Capítulo 14: Futuros
Skin condujo hacia el sur en el Mercedes Hertz, sintonizo la antena rastreadora, y dejo vagar sus pensamientos mientras escuchaba a la policía en su red.
No habían podido localizar el Cougar azul, pero el americano, Allen había usado si tarjeta de combustible de Texaco en una estación de servicio de Kentleman City. Era verdad que se dirigía al sur. Ya habían pasado Santa Clara y se dirigían al laberinto de autopistas que cubría los Ángeles.
Skin estiro la mano hacia arriba y examino el rastreador, había permanecido en silencio por algunos minutos. Se oía la estática que indicaba la claridad de la señal. Un camión con remolque paso a su izquierda, llevando tres enormes generadores a algún destino en donde proporcionarían energía eléctrica a alguna persona libre. Libertad personal. Estados unidos se levantó en la idea de que los hombres como individuos eran supremos, a pesar de la lenta erosión de esos derechos en los últimos años.
Quizás Estados Unidos y Arabia tendrían algún día algo en común una variedad limitada de libertad personal. Aunque el rey Ashraf en realidad no se hallaba listo para abrir sus puertas al ciudadano común, entendía que la libertad más que la mayoría en el país. Por otra parte, los militantes extremistas negarían la libertad en nombre del profeta, y usarían la espada para reforzar las creencias. Una terrible vergüenza.
El mundo había cambiado. En la opinión de Skin, a menos que su país cambiara, se seria hundida en los mares de la historia. El deseaba proteger el reino de eso. Y si eso requería la muerte de una joven llamada Road, así seria. No que deseara asesinarla ahora. Después de todo era ella parte de la familia real.
Skin suspiro. Este era un mundo complicado y que odiaba.
El rastreador dio señales.
–Unidades cerca de la cinco y Balboa, respondan a un posible avistamiento de un vehículo que corresponden a la descripción del Cougar Azul. El helicóptero reporto a un vehículo saliendo de la autopista, rumbo al occidente en Balboa.
Balboa. La salida estaba directa aquí adelante. Skin miro en su retrovisor y pasó el Mercedes al carril derecho. Se aceleró su pulso, así que su juego resulto. El rastreador volvió a sonar.
–Enterado 512. Vamos allá. Estamos a 15 kilómetros al sur sobre la cinco. No hay mucha distancia hasta allá después de la parada de camiones.
Un corto silencio. Skin acelero al pasar un letrero que informaba que la salida a balboa estaba a kilómetro y medio adelante.
–Confirmo. Esa parece la parada de camiones. El helicóptero de dirigió al sur y estará fuera del campo de visión dentro de poco. ¿Cuánto te demoras?
–Dame 15 minutos.
–15 minutos, entendido.
Skin palpo el bulto de su chaqueta tocando la pistola. Tenía quince minutos.
La parada de camiones a un costado del norte de balboa, como a doscientos metros de la autopista en el centro del polvoriento estacionamiento. El ambiente seco y vacío no correspondía para nada a la idea de Road de lo que debía ser California.
–No has experimentado Estados unidos hasta que te sientes en la cafetería de una parada de camiones llena de humo, y te hayas llenado del picadillo que venden–afirmo Allen.
– ¿Cuánto tardaremos para llegar al Departamento de Estado? –pregunto Road.
Eran las ocho de la mañana.
–Dos horas. Tenemos una hora para quemar.
Se bajaron del auto.
–Comamos un poco de grasa–añadió el guiñándole el ojo.
Pasaron al comedor a través de un pasillo con poca iluminación con máquinas electrónicas y de videojuegos. El aroma suave de tocino y huevos a la plancha llenaban el lugar. Una mujer con un delantal de cuadros azules con rojos hacia un leve ruido al mascar chicle mientras ellos se acercaban.
– ¿Dos? –pregunto la mujer.
–Dos–contesto Allen.
La mujer los coloco en una mesa que daba al estacionamiento. El Cougar Azul de Allen estaba al lado de un Toyota corona, un poco oxidado por la brisa salada del mar en la costa. Aparte de eso, estaba vacío el estacionamiento. Road reviso el menú. Había desaparecido la soledad que embargaba su corazón la noche anterior. El nuevo plan que tenían y la promesa de comida caliente regreso su buen humor. Solo pocos días atrás había estado al lado de Alia en un bazar, oculta detrás de una abaya, planeando su improbable escape. Ahora estaba sentada frente a un "Estadounidense" llamado Allen, tratando de elegir entre el picadillo y los helados que se ofrecían en la cubierta. Ella estaba segura de que si Sam venía a Estados unidos podrían construir entre los dos una buena vida.
