isclaimer: Los personajes no son míos sino del grande de Togashi Yoshihiro (que espero se recupere pronto y siga el manga) yo solo los uso humildemente para crear esta nueva trama & jugar un poco con lo que podría pasar a futuro.


Time Torture

.

.

"Muchos hablan de mí, pero pocos me conocen realmente.

K. Zoldyck"

.

.

-Se están tardando mucho...-murmuró Leorio, observando de reojo a cierto peli-plateado que se mantenía mudo e impertérrito.

Silva Zoldyck se había retirado minutos atrás con su hijo mayor inconsciente, prometiendo que alguien lo reemplazaría mientras él no estaba. Para Killua, había sido un alivio que su familia desapareciera momentáneamente, de sólo pensar en las palabras de Illumi, su sangre volvía a hervir con furor. Fue en ese preciso instante en que la voz de Leorio volvió a escucharse, más nervioso que antes.

-Killua, creo que hay que ir a ver qué está pasando.-sugirió, esta vez captando de lleno la atención de su amigo.

-No creo que Kotori esté muy contenta, ell...-la respuesta sin vida del ojiazul quedó en el aire cuando escuchó un grito femenino llamando su nombre. Ambos varones se giraron para encontrarse con Mei, quién, seguida de Kurapika, lo llamaba a gritos y hacía grandes aspavientos, su cara contorsionada por el miedo.

El grito ininteligible fue convirtiéndose poco a poco en una frase coherente, en tres palabras que sacaron un respingo de incredulidad al joven de ojos azules. Sin embargo, al ver que la pareja seguía vociferando lo imposible, su incredulidad pasó a ser preocupación en un instante.

-¡Yami ha vuelto!-chilló Mei, dándole por fin alcance. Cansada, con la respiración agitada y el terror en sus ojos violeta, miró por primera vez a Killua Zoldyck, reconociéndolo vagamente del pasado. El rubio llegó al lado de ella, con Sayumi en brazos, quién se encontraba inconsciente y con una laceración en la cabeza.

Leorio, entrando de lleno en su papel de doctor, tomó a la niña en brazos y procedió a revisarla mientras dejaba que los más jóvenes resolvieran el asunto de Kotori a solas. Le bastó unos minutos saber que la niña estaba grave y que, si no la llevaban inmediatamente a un hospital, moriría desangrada en menos de un día.

-¡¿Qué vamos a hacer?! ¡El hospital más cercano queda a un día y medio de camino!-gritó Mei, desesperada.

La joven cayó al suelo sollozando sonoramente, maldiciendo haber nacido en aquella familia, maldiciendo a Yui, maldiciendo a Pariston que era el que tenía la culpa total de todo eso. Kurapika, conmocionado por la desolación que mostraba la chica, se sentó a un lado de ella e hizo lo único que estaba a su alcance en aquel momento; abrazarla protectoramente.

-Tal vez yo pueda ayudarlos.-dijo una voz femenina que Killua conocía muy bien y que no tuvo que girarse para comprobar sus suposiciones.

Palm se hallaba tras ellos, observándolos con una mirada misteriosa que sólo dejaba entrever la sabiduría que una mujer podría tener. Caminó hacia ellos, sonriendo quedamente a los jóvenes.

-Será mejor que me acompañe, Leorio, después de todo, usted es el doctor aquí.-recordó la mujer, señalando un pequeño portal que estaba a unos metros del lugar y que Killua reconoció como uno de los que Knov hacía con su habilidad nen.-Además, la presidente está muy preocupada de usted.

Leorio se sonrojó ligeramente, aguantándose las ganas de golpear a la mujer por decir semejante cosa en un momento como ese. Es por ello, que optó por tomar a Sayumi en brazos y, procurando no tropezar, siguió a Palm.

-Debería de venir la hermana de la niña.-sugirió Palm, deteniéndose un momento para echarle un vistazo a Mei, que aún permanecía en brazos de Kurapika.

Leorio estuvo de acuerdo, lanzándole una mirada al rubio quién, un poco a regañadientes, soltó a la muchacha y le animó a seguir a la pareja. Mei dudó un segundo, perdiéndose en los ojos grises del joven, ardiendo de ganas de hacer algo que hacía rato deseaba, pero conteniéndose porque sabía que no era el momento propicio para ello. Le sonrió débilmente a Kurapika antes de musitar:

-Prométeme que volverán con vida.

