CAPÍTULO 13: CAMINOS
Hinata sintió cómo le faltaba el aire al ver lo que había pasado ante sus ojos.
"Hermano, él es el que cae…"
Aunque solamente había sido un susurro, aquellas palabras resonaban en su cabeza como si se las hubiera dicho al oído. Sintió nauseas, y el sabor amargo de la bilis le cerró la garganta, mientras su estómago se encogía por su significado.
¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Acaso se trataba de otro sueño? ¿Otra pesadilla?
¿Había estado tan ciega desde el principio? Uchiha Sasuke le había dicho que no quería su ayuda, que quería haberse muerto y podrido en el infierno, que ella era la culpable de todo… ¿Era todo su culpa? ¿Acaso se había confundido al confiar en él?
No tenía sentido… Él… él la había ayudado, ¡la había salvado de Pain! Si lo que veían sus ojos era cierto, ¿por qué la había salvado? ¿Por qué a ella sí y a su antigua compañera no? ¿Por qué a ella sí y a la que le había cuidado y curado en la pelea no?
¿Cómo podía no haber parpadeado siquiera al lanzar el raikiri que podría matarla? ¿Cómo podía haber sonreído sin más al hacerlo?
El vómito subía por su garganta, pero cerró la boca con fuerza, apretando las mandíbulas hasta el punto de rozar el dolor, con las manos sellando sus labios. Cuando un hilillo de bilis recorrió sus delgados dedos blancos, tragó con toda la fuerza de voluntad que tenía.
No. No podía ser tan débil, él… el traidor la había ayudado a ser más fuerte.
"Un Hyuuga no muestra sus sentimientos". Las palabras de su padre se hicieron un hueco en su cabeza, junto con las que siempre había dicho su primo: "Cada persona tenemos un destino, y eso nadie puede cambiarlo"
Naruto lo había intentado… Lo había intentado sin ningún resultado durante años. Desde que se marchó con Orochimaru, cuando lo mató, cuando fue en busca de su hermano… Y nunca habían conseguido nada.
Había sido la oveja negra del rebaño… Perdida, descarriada, y que no sabía volver… O igual nunca quiso hacerlo.
Una gota de sudor cayó por su mejilla hasta perderse en el cuello de la chaqueta blanca. Si ella no se hubiera interpuesto, si no hubiera hecho nada…
-¡¿Qué? ¡¿Vas a ir tras él?- Kiba siempre había sido el más impulsivo de sus dos compañeros de grupo. No había recibido nada bien la noticia.
-Tengo que convencerle. Debo decirle lo que pasó de verdad, si él supiera que su hermano…
-¡Está loco, Hinata! ¡Loco! ¿No crees que si le cuentas que tu padre tuvo algo que ver no querrá tu cabeza también como venganza? ¡Mató a su propio hermano! ¡A la sangre de su sangre!
-Kiba, pienso que…
-¡Pues no pienses tanto, Shino!
-¡Callaos los dos!- sintió cómo los colores le subían a las mejillas, ardiendo.- Esto… esto es cosa mía.- los miró a los ojos.- Cuando era pequeña… no entendía por qué Neji-oniisan pasó de quererme a mostrarse frío, e… incluso a querer dañarme.- sus ojos blancos habían perdido parte de la luz que los inundaba siempre.- No sabía por qué me odiaba, por qué… no me quería. Sólo sabía que su padre había dado la vida por mí, porque era su deber protegerme. Neji-oniisan pensaba que lo habían matado, no que él se había ofrecido voluntario, porque era su deber y él quería cumplir ese… ese honor.
-Hinata…- empezó Shino, pero ella lo cortó.
-Muchas veces me he preguntado si no hubiera sido… mejor para mi Clan y mi Villa que no hubiera muerto, que se me hubieran llevado a mí en vez de a él…- no vio cómo ellos abrían los ojos con sorpresa.- Soy una Hyuuga, la que se supone que debe tomar las riendas de un Clan que me echó de mi propia casa. He sido la vergüenza de mi familia desde siempre…- levantó la vista del suelo y los enfrentó, con los ojos tan fríos como los del mismísimo Hyuuga Hiashi.- Quiero devolverle a la Villa de la Hoja lo que me dio. La paz que encontré en sus aldeanos, en sus familias, en mis amigos… Mientras él no sepa la verdad, no podrá abrir los ojos de nuevo. Estará tan cegado por la ira y el odio como mi primo estuvo conmigo.
Aquellas palabras las había dicho completamente convencida. Se lo debía a la Villa, a los compañeros que tanto la habían apoyado, a sus amigos, a Naruto… pero sobre todo a él, porque nadie merecía estar solo durante tanto tiempo, porque nadie merecía pasar por un infierno como aquel…
Porque Hyuuga Hinata había conocido al Uchiha Sasuke amable y leal, que no la había delatado cuando tuvo oportunidad.
"¿Qué hubiera ganado él haciéndolo, de todas formas?" Le susurró una voz en su cabeza. "Estaba destinado a morir, ¿quién iba a creer al traidor de Konohagakure?"
Negó con la cabeza. No podía creer aquello. No podía pensar de esa manera. Él no hubiera ganado nada, pero ella lo hubiera perdido todo, y si él era una persona sin corazón… No le hubiera preocupado en absoluto lo que pudiera ser de ella, y lo hubiera dicho.
"Hace tiempo que cerré mis ojos"
"Hermano, él es el que cae…"
·
Haruno Sakura corría sin parar, con gotas de sudor perlando su frente y músculos.
"Si miro atrás, estaré perdida"
No podía cambiar de opinión, era una kunoichi de la Hoja, y sabía que había tomado la decisión correcta.
"Sasuke no cambió, por mucho que lo hemos intentado, él no ha dado su brazo a torcer ni una sola vez… Por mucho que lo hemos seguido, siempre ha seguido su propio camino, sin importarle nada ni nadie."
No podía mirar atrás, o estaría perdida. Dudaría, y no podía permitírselo. Tenía que endurecer su corazón, que sus manos actuaran rápido y fríamente. Que su corazón no la traicionara, o sería su perdición.
Corrió y corrió hasta escuchar una explosión, seguida de un montón de ramas creciendo a una velocidad pasmosa. Daba gracias al cielo porque la pelea fuera tan sumamente ruidosa, ya que había dejado a Inuzuka Kiba atrás, tras golpearlo en la cabeza para que no interfiriera con su plan.