Levanto la mirada y vio que Allen la observaba.
–Y bien, ¿Qué deseas comer? –pregunto él.
– ¿Son papas el picadillo?
–Cortadas en tiras y fritas.
– ¿Las recomiendas?
Asintió levemente mientras sostenía el menú en sus manos.
–Entonces quiero este–decidió ella sonriéndole.
–Yo también – concordó Allen dejando a un lado el menú.
–Eres afortunado, Allen Walker.
– ¿Por qué lo dices?
–Por vivir en un país hermoso y limpio.
–No permitas que los arboles te engañen, querida mía. He oído que hay duendes y monstruos en el bosque.
Élsonrió un poco avergonzado. Road pensó que su forma de hablar era parte del hechizo estadounidense.
– ¿Y qué quieres decir?
–Bueno, en realidad yo estaba haciendo un comentario tosco de que detrás de las sonrisas falsas que ves en todos lados, te prometo que encontraras caras duras que te harán parecer seco el picadillo que estas a punto de comer. El lado feo de la naturaleza humana no es exclusivo de las potencias.
– ¿Así que la mayoría de Americanos son criminales?
–No. Pero somos los primeros en los departamentos plásticos.
–Plástico. Como falso. –opino ella–. Eres cínico; ¿te lo ha dicho alguien?
Allen se encogió de hombros. Y sonrió levemente. Ella sonrió y se deslizo de su asiento.
–Perdón–dijo ella–. Me gustaría arreglarme un poco.
–Regresa al pasillo al lado de las máquinas electrónicas–contesto él, señalando detrás de ella.
Allen la observo ir hacia el pasillo, vestida con sus jeans y su blusa blanca, y no pudo negar las extrañas sensaciones que lo habían sorprendido durante su viaje. Ella lo atraía, pero ¿Por qué, además de su belleza? Ellos, Road y el, eran iguales en una forma poco común. Los dos eran inadaptados sociales en sus mundos, rebeldes con causas. En otras maneras era diferentes de lugares separados totalmente distintos. No sentía por ella otro sentimiento de lo que podría ser un buen samaritano.
Pero se hallaba aquí sentado, con el estómagovacío y el pulso acelerado, llevo su mano hasta su pecho. No lograba recordar haberse sentido alguna vez así tan atrapado por una mujer en toda su vida.
Road desapareció en el pasillo y Allen levanto la taza de café. La idea de que ella era una princesa huyendo de personajes siniestros parecía algo que se podría leer en un libro. Rapunzel, Rapunzel, deja caer tu cabello.
Pero estos últimos sucesos no eran sacados de un libro. Él la llevaría a salvo en unas cuantas horas y luego…Y luego Allen no supo exactamente qué.
Tomo otro sorbo de café y miro el estacionamiento. Un Mercedes negro se detuvo en el extremo opuesto del edificio. Allen bostezo. No haber dormido le comenzó a hacer efecto. Antes de hacer algo, tendría que dormir. Poner a Road a salvo y luego…
Un hombre con cabello negro desaliñado le estaba disparando a Road en el baño. La imagen impacto a Allen, haciendo que se irguiera bruscamente. La imagen se le fijo en la mente como una conclusión sin razón. La escena inmovilizo a Allen. ¿Acaba de ocurrir? ¿O veía nuevamente en el futuro?
Una segunda escena llego a su mente seguida de la primera. Ahora había un hombre en el baño sobre dos cuerpos. Uno de ellos era el de Road y el otro el de él. Ambos estaban muertos. Las realidades gemelas se quedaron en su mente, estática. En su imagen periférica, en cámara lenta, vio acercarse a la mesera; decía algo.
Y una tercera imagen. Allen estaba en el baño al lado de Road, frente al hombre. Un policía estaba en la puerta. Parpadeo.
En la primera escena no estaba presente y ella moría. En la segunda estaba presente pero el oficial no estaba, y ambos estaban muertos.
En la tercer…
Allen se levantó apresurado de la mesa y arranco a toda velocidad por el pasillo. La mesera retrocedió para evitar una colisión. Él tenía que entrar al baño. Lo que había visto no era el futuro, ¡sino tres posibles futuros! No lo podía explicar de otra forma. Y el único futuro en el cual vivía era en el que él estaba en el baño con el policía.
