Los personajes así como todo lo relacionado a Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling.


13.- Intento fallido.

Un roce, una caricia, un simple beso en la mejilla.

Simplemente eso y su corazón latía más fuerte que nunca. Dio la vuelta y ahí estaba su hija junto a su mejor amiga.

—Te has tardado —dijo la rubia subiéndose al coche, después de haber subido a la pelirroja —. ¿Estás bien? —añadió al ver el rostro de la castaña.

—Sí, Luna —mintió Hermione sonriendo. Miró a su hija por el espejo retrovisor y sonrió.

Simplemente quería escapar de la realidad un momento. Pero sabía que eso no era posible. Tenía que enfrentar la realidad y tenía que decirle a su hija quién era su padre; y a Ron Weasley que tenía una hija.

—Hemos llegado —dijo Luna sacando a Hermione de sus pensamientos.

—Creo que mis padres no están —comentó la castaña al no ver el auto de sus padres estacionado. Aparte las luces de la casa estaban apagadas.

—Probablemente —coincidió Luna bajando del auto.

Y efectivamente, Hermione encontró una nota cerca del teléfono donde decía que los señores Granger habían salido a cenar.

—Creo que es hora de irme —dijo Luna después de unos minutos —. Nos vemos el lunes. Adiós, Rosie.

—Adiós. tía Luna —respondió la niña, dándole un beso en la mejilla.

—Hasta luego Hermione —dijo la rubia, dándole también un beso en la mejilla.

—Con cuidado —dijo la castaña, antes de que la rubia saliera de la casa.

Hermione regresó a la sala donde vio la bolsa de dulces que la pelirroja había dejado sobre una mesa. Subió escaleras arriba y entró a la habitación de su hija donde la ojiazul estaba batallando para quitarse el vestido.

—No puedo quitármelo —dijo la pequeña con el vestido torcido y un brazo salido.

—Déjame te ayudo —dijo la castaña, se agachó a la altura de la pelirroja y con cuidado le quitó el vestido. Después sacó el pijama de la niña y le ayudó a ponérselo.

—Mami, ¿mañana sí podemos ir al parque? —preguntó la niña mientras Hermione la arropaba.

—Tal vez, cielo —dijo Hermione, besando la frente de su hija —. Buenas noches, cariño. Te amo.

—Buenas noches, mami —dijo la niña cerrando sus ojitos —. Te amo.

Hermione se quedó admirando el rostro de su hija. Viéndola dormir. Tenía que hacerlo, ambos tenían el derecho, él de saber que tenía una hija, y la niña de conocer a su padre.

···

La luz de la luna entraba por la ventana de su habitación. No podía dormir, le era imposible. Después de regresar a la Madriguera se fue a su casa. Necesitaba estar solo, pensar. Bajó al mini—bar que tenía en su estudio y se sirvió un vaso de whiskey. Le dio un trago y sintió su garganta arder.

Ella tenía una hija. Tenía un esposo. Esperando seis años para volver a verla y se enteraba que ya era feliz. Ron dejó el vaso sobre la barra, ni siquiera tenía ánimos para emborracharse. Se fue a la sala y se dejó caer en el sofá. La había perdido, ella era de otro ya. Se pasó las manos por su cabello desesperadamente. Había soñado tantas veces con volver a verla, con volver a abrazarla, a besarla. Pero ella era abrazada y besada por alguien más. Ella le había dado una hija a alguien más.

Tal vez su familia siempre tuvo razón, tal vez él debería de haberse olvidado de la castaña. Pero no, él seguía amándola con todo su ser y aun cuando ella estaba con otro, no podía olvidarla.

Sintió como su corazón se partía en pedazos, experimentando el mismo dolor que sintió cuando ella se fue, cuando la había perdido. Pero ahora el dolor era más profundo, ahora la había perdido para siempre.

Él ya no podía hacer nada, ella amaba a alguien más. Sintió las lágrimas descender de sus ojos azules. No las detuvo, ¿para qué? Dejó que su dolor saliera. Tenía que tomar una decisión. Primero tenía que hablar con ella, necesitaba aclararle que nunca la había engañado. Y después la olvidaría. Si ella era feliz con otro, él tenía que ser feliz por ella. Simplemente intentaría, porque sabía que era en vano. Él nunca podría olvidar a Hermione Granger.

Con ese pensamiento volvió a subir a su habitación y se hundió en la cama, tratando de conciliar el sueño.

···

—Ya lo decidí, Luna —dijo Hermione mientras ella y la rubia estaban sentadas en la sala de profesores del colegio en el que trabajaban —. Iré a buscar a Ron y le diré.

—Bien, Hermione —la felicitó la rubia, sacó de su bolsa una tarjeta y se la dio —. Toma.

—¿Qué es esto? —preguntó la castaña mirando la dirección que tenía la tarjeta.

—Ahí es donde trabaja Ron —dijo la rubia mirándola —. En la empresa de su padre.

—Sé dónde queda. Fui varias veces antes de irme a Australia —le comentó Hermione alzando la vista.

—¿Y cuándo iras? —quiso saber la rubia.

