Unsteady - X Ambassadors

*Esta canción es demasiado especial para mí, en esta historia, está totalmente dedicada a nuestro inocente bebé Boruto, por lo que le pido a mis lectores, muy amablemente, reproducirla casi al final del capítulo, refleja muchas cosas que ha sentido y sentirá nuestro niño. Vea la letra y deme su opinión*

Naruto

Presiono mis dedos en la suave piel de su culo cuando una contracción de sus paredes aprieta mi pene con fuerza. Muerdo mi labio y maldigo por enésima vez la maldita abstinencia. La muy puta está cobrándome factura ahora. Hinata gime y para mí no existe sonido más glorioso que ese, el problema es que cuando lo hace el deseo de venirme es casi incontenible y lo que más quiero es que ambos disfrutemos. Ella arquea su espalda y eleva sus caderas para recibir mis embestidas, estoy sudando a borbotones y sé que ya no puedo más, necesito hacerla correrse para poder hacerlo yo también. Tomo sus dos brazos y los cruzo atrás de su espalda, su grito me confirma que le encanta sentirse restringida por lo que acelero golpeando duro en su interior.

La visión de su piel erizándose, su cabello húmedo pegado a sus mejillas coloradas y sus bellos ojitos perla fijos en mí es tan maravillosa que no puedo evitar gemir como un crío.

―Te sigue gustando duro ¿eh, nena? ―gruño de placer porque el volumen de sus gemidos aumenta.

― ¡Dios, Naruto! ―Suelto sus brazos y pongo mis manos a cada lado de su cabeza, sus dedos aprietan las sabanas y vuelve a gemir.

―Tomaré eso como un sí ―Muerdo el lóbulo de su oreja y ella me aprieta, joder, es tan delicioso que mis caderas aceleran sin que les diera la orden―. Ah, mi amor, me aprietas tanto...

Afinco las piernas sin dejar de moverme y gimo en su oído cuando lo veo venir como un estruendo arrollador que me hace estremecer y convulsionar mientras me corro con fuerza en su interior. La electricidad latente entre nuestros cuerpos no ha cambiado y no cambiará jamás. La siento venirse, bañándome en su esencia y me desplomo cuando sus piernas también lo hacen. Nos quedamos mirando lo que se podría decir horas envueltos en esa bruma de placer y felicidad al sabernos de vuelta juntos, al volver a como estábamos en aquellos meses que tan felices nos hizo.

― ¿Porqué me miras así? ―Me pregunta ella con ese suave y ronco timbre de voz minutos después. Paso mis dedos por su cabello oscuro, metiendo un mechón atrás de su oreja y presiono mi frente con la suya.

Esta chica y Boruto será por todo lo que viviré de ahora en adelante, lo juro.

― ¿Qué crees que estás haciendo? ―susurra ella después de salir de la ducha y creer que puede deambular por toda mi habitación en ropa interior, joder, soy un hombre que lleva seis años sin follar ¿de verdad cree que puedo resistirme?

Alabo en mi mente al santo creador de las bragas de encaje, sobre todo las de color negro por lo sexy que se ve ese cuerpo curvilíneo y escultural.

―Agarrando jamón de primera ―musito contra su cuello amasando su culo con mis manos. Es tan suave y generoso que perfectamente podría volver a usarlo de almohada, como lo hacía antes. Ella ríe y beso con suavidad la piel a mi alcance amando su delicioso olor a cereza.

Se siente tan bien y a la vez tan extraño verla de esta forma, tan serena, desinhibida y sin querer matarme con la mirada. Ella acaricia mis hombros y luego mis mejillas, separándome de su cuerpo y me mira con una especie de nostalgia y melancolía. Sonríe con tristeza y niega con la cabeza.

Enarco una ceja confundido.

― ¿Qué pasa?

―Son tan iguales que asustan ―Sé inmediatamente que se refiere a Boruto y no puedo evitar sonreír. Saber que una parte de mí siempre estuvo con ella me hace increíblemente feliz, y a la vez, lamentarme por haberme perdido de cinco años con él, de haberme perdido de ver a mi chica embarazada y haberla mimado en esos meses.

