Capítulo 14

El fin de la Guerra

La entrada de Charroux se le hacía la misma de siempre. En realidad, era normal llegar a esa conclusión, debido a que no creía que el pueblo hubiera cambiado demasiado en el tiempo que estuvo en el Reino Unido, haciéndole frente al Señor Tenebroso y a sus tropas. Dudaba que el pueblo hubiera cambiado en algo desde la época en que sus antepasados lo habitaron.

Llevaba una larga capa que le protegía del frío. Su figura destacaba de entre los muggles a su alrededor, no se preocupaba en parecer uno igual a ellos, tampoco su hermano parecía preocupado en camuflar su apariencia de mago; en todo caso, los muggles creerían que se trataba de dos excéntricos. Pasó de largo por la posada que le había dado cobijo una vez, también ignoró a la muchacha del puesto de flores, Blanche, aunque sus ojos estuvieron atentos por si veía a las dos personas que había venido a buscar.

Había transcurrido demasiado tiempo, no había tenido oportunidad de comunicarse con el pequeño Peter. Su hermano, James, a su lado, también lo buscaba, pero creía que sería mejor ir a la casa directamente. ¿Cómo estaría? ¿Qué tanto se habría preocupado? ¿Francis lo habría cuidado bien? ¿Cómo estaría Francis?

Arthur albergaba el deseo egoísta de que hubiera ocupado el pensamiento del muggle tanto como él había ocupado el suyo. Había tenido razones para luchar y seguir vivo, no solo por sus hermanos, sino una nueva razón, tan fuerte y vivaz como la anterior, que le infundía valor.

Alguien le había dicho que el arma más grande era el amor, él se rió por considerarlo una idea cursi, pero en ese entonces el Señor Tenebroso no había sucumbido ante el sacrificio de una madre por su hijo, influyéndole la magia más poderosa del mundo. Y un bebé, Harry Potter, logró lo que ningún mago capaz había conseguido hacer. Vencer al Oscuro e instaurar la paz en el mundo mágico.

Al llegar al hogar de sus antepasados, Arthur inmediatamente supo que algo estaba mal. Entraron a la vivienda que parecía, más bien, abandonada, como si nadie la hubiera habitado en todo este tiempo. Abrió la puerta y ambos adultos entraron, solo para encontrarse con un cúmulo de polvo, la ausencia y el abandono.

-¿Se lo habrá llevado a su casa? –murmuró Arthur, pero sabía que era una esperanza vana.

James señaló una nota sobre la mesa, se acercó a ella, la tomó y la leyó en voz alta. Era del Ministerio de Magia, que habían desmemoriado al muggle Francis Bonnefoy y a su hermana Monique Bonnefoy y habían llevado al mago menor de edad Peter Kirkland a una familia de magos en París. Seguidamente, daban la dirección.

-Tenemos que irnos ya –señaló James, pero al no recibir respuesta, dijo-: ¿Arthur?

Arthur le arrancó la nota de la mano, la miró como si todavía tardara en comprender lo que era una realidad. De repente Peter estaba lejos, en casa de unos desconocidos, a saber qué clase de trato estaría recibiendo. Y Francis ya no le conocía. Arthur ya no existía. Había llegado tarde y el Ministerio había actuado.

-Tenemos que irnos ya –repitió Arthur, aunque su voz sonaba parca.

James le tomó de la mano. Ambos se aparecieron en la zona mágica de París.


Descubrieron que Peter estaba siendo cuidado por un matrimonio de magos, Tino Väinämöinen y Berwald Oxenstierna, quienes los recibieron con cierta suspicacia al principio, hasta que Peter les reconoció como sus hermanos y, entonces, los dos esposos se mostraron más abiertos con ellos.

Tino fue quien les aclaró la mayoría de sus dudas, mientras Peter daba vueltas alrededor de ellos, sin caber en su felicidad por tener a sus dos hermanos de vuelta consigo. El Ministerio volvió dos semanas después de la ida de Arthur a Londres, con una sentencia de desmemorización para el muggle que había estado cuidando de Peter todos esos días. El implicado no podía oponerse, y aunque intentó resistirse, al final los aurores controlaron la situación. El hechizo fue aplicado en el Ministerio, lo único que sabían era que le habían asignado una nueva vida en la propia París. Sobre la muggle relacionada con él, se sabía que también estaba en París, viviendo otra vida separada de su hermano. Habían decidido borrar los recuerdos de los habitantes de Charroux referentes a los dos hermanos.