El rubio, clavando intensamente su mirada en ella, asintió firmemente, antes de dejarla ir completamente.

Mei, Palm y Leorio, llevando en brazos a Sayumi, desaparecieron tras el portal que se cerró irremediablemente delante de ellos. Estaban definitivamente atrapados en medio de la nada, con un demonio desquiciado poseyendo el cuerpo de Kotori Hill, un demonio peligroso que no tenía remordimientos ni culpa en matar a alguien.

-No creo que puedas escapar más de Kotori.-dijo Kurapika, tendiéndole una mano al ojiazul.-Y aunque piense que no te la mereces...-Killua hizo un gesto afirmativo que descolocó al rubio.-Eres el único que puede sacarla de la oscuridad en la que está. Confío en ti que harás eso.-aseguró el ojigris, sonriéndole amigablemente.

Killua estaba sorprendido de que el rubio volviera a hablarle de la misma forma normal que antes, como si nunca hubieran conocido a Kotori Hill, como si nunca hubiera estado en sus vidas. Sintió un gran alivio en su pecho, agradeciendo poder tener una mano amiga en aquellos momentos, alguien como Kurapika.

-Tenlo por seguro que salvaremos a Kotori. Aunque Yami intente asesinarnos.


.

.

Ging había llegado a una conclusión escalofriante pero lógica después de tanto tiempo vigilando en secreto al ex miembro del Zodiaco. La conclusión le había dado un dolor de cabeza gigante, un poco de asombro y una pizca de preocupación. Con tantas cosas que iba averiguando y descubriendo del hombre, con cada secreto oscuro y detalles escabrosos de su pasado, se daba cuenta que las cosas eran más graves de lo que se veía a simple vista y el mundo podría irse a la mierda total si el rubio llevaba a cabo en su totalidad sus planes. Ése mundo perfecto y lo suficientemente desafiante para él como para estropearlo con un par de secretos de sangre y ancestros diabólicos. Ahora sabía, de muy buena fuente, que Pariston estaba débil y tal vez sería el mejor momento para matarlo, es más, estaba seguro de que lo haría si no fuera por dos cosas que se habían salido de sus cálculos: Kallisto y Kassiopeia Hill.

No es que él fuera un hombre con un gran sentido de la paternidad o fraternidad, pero si mataba a Pariston ahora, en ese minuto, no podría saber la forma de devolver a su estado original a ambas hermanas, pues, convenientemente, el rubio era el único que sabía del método efectivo para ello. Y si él no lo averiguaba antes, no podría salvar a dos almas inocentes de la corrupción del político y terminarían en el infierno que eran los laboratorios del V5. Eso no se lo deseaba a nadie.

Así que allí estaban. El rubio amarrado a una silla al estilo policial, inconsciente y ensangrentado, y él esperando que despertara para poder interrogarlo. Podía ser un muy buen cazador pero no tenía reparos ni escaseaba en métodos cuando quería conseguir algo.

-Que conste que esto lo hago sólo por la memoria de mi madre y mi hermana.-susurró una voz sacándole una sonrisa, de todas formas, no estaba precisamente allí para hacerse el héroe del día.

-Tienes dos hermanas, no lo olvides.-susurró él a su vez, mirándolo de reojo.

La persona soltó un gruñido, después de todo, no le gustaba para nada que le recordaran cosas del pasado.

-¿Cuál es tú plan para cuándo despierte?

-Interrogarlo.-dijo él simplemente.

-Sabes que no es tan fácil sonsacarle la verdad a alguien como él.

-Suenas como una abuelita asustada, ¿te da miedo saber la verdad tras todo esto?

Otro gruñido, ésta vez más sonoro.

-Ya sé la verdad.-respondió, luego de unos breves instantes.

-No, no lo sabes y por eso es que estás acá. Mejor saber en qué mundo vives, que pasarte la vida fantaseando y sacando conclusiones con el, ¿qué hubiera pasado?-Ging sonrió de lado, hacía mucho que había dejado de creer en las falsas ilusiones.-Pero ésta vez, no seré yo el que te lo diga sino él.

Escucharon un quejido por parte del rubio, lo que significaba que en poco, estaría despierto.

-Será mejor que te escondas, bien sabes que si te ve, no durará en revolver tú mente y tus pensamientos con sus palabras.

