Scorpius estaba en Encantamientos sin prestarle mucha atención a la clase. No podía dejar de juguetear con los grabados del cuaderno negro pensando en la prima de su mejor amigo que estaba a su lado. Se removió en su asiento nervioso aunque no sabía bien porqué. Albus miraba furtivamente a su amigo por el rabillo del ojo con suspicacia. Albus quería saber que era lo que tenía ese cuaderno que tan embelesado tenía a su amigo desde hacía unos días.
Albus quiso molestar a Scorpius intentando tomar el cuarderno pero no se esperaba que Scorpius reaccionara de una manera tan protectora con el objeto inanimado.
—Tío, deja mis cosas en paz. ¿Qué crees que no te veo las miraditas que me andas lanzando?—susurró el rubio—Sé que soy irresistible pero los hombres no son mi preferencia y lo sabes.
Scorpius sonrrió socarronamente. Albus pensó que a pesar de la extraña reacción del chico todo seguía bien. Hacía bastante que no pasaba un tiempo con su mejor amigo.
—¿Te apetece que después de las clases de hoy vayamos a volar un rato? Hace tiempo que no estamos juntos, ¡siempre estás con mi prima!
El profesor Flitwick les llamó la atención y ambos callaron aunque les costó mantener la risa. Sorel miró hacia atrás riéndose también de sus dos amigos. Tapándose la boca con la mano, les susurró:
—Sea lo que sea que vais a hacer, contad conmigo.
Scorpius y Albus se miraron sonriendo. La tarde tenía buena pinta para los tres amigos.
El aire que soplaba hacía que a Scorpius le dificultase apartar el pelo de su cara. Sorel había sido más listo y se había atado el pelo con una cinta. Hacía bastante tiempo que no estaban juntos y Scorpius había echado de menos pasar el tiempo con ellos. El rubio tenía que darle la razón a Albus sobre lo que había dicho de Rose. Los últimos días los había pasado únicamente con ella.
Scorpius sintió como Albus pasaban rápidamente rozándole con la cola de su escoba. El moreno se giró sacándole la lengua. Sorel se paró a su lado.
—Deberías prestarle un poco más de atención a Albus, Scorp. No quiero que te lo tomes a mal esto que te voy a decir porque no es malo para nada. Te echamos de menos en la torre, tío. Y aunque Albus no te lo diga, siente que le has sustituido por Rose. ¿No ha pasado nada entre vosotros dos, verdad?
Scorpius miró confuso a Sorel. ¿Qué le estaba queriendo decir? Albus a lo lejos dio una pirueta en el aire pegando un grito que Scorpius estaba seguro de que se había por todo el colegio. Fijó su mirada en Sorel.
—No me gusta nada lo que estás insinuando. Entre Rose y yo no ha pasado nada. ¿Cómo se te puede pasar eso por la cabeza? Me parece una locura...o una tontería, no sé. ¿Qué te lleva a pensar eso?
Sorel suspiró.
—No creo que este sea el mejor momento para hablar de esto. Albus se cansará enseguida de hacer el bobo. Si quieres hoy en la noche puedo ir a la torre y lo hablamos. Siempre que no esté Rose, claro está. Todavía sigue resentida por lo que pasó con Carla.
Sorel hizo una mueca triste. Scorpius le dio una suave palmada en la espalda. Scorpius sabía que el chico quería esforzarse en recuperar la amistad de la chica. Sin embargo, por hacerle caso a él y a su tonta idea de que le diera celos, las cosas se habían distanciado más entre ellos dos.
—Está bien, si quieres venir ahora cuando acabemos. Rose supongo que estará en la biblioteca. Y si por un casual estuviera en la sala, si aún no habéis vuelto a tener una relación normal podrías hablar con ella. O si quieres puedo hablar yo con ella.
—¿No te das cuenta verdad? Fíjate en lo que acabas de decir. ¡Nunca antes hubieras hablado con Rose sobre algo que no fuera una pelea vuestra!
—Creo que le estás dando demasiadas vueltas a las cosas. Es normal que ahora nos llevemos bien, ¡vivimos juntos, por los calzones de Merlín! ¿A caso preferís todos que nos estemos sacando los ojos?