―De alguna forma creo que siempre estuve contigo ¿no lo crees?

Suspira.

―Siempre lo estuviste, aquí ―Coloca una mano sobre su pecho y yo aguanto la respiración―. Aunque la mayoría de las veces maldije tu nombre.

Suelto una pequeña risa.

―Yo en cambio gemí el tuyo incontables veces ―Sus mejillas se colorean de inmediato y mi sonrisa se ensancha. Doy media vuelta y me acerco a mi mesita de noche, abro el cajón y saco su foto desgastada por los bordes. Se la coloco en la mano y veo como sus pupilas se ensanchan cuando la reconoce.

―Esto es increíble...

―Y también te tuve aquí todo el tiempo ―indico quitándome el colgante con mis chapas militares, se la extiendo y ella las toma―. Léelas.

Analiza y lee cada una. Las dos primeras son idénticas y llevan mi apellido, Uzumaki, mi primera inicial, grupo sanguíneo, número de seguro social y otros datos indispensables que el ejército exige llevar para reconocernos en caso de resultar heridos o morir en combate... La última, la que pedí exclusivamente y que gracias al sargento Namikaze obtuve, trae la frase Siempre Contigo 27-12 el cumpleaños de la mujer que me mira con sus bellos ojos brillantes llenos de emociones.

―Oh, Naruto...

Una lagrima desciende por su mejilla así que la atraigo por la barbilla y beso sus labios dulces con suavidad. Tomo el colgante y lo paso por su cabeza hasta que rodea su cuello. Después de todo, es suyo.

―Te amo, amor ―susurro y ella asiente, seguramente con un nudo en la garganta. Se aleja y se limpia la mejilla, riendo cuando aprovecho la posición para tomarle una nalga con bastante fuerza.

―Bueno ya ―Aparta mi mano y toma aire para no llorar―, tenemos que ir por mi hijo y si sigues tocándome y besándome dudo mucho que lo hagamos.

Se gira hacia la cama y abre la bolsa con la ropa que le compre dentro, la abrazo por detrás y beso nuevamente su cuello.

―Nuestro hijo, Hina.

―Nuestro hijo... ―repite sin dejar de sonreír.

Abro la puerta de mi nuevo departamento y extiendo mi palma abierta hacia ella, ella la mira recelosa y luego la toma. Me duele que todavía dude de lo nuestro cuando estoy poniendo todas mis ganas en esto, pero a la vez comprendo que se muestre tan reacia. Durante mucho tiempo pensó que la había abandonado para irme con otra y ahora que sabe la verdad sé que le es difícil acomodarlo todo. También sé que nos falta enfrentarnos a Hana y Toneri, que estamos en peligro mientras vivan cerca de nosotros, pero si algo aprendí en el ejército es a no rendirme y a canalizar mis sentimientos en agresión. Sé que tendré que tomar de todo mi autocontrol para no estrangular a esa perra mujer, no debo olvidar que es la madre de mi mujer.

Al otro imbécil le tengo reservada otra sorpresa.

Recorremos el pasillo e ingresamos al ascensor donde aprovecho para besarla una vez más con ansia desesperada. Creo que no podré despegarme de ella en ningún momento, temo que todo esto sea un sueño, pero al verla así, tan hermosa... asimilo lo mucho que deseo que no lo sea. Lleva unos jeans ajustados y rasgados, una camiseta de Metallica y una chaqueta de mezclilla, es casi la misma chica de aquel entonces de no ser por su pelo. Me gusta su corte, pero aun así extraño su largo cabello negro.

La convenceré de dejárselo crecer otra vez.

Salimos y ella observa a su alrededor, reconociendo que el lugar donde me vine a vivir está relativamente cerca de su casa. Me mira con una ceja arqueada y rio rodeando su cintura con mi brazo.

―Necesitaba estar lo más cerca posible de ustedes ―Ella se apega a mi pecho lo más posible y elevo una mano cuando veo un taxi aparecer.

―Podría denunciarte por acoso ¿lo sabías? ―bromea en tono sugerente. Muerdo su labio inferior antes de que el taxi se detenga a nuestro lado.