Por supuesto, el único futuro en que Allen estaba muerto era en el que estaba en el baño. Si no entraba, viviría. Élsabía eso como conocía la teoría de la relatividad.
Allen veía futuros posibles. Más de uno. Tres diferentes resultados, dependiendo de quién entraba al baño. ¿Podría influir en qué futuro se convertiría en el real? ¿O estaba en poder de otros?
Por segunda vez en menos de un día, Allen entraba a la fuerza en el baño de damas. Paro en seco, resoplando y sudando. Road estaba a su derecha, sin aliento y con el rostro pálido. Un árabe con masa muscular resaltada por su cuerpo con rasgos muy grotescos estaba delante de ella, pistola en mano.
Por un momento, ninguno se movió. Allen, no podía ir tras el hombre, desde luego. El tipo tenía un arma. Sin ver que la moviera, Allen se encontró con que el arma apuntaba su rostro.
–Cierra la puerta–ordeno el hombre.
Allen no estaba seguro de poder volverse para cerrar la puerta. Sus músculos se habían paralizado.
– ¡Ciérrela!
El estruendo de la voz del tipo trajo a Allen bruscamente a la realidad. Dio media vuelta, giro el pasador, y enfrento de nuevo el arma. El hombre volvió a apuntar a Road.
–Dígame ¿Con quién se iba a casar? Si crees que no te matare porque este sujeto irrumpió aquí, es tan tonta como él. Dígame.
–Tú eres el director de seguridad. Skin. Sé quién es…
– ¡Dígame!–grito el hombre.
Road sonrió levemente a pesar del peligro, pero lo miro desafiante. Skin tenía un cuerpo exagerado para un humano era como si un gigante te tratara de aplastar, y sus pómulos parecían ser un poco aplastados.
– ¿Está usted asustada, Road? Puedo entender. Usted es ciudadana árabe, y sus acciones en esta conspiración amenazan la vida del rey. Por eso morirá. No escapara de mí. Ha huido solo tres días y ya la encontré.
Road abrió sus ojos de par a par infundidos de miedo por las palabras de Skin, ya no estaba tan segura de sí misma, la mujer segura que Allen había conocido durante su huida.
–Yo estoy huyendo al matrimonio–confeso en voz baja–. No del rey.
–Entonces no tiene nada que temer. Dígame quien conspira con el Conde.
Skin los mataría a los dos. Allen ya lo había visto, y saber eso lo paralizo. El único futuro que había visto en que ambos sobrevivían era aquel con el policía en la puerta. Sin embargo, ¿Qué control tenía el en la llegada del policía?
Y entonces a su mente entro otro futuro como un pedazo del cielo que caía: un patrullero. Un policía se desplomaba sobre el volante de la patrulla, muerto. Road estaba tendida en la parte de atrás de la patrulla, muerta.
– ¡Que!–tartamudeo Allen.
Tanto Road como Skin lo miraron.
Esa fue una observación involuntaria de sorpresa, no una pregunta, pero Allen continuo porque pareció que ellos esperaban que lo hiciera.
–Si no hay Road, no hay matrimonio, esté quien esté detrás del asunto–contesto en inglés–. Ella es más valiosa viva que muerta mientras tenga esa información que desea. Así que ella no le dirá quien conspira con el conde, ¿correcto?
El hombre lo miro.
– ¿Habla árabe este tipo?–le pregunto a ella, hablando en árabe aun.
Ella no contesto. Skin pasó a hablar inglés.
–Así que es tan inteligente como dicen. Y perceptivo. Pero como la mayoría de estadounidenses, demasiado valiente para su propio bien. ¿Que se supone que hare con usted? ¿Umm? ¿Sabe quién está detrás del matrimonio?
Una pequeña idea se le ocurrió a Allen. Muy pequeña, como la luz se filtra en medio de un lugar cerrado a través de las bisagras.
–Usted planea matarme–contesto Allen–. Yo sé mucho. Y seria testigo del asesinato de ella. Pero usted tiene tres problemas. El primero la muerte de ella será un fantasma para usted. En esta historia hay más de lo que sabe. Si ella muere, el conde quedara libre del vínculo con la monarquía. Ese parece no ser un problema insuperable en su mente, pero lo será, lo prometo.
