No pensarías, querida Scarleth Draven que me había olvidado de tu cumpleaños. ¡Pues no! Si no estoy equivocada es hoy así que: ¡Muchas Felicidades! Este capítulo va por ti. Pásalo bien en tu megafiesta.

Capitulo XIII: MIEDO

Despertó con ella dándole la espalda, acurrucada entre sus brazos y se sintió extrañamente satisfecho. Parpadeó varias veces para abrir poco a poco los ojos a su pelo azul; derramándose desordenadamente sobre la almohada. Tenía la impresión de haber dormido durante días.

El roce tibio de su desnuda suavidad contra su cuerpo lo envolvía haciendo difícil tener que romper el contacto. Por primera vez en su vida experimentó la pecaminosa pereza. La atrajo aún más hacia él, abrazándola posesivamente, cerrando de nuevo los ojos para vaciar su mente y disfrutar de la sensación de calma que lo embriagaba. Se mantuvo así largo rato, finalmente, poniendo sumo cuidado en no despertarla, deshizo su abrazo incorporándose hasta quedar sentado en la cama, apoyando la espalda sobre el cabecero de la misma.

Ella se removió ligeramente, protestando en sueños. Dormía plácidamente, algunos mechones enmarcaban su rostro sereno, e incluso sus labios parecían esbozar una sonrisa.

Se entretuvo en observarla, resistiéndose al hecho de que, en apenas unos minutos, tendría que dejarla cuando su único deseo era permanecer junto a Bulma entre aquellas sábanas. Su nariz se llenó del inconfundible aroma que inundaba completamente el ambiente. Todo olía a ella. Resopló resignado y, haciendo gala de una voluntad de hierro, se levantó para dirigirse a la ducha.

Aún no había despertado cuando regresó ya vestido a la habitación. Se calzó sus botas y tomando los guantes y la capa se aproximó al borde de la cama, para mirarla de nuevo. Era hermosa. Acarició despacio la mejilla con el revés de su mano, dibujando en su mente una imperceptible sonrisa. Finalmente salió del cuarto para dirigirse al comedor.

Notó su ausencia y abrió lentamente los ojos, acostumbrándolos a la luz de la mañana. Se giró para corroborar el vacío dejado por él en el colchón, esforzándose en oír cualquier sonido que delatara su presencia. Sólo silencio.

La huella de sus caricias se encontraba todavía impresa sobre la piel. Había sido una noche intensa, en la que de modo extraño, Vegeta, le mostró algunos de los rincones más oscuros de su alma; partes de él, que estaba segura nadie conocía. Reflexionó. ¿Dónde la dejaba eso ahora? Quizás, más cerca de lo que nunca habían estado o quizás no, quizás se encontraban mucho más lejos que antes. Era difícil saberlo.

Ella había desvelado clara y sinceramente sus sentimientos, pero él seguía siendo el mismo enigma indescifrable de siempre. Suspiró. Tarde o temprano tendría que enfrentarlo y no tenía mucho sentido prolongar, más aún, la agónica realidad.

La vio en el umbral de la puerta, titubeante, con el cabello enmarañado; envuelta en una sábana sedosa que había sujetado en su pecho pasando uno de los extremos por encima del hombro, dejando el otro al descubierto. La miró intensamente, perdiéndose en el mar de dudas que eran sus ojos.

-Deberías comer alguna cosa -dijo desviando la vista hasta una de las sillas junto a él, a modo de indicación.

Bulma asintió con la cabeza aproximándose vacilante y se sentó.

La cantidad de comida captó su atención sin sorprenderla. Conocía de sobra el insaciable apetito de los saiyajines, no en vano vivía con uno de ellos. Se sirvió algo que parecía ser el zumo de alguna fruta y un bollo de aspecto rugoso, que resultó delicioso.

Lo observó tímidamente. Había retomado su desayuno, despreocupándose totalmente de su presencia; concentrado en sus propios pensamientos, en tanto vaciaba, uno a uno, aquellos platos sin tan siquiera mirarla. La falta de palabras resultaba desalentadora, pero continuó comiendo en silencio. No quería aventurarse a anticipar ningún tipo de reacción en él. Ahora conocía un poco mejor sus pensamientos y aún así, sus acciones eran impredecibles. Tal vez lo mejor era volver con sus amigos y esperar.