—Será mejor que dejemos esta conversación para más tarde, Scorpius. Albus se acerca.
—¿De qué estáis hablando chicos? Tenéis mala cara. ¿Aún sigues preocupado por lo de Carla? Deberías dejar de hablar con nosotros e ir a hablar con ella. Estoy seguro de que querrá saber lo que pasó por tu parte. Carla es tu amiga al final del día. Aunque quieras que sea otra cosa.
—No quiero volver a oír tu teoría, Albus. Porque lo mismo podría aplicarse a ti y a Sophie. Yo al menos intenté hacer algo. ¿Salió mal? Sí, incluso creo que he llegado a perderla pero al menos me atrevo a hacer algo, no como tú.
Albus puso mala cara. Scorpius no podía estar creyendo lo que estaba pasando entre sus dos amigos. Quizás si que les había dejado un poco de lado por estar al lado de Rose pero tanto Albus como Sorel parecían dispuestos a tirarse de las escobas. Tenía que hacer algo si no quería quedarse sin amigos.
—Creo que no es un buen momento para hablar de esto. No al menos estando a tantos metros por encima del suelo. Tenemos que tratar este tema con profundidad. Este viernes después del entrenamiento me quedaré en la torre, ¿vale?
Los otros dos asintieron. Scorpius sentía la necesidad de expresar esto en el diario que Rose le había regalado pero no sabía cuando se volvería a quedar solo. Descendieron de sus escobas. Se encaminaron hacia el castillo sin decirse nada. Scorpius se separó de sus dos amigos no sin antes indicarle a Sorel con un asentimiento de cabeza de que le esperaba en un rato.
No le gustaba nada el giro que había tomado la conversación. Quizás si que Rose había absorbibo parte de su tiempo pero no el suficiente como para que de repente no tuviera amigos. ¿O quizás había pasado demasiado tiempo con Rose?
Rose acariciaba suavemente el gato persa de Nic viendo como la chica se maquillaba. Rose no entendía porque a la chica le gustaba tanto maquillarse sin motivo. Era miércoles, la única razón para maquillarse era el simple aburrimiento. A Rose tampoco le importaba, de esta manera al menos alguien utilizaba el tocador que había en su cuarto en la torre de Premios Anuales.
—¿Crees que el color dorado me quedará bien? No lo tengo muy claro.
Rose levantó la mirada fijándose en su amiga. No entendía porque una chica tan guapa como ella se empeñaba en arreglarse tanto.
—Creo que es mejor que no te pongas dorado. ¿Quizás te vaya mejor un tono más oscuro de pintalabios?
Nic miró su reflejo en el espejo como procesando la información que su amiga le había dado.
—Sí, creo que tienes razón. Por cierto, no creo que pienses que he venido aquí simplemente para maquillarme o para que acaricies a mi gato. He venido aquí porque digamos que cierta pelirroja prima tuya quiere saber que pasa con tu cambio. Y dado que ella pensaba que detrás de ese cambio —Nic señaló a Rose mirándola a través del espejo—esta una servidora quiero saber con quien has estado hablando. Porque dudo mucho que hayas comenzado a leer Corazón de Bruja ahora.
Rose se sonrojó pero escondió su cara entre sus almohadas.
—Ya me parecía raro a mí que Lily no le fuera con el cuento a alguien. Obviamente tenía que ser contigo. De verdad, porque es mi prima, que si no. ¿Por qué sentís esa necesidad de que yo sea más como vosotras?
Rose sentía cierta rabia creciendo dentro de ella misma. Por su mente pasó la imagen de otro rubio con el que le gustaría estar pasando el rato en este momento. Movió su cabeza como desechando esa idea.
—Siento haber reaccionado así. Pero entended que no me siento cómoda hablando de este tema.
—Ay, Rose...no quería hacerte sentir mal. Es que te mereces a alguien que vea lo bueno que nosotras vemos en ti. Sé que esa persona no tiene porque estar aquí en Hogwarts pero quizás por probar...sé que no es tu estilo pero esa falda tampoco lo era y ¡mírate ahora! ¿Qué has hecho?