Vio que se había desviado un poco, pero tenía tiempo. Mientras siguieran haciendo ruido, los encontraría, y una vez allí…
Apretó el puño con fuerza, envuelto en un guante de cuero, mientras tensaba la mandíbula, conteniendo las lágrimas que se concentraban en sus ojos.
-Sasuke-kun, he hecho onigiri para comer, ¿quieres?
-Hmpf.- el niño de doce años no llevaba bentou, pero siempre rechazaba su comida. Por muchos días que compartieran, la situación era la misma. Se sentaba con ellos, con un zumo en la mano, y bebía ausente, mirando sin ver.
-¡Sakura-chan!- gritaba el Uzumaki, intentando llamar su atención.- ¡Yo compartiré mi ramen contigo!
-¡Naruto baka!- contestaba ella, dándose la vuelta sin hacerle caso.
¿Cuántas veces había rechazado ella el cariño de Naruto? ¿Cuántas veces la había despreciado Sasuke?
No podía creerlo, ¿cómo podía haber estado tan cegada por un amor enfermizo? ¿Cómo podía haber recordado únicamente lo que ella quería ver realmente en Uchiha Sasuke?
Las lágrimas cayeron por sus mejillas, recordando su primera misión. Casi habían muerto, y Sasuke había salvado a Naruto. El examen Chuunin, donde el moreno quedó paralizado con Orochimaru y fue el idiota del rubio en salvarlos… Y, de repente, dejaron de ser equipo en el momento en que Uchiha Sasuke dejó totalmente derrotado a Uzumaki Naruto en el Valle del Fin.
-No puedo mirar atrás… No puedo o no podré hacerlo. ¡Él nunca miró atrás! ¡Nunca pensó en nosotros!- gritó, aplicando chakra a la suela de sus pies para correr más rápido.
·-·
Hyuuga Hinata asomó la cabeza entre las piedras, observando de nuevo. No veía rastro de Suigetsu o Juugo, debían haber salido disparados ante la última explosión de chakra de Danzou, cuando había perdido su brazo derecho.
El paisaje era completamente desolador… No solo por los árboles que habían sido arrancados del suelo, las rocas que habían salido disparadas por cada embestida… No.
Miró con tristeza al hombre que pensaba que traería la paz al mundo shinobi. Bocabajo, tirado en el suelo cual despojo, envuelto en un charco de sangre. Su propia sangre.
Su ropa rasgada, su brazo inerte a unos metros, con los ojos cerrados, ciegos para siempre.
"Puede que no usara el método adecuado… pero todos buscamos lo mismo." Pensó la joven, juntando las palmas a modo de oración para velar su muerte. Era un hombre respetable, aunque actuara de forma equivocada.
Observó también a la mujer pelirroja, arrastrándose por el suelo hacia su antiguo líder. Su paso era lento, acelerando su muerte por la pérdida de sangre. Se centró en sus ojos, brillantes. No eran enfermizos, propios de un moribundo, sino brillantes como el de un enamorado, de una persona que lo daría todo por otra.
Sintió cómo se le congelaba el pecho al ver que Sasuke acortaba la distancia mientras concentraba chakra en su mano derecha, dispuesto a paralizarle el corazón y acabar con la poca vida que le quedaba.
Se levantó de su escondite, tenía que hacer algo, tenía que evitar que otra persona muriera, que la justicia se hiciera de la forma correcta, no así. Como shinobi, tenía derecho a una muerte digna, a que un jurado decidiera su destino.
-¡Sasuke!- la Hyuuga se sorprendió al escuchar aquella voz conocida, girándose hacia ella. Su Byackugan seguía viendo que la pelirroja no dejaba de mirar al moreno. Se dio cuenta de que estaba esperando algo, cualquier cosa de él hacia ella. Una lágrima solitaria se quedó retenida en sus ojos cuando comprendió que lo único que quería era que él la mirara con aprobación.
-Sakura…- susurró, letal. Se había dado la vuelta, con la mano ya preparada para darle el toque de gracia a su antigua compañera, la mujer que le había dado la victoria. Él seguía llorando sangre, pero no hacía nada por apartarla de su cara.
-[No… no se parece nada al antiguo Sasuke-kun…]- pensó la joven kunoichi, intentando que sus emociones no llegaran a su cara. Tenía que interpretar el mejor papel de su vida, para así poder llevarlo a la tumba.
-¿Qué quieres, Sakura?- ante aquella pregunta, tanto Hinata como Karin enfocaron su mirada hacia la recién llegada. ¿Qué hacía allí? ¿Quién era ella?
-¡He abandonado La Hoja para irme contigo!
-[¿Qué es este… dolor?]- Hyuuga Hinata se llevó una mano al corazón mientras boqueaba aire. Le costaba respirar, y sintió cómo le temblaban las piernas. ¿Por qué? ¿Por qué le… afectaban aquellas palabras? Vio como la ayudante de Tsunade-sama acortaba la distancia con Sasuke.
-¿Por qué ibas a quererte unir a mí?- se llevó la mano derecha a la vaina de la espada, girándose hacia la Haruno y dándole la espalda a Karin.- ¿Qué pretendes?
-¡No hay ningún motivo oculto! ¡Créeme!- Hinata vio la mentira reflejada en sus ojos, igual que la vería Sasuke.- Desde que te fuiste de la aldea he estado arrepintiéndome de no haberme ido contigo… ¡Haré todo lo que tú quieras! ¡No quiero seguir con estos remordimientos!- Uchiha Sasuke no había apartado sus ojos negros de ella. No había sonreído, no había mostrado ninguna emoción… Haruno Sakura notó cómo una gota de sudor frío bajaba corriendo por su espalda. Rezó para que no le temblaran las piernas.
-¿Acaso tienes idea de lo que pienso hacer?- siseó mientras entrecerraba los ojos.
-¡Me da igual! ¡Haré lo que sea! ¡Cumpliré cualquier orden que me des!- gritó ella, desesperada.
-¿Incluso destruir Konoha?- no había sarcasmo en la pregunta, y más que una pregunta había sonado como una afirmación. El traidor vio cómo su antigua compañera abría un milímetro más los ojos.
Hinata había dejado de escuchar y ver. Su mente se había bloqueado. ¿Acaso él… lo sabía? Apretó los puños a la vez que se mordía los labios, con tanta fuerza que notó el sabor ferroso de su sangre en la lengua.
-¿Estás segura de que quieres traicionar a tu villa por mí?
