbraban el jardín se reflejaban en la cristalina agua, comenzó a darse cuenta de que se había comportado como un idiota. Ahora le parecía entender las cosas de una manera más clara y serena: ninguna de aquellas personas le estaba viendo mal ni juzgando.
Las personas en realidad sonreían y estaban disfrutando la reunión, demasiado ocupadas en pasar un buen rato, tal como Mabel le había dicho. Podían ser chicos adinerados, pero no eran crueles ni tenían complejos de superioridad. Ahora, probablemente por la cantidad de alcohol en su cuerpo y por su falta de costumbre a beber, sólo podía darse cuenta como él era quien todo este tiempo había sido el problema. Él, quien pensaba que las fiestas eran para personas superficiales y vacías. Sabía que prefería pasar sus noches leyendo y viendo documentales, pero eso no significaba que él fuese más intelectual que aquellos otros chicos. Dipper se incorporó, decidido en pedirle una disculpa a su hermana y divertirse a su lado, pero antes necesitaba otra copa de vino.

—¡Dipper! Así que aquí te estabas escondiendo —dijo Lily tomándole del brazo mientras le servían su bebida.

—No me estoy escondiendo.

—Tú sabes de lo que hablo. Es bueno darle un poco de espacio a Mabel.

—En realidad estaba a punto de ir a buscarla.

—No creo que sea una buena idea, Darren ha venido y deben estar pasando un tiempo de calidad.

—¿Quién es Darren? —preguntó el muchacho claramente confuso.

—Digamos que es un antiguo amigo de Mabel —respondió Lily guiñando su ojo izquierdo—. ¿Qué te parece si vamos a mi biblioteca? Mabel me ha contado que amas los libros, es una pequeña colección, pero puede que algo te interese.

—Está bien, supongo —. Dipper no estaba seguro de cómo reaccionar. Jamás había escuchado hablar de aquel chico, pero confiaba por completo en Mabel. No podía ser infantil y molestarse porque ella tuviese amigos.

—Por cierto, ¿recuerdas que hace un tiempo quedamos en salir? Ya no me llamaste, no estoy molesta, pero creo que es hora en que nos pongamos de acuerdo —dijo Lily sonriendo con cierta incomodidad.

—Oh, si… He estado un poco ocupado. Ya sabes, mi prioridad son los estudios.

Ambos cayeron en un silencio incómodo hasta que llegaron a una habitación de tamaño mediano en la segunda planta. Por la palabra «biblioteca» Dipper había imaginado algo mucho más notorio, pero más bien lucía como una pequeña oficina con un escritorio, algunos papeles y una repisa con libros. Aún así, el muchacho se acercó con entusiasmo y le echó un vistazo a los nombres escritos en los lomos de cada libro.

—Tienes mucha literatura rusa, ¿te gusta mucho Fiódor Dostoievski? ¿Qué es lo que más te llama la atención de su discurso?

—En realidad esos son libros de mi papá, pero yo planeo leerlos pronto —dijo Lily con cierta vergüenza.

—Espero que los disfrutes. Si eres como yo te encantará «Crimen y castigo», pero si eres más bien una Mabel preferirás «Anna Karenina» de Tolstói… siendo más específico, si eres Mabel preferirás ver la película para evitar la fatiga.

—Entonces seguramente será «Crimen y castigo» —dijo la chica recobrando su confianza—. También quiero leer más de Jane Austen; apenas voy comenzando «Orgullo y prejuicio», pero ya me encanta y quiero leer todos sus otros libros.

—Genial, tendrás más material del que hablar con Mabel. Ella adora su trabajo; cuando teníamos catorce años me obligó a leerle en voz alta la mayoría de sus libros, decía que mi acento británico le daba mayor emoción.

—Siempre hablas de ella, es muy tierno —señaló la chica.

—Pues somos muy unidos, además que siempre suceden cosas interesantes junto a ella. Mabel está presente en todas mis buenas historias —. Dipper esperaba que ningún sonrojo le delatara.

—Ella no sabe lo afortunada que es —declaró súbitamente Lily cabizbaja.

—¿A qué te refieres?

—Es sólo que a veces suele quejarse, dice que eres muy sobreprotector, que nunca le das su propio espacio ni confías lo suficiente en ella. No creo que realmente seas así… a mi me pareces tan dulce —confesó la chica.

—¿Ella ha dicho eso? —preguntó con un hilo de voz. Podía sentir como su corazón latía de prisa; algo en esas palabras le resultaba doloroso.

—No lo dice de mala manera, lo siento si dio esa impresión —respondió la chica negando con la cabeza, causando que su ondulado cabello rojizo se meciera sobre sus hombros—. Yo también tengo hermanos, la entiendo. A veces se siente un poco asfixiante convivir con el mismo chico torpe a diario, pero le amas a pesar de todo, eso es lo que hacen los hermanos. Supongo que es una especie de relación fraternal amor-odio.

—Sí, claro. Yo… es que… siempre nos hemos llevado muy bien y creí… —. Dipper no encontraba las palabras y comenzaba a mirar borroso. Todo en su alrededor daba vueltas.

—Yo no quise decir lo contrario —. Una mirada de preocupación se hallaba en el rostro de Lily mientras trataba de darse a entender—. Los conozco desde hace un tiempo, siempre he admirado su relación y se lo mucho que ella te ama, pero creo que es normal quejarse un poco de tu hermano y… yo sólo dije eso porque… bueno, te aprecio mucho y supongo que puedo ver en ti algo que ella no puede y eso es porque no somos familia. A mí me agradas mucho de una manera diferente —declaró la chica con una sonrisa nerviosa.

—Gracias, Lily. Lo siento, pero yo debo irme. Me siento tan mal —. Dipper comenzó a retroceder lentamente. Se sentía torpe, sabía que esas no eran las palabras correctas, que sería estúpido huir. Estaba atrapado, intentaba luchar, pero ya no tenía una estrategia—. Realmente lo siento.

Corrió de prisa por las escaleras. Ya no le importaba que pensaran de él, sólo quería alejarse de aquel lugar. En su cabeza aún podía ver los tristes ojos de Lily; él no quería lastimarla, no quería lastimar a nadie, pero ¿qué podía haber dicho? Ahora sólo deseaba marcharse. Calmó su paso cuando llegó al pasillo y prestó atención al sonido que le rodeaba: era el karaoke, era Mabel. Siguió el sonido de la voz, conduciéndole a la sala donde un grupo de personas reían y animaban a la chica a cantar.

Una luz ambarina iluminaba la estancia y cubría a Mabel, quien ahora llevaba el suéter atado alrededor de su cintura y estaba usando una peluca violeta, en medio de la confusión Dipper no pudo evitar preguntarse de dónde la había sacado. Sus miradas se encontraron y ahora ella reía con estruendo, le invitaba a cantar; él sabía que si abría la boca vomitaría. Negó con su cabeza y le sonrió con todo el amor que albergaba por ella, el cual era lo suficientemente enorme para aterrorizarlo.

Ella continuó su canción, divirtiéndose e ignorando tantos conflictos. Los aplausos aumentaron cuando un desconocido se acercó a cantar con ella. Mabel colocó su mano izquierda en el hombro del muchacho y compartieron el micrófono que ella sostenía con su otra mano. Dipper continuó su camino hacia la puerta, al alcanzar el exterior logró divisar el enorme basurero junto a la cochera y vomitó en su interior.

Odiaba las fiestas y había comenzado a llover.