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Esclava del Amor

Capítulo 14

Una vez más Sesshomaru había logrado cruzar el río. Salió del agua y entregó las jabalinas a un oficial. " ¿Sabrá que lo estoy observando?" En el instante en que Kagome se hacía esa pregunta, Sesshomaru Taisho se dio vuelta y la miró. El corazón de Kagome se colmó de orgullo. Se echó atrás la capucha del manto escarlata y dejó que el viento le desordenara los bucles castaños. Sesshomaru rió y levantó una mano para saludarla. Ella le devolvió el saludo y le envió un beso.

Ahora tocaba a los diez oficiales centuriones y los dos centuriones de cohorte imitar la hazaña del Demonio Perro. Demoraron el doble de tiempo y hubo varios que titubearon, pero con aliento y determinación la mitad de los jefes consiguió cruzar. A seis tuvieron que sacarlos a rastras y deberían volver a intentarlo tras descansar un poco.

Luego llegó el turno de los soldados; no todos sabían nadar. Por fortuna, Sesshomaru contaba con sus legionarios permanentes para asistir a los nuevos. Habían pasado la prueba de nado de los jefes antes de que él los aceptara en la base permanente de Aquae Sulis.

Kagome observó que Bankotsu salía del agua y se dirigía hacia el hermano. Se lo veía tan peligroso como la noche anterior.

-Congelarme los testículos en el agua helada no es mi idea de entrenar soldados. -escupió una bocanada de agua a los pies del hermano.

Sesshomaru lo miró directo a los ojos.

-Tendrás los testículos del tamaño de un guisante cuando debas cruzar al río helado que te espera en los páramos salvajes del oeste. Si quieres que tus hombres sobrevivan, te conviene asegurarte que hayan aprendido la lección de hoy.

Bankotsu siguió la mirada de su hermano hacia donde se hallaba Kagome, en lo alto, con el cabello desordenado por el viento. Sintió una punzada de dolor en los riñones.

-¿Cuánto quieres por ella? -preguntó.

-No está a la venta -replicó Sesshomaru con tranquilidad.

-Qué pena. -Bankotsu sonrió-. Ella no obtendrá demasiado de ti esta noche, hermano. Los legionarios quieren que vuelvas a mostrarles cómo cruzar el río cargando el equipo.

-Quiere que ahora nos vayamos -dijo Jaken, a una señal de Sesshomaru.

-¡Estoy contenta de haber venido a verlo!

Jaken sabía que ella jugaba algún tipo de juego con el romano, uno que ocultaba lo que en realidad pensaba de éste y lo que sentía por él.

Jaken hacía lo mismo. Sin embargo, sabía que Kagome comenzaba asentir una admiración genuina por el general. Aceptaba su protección y anhelaba su admiración, fuera consciente de ello o no.

Sería muy entretenido observar cómo se desarrollaba la relación en sus propias narices. ¿Cambiaría el peso en la balanza del poder? Quizá ya había sucedido, de una manera sutil. ¿Debía él fomentar esa relación, o echarla a perder? Jaken sonrió para sí. ¡Jaken haría lo que fuese mejor para Jaken!

Al regresar a la villa, a Kagome le sorprendió cuán caliente y agradable se hallaba el interior de la vivienda en un día tan inclemente. Cuando se quitó el manto de lana, se sintió bastante cómoda con la estola de seda, sin nada debajo.

-Jaken, ¿cómo se calienta la villa?

-Tenemos suelos elevados, con ventilación. El calor procede de las cañerías de agua caliente que pasan por debajo de cada suelo. En pleno invierno se puede andar descalzo por las habitaciones. A los romanos les gusta la comodidad.

A Kagome le maravillaba que una civilización tan antigua estuviera tan avanzada. Las casas georgianas eran lugares húmedos y fríos en invierno, y dependían de un hogar pequeño que había en cada habitación para mantenerlas tibias.

Sabía que no transcurrirían muchas horas hasta que llegara Sesshomaru. Una gran excitación crecía en su interior. Quería ver cuánto había progresado su guardarropa, y debería pedir a Sango que le retocara el peinado, porque el viento se lo había convertido en una maraña de bucles.

Los vendedores se habían retirado del solárium, pero el mercader de ropa había dejado a sus asistentes para que confeccionaran el nuevo atuendo, y Kaede había dispuesto que dos esclavas los ayudaran con la costura. Kagome observaba con deleite las numerosas estolas de distintos colores y géneros.

-Gracias, Kaede; son exquisitas. Les agradezco a todos su arduo trabajo y su generosidad. -Tomó un manojo de prendas, incluidas la de color ultramarino, la de diseño de tigre y la blanca de seda, y las llevó a su cámara, donde Sango le mostró cómo doblarlas de una manera especial para evitar que se arrugaran.

Kagome decidió que esa noche se pondría la túnica de seda blanca. Mientras se hallaba sentada frente al espejo y observaba cómo Sango le entretejía perlas en los mechones de cabello, aumentó su excitación al pensar en la velada con su romano aquella noche. Jamás se había sentido así con respecto a Bankotsu Hardwick, y eso le indicaba cuánto la atraía Sesshomaru Taisho. De hecho, se dio cuenta de que estaba obsesionada por él.