—Creo que... mañana —dijo Hermione nerviosa, Luna vio que los dedos le temblaban.

—¿Quieres que te acompañe? —se ofreció la ojiazul, tomándole una mano a su amiga.

—N-no es necesario —sonrió Hermione —. ¿Podrías cuidar a Rosie mañana?

—Sí, no hay ningún problema —aceptó gustosa la rubia sonriendo —. La llevaré a mi apartamento y luego podrán pasar por ella.

—¿Podrán? —cuestionó Hermione confundida.

—Tú y Ron —aclaró Luna —. Supongo que ambos le dirán a la niña, ¿no?

—Sí, supongo —dijo Hermione pensando.

—¿Cómo que supones? —inquirió la ojiazul frunciendo levemente el entrecejo.

—Luna, tal vez... —Hermione suspiró —, él esté casado.

—Hermione —pronunció Luna en un tono un poco desesperante —, ¡Ron no está casado!

—¿Qué? —preguntó Hermione mirando a su amiga que sonreía.

—Lo que oyes —dijo Luna —. Fred me lo dijo el otro día, él no está casado, ¡ni siquiera tiene novia!

—¿Estás...estás segura? —cuestionó la castaña. Sentía que algo en su interior cobraba vida, sonrió.

—¡Completamente! —aseguró la rubia sonriente. La campana terminó indicando que tenían que volver a su deber —. Así que no pierdas tiempo.

Luna salió dejando a Hermione sola. Ron no estaba casado, no tenía novia. La felicidad comenzó a embargarla, pero al minuto se fue apagando. Cuando Ron se enterara de que Rose era su hija, se iba a enfadar demasiado.

Aparcó su auto fuera de la empresa del mayor de los Weasley. Suspiró ruidosamente y sintió como los nervios fluían en su cuerpo. Salió del auto y comenzó a caminar a la entrada del edificio.

—Tranquilízate —se dijo a sí misma en voz baja.

Con pasos vacilantes entró al edificio. Había cambiado la decoración un poco. Se acercó lenta y nerviosamente a la recepción.

—Buenas tardes, ¿en qué podemos ayudarle? —preguntó, con voz amable, la recepcionista.

—Buenas tardes —sonrió Hermione, mientras sus nervios aumentaban —. Quiero ver al señor Ronald Weasley.

—El señor Weasley no está en este momento —informó la recepcionista. Hermione sintió que algo decaía en su interior.

—¿Cree que tardará mucho? —indagó Hermione —. Es urgente que hable con él.

—Yo no podría decirle —dijo la recepcionista a modo de disculpa, pero enseguida sonrió —. Mire, ahí viene Abie, su secretaria, ella podría decirle.

—Gracias —dijo Hermione y se acercó a la mujer —. Disculpe, ¿podría decirme si el señor Ronald Weasley tardará?

—El señor Weasley no está en la ciudad —dijo la secretaria amablemente. Hermione sintió que el corazón se le encogía —. Esta misma mañana se ha ido de viaje.

—¿Sabe cuánto tiempo estará fuera? —cuestionó la castaña.

—El señor Weasley estará fuera por una semana —contestó Abie con una sonrisa —. Pero si en algo puedo ayudarle yo...

—Gracias —interrumpió Hermione —. Pero necesitaba hablar con él.

—Podría comunicarle con él, si quiere —ofreció la secretaria atentamente.

—Nuevamente gracias, pero es necesario que sea en persona —aclaró Hermione un poco impaciente.

—Si es sobre un proyecto, el señor Weasley padre está en su oficina —informó la secretaría.

—No, esto es algo personal —se apresuró a decir Hermione.

—¡Ah! —exclamó Abie sonriendo —. Si me deja sus datos, en cuanto llegue el señor Weasley, le diré que se comunique con usted.

—Gracias —repitió Hermione —. Yo volveré a buscarlo. Adiós.

Y antes de que la secretaria pudiera detenerle, Hermione salió rápidamente del edificio. Cuando ella salió por la puerta, el ascensor se abrió.

—Abie, pensé que ya te habías ido —dijo Arthur mirando a la secretaria.

—Estaba a punto de hacerlo, señor Weasley —dijo la secretaria mirándolo —. Pero ha venido una mujer a buscar a su hijo.

—¿Una mujer? —repitió el padre de los Weasley, confundido.

—Sí. Se veía de la edad del joven Ronald. Era castaña y de ojos marrones. Dijo que tenía algo personal que hablar con él —comunicó la secretaría. Pero el señor Weasley había corrido ya hasta la entrada del edificio.

Vio por la acera, esperando ver a alguien. Entonces su mirada se fijó en un auto que acababa de ponerse en marcha. Vio a la conductora del auto y abrió la boca en gesto de sorpresa.

—¿Hermione?


¡Hola, hola!

Bueno, un capítulo más de esta historia.

Espero les haya agradado.

Debo disculparme de nueva cuenta por el retraso, pero mi el disco duro de mi computadora falleció hace semanas (hasta ayer viernes me la entregaron de nuevo), y perdí todos mis documentos, así que tuve que volver a editar los capítulos.

Sin más, me despido.

Lu.