-Sí… Si eso es lo que quieres que haga.- Sasuke sonrió por dentro, pero no lo demostró. Aquella pequeña bastarda intentaba acabar con él. ¿Acaso pensaba que había algo que podía escapar al Sharingan?
-Bien. Entonces… demuéstramelo.- se apartó un paso de Karin y la señaló con el dedo, autoritario.- ¡Mátala! ¡Y aceptaré tu propuesta!- Sakura lo miró apretando los dientes, ¿qué le estaba pidiendo?
-¿Qui… quién es?- tartamudeó.
-Una integrante de mi equipo, Taka.- esbozó media sonrisa, dejándole ver a Hinata que se sentía incómodo.- Como puedes ver, ya no me sirve para nada. –paró un par de segundos.- Ahora que lo pienso, ¿tú eres una Ninja Médico, verdad Sakura? Perfecto, así podrás ocupar su lugar.
-[Qué cruel e inhumano… No se parece a nada al Sasuke que conocía]- pensó la joven mientras se acercaba a ellos lentamente. Sin embargo, tendría que haberse dado cuenta que su rostro estaba tenso, igual que sus músculos… y para el sensible oído de Sasuke, su corazón latía más rápido de lo normal, por la adrenalina de lo que planeaba hacer. Hyuuga Hinata se levantó en su posición de nuevo, apoyando un pie en la roca. No podía creer que iba a pasar lo que pensaba que iba a pasar.
-¿Y bien? ¿No eres capaz de hacerlo, Sakura?
-[Ella ahora no importa, está demasiado débil… Si sólo consigo apuñalar a Sasuke… por fin acabará todo esto de una vez]- no se dio cuenta que debía mostrar más seguridad, no se dio cuenta de que él ya sabía sus intenciones. No se dio cuenta…
-No… no lo hagas… Sasuke- jadeó la mujer tendida en el suelo.
-¡NO!- gritó Hinata, apartando su mano de una patada.
Sakura se había dado la vuelta y miraba con los ojos totalmente abiertos la escena. ¿Cuándo había aparecido la Hyuuga? ¿Cómo era que no la había notado? Y lo más importante, ¿qué estaba haciendo allí?
Le debía la vida, pero estaba demasiado impactada por lo que había estado a punto de hacer la persona a la que había prometido unirse.
..Hinata.- escupió las palabras con odio puro.
-No puedo hacerlo, Sasuke… Sabes que no puedo hacerlo.- la joven de ojos verdes miró a la morena sin entender. ¿Eran ciertos los rumores que había habido en la Villa? ¿Era cierto entonces que Hinata había protegido a Sasuke?
-En verdad quieres morir, ¿eh?- irguió su cuerpo, levantando la cabeza y la miró, altivo.- Te lo dije una vez, ya… estamos en paz.
-No puedo permitir que destruyas la aldea, Sasuke.
-¿Y qué vas a hacer, Hyuuga? ¿Acaso puedes detenerme?
·-·-·
Naruto jadeó. Notaba el peso de la batalla, la sangre corriendo de sus heridas, siempre hacia abajo, intentando debilitarlo. Pero no podía parar. Se impulsó contra un árbol y siguió corriendo. Esquivando. Sorteando las ramas y piedras.
No los veía todavía, pero sabía que estaba cerca. Sus nuevos poderes, gracias a su entrenamiento como sannin, le dejaban concentrarse en el chakra de sus compañeros, y conocía muy bien el de Sakura.
No quería creer lo que estaba pasando, se negaba a hacerlo. Ella amaba a Sasuke, siempre lo había amado, por mucho que él intentara cambiar las cosas acercándose a ella. Apretó los puños con fuerza, recordando aquel momento egoísta en que había querido creer con toda su alma las palabras de la chica de ojos verdes.
"Me dijo que me amaba"
La verdad dolía más… Amaba a Sasuke. Lo amaba con todo su corazón, y por eso se veía en la obligación de matarlo y liberarlo de su carga. ¿Por qué quería hacerlo ella sola? ¿Acaso no eran compañeros? ¿Acaso no eran amigos?
Los amigos se ayudaban unos a otros, se apoyaban… Y Haruno Sakura quería hacer lo más importante de su vida sola.
Es porque le quiere, que no quiere que se hunda más aún. Es porque le quiere, que va a rescatarle del camino que está siguiendo ahora, aunque sea matándolo con sus propias manos.
"¡NO!" Tenía que haber otra salida… Siempre había otra salida.
Solo un kilómetro, y llegaría donde estaban. Debía salvarlo.
No. Tenía que salvarlo… Después de todo, para él eran hermanos. No había diferencia entre Sasuke y él. Los dos habían sido traicionados por la Villa, les habían ocultado información. A Sasuke le habían ocultado que la muerte de sus padres era justificada, a él le habían negado el derecho a saber que sus padres dieron la vida por protegerla.
Los habían dado de lado a ambos. Al Uchiha por ser el hijo de un traidor, porque siempre se había creído que si ha habido sangre de traidores en la familia, todos serían iguales. A él le habían vuelto la espalda por el miedo al demonio que llevaba en su interior.
No habían conocido el cariño, o lo habían olvidado… Habían intentado hacerse un hueco en el mundo, a empujones y patadas, para ser reconocidos. La única diferencia era que Naruto lo hacía con los vivos, y Sasuke con los muertos.
-¡NO!- Uzumaki Naruto paró en seco al ver a Sakura a punto de ser golpeada por un puño lleno de chakra, por la espalda. No iba a darle tiempo, pero una mancha blanca y negra había aparecido entre ambos, pegándole una patada a la mano del Uchiha, desviándolo de su camino.
..Hinata.- vio a su hermano cubierto de sangre, con la cara tensa y llena de rabia, de odio puro. El pelo lacio de la Hyuuga caía como una manta sobre su espalda, moviéndose con cada caricia del viento.
-No puedo hacerlo, Sasuke.- los miró sin ver, como si se tratara de una película en la que no podía hacer nada. Sus pies estaban completamente pegados al suelo. Era como… si volviera a suceder lo que había pasado con la lucha de Pain.
-En verdad quieres morir, ¿eh? Te lo dije una vez, ya… estamos en paz.
-No puedo permitir que destruyas la aldea, Sasuke.- su voz era serena, sin tartamudeos.
-¿Y qué vas a hacer, Hyuuga? ¿Acaso puedes detenerme?- vio cómo la chica esbozaba una sonrisa triste, resignada. Los cinco allí presentes sabían que Hyuuga Hinata no era rival para Uchiha Sasuke.