Removiéndose nerviosa en la silla, se decidió a hablar:

-Creo que necesito una ducha y ropa limpia. ¿Podría alguien acompañarme dónde sea que esté mi cuarto?- preguntó en un susurro audible, como si no quisiera que su voz se oyera.

Vegeta continuó desayunando, sin inmutarse en unos segundos que, a Bulma, se le hicieron eternos. Tragó un último y tranquilo bocado y, soltando los cubiertos encima del plato, levantó la vista hacia ella.

-Eso no será ningún problema- contestó imperturbable, arrellanándose en su asiento sin dejar de contemplarla.

-Bien- dijo bajando los ojos a la mesa, incapaz de mantenerlos fijos ante su inexpresiva mirada -. En ese caso iré a vestirme- y retirando la silla se levantó para volver al dormitorio.

Apenas se puso en pie, girándose para encaminarse a la puerta, Vegeta asió su cintura femenina atrayéndola a sus rodillas, para sentarla sobre estas y rodearla con sus brazos.

-¡¿A dónde crees que vas?!- preguntó divertido, acomodándola sobre su regazo.

Lo miró perpleja.

-¡Tú dijiste que alguien va a llevarme a mi cuarto! ¡No puedo pasearme por ahí envuelta en una sábana! Lo mejor será vestirme- respondió mientras un escalofrío recorría su espalda, erizando la piel a su paso por el simple hecho de tenerlo tan próximo.

-Sé lo que dije, pero no hay prisa- susurró acercando provocativamente su boca –. He compartido mi desayuno contigo… - la besó apenas rozándola - y creo que eso merece… - otro sutil beso - …alguna cosa- concluyó.

Ella unió las manos alrededor de su cuello inclinando la cabeza hasta tocar el lóbulo de la oreja.

-Supongo que esperas algo más que un simple: gracias- murmuró.

Bulma deslizó los labios, acariciando con ellos su mejilla hasta alcanzar su boca; devorándola, enlazando al fin sus lenguas en un juego de deseo febril, perdiéndose en la cálida sensación de sus labios uniéndose, mordiendo, recorriendo un camino aprendido y anhelado. Subyugados por la emoción de encontrarse, por primera vez en la mañana.

Se separaron cruzando sus miradas un instante, reconociéndose el uno en el otro. Expresándose sin necesidad de utilizar ninguna palabra, ningún gesto; sólo sus ojos destilando una pasión que iba más allá de cualquier pensamiento o hecho racional.

-Tengo que irme ya- anunció en un arranque de sensatez-. ¡Al verdadero Nappa le dará un ataque si llego tarde al entrenamiento!- Ella esbozó una mueca de disgusto a modo de respuesta-. Compartiré también mi ducha contigo y he ordenado que te traigan algo de ropa.

-¿Y cuánto va a costarme eso?- preguntó con una sonrisa.

La depositó en el suelo incorporándose para enfundarse los guantes.

-El guardia de la puerta te acompañará si quieres salir. Aunque espero encontrarte aquí cuando vuelva –y atrayéndola hacia él posesivamente le dio un último beso –Vas deberme mucho- dijo caminando en dirección a la puerta abriéndola. Se giró para volver a mirarla- ¡Y yo, siempre cobro mis deudas! – exclamó con cierta intencionalidad saliendo y cerrando tras de sí.

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Los ojos de Paragus centellearon regocijados ante la visión del enorme saiyajin sentando en un rincón solitario, con la mirada perdida a su alrededor. Adivinó desde el primer momento donde encontrarlo. Sonrió, no se había equivocado.

Con paso firme caminó hasta él.

-Es demasiado temprano para beber- dijo anunciando su presencia. Raditz fijó la vista en el recién llegado- ¿Me permites acompañarte?- preguntó este desplazando una silla, en el extremo opuesto de la mesa, para sentársele en frente.

El silencio se hizo entre ellos mientras uno de los esclavos se dirigía diligente a servirles.

Cuando Brolly le habló del hijo mayor de Bardock como su posible aliado, Paragus no sabía de quién se trataba, ahora comprendía lo acertado de la propuesta de su pupilo. Lo que no podía imaginar por aquel entonces era la inestimable ayuda de Vegeta en todo el asunto. Sí, realmente la suerte se había aliado con ellos.

-Supongo que debo felicitarte por lo de tu hermano- habló levantando su copa y llevándola a los labios.

Raditz le clavó unos ojos ebrios de rabia y alcohol. Abrió la boca para decir alguna cosa pero lo pensó mejor. Desvió la vista y de un solo trago apuró su bebida.

