Ya sé que es poquito, pero estoy reescribiendo esta historia…se me había desmandado y tomado un tumbo que no me convencía, así que un poquito de paciencia…
SAMAHIN
Draco le vio regresar de su anunciada ausencia, oliendo a humo y a bosque, a centauros, pero a nada más. Sylvain trabajó con él en las clases, notando su velada curiosidad, pero no aportó nada más allá de su inicial excusa de una prolongada partida de caza. Cuando entre veladas insinuaciones, el rubio le preguntó si había visto a Emerald, Sylvain sonrió suavemente y denegó:
-No, pero los centauros me han dicho que han visto los restos de alguna de sus matanzas. Esta cazando y parece estar integrándose bien, Draco.
El rubio no insistió mas y su tira y afloja prosiguió en las semanas siguientes. No era muy difícil convencerle de pasear con él hasta el pueblo o de pasar tiempo con él en cualquier lugar más o menos público… pero en cuanto insinuaba algo más íntimo…el moreno se desvanecía como el humo. Se resistía tenazmente y con una ferocidad inusitada a sus avances, lo cual solo acrecentaba el deseo de Draco. Para el año nuevo celta, Draco había pedido libre desde el jueves 15 de noviembre, y no pensaba regresar a la escuela hasta el lunes por la mañana. Sylvain no había puesto objeciones, y tan solo murmuró con aire triste:
-Vete, yo no tengo a nadie…
Draco parpadeó un instante y susurró:
-Lo siento Sylvain…olvide por completo que…
Esbozando una sonrisa el joven denegó y le miró a los ojos.
-No te preocupes, Draco. Estoy acostumbrado a estar solo.
Meditabundo, el rubio había murmurado una nueva disculpa y dejado al joven. En los días siguientes, habían trabajado en clase, sobre las velas para recordar a los antepasados y difuntos, y ayudado a los alumnos a crear velas decoradas para la ocasión. Partiendo de velas de cera virgen blanca, moldearon velas con diversos motivos, símbolos que representaban algo para cada persona en relación a alguien querido.
Públicamente, Sylvain estaba creando dos velas, una en memoria de Albus Dumbledore, y otra en memoria de Severus Snape. La vela de Albus era casi blanca, larga y alta con forma de espiral aguzada, con estrías doradas en un complicado diseño, y salpicada por estrellas azules. La de Severus era más oscura, casi color miel, recta y cilíndrica, con delicados lirios en color plateado y verde.
Draco por su parte, había elegido honrar a Harry Potter, para secreto asombro y desconcierto de Sylvain. Aunque al principio la elección de Draco le pareciera solo una forma de ponerse a la par con la suya… tras verle trabajar en su vela Sylvain tuvo que reconsiderar su pensamiento. Desde luego, no era lo que uno hubiera esperado del Slytherin, la verdad. La vela de Draco era… bueno, ciertamente singular. Era de cera blanca, no muy alta, de forma cilíndrica y sobre esta el joven había moldeado con magia pequeñas figuras: un hipogrifo, un thestral, un dragón… con exquisito detalle, en pleno vuelo todos, trazando una espiral imaginaria, siguiendo la estela llameante de un fénix. Un fénix dorado, que si uno se fijaba bien, tenía los ojos verdes…
Sylvain descendió a los jardines al caer la tarde del 16 de noviembre, y prendió las dos velas sobre la lápida de Albus, dedicándoles a ambos hombres un rato de sus pensamientos. El cuerpo de Severus nunca había sido recuperado, así que era probable que estuviese en el fondo del lago, en algún rincón del bosque o incluso, que hubiese sido devorado por las numerosas bestias que intervinieron en la batalla. Draco se había marchado ayer a mediodía, y el moreno nunca se había sentido más solo. Con un suspiro, había regresado al castillo y colocado en el alfeizar de su ventana tres velas más. Una vela de cera azul noche, con una magnífica luna llena, y una estrella, solo una, brillando intensamente a su lado. Junto a esta, otra de color blanco, con una serena estampa de un ciervo y una cierva paciendo juntos, los dos animales de color plata…y la tercera, sencillamente un cirio blanco y liso.
Cuando Draco llegó a su mansión, el miércoles por la tarde usando la red Flu, Draco fue recibido calurosamente por su madre. Aquella sería su verdadera fiesta de celebración, y por el resto del día, se olvidó de todo lo demás. Pero cuando llegó el atardecer del 16 y la luna llena salió tras el horizonte, llegó el momento de encender las velas y una nube de tristeza veló los ojos azul plateados de Draco. Con cuidado, el joven encendió velas por sus abuelos, y otra por sus antepasados Malfoy en general. Pero solo cuando prendió la llama de la vela cubierta de figuras aladas murmuró algo, absorto en la contemplación de la pequeña llama:
-¿Por qué Potter? ¿Por qué nunca quisiste ser mi amigo? Después de que me salvaras del fuego…y de que testificaras por mí y mis padres, creí…que algo cambiaría entre nosotros, pero no me dejaste acercarme a ti…Harry…
Narcisa no escuchó las palabras susurradas de su hijo, pero sabía por quien era esa vela. Siempre había una vela por él, todos los años…tal vez siempre la habría; pero algo le decía que tal vez, Draco estaba listo para dejar el pasado atrás, para volver a mirar al futuro…sus cartas traslucían una viveza que hacía años que no tenia, y sus ojos y su sonrisa…
Narcisa abrazó a su hijo y susurró en su oído:
-Hijo mío, vamos a cenar. Pero antes, quiero que me cuentes todos los detalles sobre ese compañero tuyo, ese…Sylvain. Tus cartas no dicen muchas de las cosas que me interesan de él…parece todo un caballero…
Esbozando una sonrisa, Draco asintió y tras dedicar una ultima mirada a la hermosa vela encendida, siguió a su madre, charlando mientras caminaban hacia el comedor. Narcisa escuchó mucho y habló poco, viendo animarse los ojos de su hijo cuando se perdió en el relato. Esa mirada era muy familiar, aunque al mismo tiempo distinta y la mujer sonrió. Oh si, había llegado la hora de que Draco olvidara su antigua obsesión…y encontrara una nueva ilusión.
