La Antigua Magia

El corazón de Eliza martillaba doloroso después que su rostro fue doblemente golpeado por las firmes manos de su progenitora, quien la miraba con gesto duro al tiempo que intetò repetir la misma acción de hace unos momentos.

-¿Eres estúpida o te hace?-dijo una furibunda mujer con los ojos abiertos como platos.

Su piel ardía con la misma intensidad que el enojo que la invadía. Se sentía verdaderamente desconcertada por el escándalo realizado por su hija apenas hace unas horas, donde los afectados fueron su adorado hijo y el caprichito que se habia buscado como esposa.

-Madre, ¿Por qué…?-pero la amenazante mano de su madre se alzó cual alta lista para darle otro golpe: Eliza, por puro instinto, encogió todo su cuerpo.
-Es mejor que te calles, Eliza-atropellando las palabras a la vez que bajaba su mano.

-¿Por qué ha hecho eso, madre? Nunca ha llegado a tales extremos.-se defendía la aludida quien mimaba las zonas afectadas con sus manos.

-¿Y todavía te atreves a preguntarlo?-arreglando el largo cuello de su vestido para luego mirar a su hija.-¿Siquiera sopesaste un poquito…-uniendo los dedos pulgar e índice-las consecuencias para con tù hermano?-

-Madre yo solo…-pero fue interrumpida nuevamente por su progenitora, quien rodeo el enorme sillón de cuero del escritorio, colocando sus manos sobre este y acariciando al mismo como si alguien, o mejor dicho, su niñito estuviera ahí sentado.

-Tù padre ya esta viejo y el único hombre de la familia capaz de llevar los negocios familiares es tu hermano…

-Quien no dejarà descendientes si sigue con esa maldita lisiada.-apuntando a la puerta adyacente a ella.-madre ¿es que no comprende?-acercándose al escritorio y apoyando sus manos sobre la enmaderada superficie.- Neal se ha casado con una mujer que le falta una pierna, que sufre de esto-señalándose con un dedo la sien, haciendo referencia a los problemas mentales que se rumoraban de la rubia.

-Ella solo es un capricho.-muy convencida de lo dicho, acomodando su postura y abandonando el espacio-: Neal es un hombre, tarde o temprano se cansara y buscará una amante la cual le convencerá del gran error que ha cometido de haberse casado con esa clase de mujer.

-Madre, ese niño será un bastardo ¡Compréndalo! Acepte que Neal ha ido demasiado lejos

Pero Sarah se volvió, dándole la cara a su hija con ojos llorosos, gesto que denotaba cuan decepcionada y sorprendida se sentía por la locura cometida por su único hijo varón.

-¿Y crees que no lo sè? Pero ¿Qué se le puede hacer?-dijo arrinconada en sus sentimientos, con el deseo de hundir su cara en sus manos y terminar de derramar esas lagrimas; pero no lo haría: ella era una mujer fuerte que no demostraba casi nunca sus debilidades-ya se ha casado con esa mujer, no hay de otra que hacerlo sentir apoyado mientras se nos ocurra algo.

Los ojos de Eliza relucieron ante la idea que se le habia ocurrido luego de escuchar esa ultima frase dicha por su madre.

-¿Qué tal si en vez de esperar hasta que se le acabe el caprichito a mi hermano, hacemos que la lisiada se decepciones de èl?-con una arrogante y maliciosa media sonrisa.

-¿Cómo, si la muchachita es tan poquita cosa como para inventarle un amante?-dijo.

-¿Quién dijo que le inventariamos un amante a ella?-una carcajada-Ni falta que hace inventarse nada.

-Eliza: me estas asustando-imitando la sonrisa de su hija, como imaginándose cuales serian los planes de la misma. La pelirroja asintió.

-Haremos una fiesta y allí Susanita se arrepentirá de haber abandonado su vida de encierro.-(y de haberme dejado el camino para conquistar a Terry) agregó en pensamiento, dejando ver un brillo de triunfo en sus ojos.

-Si, en un mes se hará la fiesta-dijo la mayor de las mujeres con voz decidida, dirigiéndose a la puerta.

-¿Por qué hay que durar tanto para ejecutar el plan, madre?-haciendo un puchero y cruzándose de brazos.

-Te hacia mas inteligente, queridita- volviéndose de frente a su hija-: hay que dejar que la pareja se confié, que todo vuelva a la absoluta paz de siempre para que no sospechen nada.

Ambas mujeres abandonaron el estudio muy feliz por haber ideado algo para que ese pequeño "absurdo", como le habían llamado ambas al casamiento entre Susana y Neal, se terminase, que se convirtiese en una muy mala mancha en el agua.

Encontrándose a un furibundo Neal en la terraza, con uno de sus brazos apoyado sobre la chimenea disfrutando de un trago mientras trataba de pasar el mal momento vivido con su familia y su esposa apenas hace unas horas.