Paragus esperó pacientemente a que el esclavo se acercara a rellenar sus vasos antes de continuar.

-Para serte sincero siempre creí que serías tú quién ocupara ese puesto - Raditz lo miró mostrando algo de interés en su interlocutor -. Te he visto en los entrenamientos. ¡Eres muy fuerte!

-Ya- contestó con amargura hablando por primera vez – Supongo que no lo suficiente.

-Bueno-. Esbozó una sonrisa jocosa-. ¡Estoy seguro que si hubieras tenido una hermosa esclava que regalar, todo hubiera sido diferente!-. Declaró imprimiendo a sus palabras cierta intencionalidad -. Hace tiempo que aspirabas a ese puesto. No es justo que te lo arrebate alguien inferior.

-Las cosas son como son- contestó llanamente, volviendo a vaciar su vaso y pidiendo que se lo llenaran de nuevo.

-¿Sabes? Soy de los que piensan que el destino del imperio no debe estar sujeto a los volubles caprichos de un príncipe –. El tono de confidencialidad era evidente –. Quizás va siendo hora de cambiar las cosas y que cada uno ocupe el lugar que le corresponde.

El rostro de Raditz, dibujó por un segundo una expresión de horror; recomponiéndose con rapidez.

-¿Estás proponiéndome algo?- interrogó con interés–. ¡La traición se paga con la muerte en este planeta!- exclamó sarcástico.

Paragus, sabía que se encontraba en el punto más peligroso de aquella conversación. Había esperado que la bebida, lo mantuviera suficientemente nublado como para no reaccionar tan pronto a sus palabras. Sin duda se equivocó. Tendría que lidiar con ello y arriesgar. Al fin y al cabo, no debía resultar difícil embaucar a un: tercera clase sin talento, borracho y ávido de venganza. Bastaba con maquillar un poco la verdad.

-¡Cada uno elige sus lealtades!-. Contestó simulando sentirse ofendido y haciendo gala, de una integridad que no poseía-. Las mías son para nuestro imperio. Mírate aquí, rechazado y humillado. Nadando en un mar de alcohol por los absurdos desvaríos de un loco. Cuanto más útil resultarías en el campo de batalla. Eres inteligente- aduló- mereces algo más que servir en una patética unidad de tercera clase. Piénsalo. Conmigo, aún tienes una oportunidad.

Raditz se mantuvo en silencio durante un buen rato, perdido en sus propias reflexiones; jugando distraídamente con la bebida que tenía entre sus manos. Llevaba mucho luchando para pertenecer a la unidad del príncipe; sacrificando gran parte de su vida para ver como sus aspiraciones le eran arrebatadas. ¿Qué le quedaba ahora? Nada. Todo su orgullo, toda su dignidad, le fue arrancada en el mismo momento en que, el comandante Nappa, anunciaba la designación de su hermano para el puesto, por el que tanto esfuerzo inútil había desperdiciado. Su fe inquebrantable de guerrero, se desmoronó justo en ese instante. Ya no entendía de lealtades ni de honor. ¿Traición? ¿Acaso él, no era el primer traicionado? Siempre había seguido las normas establecidas, diciéndose a sí mismo, que el esfuerzo valdría la pena.

-"Raditz será el primer tercera clase que logre servir a las ordenes directas del príncipe" -presumía lleno de satisfacción su padre ante todos. ¿Cómo se sintió al saber que no lo lograría?

No era sólo por él, la rabia era por todo; por la decepción que había visto en la mirada de su progenitor, por la burla que vio en los ojos de algunos de sus compañeros, y la lástima que vio en otros. Aquella decisión absurda lo había condenado a ser un fracasado, y si algo no soportaba era precisamente eso: el fracaso.

-No tengo nada que pensar- anunció finalmente-. Mis lealtades, al igual que las tuyas, también son para este imperio-. Vació su vaso nuevamente de un trago-. ¡Hoy has ganado un aliado, comandante!

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Vegeta traspasó con despreocupación la puerta de la sala de entrenamiento. El griterío atronó sus oídos resultándole sumamente desagradable. Nadie se percató de su llegada, pues la atención de todos los presentes, se encontraba puesta en el interesante enfrentamiento, que al parecer se estaba produciendo. Avanzó, intrigado por saber a qué se debía el estruendo y alzó los ojos. Todo su buen humor se esfumó ante la desagradable sorpresa.