-Igual que sabes que no puedo detenerte, sabes que tengo que intentar pararte.- las lágrimas se condensaron en sus ojos blancos, sin vida. Lloraba por él, no lo hacía para él.- He visto la pelea contra Danzou, sé lo que pasó…
-¡No, Hyuuga! ¡Tú no sabes nada!- tanto la Haruno como el Uzumaki abrieron los ojos con sorpresa al ver el dolor que había escupido con aquellas últimas cuatro palabras. ¿Acaso eran tan cercanos? ¿Cómo si no Sasuke dejaría ver sus propios sentimientos a través de sus ojos y su voz? ¿Cómo podía su cara mostrar algún rastro de expresión cuando con ellos siempre se comportaba tan pétreamente?- Esa… gente a la que tú intentas proteger me destrozó la vida. A mi familia. A mí. Todos ellos deberían morir por sus crímenes.
-Lo sé.- su respuesta había sido tan simple que lo había dejado boquiabierto, incapaz de reaccionar.- Mi padre también tuvo culpa.- su voz era un eco, sin sentimiento, como si no fuera ella quien lo decía.- Se había hecho un trato entre las dos familias para que los dos primogénitos contrajeran matrimonio, y así poder tener control sobre la familia Uchiha.- sonrió, como una muñeca rota.- Yo sería el sacrificio de mi Clan, y tu hermano el vuestro, para mantener la paz en la Villa de la Hoja.- sin darse cuenta, Hinata dio un paso al frente, acercándose al moreno. No se apartó.- El Clan Uchiha adelantó el golpe de estado para tomar control sobre la villa, cuando nosotros aún no habíamos cumplido los ocho años, y tu hermano informó.
Era su deber como shinobi de la Hoja, aunque estaba traicionando a la sangre de su sangre.- otro paso, mientras ella mantenía la mirada fija en aquellos ojos negros, sin darse cuenta de las otras tres personas que estaban allí, con ellos.- Se hizo un consejo, y decidieron que tu hermano fuera el arma.- no tenía sentido que intentara decorarlo, él ya le había demostrado que sabía lo que había pasado. Hinata solo iba a confirmarlo.
Le pidieron que volviera a traicionar a tu familia, y que los masacrara. Que los matara uno a uno y que desapareciera, convirtiéndose en un traidor a la Villa, cuando lo único que había hecho era salvarla.
-¿Lo has sabido todo este tiempo?- Uchiha Sasuke no podía creer lo que acababa de escuchar. Ella lo sabía, y aún con todo estaba allí. Sabía lo que le habían obligado a hacer a Itachi, lo que le habían ocultado a él, y se había atrevido a decírselo a la cara.
Había sido una mentirosa todo ese tiempo.
Había dejado que él confiara en ella, que su corazón se ablandara y quisiera… incluso protegerla, y ahora lo abofeteaba con la verdad. Sus ojos blancos y sin vida se lo decían. Esa voz monocorde, propia de un Hyuuga, mezclada con unos ojos que aún arrasados en lágrimas de dolor, no le decían nada.
"El hombre que está ciego puede ser porque no quiere ver…"
Las palabras de su hermano, antes de morir llorando sangre. Se había vuelto débil por esa mujer, esa maldita mujer que le había engañado desde el principio. Casi había conseguido lo que no habían hecho Naruto y Sakura.
-No, si lo hubiera sabido te lo habría dicho.
-¡MIENTES! ¡MIENTES COMO TODOS!- le escupió en la cara, a modo de desprecio. La joven no se quitó la saliva- ¡Mientras todos en la Villa vivían felices y sin saber nada del asunto, yo lloraba la muerte de mis padres! ¡Mientras ellos me daban la espalda, yo odiaba a mi hermano por pensar que era un traidor!- su voz era ronca, rota por el dolor más que por la ira- ¡Mientras tú y los otros sabíais todo, a mí me mintieron y me dejaron creer que mi hermano lo había hecho por poder! ¡CUANDO ERA JUSTAMENTE LO CONTRARIO!
Pero tú has sido la peor… Has actuado como una serpiente, desde el principio. Me salvaste cuando no te pedí ayuda, cuando quería morir… Me hiciste creer que querías ayudarme, cuando lo único que querías era que siguiera sin saber, que siguiera pensando que la culpa era de mi familia en vez de Konoha.
Si hubieran querido hacer justicia, hubieran hecho un juicio y les hubieran puesto una condena a los cabecillas, ¡NO TENÍAN QUE HABER MATADO A PERSONAS INOCENTES DE MI CLAN!- Hinata no podía contradecir aquello, era cierto. Deberían haber hecho un juicio y haberlos apresado, no haber eliminado el problema como si fueran niños. "Cuando un niño ve un obstáculo, lo rodea o lo destruye, pero un señor debe saber que, en ocasiones, las palabras deben ir por encima de las espadas". Su madre se lo había dicho una vez. No lo había entendido entonces, pero ahora veía la sabiduría de sus palabras. Quería decirle que no lo había sabido hasta hacía unas horas, que había escapado de su casa en plena noche para decírselo, porque creía que merecía saber. Sin embargo, sabía desde lo más profundo de su corazón que él no la creería, estaba demasiado cegado por el odio y la rabia, por el dolor, por la frustración de no haber podido hacer nada, por haber sido una marioneta más en aquel mundo de guerra… Y eso le dolía. Su corazón estaba desgarrándose por él.
-Viste… viste mi pasado. Te adentraste en mi mente y pudiste conocer la parte… más oscura de mi vida.- sonrió, mientras las lágrimas bajaban por su rostro.- Soy una persona igual de egoísta que tú, que sólo quiere que alguien la mire y la reconozca.- Sasuke abrió los ojos con sorpresa, ¿lo estaba reconociendo? ¿Le estaba dando la razón? No supo por qué, pero contuvo el aliento mientras su corazón martilleaba en sus oídos.
Mi tío me salvó de la muerte cuando tenía cuatro años de edad. Me raptaron, para arrancarme los ojos y averiguar los secretos del Byackugan. Mi… mi padre puso a todos sus hombres en marcha para buscarme, y capturaron a una persona importante del otro Clan, no recuerdo ahora quién era.- sus ojos blancos brillaron por el dolor.- Había que hacer un cambio de rehenes, pero los Hyuuga sabían que exigirían a alguien del Clan, a alguien importante… a cambio de mi propia vida. Después de todo… yo era la futura líder del Clan Hyuuga.