Allen dejo caer esa gota y observo la mirada vacía del hombre. No había credibilidad en sus palabras, pero lograron el efecto que deseaba: confundir al sujeto. El continúo antes de que el tiempo hiciera perder su valor.
–Segundo usted sabe que la policía viene en camino. Aunque disparara ahora, no llegaría a tiempo a su enorme Mercedes negro estacionado afuera antes de atraparlo. Y su tercer problema es que ni Road ni yo tenemos prisa por morir. Es más, usted nos tiene aterrados aquí. ¿Ve? Así que usaremos todo truco en que usted pensó alguna vez y los que no se le han ocurrido para derribarlo. Usted ya está teniendo dificultad para decidir que es un truco y que no lo es. ¿De acuerdo?
El hombre seguía sin moverse.
–Usted es…
–Crees que no se que usted es todo un engaño–interrumpió el hombre mientras metía la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacaba un pequeño cilindro negro.
Un silenciador. Comenzó a acoplarlo en el cañón de la pistola.
–Hay muchas cosas que está claro que no sabe, o no perdería su aliento con amenazas vacías–continuo el hombre–. Tengo inmunidad diplomática, y estoy tratando con una fugitiva de nuestro sistema de justicia. La policía no me puede arrestar, joven tonto.
Cierto. El podía matar a Road y salir intacto. Allen tenía que entretenerlo. Había visto un futuro en que tanto él como ella sobrevivían, al menos hasta que apareciera el policía. Debía suponer que eran futuros posibles y que podía influir en el que sucedería en realidad.
–Puedo ver el futuro, Skin –informo Allen.
El hombre apretó el cañón.
–Excelente –indico, y se volvió a Road –. Le daré una última oportunidad de decirme. Si es verdad que no tiene nada en contra del rey, entonces revelara quienes son sus enemigos. Su silencio solo prueba su culpa.
–Por favor, deje de ser idiota y baje esa cosa–señalo Allen.
¿Qué diablos estaba diciendo?
–He visto el futuro y no nos mataras aquí. No es tan estúpido. En su país podrás irrumpir en baños con bazuca y volar personas, pero…estamos en Estados Unidos. Baje ahora el arma y negociemos las condiciones de entrega. ¿Cuánto dinero me dará?
–Te ofrecí dejarte vivo. No dinero, ¡imbécil!
–Exactamente. Pero como dije, ninguno de nosotros desea dar nuestra vida. Quizás por un poco de dinero estaríamos dispuestos a delatar. Después de todo, lo único que queremos en realidad es vivir felizmente juntos. Road vino a la tierra de la libertad para encontrar a un verdadero hombre, y Dios le ha sonreído. Déjenos ir con un millón de dólares a cada uno, y yo mismo le diré exactamente quien conspira contra el rey y como planea llevarlo a cabo.
El arma tembló en la mano del asesino. Los ojos de Skin giraron, y Allen supo que iba a jalar el gatillo. El intercambio les había dado minutos, pero Allen había hecho solo un comentario verdadero: este hombre no estaba lejos de ser estúpido.
Allen sintió como que su cuerpo se incendiaba. Estaba atrapado en alguna parte entre el pánico total y un desmayo absoluto. Pero debía moverse, debía hacerlo ahora. Así que se obligó a hacer lo único que le llego a la mente en ese instante.
Se acercó al hombre y le dio un puñetazo con la mano izquierda.
– ¡Deténgase! –Ordeno Allen–. ¡No sea tonto!
Los ojos de Skin se ensancharon.
A Allen le vino a la mente, sudando frente al asesino, que acababa de firmar su propia sentencia de muerte. La pistola de Skin seguía apuntando a Road, pero en cualquier momento oscilaría y le alojaría a Allen una bala en el pecho.
–Puedo darle lo que desea–expreso Allen–, pero aquí tiene que dejar creerse rambo.
El color volvió a inundar el rostro de Skin, lleno de ira. Hizo girar la pistola.
– ¡Policía!
Alguien golpeo la puerta.
– ¡Policía! ¡Abran!
Skin desenrosco el silenciador con expertos giros en la muñeca y lo metió junto con la pistola en el bolsillo superior de la chaqueta.
–Se Arrepentirán por esto. –amenazo.
Luego, como si fuera algo común de todos los días, paso detrás de Allen, hizo girar la cerradura, y abrió la puerta.
–Gracias a Dios que esta aquí–exclamo–. Los contuve hasta donde pude.
Un agente estaba con la mano en la culata de su pistola, haciendo un reconocimiento visual.