Allí, en medio de la pista central; Kakarotto y Brolly median sus fuerzas.

Apretó la mandíbula visiblemente enfadado y buscó a su alrededor para descubrir a Nappa en una esquina, totalmente absorto en ambos contendientes. Con cara de pocos amigos, se dirigió raudo hacia él.

- ¡¿Quién diablos ha autorizado esta pelea?!- preguntó malhumorado.

Nappa se giró desconcertado, no había advertido su presencia hasta ese momento.

-Se ha sorteado, como siempre - contestó encogiendo los hombros con naturalidad y volviendo de nuevo al entrenamiento.

Frunció el ceño con evidente furia. ¡¿Acaso lo estaba retando?! Porque desde luego debía saber, antes de permitirlo, que aquel enfrentamiento no le haría ninguna gracia. Así que una de dos, o había perdido el poco juicio que tenía o claramente lo estaba desafiando.

-¡Detenlo inmediatamente!-. Ordenó mirándolo inquisitivamente. Nappa, lo observó de nuevo sin ninguna expresión concreta en su rostro.

-Kakarotto es miembro de esta unidad y tiene que acatar las reglas como el resto. Los emparejamientos se hacen por sorteo. Nadie va a entender que detenga el combate-. Dijo tranquilamente- Además, aunque tenía mis dudas, el muchacho lo está haciendo bastante bien. Deberíamos dejarle demostrar lo que vale -Vegeta esbozó una mueca de disgusto y angostó los ojos que, sin poder evitarlo, se alzaron curiosos.

Ambos contrincantes se encontraban enzarzados en un veloz intercambio de golpes y patadas. Los movimientos eran tan rápidos y certeros que, incluso él, debía prestar toda su atención para seguir el ritmo de la lucha. Un profano, podía pensar que no estaban realizando un gran esfuerzo, aunque la tensión de sus músculos y sus cuerpos perlados de sudor revelaban lo contrario. Pero lo insólito, y en esto Nappa tenía razón, era que ninguno parecía sobresalir por encima del otro. Sí Brolly asestaba un puñetazo, Kakarotto se lo devolvía sin más, logrando alcanzar su objetivo en alguna ocasión.

Resultaba realmente divertido ver cómo el élite, era vapuleado por alguien en teoría muy inferior. La colérica expresión de su rostro aumentaba, a medida que su adversario lograba esquivar, sin mayores problemas, sus embestidas.

En un intento desesperado de derrumbar el muro infranqueable que parecía haberse levantado frente a él, incremento su fuerza de combate. Este ataque, pilló desprevenido al tercera clase, que recibió una patada terrible. Todos contuvieron la respiración. A punto estuvo de estrellarse estrepitosamente, contra una de las paredes pero, en el último segundo, logró equilibrase y se detuvo en el aire. Un ahogado murmullo se escampó entre los presentes. Con asombrosa rapidez se volteó, adoptando una postura defensiva.

Se quedaron así, flotando en el centro de la sala, el uno frente al otro, jadeando y sudando por el esfuerzo, ajenos a todo lo que les rodeaba.

Los labios de Brolly delinearon una sonrisa macabra y algo comenzó a brillar en la palma de su mano. Estaba acumulando su ki. Para su sorpresa Kakarotto dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo, abrió sus puños y lo imitó con pasmosa tranquilidad.

En un instante, ambas esferas luminosas refulgieron enfrentadas y dispuestas para ser lanzadas contra el oponente.

Vegeta se percató del peligro, aquello estaba a punto de descontrolarse. No era que la integridad física de los dos imbéciles, le preocupara demasiado. Si querían matarse en un simple entrenamiento era cosa suya, al fin y al cabo, le hacían un favor; pero estaba seguro de que Bulma, no pensaría lo mismo si algo le pasaba al "inútil".

La voz de Nappa resonó en sus oídos.

-¡Ya basta!- gritó –. Detened esto inmediatamente-. Al parecer, el asunto le hacía tan poca gracia como a él, que continuó observando como ambos contendientes, permanecían en medio de la pista, apuntándose y sin hacer ningún ademán de obedecer -. ¡He dicho que basta, terminad con esto! -. Volvió a gritar Nappa, visiblemente irritado.