La persona asintió de mala gana, escondiéndose entre la penumbra que invadía la habitación. Cinco minutos después, Pariston despertaba de lo que parecía ser un largo letargo, desorientado, sin siquiera notar aún quién estaba delante suyo.

-Buenas noches, Pariston.-siseó Ging, atrayendo la atención del rubio hacia él.-O debería decir... ¿Fuun?


.

.

-Va a estar bien, ¿cierto?-preguntó Mei, sentada en uno de los bancos del hospital de la Asociación de Cazadores.

Leorio estaba con ella, a unos metros, su mirada fija en las puertas dobles que daban hacia la UCI, listo para entrar en el momento en que Cheadle lo necesitara. Sabía que debería tener más consideración con la ojivioleta, pero el grave estado de Sayumi lo tenía preocupado, las laceraciones en el cráneo eran graves, pero el peligro era aún mayor cuando estaban impregnadas con nen maligno, y esta vez, el caso de la niña era aquel. ¿Qué es lo que había ocurrido? ¿Cómo había sido posible? Si bien, él no había visto a Yami con sus propios ojos, le bastaba con observar los rostros aterrorizados de los demás para darse cuenta de que era un ser oscuro y de armas tomar. No era Kotori Hill, de eso estaba seguro, era un ser mucho más allá del raciocinio humano y de la civilización actual.

-Sí, va a estar bien.-dijo conciliadoramente, aunque en su mente, esa mentira le supo muy amarga, tal vez físicamente la niña se salvaría, pero en cuanto al nen maligno impregnado en ella…

Cheadle salió unos minutos después, su rostro serio y blanco como el papel, como si tuviera que dar una muy mala noticia. Mei pensó lo peor y las lágrimas inevitablemente comenzaron a salir al imaginarse lo que la mujer diría a continuación. Cualquier cosa menos "está en estado estable, en un par de horas despertará", que, aunque le tranquilizó enormemente, no dejó de lado la preocupación constante que oprimía su pecho. Dicho esto, la mujer le hizo una seña al pelinegro para que le siguiera, desapareciendo otra vez tras las puertas de la UCI, dejando a Mei, una vez más, sola.

-No hemos podido sacarle la maldición que lleva dentro.-dijo ella, antes de que siquiera su compañero formulara la pregunta.-Ningún exorcista ha podido hacerlo, es algo tan oscuro y maligno, que viene de alguna parte que no es el mundo como lo conocemos.-explicó, dándole una significativa mirada al pelinegro.

-¿Crees que ella… crees que es algo como lo que Alluka tiene dentro suyo? ¿Crees que sea capaz de hacer lo mismo que hizo por Gon?

-No lo sé realmente-respondió ella-pero como Sayumi-chan no tiene lazos sanguíneos con los Hill, tal vez sea posible que Alluka-chan remueva la maldición así como restauró el cuerpo y la salud de Gon-san. Es una opción con altas probabilidades.

-¿Qué pasa si no se remueve esa maldición?

Los ojos de Cheadle se oscurecieron.

-Se convertirá en un demonio más.-Leorio vio cómo la mujer comenzaba a temblar ligeramente, tal vez, todo lo que estaba pasando la estaba superando.-Si no hacemos algo, esto se nos saldrá de las manos y Pariston por fin tendrá su ejército listo para ir al Continente Oscuro.

El pelinegro pasó un brazo por sus hombros, apretando ligeramente su brazo en señal de ánimo y consuelo. Era tal vez la primera vez que demostraba un gesto de cariño que estuviera libre de coquetería y segundas intenciones, un gesto que fuera hecho simplemente porque alguien necesitara un poco de aliento dentro de todo el caos que se había avecinado en el último tiempo.

-Y tú, no me vuelvas a preocupar así.-soltó Cheadle, ligeramente ruborizada.-De verdad estaba preocupada por t… Digo, estaba preocupada por ustedes.-se corrigió, dándose cuenta de su error.-La próxima vez que se las den de héroes, por lo menos escuchen a aquellos que han tenido más años de experiencia que ustedes, ¿queda claro?