Como pensaban, exigieron la vida de mi padre, por haber matado a sus hombres y haber capturado a uno de sus consejeros.- recordó las palabras de su primo, en el examen Chuunin.- Pero nunca la tuvieron. El padre de Neji-oniisan era el gemelo de mi padre, y la marca del pájaro enjaulado desaparece en el momento de la muerte. Él se sacrificó por mí, por mi Clan…- se estaba ahogando en su llanto, en la culpa.- Siempre he pensado que fue un error, que yo era la que debería haber muerto.
Toda mi vida, he sido una carga para mi familia. Demasiado confiada, demasiado gentil, demasiado… débil. Siempre han estado protegiéndome, echándome a un lado por no ser útil.- lo miró a los ojos, mostrándole la verdad.- Soy la vergüenza de mi Clan, y mi última deshonra consistió en esconderte. Me espera la muerte cuando esto acabe, mi padre no permitirá que siga siendo esta lastra, no después de lo que he hecho.
¿Qué hago entonces aquí, Sasuke? ¿Por qué vengo y te lo cuento todo? ¿Por qué iba a querer hacerlo si quisiera traicionarte desde el principio? Creo… que ni yo misma lo sé. Puede que sí quiera morir, puede que quiera que mi padre no vea el deshonor que supone que yo respire… Pero si quisiera eso, te hubiera entregado cuando te encontré hace tres meses, medio muerto.- Sasuke no dijo nada, sino que siguió mirándola.
Estaba confuso. Una parte de él, la parte oscura y vengativa, le gritaba que no la creyera, que era todo otra sucia mentira… Pero había otra voz, pequeñita y que casi no podía escuchar por mucho que lo intentara, que le pedía a gritos que la creyera.
Necesitaba creerla.
Había estado tanto tiempo solo… Desde la masacre, había puesto un muro tras otro con los demás. Demasiado dolor, demasiado miedo… ¿Cuántas veces se había despertado en mitad de la noche, gritando y llorando, al ver la muerte de sus familiares? ¿Cuántas veces había soñado con que su madre fuera hasta él y lo abrazara? ¿Que su padre lo regañara por haber hecho un ninjutsu mal? ¿Que lo comparara con su hermano?
Esos meses que había pasado con ella, había conocido de nuevo el valor de la convivencia, la confianza… Se había sentido protegido por ella mientras lo cuidaba sin pedir nada a cambio, y había querido devolvérselo… sin entender por qué.
Por eso la había ayudado a entrenar, por eso la había salvado cuando había estado a punto de morir, por eso la estaba escuchando ahora en vez de matarla… Por eso mismo, quería creerla con todas sus fuerzas.
-[¿Dónde estabas tú cuando la ansiedad me ahogaba, cuando cada pensamiento provocaba arcadas y temblaba cada poro de mi piel sin que nadie me abrazara y me dijera "Tranquilo, todo irá bien…"? No estuviste allí, Hinata, no viste mi mitad triste ni mis despistes, no fuiste muro contra los embistes del desprecio, del cansancio, del prejuicio…]
-Creo que te tengo envidia, Sasuke.- era como si estuvieran solos, como si Karin, Sakura y Naruto no estuvieran allí con ellos.- No lo creo, lo sé… Te tengo envidia.- sonrió con melancolía y dolor, como si dejara de verlo y se adentrara en sus propios recuerdos. Por un instante, el Uchiha sintió deseos de activar el Sharingan y así adentrarse en su mente, para poder ver también lo que estaba pensando.- Una vez me dijo mi padre: "Que conozcas mi pasado no significa que tengas que cargar con el dolor de mis recuerdos"
Aunque para ti haya tenido una vida fácil por haber tenido a mi familia a mi lado, yo creo que no ha sido así. Te envidio porque tú sabías que los tuyos te habían querido, y a mí los míos me han despreciado toda mi existencia.
Por mi culpa, murió mi tío, y Neji-oniisan me odió hasta tal punto que quiso matarme. Por mi culpa, murió mi madre, y mi padre me ha despreciado desde entonces. Siempre he sido una persona que no confiaba en sí misma, y que no tenía el valor para intentar acercarse a otros… Me he visto obligada a mirar desde las sombras cómo crecían los demás, mientras yo me quedaba estancada, sola y sin ningún apoyo. Soñaba en ser otra persona, mirándola desde detrás de un árbol, sin que esa persona me notara, sin que esa persona… se diera cuenta de que existía.
Los primeros amigos que tuve fueron mis compañeros de equipo. Para los demás era la hija débil de Hyuuga Hiashi, el estorbo, la deshonra del Clan. Con mis compañeros empecé a ver otra vez lo que era sentirse querido, sentirse apoyado… Yo sabía que seguía siendo una carga. Nos retrasábamos en las misiones por mi culpa, acababan heridos por protegerme a mí…- se quitó el rastro de lágrimas de las mejillas.
Te tengo envidia porque no eres capaz de ver que no estuviste solo, que eras una persona amada por muchos… Tus padres, que siempre hablaban bien de ti en las reuniones; el equipo siete, que no se rindió ni una sola vez en su intento de encontrarte y traerte de vuelta; Ino y los demás, que fueron a ver la sentencia de la Hoja sobre ti y no pararon de llorar hasta que despareciste; Taka, que te ha seguido y apoyado en todas las decisiones que has tomado… que te ha buscado hasta cuando te escapaste para venir a Konoha y morir; el Tercero, que quiso protegerte hasta que fueras lo suficientemente mayor como para entender lo que había hecho tu hermano; Uchiha Itachi, tu hermano, que no fue capaz de acabar una misión porque para él tu vida era más importante que la Villa…
Si a mí me hubieran querido la mitad que a ti te ha querido una sola persona… sería alguien feliz.- imparables, lágrimas volvieron a salir de sus ojos blancos y brillantes.
Uchiha Sasuke no la hubiera creído si no hubiera visto todos sus recuerdos, toda su culpa. No la hubiera creído si no hubiera vivido con ella y hubiera sabido lo servicial que podía ser, la amabilidad con la que trataba a todas las personas por muy mal que se portaran con ella…
Sin embargo, si todo lo que ella había dicho era cierto, ¿qué le quedaba a él? No le quedaba nada. El vacío de su pecho no se había llenado con la muerte de su hermano, ni con la de Danzou… El sabor amargo de la victoria no había sido suficiente para él, por eso quería creer que encontraría la paz cuando destruyera la villa de aquellos miserables que le habían destrozado la existencia.