Al recordarlo nadando en el río violento e imaginar que la rodeaban esos brazos fuertes, bien podría haber gritado de excitación. Sonrió. Estaba dispuesta a apostar que el general se aseguraría de no recibir visitas inesperadas aquella noche.

Cuando Jaken golpeó a la puerta de la alcoba y entró con más prendas nuevas, Kagome se enteró, decepcionada, de que Sesshomaru ya había llegado.

-¡Oh, quería recibirlo en el atrio cuando llegara a casa!

-Necesitaba con urgencia un baño caliente para desentumecerse los huesos. -Jaken levantó una de las prendas que llevaba-. El general pidió que te pusieras la túnica blanca corta para la cena.

A Kagome le sorprendió la semejanza con el traje que había usado en la inauguración del Panteón. Llegaba sólo hasta los muslos, el bajo terminaba en forma de picos y uno de los hombros quedaba al descubierto.

-Oh, creo que la confeccionaron mal. No podré usarla esta noche. -En cierto modo se sentía decepcionada, porque la túnica la hubiese hecho parecerse a la diosa Kagome.

-La han diseñado así especialmente -informó el esclavo.

-Pero la parte superior cubre sólo un pecho -señaló ella. Jaken meneó la cabeza.

-Ésta es una de las túnicas que solicitó el general, y pide que te la pongas esta noche para la cena.

Kagome se quedó perpleja por el pedido. ¿Cómo era posible que él esperara que ella fuera a cenar con una túnica, que dejaba un pecho descubierto? Todos los habitantes de la casa verían su desnudez. La exclamación se evaporó para dar paso a un tenso enojo.

¡Él la trataba como a una prostituta! ¿Lo haría a propósito para insultarla, o su deseo era tan grande que quería tenerla semidesnuda ante sí? Si se reclinaba en el sofá con una túnica que apenas le cubría los muslos y le dejaba un pecho totalmente al aire, ¡ya adivinaba cuánto demoraría él en ponerle las manos encima!

Kagome depositó la prenda sobre la cama Y dijo con firmeza:

-Me pondré la elegante estola de seda blanca. ¿Serías tan amable de esperar afuera mientras me cambio, Jaken?

Los ojos grises del hombre le sostuvieron la mirada un momento.

-Acepté aconsejarte, señora, y así lo haré ahora. Ponte la prenda que eligió el general.

-Gracias por tu consejo, Jaken. Yo misma le explicaré por qué no puedo usarla.

Jaken aceptó resignado la decisión de la muchacha Y salió del cuarto color damasco a esperar para escoltarla hasta el atrio. Cuando estuvo lista, Kagome examinó con atención su apariencia frente al espejo de bronce pulido. La seda blanca caía en grácil línea recta por el cuerpo delgado.

Los pechos abultados mostraban con claridad el contorno de los pezones duros como diamantes a través del delicado material. Las perlas que le salpicaban el cabello con su brillo plateado realzaban su belleza. Eligió un brazalete de oro Y una tobillera haciendo juego. Decidió ir descalza para mostrar el bonito anillo que lucía en uno de los dedos de los pies. Posó la mano en el brazo de Jaken y bajó altiva las escaleras. Estaba segura de que lucía absolutamente hermosa.

Una vez más, Sesshomaru había llegado al triclinio antes que ella. Los esclavos de la casa se hallaban ocupados sirviendo los platos. Del brazo de Jaken, Kagome se detuvo a entre los pilares a esperar la reacción de Sesshomaru.

No tuvo que esperar demasiado. El rostro se puso serio. Los ojos dorados la recorrieron con frialdad.

-No llevas el vestido que pedí.

Kagome dio un paso al frente. -¡Sesshomaru, me niego a ponerme un vestido tan escandaloso! Los esclavos interrumpieron sus tareas para mirarla.

Sesshomaru caminó con decisión hacia ella.

-¿Te niegas? Creo que no he oído bien. -El tono era duro, amenazador. Kagome tragó con dificultad y alzó el mentón. Antes que nada pensó en su promesa de obedecer las órdenes de Sesshomaru ante los demás. Si ella violaba el pacto, él quedaría libre de hacer lo mismo. Y, a juzgar por su mirada, de buen grado aprovecharía esa excusa para hacerlo, ¡Y hasta disfrutaría con ello!

Cuando el general volvió a hablar, lo hizo en el tono del poderoso romano.

-Regresarás a tu alcoba Y te cambiarás. Cuando vuelvas, cumplirás con tu único objetivo en la vida: ¡darme placer!

Kagome bajó los ojos y hundió los dedos en el brazo de Jaken, en gesto de frustrada furia. Si perdía el control y replicaba al romano frente a los esclavos, perdería el poco poder que había obtenido. Sabía que no tenía más opción que hacer exactamente lo que él le ordenaba.

Con gran dignidad, se dio la vuelta y abandonó la habitación. Agradeció que Jaken no le recordara que debía haber escuchado su consejo. Sango la esperaba con la túnica corta ya lista; sabía que enviarían de vuelta a Kagome. El general nunca permitía que le desobedecieran.