Leorio sonrió, sonrojado al recordar las palabras que Palm le había dicho en la mansión de los Tomori. Además, la presidente está muy preocupada de usted… ¿Por qué de repente se sentía tan extraño? ¿Por qué ahora sentía unas grandes ganas de abrazar a la presidente y de jurar por su integridad que la protegería a toda costa? Además, la presidente está muy preocupada de usted. Cheadle no era cualquier mujer, no era una conquista de turno ni un ligue casual, era una mujer seria y comprometida, con principios, metas y valores morales que no tenían comparación con otras mujeres de su edad. Está muy preocupada de usted. Negó quedamente, él no podía pensar de esa forma con respecto a ella, era la presidente, era su líder y su mentora en relación a la medicina. Su aliada y colega como cazadores, pero nada más.

La presidente está muy preocupada de usted.

-Claro como el agua, presidente.-afirmó, separándose de ella, aunque no contó con lo que esa mujer seria, aguerrida y dura, haría a continuación.

-Eres un buen hombre después de todo.-lo elogió, antes de besarlo suavemente, provocando que todos sus pensamientos moralistas y serios se disiparan como humo en su mente.

Él no había ido a buscar una conquista cuando aceptó ser parte de los Zodiacos, simplemente aceptó para ayudar a un amigo y cumplir con su promesa de convertirse en doctor, sin embargo, al parecer, ese dicho era cierto, las cosas que no se buscan, llegan cuando menos te lo esperas.


.

.

Iban a entrar. Bueno, ese era el plan y eso es lo que querían ambos, pero no sabían si hacerlo en ese momento o después, quizás… ¿En unos diez años más? No, tenían que dejarse de bromas. Sabían que Hina y Yuna estaban allí dentro, junto con Yami, que quizás ellas… No, no querían imaginárselo, sobre todo Kurapika, que sentía que no tendría el valor para decirle a Mei que sus hermanas habían muerto.

-Si seguimos aquí, no vamos a entrar nunca.-dijo Killua, dando un paso al frente.-Ya hemos pasado por esto y sabemos un poco cómo es Yami, esta vez, debemos derrotarla, a como dé lugar.

El rubio asintió, siguiendo a su compañero cuando, con una improvisada patada, abrió las puertas, revelando el espectáculo que había dentro de ellos.

Una vez, Kotori Hill pensó que el rojo la perseguía por todas partes, impregnándola, ensuciándola, invadiendo cada poro de su piel. Y esos pensamientos, lejos de reconfortarla, la sacaban de quicio, la atemorizaban, la aterraban a niveles insospechados. Para Kotori Hill era así… En cambio, para Yami…

A ella le encantaba el rojo.

Las paredes estaban cubiertas de rojo brillante, oscuro, intenso, pasional. Rojo en los doseles de las camas, rojo en los muebles, rojo en las ventanas y puertas, rojo el piso marmóreo, rojo el rostro macabro de Yami. Por un segundo, Killua y Kurapika abrieron los ojos desconcertados, éste último temiendo lo peor, sopesando que sus ideas se estaban haciendo realidad. No obstante, se esfumaron cual niebla en un día soleado cuando vio a Yuna y Hina acurrucadas en una esquina de la habitación, los ojos desorbitados y muecas de terror en sus rostros normalmente hermosos. Le hizo un gesto a Killua y éste, entendiendo la situación, volvió a mirar a Yami, que aún estaba de espalda a ambos. Si la sangre que salpicaba la habitación no era de las hermanas, entonces, ¿de quién era?

-Kuu-chan, Kill-chan, los estaba esperando.-susurró con voz juguetona, algo que solo provocó un respingo por parte de ambos jóvenes.-Pero estaban demorando tanto, que tuve que distraerme con algo para no aburrirme. ¿Adivinan qué encontré?-la joven volteó ligeramente su rostro, sonriendo aún más.-Una bonita chica de cabello plateado.-terminó de decir volteándose, dejándoles ver algo que colgaba de su mano izquierda.

A pesar de que ambos habían visto muchas escenas horripilantes, no pudieron evitar las ganas de vomitar al ver la cabeza de Tomori Yui colgando cual péndulo de la mano de Yami, sus cabellos albinos manchados de rojo carmesí. ¿Había matado a la chica? No, eso sería decir algo muy simple, una muerte rápida sería demasiado piadosa para alguien como Yami; ella realmente se había divertido asesinando a la ojiverde, sino, la habitación estaría libre de sangre. Kurapika fijó sus ojos más atrás de Yami y volvió a sentir arcadas, había algunas partes del cuerpo de Yui desparramadas, brazos, piernas, una mano y sangre, demasiada sangre.

