¡Hola mi gente favorita!

Muchas gracias por todos sus comentarios y como por fin tuve un poco de tiempo, les envié una respuesta! =D

Como siempre, capítulo dedicado a SuicideFreakWord, ArchiBC, Sther-ars, CuquiLuna3, AnataYume, Erisikol, PercyRossVulturiUchiha, Murtilla (XD Es que tener un Draco pendiente de su bienestar, preocupado de su magia, de su relación familiar, que lo ayuda con el caso y que además le permite "hacer lo que quiera con su cuerpo"… es como una flecha al corazón), Nekoconeco56, Sinideas y DarySnape (Tienes toda la razón, cualquier cosa que termine con un Draco desnudo compartiendo cama con Harry… es hermoso! =D)

¡Muchas gracias por todo su apoyo!

Ahora sí, ¡a leer!


Capítulo 13: Krishna III

-Ok…- suspiró, todavía sintiendo la modorra abrazar su cuerpo. -Bueno, antes de llegar a India estuve viajando un poco por Europa, mi madre y yo visitamos Francia, Alemania e Italia, pensando que encontraríamos la tranquilidad perdida con la guerra y los juicios ante el Wizengamot. Tal vez mi madre la haya encontrado, pero yo no.- se acomodó sobre la almohada, quedando de lado sobre la cama y de frente a Harry. El moreno podría tocar cualquier parte de su cuerpo sin ninguna dificultad y por simple curiosidad, dobló ligeramente la rodilla y esta entró en contacto con alguna parte del muslo de su compañero. –Ella se hallaba instalada en Roma y yo ya no aguantaba estar allí, incluso estar con ella y escucharla me irritaba. Estaba hecho un desastre. Por eso pensé en seguir viajando yo solo, que me dejara un poco en paz. Así fue que desde Italia crucé a Grecia y luego a Turquía, de ahí salté hasta India. La verdad es que no pensaba quedarme mucho tiempo, nada de lo que había visto me gustaba. Consideraba que todo era horrendo y sólo quería tomar un traslador hacia algún otro lugar… pero de pronto se dio la oportunidad de tomar un Tour desde Varanasi hacia el Parque Nacional de Panna. Se escuchaba bastante bien: una explanada de tranquila naturaleza, de suaves silencios y vaciado de cualquier otro ser humano, sólo lo esencial delante de mí. Por eso, lo tomé.- soltó una risa por la nariz. –Pero resulta que fue más salvaje de lo que pensé y me perdí, me separé del grupo y terminé extraviado entre unos matorrales. Recuerdo que me desesperé, maldije a todo el mundo, hasta a mi madre… grité para que alguien me encontrara, cosa que no fue muy inteligente, pensando que Panna es una reserva de tigres. Aunque yo no lo supiera en su momento.-

-Joder…-

-Sí, aunque mi oponente finalmente no fue un tigre, sino un elefante.-

-¿Un elefante?- aún no podía imaginárselo. ¡Draco Malfoy en medio de la selva luchando por su remilgada vida, contra un elefante!

-De pronto apareció de la nada y me pegó con su trompa directo en la cabeza, quedé knockout en segundos y al parecer nadie se dio cuenta de mi desaparición. Así se pierden los turistas en India.- negó. –Me desperté en la choza de un granjero llamado Ahsan, que vivía al norte de Panna… obviamente no supe que seguía en la misma reserva hasta mucho después. Así que me vi obligado a vivir de su "hospitalidad" por largo tiempo y sin saber que el anciano había guardado mi varita, con la que me podría haber desaparecido y punto. Aun cuando Ahsan sería considerado como muggle, él sabía mucho sobre magia y era capaz de sentir los objetos mágicos como mi varita, la que había guardado cuando me encontró.-

-¿Y cómo fue que él te convenció de hacer algo sin varita?-

-Con la persuasión de que si yo no cuidaba de mí mismo, nadie más lo haría. Yo estaba indignado y lo amenazaba con los peores males que podía imaginar, si es que no me servía o no me llevaba de regreso a Varanasi; pero él sólo me decía que me fuera si tanto lo deseaba, que comiera si quería, que buscara agua si la necesitaba. Era vergonzoso darme cuenta que Kunal, su hijo de ocho años, era más capaz que yo. Sabía usar cuchillos y todo tipo de herramientas, yo apenas y lograba sostener el hacha de mano.-

-Puedo imaginármelo completamente.-

Harry mantenía una risa constante, pegada a su rostro, mientras trataba de situar esa imagen entre sus pensamientos y era seguro que pensar en Draco recibiendo una zurra de un elefante, era todo un incidente que hubiese deseado presenciar. Lo mismo que vivir en una raquítica choza, gritar indignado como la señorita que era y siendo un absoluto incompetente. Eso cuadraba muy bien con la visión degradada que había tenido de él.

Y el rubio se lo decía con una simplicidad pasmosa, sin una pizca de vergüenza y permitiendo que Harry se regodee de lo lindo. Desde cuándo la sinceridad con Draco se había vuelto tan liberadora, tan carente de falsas pretensiones. Volvió a soltar una risa por la nariz y levantando la mano, deslizó su pulgar a través de su mejilla suave hasta el borde de su mandíbula. Ya lo había dicho, estaban muy cerca.

Sus ojos se movieron a lo largo del rostro del moreno, observando su expresión descansada y su mirada lúcida. Tan animada y vigilante como los verdes ojos adolescentes que lo habían seguido alguna vez. Allí estaban la consciencia y la atención sobre él, el encuentro entre el antiguo león de Griffindor y la rastrera serpiente de Slytherin, pero sin la perspicacia y la desconfiada duda que lo habían hecho su blanco. Ya no le ofrecía castigo con cada brillo contenido en su mirada.

Por el contrario, ahora habían dedos gentiles acariciando su rostro y una sediciosa magia tirando de él. Podía sentirlo como una llamada quieta, pero no por ello menos insistente. Harry Potter le pedía. Silenciosamente. Y contra los deseos de su racionalidad, la propia magia del rubio le exigía responder. Las acciones siendo más elocuentes que las palabras.