Peter fue asignado para quedarse en casa de Tino y Berwald, porque estaban metidos en el registro de padres voluntarios para casos especiales como aquel. Le cuidaron como si fuera su propio hijo, incluso había comenzado a darle clases de lunes a viernes de historia, matemáticas y escritura.

-¿Tienen pensado en dónde quedarse esta noche o se irán inmediatamente? –preguntó Tino, cuando James expresó la decisión de regresar al Reino Unido.

-Nos…

-Nos quedaremos –respondió Arthur antes que James respondiera-. Todavía nos resta buscar a otros dos hermanos, pero creo que por hoy ya no nos alcanza el día.

James arqueó una ceja, como si aquello le pareciera una mala excusa. Arthur agregó que estaba seguro que Peter tendría que hacer una maleta. Tino les invitó a quedarse en la habitación de invitados, con lo cual Peter se volvió mucho más feliz, e incluso consideró que deberían quedarse más tiempo en París. A Arthur la idea le tentaba, después de todo, no había mucho que lo atara a Londres. Las personas más importantes estaban reunidas en Francia.

Arthur anunció que iría a dar una vuelta, solo, y salió del edificio donde vivía la pareja. Entró rápidamente al París muggle, sintiéndose perdido, pero sabiendo que podía regresar al área que conocía en cualquier momento. Por lo demás, anduvo por las calles de París, recorriéndola lo más atentamente que podía. En un principio pronunció un hechizo de rastreo, pero éste no funcionó.

Caminaba, miraba y buscaba, pero no veía nada particular que le llamara la atención. En la noche, cuando tuvo que tirarse en un callejón, con las piernas agotadas, se dijo que no podía seguir a ese ritmo. Si quería seguir paseando por la ciudad, debía organizarse un itinerario. Compró una guía turística de París, que traía mapas de las partes de la ciudad. Cuando en casa de Tino y Berwald se fueron a dormir, Arthur se quedó un tiempo más en la sala, estudiando el mapa y decidiendo los sitios a visitar.

A la mañana siguiente, le dijo a James que fuera él a buscar a Emily y a Matthew en Beauxbatons, que él quería quedarse más tiempo en París para ver la ciudad. Peter se entusiasmó y le pidió que lo llevara, pero entonces, Arthur le sugirió la idea de que se divertiría más en un colegio de magos, con lo que Peter acompañó a James.

-Es imposible –le dijo James antes de partir-. Podrás recorrer todo París, pero es imposible.

-No sé de qué me hablas –le dijo Arthur.

-Bien, no lo sabes, pero luego no te decepciones –acabó por decirle.

Arthur ignoró las palabras de su hermano y siguió recorriendo París. Observaba, caminaba, se tomaba su tiempo para concluir que ya había permanecido mucho en un sitio y que sería mejor pasar a otro. De esa forma iba y venía, casi sin tomar un respiro.

No se había imaginado que París fuera una ciudad tan grande. O que albergara tal cantidad de gente. Arthur paseaba cabizbajo, casi sin dejarse mostrar, esperando ver más que el ser mirado. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, las largas caminatas no daban ningún fruto.

Y se cuestionaba qué hacía con su vida. Ya había perdido a un hermano, a sus padres, pero recuperaba a los que habían sobrevivido a la guerra, aunque los hubiera dejado con tantas consecuencias detrás: la cojera de Lorcan, las pesadillas de Liam, el vampirismo de James, su propia condena. ¿Por qué no irse, recomenzar en Londres ya que era un lugar seguro? ¿Por qué no se olvidaba de lo que ya nunca lo iba a recordar?

Cuando James regresó con Emily y Matthew, hubo una pequeña celebración en la noche, marcada por la tristeza y el llanto. A pesar de espantarse en un principio -como había sucedido con Peter-, Emily y Matthew aceptaron las consecuencias de la guerra en sus hermanos. Arthur, que conocía su deber, lo abandonó para dar otro paseo nocturno por la París muggle. Reconocía estar cometiendo un error, pero no podía obrar de otra manera. Tenía que equivocarse, abandonarlos, destruir un reencuentro.

Acabó por meterse en un bar. Bebió un poco, sin tener verdaderas ganas de ello. Varias mujeres se le insinuaron, él apenas les prestó atención. Cuando se dio cuenta que, en realidad, tampoco tenía dinero muggle, se escabulló del local y caminó por la noche de París. Descubrió estar rodeado de parejas, que caminaban estrechados el uno con el otro. Tal vez pasaran de la medianoche. Hacía frío, con lo que agradeció portar su capa que lo mantendría abrigado.