El semblante de ambas mujeres cambio de forma tan radical que Neal, quien mirò de inmediatamente hacia donde se encontraban ella cuando se percatò de que alguien se acercaba a invadir su privacidad, no pudo ver.

Eliza adoptó un gesto enojado por la engañadiza y los golpes que le habían dado, ni siquiera le dirigió la palabra a su hermano ya que sabria que el mismo sospecharía algo después de ver su cambio, por ello prefirió irse a sus aposentos y dejar a madre e hijo hablando sobre la lección que se le habia dado a ella.

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La señora Marlow estaba a solas con su hija en la enorme y lujosa pero silenciosa habitación, mientras que la mayor de las mujeres se entretenía haciendo y deshaciendo una bufanda, la mas joven miraba por la venta.

El pesado silencio que se habia apoderado de la estancia era llenado por el suave crujido que hacia la mecedora al balancearse y con la dulce melodía que tarareaba la señora Marlow, quien muy concentrada en su tarea, poco asunto le prestaba a la amargada de su hija. Ya estaba cansada de tratar de convencer a la malcriada e inmadura de su hija, quien conducida por los celos no dejaba que su marido le explicara sus razones para no informarle sus antiguos intereses, que lo perdonase o, al menos, que lo escuchase: ah, pero si hubiera sido el mendigo actorsucho, quien apenas si prestaba algún interés en ella, lo hubiese perdonado a ojos vendados…Pero como es uno que la ha sabido valorar, aceptar tal y como es y esta, quien si se preocupa por ella, a este si que le pone trabas.

Un muy fuerte estallido provocado por la manera en que habían cerrado la puerta, hizo que ambas féminas se sobresaltaran y volvieran las miradas hacia la imponente y masculina figura del joven Leagan, quien con gesto duro observaba a su esposa, misma que le rehuyó la mirada agachándola para luego volverla hacia la ventana.

El aire se habia convertido realmente pesado, por la incomodidad que la presencia del moreno provocaba en las mujeres. Nervios, miedo, una profunda molestia que se alojó en la boca del estomago con el solo pensamiento de que ahí se acabaría la relación, fue lo que sintió la mayor de las mujeres, misma que se parò de su asiento y dejando sus utensilios de tejidos intentó replicar algo, pero un gesto que hizo Neal con uno de sus dedos la mandò a callar al tiempo que le hacia un ademan con su mano de que se retirará del espacio.

La señora tan solo lo mirò perpleja y a la vez indignada por la manera tan poca caballerosa con la que èl se dirigía a ella. Hizo un asentimiento de cabeza, para de inmediato tomar sus cosas y largarse de la habitación.

Neal dejó escapar un sonoro resoplido que llenò el incomodo y pesado silencio que siguió. Tal parece que Susana seguía renuente en dirigirle la palabra, eso lo hizo torcer los labios en una sonrisa triste que intentaba emular a aquellas malisiosa que le salian tan natural. Se acercò a ella y la tomò del brazo halándola fuertemente hacia sus anchos y poco musculoso pechos.

Susana, producto de la sorpresa que le provocó el sorpresivo acto de Neal, no le dio tiempo de ni siquiera negarse. Ahí estaban, jugando al gato y al raton: Neal intentando de que ella lo mirara y ella simplemente se negaban en hacerlo.

-Tarde o temprano tendrás que escucharme, Susana-al fin hablò el moreno, devolviendo a la rubia a su silla.

Neal se volvió de espalda a ella y comenzó a alejarse un poquito, no en señal de retirada o de rendición, no; solo era un mero gesto que hacían las personas a la hora de pensar las palabras que se dirían a continuación.

-Lo de Candice y yo pasò hace pero mucho, mucho tiempo-empezò a decir, con el corazón cabalgándole presuroso por la mentira que diría a continuación-: los sentimientos que una vez sentí por ella el tiempo se encargo de barrerlo y ahora-acercándose a grandes zancadas hacia la cabizbaja figura de su esposa y descendiendo y tomando las manos de la misma-has venido tù, a revolucionar todos esos sentimientos que crei que no sentiría por ninguna otra.

Si bien las emociones que el moreno habia sentido por Candy no habían muerto del todo, con y por Susana estaba sintiendo sensaciones nuevas y que realmente lo hacían sentir maravillosamente bien. Ella habia venido a alumbrar su mundo sumergido en tinieblas, mismo que habia sido arrojado junto con su mas sincero amor el cual prometió no volver a exponer jamás, y míralo ahora.

Con Susana habia aprendido a amar nuevamente sin desinterés, a madurar sin proponérselo, a volar sin alas. Muestra de ello es que estaba ahí, hincado y tratando de que ella lo escuchase y le dijese al menos algo. En otros tiempos, hubiera preferido caminar descalzo sobre piedras ardiendo que humillarse ante alguien de esa manera.