¿Dónde estaría ella cuando su futuro se tiñera en negro y llorara recordando los triunfos que celebraba entonces? No lo sabía, pero sabía que le odiaría y seguiría estando solo, mirando al pasado… ¿Estaría contento con aquello? ¿Estaría contento por haberlo dado todo y no recibir nada a cambio?
Tenía que saberlo, tenía que saber qué era lo que ella quería que hiciera… Quería volver a sentir su mano cálida, volver a mirarla con una sonrisa sarcástica cuando ella se sorprendiera porque había hecho la cena, volver a escuchar su voz enfadada porque él le echaba algo en cara… No quería volver a ser un niño que hace algo mal para llamar la atención de los demás.
-¿Y qué se supone que debo hacer entonces? ¿Entregarme? ¿Resignarme y morir? ¿Que los demás sigan viéndome como un traidor por no saber la verdad? Que en el caso de que me dejaran quedarme, ¿me den la espalda por miedo? ¿Por repulsión? Dime Hinata, ¡DIME! ¿QUÉ ES, SEGÚN TÚ, LO QUE TENGO QUE HACER?- Sakura se quedó sin respiración al ver, por primera vez, al Sasuke derrotado, al Sasuke que no sabía lo que tenía que hacer, lo que quería hacer… Naruto y ella habían intentado ayudarlo, pero nunca había pensado que una persona pudiera guardar tanto dolor en su corazón y cerrarlo para que nadie lo viera.
Por primera vez desde que lo conocía, veía expresiones en su rostro, no aquella máscara inamovible que no mostraba nada… Sus ojos negros vibraban de dolor, de confusión… De no saber qué era lo correcto.
Hyuuga Hinata había abierto los ojos por todos, lo había comprendido… y lo aceptaba.
Haruno Sakura se sintió culpable, se sintió mal por no haber podido entender a su compañero, por haberse fijado en su apariencia y haberse enamorado de aquella aura oscura y de misterio que siempre lo envolvía de niño. Sus continuos rechazos, y su rivalidad con Ino, no le habían dejado ver más allá de la coraza de aquel niño asustado y confuso, cegado por el dolor de la pérdida.
Habían tenido que pasar años, y una tercera persona, que le descubriera todo aquello.
Uzumaki Naruto vio el silencio de la Hyuuga y sonrió. Aunque le había dicho que lo amaba, acababa de ver cómo sus palabras eran erróneas. Hinata quería a Sasuke, y él confiaba en ella tan desesperadamente como no había confiado en otra persona en su vida. Sonrió y se acercó hasta el que consideraba su hermano, cogiéndolo por los hombros para que lo mirara a él en vez de a la joven de ojos blancos.
Notó los seis pares de ojos que estaban puestos en su espalda, pero no les hizo caso. Quería tener unas palabras de despedida con el que había sido su amigo, y ahora consideraba un hermano…
-Tienes que huir.- sonrió de nuevo. No aquella sonrisa gatuna que siempre enseñaba a todo el mundo, sino una sonrisa sincera y llena de afecto.- Tienes que escapar, Sasuke. Encontrar un lugar seguro para darme tiempo…
-Naruto…- susurró Sakura, pero él pareció no escucharla.
-Intercederemos por ti. El equipo siete, Ino, Chouji, Shikamaru, Lee, Shino, Kiba, Hinata… Hubo muchos que no estuvieron de acuerdo con la sentencia, pero necesitamos tiempo para que La Vieja comprenda.- dejó de agarrarlo y se apartó medio paso.- Por eso necesito que marches ahora, para ir a buscarte una última vez y que vengas conmigo a la Villa… A casa.
-Konoha nunca será mi hogar, baka.- respondió secamente, pero sólo consiguió que Naruto sonriera más. Lo había llamado como cuando estaban en el mismo equipo, y eso para él significaba mucho. Marcaba la diferencia.
Vio cómo el Uchiha miraba por encima de su hombro hacia donde estaba Hinata, que tenía la mirada fija en el suelo. La contempló unos instantes, como si esperara a que ella dijera algo, lo que fuera, pero ninguno dijo nada, y ella no lo miró a los ojos.
Sin decir nada más, desapareció de su vista.
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EPÍLOGO (lo pongo ya para no retrasarme en actualizar… y par que no me maten n.n)
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Hyuuga Hinata había salido al jardín para observar las flores, siempre bajo la atenta mirada de Ko. Desde que había vuelto a la Villa, su escolta había ocupado su lugar sin abandonarla. Desde que había vuelto, no había pronunciado ni una sola palabra.
"Hogar…" pensó, aunque no lo sentía como tal. Echaba de menos su pequeña casa, sentir esa libertad de no sentirse observada… Pero la habían encerrado en una jaula, bajo la mirada inquisidora de todo su Clan.
-Konoha nunca será mi hogar, baka
Las palabras de Uchiha Sasuke resonaron en su mente, como un eco. Ni siquiera se habían despedido. Tampoco esperaba que lo hiciera, no eran amigos… pero una parte de ella había querido que lo hubiera hecho.
Los últimos meses habían sido una auténtica locura. Al mirar atrás, veía cómo había cometido una infracción tras otra. Había mentido a la aldea, a sus amigos, a su familia… los había puesto en peligro sin ningún motivo. Después de todo, Uchiha Sasuke aparecía en el libro Bingo.
Sonrió al darse cuenta de que, si hubiera vuelto a pasar, habría hecho lo mismo.
"No merecía lo que le pasó… Nadie merece que le hagan eso". Sonrió con pesar y metió la mano en la tierra, arrancando una hierba que había crecido demasiado y que ya podría utilizar para sus ungüentos medicinales. Mirando el lado positivo, podía volver a plantar, ya que en su piso no tenía espacio para un jardín médico…
Notó la mirada seria de su primo en su nuca, pero no se volvió hacia él. No tenía fuerzas ni ganas de hacerlo. Desde que había vuelto, él se había acercado todos los días, esperando a que ella le contara algo, para después interrogarla. Pero ella no podía sacar el habla.
No había sido nunca una buena mentirosa, y tampoco quería hacerlo. Había dicho todo lo que tenía que decir delante de Sasuke, y asumiría las consecuencias de sus actos imprudentes.
-Hinata-sama.- aquello era nuevo, había sido él el que inició la conversación. Se volvió hacia él, y el joven frunció el ceño al ver su rostro pálido y ojeroso.- ¿Quiere ir a dar un paseo?- asintió, por inercia. Era algo que hacía todos los días.