Rose se puso nerviosa. Le había prometido a Scorpius que no diría nada a nadie sobre el pacto extraño que se traían entre manos. La pelirroja intentó encontrar una excusa rápidamente.
—Me gusta pensar que toda vuestra insistencia ha surtido efecto, rubia. Sois tan insoportables que al final lo habéis conseguido.
Rose sonrió sin mucha convicción. Sintió como Nic le analizaba con la mirada. Rose sentía como su nerviosismo aumentaba.
—Está bien, si no me lo quieres contar, no pasa nada. Ya me lo dirás algún día. Pero quiero sepas que las chicas y yo sospechamos que Scorpius tiene algo que ver en tu cambio. Espero que tu primer beso no haya sido con el hurón oxigenado porque de ser así, te tendría que ingresar en San Mungo.
Nic le guiñó un ojo mientras que le tiraba una de las brochas que estaba utilizando que al caer en la colcha de la cama manchó al gato que saltó al suelo bufando a su dueña. Parecía que Rose no era la única a la que le había comenzado a incomodar la presencia de la rubia en el cuarto. Tendría que hablar con Scorpius sobre lo que Nic había querido insinuar.
Scorpius estaba mirando a la noche a través de la ventana. Hacía un rato que Sorel se había ido de su cuarto pero sus palabras seguían resonando en su cabeza. Tenía que reconocer que su amigo tenía razón pero él tampoco lograba llegar a entender en que momento había cambiado a sus amigos por Rose.
Desde luego, no era lo que él quería. Se giró dejando atrás la ventana cerrando el diario abierto en el que había reflejado todo lo que Sorel le había reclamado como si él fuera el culpable de todo.
«En realidad, sí que tienes la culpa, tú fuiste quien le dijo que si se enrrollaba con otra chica se olvidaría de Carla, estúpido»
Scorpius apoyó su frente contra el marco de la puerta. Suspiró sintiendo como una lágrima traicionera caía por su mejilla. Sus amigos eran lo más importante para él y no quería perderlos. Alguien tocó en la puerta y Scorpius supuso que era Rose.
Abrió la puerta y allí estaba la chica sonriendo. Scorpius sonrió también. La pelirroja iba ya en pijama y su pelo estaba en esa trenza deshecha que Scorpius había descubierto que era como Rose se sentía más cómoda.
—Albus me ha hablado a la hora de la cena. Sospecha que algo pasa entre nosotros dos. ¿Te ha dicho algo a ti?
—Él no me ha dicho nada pero Sorel si lo ha hecho.
Scorpius notó como Rose se movía nerviosa, abrió un poco más la puerta invitándola a pasar.
—Creo que todos nuestros amigos lo piensan. Nic me lo ha dejado caer hoy por la tarde. ¡Menuda locura! ¿Cómo pueden llegar a pensar eso?
Rose se sentó en el butacón del cuarto de Scorpius. Scorpius tenía la sensación de que ese era su lugar favorito de todo su cuarto porque siempre se iba directamente hacia ese sitio.
—Creo que nunca llegaron a pensar que nos llevaríamos tan bien. Y justo cuando nos damos la oportunidad, todos piensan que...por a saber Merlín que motivo, bueno, quizás sí que lo sabemos, no pueden aceptar que nos llevamos bien. Aunque ninguno de ellos hubiera apostado un knut por nosotros.
Scorpius miró a Rose manteniendo la distancia. Siempre que estaba cerca de la chica había una sensación extraña que aún tenía que estudiar.
—Creo que lo mejor que podemos hacer es reunirlos a todos y explicarles la situación. Podrá costarles entenderlo, incluso a mí me cuesta procesar lo similares que somos pero creo que hacemos mejor si hablámos con ellos.
Scorpius fijó su mirada en Rose.
—¿Me das permiso para hacer una fiesta este sábado, Rose?
Rose mantuvo la mirada fijamente. Su única respuesta fue una atrevida sonrisa que Scorpius nunca pensó que Rose le dirigiría a él.