-¿Qué...?

-¿Sorprendidos?-preguntó ella, moviendo su brazo libre de la cabeza.-Kotori no creyó que sería capaz de hacerlo, después de todo, ella es una cobarde moralista que perdonó la vida de una zorra simplemente por su estúpido sentido de justicia...-los ojos rojos de Yami se oscurecieron, tal parecía que esa versión de la pelirroja realmente odiaba a la albina.-Así que le ahorré el trabajo de matarla, total... Disfruté cada grito que dio cuando la partí en dos.

Ambos jóvenes estaban asqueados de lo que Yami hablaba con tanta naturalidad, no entendía cómo podía ser que alguien fuera tan inhumano para hablar de la muerte cómo quién comenta del clima.

-¿Por qué la mataste? Ella no te había hecho nada.-espetó Killua, sin despegar su vista áspera.

-A mí no, pero a Kotori sí y ya sabes, mientras más oscuridad acumule, mayor energía tendré yo, sólo hice lo que su tenebrosidad deseaba.-dijo la joven, apuntando la cabeza de Yui hacia las hermanas Tomori y lanzándola junto a sus pies, provocando grititos ahogados de ambas.-Después de todo, ella iba a morir tarde o temprano.

-¿Por qué dices eso?-fue el turno de Kurapika de preguntar.

-Una vez que es marcada por mi hermano, no deja de ser su esclava para siempre. Si ella se arrepiente de algo que hizo bajo la marca o mi hermano muere, ella también lo hará.-la mueca burlona añadió aún más maldad al rostro de Yami.-Y ella... Al parecer se arrepintió de haberlo seguido en sus planes al ver que todas sus hermanitas la odiaban.

Yuna y Hina abrieron los ojos desconcertadas, no esperaban una respuesta como aquella y menos saber que a final, su hermana de verdad se había arrepentido.

-O sea, ¿le ahorraste el sufrimiento?-habló el ojiazul con evidente ironía. Apretó los puños, sintiendo que su en salía de su cuerpo en ondas eléctricas que chocaban y tensaban el ambiente como un cable eléctrico a punto de romperse. Ira, rabia, deseo se mezclaban impregnando el lugar, haciendo sentir a los presentes que Killua Zoldyck no era sólo un chico humano sino también un asesino y cazador.-Ya no me importa si ese es el cuerpo de Kotori, te destruiré con todo lo que tenga con tal de no volver a ver esa cara nunca más.-siseó antes de que su cuerpo entero se electrificara, iluminando aún más el lugar.

Yami estaba tan concentrada en reírse de todos que no se dio cuenta cuando el peli-plateado dio el primer golpe, haciéndole un gran daño al estar electrificado. La chica cayó al suelo chillando de dolor, más por la sorpresa que por el hecho de que Killua le haya atacado, no obstante, su locura no conocía límite alguno en cuanto al daño que podía infringir de vuelta y fue por esa misma razón que contraatacó con mayor brutalidad, atravesándole una vez más con su lanza en uno de sus brazos. La sangre salpicó el poco suelo limpio que quedaba y el rostro manchado de Yami, quien esbozó una sonrisa de triunfo.

-No pensaba matarte esta noche, Kill-chan, pero veo que esa tipa era mucho más importante para ti que tú adorada Kotori. ¿Cómo se sentiría al respecto si estuviera aquí?-la muchacha agitó su melena gris altaneramente, tal pareciera que disfrutaba con el dolor ajeno y el dolor interno de la dueña de ese cuerpo, el dolor de Kotori.

-No me importa si me matas pero antes de eso, yo lo haré contigo.-siseó el ojiazul sacándose de un sólo movimiento la lanza, casi inmutado por el dolor.

Kurapika había tenido la buena idea de sacar, con mucho esfuerzo debido al shock, a Yuna y Hina, no sin antes asegurarse de que ambas estuvieran bien aparte del miedo. Sin embargo, no podía sentirse más que inútil frente a los otros dos pues comprendía, aunque le doliera, que ese asunto era solamente de Killua y Kotori/Yami. Él sólo era un refuerzo más en el caso de que el peli-plateado necesitara ayuda, pero no era su batalla. Era la de ellos.