Avanzando un poco más bajo las mantas, Draco se acercó lo suficiente al moreno como para que él le besara y el contacto fue tan suave como la propia placidez de la mañana. La provocadora sujeción de sus labios y el lento rozar de sus bocas, caricias despertando intereses y la mano en su mejilla viaja consentida hacia su nuca, su espalda, su cintura y lo aprieta contra su cuerpo de Salvador. El rubio puede sentirle erecto contra su cadera.

-¿Quieres ducharte conmigo?- murmura contra sus labios apremiantes y la magia del hombre parece bullir a su alrededor.

-Claro…-

Ambos vuelven a tener sexo bajo la agradable sensación del agua caliente golpeándoles la piel. Draco con la frente presionada contra los azulejos mientras el moreno se empuja en su interior, jadean y el sonido de la ducha amortigua la vocalización de sus deseos. Su cuerpo lo recibe inclinado hacia adelante y el agua resbala por la curva de su espalda, ríos de suavidad descendiendo por su columna, líneas de sinuoso rocío haciendo caminos hacia el pasaje entre sus nalgas. Draco jadea cuando nota la extraña sensación de la humedad acariciando el anillo de su entrada, mientras la carne de Harry le fricciona el interior. Constante e intenso. Caliente. Y el agua parece lamer su piel febril.

El rubio se retuerce bajo esas manos grandes y sólo encuentra algo de alivio en la lisa frescura de la cerámica, presiona sus labios contra ella y deja que le toque algunas afiebradas porciones de su piel, al tiempo que le sostiene de las duras estocadas. El agua salpica y se agita con las pulsaciones de sus cuerpos yendo al encuentro, del golpe seco contra sus caderas. Abriendo. Separando sus músculos. Las fricciones ardientes van más allá de la espuma y el jabón resbalando por sus cabellos, sus brazos, su pecho y piernas.

Escucha los gruñidos en sus oídos y los impulsos le alzan con fuerza, en un enérgico e intenso vaivén. Lejos de cualquier contención, el moreno sólo parece querer desatar su excitación. Enterrándose fuerte. El aire parece ser insuficiente para sus pulmones que inhalan con agitación.

Respira afanoso, sus labios reteniendo una exclamación ahogada y se siente sujetado por unos dedos que son como ganzúas sobre sus caderas. El moreno no pierde el tiempo y aumenta el ritmo, dejando de lado toda consciencia y cualquier motivo de bienestar espiritual. Ningún aprendizaje es suficiente en ese momento. Arremete contra él y todo es un bullir de sangre, de magia vibrante, de sentidos cimbreantes al compás del instinto más básico y primitivo.

Harry sólo quiere fundirse en la estreches de su carne, derramarse en los lindes de ese cuerpo dispuesto, ahogarse en el origen de su lascivia. El comienzo de todas sus nuevas contemplaciones. Sólo instinto. Sólo intuición. Sólo la naturalidad de sus impulsos.

No piensa en nada, no considera nada, sólo se entierra dura y profundamente, golpean las caderas. Se deja oír el choque húmedo de sus cuerpos. No lo suelta. Lo folla fuerte, lo atraviesa. Y gruñe. Sus bramidos repercuten en el pequeño espacio de la ducha, está listo. Siente los cosquilleos en su bajo vientre.

Desliza sus manos y sus dedos se aventuran entre las piernas del rubio, acarician el anillo del ano abrazado su miembro y con el deseo de pertenencia, de domino, tira suavemente de la entrada hacia los lados. Por un momento se siente tentado de introducir su pulgar y comprobar si Draco puede soportar algo más de él. Gruñe. Gruñe. El agua se siente deliciosa, apenas tibia en comparación a su piel hirviente.

Todo se acumula en su bajo vientre.

-Draco…- balbucea, agua de la ducha entra en su boca. –Draco…- repite, recordándose que está con él. Sólo con él y es la segunda vez que tienen sexo. Y que adora todo estando en su compañía.

-Ya… Harry…-

-Mneh v-voy…- jadea y todo su cuerpo se estremece bajo el poder del orgasmo. –¡Mierdaah…!- suelta y un estremecedor tirón le quita el aliento, jalando desde algún lugar de su bajo vientre. Algún punto inexacto y sensible que le quita todo sentido.

Tiene que cerrar los ojos y se deja ir, derramándose en largas exhalaciones de humedad, tensiones que lo impulsan a eyacular en extensas corridas dentro de las cálidas paredes de ese recto que se contrae pulsante. Latiendo placeres. Palpitando.

Y en medio de las contracciones de su entrada, Draco siente que su interior se llena de una tibieza reconfortante. La misma densa viscosidad que había empapado su cuerpo, la noche anterior. Mueve sus caderas y percibe cómo la sustancia se desliza, se mueve suave y resbala fuera de su agujero cuando la polla de Harry sale suavizada y disminuida de su interior.

El agua sigue fluyendo de su espalda hacia sus nalgas y la siente extraña, al rozarse sobre su ano dilatado y sobre estimulado.

Suspira hondo y las manos del moreno continúan acariciándolo, a veces tocan su entrada y parece jugar con lo poco de él que ha escurrido fuera de su cuerpo.


No puede evitar mirarlo. Simplemente le resulta imposible, porque no puede creer todo lo que han hecho, porque todo le parece una fantasía… una demasiado deliciosa y perfecta para ser verdad.

Sus ojos se quedan atascados en el gesto de sus labios, en el movimiento suave de sus pestañas, la hermosa extensión de su cuello pálido y la gracilidad de sus dedos. Porque sus labios fueron un abismo de placer. Porque puede recordar aquellos ojos apretadamente cerrados, entregados al éxtasis. Porque su cuello fue el lienzo donde hincó sus dientes, presionó sus labios y deslizó su lengua. Joder. Porque aquellos dedos eran sinónimo de promesas y Harry estaba dispuesto a cumplir cualquier penitencia por ellos.