Se levantaba, desayunaba y salía al jardín. Comía y daba un paseo. Cenaba y se iba a dormir. Una rutina impuesta desde su llegada a casa.
Habían caminado durante mucho tiempo cuando Hyuuga Neji miró a Ko para que se fuera. El hombre asintió y desapareció de su vista. Solo en ese momento, se volvió hacia su prima y la abrazó. Solo duró unos segundos, pero fueron más que suficientes para que a Hinata le entraran ganas de llorar.
-Perdóneme, Hinata-sama.- quería decirle que no, que estaba bien, sonreírle… pero se quedó mirándolo sin hacer nada, sin decir nada.- ¿Puedo preguntarle qué pasó?
El Hyuuga vio cómo su prima perdía la luz de los ojos, y quedaba ausente. Era lo mismo cada vez que mencionaban al Uchiha o preguntaban sobre la pelea contra Danzou. Se perdía en sus propios pensamientos y no decía nada.
·-·
El joven atravesó a un conejo con un palo y lo puso sobre las brasas de lo que había sido un fuego. Se quedó mirando las cenizas carbonizadas, pensativo.
Toda su vida había estado equivocado. Había buscado poder para matar a un hermano que, en vez de traidor, había sido un héroe. Había querido destruir a todos aquellos que habían tenido paz cuando él sólo había tenido desgracia…
Y en unos meses habían derrumbado las creencias que se habían agarrado a él por años.
Sonrió de medio lado.
-Hyuuga Hinata…- había sido el detonante. Había sido la bomba que había puesto su vida patas arriba. Por ella estaba viviendo, y por ella estaba escondido…- ¿Qué habrás hecho ahora?
Frunció el ceño. No entendía por qué se preocupaba tanto por lo que ella hiciera o dejara de hacer, ni por qué tenían tanta fuerza sus palabras.
Recordó la última conversación que habían tenido, la que había hecho que todo su mundo desmoronara.
Mi padre no consentirá esta última deshonra.
-·-
Hyuuga Hiashi había vuelto a posponer el interrogatorio de Tsunade a la futura líder del Clan. Su última excusa había sido que estaba poniéndose al día con el papeleo de la familia y que por eso mismo, hasta que no acabara, no podría reunirse con ella.
Hasta a él mismo le parecía absurda esa excusa.
"Pensé que se marcharía… Y sin embargo, aquí está."
Suspiró, activando su kekei genkai para mirarla en el jardín. Aunque su cuerpo estuviera en el Dojo, su mente casi nunca estaba con ella. Sintió el mismo frío que cuando murió su mujer. La dulce niña se cerró y no se relacionó con nadie en meses y, a partir de ahí, cada frase que decía era un balbuceo, tartamudeos incomprensibles.
¿Volvería a hacer lo mismo? ¿Por qué no se había ido tras el Uchiha?
"Parece ser que ha comprendido demasiado bien los principios Hyuuga"
Como cualquier miembro del Clan, estaba traicionándose a sí misma para hacer lo correcto. Y por eso mismo a él le tocaba hacer de padre y darle tiempo para que hiciera lo correcto para ella.
No hacía falta ser un experto para ver cómo se le oscurecían los ojos cuando nombraban al Uchiha, o simplemente le preguntaban por la última vez que lo vio.
A pesar de que nunca le había gustado esa familia, a excepción del joven Itachi, parecía ser que su hija se había enamorado de su hermano pequeño. ¿Cómo si no iba a defenderlo y ocultarlo?
Sonrió con pesar al darse cuenta de que, por esa misma regla de tres, los sentimientos de su hija eran correspondidos… Los dos habían actuado desinteresadamente el uno con el otro, y ninguno de los dos era capaz de abrir los ojos y notarlo.
Se levantó de la mesa, dejando los papeles retrasados, y fue a ver a su primogénita. Cuando llegó hasta ella, Hinata se dio media vuelta e hizo la reverencia de respeto a su padre. Sin decir nada, el Hyuuga miró a Ko, que salió de la habitación y cerró la puerta tras él, dejándolos solos.
-¿Qué voy a hacer contigo, Hinata?- le preguntó con tono severo, aunque asomaba una ligera sonrisa en sus labios. La joven levantó la cabeza como si tuviera un resorte, y se sonrojó al ver su gesto.- Tarde o temprano, no tendré más remedio que decirle a la Quinta que puedes ir a verla.
-Oto-san, yo…
-¿Serás capaz de contestar a todo lo que ella te pregunte?- vio como bajaba la vista, ocultando los ojos bajo su flequillo.- ¿Eres capaz de contármelo a mí, tu padre?- al ver que no levantaba la vista, y que se mordía el labio mientras apretaba los puños, supo que no lo diría.- Ya veo…- se sentó a su lado y miró las flores.- ¿Eres feliz aquí?
-Padre…- lo miró un segundo, sin entender el cambio de tema.- Yo quiero…
-¿Eres feliz, Hinata?
-S…sí.- tartamudeó sin poder evitarlo.
-¿Más que cuando vivías en tu antiguo piso?- no la miraba, y ella lo sabía. Su tono de voz también era más calmado, como si ella volviera a tener cinco años y su máxima preocupación fuera que no hubiera rollitos de canela para merendar.
-Oto-san…
-Responde a mi pregunta.- su voz se endureció un poco.
-Es… es dis… distinto.- no entendía lo que le decía, pero ante su silencio, pensó que lo mejor era intentar explicarse.- Allí… allí no me observaban todo el tiempo.
-¿Te sientes amenazada?- la pregunta era sencilla, pero la respuesta podía traer muchas consecuencias.
-No.- se apresuró a contestar.- Es… es solo que…
-Como tu madre, no te gusta ser el centro de atención.- suspiró, con una sonrisa en sus ojos que no se reflejaba en su rostro.- Me la recuerdas muchas veces, Hinata. A veces pienso que ella está aquí, y luego me doy cuenta de que eres tú…- la miró, y su hija vio lo envejecido que estaba su padre.- La única diferencia es que tú no me regañas nunca…
·-·
La única diferencia es que tú no me regañas nunca.
Aquellas palabras le arrancaron una sonrisa en medio de la noche. Llevaba dos días sin dormir, pensando en lo que había pasado. Uchiha Sasuke, su primo, su padre… Si él supiera la verdad… Recordó cuando se enfadó por primera vez con el moreno, la forma en que le había gritado e incluso abofeteado…
Si la hubiera visto, su padre se hubiera reído.