Kagome decidió que debería superar su recato. El pudor no estaba permitido en un hogar romano. No le quedaba más opción que obedecer ante los demás esclavos, pero una vez que ella y Sesshomaru estuviesen a solas le haría saber y le mostraría cuán enfurecida se había sentido al verse forzada a mostrar su desnudez en público.

La muchacha se quitó la hermosa prenda de seda blanca y dejó que Sango le deslizara la túnica por la cabeza. También era de color blanco, pero el género era más diáfano y transparentaba el tono de su piel.

Mientras la esclava se la sujetaba sobre un hombro con un gran broche de rubí, Kagome miró asombrada su reflejo. Jamás se habría imaginado vestida con un traje que cubría un pecho y revelaba por completo el otro. Era una prenda muy erótica. No, más aún: era decadente.

Sintió las mejillas calientes y vio en el espejo cómo le subía el color. y bien, más le convenía acabar con los rubores, pues en un momento la vería Jaken, y después Sesshomaru y los esclavos que servían esa noche podrían observarla durante toda la cena.

Sango le alcanzó unas sandalias con largas tiras doradas. Kagome se quitó el anillo del dedo del pie, la tobillera de oro y el brazalete, y cruzó las tiras por las piernas desnudas. Por último eligió un par de brazaletes de oro y rubí. Al subírselos hasta la parte superior del brazo se sintió definitivamente pagana. Se sentía y lucía como una sibarita. Antes de salir del cuarto sumergió una toalla en agua de rosas y se refrescó las mejillas.

Una vez más, el esclavo la escoltó hasta el triclinio; sus ojos entornados ocultaban por completo sus pensamientos. Esta vez Kagome mantuvo la cabeza más erguida que nunca. Sesshomaru Taisho se comportó como si aquélla fuera la primera vez que ella bajaba a cenar. Ya no tenía la cara seria ni la voz fría.

-Te saludo, mi señora. Es un placer estar al fin en casa.

-Te saludo -murmuró ella, sin llamarlo por su nombre ni levantar la mirada.

Kagome se dirigió de inmediato al sillón. Se sentó, plegó las piernas y acomodó la parte inferior de la túnica de modo que le cubriera los muslos, ya que debajo de la falda transparente no llevaba ropa interior.

No colocó el almohadón dorado debajo del codo, porque no quería reclinarse. Notó que en el sofá había almohadones dorados nuevos que reemplazaban los que empapara Bankotsu.

Esa noche les sirvieron dos esclavos. A causa de la gran cantidad de energía que había gastado en un día tan riguroso, el apetito de Sesshomaru era tremendo. Aquella noche se sirvió un rodaballo entero, preparado con salsa de hinojo, un pastel humeante de carne de venado, perdices y pavo real asado.

Bebían calda, una mezcla de vinos, especias yagua caliente. Era la misma receta del hipocrás, y Kagome pensó por un instante fugaz en Bankotsu Hardwick. Él habría sido el primer hombre en hacerle el amor, si ella no hubiera retrocedido en el tiempo. Se estremeció de sólo pensarlo. De algún modo había logrado una fuga afortunada. Miró a Sesshomaru y se dio cuenta que a pesar de lo mucho que los separaba en actitud, pensamientos, palabras y hechos, no había otro hombre al que ella prefiriera para que le hiciera el amor.

-¿Disfrutaste de la demostración de hoy en el río?

-Por favor, ¿puedo decírtelo cuando estemos en privado? -pidió ella en voz baja.

-Claro que sí. -Él quería que ella pronunciara su nombre. Le producía un placer indescriptible oírlo en esos labios. Deseaba que lo entretuviera con la conversación mientras cenaban. La había disfrutado bastante la noche anterior, hasta que Bankotsu lo arruinó todo.

-Anoche, cuando llegué a mi cámara, estabas dormida. ¿Te molesté?

-¿Puedo decírtelo cuando estemos en privado? -volvió a rogar tas Kagome.

Él juntó las cejas. Ella se proponía fastidiarlo adrede.

-No, maldición, no puedes. Contestarás cualquier pregunta que te haga.

-¿Puedo contestar tus preguntas con sinceridad?

Sesshomaru estaba seguro de que allí se encerraba algún engañoso truco femenino. Entornó los ojos dorados.

-Puedes contestar cualquier pregunta del modo que quieras, siempre y cuando tu respuesta me complazca.

Kagome se mordió el labio. Sesshomaru sabía que estaban jugando al gato y al ratón.

-Comencemos de nuevo. ¿Disfrutaste de las demostraciones de hoy en el río?

-Las disfruté por encima de todas las cosas, amo. Sesshomaru apretó los dientes ante la respuesta servil.

-¿Anoche te perturbé?

-Tu proximidad siempre me perturba, amo. A Sesshomaru se le agotó la paciencia.

-Retírense -ordenó a los esclavos-. Cierren la puerta al salir. No habló hasta que se hallaron asolas.

-Una vez más... -Su tono advertía de que estaba al límite de su tolerancia para con ella-. ¿Disfrutaste de las demostraciones de hoy en el río?