―Me declararía culpable, soy un acosador brutalmente enamorado de una preciosa chica y su hijo ―musito sobre su boca y ella clava esos estanques plateados en mí, sonríe con ternura y me deleito ante la visión de aquella chica demencialmente enamorada de mí, aquella chica que siempre estuvo conmigo. Nos metemos al taxi y entre besos y risas indico la dirección de la casa de mis hermanos teniéndola a ella sentada sobre mis piernas.

Sí, definitivamente no podré dejar de tocarla en muchísimo tiempo.

―Naruto, déjalo ya... ―suplica riendo quedito.

―Nop ―respondo con un puchero y muerdo su tentador labio. Hinata se rinde y corresponde mi beso llevando su lengua al encuentro con la mía, gimo de placer ante la nota dulce que desprende su saliva cuando la puerta de la casa de mis hermanos se abre. Ella trata de alejar sus labios de los míos, por lo que termino babeando su mejilla.

―Sepárense ya, hay niños presentes, Jesús ―gruñe Sasuke con disgusto. Unos pasitos a toda velocidad se escuchan en el interior de la casa y ambos sonreímos con infinita ternura. Muero por ver su reacción cuando vea a sus padres juntos por fin.

― ¡Mami, papi! ―grita nuestro hijo corriendo hacia nosotros, Hinata se despega de mi cuerpo y lo recibe entre sus brazos. Sonrío con un nudo en la garganta al verlos juntos y estrecho a Boruto fuertemente contra mi torso cuando me abraza a mí también.

¿Cómo pude perderme de cinco años con él?

― ¿Ya eles novio de mi mamá, papi? ―pregunta esperanzado y todos ríen a mi alrededor presenciando nuestro encuentro. Una sonrisa arrogante se forma en mis labios.

― ¿Por qué no se lo preguntas a ella? ―Le guiño un ojo y él obedece inmediatamente.

― ¿Mi papá y tú están juntos, mami? ―Guardo silencio y espero su respuesta. Hinata suspira, sin embargo, sé que está tremendamente feliz gracias al rojo de sus mejillas.

―Sí, nene ―Sus ojos se posan directamente sobre los míos―. Tú papá y yo estamos juntos.

― ¡Sí! ―exclama de alegría y carcajeo por su efusividad. Él voltea en dirección a mi sobrina y agita su muñeco de Luffy en el aire―. ¡Salada, mida! ¡Mi mamá y mi papá se quieden tanto como los tuyos!

Nuestras carcajadas inundaron el lugar y me siento feliz por haberlo hecho feliz a él también, no puedo esperar para iniciar mi vida junto a ellos. Hinata lo envía a recoger su mochila y él se apresura llevando a Sarada casi arrastras. Sakura se acerca a mi chica y la abraza felicitándola. Sasuke en cambio me da un sutil golpe en el hombro y esboza una pequeña sonrisa en mi dirección. No solo Hinata y yo estamos juntos, sino que ahora los cuatro seremos una familia y eso, ya por sí solo es una maravilla.

―Me alegro mucho por ti.

―Gracias, Sasuke ―susurro mientras observamos a nuestras mujeres conversar como solían hacerlo antes, pero de repente el semblante de Sasuke se transforma.

―Estuve investigando con algunos colegas sobre este tal Toneri Otsutsuki. Es un tipo peligroso que maneja negocios turbios. Ten cuidado.

Asiento arrugando la frente.

―Lo sé, su interés en Hinata se debe a que Hiashi le quedó debiendo mucho dinero ―Bajo la voz cuando Sasuke me mira boquiabierto―. La perra de su madre lo puso a escoger entre sus dos hijas, podrás imaginar a quien eligió.

―Joder, esto es grave, Naruto.

―Soy consciente de eso. Sé que no se quedará de brazos cruzados, menos después de la paliza que le di ―añado y medito sobre esto último. Sé que es un tipo peligroso, que no es de fiar y mucho menos de los que dejan estos asuntos por la paz. He tratado de ignorar el presentimiento, pero sé que las cosas no se quedarán así. El problema es que no estoy dispuesto a arriesgar a mi familia incluso si eso me cuesta la vida. Hinata y Boruto siempre serán lo más importante sin importar qué.