Se acurrucó en la cama, recordando los momentos embarazosos, las veces en que le había sacado una sonrisa, o incluso la había hecho llorar. Había tenido miedo, se había sentido confusa… pero en el fondo, sabía que se había conocido a sí misma con él.
Recordó tres semanas antes, justo la noche en que había decidido contarle todo a Sasuke. Ni siquiera había pensado en las consecuencias. En lo que podía haber hecho después, si quedarse o… ¿irse con él?
Sonrió, sonrojada. Le daba vergüenza admitirlo, pero una parte de ella había querido escapar. Dejar atrás todo, y empezar.
No te gusta ser el centro de atención.
¿Eres feliz aquí, Hinata?
La única diferencia es que tú no me regañas nunca.
¿Acaso su padre…? La realidad la impactó. Activó su línea sucesoria y miró a su alrededor. Ko había desaparecido de su puerta, sabía que Neji estaba en una misión y tardaría unos días en volver, Hanabi dormía plácidamente, ajena a todo…
Se quedó helada al ver a su padre, con el Byackugan activado, mirándola directamente. Pero lo que más la impactó fue ver su sonrisa sincera, cómo lo desactivaba, y se echaba a dormir.
-Oto-san…- susurró.
Y una vez más, hizo algo imprudente.
-·-·-
Un moreno corría en mitad de la noche por el bosque. Como alma que llevaba el diablo, había estado corriendo sin descanso dos días, con una sola frase en su cabeza.
Mi padre nunca consentiría esta deshonra.
Cuando llegara ante ella, ya pensaría cómo explicarle aquella estupidez… Pero en ese momento nada importaba. Tenía que llegar antes.
Escuchó el crujido de una rama y, por acto reflejo, se escondió. Había sido cuidadoso y había ido por sitios poco transitados, para que nadie lo notara. Había ocultado su chakra y puesto trampas cuando paraba y daba una cabezada.
Contuvo el aliento mientras juraba para que esa persona pasara rápido y pudiera emprender la marcha de nuevo, pero notó que paraba.
-¡Byackugan!- había sido solo un susurro, pero había bastado para que reconociera la voz. Asomó la cabeza de su escondite justo en el momento que ella se giraba para verlo de frente.
No hablaron, sólo se miraron el uno al otro durante unos segundos… hasta que Hinata apartó la vista, sonrojada, arrancándole una sonrisa egocéntrica al moreno.
-¿Sasuke?
-¿Qué haces aquí, Hyuuga?- la joven levantó la vista de nuevo, abriendo la boca sin decir nada.- Te he hecho una pregunta.
-Es… es peligroso para ti estar… tan cerca de la villa.- él ensanchó su sonrisa.
-¿Crees que no puedo protegerme?- vio como ella también sonreía.
-¿Qué… haces aquí?- estuvo tentado a apartar la vista, avergonzado porque no sabía cómo explicarse, pero mantuvo su expresión sin alterarla.
-Lo he preguntado antes.- al ver como ella se sonrojaba más, no pudo reprimir una pequeña carcajada.- ¿Ya me echas de menos?- lo miró, roja como la grana y con los mofletes hinchados por la rabia. Sin embargo, él quería su respuesta positiva.- Si no es así, será mejor que me vaya.- se dio la vuelta y empezó a caminar, alejándose de ella. Escuchó su susurro.
-Baka…- sonrió abiertamente al escucharla correr tras él hasta alcanzarlo y coger suavemente su camisa.- Te fuiste sin despedirte…
-Sabía que nos volveríamos a ver.- contestó sin darse la vuelta. Un hormigueo corrió por su estómago. Se sentía… ¿aliviado?- ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Volver?
-¿Qué haces tú aquí, Sasuke?- estuvieron varios minutos así, callados, ella apoyada en su espalda, agarrando la camisa con las dos manos, como si evitara que así se escapara. Al no escuchar respuesta, lo soltó, sintiéndose una tonta.
-No lo sé.- acabó diciendo. Se dio la vuelta y le cogió la barbilla para que lo mirara.- Solo… pensé que no debías cargar con toda la culpa de lo que hice.- miró sus labios, rojos y carnosos, y sintió deseos de morderlos.
-¿Ibas… ibas a volver?- preguntó ella, estupefacta. Inconscientemente lamió sus labios, haciendo que él se acercara un poco más.- ¿Por… qué?- y desde el momento en que hizo la pregunta, supo que Sasuke no podría contestarla. Aquello suponía abrirse, y Hinata sabía que no estaba preparado, igual que ella no estaba preparada para decirle que quería irse con él.
-Hinata, ¿vendrías conmigo hasta que Naruto…?- ella sonrió sin que él acabara la frase, haciendo que él también lograra sonreír.
-Pero… ¿cómo… cómo sabremos que Naruto…?- Hyuuga Hinata vio cómo un trozo de su capa se desprendía de él y aparecía un cuervo negro. Sacó un trozo de pergamino y lo ató a su pata.
-Cuando él lo suelte, vendrá directo a mí.- el pájaro emprendió el vuelo.- Vamos, tendremos que irnos rápido.
-S… sí.- contestó ella, roja. Habían dado dos pasos cuando Sasuke paró.
Hinata vio cómo se daba la vuelta, y justo cuando iba a preguntar qué pasaba, se acercó a ella y le robó su primer beso. Fue casto, un roce de labios, pero la dejó sin aliento.
Cuando abrió los ojos, los ojos oscuros de Sasuke la miraban, divertido, y sin decir nada, le cogió la mano y empezó a correr, perdiéndose en medio de la oscuridad.
-FIN -
Nota _Rurouni_: Bueno chicos, después de mil años, parece que he conseguido acabar el fic y que quede a mi gusto (y espero que al vuestro también).
Quería agradeceos todos los comentarios que he recibido, los links como historia favorita e incluso autor favorito. Sin vosotros, esto no tendría sentido… también quería agradecer a los que han estado conmigo de principio a fin, por su eterna paciencia conmigo y mis "espaciadas" actualizaciones, e incido en el ESPACIADAS.
Sinceramente, creo que debería centrarme en escribir únicamente one-shot o historias cortas, porque hacer finales de historias que sé que están gustando… me pone nerviosa destrozar el relato entero por el final solamente.
Espero que os haya gustado y, como siempre, acepto críticas y todo tipo de comentarios (menos si os metéis con la pareja… ¬¬)
Se aceptan también ideas para poder escribir un nuevo fic, o en su defecto, una historia corta =3
Nos leemos pronto!