Kagome acomodó el almohadón dorado debajo del codo y se echó atrás de manera provocativa. Le dirigió una mirada de soslayo y replicó indignada:

-Lo disfruté, aunque no tanto como tú, Sesshomaru. Estabas mostrando tus habilidades ante los legionarios y en especial ante los centuriones de cohorte. Pobre Bankotsu, ¡no tiene ni la menor posibilidad de compararse contigo!.

-Mea culpa -repuso el general, al tiempo que sonreía como un niño. Los ojos la recorrieron ansiosos-. ¿Tienes idea de cuán deslumbrante estás esta noche?

-¿Para ser una esclava, quieres decir? -preguntó Kagome con dulzura.

-¡No pareces una esclava! Pareces una diosa. Mandé hacer esa túnica exactamente como la de Kagome del Bosque. Lo único que necesitas es una flecha en la mano.

-Espero que pronto lo rectifiques -murmuró Kagome, sugerente. Sesshomaru echó atrás la cabeza y lanzó una sonora carcajada.

-Eres encantadora.

-Mi único deseo es complacerte. -Las palabras rezumaban sarcasmo.

-Si es así, ven y recuéstate conmigo en mi sofá para que compartamos el mismo plato, la misma copa.

El pulso de Kagome se aceleró. Si la tenía en su sofá, se olvidaría de toda la comida y ella se convertiría en el primer plato. Debía dar una respuesta que le proporcionara algo de tiempo.

-Prometiste cortejarme antes de que me entregara.

-¿Qué mejor que cortejarte en mi sofá?

-Si no llevara puesta una túnica que deja un pecho al desnudo, no pondría objeciones a compartir tu sofá. ¿Quizá mañana por la noche? - sugirió ella.

-¡Mañana, Júralo! -ordenó él, desconfiado.

-Te lo prometo, Sesshomaru -repuso Kagome con voz suave.

Los ojos dorados brillaron mientras se le ocurría una idea diabólica. Se aprovecharía al máximo de la promesa.

-¿Te gustaría que pidiera a Kaede que mañana nos sirva ella, en lugar de los esclavos? .

-Sí. Eso protegerá una pizca de mi pudor. Gracias.

-Tu pudor está fuera de lugar, Kagome. Tienes el cuerpo más hermoso que yo haya visto jamás.

-Te agradezco el cumplido, Sesshomaru, pero ¿no puedes entender que no deseo exhibir mi cuerpo?

-Qué ridiculez. Cuando una mujer posee belleza, debe exhibirla. Es lo único de valor que tiene una mujer. -Los ojos oscuros la acariciaban, como para dar énfasis a las palabras.

-¡Te equivocas! ¡La belleza es sólo una pequeña parte de una mujer!

(N/A: muy bien dicho Kagome! Crea el mismo infierno por lo que dijo!)

-No; lo es todo. La belleza es todo lo que yo, o cualquier hombre, quiere en una mujer. Belleza y obediencia, por supuesto.

-Eso es arrogancia ciega, ¡un concepto masculino totalmente rebajante!-Kagome se echó el cabello hacia atrás, impaciente, mientras hablaba con pasión.

Sesshomaru no lograba quitarle los ojos de encima. Sin duda la furia aumentaba la belleza de la joven.

-¿Qué otra cosa hay? -preguntó él con brusquedad. .

-La inteligencia, por supuesto, y la fuerza de carácter. ¿Y qué me dices del sentido del humor? El humor es por lo menos tan importante como la belleza. A una mujer debe apreciársela por todos sus atributos. ¡Cualquier esclava puede obedecerte, romano!.

-No fuimos nosotros, los romanos, quienes inventaron la esclavitud, Kagome. Las tribus celtas de Britania comercian esclavos con los romanos desde hace años.

-Eso no la torna en algo lícito. La esclavitud es ilícita. Siempre lo es: lo ha sido.

-La economía depende de los esclavos. La esclavitud existirá siempre. Debes aceptarlo.

-No, Sesshomaru, estás muy equivocado. La esclavitud se abolirá. Gracias a Dios.

-No tengo intención de discutir los méritos de la esclavitud. Has venido a entretenerme. Lo que me interesa es tu belleza excepcional, no tu inteligencia.

-Lo lamento mucho. Había planeado entretenerte esta noche con mi inteligencia, no con mi belleza.

-Será imposible.

-Qué difícil eres, Sesshomaru Taisho.

-Ahora iremos arriba y continuaremos nuestro juego -dijo, decidido, mientras sonreía.

-¿Es una orden o una invitación? Él esbozó una sonrisa más amplia.

-Como no hay quien nos oiga, es una invitación.

-Me alegra que juegues según las reglas.

-La gracia de que yo sea el que controla radica en que puedo cambiar las reglas cuando quiera. -Se aproximó al otro sofá y se paró ante ella. Su proximidad aceleró el corazón de Kagome-. Me complacería subirte en brazos. -Antes de que ella pudiera protestar, la tomó en sus brazos. El pecho desnudo se apretaba contra el ancho de pecho masculino. El género tosco de la túnica de él le rozaba y erizaba el pezón. Sus muslos desnudos descansaban en los antebrazos de musculosos, y el calor del cuerpo de Sesshomaru la penetraba casi hasta derretirle los huesos.