―Tomará represalias.

―Por eso me los llevaré a vivir conmigo ―Sakura y Hinata prestan atención a nuestra conversación y se aproximan a nosotros, ambas con la preocupación surcando su rostro.

―Naruto, no creo que sea... ―Empieza mi chica, pero la interrumpo tomándola de la cintura y atrayéndola a mi cuerpo. Sé que la idea no le va a agradar, pero por ahora es lo menos que puedo hacer.

―Sé que no es lo que quieres amor, pero estar en tu casa ya no es seguro ―Beso su sien y acaricio su piel con mi nariz.

―Naruto tiene razón, Hina ―dice Sakura abrazando el torso de su esposo―. Ese hombre es peligroso y sabe dónde vives, lo mejor es que vayas con él, recuerda que Boruto podría salir perjudicado también.

Ella asiente suspirando, sé que duda todavía.

―Solo será por un tiempo, lo prometo ―Coloco un dedo bajo su barbilla y la hago mirarme a los ojos―. Bolt y tu son lo más importante para mí, los protegeré con todo lo que tengo.

Ella me mira tan intensamente que por un momento creo escuchar sus pensamientos. Mi preciosa chica tiene miedo, y joder, como me duele ser consciente de eso. Haré lo que esté a mi alcance para mantenerlos a salvo y desaparecer el fantasma de sus padres lejos de nuestras vidas. Todo lo que sea necesario para hacerla feliz.

Es mi promesa.

―Está bien ―susurra resignada, tomo su rostro con mis dos manos y la beso intensamente tratando de transmitirle toda la seguridad y protección que sé que necesita en este momento.

Subo a Boruto sobre mis hombros cuando es hora de irnos. Su felicidad es desbordante, tanto que sus ojos brillan como dos lagunas cristalinas alumbradas por el sol y sé que por esos ojos soy capaz de hacer cualquier cosa.

Tengo por fin, una razón para luchar y seguir adelante.

Sakura y Sasuke se despiden de nosotros no sin antes desearnos buena suerte, subimos al taxi y escuchando las divertidas anécdotas de nuestro hijo nos dirigimos a casa.

Una vez enfrente, pago la tarifa y salgo del auto primero que ellos, introduzco las llaves en la cerradura y abro con cuidado. Entro e inspecciono la estancia buscando alguna señal de que algún hijo de puta haya estado por aquí, pero una vez reviso todas las habitaciones y no encuentro nada puedo asegurar de que no fue así. Hinata y Boruto entran, cada uno a su respectiva habitación para empacar ropa y otras pertenencias necesarias para vivir conmigo en las próximas semanas. Ayudo a Boruto a escoger unos cuantos juguetes y su balón de básquet, luego voy al de mi chica a preguntarle si necesita ayuda, sin embargo, me la encuentro sentada en la cama mirando algo entre sus manos.

― ¿Qué tienes allí? ―Ella se sobresalta cuando se percata de mi presencia y trata de esconder lo que sea que estaba observando―. ¿Hinata?

―Nada... ―dice sospechosamente. Levanto una ceja.

― ¿Segura?

―Ajap ―Sus labios son una línea muy fina, reconozco tan bien cuando está mintiendo que tengo que reprimir las ganas de reír.

La veo detenidamente y antes de que ella lo vea venir, me abalanzo y clavo mis dedos en sus costillas. Sus carcajadas embargan la habitación y grita rogando que pare, lo hago besando su cuello y me abraza cuando la abrazo yo también. Nos quedamos en silencio unos segundos sintiendo sus caricias en mi pelo y disfruto de su calidez y aroma inigualable. Nunca me cansaré de decir que este será por siempre mi lugar favorito en todo el mundo.

― ¿Qué era lo que tanto mirabas? ―Me atrevo a preguntar rato después. Sus manos se posan sobre mis hombros y les da un leve empujoncito. Me aparto de su cuerpo a regañadientes y me siento a su lado. Ella estira su mano hacia atrás, tomando unos papeles y colocándolos en mis manos. Les doy la vuelta y descubro que son las malditas fotografías de las que tanto me han hablado y rio sin humor cuando analizo lo jodidamente bien hechas que están.