Dios, haría cualquier cosa por continuar entre sus piernas, por deslizarse entre sus brazos, por hundir su nariz entre las curvas de su cuerpo y empaparse de su aroma delicioso, de su magia encantadora, de su calor embriagante. ¡Joder, que le encanta!

-¿Pasa algo?- el rubio lo mira. Su cabello todavía húmedo, pantalones pescadores y luciendo una encantadora camiseta azul sin mangas, que hacía de su pelo más rubio, más brillante y sus ojos más pálidos. Inconsciente, el moreno lamió sus labios.

-Mi ropa de auror no aguanta para otro día más…- se había puesto los pantalones y lo demás con reticencia. Olisqueó la camiseta en sus manos y aunque no apestaba, lo incomodaba volver a usarla.

-Cierto.- asintió, admirando la formidable contextura del hombre frente a él. Era imposible no pensar en "bastedad" y "amplitud", cuando lo mirada; así como era imposible no sentir seguridad y calidez cuando estaban cerca. Suspiró. De cualquier forma, por la diferencia física, no había nada en su guardarropa que pudiera prestarle. –Si quieres puedes ir hasta tú casa vía red flú y después regresar. Tengo planes para ambos.-

-¿Planes? ¿Qué clase de planes?- a regañadientes se puso la camiseta. Arriscó la nariz.

-Aún es temprano, así que haremos algo de entrenamiento, vamos a desayunar y luego iremos a casa de Andrómeda, almorzaremos con ellos y después saldremos con Teddy.-

-¿Almorzar con Andrómeda?

-Hablé con ella ayer y dijo que no había problema. Además, desde que te involucraste en el caso, no has salido con tú ahijado, ¿no?-

-No realmente.- suspiró. Entonces el rubio salió de la habitación y Harry se dispuso a seguirlo. –No sabía que tenías una chimenea… no la vi cuando llegamos ayer.-

-El edificio tiene calefacción central y no pensaba conectarme a la red flú, pero… se presentó la necesidad.- no quería decirle que a Neville le resultaba más fácil trasladarse por chimenea que viajar en transporte público, para visitarlo. "Visitarlo". -Instalé una en el armario inferior, junto a la puerta de entrada. Es algo pequeña, pero cumple su función. Dejaré la conexión abierta.-

-Entonces regreso en un momento.- dijo cuando ambos llegaron al primer nivel.

Harry se acercó al mencionado armario, cuando abrió la puerta se encontró en primer plano con un par de abrigos y hacia atrás vio la chimenea empotrada. No era pequeña, sino tal vez un poco angosta y a la vieja usanza, era completamente de ladrillo, con una repisa de madera en lo alto. De un momento a otro, sintió el fluir de la magia del rubio y desde el interior de la estructura centellaron las verdes cenizas de la red flú.

-¡Los polvos están en la fuente sobre la repisa!- dijeron desde algún lado del departamento. Sonrió.

En un par de segundos estuvo en Grimmauld Place.

Regresó cerca de quince minutos después, vistiendo pantalones deportivos, camiseta, zapatillas y con un bolso en la mano. Lo dejó sobre el sofá, cuando vio que el rubio realizaba otra de esas rutinas de ejercicios sobre el despejado suelo del salón, donde movía una pierna o una mano por vez, cambiaba de postura cada cierto tiempo y apelaba a sus notorias capacidades de flexibilidad. Harry se preguntó si tendría la oportunidad de probarlas él mismo.

-Espero que no me obligues a hacer algo de eso.-

El rubio le respondió con una larga inhalación para luego encogerse sobre sus rodillas en el suelo, sus brazos se relajaron hacia adelante con la consiguiente exhalación. Luego de largos segundos irguió su torso y flexionando un poco su cuello, dirigió sus ojos hacia el moreno. Para ese entonces Harry se encontraba sentado en el sofá, una media sonrisa sobre su rostro, observando todo ese disparatado montón de contorciones.

-Sólo serán un par de pequeños movimientos.- se levantó y le hizo gestos con la mano. –Ven.- el moreno obedeció caminando hasta situarse frente a él. De algún modo y por puro instinto Harry extendió las manos hacia el otro cuerpo cuando éste se le acercó. Sus dedos apenas tocaron el borde de la camiseta, cuando se dio cuenta y al mismo tiempo desistía de la idea. –Esto no es diferente a lo que ya hemos estado haciendo. Cierra los ojos y respira profundamente.- indicó y él no hizo nada por negarse o quejarse, después de todo ya sabía que todo lo que el rubio le pedía terminaba con beneficiosos resultados. –Relaja los músculos del cuerpo.- estando con los ojos cerrados, pudo sentir como su compañero se movía a su alrededor y probaba la tensión de su cuerpo, deslizando sus delgadas manos a lo largo de su espalda, tocaba sus hombros, la extensión de sus brazos y resbalaba sus palmas a través de su pecho hasta su abdomen. La energía del hombre pronto se hizo presente. –Levanta las manos por sobre tú cabeza, intentando llegar lo más alto posible. Siente como se estira cada fibra desde tu estómago, tus costados e incluso la base de tú espalda.- entonces aquellos dedos viajaron intrépidos por toda su espina dorsal. –Inspira y tira hacia arriba… relaja con cada exhalación.- y así lo hizo. –De nuevo.- y continuaron con esa dinámica un par de veces más.

La voz era suave, tranquila y siempre parecía hablarle desde algún lugar muy cerca de él. No había ningún tono altisonante, ni ninguna variación que lo hiciera desconcentrarse o pensar en algo más que las respiración o las sensaciones de su cuerpo. Harry de pronto se encontraba con la mente completamente en blanco, su corazón resonando poderosamente dentro de su pecho, sus pulmones respondiendo rítmicamente con cada aliento. Su magia tocando los aterciopelados límites de la energía de Draco, mixturándose armónicamente y flotando ambas, entrelazadas a su alrededor. Era algo tan calmo, que aletargaba.