Mientras Sesshomaru subía las escaleras, Kagome sentía en el trasero el roce del falo duro como mármol. El deseo le ascendió desde las nalgas hasta el centro femenino y el vientre. Cada escalón que él subía incrementaba el deseo. Kagome se aferró a él y sintió que los músculos se ondulaban debajo de las manos. Todas las sensaciones que experimentaba eran intensas y profundamente sensuales. Comenzaba a descubrir que la excitación era un estado muy placentero.

Sesshomaru la llevó a la alcoba y cerró la puerta con un pie. Kagome sentía un incontrolable deseo de entregarse. Deseaba que el general le cubriera la boca con la suya para saborearlo. Pero, en lugar de besarla, él la llevó frente al gran espejo de plata para que viera cómo lucía en sus brazos.

El reflejo era abiertamente sensual. Sesshomaru le levantó más las piernas, para que ella viera los rizos dorados que le cubrían el centro rosado de entre los muslos, y allí, justo abajo, se veía el bulto masculino, erecto y tieso, apuntando hacia el objetivo. La bajó un poco para que los cuerpos se frotaran ligeramente uno contra otro.

Kagome lanzó un suspiro entrecortado, y él sonrió. La hizo deslizarse por su cuerpo hasta que los pies tocaron el suelo, de cara al espejo. Kagome no podía creer la disparidad de alturas al verlo parado tan cerca, detrás de ella.

Kagome lo contemplaba fascinada mientras la fuerte mano cubría el pecho desnudo y el pulgar encallecido jugaba con el pezón. Chorros de fuego líquido corrían desde la punta del pecho capturado hasta más abajo del vientre. Sesshomaru la apretó contra sí para que ella sintiera su miembro duro contra las nalgas desnudas. Ella suspiró y deslizó la mano entre los cuerpos, donde se tocaban, pero él la apretó aún más hasta que la mano quedó atrapada con los dedos sobre el miembro hinchado. Cuando le acariciaba el pezón, ella sentía como crecía más y se ponía más tieso. Luego, con la otra mano, Sesshomaru levantó la túnica corta y ella lo vio acariciar el monte de Venus y le permitió pasar los dedos por el vello del pubis. Kagome jadeaba por las cosas que él le hacía y las sensaciones que en ella despertaban aquellos dedos fuertes. Con la mano libre, Kagome cubrió la de él en un intento de apartarla del centro femenino, pero su mano pequeña, del todo ineficaz, se dio por vencida mientras él buscaba la hendidura con la punta de un dedo calloso hasta encontrar el capullo sensible.

Entonces Sesshomaru movió el dedo en círculos lentos hasta que la hizo gemir de placer. Al ver sus propios contoneos bajo los dedos de Sesshomaru, Kagome se excitó tanto que deseaba gritar de placer. Comenzó a jadear y sintió el falo moverse y latir bajo su mano. Sesshomaru comenzó a estrujar el pecho desnudo con un movimiento lento, al mismo ritmo del círculo que trazaban sus dedos. Kagome quería rogarle que lo hiciera más rápido, pero las palabras se atascaban en su garganta y sólo conseguía gemir de placer. Ahora sentía una oleada de sensaciones que le aceleraban intensamente el pulso. Con un conocimiento de mujer que se remontaba a Eva, supo que si él movía los dedos más rápido, el placer terminaría pronto. El lento y constante movimiento rítmico en círculos hacía que el placer se prolongara.

Se arqueó contra él y comenzó a mover la cabeza contra el pecho ancho. Cuando alcanzó el orgasmo, fue tan intenso y veloz que gritó y embistió con desenfreno contra la mano de Sesshomaru. Él la apretó con firmeza para intensificar el placer sensual que le proporcionaba cada contracción. Luego volvió a tomarla en sus brazos para besar la boca temblorosa.

Ella lo abrazó con dulzura y le permitió explorar su boca del mismo modo en que había explorado sus sentidos. Cuando al fin él apartó los labios, murmuró:

-Esto es sólo una pequeña muestra del placer que compartiremos. Ahora que te he complacido, es tu turno. ¿Crees que tu inteligencia pueda mantener mi interés, o deberás recurrir a tu belleza? –desafió el general.

Subió los escalones y la dejó sobre la cama. Luego se quitó la túnica de lino y se extendió junto a Kagome, con los hombros apoyados contra las almohadas y almohadones.

Los ojos curiosos de Kagome lo examinaron con admiración. Era un espléndido espécimen masculino. Tenía el torso cubierto de rizos negros, más tupidos en el pecho, donde la moneda de oro reflejaba la luz de la lámpara de plata. El vello se tornaba más escaso en el vientre marcado, para volver a florecer en la entrepierna. El sexo masculino, aún en estado de excitación, se erguía como una columna de mármol coronada de terciopelo bermellón.

Kagome dobló las rodillas y juntó las manos. En posición casi arrodillada, comenzó a hablarle despacio.