En una aparezco sentado en un restaurante frente a una mujer rubia que en mi vida he visto, chocando nuestras copas y tomando nuestras manos. En la otra estamos tomados de las manos ingresando a un hotel, hotel que estoy seguro en aquel entonces jamás hubiese podido pagar. Y así sucesivamente, lugares diferentes y todos con la misma persona, besándonos o cosas por el estilo.

El hijo de puta que las haya hecho, así como esa mujer debieron recibir una buena tajada por tan buen trabajo, no dejaron ningún detalle por fuera.

―Viendo esto hasta yo me lo hubiese creído ―murmuro en voz baja, entrelazo mi mano con la suya y beso la piel suave de sus nudillos. No puedo imaginar cuantas veces hizo esto mismo, sentarse a mirarlas con el corazón destrozado―. Las mandaré a desmantelar.

―No es necesario... ―susurra en un hilo de voz mirando sus pies―. Sé que es mentira...

―Hinata ―La llamo y ella levanta su mirada. Sus ojos brillan de lágrimas y sé que nadie tendrá una idea de lo mucho que me duele esto―. Quiero y necesito hacerlo porque sé que en tu linda cabecita todavía dudas de que sea mentira. Es mentira, pero quiero probártelo.

―Naruto... ―Una lagrima se desborda y de repente tengo sus brazos rodeándome, sus labios besándome―. Te amo.

―Yo también lo hago, nena, con toda mi alma...

El timbre de la puerta principal resuena por toda la casa y me pongo de pie casi por instinto. Salgo al pasillo y le ordeno a Boruto encerrarse en su habitación, él hace caso sin reprochar y maldigo entre dientes porque sé que está asustado. Dirijo mis pasos hacia el lugar donde tocan incesantemente. Con una Hinata temerosa detrás de mí, me preparo para quien sea que esté del otro lado.

Abro la puerta y una mujer con el rostro distorsionado en ira aparece en mi visión, ni siquiera se percata de mi presencia, sino que se apresura hacia mi chica con su palma abierta elevada en el aire. La intención de golpearla es tan clara como el agua, solo que en mi puta vida permitiré que le ponga sus malditas manos encima.

― ¡Eres una estúpida! ―chilla y tomo su brazo antes de que siquiera se le acerque, me mira y su mueca de odio se contrae todavía más―. ¡SUELTAME GILIPOLLAS!

― ¡En tu puta vida le vuelves a poner una mano encima, zorra! ―rujo en su cara y ella se encoge ante mi atronador grito. La suelto porque me da asco siquiera tocarla y me ubico entre ella y Hinata. No dejaré que se le acerque nunca más.

Miro a mi chica sobre mi hombro y mi pecho se encoge al ver sus ojos brillosos. En eso hemos sufrido ambos, nadie supo darnos amor cuando solo éramos unos niños. La diferencia es que ahora nos tenemos y nos amamos, nadie más cabe entre nosotros, solo nuestro hijo.

― ¡Eres un maldito imbécil! ¡Tenías que volver a aparecerte para arruinar las cosas! ―chilla y justo cuando voy a replicar y mandarla a la mierda, Hinata pasa por mi lado hecha una furia, levanta su mano y la estrella directamente en la mejilla de su madre, hago una mueca porque sé lo que le pesa la mano y cuando veo a Hana retroceder encorvada sé que le dolió incluso más que a mí.

― ¡¿Reconoces entonces que lo amenazaste?! ―brama, totalmente fuera de sí.

― ¡Hice lo que tenía que hacer para que no arruinaras tu futuro con este imbécil!

― ¡¿Vendiéndome al mejor postor?! ―Trata de volver a golpear a su madre, pero la tomo de la cintura y la coloco detrás de mí, a pesar de que no deja de forcejear―. ¡Y este imbécil como tu le dices es el hombre que amo y amaré toda mi vida! ¡¿Cómo pudiste amenazarlo con matar a sus hermanos?! ¡Estás loca!