Por un instante y en medio de una espiración profunda, el moreno se atrevió a entreabrir los ojos. Sus parpados moviéndose lentamente, casi somnoliento y entonces su mirada se encontró con el rostro del rubio justo delante suyo. Éste lo miraba con atención. A Harry le encantaba cuando sus plateados ojos lucían tan brillantes y accesibles.

Y de alguna forma inesperada, sus manos volvieron a moverse por sí solas, como atraídas inconscientemente por la presencia de su compañero. Buscando sentir la textura de la camiseta azul entre sus yermas, deseando tocar el borde de sus pantalones… quizás algo de la piel de su cadera, el hueso de su codo o la falange de su meñique. Simplemente su instinto parecía ser capaz de convencer a su cuerpo y propulsar sus impulsos físicos. Como una instigación constante, que tal vez tendría el recuerdo de la piel de su compañero como el único y necesitado toque de un amante. Habían pasado tan sólo horas y sus manos ya lo extrañaban.

Y el cuerpo no mentía.

-Muy bien.- Draco le sonrió con la misma suavidad con la que le hablaba o le tocaba. El color rosado y ligeramente brillante de sus labios, le recordaron otras actividades mucho más placenteras y lo deliciosa que le había resultado esa boca, durante la noche anterior. Sintió ganas de besarlo. Incluso sus manos cosquillearon. –Ardha uttanasana.-

-¿Qué?-

-Ardha uttanasana, es una postura para ir mejorando lentamente la flexibilidad de la cintura, la espalda y los muslos. Mira…- estando frente a él, se situó de lado y se inclinó hacia adelante, depositando sus dos manos sobre sus rodillas. –Es importante mantener la espalda recta, ni llevar los hombros hacia las orejas y vas bajando las manos por las piernas a medida que te vayas acostumbrando.-

Harry reconoció el ejercicio de los muchos tantos que el rubio había realizado en el gimnasio del cuartel. Él ya lo había visto tocar con las manos el suelo junto a sus pies y presionar la frente contra las piernas. En cambio, él estaba apenas seguro de poder sostenerse con las manos sobre las rótulas. De hecho, si se inclinaba un poco más, sentía que le molestaba la espalda y le temblaban las rodillas. No quería ver la cara del rubio cuando se diera cuenta que tenía la flexibilidad de un anciano.

-La espalda recta.- le dijo el rubio poniendo su mano izquierda a la altura de la cinturilla del pantalón, mientras que la derecha le empujaba ligeramente desde el pecho hacia arriba. Eso sí le tiraba desde la parte de atrás de los muslos y un poco en el trasero. Era del tipo de dolor que nunca antes había sentido en esos lugares. –Muy bien. Inspira hondo y exhala. Cuenta lentamente hasta cincuenta…- y comenzó otra vez la letanía de las respiraciones profundas, las sensaciones dentro de su cuerpo y su cabeza nuevamente vaciada de todo pensamiento, salvo por los números que iba contando y que se dibujaban enormes tras sus parpados cerrados. Mientras el rubio continuó tocándolo y asegurándose de que la postura estuviera bien ejecutada.

-Cincuenta.- advirtió y con una pequeña palmada sobre su espalda, Draco lo dejó levantarse completamente. El moreno debió mover la espalda y los hombros para aligerar un poco la tensión. –No estoy acostumbrado a esto.- se quejó.

-¿Te molesta mucho?- le sintió caminar hacia su espalda y tocarle la cintura, presionando sus pulgares hacia la zona lumbar. Harry se dejó hacer.

-No, pero me hace sentir como un viejo…-

-Mueve un poco las caderas.- indicó, situando sus manos sobre ellas e imponiéndole un movimiento circular. –Levanta el brazo izquierdo e inclínate a la derecha.- el moreno lo sentía a su espalda, respirando contra su cuello, sus manos otra vez viajando y presionando en los lugares correctos, pronto sintió que su cuerpo se relajaba de nuevo. –Ahora el otro brazo.-

-Sí…- suspiró. -Mucho mejor.-

-Por ésta vez terminaremos con un último ejercicio, Phalakasana o más conocido como "tabla" o "plancha".-

-¿Y eso es?-

-Apoyarte sobre el suelo con las manos y la punta de los pies.- Draco hizo el primer movimiento para enseñárselo y el moreno comprobó una vez más, que era un ejercicio que ya había presenciado. –Las manos deben ir alineadas bajo los hombros y la espalda recta… siempre recta.-

-Ok.- inspiró, arrodillándose a su lado y poniéndose en posición. No era algo difícil, pero por un vago momento recordó por qué había considerado todos esos malabares y esoterismos como algo ridículo. Justo ahora se sentía un poco ridículo también.

-Recuerda las respiraciones profundas y contar hasta cincuenta.-

-Bien.-

Y de nuevo el mismo proceso. Cerrando los ojos se dispuso a contar. Cerca de un minuto después anunció los cincuenta, pero el rubio le instó a mantenerse ahí y sostener la posición. Cuando Harry giró el rostro para mirarlo, vio que Draco estaba recostado de espalda junto a él, sobre el suelo y con el libro de Tantra entre sus manos.