-Vaya, mucho coraje tienes para ser solo un niñito jugando a ser adulto.-se mofó Yami, haciendo una profunda reverencia.- ¿Estás seguro de que quieres enfrentarme? Lo más probable es que termines muerto y tu querida Kotori… Se pase la vida sufriendo por su propia culpa.

-¿Y quién dijo que iba a morir?-alegó Killua, desafiante.-Cuidado con subestimarme, soy más de lo que crees.

Y sí lo era. Kurapika vio el puño eléctrico lleno de intensidad vibrante e ira golpear el pecho de Yami antes de gritar asustado por sus claras intenciones. Killua Zoldyck no era solo un chico humano… Era un asesino después de todo. Y Kurapika lo sabía muy bien.


.

.

Ging nunca creyó que llegara el día en que vería chillar como un animal herido al gran Pariston Hill. Sin embargo allí estaba, frente a un hombre rubio que resoplaba entre angustiado y colérico, su rostro lleno de magullones y algunos de sus brillantes y sedosos mechones rubios esparcidos en el suelo, producto de los jalones que su compañero le había proporcionado para que no escondiera la mirada como la rata que era. Ging tampoco creyó que su acompañante fuera tan sádico hasta que vio que, cuando se trataba de Pariston, se transformaba en una persona totalmente distinta, no obstante, no lo culpaba, sabía que tenía suficientes excusas para actuar como lo estaba haciendo en ese instante.

-No pensé que tendríamos que llegar a estos extremos.-siseó el hombre, observando indiferente los ojos fúricos del rubio.-Fuun te ha abandonado en estos momentos y ya no puedes resistir el dolor que te están infringiendo porque sin él, solo vuelves a ser un hombre débil y cobarde.-declaró.-Si no quieres cooperar por las buenas, deberá ser por las malas y créeme, no querrás provocarlo.-sugirió Ging apuntando a su compañero. No obstante, por toda respuesta recibió una patada débil del rubio que le dio a entender que no estaba dispuesto a revelar todos sus más oscuros planes y secretos de forma voluntaria.-Yo te lo advertí.-suspiró, intercambiando una mirada con su acompañante.

Pariston podía permitirse el pensar que por primera vez tenía miedo. Sin la ayuda de Fuun, quien había estado manejando todo, sólo volvía a ser un hombre débil que, sin embargo, estaba lleno de ambición y codicia. Vio como la otra persona volvía a salir de las sombras con una expresión de asco en su mirada y supo que, si no hacía algo rápido, acabarían sabiendo todo lo que había pasado. Todo. Absolutamente todo.

-Esto amerita que me presente.-se burló la persona, sonriendo socarronamente.-Soy Tachibana Ryo, tengo diecisiete años y soy… El medio hermano de Kotori.

La información le cayó como un balde de agua fría al rubio, sintiendo que eso era la gota que rebalsaba el vaso. Volvió a contemplar al joven frente suyo y se dio cuenta, muy a su pesar, que estaba en lo cierto. Era malditamente parecido a su jodida madre.

Ryo era tan o más guapo que él, algo que ya le cabreaba, y no dudaba en que tenía parentesco con Kallisto, habría que ser un idiota para no notarlo. Su sonrisa vacía y su apariencia atractiva podían persuadir a cualquiera, tal cual… Tal cual lo haría un demonio. De cabello azul oscuro, rasgos aristocráticos, complexión atlética y fuerte y ojos dorados, solo podía distinguirse por el lunar bajo su párpado derecho, un rasgo que sin dudas, heredó de la bella Kotori Hill. Sin embargo, sus gestos, sus maneras, su cabello oscuro y su tez pálida, pertenecían a otra persona, seguramente al padre del joven, pues desconocía esa forma tan apasionada y franca con la que estaba actuando. Vestía de forma elegante y se notaba que iba a algún instituto escolar, lo intuía por la camisa blanca, la corbata burdeo y los pantalones y chaqueta azul oscuro que portaba un logo de alguna academia. Y los zapatos… Bueno, a la vista se notaba que eran carísimos.

Aunque al parecer, no le importaba ensuciarlos cuando se trataba de su sangre.