Kakarotto, desvío la vista al calvo saijayin para volver a clavarla en su oponente. La energía contenida en su palma se fue diluyendo al tiempo que asentía con la cabeza. Brolly, desencajado y respirando con dificultad, se mantuvo impasible ante el gesto de su rival. Una mueca cruel oscureció su semblante y volvió a sonreír.

- Creo- sentenció entre dientes - que has cometido un grave error- Sus labios se curvaron satisfechos y extendiendo la mano, arrojó la brillante esfera.

El disparo fue desviado de su trayectoria antes de poder alcanzar su objetivo y, sin entender bien cómo, una rodilla se estampó en su vientre, seguida de un puñetazo que le hizo retroceder varios metros en el aire.

Frente a él y envuelto en una aureola azul, Vegeta lo miraba con desprecio.

- Deberías obedecer cuando un superior te ordena algo. ¡La pelea ha terminado!

Los ojos centelleaban furiosos. Ningún sonido, ningún movimiento relajaba la tensión del ambiente. Paralizados el uno frente al otro, retándose, esperando cualquier gesto, por pequeño que fuese, para lanzarse al ataque. Afortunadamente, Brolly reaccionó y disminuyendo su energía fue descendiendo con lentitud.

Todos respiraron aliviados cuando observaron como Vegeta hacía lo propio.

El pabellón estalló en un clamor, no era habitual presenciar un combate así en un entrenamiento.

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Kyabetsu llevaba días pensando en ello. Era cierto que su último encuentro no concluyó tal y como ella esperaba, pero eso, había dejado de importarle. Precisamente, por que fue justo en ese encuentro cuando lo descubrió. Había reflexionado mucho acerca de ello, hasta estar segura de lo que quería. Y lo que quería era: él. Sabía que su orgullo no le permitiría jamás volver a buscarla, así que le facilitaría las cosas. Poco significaban ya las rencillas con su madre y las imposiciones y planes de esta. Nada era importante, excepto el anhelo que había ido creciendo en su interior. Por eso, esa tarde, encaminó sus pasos a la habitación de Vegeta en busca de su propio destino: ser princesa de Vegetasei.

El guarda en la puerta la sorprendió. Era raro que hubiera uno apostado justamente ahí, normalmente, estos se dedicaban simplemente a pasearse de un lado a otro vigilando. Aprovechando una ronda del mismo, se coló sigilosamente en los aposentos del príncipe.

Nada más cerrar tras de sí percibió una presencia que la descolocó. No había esperado encontrar a nadie. Recorrió con la vista el ordenado y pulcro cuarto, tratando de encontrar algo fuera de lugar. Cada cosa ocupaba exactamente su sitio, como cabría esperar de su metódico y sobrio dueño para el que, el más mínimo cambio a su alrededor suponía una rabieta segura.

La energía le era desconocida y provenía de uno de los sillones situados a escasos metros, dadas las dimensiones de la estancia, y de espaldas a ella. Su instinto le hizo adoptar una postura defensiva. Por unos segundos no se movió, esperando simplemente a que, quién quiera que fuese, se levantara para encararla y pedir una explicación; pero eso no sucedió.

Trató de calmarse poniendo todos sus sentidos en aquel ki débil y constante. El aire se coló por su nariz, llevando hasta ella el aroma inconfundible de Vegeta y una esencia irreconocible que inundaba extrañamente la atmósfera.

Lentamente se fue acercando, deslizándose cautelosamente hasta el sillón. Sus pupilas se dilataron estupefactas ante la imagen de una mujer de melena azul, recostada en el mismo y durmiendo tranquilamente. Llevaba puesto un pantalón bombacho de seda negra, sujeto a la cadera mediante un largísimo foulard azul turquesa y un corto top, del mismo color, por encima del ombligo que dejaba al descubierto uno de sus hombros. Prendas demasiado lujosas, para tratarse de una simple esclava.

Se inclinó con curiosidad sobre ella; el olor de Vegeta sobre el cuerpo de aquella mujer se filtró por las aletas de su nariz. Kyabetsu sintió la rabia encender sus mejillas, extendiéndose rápidamente, desde el estómago hasta cada una de las fibras de su ser y arrasando cualquier atisbo de razón en su mente.

Una mano rígida y fuera de control se ciñó sobre el cabello de Bulma, haciendo que esta abriera los ojos sorpresivamente. Dejando escapar un grito de dolor, sintió como era obligada a levantarse al tiempo que el sillón caía al suelo.