-¿Me vas a leer algo más?-

-Sí. Algo más sobre el sexo en el tantra.- él asintió y movió un poco las manos, empezando a sentir la tensión en los tríceps. Ya comprendía por qué el rubio tenía unos brazos tan tonificados, pero tan elegantemente alongados y elásticos. –"En el tantra, el ritual del sexo se llama Maithuna y contrariamente a la educación represiva de occidente, busca que se sienta la armonía de esta función de la energía. No se condena al sexo, sino que se incita a él, pero no como libertinaje sino como un acceso a niveles profundos de consciencia y de compartir la energía, sin que la mente interfiera con su falsa moral y creencias equivocadas. De éste modo la energía fluirá sin culpas, ni ideas de pecado."- lo vio pestañear un par de veces, antes de dar vuelta la página. –"La energía sexual es sagrada, portadora de vida. El tantra aconseja como algo importante evitar la eyaculación. La energía que es normalmente liberada hacia afuera en la eyaculación debe utilizarse como poder espiritual, en el ascenso por la columna astral y en la activación de los siete chakras de la consciencia. De éste modo, el sexo no debe considerarse como una descarga genital, sino como un intercambio de las energías de la pareja, como fuente de placer, de vida y de transformación. Así también, la energía sexual estimulada se verá traducida en actos de creatividad, intuición, mayor inspiración, más vitalidad, enorme capacidad para conocer tus procesos internos y un poder interior nunca antes sentido."- entonces la voz del rubio se detuvo y dejó descansar el libro sobre su pecho, lo miró. -¿Te hace sentido después de lo de ayer?-

-Bueno, es cierto que hay diferencias. Usualmente tener sexo cansa, por todo el movimiento y la excitación y me da una sensación de letargo después de correrme, pero ayer… después del primer orgasmo aún me sentía entero, con ganas de hablar y hacer, no sé… cosas. Podríamos haber jugado ajedrez mágico o salido a pasear en escoba y no me habría importado. Y después del segundo orgasmo, a pesar de todo el esfuerzo y la intensidad, no sentí ningún tipo de somnolencia.- observó sus dedos apoyados sobre el suelo de madera, su cabello negro enmarcando la imagen. Todo aquello podía parecer muy ridículo, pero las sensaciones eran las adecuadas. Podía reconocer que el bienestar estaba allí. -Fue extraño.- dijo y se giró de nuevo hacia el rubio. Observó su cabello claro, desparramado y matizándose hermosamente sobre el suelo dorado, mientras su rostro de expresión relajada lo miraba con interés. Definitivamente esa camiseta azul le sentaba maravillosamente. –Me sentía muy bien, relajado pero animado… como dice el libro, estaba como vitalizado.-

-Para ser honesto, me sorprendió que lograras dejar ascender tú energía con tanta facilidad. Yo sólo debí presionar un poco de magia y tú cuerpo se liberó naturalmente. No todos lo consiguen la primera vez.- mitad sonrisa, mitad burla. –Hasta para eso eres El Elegido.-

-Muy gracioso. ¿Ya puedo dejar esto y sentarme? Se me están cansando los brazos.-

-Todavía no. Ahora escucha: "Al entrar a la unión sexual mantén fija la atención sobre el fuego inicial, evitando llegar a los rescoldos del final. Creando un círculo que no tiene principio ni final, los amantes sentirán cómo si se convirtiesen en una sola ola de energía. Permitiendo que ambos disfruten, gocen de los cuerpos, del contacto de la energía de las almas y mezclándose el uno con el otro, como en un dínamo de luz. No existe pérdida energética, sino revitalización y comunión, traspasando las barreras de lo personal a lo transpersonal. El Tantra destaca el hecho de que el primer chakra (Muladhara) de la energía sexual, ubicado en la base de la espina dorsal, es el origen de todos los demás centros de energía. La energía sexual es el pilar para el amor, la comunicación, el vigor mental y la estabilidad espiritual. El sexo crea lo que llamamos placer, pero el placer es de hecho la energía del primer chakra resonando a frecuencias más elevadas de vibración. Tener placer es entonces, una manera de elevar la vibración del cuerpo, la mente y el espíritu. Como norma espiritual, cada uno de los siete chakras o centros de energía del cuerpo, tienen su fundamento en los chakras precedentes y en sus funciones relacionadas. Todos los chakras tienen su base en el primero, el que incluye la base de la columna, las piernas, los órganos sexuales y las caderas; de modo que puede ser visualizado como una extensa pirámide con una base fuerte y cada uno de los siguientes chakras como peldaños sobre ésta. Una relación verdaderamente holística con el compañero implica relacionarse con él en todos los niveles, sexual, amorosa, mental y espiritualmente. Mediante la relación con otra persona, ya sea a través del amor o el sexo, tiene lugar una gran cantidad de intercambio psíquico. Esto también es cierto con cualquier otro sentimiento o estado de consciencia, considerándose al ser humano como una radio con siete emisoras, emitiendo simultáneamente con todas ellas."- terminó de paladear la última palabra antes de bajar el libro y mirarlo otra vez directamente a los ojos. –Siempre se está en intercambio con el mundo y todo lo que se proyecta desde uno mismo, será sentido por las personas alrededor.-

-¿Te refieres a mi magia perturbada?-

-Y a tú ánimo, a los sentimientos de confusión o frustración, o el deseo de mantener distancias con los demás.- el rubio lo miraba de frente, a veces desviando los ojos hacia cualquier lugar, mientras intentaba explicarse. –Un ejemplo es lo que sucede con Teddy, ser licántropo lo hace muy susceptible a las energías de su entorno, a tú influencia y a la de Andrómeda. Pero esto también es un hecho para todo el mundo, a lo que puedas hacer sentir a tú división o a tus amigos.-

-Lo entiendo.-

-Otra forma de explicarlo es como cuando uno siente el deseo en otra persona… cuando uno va a un pub o va con intención de conquista.- el moreno sonrió asintiendo, sabía de qué lo le estaba hablando. ¿Cuántas veces sintió las intenciones de algunos hombres, como una atmosfera sugerente a su alrededor? –Es algo que llega a resultar evidente, ¿no?-

-¿Algo tan simple como eso también pueden ser llamado como vibraciones del primer chakra, de la energía sexual?-

-Sí y no hay nada de simple en eso. Es el instinto y todo sentimiento merece la pena ser sentido.- esa parecía otra de esas frases llenas de sabiduría, tan propias del rubio. Harry en ese momento se preguntaba sí todas las sensaciones de su cuerpo serían tan fáciles de leer.