-Sesshomaru, me llamo Kagome Higurashi. Nací en Londres, Londinium, en el año 1772 después de Cristo. Viajé a Aquae Sulis, que nosotros llamamos Bath debido a los antiguos baños romanos que se construyeron mil setecientos años atrás. Un día entré en un negocio de antigüedades, un negocio que vende antigüedades. Me asombró encontrar un casco romano de acero y bronce. No pude resistir la tentación de probármelo, pero al hacerlo me sentí extraña, casi descompuesta, y experimenté la sensación de caer a través del espacio. "Ahora me doy cuenta de que, de algún modo, retrocedí en el tiempo. Creo que me desmayé y, cuando recobré el sentido, estaba aquí, en Aquae Sulis, casi debajo de las ruedas de tu cuadriga. En mi ignorancia, pensé que unos hombres de mi misma época, vestidos como antiguos romanos, jugaban como chicos tontos. Sin embargo, cuando me pusiste un collar de esclava caí en la cuenta de que no se trataba de un juego.

Sesshomaru observaba la hermosa boca mientras hablaba. Era el hombre más afortunado del mundo. Poseía una joven esclava que no sólo era extremadamente bella, sino que era capaz de narrarle historias y entretenerlo con su humor e inteligencia. y lo mejor de todo era que ningún hombre la había tocado antes. Ni uno solo. Entornó los ojos.

Mientras continuaba la música de la voz de Kagome, la ardua jornada de trabajo comenzó a surtir efecto y el general se quedó dormido mientras escuchaba el relato.

La muchacha levantó la vista para medir la reacción de Sesshomaru ante las cosas que le había contado. Abrió los ojos como platos, incrédula:

¡Sesshomaru se había quedado dormido mientras ella hablaba!

Aún de rodillas, se aproximó más para verlo de cerca. Aun en reposo, las facciones conservaban el orgullo de un águila, aunque lucía mucho más joven. El pecho ancho se elevaba y bajaba con la respiración lenta y pareja. Tenía la nuca, los brazos y hombros bien contorneados por los músculos fuertes, y la piel oscura del vientre era tirante como el parche de un tambor.

El miembro, ya flojo, descansaba sobre un muslo, la cabeza guardada dentro del prepucio. Aún así, parecía un arma peligrosa; su mero tamaño intimidaba. Bajó la vista hacia los muslos y las pantorrillas. Sesshomaru tenía las piernas más musculosas que ella jamás hubiera visto. Los hombres modernos no eran así. Él era como un coloso.

Por último miró las manos. Eran grandes, diestras, poderosas, callosas y estaban cubiertas de cicatrices. Le maravillada que le hubieran proporcionado tanto placer. Habían sido fuertes y tiernas a la vez. Se miró el pecho descubierto, el que él había acariciado, y le sorprendió que no le hubiera dejado ni una marca.

Puso una mano junto a la de él y vio que medía sólo la tercera parte de la del romano, A pesar de que era enorme, en él no había indicio alguno de torpeza. Tenía el poder y la fuerza ágil de un animal, rápido con la espada, se movía a la velocidad del relámpago y atacaba con la misma seguridad letal.

Kagome se preguntó por qué el destino la había puesto en los brazos de ese hombre. No obtuvo respuesta. Sin embargo, muy en el fondo corazón celebraba que le hubieran dado esa oportunidad fantástica de experimentar aquella época, aquel lugar y aquel hombre. Sintió una punzada de miedo de que pudieran arrebatárselo. Le asombraron sus propias emociones y admitió que detestaría tener que dejarlo.

Sabía que si Sesshomaru abría los ojos, ella se le entregaría en ese instante. Luego se sintió culpable. Él había tenido un día agotador necesitaba descansar para levantarse a las cinco y comenzar un nuevo día. Con una última mirada, a regañadientes y en silencio, abandonó la alcoba de puntillas.

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-¡Esto es escandaloso! -gritó Kagome. -¡Me niego a ponerme esto, me niego a bajar, y pueden ir a decírselo a él mismo, maldita sea!

-El general me admitió que quizá te mostraras irrazonable. Te recuerdo la promesa que le hiciste -dijo Jaken con voz pétrea.

De nuevo Kagome estaba tan enfadada que por un minuto no pudo pensar con claridad. Luego recordó sus propias palabras:

-Si no llevara puesta una túnica que deja un pecho al desnudo, no objetaría compartir tu sofá. ¿Quizá mañana a la noche?

-¡Mañana, Júralo! -había ordenado él.

-Te lo prometo, Sesshomaru.

Los pensamientos de Kagome se sucedían a velocidad vertiginosa.

Él la había engañado. ¡Le había mentido en forma deliberada! Había utilizado diabólicamente las palabras de la propia Kagome para atraparla. ¡La túnica que le había elegido para esa noche no dejaba un pecho al descubierto, sino ambos!

-Puedes bajar y decirle que se terminaron todas nuestras promesas. ¡De hecho, también se acabó nuestro trato!

-¿Te refieres al pacto según el cual serías su esclava sólo ante los demás? -preguntó Jaken, con el rostro muy serio.

-¿Cómo lo supiste? -inquirió Kagome, furiosa.

-Las paredes oyen -replicó el esclavo en tono cortante.