-¡¿Quién diablos eres tú?!- la pregunta resonó en los oídos de una todavía aturdida Bulma que no acababa de comprender que estaba pasando. Logró fijar la vista en quién la sujetaba, pero, antes de tener siquiera tiempo para contestar, aquella intrusa volvió a gritar fuera de sí- ¡No me has oído, zorra! Te he hecho una pregunta ¿Qué haces aquí?- y en esta ocasión la voz fue acompañada de una fuerte bofetada en la mejilla derecha. Su labio inferior comenzó a sangrar y paladeó el metálico sabor filtrándose en su boca; pero no se amilanó. Haciendo acopio de valor, levantó la cabeza para contestar descaradamente.

- Mi nombre es: Bulma. Estoy esperando a Vegeta- y pudo por un instante observar cara a cara a quién le estaba golpeando. Una saiyajin que no había visto en la vida. A pesar de la situación las preguntas bombardearon su mente en una rápida sucesión. ¿Una esposa ultrajada?, ¿una amante despechada? La espina de los celos comenzaba a clavarse hondamente en ella, más allá de la horrible situación en que se encontraba. No tenía la más remota idea, pero fuera quién fuese, había perdido totalmente el control y podía adivinar, por la fiera mirada que le dirigía, que todavía no había terminado con ella.

Trató de volver a hablar pero, de un rápido movimiento, la mano que asía su cabello se deslizó levantándola por el cuello. Llevó las manos al mismo, sacudiéndose en el aire para tratar de aliviar la fuerte presión que cortaba su respiración. ¡¿Es que estos malditos saiyajines nunca podían mantener una conversación civilizada?!

-¡Perra! ¿Esperándolo para qué? ¿Acaso piensas que él va a volver a revolcarse contigo? Porqué es eso lo que han estado haciendo ¿no?- Apretó un poco más su agarre- Sobre mi cadáver ¿entendiste?- gritó de nuevo. Las fuerzas comenzaron a abandonar a Bulma debido a la falta de oxigeno, dejó de sacudirse con energía y, antes de que su vista se nublara totalmente, pudo observar una maléfica sonrisa dibujándose en aquel rostro- o mejor aún, sobre el tuyo –. Sentenció.

El ruido de una puerta al abrirse, seguido de un angustioso: "¡No!" fue lo último que oyó antes de verse estrellada contra el suelo, golpeándose la cabeza sonoramente al caer y perdiendo el conocimiento.

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Vegeta llevaba una expresión de regocijo escrita en la cara; había dormido cómo nunca, gozó de un buen desayuno, aderezado por los besos de Bulma y Kakarotto demostró más nivel del esperado frente a Brolly. Aún recordaba la mirada desconcertada de este último durante el enfrentamiento, tal parecía que en estos momentos, la suerte era su mejor aliada.

Gracias a la sorpresa producida durante el combate, el entrenamiento había concluido antes de tiempo, así que se dirigía a sus aposentos donde su mujer; ahora podía permitirse pensar en ella como suya, ya debía estar esperándolo. No pudo evitar exhibir una triunfal sonrisa de medio lado, sin duda aquello era otro guiño de su recién recuperada fortuna.

Viró en uno de los pasillos laterales para recorrer los escasos metros que le quedaban hasta llegar a su cuarto. El vacío frente a la puerta encendió una pequeña alarma interior y aceleró el paso. Estaba seguro de haber ordenado a aquel inútil vigilante que no debía moverse de allí, bajo ningún pretexto. Recorrió con premura la escasa distancia, tranquilizando su habitual paranoia con la idea de que aquella ausencia únicamente podía significar que, Bulma había salido. Giró con resignación el pomo, pensando en que debería esperar a que ella regresara; seguramente no imaginó que estaría de vuelta tan pronto. Sus labios se curvaron en una nueva sonrisa de satisfacción, tendría que compensarlo también por aquello.

La sangre se congeló y dejó de circular durante unos segundos al verla, plantada frente a él, en medio de la habitación. Fue apenas un instante en el que, como nunca antes, el miedo lo embargó. Lo había visto, presentido y olido muchas veces, pero jamás lo había percibido como en aquel momento. Una corriente violenta y fría recorriéndolo de arriba abajo, impulsada por un corazón que parecía haberse detenido, para repentinamente comenzar a latir demasiado deprisa.

La observó en silencio mientras trataba de desentumecer sus paralizados músculos, iba cubierta por una bata blanca y sedosa que dejaba adivinar cada una de sus desnudas formas, bajo la misma.