-Te preguntarás porqué estoy aquí… Porqué he estado malgastando mi tiempo en buscarte, hallarte y aprisionarte, a ti, un insignificante insecto para mí… Y la razón es simple: tú mataste a mi madre… Yo haré lo mismo contigo, no sin antes saber todo este enredo de mentiras y engaños y planes sucios en los cuales has metido a mi hermana. Y, aunque ella nunca se entere que tiene otro hermano, haré todo lo que esté a mi alcance para que logre vivir tranquila y con algo de felicidad porque es lo mínimo que merece después de pasar por todo este infierno. ¿No lo crees?-razonó irónicamente, observándolo con altivez.

El rubio escupió con rabia, odiaba que le hablaran así, con arrogancia, pero aún más, odiaba que otro hombre reclamara a Kallisto como suya, sobre todo si decía que era su hermano. Podía aceptar que Kassiopeia fuera hermana de la pelirroja pero ese tipo…

-Yo soy el único hermano que Kallisto tiene. Ella no necesita de nadie más que de mí para sobrevivir, así que no te creas tan importante, ni siquiera ella sabe de tu existencia.-dijo con odio.

-Por favor, lo único que tienes de hermano es el título, nunca has hecho nada a favor de ella, siempre la has utilizado para cumplir tus propósitos.-a Ryo no se le hizo ningún problema escupir esas palabras de vuelta.- ¿Hermano? Yo soy más hermano que tú, por lo menos no la he hecho sufrir por egoísmo y eso incluye el haber matado a su madre… A mi madre… ¡A la única mujer que podíamos llamar con toda propiedad nuestra mamá! ¡Así que no me vengas con el discursito de hermano preocupado y sobreprotector porque si no, te parto la cara siscon codicioso!

Ryo no tuvo problema en pisarle fuertemente el pie derecho al rubio. Tampoco tuvo problema en propinarle una patada en el estómago, sacándole de golpe todo el aire de sus pulmones. Y mucho menos tuvo problema en romperle la nariz, es más, su semblante fue impasible y sereno en todo el proceso.

-Ya que no tienes intención en cooperar por las buenas... No me queda más opción que usar mi habilidad para descubrir tus secretos.

Un suave tintineo irrumpió el silencio tétrico que había en la habitación, Ging pudo apreciar el fino reloj de bolsillo que el peliazul sostenía en su mano derecha, frente a un adolorido Pariston. Éste, al ver la joya con más atención, enfureció aún más al reconocer una de las reliquias de su familia, una que, si no estaba equivocado, había estado en posición de su madre. ¿Por qué la tenía ese tipo?

-Qué vas a hacer, ¿hipnotizarme acaso?-se burló, observando las bellas figuras que poseía la tapa del reloj y la larga cadena de plata. Bueno, todo el reloj era de plata y pequeñas piedras preciosas en su interior.

-Escuché que eras idiota pero no creí que fuera para tanto.-respondió Ryo, sin inmutarse ante las burlas del rubio.-Hoy día me siento generoso así que te explicaré con peras y manzanas de qué se trata esta habilidad para que tú minúsculo cerebro lo capte.-anunció, disfrutando la mueca de rabia del otro.

El joven abrió con parsimonia la tapa del reloj, dejando ver las manecillas y sus números finamente decorados. Si se prestaba mayor atención, se podía escuchar como el segundero se movía imperceptiblemente, envolviendo a todos en su suave vaivén del tic-tac. Se acercó, cual león a su presa y, agarrándolo bruscamente de la nuca, dejó que una gota de la sangre de su nariz cayera directo sobre el reloj.

-Time torture.-susurró melosamente, a lo que Pariston sintió un dolor inmenso de cabeza, no pudiendo reprimir un gemido de dolor.

Abrió los ojos pero se encontraba en el mismo lugar que antes, eso sí, evidentemente solo. ¿Habría fallado esa habilidad? Tal vez era su oportunidad de escapar antes de que ese chico volviera a aparecer. Trató de zafarse de las cuerdas que lo aprisionaban cuando una voz lo sacó de su nulo intento de escape.

-¿Dónde crees que vas? La diversión acaba de empezar.

Frente a él apareció Ryo, tan campante como siempre, sacándole un respingo de asombro.

-Mi técnica, consiste básicamente en viajar a tu pasado, bucear por tus recuerdos, obtener toda la información que deseo con solo una gota de tú sangre. Ahora estoy en tú mente. Ahora sabré qué es lo que escondes, Pariston Hill.-musitó con una sonrisa felina.