– ¿Está todo bien aquí?
El miedo se había apoderado de Allen solo momentos antes se convirtió en terror. Él había visto antes al agente. En los ojos de su mente. Muerto. Con Road detrás de él.
– ¿Son ustedes Road y Allen? –pregunto el agente.
–Si–contesto Road.
–Tendrán que venir conmigo. Hay una orden de arresto para ustedes–anuncio el policía, y luego miro a Skin– ¿Quién es usted?
–Soy el guardián legal de la joven, en asignación del rey Ashraf de arabia–informo Skin mientras sacaba y desplegaba una pequeña cartera–. Le agradecería que la tomara de inmediato en custodia. Hemos perdido demasiado tiempo.
–No me importa cuánto tiempo crea haber perdido. No me dijeron nada de encontrarme con usted aquí…
El agente siguió hablando, pero Allen no oyó nada más. A su mente había entrado otro resultado de esta escena. Otro futuro posible. Luego dos más. Luego seis, todos a la vez, como una hilera de notas musicales, cada uno diferente.
Luego cien posibles resultados, una descarga de lo invisible, ahora ante la vista de él. En solo uno de ellos Road sobrevivía los próximos diez minutos. Skin le hablaba al policía, en tono suave y cooperador. Allen metió su temblorosa mano izquierda en el bolsillo, agarro la pelota anti estrés que llevaba por hábito, y dio un paso adelante.
– ¿A dónde cree que va? –pregunto el policía cuando Allen se acercó a él.
–Vengo a que me arreste–contesto Allen.
Se colocó debajo de la puerta y giro para ofrecer los brazos detrás de la espalda. A mitad del giro saco del bolsillo la pelota anti estrés y la soltó. No estaba seguro como supo exactamente cuándo dejarla caer; lo único que sabía es que si la dejaba caer iría rodando hacia la cafetería. Y así fue.
Allen miro ahora a Road, cuyos ojos ensanchados lo cuestionaban. Skin sonreía suavemente, justo en el interior de la puerta, a la derecha de Allen.
–Caminen hacia el auto de forma pacífica–ordeno el oficial–. No voy a usar esposas. Señora, si usted tiene la bondad de venir con…
Se oyó un grito, seguido por un ruido sordo y el horrible choque de platos quebrándose.
– ¡Llamen una ambulancia! –Grito alguien desde la cafetería– ¡Rápido!
El oficial lanzo una mirada en dirección al comedor antes de detenerse, pero Allen ya se había puesto en movimiento. Sin ninguna advertencia se lanzó contra Skin y lo golpeo con fuerza. El árabe choco contra la puerta de uno de los cubículos del baño, la cual se abrió instantáneamente, recibiendo su cuerpo tambaleante.
Antes de que Skin se diera contra el inodoro, Allen tenía sujetada la mano de Road.
– ¡Corre!
Ella se dejó llevar por la puerta del baño, pasando al policía, quien se llevó la mano a la pistola.
– ¡Deténgase! –grito el oficial.
– ¡Corre! No nos disparara–exclamo Allen.
Arremetieron contra las puertas de salida y salieron a toda velocidad hacia el Auto. Gracias a Dios el auto no era tan valioso como para ponerle seguro. Allen aventó a Road por la puerta abierta y se las arregló para subir al asiento del pasajero antes de que el oficial apareciera en la puerta, apuntando al Cougar con el arma.
– ¡Deténgase! –volvió a gritar.
Agarro la radio y llamo pidiendo ayuda. Allen sabía que no dispararía, no a una princesa y a un estudiante cuyo único crimen fue huir de un baño. Además, el lugar estaba lleno de bombas de gasolina.
– ¡Muévete! ¡Rápido, Muévete! –grito Road.
– ¡Ya voy!
Las llantas del auto levantaron una nube de polvo.
–Créeme, aquí voy.
– ¿Lastimaste a alguien? –pregunto ella.
–No. La mesera tendrá algunos moretones, pero vivirá.
– ¿Cómo lo sabes?
Se lanzaron sobre Balboa y rugieron hacia la autopista.
–Simplemente lo sé.
Bueno agradezco a nuestros visitantes, y a Thunder una chica que comento y pues me animo mucho a pesar de lo triste que he estado. Y agradezco a akuma-senpai que pues me ha animado con nicol a escribir todas las historias que tengo en la cabeza…y hasta el próximo miércoles capitulo…bye bye..