-¿Dónde está?- preguntó en un tono de voz que aunque quería resultar amenazante, traslucía parte del desasosiego que sentía.

Kyabetsu lo miró con ojos anhelantes y esbozó una amplia sonrisa. Contoneando sus sinuosas caderas fue acercándose a él, insinuante, evidenciando en cada uno de sus sensuales movimientos el motivo de su presencia en aquel cuarto.

Se detuvo a escasos centímetros de Vegeta y sin romper el contacto visual susurró con una tranquilidad aplastante.

-Si te refieres a la esclava que estaba aquí cuando llegué- hizo una pausa- me he desecho de ella. ¡No necesito espectadores para lo que tengo pensado!- y alzando sus brazos, trató de rodearlo por el cuello, aproximando peligrosamente el rostro en busca de sus labios.

Era mucho más rápido que ella, asió sus muñecas antes de que pudiera siquiera rozarlo y la empujó hacia atrás, sin soltarla. Si en un principio fue el miedo, helando su sangre, ahora era la ira haciéndola hervir; burbujeando en sus venas y arterias, tratando de encontrar una salida por la que escapar. Un torrente alborotado de salvaje y pura rabia.

-¡¿Dónde está?!- interrogó de nuevo vehementemente, con un grito intimidante. Su rostro, habitualmente carente de cualquier gesto, tenía una expresión fiera y amenazante. Las pupilas dilatadas oscureciendo casi al completo sus ojos, los músculos tensos y la mandíbula dolorosamente apretada. - ¡¿Dónde?!-. Volvió a gritar, estrechando aún más su agarre, al tiempo que la zarandeaba con violencia.

Lo miró desconcertada. Vegeta no dejaba de vapulearla enérgicamente, atenazando sus muñecas con fuerza, lastimándola. Había tenido tiempo de calmarse después del desagradable incidente acontecido cuando entró en la habitación para esperar al príncipe. Es cierto que su mente se descontroló totalmente, al fin y al cabo, tan sólo era una esclava de las muchas que poblaban el palacio. Demasiado insignificante para andar preocupándose por ella. Albergaba la esperanza de que él, ni tan siquiera percibiera su ausencia. Observando los febriles ojos clavados en ella sopesó el craso error cometido. Aquello iba más allá de una simple noche de lujuria. La ira al comprender hizo implosión en su pecho, comprimiéndolo y dificultando su respiración. Tomó aire tratando de evitar la sensación de ahogo y poder hablar.

- ¡No se donde esta!- chilló contestando a su pregunta-. El guarda de la puerta se encargó de ella. Creo que la llevo a su habitación.

La soltó empujándola con brusquedad; haciéndola caer.

Se hizo el silencio. Kyabetsu se mantuvo cabizbaja frotando sus doloridas muñecas. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos que apretó con fuerza para no dejarlas escapar. Desde el suelo y entre sollozos ahogados irguió la cabeza

- ¡Estás completamente loco!- le gritó

Sus palabras resonaron perdiéndose en la vacía estancia.

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"No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor". (Alejandro Dumas)

A los que pensaban que lo de Vegeta y Bulma iba a ser un camino de rosas; lo siento mucho pero se han equivocado y es que, a veces, la vida tiene estas cosas. ¡Qué se le va a hacer, es el destino! En fin ya me contaréis que os ha parecido… Quizás esta vez si merezco algún que otro tomatazo… ¡Qué nervios!

Bueno, y ahora los merecidos agradecimientos. Gracias a Midory que betea mi fic y me da su sincera opinión. Gracias también a: Scarleth Draven, Patty, LuPiiTha, NOMICA, sakuno, kasou, Darkalma y Shadir, porque me hicieron muy feliz con su reviews y me dan ánimos para seguir escribiendo. A kasou (y hoy no me olvido) no pude responderle personalmente pero me alegro de que estuvieras de acuerdo en lo de la reconciliación ;D

Hoy, quiero dar las gracias también a los que añadieron mi fic a su lista de favoritos, por que vosotros también me hacéis esbozar una sonrisa.

A los lectores anónimos: ¡MANIFESTAOS!... ¿no?... Bueno, de todas formas, ¡mil gracias por leerme!

Me dijo la mala suerte que esta semana se toma vacaciones así que, no tengo que preocuparme porque sé que nada os puede salir mal. Nos vemos el viernes…