-¿Toda la casa lo sabe? -indagó ella, indignada.

-¿Saber qué? ¿Que en recompensa por fingir que eres su esclava, él tiene que mantener el pene a raya hasta que tú accedas a entregarte por propia voluntad?

-¡Oh, Dios mío! -Kagome ocultó su rubor con las manos. Jamás se había sentido tan avergonzada. Luego pensó que la vergüenza no era de ella, sino de Jaken, por violar su intimidad-. ¿ Ya estás sumando apuestas sobre cuándo me llevará a la cama? -preguntó encolerizada.

-En realidad, no pasará demasiado tiempo si cancelas el trato-le advirtió el esclavo.

-¡Que venga Kaede!

-Una esclava no puede impartir órdenes.

-Sólo finjo ser una esclava, ¿recuerdas? Trae a Kaede antes de que te haga flagelar.

-Eso podría resultar muy doloroso, britano –comentó desde la puerta.

-La mujer de la Galia -dijo Jaken con la vista dirigida al techo-¡Lo único que me faltaba!

-Kaede, ¿en la casa todos saben mi secreto? ;

-No. Sólo lo sabe el britano, y yo soy lo bastante lista para sumar dos más dos, pero Sesshomaru es un hombre muy reservado y es tarea de Jaken preservar esa intimidad, así que puedes estar segura de que nadie conoce: tu secreto.

-Gracias por socavar mi autoridad-dijo Jaken-.Quizá tú logres convencer a la dama de que se vista y baje a cenar.

-¡Mira esto! -gritó Kagome al tiempo que levantaba una prenda de color rojo carmesí.

-Es una túnica para las caderas. Te quedará magnífica.

-¡Quedaré desnuda! Uno de vosotros bajará a decirle que me niego a vestir eso.

-Habrá que hacerlo con diplomacia. El britano no servirá; iré yo.

-Kaede se había expresado así sólo para molestar a Jaken. ¿Por qué se metía en estas cosas? Se dirigió al triclinio ocultando la tensión que sentía-. La túnica que ha escogido es hermosa, general, pero no olvide que la muchacha es en extremo púdica y jamás en su vida ha visto una prenda igual.

-Ella prometió obedecer mis órdenes. ¿Se niega a hacerlo?

-No, no. Pero creo que convendría que usted despejara de esclavos esta parte de la villa. Ella se sentirá más relajada si sólo los ojos de usted contemplan sus encantos.

-Di a Jaken que retire a todos los hombres. ¿Podrías servirnos tú esta noche, Kaede?

Kaede inclinó la cabeza. Le aguardaba una tarea delicada, y aún no sabía cómo cumpliría la misión. Cuando regresó a la alcoba de Kagome, Jaken dijo:

-Ah, mujer diplomática, ¿le dijiste que la dama se niega?

-Le expliqué que ella es muy púdica y que jamás en su vida ha visto una túnica como ésta.

-¿Y? -presionó Jaken, implacable.

-Y desea que retires los esclavos hombres de esa parte de la villa.

-Eso, por supuesto, ¡te incluye a ti, britano! Jaken lanzó un exagerado suspiro de alivio.

-Los dioses están de tu lado esta noche. No tendré inconveniente en obedecer las órdenes, pero tú, estimada Kaede, te enfrentas a una tarea insuperable.

-¡Por una vez me gustaría borrar esa expresión relamida de superioridad de su cara de macho! -comentó Kaede cuando Jaken se marchó.

-No le dijiste nada a Sesshomaru -la acusó Kagome.

-Ha mostrado una gran consideración al permitir que te sintieras más cómoda -señaló Kaede.

-¡Pero de todos modos pretende que me ponga esta cosa! ¿La has visto? Es una prenda libidinosa y escandalosa.

-Escasa, quizá, pero no escandalosa. Los romanos honran y adoran el cuerpo. No hay nada más hermoso que las formas femeninas desnudas. Considerarlas libidinosas es una obscenidad en sí mismo. Pruébate la túnica, y tú misma verás que realza tu belleza.

De mala gana, Kagome se quitó la estola y dejó que Kaede le colocara alrededor de las caderas la túnica carmesí. Caía por delante hasta el hueso púbico, donde la mujer sujetó el género con un enorme broche de perlas. Al verse en el espejo, lo único que pensó Kagome fue que, si Kikyo la viera, ¡Se moriría del impacto!

Una voz profunda dijo desde la puerta:

-Ya te has admirado demasiado. Ahora es mi turno.

-¡Sesshomaru! -exclamó Kagome con un hilo de voz-. No puedo andar por ahí con esto.

-Entonces te llevaré yo -replicó él, implacable.

La levantó como si fuera una pluma y la llevó al triclinio, sin hacer caso alguno de las protestas. Kagome se volvió contra el cuerpo de él para que sólo se le viera la espalda desnuda. Sin embargo, aquello no careció de consecuencias. Los pezones rozaban el pecho masculino a cada paso que daba. Sentía el calor del cuerpo y olía la esencia viril que impregnaba la piel morena.