Lamió sus labios. Sus ojos aún detenidos en el rostro del hombre recostado a su lado, observando el color de su iris, el hermoso largo de sus pestañas y la encantadora curva de sus cejas platinadas. ¿Draco podría comprender las sensaciones que mirarlo le provocaba? ¿Las sensaciones del recuerdo de la noche pasada, de sus manos tocándolo y su boca besándolo? ¿Sería tan fácil como eso? ¿Alguno de sus extraños puntos llenos de misterio y atributos esotéricos, podrían exponer las sensaciones en su interior?

El rubio lo decía como si pudiera descubrir los pensamientos dentro de su cabeza, como si fuera legeremancia sobre su cuerpo.

-Lo haces parecer algo fácil… el comprender las sensaciones dentro de la gente.-

-No, es cierto que no es fácil, pero es cosa de prestar atención a las expresiones, a los pequeños gestos, al ánimo y a la magia.- entonces el rubio inclinó un poco el rostro y lo miró con gesto intrigante, el libro dejado olvidado a un lado. –Por ejemplo, puedo decir que tienes unas intensas ganas de tocarme.- el moreno alzó un poco las cejas, no sabía que había sido tan notorio.

-Bueno… sí…- sentenció sin decir nada más hasta que fuera el rubio quien pronunciara la siguiente palabra. Movió sus manos sobre el suelo.

-Y no has hecho nada.-

-Es sólo que… no estoy seguro de que sea el momento o que sea cómodo para ti.-

-Puedes hacerlo, es natural que quieras.- se alzó de hombros y medio sonrió con ese gesto pícaro e insidioso, lleno de unas intenciones que el moreno tenía la esperanza de interpretar correctamente. -Hemos tenido sexo, nos hemos tocado de forma íntima, es obvio que se desee mantener ese contacto placentero. Lo extraño sería que no quisieras o no sintieras nada.-

-¿Entonces está bien?- lo vio asentir y el sólo pudo pasar algo de saliva por su garganta. Otra vez sintiendo un cosquilleo en la palma de sus manos.

Sin pensarlo demasiado y manteniendo todavía esa postura impuesta, Harry se deslizó con sus manos y pies a través del suelo hasta situarse justo sobre el rubio. No estaba en sus pensamientos, pero tal vez la idea de poder acariciar a Draco otra vez, le había atribuido algo de sensualidad a toda esa concesión y su cuerpo simplemente se dejó arrastrar con dominantes movimientos felinos y el intenso gesto de la doma. Sus ojos sin alejarse en ningún momento de la plateada mirada de su compañero, cuyas pupilas se paseaban en torno al atrevimiento de sus acciones.

La espontaneidad parecía un plan de seducción.

Sus manos se detuvieron a ambos lados del aquel rostro pálido, la sedosa textura de sus cabellos a sólo centímetros de sus dedos. La distancia de su brazo extendido, de pronto se le hizo un poco largo. Una distancia que podía y quería ser disminuida.

-Erh… entonces, ¿puedo dejar ya esta posición?-

-Claro.- y bajo el influjo de su sonrisa, sus rodillas tocaron suelo y su mano derecha tuvo el deleite de tocar su mejilla. –Y para que lo sepas, el Ardha uttanasana y el Phalakasana ayudan al fortalecimiento del Manipura.- comentó el rubio, antes de llevar sus dos manos hacia ese conocido lugar donde Harry ya sabía se encontraba su chakra. Una tibieza comenzó a expandirse bajo el tacto de aquellas palmas.

-Bien…- susurra, aunque más que escuchar sus palabras las observa salir desde el suave movimiento de su boca. Entonces él se permite el resbalar de sus dedos a través de su piel, dejar que su pulgar se pierda hacia el camino de su labio inferior, tocando la piel aterciopelada apenas con la yema. –Recordaré trabajar en ella…- prometió sin realmente estar seguro de lo que decía. –Pensé que esto se limitaba sólo al sexo, que no habría otro contacto salvo aquel.-

-Esto es holístico, es total, es algo que integra todos los aspectos del individuo. No se puede encender o apagar una sensación o un sentimiento como si no fuera nada, tampoco puedo darte un horario sobre cuándo, cómo o bajo qué circunstancias puedes tocarme. Las cosas no pueden funcionar así, ¿no crees?-

El moreno medio sonrió, sabiendo que esas palabras le daban permiso para hacer lo que él quisiera, otra vez. Eran la perfecta excusa que lo liberaba de cualquier limitación, de cualquier autocensura. Por eso ahora su pulgar podía regodearse con derrapar sobre la curva de esos labios cuyas palabras eran dádiva, ese delgado surco sobre su labio superior y que le parece encantador, la delicada curva bajo relieve que conducía a sus dedos hacia esa barbilla de niño aristócrata.

Ahora él podría hundir su nariz en el aromático cuello de su compañero y no tendría que pedir autorización. Era su instinto. Su naturaleza. Draco le daba su beneplácito para expresarse cómo quisiera.

-¿Esto es lo mismo que haces con Teddy?- esa pregunta nuevamente y sus ojos estaban perdidos en los labios del rubio, esperando por leer las sílabas siendo pronunciadas.

-¿Lo mismo? Si fuera lo mismo, tendrían que arrestarme por pederasta.- Harry frunció el ceño y enfocó sus ojos, entonces el rubio sonrió y movió su mano derecha desde el abdomen del moreno hacia su cuello. Allí colgó sus dedos, acariciando suavemente la línea de su cabello. –Sé a lo que te refieres y en esencia sí, esto es lo que hago. A veces los días parecen ásperos y algo tan simple como esto cambia toda la perspectiva.-

Él respondió con un asentimiento y mientras su nariz su hundía en la delgada muñeca que tenía a disposición, acariciando la piel allí donde se veía el tono azulado de sus venas y sentía la calidez de aquellas manos consentidoras, la una tocando su abdomen y la otra su mejilla; de pronto en su mente apareció la inquietud de si "esto" sería lo mismo que habría hecho con Neville también.