El dolor volvió a invadir la cabeza del rubio, dejándolo brevemente imposibilitado de cualquier acción. Había cerrado los ojos de puro dolor que sentía pero el miedo se apoderó de él cuando los volvió a abrir y se encontró en el aposento de sus padres, años atrás. Ryo estaba a pocos pasos de él y observó con curiosidad al chico escondido tras la puerta semi abierta de la habitación, un chico de inocentes ojos marrones y cabello rubio como el oro. Era Pariston Hill, un Pariston de no más de trece años que tenía una mueca de desconcierto en sus facciones. Las voces se hicieron cada vez más nítidas y Ryo, sin dejar de vigilar al hombre rubio, comenzó a escuchar la inquietante conversación que había entre los progenitores de él.

-Tarde o temprano deberá de saber la verdad, Kyros.-dijo la mujer con voz suave, observando fijamente al hombre rubio que estaba de espaldas a ella, contemplando los jardines que se veían desde el ventanal.

-Si le decimos la verdad quedará destrozado.-aseveró él con voz dura.-Y yo, no puedo permitirme aquello, menos ahora que me voy de viaje por un largo tiempo.

La mujer pelirroja se levantó de su asiento y se dirigió con paso vacilante hacia su marido.

-¿Y qué pasa si se entera por otras personas? ¿Qué pasa si alguien malintencionado le cuenta la verdad a Pariston?-Kotori tomó suavemente los hombros del hombre.-Es mejor que nosotros le digamos sobre su origen a que lo sepa por otro lado, queri...

-¡ÉL NO LO SABRÁ!-vociferó el hombre, empujando con más violencia de la que deseaba a su mujer, provocando que cayera al piso.-Él no lo sabrá... ¡No tiene por qué enterarse nunca! ¡No tiene que enterarse que tú no eres su madre!

Kotori Hill le dirigió una mirada dura y decepcionada que traspasó el alma de su marido.

-¿Y qué me queda a mí? ¿Qué pasa con el cargo de conciencia? Está bien que te perdonara una infidelidad Kyros, ¡pero esto no se trata de nosotros sino de tú hijo!

Ryo hubiera deseado escuchar más pero los gritos desgarradores y las súplicas del hombre rubio que aún estaba amarrado a la silla para que parara fueron suficiente motivo para que el peliazul saliera de su mente. Su reloj de bolsillo, el que aún sostenía en su mano derecha, comenzó a andar a gran velocidad hacia delante, sus manecillas girando incontrolable hasta parar en un punto específico. Y, cuando Pariston volvió a abrir los ojos, las lágrimas de amargura inundando su rostro, se dio cuenta que habían vuelto, que ya no se encontraban en la mansión de los Hill, que ya no tenía que pasar por esa tortura que fue el escuchar a escondidas aquella conversación de sus padres, una tortura que sacaba su lado más débil e inseguro.

-¿Así que eres un bastardo?-se burló Ryo, sin dejar la expresión de desprecio.- ¿Fue por eso que mataste a nuestra madre? ¿Porque no eras hijo de ella?-cuestionó, acercándose al rubio.- ¡Contesta!-gritó, empujándolo de una patada y tirándolo al suelo.

Muy pocas veces Pariston había sentido verdadera culpa y susto, sobre todo desde que se había enterado de esa fatídica verdad hacía tantos años atrás. Ahora, sin embargo, frente a Ryo, se daba cuenta de que su tiempo estaba llegando a su fin y su ser se extinguiría si no cumplía con su parte del trato. Fuun no lo perdonaría, era un demonio muy inclemente a decir verdad. Así que, aunque no lo sentía realmente, soltó una carcajada desquiciada mirando con ojos desorbitados al joven y al hombre, el primero realmente asqueado, el segundo con una expresión de lástima.

-Muy bien, no me queda más que seguir hurgando entre tus recuerdos.-decidió Ryo, haciendo girar su reloj de bolsillo.-Time Torture.-volvió a susurrar antes de que el rubio soltara un grito de terror.

Iba a ser una noche muy larga.


.

.

Perdón la larga demora y espero les guste este nuevo cap.

Gracias a quienes me escribieron, quiero decirles que no dejaré botado este fic,

ahora que tengo tiempo quiero ponerme al día, así que esperen los nuevos caps con ganas de leer!

Kotori Hill