Kagome esperaba que Sesshomaru la llevara de nuevo frente al espejo, pero en cambio la recostó en el sofá de ella y le puso un pequeño almohadón dorado debajo del codo. Luego el romano fue a su sofá y dejó que sus ojos se recrearan a gusto.

Kagome dejó de protestar. El deseo de Sesshomaru Taisho prevalecería siempre. Era el más dominante de los hombres, y ninguna fuerza de la Tierra lograría alterarlo jamás. Kagome tenía dos opciones: aceptarlo o rechazarlo, aunque sabía que le convenía aceptarlo. En lo más hondo de sus entrañas, en realidad no quería que fuera de ninguna otra manera. Si admitía sus verdaderos sentimientos, sabía que la halagaba muchísimo que él la encontrara irresistible.

Se atraían mucho, y la expectación de verse, tocarse y saborearse ardía como fuego en la sangre. Se tentaban tanto uno al otro que se hallaban en constante estado de excitación. Kagome sabía que era inevitable que Sesshomaru le hiciera el amor, y de sólo pensarlo sentía ganas de gritar de deseo.

Kaede los siguió hasta el triclinio.

-¿Les sirvo por separado? -preguntó, aunque sabía perfectamente que Sesshomaru quería a Kagome en su sofá, reclinada con él.

-Sirve los platos principales por separado, y luego puedes retirarte, Kaede.

Había enormes langostinos, camarones pequeños y escalopes en salsa de manteca y limón; luego, un ganso crujiente relleno con almendras. La ensalada contenía guisantes, pepino y remolachas, con un aderezo sabroso de miel y semillas de anís. Kagome nunca había comido nada a la mesa del romano que no fuera delicioso. El Príncipe de Gales se habría puesto verde de envidia de haber sido invitado a cenar allí.

-¿Me disculpas por haberme quedado dormido anoche?

-La culpa es mía. Es evidente que te aburrí.

-No, estaba de lo más entretenido. Tienes una imaginación muy fértil.

-No lo imaginé, Sesshomaru. Sucedió de veras.

-Quiero que continúes tu historia. Quiero que me cuentes todo... pero después.

A Kagome le costaba respirar.

-¿Después?

-Sí, después. No sólo esta noche, sino todas las noches, me encantaría que me entretuvieras con tus historias.

-¿Después de qué? -susurró ella, con la garganta de pronto seca y la voz ronca.

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Chan chan chaaaaan!

Feliz Año nuevo y Reyes!!!

O no que estuvo re bueno este capítulo? Una buena forma de empezar el año

Bueno paso a explicar unas cositas y a responder comentarios:

Todo el año pasado estuve muy enferma e internada, en este momento me encuentro con problemas de riñón por lo que me dijeron los médicos puedo tener piedras en los riñones verdaderamente duele mucho, amo hacer las historias, pero por esto no puedo estar 6 horas sentada escribiendo. No pude seguir con las historias por si algunos de ustedes no saben en la historia "Más atrás del pasado" no la continúe ya que copiaron toda mi historia y verdaderamente no me gusto nada por eso esa historia no la segui.

La historia "Secuestrada" está en proceso el epilogo quizás la semana que viene si es que encontró como me gustaría que terminara la subo.

"Esclava del Amor" faltan muchooos capítulos para que termine, por esta razón les propuse que me dijeran que días quieren que actualice 2 por semana, y obviamente con reviews ya que me encanta leerlos y por si tienen alguna duda o consulta con algo o quizás alguna petición sobre si quieren más largos los capítulos o están siendo muy cortos o cualquier cosa.

Sobre sus comentarios:

Andy taisho: Perdona por no actualizar, pero por los problema que conte antes se me complico un poco, besosss!

Faby Sama: Jajajaja me encanta que te guste la historia tanto como a mi 3, se que te estoy haciendo sufrir, pero me encanta tener este poder de alargarlo tanto como pueda (risa malévola) jajaja nah mentira por lo que veras ya falta nada para que unan sus cuerpos en el mar del placer. Amo las posturas antiguas de Sessho ya que en el anime si hubieran estado juntos también habría este tipo de problemáticas por la diferencia de época tanto como el defiende su postura también Kagome. Lo de los reviws lo decidí ya que hay mas de 400 personas leyendo el fic y hay momentos en que necesito inspiración o saber que es lo que prefiere la mayoría, como seguir o el armado de la historia; no lo pienso dejar ya que es algo que verdaderamente me gusta hacer. ¡Muchos besosss!

Veros: ¡totalmente pienso lo mismo me encantaría tener una demostración en el río de él besoss!

Ngela: espero que hayas entendido lo primero que puse ya que es una explicación rápida de todo y las historias. Muchos besoss!

Lica: ¡Jajajaja totalmente concuerdo con vos, espero que te allá gustado este capítulo ya que expone estas verdades odio cuando exponen el personaje de Kagome como una mujer sumisa que va a seguir las ordenes que le den Totalmente no! ¡Hasta en el anime había un choque cultural por estas razones! No pienso escribir una historia en la que ella seda al dominio de un hombre. Yo también extrañaba todo esto pronto voy a subir la nueva historia, pero primero quiero adelantar esta lo mas que pueda. Muchos besotes!!!