¿"Esto" significaba ser buenos amigos? Suspiró y dejó un casto beso, presionando los labios y recibiendo su pulso como respuesta.

Finalmente se dejó caer sobre el cuerpo del rubio, ocultando la cabeza en su cuello y permitiéndose olisquear aquella curva justo al inicio de su garganta. La distancia de sus manos y rodillas sosteniéndolo, se le antojaba innecesaria y la sensación de sus cuerpos tocándose todavía le resultaba atrayente. Pronto percibió el movimiento de esa respiración y el latido de aquel corazón, palpitando constante y rítmicamente en algún lugar un poco más lejos que su propio corazón. Se preguntó si su peso le resultaría incómodo a Draco.

Apenas Harry se hubo acomodado contra su cuerpo, el rubio movió una de las manos hacia su nuca y la otra a su espalda. Acarició su cabello con movimientos pausados, aceptando el acercamiento y la presión de la carga. Potter parecía necesitar el contacto y eso era lo que importaba. No supo por cuánto tiempo estuvieron ambos juntos sobre el suelo, compartiendo un abrazo lánguido y estrecho; pero en algún momento, esos simples roces de manos y dedos se fueron transformando en suaves toques de labios. Primero fue aquella boca presionándose contra la base de su cuello y comenzando a escalar hacia su rostro, a su mandíbula, su mejilla y por último, a sus labios.

No lo había premeditado, pero de un instante a otro, todo lo que hacían era besarse y Draco debía reconocer el inmenso placer que lo hacía sentir. A diferencia de otros besos que se habían dado, éstos eran el suave y calmo rozar de sus labios, la presión de sus bocas, una sobre otra. Movimientos tentadores, la fricción de la piel caliente, la viciosa punta de su lengua tentando la entrada y el sugerente sonido de la humedad.

El rubio suspiró quedamente, sabiendo que si dejaba que las cosas continuaran por ese camino, entonces era probable que Potter quisiera tener sexo otra vez y él no le podría decir que no. Si al hombre le apetecía follar durante todo el día, Draco lo haría, haría todo lo que él quisiera, pero ese no era el propósito de pasar el fin de semana juntos.

Lo importante era que el moreno se alejara del trabajo y volviera a disfrutar de otros aspectos de su vida, como divertirse con su ahijado, descansar sin preocupaciones y sentir placer. No podía permitirle sumirse sólo en lo físico.

Y ese Potter parecía tener la cabeza en los pantalones. Aunque podía entenderlo, con la investigación y la separación con el chico Creevey, parecía hundido en la abstinencia. Aun así, para ser honestos, siendo El Salvador del Mundo Mágico y galardonado con la Medalla de Merlín o quién sabe qué otra parafernalia, Draco nunca se habría imaginado que el moreno no viviera rodeado de decenas de jóvenes hombres ofreciéndose constantemente y sin pudor. Con todos sus beneficios, no lo podía concebir fuera del abuso de su calidad de Héroe de Guerra.

Al parecer ninguno tenía en muy alta estima al otro.

En el preciso momento en que sintió que el hombre le mordía el labio, el rubio consideró la importancia de detener su ímpetu cuánto antes.

-Aún… debemos desayunar…- dijo apenas contra los labios del hombre que lo aprisionaba contra el suelo, -antes de ir… donde Andrómeda.-

-¿Mnh?- su voz sonó como un murmullo al fondo de su garganta, todavía inmerso en el gusto sobre su paladar.

-Desayuno, Harry…- repitió el rubio, llevando ambas manos hacia las mejillas de su compañero e intentando darse un poco de espacio. Lamió los labios del otro, antes de alejarse lo suficiente y preguntar: -¿Qué quieres para desayunar?-

Harry abre la boca y muerde el aire, resistiéndose a tomar otra vez esos labios. Él sólo había deseado el tacto de su piel y las cosas habían llegado así de lejos y tan fácil, como si el rubio también lo hubiese deseado. ¿O era que sólo se dejaba hacer sin considerar límites?

Respira profundamente y sabe que debe seguir acatando aquellas peticiones. Y si Draco le dice que era momento de desayunar, él no se negaría.

-¿Qué debería?- dice y su nariz traza caminos llenos de mimo contra la mejilla pálida.

-Lo que quieras… ya terminaron las restricciones y las obligaciones.- y a sus oídos, la voz del rubio le parece cándida.

-¿En serio?- le pregunta. Sonaba tentador, pero sabe que no es eso a lo que se refiere su compañero. No a lo que él tiene en su cabeza. -¿Tostadas y café?- esboza una media sonrisa.

Draco finalmente le da unas suaves palmaditas en la espalda y después de tiras y aflojas, regodeo y flojera, se levantan.

Desayunan y conversan por más tiempo del necesario, pero se resisten a apurar una actividad que de pronto se torna tan cómoda y relajada. Luego lavan la loza, ordenan la cocina, el living, el dormitorio y después de cambiarse de ropa, van hacia una repostería y compran un tiramisú de postre. A eso de las doce y treinta, llegan hasta la casa de Andrómeda. Teddy estaba terminando de poner la mesa cuando ellos aparecieron en el patio trasero, el niño se abalanzó sobre ellos con una sonrisa expectante.

Al parecer hacía mucho que Harry no los acompañaba a almorzar y el rubio lo pudo comprobar al ver su sonrisa entre avergonzada y apenada.

De manera natural, disfrutaron de un delicioso estofado de carne y puré estilo irlandés. La anfitriona a la cabecera de la mesa, parecía encantada con la visita aunque lo único que hacía suponer su estado de ánimo, era el brillo entusiasta que poblaba sus ojos. Por su parte, Draco y Harry se ubicaron a ambos lados de la mujer -a la izquierda y derecha respectivamente-, mientras que el pequeño Teddy se afanó en sentarse junto al rubio, quien más de una vez se tuvo que enfrentar a dos conversaciones simultáneas.