― ¡La que está loca eres tú por preferir a este marginado antes que a Toneri! ¡¿Tienes idea de todo lo que ese hombre estuvo dispuesto a darte?! ¡Piensa las cosas, Hinata, utiliza la cabeza y date cuenta de que con este tipo no tienes futuro! ¡Dale al mocoso y ven conmigo, todavía tienes una oportunidad!

Una marea roja consumió todas mis células y neuronas con su último comentario, mis fosas nasales aletearon con ira y antes de poder evitarlo ya la estoy tomando de su blusa. Sus ojos se abren atemorizados y agarra mi mano porque prácticamente la estoy ahorcando. Lástima que me importe muy poco lo que le pase y me lamento no poder dejarla sin aire como tanto desearía.

―Una sola palabra más y te darás cuenta de lo que soy capaz, Hana ―siseo muy cerca de su cara―. Ya no soy aquel chico que amenazaste con una pistola, primero te mato antes de que te acerques a mi mujer o a mi hijo.

―Naruto, suéltala, no vale la pena ―suplica Hinata tirando de mi brazo.

―Es la última vez que tratas de utilizarla para tus asquerosos objetivos ¿entendiste? Y la amenaza va para ese imbécil que tienes como socio, que no se le vuelva a acercar nunca más o se darán cuenta de lo que soy capaz y pobre de ti si le haces algo a Hanabi porque te buscaré hasta debajo de las piedras ¿ahora sí entendiste?

La suelto con el asco que de verdad le tengo y retrocedo un par de pasos, miro en dirección a mi chica y descubro a Bolt aferrado a su muslo, me mira con sus ojitos azules llenos de temor y duda y lamento que me haya visto así. Hana tose inhalando aire y sostiene su garganta que va enrojeciéndose a cada segundo, estuve a punto de cumplir con uno de mis mayores anhelos.

― ¿Qué pasa, papi? ―susurra mi hijo en voz baja, la maldita mujer frente a mí reaccionó al escuchar su voz, yergue su torso y sonríe con malicia cuando clava sus ojos en él.

Mi paciencia terminó de acabarse con la frase que soltó a continuación:

― ¿Sabías que esta mierda abandonó a tu madre porque no quería que nacieras?

Juro que jamás en mi vida podré olvidar la expresión de Boruto al escuchar esas palabras. Literalmente su mundo se derrumbó delante de mí. El bronceado de sus mejillas se apagó, así como el dolor que embargó sus ojos azules. Soltó la pierna de su madre negando con su cabecita una y otra vez, intercambiando miradas entre ella y yo como si se negara creer lo que acaba de escuchar, y antes de que Hinata pudiera tocarlo se soltó a llorar desconsolado.

Sí, una parte de mí acaba de morir en este momento.

Hinata clava sus dedos en el brazo de la hija de puta y la empuja fuera de la casa gritando una cantidad de improperios que ningún niño debería presenciar. Estoy tan furioso que fue un esfuerzo titánico no estampar mi puño en algo, a pesar de que todavía me encuentro en shock. Miro a mi hijo retroceder cuando trato de acercarme, como si temiera que lo fuera a herir. Muerde su labio, se echa a correr por el pasillo y azota la puerta de su habitación, encerrándose dentro.

Cuando trato de ir tras él, Hinata me lo impide estrechándome entre sus brazos.

―Dale unos minutos, él es muy sensible y no te escuchará en este momento ―Mis ojos se nublaron y esta vez si que no pude contener el llanto. Me abracé a su cuerpo y lloré en su cuello como un niño pequeño.

Si yo me siento tan destrozado ¿cómo se sentirá él?

*Exacto ¿cómo se sentirá, cómo se ha sentido? Los niños son muy sensibles y receptivos y les aseguro que nuestro niño está destrozado, sabemos muy bien que las cosas no fueron así, pero él debe conocer la verdad, saber que su padre sí se fue de su lado antes de que naciera. Ya veremos como hará Naruto para reparar su coranzocito.

¡Nos leemos la otra semana y gracias por seguir aquí!