Regresó a la casa de la pareja de magos en la mañana. A esa hora, solo Tino y James estaban despiertos. Pensó que James le daría una reprimenda, pero en su lugar le dijo que tenían que decidir qué hacer a partir de ahora. ¿Cuánto tiempo se quedarían en Francia? ¿Cuándo volverían a Londres?

-No voy a volver a Londres –dijo Arthur, antes de razonar su respuesta-. Ahora no.

-No vas a encontrar a ese muggle. Y en caso de –agregó James-, él no se va a acordar de ti. Déjalo.

-No me voy a quedar en París buscándole, eso es idiota –masculló Arthur-. Solo… me quiero quedar aquí.

-¿Y los chicos? –preguntó James-. Emily y Matthew deben regresar a Hogwarts.

-Ellos pueden ir contigo. Yo me quedaré aquí un tiempo más. Indefinido. Hasta que. Considere necesario regresar –dijo Arthur.

Algo en la vehemencia con que hablaba Arthur le hizo comprender a James de que nada le valdría sus razones, que Arthur estaba decidido a quedarse.

Los Kirkland acabaron permaneciendo en París más tiempo de lo esperado, alquilando una pequeña habitación en el centro mágico. Arthur apenas residía en ella, porque era más el tiempo que pasaba afuera, en sus interminables paseos por París. A veces, Emily y Matthew le acompañaban, pero quedaban agotados pronto, sin poseer el mismo ánimo que movía a Arthur.

Un pensamiento recurrente era el tener la certeza de que ya no existía para él. Generalmente acababa en un bar guiado por el fluir de sus ideas, una detrás de otras, apuradas por una copa. Tenía que perder partes esenciales de su vida, ya fuera por una causa u otra. La muerte y el olvido gobernaban su entorno. Muerte y olvido.

Había aprendido que, en realidad, era un ser débil. Porque por más poderosa que fuera su magia, esta nada le servía en su vida. No se podía revivir a los muertos, una vez que los recuerdos desaparecían ya no volvían. Cuando se sintió demasiado hundido para seguir bebiendo, comenzó una nueva caminata.

Se detuvo en un puente, porque el llanto le impedía dar el siguiente paso. Se sentó, ocultó la cabeza entre sus manos y dio rienda suelta al desahogo de su dolor. A cada lágrima, este se intensificaba, como si una vez liberado no pudiera calmarse.

-¿Estás bien? –preguntó una voz de ensueño.

Arthur tuvo miedo de mirarlo, porque le parecía que si alzaba la cabeza, Francis iba a volver a desaparecer. No soportaría perderlo nuevamente. No podía. Sin embargo, debía arriesgarse a sufrir otra desilusión.

Al volverse, descubrió los mismos ojos que se había imaginado todos estos meses, mirándole preocupado. Era el mismo rostro, el cabello largo, la figura delgada. Y era un desconocido. Francis, cuando le vio la cara, se estremeció, pero no se alejó.

-¿Estás bien? –repitió-. ¿Te han robado?

Arthur sintió más deseos de llorar.

-Ven, hace mucho frío. No parece que seas de este barrio –le dijo, tendiéndole la mano.

Arthur se la tomó, sin pensárselo dos veces. Lamentó que estuviera enguantada. Quería tocarle la piel, quería agarrarle como si así evitara que se esfumara en la noche.

-¿Eres real? –preguntó Arthur, levantándose.

-Sí, soy real. ¿Dónde te hospedas? –le preguntó.

-No… eso no importa –dijo Arthur-. No sé a dónde ir –mintió-, me han robado, no tengo modo de contactarme con mi familia, no tengo nada.

-Puedo prestarte el teléfono de mi casa –se ofreció Francis.

Tan amable como siempre, como si no considerara el peligro de confiarse tan rápido a un completo extraño; y un extraño tan horrible como yo. Arthur asintió, sin poder dejar de llorar.


Actualización temprana! Porque me apetecía actualizar algo ya que tengo el tiempo.

Es muy triste cuánto ha bajado el número de comentarios de unos capítulos para acá... ¿les ha decepcionado la historia y prefieren pasar de ella? :( sob.

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Nos vemos! y... ¿comentarios?