El niño estaba tan contento que era imposible ignorarlo o recriminarle algo. Draco sólo podía mostrarse honrado de que Teddy se sintiera capaz de ser tan sincero y confiado con él. Siempre atento y cariñoso con su recién descubierto tío-primo. Y si bien por un momento se sintió preocupado por la reacción del moreno, después de todo él era el padrino y no quería que pensara que le estaba "robando" el amor de su ahijado, al mirar a Harry sólo pudo ver lo satisfecho que estaba sobre toda la situación.

De hecho, parecía muy pendiente del intercambio de palabras que compartían ellos dos y cuando Draco lo miraba, el moreno le respondía con una risa divertida. De ese modo transcurrió el almuerzo, con una liviandad esperada y con muchas sonrisas en el rostro. Teddy se volvió un poco loco, cuando llegó el momento de comer el tiramisú.

Salieron de casa de Andrómeda a eso de las tres de la tarde, con dirección al zoológico de Londres. Estuvieron paseando y escuchando a Teddy hablar de los diferentes animales, hasta aproximadamente las cinco. Luego caminaron por Regent's park, visitando los jardines de Queen Mary, el anfiteatro al aire libre y los botes del lago, hasta cerca de las siete. Mucho más tarde de la hora de cierre, pero sino, para qué sirve ser mago y poder entrar y salir de dónde quisieran y cuándo quisieran.

Prohibido decírselo a Andrómeda, porque podría pensar que era una mala enseñanza para Teddy.

Salieron del parque a través del Centro de Cultura Islámica y tomando Park road, caminaron hacia el sur. Algunas cuadras después, por Gloucester, Draco escogió una cafetería donde comer algo y entonces regresarían a casa. Al principio Teddy había recomendado una conocida cadena de comida chatarra, pero el rubio sólo debió apelar a una madures que el niño aún no formaba, explicándole los beneficios de un lugar tranquilo y silencioso para conversar y el chico había aceptado. Como si la calma y la afonía fuese algo atractivo para un niño.

Pero lo cierto es que Teddy había comenzado a apreciar la serenidad y sobre todo la conversación. Él deseaba comunicarse, le urgía que lo tomaran en cuenta como a un ser con opinión, con decisión y Draco había explotado esa necesidad de sentirse considerado exigiéndole sosiego, para ser recompensado con atención. Era simple auto-regulación. Autocontrol. Y hasta el momento, marchaba muy bien.

El rubio no sabía cómo era la relación de Teddy con su abuela y padrino, pero el hecho de sentarse en un lugar para adultos, pidiendo del menú como un adulto y permitiéndole conversar con y entre adultos, parecía constituir para el niño toda una esperada revelación. Parecía contento y ansioso, sólo por estar en una cafetería.

Sería que tal vez todos estaban demasiado ocupados con la rutina, para darse cuenta que el niño estaba creciendo y que habían otras exigencias que comenzaban a hacerse notorias con la edad. La voluntad comienza a hacerse poderosa. La opinión se hace más clara y determinante. La aceptación y la legitimación del individuo se transforma en una urgencia.

Draco podía comprenderlo, porque era lo mismo que había sentido siendo niño, rogando por la deferencia de su padre. Y lo mejor que le había sucedido era haber ido a Hogwarts, haber convivido con gente de su edad, haber experimentado los problemas de la adolescencia entre personas que le daban el valor necesario. También sería un privilegio para Teddy.

De camino a casa de Andrómeda, el niño tomó su mano.


Harry y Draco regresaron al departamento de este último a eso de las diez de la noche, luego que su ahijado cayera rendido en el sofá del living. El chico se había dormido en las rodillas del moreno, luciendo el cabello ligeramente más claro de lo habitual. Ya ni siquiera era el tono castaño de su padre, sino algo más cercano a la mostaza. Muy nuevo y distintivo.

Ninguno quiso mencionarlo, pero era evidente que era influencia de Draco. Teddy se estaba "Drac-izando".

Harry había acariciado aquellos mechones, deslizando los dedos a lo largo de su cabeza, con la misma tranquilidad que llevaba experimentado durante todo el día. Y justo en ese momento, con Teddy dormido sobre sus piernas y sus manos mimando los cabellos, fue consciente de ese inesperado relajo. Esa calma que hacía que los músculos de todo su cuerpo se sintieran aflojados e incluso su magia podía percibirse armónica y ondulante. Lejos de toda preocupación o perturbación. Y ni siquiera se había acordado de la investigación.

…Aún menos cuando estuvieron de vuelta en el departamento y el rubio le preguntó si le apetecía quedarse de nuevo. Quién diría que no.

Él nunca hubiera pensado en Malfoy como una buena compañía en un zoológico, con animales sin ningún otro valor que sobrevivir a la extinción y demasiados muggles dando vueltas por todas partes. Tampoco pensó que sería de los que caminaban largas extensiones y sólo por gusto, siendo que los magos estaban acostumbrados a ir y venir por trasladores, red flu y desaparición. Pero esas eran consideraciones vanas, algo que podría estar simplemente vinculado a una conducta modificada. Otra cosa muy diferente era llevar de la mano a un niño o sonreírle con ese gesto brillante y absolutamente hermoso. Eso era parte de él, de su forma de ser. Era sincero y espontáneo.

Eran ese tipo de imágenes las que le habían otorgado agradables sentimientos, los que le habían provocado esa placidez durante el día. Estar con Draco y Teddy habían sido sinónimo de aplacamiento.

Había sido un descanso que hace mucho no sentía.


Continuará =D

¡Por fin una escena completa! Y adoro la relación del Drarry junto a Teddy… en mi mente, casi parecen una familia.

Y nuestro moreno ya está experimentando los beneficios de la calma y la armonía que Draco le otorga. Todo parece volverse hermoso y reconfortante junto al rubio… y eso que sólo pasaron un fin de semana juntos =3

¿Me merezco un comentario? =D