-Te amo, susi- enterró su rostro de lleno en los flacos muslos de la chica.-Dime que esta vez mi amor si es bien correspondido, que lo que he hecho por y para ti ha valido la pena, que ha sido lo correcto…-las palabras se escuchaban entre cortada no solo por el llanto que apenas si le permitían formulas palabras, sino por tener los labios prácticamente pegado en la cubierta pierna de su esposa.

Susana no podía creer lo que sus oídos estaban escuchando y todas esas sensaciones que le estaban provocando dichas palabras. Si bien apenas si podía entender lo que el moreno en su desasosiego le estaba confesando, era suficiente para que todos sus sentidos, incluyendo el necio de su corazón, lo interpretasen y se sintieran realmente emocionados.

Lagrimas salian a borbotones de sus ojos, lagrimas que rebosaban verdadera felicidad. Su mano, instintivamente se posò en su pecho, sintiendo como el loco de ese órgano palpitante se quería desprender del pecho y mudarse al de Neal.

Las frágiles y titubeantes manos de la rubia, se hacían camino por entre la sedosa cabellera castaña, para luego descender por entre el bronceado y mojado rostro, levantándolo un poco, ya que la renuencia que ejercía el moreno apenas si se lo permitían.

-No-al fin se escuchò la voz de Neal, ahora mas ronca y pesada-. Soy patético-levantándose con la cabeza baja para después darle la espalda a la rubia al tiempo que retiraba las huellas de su amor-. No puedo retenerte si no quieres, no puedo implorar por tu perdón si asi no lo quieres…eres libre de hacer lo que sea con tu vida, al fin y al cabo eso es lo que es: tù vida.

Decía cada palaba mientras se limpiaba las huellas de dolor que le provocaba cada sentimientos, cada palabra dichas y no dicha… se disponía a salir de la habitación mas que decidido a continuar con su vida intentando borrar esa mancha indeleble que se habia convertido Susana, pero la misma lo atajó con una sola frase.

-Yo también te amo-al fin dijo con labios y voz temblorosa, alargando las manos hacia la figura de su marido- he sabido amarte desde el momento que me pediste que me casara contigo; si bien ya sentía algo por ti, el sentimiento se hizo reconocer hasta ese momento... Te amo. Te amo, Neal, y quiero creer en ti, de verdad que si.-

Èl se volvió, su expresión denotaba sorpresa, sus pensamientos eran un caos: apenas si se lo podía creer ¡Hasta que escuchaba esas palabras de alguien mas que no era su madre, hermana o nanas! Sentía como el pecho se le hinchaba de la alegría, misma que no tardó en transmitírselo a la rubia.

Se acercò hasta ella en dos o tres grandes zancadas para tomarla nuevamente en sus brazos y apretarla a èl, plantando sus labios sobre los de ella; beso que se fue tornando mas y mas intimo, mas intenso y mas ardoroso que los acostumbrados.

-Neal…-intentaba negarse una vez mas Susana a lo inevitable, pero el negó con un movimiento de cabeza mientras aferraba sus morenas manos a la cabeza de ella.-Ya hablamos sobre…-pero Neal parecía no escuchar razón alguna ya que se habia perdido en el blanco y largo cuello de Susana, donde depositaba lluvias de besos.

El dia de su boda hasta la fecha, nuestros protagonistas no habían intimado por la renuencia de Susana de que èl viera ese lugar vacio, pero èl, quien habia respetado la decisión de esta, le habia dicho por aquel entonces que èl la amaba tal y como es, que por algo la habia elegido para que fuera su esposa hasta la eternidad.
Pero hoy, simplemente no soportaba estar en esas: el celibato no era lo suyo, y si habia aceptado era porque estaba convencido de que ella, tarde o temprano, sedería a lo inevitable.

-Neal…-en un jadeo que se iba perdiendo en el aire. De verdad estaba disfrutando de las sensaciones que le estaban provocando las expertas manos y boca de su esposo.

-Te amo, te amo-repetía el moreno en su recorrido, como queriendo grabar su amor en la blanca piel femenina.- Te amo-Continuo lanzando las palabras hasta que ambos se perdieron en la profundidad del amor, de la pasión.

Sus cuerpos se reconocieron casi de inmediato. No hubo quejas ni verguenza, a pesar del leve dolor que invadió a la chica al ser arrojada de aquella maravillosa manera a la metamorfosis de doncella a mujer.

Se amaron, verdaderamente se amaron; no perdían la oportunidad de acariciarse a pesar de lo exhausto que se encontraban sus cuerpos mas no sus corazones, los cuales se encontraban rebosante de dichas, de amor, del mas puro y ello amor.

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Continuarà...